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miércoles, 2 de septiembre de 2020

SALIR DE NOSOTROS MISMOS



Después de mi anterior escrito, titulado “Volver a nosotros mismos”, puede resultar totalmente contradictorio que, justo después, escriba otro sobre “Salir de nosotros mismos”, ya que, si he puesto énfasis en la necesidad de “volver a nosotros mismos”, ¿tiene sentido poner ahora énfasis en “salir de nosotros mismos”? Yo creo que sí, pues me parece que se trata de movimientos complementarios y que nos permiten encontrar un equilibrio razonable en nuestras dinámicas internas. 

El anterior escrito terminaba del siguiente modo: “Si el camino de vuelta es solo a mí, desprendida del mundo y del exterior, puede tratarse de una ficción narcisista. Si el camino de vuelta es hacia mí, con apertura hacia quien resuene conmigo, en un encuentro real, es cuando seguramente esté volviendo a ese lugar real que me configura y sostiene.”

Voy a intentar desarrollar, un poco más, lo que planteaba al final de mi escrito.

La cuestión de fondo es diferenciar en autocentramiento egocéntrico, que sería narcisista y autocomplaciente, del posicionamiento centrado, en donde la persona se sitúa en su ser real y, desde ahí, puede abrir las puertas de su “casa” desde la hospitalidad, la comprensión y la apertura a otros.

A veces escucho sobre el empeño en el volver a uno mismo, desde un autocentramiento egocéntrico, en un supuesto auto-conocimiento autocomplaciente, que lleva a una persona a validar la realidad solo desde sí misma, o incluso desde lo que cree su percepción de la realidad divina (por ejemplo, en su oración o meditación) y a pensar que su auto-realización es solo suya e individual, siendo los demás, en general, estorbos para el plan personal, si no le siguen el juego o el “baile”. Algo que es, aún más “peligroso”, cuando se trata de alguien más inteligente que la media y que tienda a la introversión. En ese caso, se puede instalar cómodamente en su parcela interior de seguridad, certezas, crecimiento personal o espiritual, inspiración, desarrollo profesional, etc., sin reparar en lo que pasa alrededor, ni en los que les pasa a otros. Llegando incluso, a provocar un gran malestar a su alrededor, sin darse cuenta, con sus actitudes. En estos casos, es posible que la persona sienta que sigue su verdadera senda vocacional, pero que los demás son incordios que no le entienden y que, incluso, si le molestan con sus actitudes, es porque son de inteligencia inferior, mediocres, primitivos, etc. Ante esas “molestias”, quien tenga tendencias narcisistas o egocéntricas tenderá a meterse más dentro de sí, despreciando al resto del mundo, pues es “incómodo”. Y no verá que ese mundo le resulta “incómodo” por su manera estrecha, exigente y dura de mirar las cosas. Lo que, no se debe confundir con tener una gran sensibilidad, o con que los demás no nos puedan resultar a veces inconvenientes. La cuestión es que, cuando son todos, o casi todos, los que solamente dificultan la propia realización personal, ¿no es más bien uno mismo el que está excesivamente centrado en sus propios intereses, ideas y actitudes? 

Cuando nos relacionamos con una persona así, normalmente sentimos inseguridad o perplejidad, pues son expertos en hacernos sentir culpables, por importunar sus importantes ocupaciones, que siempre estarán muy por encima de cualquier necesidad ajena, a la que, si se presta atención será desde una actitud condescendiente de aparente caridad, perdonándonos la vida y haciéndonos sentir privilegiados por el tiempo que nos conceden, desde su posición de dioses del Olimpo.

