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martes, 12 de diciembre de 2023

¿PERSONAS ALTAMENTE SENSIBLES (PAS), ALTAMENTE SUSCEPTIBLES, ALTAMENTE NARCISISTAS O ALTAMENTE TRAUMATIZADAS?


     Imagen de Pixabay.

La etiqueta PAS (que significa normalmente “Personas Altamente Sensibles”) parece estar de moda. Son muchos los que hoy día reivindican su alta sensibilidad como parte de su identidad, su forma de funcionamiento, o como parte de sus características personales. Lo que lleva a una gran confusión dado que muchas personas con ciertas problemáticas psicológicas tienen a identificarse con esta etiqueta para encubrir sus problemas o compensarlos de algún modo, como trataré de explicar a continuación.

La etiqueta PAS es un constructo desarrollado por Elaine Aron[1] que puede ayudar, en ciertos casos, a que algunas personas se comprendan mejor a sí mismas o se validen de mejor modo, cuando se identifican con las características de este. 

Según Aron, la alta sensibilidad es un rasgo de la personalidad[2], lo que es diferente de SER solamente “Persona altamente sensible”. Es decir, que tener alta sensibilidad representa una parte de la forma en la que una persona experimenta la realidad, pero no es todo lo que ocurre dentro de ella. 

La alta sensibilidad del constructo de Aron tiene cuatro elementos[3]

- Profundidad de procesamiento: que tiene que ver con ahondar más en los pensamientos en relación con las experiencias que se tienen.

- Facilidad de sobreestimulación ante los estímulos que se reciben.

- Alta emocionalidad y empatía. 

- Sensibilidad sensorial ante lo sutil: se captan con los sentidos detalles que otros no perciben.


Que la etiqueta PAS sea un constructo, lo que significa que es una construcción teórica para entender un problema determinado[4]. Crear un constructo supone crear una abstracción, una imagen ideal o prototípica de una realidad para comprenderla mejor, pero no implica que en sí sea una realidad que existe por sí misma que sea identificable, como lo son los objetos. Es importante tener esto en cuenta para darnos cuenta de que no hemos de caer en la identificación con algo que es solo una construcción teórica. A veces, cuando se crea un concepto que define algo de lo que sucede en la realidad, ocurre que alguien puede identificarse con ello para tener la sensación de que ya sabe algo acerca de quién es o de lo que le pasa (ocurre lo mismo con los diagnósticos de ciertos trastornos mentales que son constructos). 

Hay que tener en cuenta que la identificación con un aspecto parcial de uno mismo, es parte de lo que nos impide descubrir con realismo quienes somos. Es decir, que aferrarnos a una etiqueta, del tipo que sea (positiva o negativa), nos puede alejar de percibirnos de una forma más global.

Desde que Aron creó el concepto PAS esta “etiqueta” ha resultado útil a muchos para comprenderse mejor a sí mismos, o para aceptar una parcela de sí que no siempre ha podido resultarles fácil de encajar en un mundo en el que la máscara de la fortaleza, la autosuficiencia e incluso la de la insensibilidad se ha vendido mejor, en ciertas épocas en las que ser “duros” era más popular por ciertas modas emocionales. Aunque es curioso que, en la actualidad, lo que antes era un defecto: “ser sensible”, hoy día parezca ser una virtud de la que se ha de presumir y exhibir públicamente. Mirad, para comprobarlo, en las redes sociales, y veréis a muchas personas haciendo gala de lo PAS o de lo super-PAS que son.




Imagen de Pixabay.


Ahora que ser PAS se va normalizando, e incluso se va mostrando como un logro, de repente son muchos quienes se apuntan a la “moda PAS” identificando con una etiqueta que parece mostrar lo superiores o estupendos que son (no siempre es así, solamente señalo ciertos casos que me parecen más exagerados). Por otra parte, a poco que sepamos observar, es curioso que muchos que se autodenominan PAS, más que mostrar una alta sensibilidad, lo que exhiben es una alta susceptibilidad. Creo que las “Personas Altamente Susceptibles”[5] podrían necesitar una etiqueta aparte. Quienes se llaman a sí mismos PAS por todo lo que les afecta de forma exagerada llegan a olvidad que vivir con alta sensibilidad también afecta a percibir de manera también intensa los aspectos positivos de la vida.

