miércoles, 7 de julio de 2010

¿SIRVE DE ALGO EL BUEN HUMOR?

Todos hemos experimentado, en algún momento de nuestras vidas, los efectos beneficiosos del buen humor y el alivio que puede suponer que alguien nos haga reír en un mal momento. Por esta razón, me parece importante, que como terapeutas, nos planteemos la pregunta, de hasta donde podemos influir en el humor de los pacientes, para que se sientan mejor.

Las personas con buen humor tienden a enfermar menos en general (física y mentalmente). ¿Quiere decir esto que el sentido del humor puede tener un efecto protector sobre nuestra salud? Y si es así, ¿podríamos afirmar que potenciar el humor puede ayudar a mantener o recuperar un buen estado de salud? Hay diversos estudios en los que se afirma que los pacientes hospitalizados se recuperan antes, cuando son capaces de considerar con humor su situación. El humor también facilita las relaciones de los pacientes con el personal hospitalario (1).

Estudios actuales apuntan a que hay una estrecha relación entre la risa y las endorfinas. El hecho de reír produce una relajación generalizada que favorece la producción de endorfinas, supone un alivio físico y psíquico a un tiempo. Las endorfinas favorecen una recuperación más rápida de las enfermedades (pues están estrechamente relacionadas con el sistema inmune), tienen efecto antidepresivo y ayudan a mantener la salud. Además, es de destacar su importante acción como mediadoras en el efecto placebo, cuya eficacia ha sido demostrada para el alivio de dolores diversos, padecimientos psíquicos (el 40% de los enfermos con depresión tratados con placebo mejoran), etc. (1, 2, 3, 4, 5). Hay endorfinas cuyos efectos son más potentes que los de la morfina, sin sus efectos secundarios. Las endorfinas tienen un importante papel neurotransmisor en el sistema nervioso central. Se ha comprobado su gran capacidad de despolarizar las membranas celulares, lo cual disminuye el impulso nervioso (2) y por lo tanto la irritabilidad o excitabilidad de las neuronas, que puede llevar a tener más ansiedad u otras alteraciones psíquicas o psicosomáticas.

Una actitud positiva ante la vida y el sentido del humor implican una bioquímica equilibrada, y esto contribuye a que el funcionamiento neuroendocrino del organismo sea más adecuado. En un estudio se pudo observar que la risa reducía los niveles de hormonas de estrés (6). Lo cual contribuye a la larga a una mejor calidad de vida (7).

¿No es cierto que la risa aleja al miedo, a la tristeza o a la preocupación? ¿De dónde sino viene esa manía popular de contar chistes? El chiste produce una ruptura presentando una solución imprevisible y sorprendente, fuera de toda lógica, el humor rompe la linealidad del pensamiento lógico. El humor ayuda a que nos desbloqueemos psicológicamente.

Freud defendía el sentido del humor como un mecanismo de defensa más sano que otros, y afirmaba que éste solían utilizarlo las personas más inteligentes. Para Freud el ingenio sería una subcategoría de lo cómico, una manera juguetona de abordar la realidad, por el descubrimiento de semejanzas y conexiones ocultas, por un mecanismo similar al que genera los sueños. Los chistes y los sueños cumplirían así una función psicológica básica de hacer emerger del inconsciente los contenidos reprimidos con diversos disfraces. Siendo así, una fuente de gratificación sustitutoria o una vía de hacer realidad un deseo: “El ingenio nos ofrece los medios para superar las restricciones y alcanzar fuentes de placer de lo contrario inaccesibles”. Así proporciona una vía para rebelarnos contra la autoridad, el miedo a la homosexualidad o incluso contra la razón, entre otros temas que son fuente de temor (8).

La risa es buena para la salud, así como tomarse las cosas con buen humor, positivamente y sin proyectar negatividad. Estos factores ayudan a tener una vida más plena.

Bibliografía:

1) Lawson, J.; Endorfinas. La Droga de la Felicidad; Ediciones Obelisco, Barcelona, 1990

2) Myers, D.G.; Psicología; Editorial Médica Panamericana, Buenos Aires, 1988.

3) Terenius, L.; From opiate pharmacology to opioid peptide physiology; Ups J Med Sci; 2000; 105 (1): 1-15.

4) Brody; H.; The placebo response. Recent research and implications for family medicine; J Fam Pract, 2000, Jul; 49 (7): 649-54.

5) ter Riet, G. y cols.; Is placebo analgesia mediated by endogenous opioids? A systematic review; Pain, 1998, Jun, 76 (3): 273-5.

6) Berk, L-S. y cols.; Neuroendocrine and stress hormone changes during mirttful laughter; Am J Med Sci, 1989, Dec; 298 (6): 390-6.

7) Hulse, J.R.; Humor: a nursing intervention for the elderly; Geriatr Nurs, 1994, Mar-Apr; 15 (2): 88-90.

8) Freud, S. ; El chiste y su relación con lo inconsciente; Alianza Editorial, Madrid, 1980.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Leyendo a Winnicott: "El sentido del humor demuestra libertad, lo contrario a la rigidez de las defensas que caracterizan a la enfermedad. El sentido del humor es un aliado del terapeuta, y le proporciona una sensación de confianza, así como cierta libertad de acción. Revela en el niño imaginación creativa y felicidad" ( Winnicott. D. W. Clínica Psicoanalítica Infantil. Ediciones Horme. 2008.Pag. 40)

Para Winnicott, -quien me parece un analista y psicoterapeuta excepcional con aportaciones verdaderamente capitales en el campo psicoanalítico y psicoterapéutico-, en el adulto sucede igual, y el sentido del humor se encuentra relacionado con el juego, si bien en el adulto dicho juego se manifiesta de una forma especial en terapia, dado que la comunicación con el paciente, a diferencia del niño, es únicamente verbal: "Todo lo que diga sobre el jugar de los niños también rige, en verdad, para los adultos, solo que el asunto se hace de más difícil descripción cuando el material del paciente aparece principalmente en términos de comunicación verbal. En mi opinión, debemos esperar que el jugar resulte tan evidente en los análisis de los adultos como en el caso de nuestro trabajo con chicos. Se maniifesta, por ejemplo, en la elección de palabras, en las inflexiones de la voz, y por cierto que en el sentido del humor" (Winnicott. D.W. Realidad y juego. Gedisa Editorial. 2008 Pag. 63)

Un abrazo,
Jesús.

Maribel Rodríguez dijo...

Muy interesante lo de Winnicott. Gracias por compartirlo Jesús.

Un abrazo
Maribel

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