En el otro extremo, podemos detectar el centramiento sano y realista, con apertura a la realidad y a los otros, en quienes, aún estando ocupados y centrados en lo que la vida les pide, asumiendo sus responsabilidades y respondiendo a su vocación, escuchando su interioridad, son capaces de tratarnos con sencillez, sin muros, aunque puedan poner límites, pues el tiempo no es infinito. Tampoco tendrán por qué por qué responder a cualquier demanda de atención, en cualquier momento. Estar centrado sanamente es también respetarse a uno mismo y tomar consciencia de cuando se tiene energía disponible para los demás, de una manera equilibrada, pues “la caridad empieza por uno mismo.” Lo que veremos, en estos casos, será humildad y cercanía, aunque solo nos aporten 5 minutos de su tiempo, atención, firmeza, claridad, sencillez e interés por lo que planteamos. La claridad también la veremos reflejada en que, por muy ocupada que pueda estar esta persona, sentiremos la confianza de que tendremos respuesta cuando realmente le sea posible decirnos algo. Conozco a personas que están realmente muy ocupadas, que aprovechan, desde el amor, el tiempo que les es posible para otros, para decir que están ahí, que te acogen, que les importas y que sufren por lo que sufres, pues son capaces de salir de sí mismas. Esto se percibe en una resonancia en el encuentro, por una atención determinada (no una cara de póker o de falsa caridad), por un afecto espontáneo que nace (cuando se da), que facilita un vínculo real. Estas personas nos muestran una posibilidad de diálogo y de apertura ante las dificultades que puedan surgir, desde la acogida, la humidad y la sencillez. Sin que nos provoquen el temor, al acercarte a ellos, de que les estás molestando ante todas las cosas tan “superimportantes” que tienen que hacer, que, “obviamente”, son mucho más importantes que lo que viven como tus reclamos o exigencias de inferior nivel.

En ambos casos las personas pueden parecer aparentemente centradas, y sus discursos parecer semejantes, pero, las consecuencias, en el trato, especialmente en quienes nos relacionamos con ellos nos llevan a percibir y sentir algo muy distinto. 

Quizás, todos, en algún momento hemos podemos vivir en el centramiento egoísta. Y lo más posible es que, nos movamos habitualmente por lugares intermedios. Para no perdernos en los egos-centrismos, creo que lo importante es tomar consciencia de por donde vamos para buscar la posición más centrada, abierta y real, para una vida más plena, humana, humilde y consciente, donde el indicador más claro es la cuestión de si realmente nos importan los otros, es decir, si somos capaces de sentir amor por ellos.

sábado, 7 de marzo de 2020

CORONAVIRUS, VIVIR CON INCERTIDUMBRE




Todos estamos al tanto, en mayor o menor medida, de los problemas derivados de la epidemia de coronavirus. Lástima que parte de la información que se nos da sea sesgada, sensacionalista o imprecisa. 

La información que resulta más útil es la que nos aporta ideas claras acerca de lo que podemos hacer para prevenir el contagio de la enfermedad. De nada sirve saturarnos de información, si no percibimos la posibilidad de hacer algo para controlar, al menos parcialmente, lo que sucede.

El problema en este caso es que aún se sabe relativamente poco acerca del virus, de por dónde anda y de sus riesgos reales. El virus, ahora mismo, parece una especie de ente invisible que amenaza nuestra salud y que escapa a nuestro control, por más que deseemos ejercerlo.

El coronavirus nos está llevando hacia una gran incertidumbre. Da la impresión de que es mucho más lo que no sabemos, que lo que sabemos. O bien, lo que sabemos no es suficiente para tener controlada la situación.

El coronavirus nos ha puesto delante de nuestra propia vulnerabilidad y de nuestros miedos. Por eso, es preciso poner un nombre concreto a esos miedos para poderlos combatir uno por uno. Si no, corremos el riesgo de que se enmarañen dentro de nuestras mentes hasta que sea difícil saber cómo salir del enredo. Los miedos concretos que hay que nombrar, para manejarlos mejor son: el miedo a la enfermedad, el miedo a la pérdida de control, el miedo a la pérdida de seguridad, el miedo a la muerte, el miedo a que nuestros seres queridos se enfermen, el miedo a la incertidumbre, etc. Estos miedos nos hacen más conscientes de la fragilidad de nuestras vidas, pues normalmente vivimos sin plantearnos qué es lo que las puede alterar, por mucho que racionalmente sepamos que esto es posible en cualquier momento. El vivir de espaldas a nuestra fragilidad es una forma de protegernos de los miedos, pero nos puede hacer llevar a ser inconscientes y débiles ante las situaciones difíciles que se nos pueden presentar, pues no tendremos la preparación adecuada para ello.

En estos momentos, el reto que se nos presenta es el de cómo enfrentarnos al coronavirus. Y, en general, no estamos psicológicamente preparados para situaciones de este tipo. Podemos comprobar que muchos pasan de la negación del “no es nada” a la psicosis que les lleva a percibir esta situación como un evento apocalíptico. 