Por otro lado, parece existir también una moda que podríamos llamar “anti-PAS” de muchos que se dedican justamente a lo contrario, a burlarse y a descalificar sistemáticamente a quienes hablan de PAS o de sensibilidad, acosando y despreciando a quienes encuentran un sentido en esta etiqueta. 

Me parece que tanto en la “moda PAS” como a la “anti-PAS” se están poniendo de manifiesto varios elementos de tipo narcisista de algunas personas. El narcisismo tiene que ver con la identificación arrogante con ciertos atributos personales de los que se pretende extraer privilegios, un trato de favor y en definitiva una superioridad frente a otros. Esto es fácil verlo en algunos seguidores de la “moda PAS”. Por otra parte, el narcisismo, al tener que ver con actitudes de superioridad, también puede llevar a la crítica cruel y descarnada de lo que no se comparte, que se llega a mirar con desprecio y, descalificándose para seguirse colocando uno en una posición de superioridad. Este síntoma se puede ver más bien en quienes están en la “moda anti-PAS”. 

En el caso de todos los que se suben al carro de la “moda PAS” o de la “moda anti-PAS” para llamar la atención de otros, conseguir más likes en redes sociales o sentirse más especiales, quizás habría que hablar más bien de personas PAN: “Personas Altamente Narcisistas”. 

En los casos en los que identificarse como PAS está más ligado a ser altamente susceptibles, o a un victimismo interminable ante la incomprensión de otros, es posible que tuviéramos que hablar de PAT: “Personas Altamente Traumatizadas”. Quienes viven sin resolver ciertos traumas emocionales arrastran una gran carga de sufrimiento, de irritabilidad y de sensibilidad altamente negativa a estímulos adversos (sin sentir con la misma intensidad los estímulos positivos). Esta situación puede llevarlos a identificarse como PAS, por tener en común algunos elementos del constructo llamado PAS. Uno de los problemas de los constructos que definen un fenómeno desde ciertas manifestaciones externas, sin analizar en profundidad sus causas, lo que puede llevar a que muchos se identifiquen con estos constructos porque en algo se ven reflejados e identificados, sin ser conscientes de que están ante una idea que es abstracta. Es decir, que algo que existe como concepto o como constructo, define una parte de la realidad desde algunas manifestaciones externas, pero no se refiere a algo que exista necesariamente como una entidad o como una realidad objetiva. El constructo PAS solo hace referencia a una serie de experiencias subjetivas que puede tener que ver con fenómenos diversos: ser altamente sensible, ser altamente susceptible, estar traumatizado, ser narcisista, etc. Recordemos que se trata de un rasgo o de una parte de la personalidad, no de toda la personalidad alguien. 

Además, podemos darnos cuenta de que el nivel de superposición de manifestaciones entre quienes se podrían identificar como “sensibles”, con otros fenómenos humanos, puede ser alto. Es decir, que “ser sensible” en ciertos aspectos de la vida, puede estar asociado con diferentes fenómenos, algunos muy valiosas, que permitirían vivir con más intensidad ciertos aspectos de la vida (buenos y malos), en otros casos tendrían que ver con heridas emocionales o traumas que hacen vivir muy a flor de piel lo que a uno ocurre (sintiéndose mejor si eso que a uno le pasa se identifica con una etiqueta como PAS), o bien con una necesidad de aprobación y de atención constante a la vez que una gran susceptibilidad que lleva a quererse identificar con una etiqueta que a uno le haga sentirse importante (como ocurre con quienes padecen narcisismo).

En la siguiente imagen podemos ver una representación de cómo la alta sensibilidad puede referirse a experiencias distintas que podemos interpretar de un modo erróneo si solo las vemos desde la alta sensibilidad:





Imagen de elaboración propia.



Buscando información sobre esta cuestión, me ha llamado la atención que hay muy poco publicado sobre lo que planteo, a nivel académico. Aunque hay numerosas publicaciones científicas sobre el constructo de alta sensibilidad, solo he encontrado una publicación académica[6] que relaciona la alta sensibilidad con el narcisismo y otra que la relaciona con el estrés postraumático[7].

