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miércoles, 28 de junio de 2017

¿CUÁNDO NO SE DEBE MEDITAR? CONTRAINDICACIONES DE LA MEDITACIÓN


Max Ernst, Grätenwald, 1926

La meditación se está convirtiendo en un fenómeno de masas. Es raro quien hoy en día no ha oído hablar de la meditación o no ha hecho algún tipo de práctica meditativa.

La mayoría de las personas que conozco que hacen meditación la practican para su bienestar psicológico, para estar tranquilos, relajados o centrados. En otros casos la meditación forma parte de algún tipo de práctica espiritual o de un proceso de crecimiento personal o de autoconocimiento. No obstante, no es raro encontrar a personas que están en contra de cualquier planteamiento religioso y/o espiritual, que son fieles devotas de la práctica meditativa. 

Por otra parte, son numerosos los estudios en los que se defienden los beneficios de la meditación, aunque no todos son suficientemente rigurosos. Los estudios más serios nos muestran que la meditación puede beneficiar la salud mental, en algunos casos (sobre todo para prevenir recaídas de la depresión) y servir de tratamiento complementario a la psicoterapia en otros. En este link tenéis una interesante revisión crítica sobre el tema: https://www.researchgate.net/publication/309475612_What_is_mindfulness-based_therapy_good_for 

De lo que hay pocos trabajos es sobre los riesgos o dificultades asociados a la práctica de la meditación, aunque los grandes maestros de las grandes tradiciones ya han señalado desde hace muchos siglos, que la meditación puede tener algunos riesgos, generar malestar, removernos internamente o ponernos a prueba… Como decía un colega “un método poderoso puede ser también peligroso”. 

La meditación puede ayudarnos, siempre y cuando ésta sea enseñada por un guía experimentado y se aplique en un momento adecuado. La meditación no es una psicoterapia, pues no fue diseñada como tal, y siempre ha formado parte de un programa más completo de evolución personal. Es decir, ha estado conectada con el cultivo de la sabiduría (estudiar, pensar, etc.) y con la práctica de la ética. Si no es así, también hay numerosos ejemplos de cómo se puede usar al servicio de intereses egoístas (como podemos comprobar con toda la moda del McMindfulness en las grandes empresas o de personas que quieren aumentar su poder mental, pero no tener en cuenta a su prójimo). 

Pero la meditación también nos puede hacer sentir mal, pues el mirar adentro puede mostrarnos nuestras limitaciones, contradicciones, fantasmas, etc. Algo muy saludable si estamos dispuestos a hacer un camino de profundización y de autoconocimiento, pero perjudicial si no sabemos realizar el camino de forma adecuada. Ya me extendí en un post anterior sobre los efectos adversos de la meditación: http://maribelium.blogspot.com.es/2014/10/puede-producir-la-meditacion-efectos.html?q=meditación

En este post, sobre todo, quiero poner de relieve la importancia de NO HACER MEDITACIÓN si estamos en alguna de las situaciones siguientes, ya que, en estos casos, puede empeorar nuestro estado psíquico. Es decir, estas serían las principales CONTRAINDICACIONES DE LA MEDITACIÓN:

- Estar en un momento de duelo que genere intenso sufrimiento. Esto lo podemos ver especialmente en las primeras etapas de un duelo. En estos casos la meditación nos puede hacer sentir más intensamente el sufrimiento y desajustarnos psíquicamente. En casos de meditadores avanzados sí podría ser de ayuda, pero adaptando la práctica al proceso que se está viviendo.

- Estar atravesando una crisis personal que genere síntomas como ansiedad, excesiva tristeza, insomnio, síntomas psicosomáticos intensos y otros que interfieran significativamente con nuestra vida diaria. Puedo decir lo mismo de meditadores avanzados, que en el caso anterior.

- Tener ataques de pánico (también llamados crisis de ansiedad).

- Tener antecedentes de episodios psicóticos: por ejemplo dentro de un trastorno de la personalidad, trastorno bipolar, esquizofrenia, trastorno esquizoafectivo, psicosis reactiva breve, etc. En los casos que se tenga un diagnóstico de trastorno de personalidad, se puede hacer meditación en algunos casos, pero es fundamental que la práctica de la meditación sea orientada por un profesional de la salud mental, y en paralelo con un proceso de terapia.