Necesitamos recuperar el sentido común y enfrentarnos exactamente a lo que está sucediendo, aquí y ahora, a nuestro momento presente, con prudencia. Lo fundamental es centrarnos en lo que sí depende de nosotros: lavado de manos, higiene, alimentación saludable y cuidado general de nuestra salud, consultar con el médico si es preciso tomar medidas adicionales (como cuando hay enfermedades previas o un sistema inmunológico debilitado), evitar grandes aglomeraciones, pedir ayuda médica si hay indicios claros de contagio o contacto previo con enfermos, etc. 


Por otro lado están algunas medidas psicológicas que nos pueden ayudar a afrontar la incertidumbre:

- Tomar consciencia de que en nuestra vida no podemos controlarlo todo y centrarnos en manejar lo que sí depende de nosotros (como las medidas señaladas previamente).

- Diferenciar los miedos y afrontarlos separadamente, como ya se ha dicho. Y no alimentarlos con nuestra imaginación, pensando en cosas terribles que creamos que pueden llegar a pasar. Es mejor planificar que estar anticipando catástrofes imaginarias, pues eso produce ansiedad. Es mejor planificar qué es lo que podemos hacer ante la situación, de forma realista, centrando la atención de que lo que haya que hacer es por nosotros y por nuestros semejantes. Mirar más allá de nosotros mismos también nos saca de un egocentrismo, que finalmente nos perjudica psicológicamente, pues, aparte de aislarnos y de hacernos insolidarios, nos sumerge más en la burbuja imaginaria de nuestros miedos.

- Pedir información y ayuda si sospechamos que podemos estar contagiados. Hay un teléfono en cada Comunidad Autónoma para este fin. En el siguiente enlace tenéis los teléfonos para este fin: https://www.diariosur.es/sociedad/salud/telefonos-consulta-sobre-20200302143541-nt.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F&fbclid=IwAR0rgeOBxr38GxMI5r67WcjV6jejcfKlUbF2AtUIL0IjbRxjUzo5RSSA61I

- Centrar nuestra mente y atención en lo que nos ayude a relajarnos. Para eso están las actividades de ocio que normalmente nos hacen sentir bien. El prevenir el estrés y realizar actividades que nos relajan es también un factor que contribuye al buen estado de nuestras defensas contra posibles virus.

- Ser solidarios y pensar en los demás. Estamos en un momento en el que es preciso ayudarnos unos a otros. Crear redes de apoyo, de comprensión, de solidaridad con los enfermos, o con quienes están en cuarentena, es fundamental. Por ejemplo, estando pendientes de ellos con llamadas y mensajes, para que no se sientan solos y aislados. También el normalizar la situación y no dramatizar los casos que se den. Cuando nos encontremos con casos graves, de personas hospitalizadas, es muy importante apoyar a las familias y allegados. El virus puede alterar la salud, pero no puede destruir el amor y la solidaridad entre los seres humanos. No dejemos que el miedo coarte nuestra humanidad.




- Comprender que en toda vida humana se dan, antes o después, situaciones de fragilidad y de incertidumbre. Ante ellas, nos queda la posibilidad de ser creativos, generando nuevos recursos e ideas. También siempre nos queda la posibilidad de elegir la actitud que afrontamos acerca de ello, tratando de afrontar la situación desde lo que sí podemos hacer, por ejemplo, tomándola como un reto y como una oportunidad para ayudarnos unos a otros.

- Rezar o meditar: para quienes sean creyentes o tengan la opción de meditar, esta puede ser la oportunidad de mirar más allá de sí mismos y pedir por la salud de todos. Por favor, no nos quedemos en rezar solamente por nosotros mismos y por nuestros seres queridos. Una situación así ha de hacernos conscientes de que el problema es global. Y más si pretendemos formar parte de tradiciones espirituales que quieren hacer bien a la humanidad. Salgamos de la espiritualidad/religiosidad narcisista hacia una visión más amorosa, amable y compasiva para con todos. A su vez, la oración y la meditación aportan paz y energía extra, nos hacen más fuertes frente al estrés y, según ciertos estudios, aumentan las defensas.



