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domingo, 25 de enero de 2026

NARCISISMO Y ALTAS CAPACIDADES



Desde hace unos años investigo la cuestión del narcisismo porque ante la pandemia narcisista que vivimos y, ante el aumento de víctimas de abuso narcisista, considero que es necesario entender mejor qué está pasando y protegernos adecuadamente (del narcisismo ajeno y del propio). También he ido investigando en paralelo, sobre altas capacidades, dado que cada día son más pacientes con estas características quienes buscan psicoterapias con una orientación existencial. Gracias a los conocimientos previos sobre narcisismo, he podido detectar en ámbitos relacionados con las altas capacidades, ciertos elementos narcisistas sobre los que tenemos que estar conscientes y prevenidos. Creo que se puede decir mucho sobre ello, y que es necesario cultivar las propias capacidades desde la humildad y no desde la identificación con ellas.

Aparte del mayor riesgo de narcisismo que tienen quienes destacan en algún ámbito de la vida, también hemos de ser conscientes del riesgo que tienen de ser explotados quienes tienen alguna capacidad superior, como he puesto de manifiesto en mi novela "De otro mundo".

Por si os interesa el tema, y por invitar a reflexionar sobre estas cuestiones, comparto un fragmento de mi libro "Liberémonos del narcisismo", en el que abordo la cuestión señalada (páginas 139-142). Espero que os resulte útil.

El narcisismo en relación con las altas capacidades y el talento

El narcisismo tiene que ver con identificarnos con conceptos que limitan en gran medida nuestra experiencia de nosotros mismos y del mundo[1]. La identificación con estos conceptos suele darse con aspectos superficiales que tenemos y que consideramos valiosos. Lo que es especialmente tentador cuando en dichos aspectos destacamos por encima de los demás, como puede ocurrirles a quienes tienen altas capacidades intelectuales. Si a una persona le dicen desde pequeña que es más valiosa porque es superdotada o talentosa existe la posibilidad de que se crea que ella es solamente, o principalmente, sus capacidades, identificándose de tal modo con ellas que el personaje a través del que desarrolla su vida sea un muchacho talentoso que se acaba sintiendo superior a otros y privilegiado por ser miembro de una élite intelectual. Si además se le estimula a desarrollar su talento exclusivamente para su propio éxito o poder, tenemos otro terreno abonado para el despliegue del narcisismo. 

Cuando un niño superdotado es excesivamente valorado por serlo puede vivir en la ilusión de que lo único que vale de él es esa parte, o bien, que todo lo que él es son esas capacidades superiores. Si esto sucede, consciente o inconscientemente iría ocultando aspectos sombríos u oscuros de sí mismo, creyendo que así es más digno de amor o más valioso. Situación que le hace vivir en una realidad parcial en la que deja de lado lo que cree que no es tan valioso de su persona. Así, finalmente acabaría alienado o alejado de una parte él mismo y con una dimensión de narcisismo que trastocaría su vida. En el libro de Alice Miller, El drama del niño dotado[2] se explica con claridad el proceso por el que un niño inteligente y sensible se adaptaría a su entorno, dejando de lado sus propias necesidades, para conseguir sobrevivir mediante lo que considera el mejor modo posible. Este tipo de situaciones pueden llevar a muchos niños inteligentes que crecen en ambientes adversos al enmascaramiento de lo que son, con tal de no tener problemas o para lograr ser queridos y aceptados. En este proceso puede darse el inicio de un trastorno narcisista en la medida que se quedan atrapados en el personaje que el entorno demanda de ellos.

En los casos en los que la inteligencia se utiliza solo para el beneficio personal y que se hacen aportaciones a otros solo desde el propio interés estaríamos hablando de un uso de la inteligencia que se ha llamado transaccional, según el experto en el tema Sternberg[3]. Esta inteligencia estaría centrada principalmente en el éxito individual. Lamentablemente es la que más se potencia en nuestra cultura actual tan narcisista. La alternativa a la inteligencia transaccional sería, desde el punto de vista de Sternberg, la inteligencia transformacional; en este caso, se trataría de utilizar la inteligencia para aportar algo que ayude a una transformación positiva del mundo buscando el bien común[4].

Un ejemplo del funcionamiento narcisista de algunas personas con altas capacidades es el que se ha dado en alguna reunión de personas con un CI elevado. En ellas quienes tenían los números más elevados acudieron a la misma con una camiseta en la que aparecía el número de CI que habían obtenido en los test de inteligencia. Situación que más bien nos puede hacer dudar de la inteligencia real de quién así se comporta. ¿Para qué exhibir que se es capaz de hacer bien un test de inteligencia? 

Obviamente, no se da esta situación de narcisismo necesariamente en todas las personas con altas capacidades, pero es preciso advertirlo, pues el ego inseguro de los humanos se puede ver tentado a identificarse con cualquier atributo que le permita mirarse a sí mismo desde la superioridad. Si no estamos bien centrados y con una autoestima firme, la parte en la que uno destaca puede ser un foco de identificación muy tentador para compensar diversas carencias y así sentirse la persona altamente dotada en algún ámbito de su vida como alguien que es superior al resto y, por lo tanto, caer así en una dinámica narcisista. Aunque es paradójico que, al parecer, las personas con los CIs más elevados, a las que se ha llamado highly gifted[5] son las menos propensas a sentirse superiores, pues son más conscientes que otros de cuáles son sus propias limitaciones.