- Trastornos de la personalidad: Estaría especialmente contraindicada en personalidades esquizoides, esquizotípicas y paranoides. En el trastorno límite de la personalidad se puede aplicar mindfulness con estricta supervisión terapéutica y con profesionales de la salud mental experimentados en aplicar meditación a este tipo de pacientes. En casos de trastorno narcisista de la personalidad o personas con importantes rasgos narcisistas, pueden intensificarse estos rasgos.

- Haber sido diagnosticado de un trastorno disociativo, pues la meditación puede aumentar la disociación. 

- Haber sido diagnosticado de un trastorno somatoforme: hipocondriasis o síntomas graves des somatización.

- Trastorno de estrés agudo: las semanas posteriores a una situación traumática, la meditación puede aumentar la sintomatología y el sufrimiento. La excepción pueden ser meditadores experimentados que saben manejar las emociones difíciles con la meditación. 

- Trastorno de estrés postraumático: en algunos casos la meditación puede intensificar los síntomas o reactivarlos. Es importante la supervisión de un profesional de la salud mental en estos casos y que se apliquen técnicas específicas adecuadas a la persona y a este tipo de trastorno.

- Como única terapia cuando hay dificultades psicológicas: algunas personas confunden meditación con psicoterapia y creen que la meditación les puede “sanar”. En estos casos lo más probable es que la meditación empeore su estado, incluso aunque se disfrace de mejoría porque produzca algún estado de relajación y de bienestar.

- Meditar con un guía poco experimentado o sectario: muchas personas enseñan meditación sin un recorrido serio previo, o sin suficientes conocimientos. Llevan a otros por territorios desconocidos para ellos mismos, pues cada vez son más frecuentes las titulaciones de meditación, sin exigirse una base adecuada o una suficiente práctica y experimentación. En este tema, es fundamental que quien nos guía tenga años de práctica en el camino de la meditación, muestre unos mínimos de equilibrio psíquico, humildad y sentido común. En los casos en los que haya diagnóstico psiquiátrico es preferible hacer la práctica con un profesional de la salud mental, también experimentado en el tema.

En caso de duda, si queremos meditar, mejor consultar con un profesional de la salud mental que también sepa sobre meditación y/o con un maestro que tenga amplia experiencia en el tema. También es importante señalar que según el tipo de meditación, tendrá más o menos riesgos o más o menos beneficios según el momento personal, etapa del camino, etc.

sábado, 30 de agosto de 2014

"MENOS MINDFULNESS Y MÁS SANTA TERESA"

Hace unas semanas me comentaba el Catedrático de Psicología Antonio Capafons que a veces dice a sus alumnos, en clase, la frase: “Menos Mindfulness y más Santa Teresa”. 

Conecté con esa frase porque en diversas ocasiones también he querido decir lo mismo y no me ha salido decirlo tan claro y sintético como lo dice Antonio Capafons.

Me pareció muy provocadora y estimulante esta forma de decirlo, en unos momentos en los que el Mindfulness está de moda, entre los psicólogos y psiquiatras que se consideran modernos y entre muchos pacientes que tratan de aliviar sus ansiedades y angustias, con ese método. Por otra parte, la mayoría de los psicólogos y psiquiatras saben algo de Mindfulness, pero no saben nada, o muy poco, acerca de Santa Teresa. Por ejemplo, muy poca gente sabe que Santa Teresa desarrolló un método de oración, con elementos que se pueden considerar cercanos a algunos métodos de meditación orientales, con las diferencias que tienen que ver con su propia tradición religiosa. Para ella su método de oración está insertado en un camino cristiano comprometido con la Verdad, con una entrega a los demás, con el Amor, con la unión con Dios y con una profunda búsqueda de sí misma.

