jueves, 25 de mayo de 2017

¿SOMOS TODOS NARCISISTAS?




Hace unos días escuche decir a alguien: “todos somos narcisistas”. Después de escuchar esta rotunda afirmación me quedé pensando en cómo dar una respuesta adecuada a semejante idea. ¿Realmente somos todos narcisistas? En una sociedad tan narcisista como la nuestra es posible que muchas personas asientan y digan que sí… Pero considero que en esta cuestión es preciso matizar muchas cosas, que serían excesivamente extensas para las pretensiones de este post, pero sí me atreveré a señalar algunas que me parecen más relevantes.

Me parece que nuestra cultura tiende a favorecer el narcisismo por varios motivos: la sobreprotección a los niños que no les deja desarrollar una identidad madura, la ausencia de límites en la educación que no permite aprender tolerancia a la frustración, el excesivo refuerzo de la apariencia exterior y de nuestros logros, la excesiva identificación con la imagen que proyectamos hacia el exterior en parte por el constante bombardeo mediático que nos dice que somos lo que parecemos, el culto a la imagen, etc. Desde luego que estos y otros factores pueden favorecer que nuestra cultura sea una fábrica de personas, en mayor o menor medida, narcisistas. A esto añadiría que el tener padres inmaduros, inseguros y/o también narcisistas puede ser parte del caldo de cultivo que favorezca este tipo de actitudes o comportamientos.

Pero… que haya actitudes narcisistas, comportamientos narcisistas o rasgos narcisistas, en muchas personas, no significa que “todo” el mundo ES narcisista. Ser narcisista implica que uno casi todo el tiempo se comporta en modo narcisista. A esta forma de ser casi permanentemente narcisista se le llama trastorno de personalidad narcisista, con repercusiones muy negativas para el propio narcisista y para quienes se relacionan con quien lo padece. En estos casos se mantienen estables en el tiempo unos patrones de comportamiento ególatras en los que un yo, que en el fondo es muy frágil, intenta sostener una identidad ficticia que “vende” a los demás. La persona que tiene un trastorno de este tipo se comporta en casi todas las situaciones como si fuera superior a los demás (y así se cree), necesita admiración constante y es incapaz de empatizar con otros, ya que está demasiado pendiente de sí mismo… Los que son más inteligentes lo hacen de un modo tan sutil que no percibimos su teatro y nos quedamos con la impresión de estarnos relacionando con personas encantadoras y especiales, dado que pueden vender muy bien su “moto” y seducirnos con facilidad, hasta que empezamos, con el tiempo, a captar diversas incongruencias (una salida de tono inesperada, una hipersensibilidad o reacción exagerada a una crítica, el no respeto a los deseos de otro, la falta de empatía real ante las necesidades de otra persona, el no tener ninguna intención de rectificar un error o no disculparse por el mismo, etc.).

El/la narcisista está pendiente de mostrar un personaje que se empeña en representar a quienes le rodean, para seducirles. En realidad no se ve a sí mismo y por eso tampoco puede ver a los demás, ni sus necesidades, ni sus sentimientos, ni su sufrimiento, ni sus virtudes, etc. Es más, las virtudes de otro son molestas para alguien así pues le ponen de manifiesto sus propias carencias… Además, tiende a interpretar mal a los otros, les malinterpreta, ya que no es capaz de ver la perspectiva ajena.  Incluso llega sentirse molesto por las demandas de ayuda razonables de otras personas (excepto que quiera salir en la “foto”) y no tolera ningún tipo de crítica hacia él, pudiendo reaccionar ante las mismas con gran frialdad y/o hostilidad.


Otra característica importante de alguien narcisista es que está muy ocupado en sus propios proyectos personales, en los que si embarca a otros es para que sigan “lo suyo”, para sus propios objetivos de éxito, poder, etc. Su proyecto está claramente orientado desde él y para él, con poca opción de diálogo para hacer un proyecto conjunto o con algún aspecto de trabajo horizontal. En esa verticalidad veremos que tiende a la explotación interpersonal de forma recurrente, autoengañándose de tal forma que cree que hace un favor a quienes implica en sus planes. Si se agrupa con otros no es porque los otros le importen sino porque le sirven para sus fines, dado que es alguien especial. Además suele ser envidioso (pues en el fondo hay un complejo de inferioridad) o cree que son los demás quienes le envidian.