En el mundo del espectáculo, del deporte o del arte, también se puede caer en el mismo error de la identificación con aquello en lo que se destaca, despreciándose a quienes no llegan al mismo nivel de la supuesta élite.

 



[1] ALMAAS. Op. Cit.

[2] A. MILLER (2015). El drama del niño dotado. Barcelona: Tusquets editores.

[3] R. J. STERNBERG, A. CHOWKASE, O. DESMET, S. KARAMI, J. LANDI, J. LU. (2021). Beyond Transformational Giftedness. Education Sciences, 11, 192. https://doi.org/10.3390/ educsci11050192 

[4] Ibid.

[5] V. WOOD y LAYCRAFT, KRYSTINA (2020). How Can We Better Understand, Identify, and Support Highly Gifted and Profoundly Gifted Students? A Literature Review of the Psychological Development of Highly-Profoundly Gifted Individuals and Overexcitabilities. Annals of Cognitive Science, 4, 2, 143-165. 

sábado, 22 de noviembre de 2025

REIVINDICANDO A LOS SHERPAS DEL ESPÍRITU



El término sherpa se ha convertido en la palabra que designa a ciertos guías intrépidos de las montañas del Himalaya. Los sherpas son grandes conocedores de las rutas difíciles de esas montañas misteriosas y fascinantes. Ellos han tenido que explorarlas muchas veces por sí mismos, asumiendo riesgos que han puesto en peligro su salud y su vida. Imagino que, gracias a su tenacidad y fortaleza, han podido llegar a cumbres inexploradas y a vislumbrar paisajes únicos, de los que posteriormente pueden hacer partícipes a otros visitantes de esas tierras lejanas y elevadas. 

A veces imagino, por analogía, el equivalente espiritual de este término: el “sherpa del espíritu”. Lo veo como alguien que explora por su cuenta diversos territorios espirituales, incluso los que pueden resultar más arriesgados, o a los que nadie quiere acercarse por ser raros o diferentes. Aunque este sherpa a veces pudiera recorrer caminos conocidos y recorridos previamente por otros, no podría evitar transitar como caminante solitario a nuevas tierras y fuentes que alimentaran su vida espiritual. Seguramente, también con la esperanza de traer riqueza espiritual a otros. 

 

Pienso que estos sherpas del espíritu deberían tener una gran capacidad de indagación y de libertad, que los diferenciaría de quienes transitaran los caminos convencionales, o los de quienes fueran en piloto automático por ciertas autovías de los caminos religiosos más convencionales.

 

A veces tengo la sensación de que necesitamos urgentemente auténticos sherpas del espíritu. Serían los primeros que se atreverían a transitar nuevas rutas de alta montaña para enseñarnos a respirar el oxígeno espiritual de las cumbres más elevadas. Desde ellas podrían contemplar directamente la belleza absoluta, respirando libres y alimentándonos de una fuente inagotable de vida auténtica. Para llegar a esas cumbres, antes les tocaría entrenarse y aprender a transitar terrenos difíciles, a veces fangosos y resbaladizos. Solo así podrían enseñarnos a recorrer nosotros esos caminos espirituales para enfrentarnos lo mejor posible a los riesgos ya que habrían aprendido a moverse, desde su experiencia, con las habilidades necesarias a través de los extraños parajes de las montañas más altas. 

 

Sería también conveniente que estos sherpas del espíritu transitaran por las simas de sus propias almas, enfrentándose a sus propias sombras, liberándose de la tentación de vendernos verdades propias y trilladas, o de la de llevarnos solamente a los spas espirituales que nos reconfortaran a cambio de unos billetes. 

 

Ojalá que esos sherpas del espíritu que encontremos en la vida, o el sherpa interior que llevemos dentro, nos permitan liberar el alma de las tentaciones del camino fácil que conduce a espejismos reconfortantes. Muchas veces, deseo que los sherpas del espíritu que quieran guiarnos, se hayan liberado de la tentación de decirnos qué hacer exactamente para copiar sus vidas y espero que hayan aprendido a solo querer sujetarnos a sus cabos de escalada cuando andamos perdidos y en peligro.

 

Qué bello sería que esos sherpas nos aportasen un ejemplo de la libertad del alma y de la humildad, enseñándonos a caminar con sus habilidades, sin darnos indicaciones rígidas, aunque sí prudentes, para ayudarnos a crecer y ser quienes realmente somos. Así quizás aprenderíamos a ser buenos sherpas del espíritu también nosotros mismos. 

 

Más allá de estos deseos, también sueño con que sean respetados en sus vuelos, aunque para ciertos ciegos volar sea imposible. Y que sus vuelos siempre nos inspiren a aprender a volar nosotros cuando sepamos verlos con nuestros ojos abiertos.