Sin descartar que el Mindfulness tendrá su utilidad, me parece lamentable que se use a la ligera, ofreciéndose como un método de meditación que parece la panacea para las neurosis modernas y como un producto más de consumo, que vale para casi todo:  para empleados estresados (para que no se quejen en sus trabajos), para amas de casa en apuros, para personas angustiadas o deprimidas, etc. Y para colmo es muchas veces aplicado por personas que desconocen completamente el origen de este método (viene del Vipassana, que está dentro del Budismo). Escuché una vez a alguien que decía que puede ser un tanto insultante desconectar la meditación de su origen, en el que tiene una determinada finalidad, para obtener unos beneficios prácticos, que no tienen que ver con el sentido original del método, y que encima se le cambie el nombre original de meditación por un término americano.  Estoy de acuerdo.

Pero vuelvo al tema. ¿Por qué quiero reflexionar sobre esa sugerencia de más Santa Teresa y menos Mindfulness

Trataré de explicarlo.

Empiezo describiendo sucintamente que el Mindfulness consiste en prestar atención, sin emitir juicios, a las sensaciones, percepciones, pensamientos, y cualquier cosa que pase por la consciencia. El observar los fenómenos psíquicos sin juzgarlos, permite ir tomando distancia de experiencias subjetivas, que se acaban manejando con una mayor objetividad (como pensamientos angustiosos, negativos, etc.) y por lo tanto teniendo un mayor autocontrol emocional. La práctica es importante centrarla en el momento presente, en el aquí y ahora, buscando una dimensión de silencio interior. He visto en alguna práctica de Mindfulness que también se hacen sugestiones positivas como "me siento bien", "me siento tranquilo", etc. El tener “éxito” con el Mindfulness depende fundamentalmente de dedicar tiempo a  la práctica, de hacer bien la técnica y de empeñarse en ello. Es del propio meditador del quien parece provenir el resultado.

La oración contemplativa de Santa Teresa (que también intentaré explicar resumidamente) consiste en abrirse a la presencia y a la acción de Dios desde una actitud humilde, en silencio. Mediante su práctica se busca entrar en los “sentidos interiores” desconectando de los exteriores (una diferencia importante con el Mindfulness). Se busca silenciar cuerpo y mente, silenciar los ruidos interiores y exteriores, para estar en silencio ante una realidad trascendente (Dios). Parte del proceso implica despojarnos del propio yo, del egoísmo, el egocentrismo y la vanidad, desde la humildad. El yo no es el que manda, sino que mantiene una actitud pasiva de escucha en la que, desde la humildad, se acepta que no se puede controlar la acción de Dios. No es el ego quién decide qué va a pasar sino que hay un desprendimiento de sí mismo. Parece ser que esa acción, por sí misma, es transformante para quién practica la oración contemplativa (aunque uno no controlar la acción de Dios).

Dice Santa Teresa que entremos en la oración porque tenemos “al Emperador del cielo y de la tierra en tu casa… no ha menestar alas para ir a buscarle, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí”.
Hay una parte de recogimiento porque recoge las potencias del alma (voluntad, entendimiento, memoria) y se entra dentro de sí con para encontrar a Dios. Su práctica va mucho más allá de ser una mera técnica de autocontrol psicológico, aunque ese autocontros sea necesario para entrar en silencio en el mundo interior.

En esta práctica buscar a Dios en el silencio depende del que ora, recibir el don de la contemplación depende de Dios. Como dice ella misma: "Es ya cosa sobrenatural ... que no la podemos procurar nosotros por diligencias que hagamos". 

Vemos en ella, repetidamente, una actitud de humildad.

Es interesante que se considera que la efectividad de la oración contemplativa se descubre por el efecto espiritual que produce: mayor capacidad de amar a otros, humildad, autoconocimiento, crecimiento en virtudes, desapego de lo material, entrega a Dios, aumento en los frutos del Espíritu, etc.

Y por supuesto un serio y auténtico conocimiento de uno mismo, que termina siendo la base del realismo en la vida, de la aceptación de sí y de la humildad. Sin caer en el peligro de un idealismo o de un egocentrismo que se construya fuera de la base de lo que es uno mismo, como me comenta Francisco Javier Sancho, director de la Universidad de la Mística de Ávila y sacerdote carmelita.