Como vemos hay autores que apuntan las posibilidades que estoy planteando, que creo que han de ser clarificadas en mitad de tanta confusión con el constructo PAS, con sus férreos defensores y sus vehementes detractores. Lo que sí parece claro es que necesitamos más reflexión rigurosa ante un fenómeno que, en ciertos casos, parece que se nos está yendo de las manos y causando problemas que los profesionales de la salud mental hemos de abordar desde la mayor seriedad posible.



[1] Aron, E. (2006). El don de la sensibilidad. Ediciones Obelisco.

[2] Información obtenida de la página de PAS España: https://pasespana.org/alta-sensibilidad/

[3] Idem.

[4] Definición de la RAE de la palabra “constructo”, obtenida en www.rae.es

[5] Es interesante lo que se dice en este post, que también relaciona PAS con la alta susceptibilidad: https://locosdeamor.org/2022/05/22/personas-altamente-sensibles-o-altamente-suceptibles/

[6] Jauk, E., Knödler, M.,  Frenzel, J., &  Kanske, P. (2023).  Do highly sensitive persons display hypersensitive narcissism? Similarities and differences in the nomological networks of sensory processing sensitivity and vulnerable narcissism. Journal of Clinical Psychology, 79, 228254. https://doi.org/10.1002/jclp.23406

[7] Suuberg, Alessandra, Comparing Neural Correlates of High Sensory Processing Sensitivity and Post-Traumatic Stress Disorder (July 14, 2017). http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.3002629

miércoles, 2 de septiembre de 2020

SALIR DE NOSOTROS MISMOS



Después de mi anterior escrito, titulado “Volver a nosotros mismos”, puede resultar totalmente contradictorio que, justo después, escriba otro sobre “Salir de nosotros mismos”, ya que, si he puesto énfasis en la necesidad de “volver a nosotros mismos”, ¿tiene sentido poner ahora énfasis en “salir de nosotros mismos”? Yo creo que sí, pues me parece que se trata de movimientos complementarios y que nos permiten encontrar un equilibrio razonable en nuestras dinámicas internas. 

El anterior escrito terminaba del siguiente modo: “Si el camino de vuelta es solo a mí, desprendida del mundo y del exterior, puede tratarse de una ficción narcisista. Si el camino de vuelta es hacia mí, con apertura hacia quien resuene conmigo, en un encuentro real, es cuando seguramente esté volviendo a ese lugar real que me configura y sostiene.”

Voy a intentar desarrollar, un poco más, lo que planteaba al final de mi escrito.

La cuestión de fondo es diferenciar en autocentramiento egocéntrico, que sería narcisista y autocomplaciente, del posicionamiento centrado, en donde la persona se sitúa en su ser real y, desde ahí, puede abrir las puertas de su “casa” desde la hospitalidad, la comprensión y la apertura a otros.

A veces escucho sobre el empeño en el volver a uno mismo, desde un autocentramiento egocéntrico, en un supuesto auto-conocimiento autocomplaciente, que lleva a una persona a validar la realidad solo desde sí misma, o incluso desde lo que cree su percepción de la realidad divina (por ejemplo, en su oración o meditación) y a pensar que su auto-realización es solo suya e individual, siendo los demás, en general, estorbos para el plan personal, si no le siguen el juego o el “baile”. Algo que es, aún más “peligroso”, cuando se trata de alguien más inteligente que la media y que tienda a la introversión. En ese caso, se puede instalar cómodamente en su parcela interior de seguridad, certezas, crecimiento personal o espiritual, inspiración, desarrollo profesional, etc., sin reparar en lo que pasa alrededor, ni en los que les pasa a otros. Llegando incluso, a provocar un gran malestar a su alrededor, sin darse cuenta, con sus actitudes. En estos casos, es posible que la persona sienta que sigue su verdadera senda vocacional, pero que los demás son incordios que no le entienden y que, incluso, si le molestan con sus actitudes, es porque son de inteligencia inferior, mediocres, primitivos, etc. Ante esas “molestias”, quien tenga tendencias narcisistas o egocéntricas tenderá a meterse más dentro de sí, despreciando al resto del mundo, pues es “incómodo”. Y no verá que ese mundo le resulta “incómodo” por su manera estrecha, exigente y dura de mirar las cosas. Lo que, no se debe confundir con tener una gran sensibilidad, o con que los demás no nos puedan resultar a veces inconvenientes. La cuestión es que, cuando son todos, o casi todos, los que solamente dificultan la propia realización personal, ¿no es más bien uno mismo el que está excesivamente centrado en sus propios intereses, ideas y actitudes? 