                          

                          


Las situaciones de crisis, como la que se está dando, pueden ser, en parte, oportunidades para abrir la consciencia a una visión más realista de la vida: somos seres finitos y limitados, pero no por eso la vida deja de ser valiosa o de tener sentido. También es la oportunidad de tomar consciencia de lo que podemos aportar a otros, lo que puede ayudar a superar el individualismo enfermizo en el que muchos viven. Quizás, a pesar del sufrimiento y de la desesperación de muchos, algunas personas puedan mirar más allá y darse cuenta de que todos somos importantes para ayudar, prevenir, comprender e investigar. Luchemos contra la incertidumbre asumiéndola como parte de la vida, pero siendo también parte activa en la resolución del problema, como actores necesarios para que todo vaya de la mejor manera posible. ¡Que la fuerza nos acompañe! 





* Nota: imágenes obtenidas de Pixabay.

lunes, 6 de mayo de 2019

X CONGRESO DE ANTROPOLOGÍA, PSICOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD “ACOMPAÑAR EN EL SUFRIMIENTO Y EL DOLOR”



Todos nos encontramos con personas que sufren, empezando por nosotros mismos, pues el sufrimiento se da en toda vida humana. El cómo nos enfrentamos a nuestro propio sufrimiento y dolor, es un factor fundamental en cómo abordamos esta situación en quienes encontramos. A su vez, como reaccionamos ante los otros también va configurando una manera de estar en el mundo y ante nosotros mismos. 

Saber acompañar a otros en momentos de sufrimiento y de dolor no es una cuestión que ataña solo a profesionales de la salud. Es una cuestión que apela a la responsabilidad de todo ser humano en algún momento de su vida. Por ello, consideramos que es una cuestión fundamental sobre la que reflexionar y aprender, desde diferentes perspectivas y experiencias.

Para desarrollar más consciencia sobre estas cuestiones tenemos en Ávila, el X CONGRESO DE ANTROPOLOGÍA, PSICOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD, con una visión interdisciplinar e interreligiosa. 

El tema de este año es:


“ACOMPAÑAR EN EL SUFRIMIENTO Y EL DOLOR”

CÁTEDRA EDITH STEIN, UNIVERSIDAD DE LA MÍSTICA, ÁVILA

PRESENCIAL Y ONLINE

25-27 de Octubre de 2019


VIERNES 25 DE OCTUBRE:

Mañana:

- 9:15 -- Recepción y entrega de documentación.

- 9:45 - 10:00 --- Acto de apertura y presentación del congreso.

- 10:00 - 11.00 – Ponencia inaugural: 
Vivir y acompañar el sufrimiento del duelo
José Carlos Bermejo 
Religioso Camilo, Doctor en teología pastoral sanitaria, Director Centro San Camilo y Centro de Humanización de la Salud.

- 11:00 - 12:00 --- 
La Sedaká como justicia
Israel BenEliezer
Psicólogo, Profesor de Teología y de Legislación Judía (Halachah)

- 12:00 - 12:30 --- Descanso.

- 12:30 – 13:30--- Diálogo con ponentes presentes y público


Tarde:

16:00 - 17:00 --- Ponencia
Seres Humanos cuidando de otros Seres Humanos. Acompañando en el sufrimiento y dolor de nuestros Pacientes
Rosana Mainar
Médico especialista en Geriatría y Gerontología y en Medicina de Familia, Master en Cuidados Paliativos


17:00- 18:00 –-- Ponencia 
Sufrimiento y aceptación en cuidadores de familiares mayores 
Javier López
Doctor en Psicología, Profesor de la Universidad CEU-San Pablo de Madrid

18:00 – 18:30 --- Descanso

18:30-19:30 --- Diálogo con ponentes presentes y público



SÁBADO 26 DE OCTUBRE:

Mañana:

- 10:00 – 12:30 ---  

El Arte “Ese” Acompañar

Adriana Ozores
Actriz de cine, teatro, televisión, investiga el autoconocimiento a través de la interpretación

Abdelatif Hwidar
Actor, guionista y director de cine

- 12:30 - 13:00 --- Descanso.