Con respecto a Santa Teresa y su oración contemplativa me parece importante señalar que no es necesario pertenecer a su misma religión, para enriquecerse con su propuesta de contemplación unida a una determinada forma de vivir, conectada con valores humanos y espirituales que construyen la vida. También es muy enriquecedor darnos cuenta de que la contemplación que ella nos propone es un método muy cercano a otras formas de meditación, que además es de aquí al lado (de Ávila), y que puede enriquecer nuestra forma de vivir en nuestra vida cotidiana. Pues la apertura a la realidad con humildad, amor, respeto, silencio y la mirada hacia el interior, ¿no podrían hacernos bien a muchos? No obstante, no podemos separar su camino y su tradición de su obra y no podemos extraer cuatro pautas teresianas al modo Mindfulness, para generar otro producto de consumo para ejecutivos estresados.

Volviendo al Mindfulness su efectividad se mide por: un mayor autocontrol, un mejor centramiento en el momento presente,una  actitud interna más positiva, un mirar con distancia emociones y el eludir pensamientos desagradables, un mejor manejo del estrés, tener menor ansiedad, etc. Se habla algo de estados mentales buenos (y eso que primero dicen que no hay que juzgar...) Pero ¿Por qué no se habla de humildad, amor, desapego? Si nos vamos a los orígenes del Mindfulness veremos que en el Budismo la práctica de la meditación va ligada a un comportamiento ético, a la compasión y a un compromiso con el camino espiritual. En el Mindfulness no veo esto, e incluso veo un cierto riesgo de mal uso, de simplificación, de fomentar el egocentrismo, la vanidad, el ensimismamiento y de una cierta desconexión de las emociones, con el consiguiente riesgo de falta de empatía hacia las emociones o el sufrimiento ajeno. Algunos estudiosos del tema ya están identificando estas reacciones.

Aunque haya alguna semejanza entre esto que llaman Mindfulness y la oración contemplativa de Santa Teresa, como es el trabajo con la atención (aunque la atención se ponga en lugares y objetivos diferentes, en el primer caso al servicio del yo y en el segundo al servicio de algo que le trasciende a uno y a los demás), el autocontrol emocional y el silencio, me parece que lo que aporta la contemplación teresiana es humanamente más enriquecedor. Esto no quiere decir que hay que descartar el Mindfulness, dado que hay personas que sienten alivio a sus dolencias psíquicas mediante su uso. Más bien me parece que la reflexión debe ir en la dirección de hasta que punto no estamos pervirtiendo una práctica como el Mindfulness al descontextualizarlo de sus raíces (el Budismo) y al alejarlo de un marco de vida más amplio y humano. Además, aún más importante me parece, que ser conscientes de los propios caminos de “meditación” que existen en nuestra propia cultura, puede enriquecer nuestra perspectiva e incluso nuestra propia práctica de meditación y/o de oración. A lo que añado, que me parece que todas las vivencias de Santa Teresa, y todas sus propuestas, a las que se han adherido numerosas personas a lo largo de los siglos, dan frutos mucho más interesantes que todo el regimiento de meditadores Mindfulness que proliferan por todas partes. Desde los monasterios que ella fundó para volver a un cristianismo más auténtico hasta todas las personas que se han visto inspirada por ellas (dentro y fuera de las diferentes tradiciones), por no hablar de toda la obra educativa teresiana, San Juan de la Cruz y su obra y otros grandes como Edith Stein y su pensamiento filosófico. Aparte de los efectos que ya he señalado líneas más arriba que puede tener la oración contemplativa: mayor capacidad de amar a otros, humildad, autoconocimiento, crecimiento en virtudes, desapego de lo material, entrega a Dios, aumento en los frutos del Espíritu, etc.


Aclaro que estas reflexiones no pretenden ser una revisión exhaustiva del Mindfulness ni de la contemplación Teresiana. No son más que una invitación a la reflexión y a la profundización en lo que son las prácticas de contemplación y meditación. Cualquier corrección, sugerencia u opinión será bienvenida. Todo estos temas darían para mucho más...