Cuando nos relacionamos con una persona así, normalmente sentimos inseguridad o perplejidad, pues son expertos en hacernos sentir culpables, por importunar sus importantes ocupaciones, que siempre estarán muy por encima de cualquier necesidad ajena, a la que, si se presta atención será desde una actitud condescendiente de aparente caridad, perdonándonos la vida y haciéndonos sentir privilegiados por el tiempo que nos conceden, desde su posición de dioses del Olimpo.

En el otro extremo, podemos detectar el centramiento sano y realista, con apertura a la realidad y a los otros, en quienes, aún estando ocupados y centrados en lo que la vida les pide, asumiendo sus responsabilidades y respondiendo a su vocación, escuchando su interioridad, son capaces de tratarnos con sencillez, sin muros, aunque puedan poner límites, pues el tiempo no es infinito. Tampoco tendrán por qué por qué responder a cualquier demanda de atención, en cualquier momento. Estar centrado sanamente es también respetarse a uno mismo y tomar consciencia de cuando se tiene energía disponible para los demás, de una manera equilibrada, pues “la caridad empieza por uno mismo.” Lo que veremos, en estos casos, será humildad y cercanía, aunque solo nos aporten 5 minutos de su tiempo, atención, firmeza, claridad, sencillez e interés por lo que planteamos. La claridad también la veremos reflejada en que, por muy ocupada que pueda estar esta persona, sentiremos la confianza de que tendremos respuesta cuando realmente le sea posible decirnos algo. Conozco a personas que están realmente muy ocupadas, que aprovechan, desde el amor, el tiempo que les es posible para otros, para decir que están ahí, que te acogen, que les importas y que sufren por lo que sufres, pues son capaces de salir de sí mismas. Esto se percibe en una resonancia en el encuentro, por una atención determinada (no una cara de póker o de falsa caridad), por un afecto espontáneo que nace (cuando se da), que facilita un vínculo real. Estas personas nos muestran una posibilidad de diálogo y de apertura ante las dificultades que puedan surgir, desde la acogida, la humidad y la sencillez. Sin que nos provoquen el temor, al acercarte a ellos, de que les estás molestando ante todas las cosas tan “superimportantes” que tienen que hacer, que, “obviamente”, son mucho más importantes que lo que viven como tus reclamos o exigencias de inferior nivel.

En ambos casos las personas pueden parecer aparentemente centradas, y sus discursos parecer semejantes, pero, las consecuencias, en el trato, especialmente en quienes nos relacionamos con ellos nos llevan a percibir y sentir algo muy distinto. 

Quizás, todos, en algún momento hemos podemos vivir en el centramiento egoísta. Y lo más posible es que, nos movamos habitualmente por lugares intermedios. Para no perdernos en los egos-centrismos, creo que lo importante es tomar consciencia de por donde vamos para buscar la posición más centrada, abierta y real, para una vida más plena, humana, humilde y consciente, donde el indicador más claro es la cuestión de si realmente nos importan los otros, es decir, si somos capaces de sentir amor por ellos.

jueves, 4 de abril de 2019

SENTIMIENTOS: UNA VISIÓN MÁS ALLÁ DEL MIEDO O DEL SENTIMENTALISMO



Cuando hablamos de sentimientos es difícil encontrar visiones equilibradas, que nos permitan comprenderlos para encontrar vías de expresión que resulten liberadoras, armónicas y humanizadoras.

Por un lado nos encontramos con visiones que plantean que los sentimientos son aspectos negativos que hay que controlar, frenar o incluso suprimir. Quienes así los enfocan suelen sentir temor ante los propios sentimientos, asumiendo la misma actitud ante los sentimientos ajenos. En este caso lo principal es pararlos, frenarlos o incluso pretender eliminarlos si resultan excesivos o inadecuados. Los sentimientos de otros resultan incómodos a estas personas, pues al no aceptar los propios, tienden a querer frenar los de los demás. En estos casos suele haber miedos de fondo, que impiden la libertad en como se viven los sentimientos y se coarta la libertad de otros.