 

Ante lo dicho, os invito a preguntaros: ¿Existen hoy día sherpas del espíritu que nos sirvan de ejemplo o de guía? ¿Qué sentido tendrían para nosotros? ¿Nos atrevemos a serlo nosotros mismos? ¿O bien criticamos a quienes son faros espirituales novedosos? ¿Qué caminos luminosos están ahí y aún no sabemos verlos? ¿Tenemos los ojos del alma realmente abiertos? 

domingo, 19 de octubre de 2025

POR QUÉ HE ESCRITO LA NOVELA “DE OTRO MUNDO. UNA HISTORIA DE SUPERDOTADOS”




Recientemente he publicado con ilusión la novela “De otro mundo. Una historia de superdotados”.  

Para muchos esta creación ha sido una sorpresa, dado que desconocían mi vena literaria. En algunos casos, me han preguntado que cómo es posible que siendo una científica escriba ficción, o acerca de cómo ha sido el paso de escribir de forma académica a escribir literatura. 

Al hacerme estas preguntas, me he hecho más consciente de la idea que otros tienen de mí. Está fundamentalmente basada en mis roles profesionales. Lógicamente también está en función de lo que muestro de mí misma. Es inevitable que todos me veáis como la psiquiatra y como la profesora. Ambos son roles de mi vida laboral, a través de los que me expreso públicamente. Pero os llevan a formaros una imagen sesgada de mí. Pues si bien estos son roles reales, siempre se tienen más facetas. En mi caso, ahora sale a la luz mi faceta literaria. Siempre estuvo ahí. Crear historias ha sido algo fundamental en mi vida; casi desde que tengo uso de razón. Con 6 años empecé a escribir mi primer cuento en un pequeño cuaderno, que aún conservo. Lo encontré de nuevo con 14-15 años y decidí acabarlo, porque lo había dejado a medias. Cuando tenía 7 años, quedé segunda en un concurso literario del colegio. Recuerdo que un buen día nos pidieron de repente que escribiéramos sobre el circo. Me lo tomé como un juego escribiendo lo que me venía a la mente. Horas después me dijeron que había ganado unos patines. Fue la primera remuneración que he recibido en mi vida por mi escritura.

Desde entonces, he escrito montañas de páginas: relatos, novelas empezadas, diarios y cartas (inundaba los buzones de mis amigos con extensos textos que me surgían espontáneamente). A veces no entendía por qué los demás no escribían tanto. ¿No era normal? Ya vi que no.

A lo largo de los años, escribir ha ido surgiendo en mí de forma intermitente. Pero, escribiera o no, en mi mente constantemente surgían historias. Una vez leí de un escritor conocido que no podía evitar imaginar constantemente historias ante estímulos mínimos de la vida cotidiana. Contaba que a veces veces también creaba de forma espontánea relatos sobre la vida de quienes se iba encontrando por la calle. Me di cuenta de que hacer esto no era tan común. Empecé a preguntarme si no tendría vocación de escritora. Era una posibilidad, pero en la vida no siempre podemos abarcar todo lo que nos interesa y debemos priorizar entre tantas cosas interesantes. Así que no acababa de dedicarle el tiempo necesario a la escritura, ante todas las cosas que surgían cada día. Se podría decir que era un hobby intermitente y uno de mis muchos intereses o vocaciones. Elegir carrera fue un suplicio. ¿Cuál era la mejor para mí? Era difícil saberlo. Finalmente opté por hacerme psiquiatra porque creí que aunaba mis intereses: ciencia, literatura, arte, filosofía, psicología. También pensé que si finalmente escribía historias esa profesión me daría más conocimientos sobre el alma humana. Mis pacientes siempre han sido mis maestros al respecto.

Hasta aquí podéis deducir cuál ha sido una de las motivaciones de escribir y terminar una novela: el dar espacio a lo inevitable de mi creatividad, puesto que necesitaba plasmarla de algún modo. Entonces decidí darle tiempo y tomarme en serio algo pendiente. Otras veces había empezado otras novelas que no terminé. Y esta sobre la que hoy escribo, vivía en mi interior y pedía salir al mundo. Lo ha hecho.

He tenido también otras motivaciones para escribirla, que ahora enumero, por hacer un texto que resulte sencillo y fácil de leer: 

Contar algo que sirviera de ayuda para quienes sufrieran crisis existenciales, como mi protagonista. Así ayudaría a aportar ideas para comprender estas crisis y para buscar su salida, encontrar un sentido en la vida. Pienso que la literatura permite expresar  procesos psicológicos que nunca alcanzará a explicar un texto académico. Así lo veo porque en mi vida he aprendido mucha más psicología de la literatura que de los textos académicos. 

-    Hacer énfasis en que todos tenemos derecho a ser quienes realmente somos, sin escondernos, aportando al mundo lo mejor de nosotros mismos cuando hayamos descubierto nuestra verdad y nos hayamos liberado de manipulaciónes y engaños que nos han hecho desconectarnos de lo que realmente importa.  

-     Expresar ciertos aspectos de las personas superdotadas que no siempre se conocen bien, reflejando las dificultades que pueden experimentar en un mundo en el que les puede costar encajar, en el que pueden estar en riesgo de caer en las garras de ciertos manipuladores que se aprovechen de su talento y porque tienen la posibilidad de perder el rumbo de sus vidas, por la pretensión de ser normales.