- 13:00 - 14:00 --- Comunicaciones

 Tarde:

16:00 - 17:00 --- Ponencia
El sufrimiento desesperanzado: afrontando la realidad del suicidio
Guillermo Lahera
Médico Psiquiatra y Profesor de la Facultad de Medicina de Alcalá de Henares


17:00-18:00—-- Ponencia
La huella del arte de cuidar en la filosofía de Edith Stein
Amparo Nogales
Doctora en Historia Moderna y Doctora en Ciencias Biomédicas. Profesora Honorífica Universidad Rey Juan Carlos


18:00 - 18:30 – Descanso

18:30 - 19:30 --- Diálogo con los ponentes presentes y público


Domingo 27 de Octubre:

- 10:00 - 11:00---  Ponencia 
De la em-patía a la sim-patía. El milagro de la compasión
Amedeo Cencini
Doctor en Psicología, Profesor en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma

- 11:00– 12:00 --- Ponencia de clausura
Una Iglesia-evangelio para los pobres: Acompañar en el sufrimiento.
Santiago Agrelo
OFM

- 12:00-12:30 Diálogo con ponentes presentes y público


- 12:30 - 12:45 ---  Clausura de las Jornadas


Más información e inscripciones en info@mistica.es 

miércoles, 26 de abril de 2017

LOS OTROS DESFAVORECIDOS. ¿QUÉ PASA CON EL SUFRIMIENTO PSÍQUICO?


Son numerosos los discursos que hablan de la ayuda a los más desfavorecidos. Se dan tanto desde las diferentes religiones, en las que por ejemplo se plantea la importancia de ayudar a los pobres y de la caridad, como en las opciones políticas en las que se habla de igualdad y de solidaridad. En ambos casos se pone de manifiesto el elemento solidaridad y una sensibilidad ante las necesidades de quienes sufren. Algo loable e importante, siempre y cuando no nos quedemos en un discurso moralista o en un narcisismo en el que pretendemos ser nosotros quienes arreglemos la vida a los demás.

Cualquier iniciativa que disminuya las injusticias y desigualdades en este mundo me parece bien, si se hace desde el lugar adecuado y equilibrado, viendo a los más débiles como iguales que se pueden llegar a valer por sí mismos, ayudando a combatir la injusticia que les empobrece, generando redes y sistemas que favorezcan la dignidad humana, su autonomía, etc.

Pero ante todo estas cuestiones muchas veces me surge la reflexión acerca de otras personas desfavorecidas, que quizás sean aún más pobres que los pobres materiales, al no ser escuchados realmente, o ser, en general, bastante ninguneados.

A los que he llamado “los otros desfavorecidos” son aquellos que sufren por causas psíquicas, que  han sido víctimas de maltratos e injusticias que les han dañado anímicamente, que en otros casos sufren por trastornos mentales que les incapacitan, o que simplemente viven un sufrimiento o vacío en el alma que les deja en la cuneta de la vida, muchas veces sin poder siquiera articular unas palabras que inspiren la compasión de los que transitan por las vías principales. Estos indigentes anímicos (que podríamos ser todos en un mal momento) suelen ser ignorados, incomprendidos, etiquetados como “tóxicos” o percibidos como personas molestas que encima piden o reclaman cariño o atención.  Cuando lo que quizás soliciten, en el fondo, es una comprensión humana y real, alguien que les escuche y les trate como personas normales, el saber que hay salidas, que hay esperanza de superar sus propias dificultades o de aprender a vivir con ellas y que son igual de humanos que los demás.

Al hilo de esta ideas me parece muy lúcida esta reflexión:
"Soy amante de la vida y como amante de la vida, no puedo estar fuera de ningún campo vital. Por lo que, cuando camino por una aldea pobre de la India y la gente tiene hambre, o está enferma porque carece de agua potable ¿cómo puedo dejar de responder a ese sufrimiento? Cavamos pozos nuevos, creamos suministros de agua clara, y enseñamos a conseguir cultivos más abundantes.
Cuando voy a Londres, o a Chicago, o a San Diego, también me encuentro con sufrimiento, no una carencia de agua potable, sino el sufrimiento de la soledad y el aislamiento, la falta de alimento espiritual y comprensión. Del mismo modo que alguien responde de un modo natural a la falta de agua potable en las aldeas, respondemos a la falta de comprensión y paz en los corazones de los occidentales. Como amante de la vida ¿cómo puedo separar una parte del todo?"
Vinoba Bhave