Por el otro lado está el sentimentalismo extremo, en el que todo sentimiento es un elemento de verdad incuestionable por el que hay que dejarse llevar y expresarlo hasta el paroxismo, les guste o no a los demás. Los sentimientos, desde esta perspectiva, se plantean como absoluto incuestionable, que se ha de imponer en cualquier situación, porque uno/a se tiene que expresar para “fluir”, cayendo en una especie de diarrea afectiva descontrolada ante cualquier sentir que resulta intenso y perdiéndose el control interno con tranquilidad, ante cualquier sentir que se de, sea éste positivo o negativo.


Curiosamente, nos encontramos con que a veces, los de la primera opción, pueden expresar súbitamente de forma imprevista y descontrolada sentimientos inesperados, ya que pueden acumularlos, como una olla a presión, los sentimientos no procesados adecuadamente. 

Los de la segunda opción también pueden “bloquearse” cuando “no sienten nada”, pues confunden el vivir o el estar con el “sentir”, y a veces se ven en una parálisis emocional ante la falta de emociones intensas.

En ambos casos podemos ver extremos del procesamiento de los sentimientos que acaban generando el sufrimiento, tanto en quienes así procesan lo que sienten, como en quienes se relacionan con ellos. El primero intenta bloquear los sentimientos de otros, el segundo pretende que los demás soporten su hiperexpresión, o se siente incómodo si los demás no se expresan del mismo modo. Quizás todo ser humano hemos podido experimentar, en parte, una u otra situación, o estamos, en general en algún punto medio de ambos extremos, moviéndonos en una u otra dirección según el momento, las circunstancias, etc. Aunque creo que el procesamiento sano de los sentimientos, es más que el término medio, en estas cuestiones.

También es importante tener en cuenta las consecuencias de este mal manejo de los sentimientos. Ya que el bloqueo de los sentimientos nos puede hacer enfermar mental y físicamente y la hiperexpresión impide la maduración sana de nuestra estructura psíquica, pues se puede estar en una ensalada caótica e insoportable de emociones que no se saben manejar, viviéndose como un corcho a la deriva y también perjudicándose la salud mental de quién así los vive.

Las propuestas principales, que quiero plantear en este post, para entender y enfocar más sanamente los sentimientos consisten en lo siguiente:

- Los sentimientos derivan de la interpretación, consciente o inconsciente, que hacemos de las emociones. Las emociones son reacciones automáticas, en parte espontáneas y en parte condicionadas por experiencias previas, que no podemos evitar. 

- Es importante aceptar las emociones como son, entendiendo que son involuntarias.

- Las emociones y los sentimientos y que aportan información acerca de lo que somos o de las experiencias previas que hemos vivido. 

- Las emociones y los sentimientos nos humanizan y aportan más plenitud a la vida.

- Respetar nuestras emociones y sentimientos, sin absolutizarlos, es también respetarnos a nosotros mismos.

- Las emociones y los sentimientos nos aportan información de lo que sucede dentro de nosotros, por lo tanto nos ayudan a conocernos mejor. 

- Aunque no podemos cambiar las emociones, sí podemos modular nuestros sentimientos, procurando tomar consciencia de cómo se generan con nuestras interpretaciones de las cosas y, al irlos comprendiendo, podemos enfocarlos de una manera más sana, sin bloquearlos ni sobredimensionarlos.

- Es sano tener emociones y sentir, aunque pueda ser a veces desconcertante. 

- Es importante saber que no somos lo que sentimos. La emoción y el sentimiento son expresiones de nosotros, pero no son todo nuestro ser. Por ejemplo, en el caso del amor, éste no es solo un sentimiento. Podemos querer mucho a alguien, pero en un día de enfado podemos no tener sentimientos de amor por esa persona, eso no significa que no la queramos. A su vez, expresar el amor que sentimos y también el enfado, de una manera que no dañe o asfixie al otro, es importante para las relaciones humanas equilibradas y para nuestro propio ser.

- Las emociones y sentimientos, cuando se aceptan y se miran tratando de comprenderlas con cariño y compasión sana hacia nosotros mismos, normalmente llevan a un mayor equilibrio interior. La comprensión de ambos pasa por el tratar de captar cuál es la necesidad profunda que hay en la raíz de los mismos. Puede ser una necesidad de amor, de aceptación o incluso de sentido.