-     Poner de manifiesto la importancia de encontrar personas afines, con las que sentirse acogido y comprendido. Si te sientes de otro mundo, lo ideal es encontrar a quienes vengan de un planeta similar. No sirve de nada tratar de mimetizarse con las dinámicas de las personas con las que no te identificas. No es tu culpa si te sientes diferente a otros.

-  Denunciar el riesgo de sufrir abusos o explotación por parte de personalidades mediocres y narcisistas que usan el talento ajeno para su propio beneficio, dentro y fuera de las instituciones. De ahí que también haga explícitas ciertas dinámicas de corrupción del ámbito universitario.

-     Aportar un espejo en el que puedan mirarse todos aquellos que quieren descubrir su propia verdad y las contradicciones del mundo.

   Por lo tanto, mi libro tiene varios fines: darme espacio a mí misma para expresar mis ideas creativas, poner de manifiesto las crisis existenciales y sus salidas posibles, estimularos a buscar vuestros propio sentido vital, dar a conocer ciertos aspectos de la superdotación que no siempre se conocen y señalar la importancia de encontrar amigos reales. Pero, sobre todo, pretendo estimular al lector a hacer un viaje hacia su propia verdad, estimulando su libertad para que descubra quien es realmente.

  Mi novela tiene como protagonista a Aurora, una joven psiquiatra superdotada que vive una profunda crisis existencial; no encuentra sentido a su vida. Esta se ve agravada porque está siendo manipulada por una jefa narcisista que se aprovecha sistemáticamente del talento de los más capaces como ella. Dentro de esta historia tendremos ademas una trama que nos intrigue: La jefa de Aurora recibe un mail de la Fundación de Amigos de la Sabiduría que le avisa de que ha sido premiada con un millón de euros; lo borra irritada pensando que es spam. A lo largo de la novela, dos miembros de la fundación que quieren darle el premio, una duquesa y un mayordomo, buscarán con ahínco a la premiada, para convencerla de que no quieren engañarla. También encontraremos otras historias superpuestas a esta trama: la de una mujer sabia, que ha encontrado armonía y equilibrio en su vida, la de un hombre inteligente que ha hallado su propio camino y a su pareja perfecta en un viaje a Egipto, la de un joven sumamente inteligente que ha construido una vida oculta para sentirse libre, entre otras historias. ¿Qué ocurrirá? Si quieres saber más, te invito a leer mi libro. 
Puedes encontrarlo en Amazon en papel (a partir del 15 de noviembre estará en ebook). Aquí tienes el enlace.



jueves, 13 de julio de 2023

MANIPULACIONES SUTILES, ¿QUÉ SON Y CÓMO PROTEGERNOS DE ELLAS?




Después de un tiempo sin escribir en este blog, me animo a compartir algo que quizás os resulte de interés, dado que veo que es motivo de sufrimiento para muchas personas y creo que es un tema del que es importante hacernos conscientes, para cuidar nuestra salud mental y para decidir con quién y cómo nos queremos relacionar.

Las manipulaciones psicológicas más burdas o directas son fácilmente detectables, como cuando se sufren amenazas, chantajes emocionales, o insultos. Pero, en general, somos mucho menos conscientes de las manipulaciones sutiles, que son las que aparecen muy camufladas. Incluso nos cuesta creer que sean ciertas, por lo soterradas que son. Y, muchas veces, quién las hace puede no darse cuenta de sus dinámicas y  confundirlas con formas “normales” de conseguir lo que quiere. Hay quienes creen que “el fin justifica los medios”. Incluso, los fines relativamente nobles como el lograr tener amigos, pueden hacerse desde estrategias manipulativas causadas por la inseguridad en sí mismo de quien las pone en práctica, o por la falsa creencia de que hace falta “hacer algo” para que otro te quiera y ganarse su amistad. Y, de acuerdo, todos podemos “hacer algo” para relacionarnos positivamente con otros, en el sentido de expresarnos, comunicarnos, mostrarnos, etc. Pero no podemos “hacer algo” para empujar una amistad a nuestro favor, o para tirar de otros para que encajen en nuestros planes o en la necesidad de cubrir vacíos afectivos, egoístamente.

El captar las manipulaciones sutiles puede ser bastante difícil, dado que pueden esconderse detrás de muchas máscaras y que se hacen de formas ocultas e indirectas. Pero tener unos pocos datos para poner atención, en no dejarnos llevar a donde no queremos ir, es fundamental para elegir bien cómo relacionarnos y con quién queremos hacerlo. Por ello, es útil ser conscientes de cuáles son las características de las manipulaciones sutiles, para no dejarnos arrastrar por ellas y aprender a ponerles límites para encontrar una forma de relacionarnos más auténtica y libre. 

En este post quiero señalar las manipulaciones sutiles más frecuentes, para ayudaros a estar atentos y no dejaros manipular fácilmente. El primer paso para impedir una manipulación es identificarla. Aquí tenéis algunas de ellas:

1) Recibimos adulaciones o halagos por parte de alguien que no conoce mucho de nosotros. En general esto se hace para generar una sensación de bienestar con esa persona, que así intenta ganarse nuestra confianza.




2) Se nos hacen manifestaciones de demasiado interés o “cariño” para el nivel de relación que se tiene.