En general es mucho más fácil prestar atención a las realidades de pobreza material que a las situaciones de indigencia anímica y también es mucho más fácil el erigirnos en salvadores del mundo si damos limosna, colaboramos con ONGs, parroquias o partidos políticos que intervengan en aspectos materiales de la pobreza de este mundo. Todo ello tiene su importancia, pero también diversos riesgos de no ver la realidad de una forma global... Sin quitar valor a este tipo de intervenciones, me planteo muchas veces si el abordaje del sufrimiento de los seres humanos se hace de forma global y si no estamos abandonando a la indigencia emocional y espiritual a aquellos a quienes no entendemos… Quizás no les entendemos por no saber entender y tolerar nuestras propias limitaciones o a nuestras partes más frágiles y desequilibradas, cuando actuamos así. El mecanismo habitual es cerrar, dentro de nosotros, la puerta a los elementos anímicos interiores que nos perturban, lo que es terreno abonado para la incomprensión de los que sufren por causas psíquicas a nuestro alrededor. Es decir, acabamos tratando a otros como nos tratamos a nosotros mismos, y así podemos desconectarnos de la sensibilidad ante el sufrimiento ajeno para sentirnos seguros, asertivos o incluso valientes. ¡Qué paradoja!

La cuestión más profunda considero que ha de ser más global. Incluso para combatir la pobreza material, de forma más adecuada, es necesario la transformación de nosotros mismos, de nuestras consciencias. No podemos arreglar la casa de los demás si no arreglamos la nuestra. No podemos atajar las causas de la injusticia y de la desigualdad sin intervenir en las consciencias individuales, empezando por desarrollar la nuestra de la mejor forma que nos sea posible. Al menos desde la humildad, con un diálogo abierto con la realidad y con los demás, sin dar por supuesto que sabemos lo que no sabemos...

En este sentido Kishnamurti lo dice muy claro en este vídeo:

Os recomiendo también el documental "En busca de sentido" documental en el que se plantea el tema del desarrollo sostenible, la superación de la injusticia económica, etc., desde una visión profunda conectada con la transformación de nuestras consciencias individuales en primer lugar: 




viernes, 16 de septiembre de 2016

LA DISPONIBILIDAD DEL CORAZÓN




Son realmente pocas las personas capaces de ser generosas desde la disponibilidad del corazón, pues eso requiere una conexión con una dimensión profunda de uno mismo que posibilite la capacidad de amar realmente a los demás desde la libertad. Lo que, a su vez, parte de estar centrados y conectados con nuestras almas…  Cuando encuentras a personas así parece que has llegado a casa después de un largo viaje, seguramente porque están en su “casa”, enraizadas en su ser y conectadas con la realidad. Es un regalo de la vida contar con su presencia y también nos transmiten la esperanza de un mundo mejor. Solamente cabe gratitud e inspiración ante personas así. Nos inspiran y nos estimulan a ser como ellos.

Cuando no se las encuentra, parece que el mundo se torna un desierto, por la sensación de sequedad que se produce y da la impresión de que no hay agua para todos, ya que muchos se reservan su “riqueza” tanto para sí mismos, que se acaban volviendo cada vez más pobres y miserables y parece que se ve "sed" por todas partes...

Quizás esos ricos y avaros de los que habla el Evangelio sean esas personas incapaces de dar, de estar disponibles, incapaces de amar, porque no están conectadas con el amor o tienen demasiado cerrado el corazón. Son personas que miden lo que dan y lo que reciben, si dan lo hacen con la prudencia de que no te acostumbres (avaricia), si reciben están pensando en que algo te tienen que devolver o piensan en qué tendrán que dar a cambio (otra forma de avaricia y de restricción). Ante este tipo de personas, o ante este estado de ser que por suerte en algunas personas es ocasional, se te encoge el corazón. Cuando alguien nos trata desde la cerrazón o la defensa y no está disponible y abierto, no solo se nos encoge el corazón, también podemos sentirnos perdidos y desorientados... O incluso heridos o despreciados. Si antes no estamos preparados para el golpe o el desdén que puede suponer ese trato o somos suficientemente conscientes de las heridas del otro.

En otras ocasiones, quienes están con el corazón cerrado pueden incluso hacer sentir culpable al que no es como ellos pues son ellos quienes saben vivir midiendo, poniendo límites, restringiéndose sentimentalmente porque creen que eso es madurez… y control… Pero no saben que están atrapados en los miedos, quizás de la infancia, que del miedo al “coco” se ha pasado al miedo a los demás o a los propios sentimientos. Lo que es más bien el miedo a ser vulnerables ante otros, el miedo a necesitarles, el miedo a compartir de verdad y en definitiva es el miedo a sí mismos y al amor real. Se creen “ricos”, pero son los avaros más pobres. Incluso puede que sean más pobres que esos que solo tienen dinero y se lo guardan egoístamente para sí mismos.