- Las emociones y los sentimientos también pueden ser fuente de creatividad, cuando encontramos esa vía de expresión.

- Es importante también comprender que no todo el mundo es capaz de expresar sus emociones y sentimientos de la misma manera. Las personas introvertidas son más contenidas y sutiles, las extrovertidas son más expansivas y expresivas. No es ni mejor ni peor, son formas de ser. Lo importante es que cada cual encuentre su cauce de expresión y que éste se respete.


En definitiva, dejémonos emocionarnos, sentir y percibir lo que vivimos adentro y busquemos un canal de expresión fluida y respetuosa de ese sentir. Creo que la expresión libre y armónica de los sentimientos es necesaria para un mundo más humanizado y una vida más plena. No somos autómatas, ni somos ensaladas caóticas de emociones. Se trata de aceptar el sentir y de integrarlo en una perspectiva más amplia de nosotros mismos. Y, si conectamos ese sentir con un amor más profundo, por nosotros mismos y por los otros, seguramente nuestras vidas sean más sanas y plenas en todos los sentidos. 





Nota: Imágenes de Pixabay.







sábado, 9 de septiembre de 2017

EMPATÍA Y SENSIBILIDAD. UNA REFLEXIÓN SOBRE EL RESPETO A LOS “RAROS”

Cuadro de John William Whaterhouse: "Circe"

Es fácil hablar de respeto, empatía y de diálogo, pero más difícil es practicar todo esto de manera congruente. Estos son ámbitos de la vida en los que el aprendizaje ha de ser constante, pues con cada ser humano que encontramos tenemos la oportunidad de poner a prueba estas capacidades y de seguir aprendiendo al ver nuestras limitaciones humanas.

Vamos avanzando en el sentido de que hoy en día se fomenta más el respeto al diferente, aprendemos  habilidades sociales (a veces lamentablemente para manipular más a los demás), comunicación no violenta, sabemos de la importancia del diálogo, etc. No obstante, aún estamos muy limitados en estos temas y especialmente en lo que respecta acerca de comprender a otros, a la vista de  que son muchas personas que acuden a consultas de psicoterapias por vulneración de sus derechos básicos, uno de los cuales considero que habría de ser el derecho a ser respetado en la propia sensibilidad (siempre y cuando esa sensibilidad no sea un egocentrismo victimista que se use para manipular a otros).

Por más que veo ese énfasis en considerar el respeto a los diferentes, a los débiles, etc., veo que aún necesitamos aprender mucho a darnos cuenta de que el otro es otro y de que para poder respetarle en su sensibilidad es necesario hacer un esfuerzo de empatía más allá de la propia mirada, más allá de lo que a mí me parezca que es o no normal. Igual lo que fallaría es la propia perspectiva, cuando no entendemos a alguien y no el otro en su propia rareza…

Es cierto que se está haciendo visible la realidad de quienes son diferentes, incluso en el caso de los sensibles a quienes se ha denominado “personas altamente sensibles” (PAS). Una mayor sensibilización y comprensión de esta realidad puede hacer que al menos estas personas se comprendan y acepten mejor  y que aprendan a poner límites sin sentirse culpables por ser diferentes.

El problema es que los no sensibles o los que tienen otro tipo de sensibilidad parecen seguir sin enterarse demasiado. A lo que podemos añadir el problema de que la alta sensibilidad se pueda esgrimir como una identidad “especial” para usar su propia sensibilidad como arma arrojadiza con quien sea diferente a  los sensibles, o bien que las personas demasiado susceptibles se escuden en que son “personas altamente sensibles”, lo que conllevaría que el mundo habría de adaptarse a ellos, en una modalidad más de egocentrismo narcisista.

El trabajo de la tolerancia y comprensión ha de ser un trabajo de las partes, todos tenemos algún tipo de sensibilidad, mayor o menor. Todos somos diferentes a otros en algunos puntos, aunque algunos seamos más diferentes que otros. Los altamente sensibles también han de comprender y respetar que los demás son diferentes, al igual que quienes no sean tan sensibles… Unos y otros hemos de relacionarnos entendiendo al otro, respetando, escuchando y evitando burlas o comentarios degradantes hacia quien se sienta de otra manera. Los raros tienen derecho a ser raros siempre y cuando su rareza no dañe u ofenda la sensibilidad de otros.