3) En situaciones en las que nos encontramos con ofertas de ayuda “desinteresada” que luego no es así (se espera algo a cambio). En estos casos se nota que la persona está a la espera de algo después de la ayuda: ¿amistad?, ¿otra ayuda? También veremos su frustración cuando no le correspondemos o agradecemos en la medida que esa persona espera. Si está esperando algo de nosotros por ayudarnos podemos pensar que hay manipulación a algún nivel.

4) Nos hacen preguntas demasiado personales (normalmente con el fin de indagar en nuestras necesidades y/o vulnerabilidades) que dan poder a quién consigue esta información).

5) Cuando alguien trata de simular los mismos hobbies/intereses, para generarnos sensación de familiaridad.

6) Cuando nos encontramos con alternancia entre mucha atención y desatención súbita y/o entre amabilidad y frialdad.

7) Cuando se nos hacen comentarios no pedidos para mejorar nuestro aspecto: apariencia física, ropa, peinado. O bien, sobre otras amistades o parejas, señalándose limitaciones o defectos de ellos enfocados en aspectos superficiales indicándose posibles aspectos negativos de ellos (muchas veces para que quién lo hace se sienta por encima de ellos, o para generarnos algún malestar con respecto a ellos).

8) Intentos indirectos de controlar: nuestras relaciones, intereses, horarios, forma de vestir, preferencias, gustos, etc., pues se nos indica qué ha de ser lo “correcto”.

9) Se nos cuentan cosa demasiado íntimas al inicio de una relación. A veces con demasiado énfasis en dificultades, problemas (para explotar el papel de víctimas). Otras centrándose en logros, éxitos o méritos (para generar admiración o sentimientos de inferioridad). Pueden darse alternancia entre unas y otras.

10) Nos transmiten que hemos de estar a su disposición cuando ellos quieren o necesitan, pero no están disponibles cuando tú lo necesites (están ocupados, con cosas importantes que hacer, etc.). 

11) Hacen comentarios pasivo-agresivos, intentando hacerte ver que otras personas son más válidas, eficaces o valiosas que tú, en algo que previamente has compartido con esa persona. Otra forma de actitud pasivo-agresiva sucede cuando generan silencios incómodos cuando hablamos de algo que nos importa, o bien no se presta demasiada atención a situaciones que les contamos y que nos resultan importantes. Cuando lo señalamos, la otra persona promete o afirma que sí le interesa o importa (pero por los hechos vemos que no es cierto). Con esto se logra generar inseguridad, desconcierto, o sensación de que la vida propia es irrelevante.

12) Ignoran cosas importantes para ti, les quitan valor y no tienen en cuenta necesidades o deseos tuyos, por resultarles “pequeñeces”. Incluso te hacen dudar de ti cuando hay algo en lo que tengas preferencia. En este caso la manipulación es mostrarte como más válidas sus preferencias y deseos, desde lo más pequeño (un plato en un restaurante, una película, etc.), a lo más grande.

13) Señalan tus pequeños fallos o defectos menores como elementos importantes a tener en cuenta, para disminuir la autoestima del interlocutor y así tener más control sobre la situación.

14) Tergiversan la realidad a su favor, para que la persona manipulada dude de sus propias percepciones y juicios.

15) Intentan dar pena para conseguir lo que quieren, así hacen a otros responsables de lo que ellos han de asumir.

16) Hacen “luz de gas” o “Gaslight” que consiste en “dar la vuelta a la tortilla” cuando en algo nos resultan molestos, ofensivos o nos generan un malestar. Es decir, que usarán la culpabilización hacia otros de cualquier cosa que ellos hagan mal. Por ejemplo, eres víctima de alguna burla, descalificación o falta de respeto, la culpa será tuya por “sensible”, “intolerante” o “poco inteligente”. 


Una forma de percibir este tipo de manipulaciones sutiles es a través de cómo nos sentimos después de estar con personas así, tomando consciencia de las emociones y sensaciones corporales, dado que instintivamente algo en nuestro cuerpo nos muestra si algo no encaja, pues tenemos incomodidad, ganas de irnos, e incluso un cansancio inexplicable después de estar con una persona que se comporta de este modo.


¿Cómo protegernos?

1) En primer lugar haciéndonos conscientes de lo que está pasando, para no considerar genuino o verdadero lo que se ofrece a través de la manipulación: halagos, “cariño”, ayuda, etc.

2) Tomando distancia emocional de la persona que está en ese juego, para ser menos “sensibles” a sus juegos psicológicos.

3) Cuando es posible, tomando también distancia física (progresiva o radicalmente, cuando sea posible). Cuando no es posible una distancia total, es conveniente espaciar las interacciones y que sean de menor duración.

4) Entender que también estas personas merecen respeto, pero que, si no les ponemos límites harán lo mismo, una y otra vez, con los demás. Así que respetarles es mostrarles la manera en la que hemos de ser tratados nosotros, ellos mismos y otras personas.

5) Hacernos conscientes de nuestras inseguridades, baja autoestima, deseo de ser amados, o incluso de la parte de narcisismo propia, para hacernos responsables de nuestras propias necesidades emocionales, sin esperar que otros las resuelvan. Si no somos capaces de superar lo que nos hace manipulables hemos de pedir ayuda psicoterapéutica. Porque, por ejemplo, a veces hemos podido normalizar situaciones abusivas, que se han dado de forma habitual en la familia desde la infancia, por lo que, en estos casos, cuesta diferenciar lo que es tolerable de lo que no lo es.