Con este tipo de personas es muy difícil relacionarse, porque no son capaces de mirar más allá de la imagen que quieren sostener de sí mismos, algo que lleva mucha energía para que no sea detectada la farsa. No son capaces de ser quienes son realmente, aunque hablen con propiedad y aparente sabiduría de autoconocimiento, etc. No se captan a sí mismos y, por ende, no pueden ver quienes son los demás. Lo curioso es que pueden embarcarse en proyectos de ayuda social, pero veremos siempre será desde discursos grandilocuentes, grandes verdades y atacando a quienes no piensan exactamente como ellos. Pueden llegar a hacer alguna actividad solidaria, pero siempre desde el sostenimiento de un personaje que quiere sentirse superior, no desde la percepción y sensibilidad ante el sufrimiento ajeno. Cuidado con los narcisistas que dicen estar embarcados en proyectos solidarios, con que se embarcan en grandes gestas, pero que no pueden escuchar el dolor de un vecino, amigo, compañero, etc.

Volviendo a esa la afirmación de “todos somos narcisistas”, no me parece que realmente haya tantas personas así. Todos conocemos a buenas personas, capaces de escuchar, empatizar, sentir dolor por el sufrimiento ajeno, ser capaces de responder a necesidades de otras personas, etc. Si todo el mundo fuera narcisista es posible que el mundo se viniera abajo en cualquier momento.

Quien hace una afirmación como la de “todos somos narcisistas” creo que, o bien hace una generalización excesiva a partir de alguna percepción de la realidad excesivamente susceptible al narcisismo o, quizás, desde una cierta proyección del propio narcisismo. Cuando se afirma algo tan tajantemente considero importante reflexionar acerca de lo que podemos estar proyectando de nosotros mismos en el mundo exterior, algo que todos hacemos de una u otra forma...

Otra cuestión a tener en cuenta sería lo que podemos llamar  un “narcisismo sano”, que se manifestaría, por ejemplo, en la sensación de que es agradable gustar a otros, lograr algún tipo de reconocimiento por nuestros logros y percibir que somos queridos por otras personas. Pero en el caso del narcisismo sano no se sufre cuando no se es el centro de atención, ni se busca admiración ni reconocimiento constante, y se es capaz de mirar hacia la realidad personal de otros.

Quizás en todos nosotros haya diversos grados de narcisismo sano y patológico, según los momentos. Pero otro tema es estar permanentemente en una pose narcisista que encubre grandes carencias de quien no puede mostrarse tal como es y compensa inconscientemente sus vacíos con una visión idealizada de sí mismo.

Seamos o no narcisistas, intentemos mirar más allá de nosotros mismos con humildad y veamos la realidad ajena como una realidad tan digna e importante como la propia, que también es fundamental que nos atrevamos a mirar en profundidad, para conocernos mejor. Quizás así podamos irnos vacunando de una realidad que puede ser tan dañina para muchos, tanto para quienes lo padecen como para quienes sufren el relacionarse con alguien que está tan perdido y desconectado de sí mismo… Tengamos también empatía hacia esas personas que por estar tan incompletas y dañadas necesitan ser amadas incondicionalmente, pero pongamos los límites para que esa voracidad de ser del vacío del narcisista no nos dañe. Respetemos también nuestra propia dignidad y construyamos un amor sano a nosotros mismos, para no depender del reconocimiento o la atención ajenos.

2 comentarios:

Agustin dijo...

Este articulo es fantástico. Muchas gracias por escribirlo!

Maribel Rodríguez dijo...

Gracias a ti por tu comentario. Me alegro de que te haya aportado algo :-)
Maribel