Hay que tener en cuenta que cuando una persona actúa así puede no ser consciente y es posible que incluso se sienta muy generosa, porque a veces da o pide "limosna" emocional, migajas que caen de una mesa que cree llena de algo que se corrompe porque no se comparte y acaba helando el corazón. A veces es algo muy sutil, una persona generosa en sus principios, puede ser muy rígida con sus sentimientos y pensar que eso es amar a otros, porque les pone los límites o porque así protege de algo supuestamente peligroso, cuando lo que hace es protegerse de implicarse de verdad con la vida, lo que le abriría espacios para una felicidad real.

A veces me da la impresión de que esa restricción emocional es miseria, es pobreza, es sufrimiento y es vacío que se llena con falsos principios (fariseísmos), ideologías sectarias o incluso ideas heroicas (falsos salvadores del mundo).

Incluso esas actitudes se cuelan en los mundos de la espiritualidad en estos tiempos en los que está de moda la meditación, o más bien una visión superficial de la misma, pues vemos que incluso meditadores y buscadores espirituales, se empeñan en no sentir, en decir que no son eso que sienten, porque a alguien se le ha ocurrido pensar que sentir es “malo” y que hay de alejarse y mirar "desde fuera" y con recelo esa capacidad humana de sentir, que nos lleva a vincularnos con otros. Pero no nos confundamos. Una cosa es no implicarse con una emoción intensa que no lleva a ningún lugar, aunque uno pueda aceptarla dentro de sí como una expresión de una dimensión interna… Otra cosa es disociarse emocionalmente y vivir abotargado, confundiendo frialdad y abotargamiento con maestría espiritual. Me viene ahora a la mente la intensidad emocional del monje protagonista de la película Zen (el fundador de la escuela soto Zen). Un hombre implicado con los demás y con el corazón abierto, estando disponible para ayudar a los que sufren y llorando por y con ellos. ¿Un maestro zen sintiendo? Sí, un maestro Zen conectado con la realidad y el amor.

Os recomiendo encarecidamente la película que podéis ver aquí:


La buena noticia es que salir de esas restricciones emocionales es posible si uno se propone ir abriendo el corazón, lo más profundo de sí, para abrirlo a la realidad, dándose permiso para abrir la caja de los sentimientos, aunque asusten, pues sólo así pueden llegar a equilibrarse y sosegarse. No sirve barrerlos bajo la alfombra. Otra buena noticia es que los pequeños gestos de disponibilidad, respeto, acogida, son los grandes gestos para un mundo mejor, y lo primero para un mundo interno mejor y más equilibrado. Esos pequeños gestos pueden ser, por ejemplo, responder de inmediato o en cuanto podemos al mensaje de un amigo o incluso de un desconocido, por respeto y por no acumular cosas pendientes avariciosamente o no quedarnos apegados a una falsa y miserable sensación de poder y control… Hay quienes calculan los tiempos para responder, como pretendiendo un cierto control del vínculo y de sí mismos. ¿Por qué no responder y punto? Lógicamente en un momento adecuado y equilibradamente, no compulsiva o impacientemente. Muchas veces los miserables emocionales están disponibles pero quieren aparentar estar ocupados, y retrasan sus respuestas. Una vez alguien me recomendó hacer esperar por sistema a los otros, para que se dieran cuenta de que el poder lo tenía yo… Sin comentarios…

Otros gestos pueden consistir en abrir espacios y tiempos a un amigo, en cuando haya un espacio de tiempo en el camino, aunque sea pequeño. Se pueden crear pequeños oasis de encuentro aún en la gran ciudad.... O puede ser aprender a ser más transparentes y claros, pero sobre todo, puede ser atreverse a Ser reales, ser nosotros, conscientes y valientes ante nuestro sentir, para abrir los ojos con admiración al milagro de la vida y de las relaciones humanas, las entendamos o no.



Dado que todos tenemos un poco de apertura y otro poco de cerrazón (en mayor o menor grado y dependiendo de los momentos... ¿Por qué no abrir un poquito más esa rendija de la puerta que se cierra cuando se cierra?  ¿Por qué no atrevernos a ser y estar disponibles desde la humildad y la sencillez del corazón? ¿Por qué no fijarnos en cuando nos paralizamos y cerramos las puertas para aprender a abrirlas de nuevo?