6) Aprender a poner límites claros, firmes y respetuosos. Todos tenemos derecho a decir NO ante lo que no queremos hacer y a tomar distancia de las personas con las que no se dan relaciones genuinas.

7) Comprender que son personas inseguras, con baja autoestima o con una visión de la realidad carente ética y que nosotros no podemos ni salvarles ni corregir lo que ellos no quieren cambiar.


Lo que planteo en este texto son generalidades para ayudar a tomar consciencia del tema, por lo que, en caso de necesitar ayuda para salir de estas situaciones recomiendo acudir a un profesional de la salud mental con experiencia en estas cuestiones. 


* Nota: Imágenes de Pixabay. 

 

 

domingo, 21 de marzo de 2021

EL "AMIGO" NARCISISTA. PARTE II




Escribo este post como continuación de uno anterior en el que inicié el tema de "El amigo narcisista”

Son muchos quienes expresan desconcertados su sufrimiento, por las dinámicas narcisistas. Por ello es preciso identificarlas, descubrir su sentido y ver posibilidades de autoprotección. Ante la pandemia de narcisismo que sufrimos, seamos más conscientes y también responsables de no dejarnos maltratar por quienes así funcionan. Si alguno que lea este post se ve afectado por el "virus narcisista", espero que le sirva para tomar más consciencia y buscar un camino para superar las heridas que le impiden ser quién realmente es.

Después de escribir la primera parte me han venido a la mente más elementos que nos pueden permitir identificarlos. Señalaría especialmente los aspectos que tienen que ver con cómo nos pueden hacer sentir:

- Sensación de no ser vistos por la otra persona. Nos damos cuenta de que no captan como somos realmente y de que pueden tener una imagen absurda, distorsionada o ajena acerca de nosotros, que nos puede llegar producirnos perplejidad. Hacen con nosotros lo mismo que hacen consigo mismos, generar ficciones. Como no se ven a sí mismos, no ven a los otros.

- Nos provocan desconcierto, ya que no somos de captar cuáles son sus códigos de conducta (hasta que desvelamos la farsa narcisista que explica su inconsistencia). Por ejemplo, no son previsibles, ni hay una coherencia entre lo que dicen-hacen. Si intentamos clarificar, hablando con ellos, las razones de sus acciones podremos sentirnos más confusos, pues la maraña de sus explicaciones no será coherente con sus actitudes y conductas. Podrán pedirnos perdón, darnos la razón, quitar importancia a lo que sea que genera problemas con ellos, etc. Pero volverán a lo mismo una y otra vez, repitiendo las mismas dinámicas manipuladoras y egoístas. 

- Sensación de estafa, si de algún modo nos vinculamos con ellos. Esto sucede porque su bombardeo amoroso o actitudes complacientes pueden hacernos pensar que realmente tienen un interés real por nosotros, hasta que sucede algo que les delata. O bien, nos damos cuenta de la falsedad de su apoyo, si recurrimos a ellos en una situación en la que necesitamos ayuda. Ahí emergerá la sensación de estafa en la supuesta amistad y nos daremos cuenta de que lo que parecía un vínculo real no era más que una estrategia de marketing para mantenernos atentos a ellos. Les gusta que estemos ahí, pero no se van a esforzar por ayudarnos realmente. 

- Mezquindad y falta de generosidad. Se les da bien adular, pero no corresponder a la generosidad de otra persona. Nos daremos cuenta de que prometen, pero que no son capaces de corresponder mínimamente a lo que se les aporta.

- Aunque nos aportan un aparente bienestar, drenan nuestra energía y nos cansan. No nos sentimos bien con ellos, nuestras emociones experimentan sensaciones contradictorias y tendremos sensación de que algo no acaba de encajar (los más hábiles hasta nos pueden llegar a convencer de que esto sucede porque algo falla en nosotros).

- Altibajos en la relación: habrá momentos en los que parecerá que estamos muy bien con ellos, por su dedicación y aparente cariño en la relación. Pero en otros momentos nos sentiremos súbitamente mal, por la retirada brusca de sus atenciones y “cariños” y por las incoherencias entre lo que dicen y hacen. La amistad intermitente que mantienen provocará una cierta adicción en personas más dependientes o en quienes viven momentos más vulnerables. Esto sucede por lo que se llama “refuerzo intermitente” (a veces hay premio y a veces no, lo que nos puede hacer adictos a sus dinámicas). Se puede sentir bienestar en su momento agradable (pues pueden ser muy amables), y después añoraremos a esa persona que, aparentemente, nos produjo bienestar (pero no olvidemos que es un bienestar del “ego”, no que realmente nos aportan algo profundo e interesante).

- Evitan temas que les pueden poner en evidencia o bien llevarles a una dimensión realmente profunda. Prefieren la ligereza o la superficialidad, haciéndonos responsables de nuestra profundidades e inquietudes por llegar a la verdad. Son buenos escapistas de llegar al meollo de cuestiones profundas, especialmente si les concierten a ellos (pues les podemos acabar descubriendo).