En la vida cotidiana seguramente muchos hemos recibido comentarios burlones o  ninguneantes, o excesivamente críticos cuando nos hemos sentido de forma diferente a como se sienten los demás miembros de un grupo que se consideran los "normales", o bien cuando algo nos ha resultado incómodo, molesto o forzado, o cuando simplemente mostramos otro punto de vista. Incluso a veces sucede en el mundo de la psicoterapia y de las relaciones de ayuda, que se supone que ha de ser un mundo seguro y acogedor y respetuoso con las diferentes sensibilidades, vemos que a veces resulta árido para quienes se sienten de otra forma… Algunos ejemplos son los testimonios de personas más introvertidas que se han sentido invadidos o incómodos en grupos de hiper expresión emocional, que han podido vivir con malestar el hecho de tener que expresar sus sentimientos a desconocidos o se han forzado a dar abrazos a quienes no conocen, en ciertas dinámicas de grupo. Siendo luego criticados, objeto de burlas o de comentarios negativos por no saber “acoger”, “relacionarse”, “comunicarse” o incluso “querer” a otros. Por no hablar de que han sido vistos como sospechosos de padecer algún trastorno mental por su diferente sensibilidad en la expresión emocional, por su introversión o su diferente forma de ser y de sentir… Creo que aún nos falta por aprender a ser más cuidadosos en los grupos, en los encuentros interpersonales o en las relaciones de cualquier tipo a la sensibilidad distinta y es importante darnos cuenta de que cualquier cosa forzada puede ser una vulneración de los derechos de otro ser humano, incluso aunque sólo sea un comentario burlón o una crítica aparentemente inocente ante otra forma de vivir o de sentir las cosas. A esto se añade la importancia de tomar consciencia de que aunque a veces se trate de sensibilidades distintas, en otras ocasiones el forzar la comunicación grupal, los abrazos o el happening emocional puede llegar a retraumatizar a algunas personas con ciertas heridas emocionales (por ejemplo, quienes han sufrido abusos sexuales pueden sufrir mucho por un acercamiento físico no deseado, o no consentido, que puede reactivar la sintomatología traumática).

Seamos cuidadosos y observadores de los diferentes estilos relacionales y comunicacionales,  entendamos que otros tienen sensibilidades diferentes y observemos y preguntemos ante quienes tenemos delante cuando no les entendamos, especialmente ante lo que les perturba o lo que les hace sufrir. Nadie es culpable de ser como es… Las dificultades no se superan forzando, obligando o criticando a quien siente de una manera distinta. No podemos empujar a entrar en ciertas dinámicas a quien no quiere hacerlo y menos si previamente no ha sido informado y aún menos forzarlas o imponerlas con una aparente normalidad y cordialidad, y buen rollismo dentro de estrategias que a veces incluso resultan un tanto manipuladoras y que más bien refuerzan el ego del que lleva el grupo o de quienes comparten una determinada forma de relacionarse. Imponer una dinámica o actividad sin previa información, culpabilizando o simplemente induciendo, puede ser una vulneración de derechos fundamentales y sobre todo una falta de respeto al alma de otra persona. Si somos terapeutas grupales o docentes y alguna vez alguna persona no quiere participar o alguna dinámica le resulta molesta dejemos el espacio para que esa persona se sienta respetada, cuidada y para que con libertad se exprese desde la acción y desde el silencio.

El respeto a las diferentes sensibilidades más bien enriquece que empobrece y nos saca del empeño en la “normalización” y homogeneización que a veces, desde mi punto de vista erróneamente, se llega a tener en algunas dinámicas de terapia, encuentro, socialización, etc.

Raro no es sinónimo de patológico, peligroso, amenaza, etc. En realidad, en lo más profundo de nosotros todos somos diferentes y raros, la cuestión es darnos cuenta y aceptarnos como somos para así poder asumir y aceptar la rareza de los demás y actuar de una forma respetuosa y consciente. Cada ser humano es único e irrepetible y cada alma humana es un espacio sagrado que ha de ser respetado en su propio ser y estar.

Cuadro de John William Whaterhouse: "Ophelia"