- Sufrimiento: relacionándote con alguien que realmente sea narcisista, sufrirás y no entenderás qué está pasando. Una y otra vez intentarás recuperar una relación que en realidad no existe, pues te vendieron una ficción de amistad inexistente o no tan valiosa o importante como has creído previamente.






Quizás alguien ya se esté preguntando en por qué consiguen engañarnos y vendernos la moto. ¿Por qué a veces nos camelan, aunque sea momentáneamente? Creo que por nuestras propias vulnerabilidades, ingenuidades e inconsciencias. Pueden ser, entre otras, las siguientes:

- Baja autoestima: si no vemos quienes somos, ni tomamos consciencia de que nuestra propia valía es independiente del juicio ajeno, seremos más vulnerables a volvernos dependientes del reconocimiento y de las manifestaciones ajenas de afecto. La baja autoestima también puede derivar de una forma exigente de mirarnos, dependiendo, por tanto, de que alguien tenga una manera aparentemente más amable de mirarnos, dado que no sabemos hacerlo por nosotros mismos.

- Inseguridad: Si no vamos fundamentando nuestra consistencia personal (más allá de cómo nos juzgan otros), seremos más dependientes de la opinión ajena, que consideraremos más valiosa que la nuestra. También es importante asumir que una parte de la vida implica inseguridad, pues nos somos dioses, ni somos omniscientes. Si dejamos de delegar nuestra seguridad en lo que otros nos dicen de nosotros iremos liberando nuestra seguridad de la pseudoseguridad que nos quieren transmitir las personas narcisistas aduladoras.

- Ingenuidades e inconsciencias: seremos más vulnerables al tener una visión naif de la vida, en la que creemos que si somos buenos los demás también lo serán con nosotros, o bien, si ignoramos la dimensión del mal y cómo se manifiesta en las personas (incluso en nosotros mismos, por buenos que queramos ser). Si no salimos de la ingenuidad e inconsciencia es más fácil que nos puedan “estafar” afectivamente. 

- Nuestro propio narcisismo: los narcisistas son muy hábiles manipulando nuestra “parcela narcisista”, es decir, la parte de nosotros que depende de la aprobación ajena y que busca ser querida a través de manejos como los suyos. En todo ser humano hay alguna “parcelita” de este tipo, el famoso “ego” del que hablan las tradiciones espirituales. Si tomamos consciencia de esa “parcela narcisista” es más difícil que nos puedan manipular, a través de nuestra necesidad de reconocimiento externo. Ellos saben hacer muy bien de “espejitos mágicos”, para decirnos que somos los más “bellos”. Si conseguimos ir acotando esa parcela y la herida de falta de amor que la sostiene, seremos más capaces de liberarnos de la necesidad de aprobación o de adulación externa para valorarnos. 

- Traumas no resueltos: que nos lleven a depender de personas similares a las que nos dañaron en nuestra infancia (en general suelen ser los padres).


¿Qué podemos hacer para relacionarnos con ellos y “defendernos” de sus manipulaciones?

- Darnos cuenta del problema que tienen y no creernos todo lo que nos dicen, especialmente lo que ponen de manifiesto de manera complaciente, adulándonos o prometiéndonos cualquier cosa. Sus códigos no son los de las personas honestas y sinceras, por más que lo quieran aparentar.

- Una vez conscientes de sus trampas, tomemos la responsabilidad de no dejarnos manipular ni engañar y observemos que nos ocurre internamente, si en algo estamos cediendo. La cuestión es no esperar lo que ellos no nos pueden dar, es fundamental no creernos su “publicidad engañosa” (y cuidado, que algunos tienen muy buen marketing). 

- Las dificultades con personas así pueden ser una buena oportunidad para conocernos mejor, viendo nuestra inconsciencia e ingenuidad, para ir saliendo de ellas, percibiendo qué nos hace vulnerables, detectando nuestro propio narcisismo, etc. Al darnos cuenta de que ellos ponen de manifiesto una parte de nuestras propias sombras, es decir, de “nuestra parcelita narcisista”, que les da espacio para que busquemos su aprobación y reconocimiento, podemos acotarla e irla reduciendo mediante la comprensión de lo que la provoca. Lo que supone atravesar un camino hacia la humildad, viendo en qué punto somos vulnerables a dinámicas narcisistas, por dejarnos llevar por la vanidad de ser admirados o supuestamente queridos por otras personas. Para ello es preciso estar también atentos a nuestras emociones y sentimientos. Escuchemos qué se mueve en nuestro interior en la relación con quienes así se comportan. Por un lado, sentiremos el subidón de los momentos en los que parecen entregados a la causa de relacionarse con nosotros, pero después experimentaremos la sensación de vacío y deprivación tras el chute endorfínico que pueden llegar a provocar con sus adulaciones y pseudoconexiones.

- Tomemos perspectiva y distancia, aunque sea temporalmente. Así podemos tomar consciencia de qué nos está sucediendo en la relación con ellos.





- Cultivemos la asertividad: así podremos ponerles límites y aprender a decir lo que queremos y lo que no, a pararles cuando nos adulan para manipularnos, o cuando adopten actitudes manipuladoras de cualquier tipo.

- Aprendamos a amarnos como somos, con nuestras virtudes y defectos. Cultivemos la conexión con la dimensión de profundidad que nos sostiene, a cultivar valores que nos hacen crecer humanamente y aprendamos a sacar de ahí un amor que nos libera de dependencias ajenas. 

- En el caso de que la relación con alguien así nos esté haciendo pasarlo mal, no queda otra que tomar total distancia y asumir eso que se llama “contacto zero”. Si es alguien de quien no nos podemos librar, por pertenecer a nuestro entorno, pongamos distancia interior, desde el respeto y la comprensión de que ellos son víctimas de sus propias dinámicas, pero sin abrirnos interiormente a que nos puedan dañar nuevamente.

- Si se repiten vinculaciones con personas así es recomendable acudir a una psicoterapia para descubrir qué condiciona entrar en ese tipo de relaciones falsas. A veces puede tratarse de traumas no resueltos.

Nuevamente es preciso señalar que muchas personas pueden tener un narcisismo parcial o “parcela narcisista”, sin ser narcisistas del todo. Por lo que el determinar la dinámica narcisista de alguien ha de ser en relación con una suma de muchos de estos factores y por el sufrimiento y desconcierto que provoca el vincularse con ellos. Si se suman muchos de estos elementos, y de manera continuada, piensa ¿realmente quieres ser amigo/a de alguien que no es tu amigo?

Si eres tú quién se ve reflejado/a en las actitudes narcisistas, aprovecha lo descrito para conocerte mejor y tratar de comprender qué te lleva a falsear tu vida, tu yo y tus relaciones y busca ayuda psicoterapéutica. Mantenerte ahí solamente te dañará y mantendrá en dinámicas que destruirán tu vida y la de quienes te rodean. Entiendo que es muy duro mirar a las heridas tan profundas que te mantienen en la falsedad, pero más doloroso será vivir así, en la adicción compulsiva a gustar, al engaño. Un engaño muy peligroso y destructivo porque concierne especialmente al engaño sobre tu ser y sobre tu propia existencia. Así, la destrucción de tu vida está servida, por mucho que gustes y quieras ser querido por los otros. Lo que está claro que que así, ni querrás, ni serás querido, ni existirás como realmente eres, para nadie. Como en las adicciones más graves hay salida, pero es preciso proponérselo…

martes, 23 de febrero de 2021

EL “AMIGO” NARCISISTA. PARTE I

Cada vez son más frecuentes las publicaciones relacionadas con el narcisismo. Aparte de la pandemia de Covid-19 también vivimos mundialmente una pandemia de narcisismo, que me temo que ha sido parte de lo que ha agravado la propagación del Covid-19, ya que las personas narcisistas no parecen especialmente conscientes de que han de tomar medidas de prevención para protegerse (a ellos no les va a pasar nada) y proteger a otros (les resulta indiferente lo que les pase a los demás).

Las publicaciones en alza sobre el narcisismo ponen de manifiesto cómo son los jefes narcisistas, los políticos narcisistas, las parejas narcisistas, los líderes espirituales narcisistas, pero no he encontrado gran cosa sobre cómo son los “amigos” narcisistas. Así que me pongo a ello, por tantas historias que me llegan al respecto y por la experiencia directa de haber conocido a alguno de ellos.  Expondré algunas pinceladas por si sirven de orientación, a quien se esté encontrando con personas que funcionan a modo narcisista. Además, si tenéis rasgos narcisistas, mejor haceros conscientes de ellos para tratar de ver qué heridas o carencias os llevan a comportaros de ese modo con los demás y buscad terapia (causáis sufrimiento a otras personas y también sufrís innecesariamente).

¿Cómo es el “amigo” narcisista? (atención que pongo “amigo” entrecomillado, pues de amigos suelen tener más bien poco).

El “amigo” narcisista aparecerá inicialmente con una actitud agradable y seductora. Nos colmará de amabilidades y nos adulará, por lo que a él le llame la atención de nosotros. Suele ver nuestras cualidades como parte de un trofeo que quiere conseguir para su colección: currículum y titulaciones, nivel de prestigio, belleza, inteligencia, contactos, cargo que ocupamos, éxito o cualquier otra cualidad que le sugiera poder, influencia o capacidades que pueda aprovechar para sí mismo o para mostrarte en sociedad como una de sus nuevas adquisiciones. A mí me llama la atención cómo presentan a otras personas, señalando facultades externas relacionadas con el listado que acabo de mostrar.

Cuidado con la estrategia inicial del bombardeo amoroso y la hábil seducción al que nos pueden someter. Nos dirán todo tipo de halagos, adulaciones, expresiones de afecto máximo, aparente mostrar interés por nosotros y por nuestras vidas. Los más inteligentes nos estudiarán atentamente, para aportarnos lo que suponen que es lo que más nos gusta escuchar. Detectarán nuestros puntos de vulnerabilidad para ofrecernos primero ayuda, y con el tiempo para cuestionarnos por tener esas mismas fisuras. Como a todos nos gusta que nos traten bien, reconozcan nuestras virtudes y nos ofrezcan ayuda ante nuestras dificultades, podemos caer en la trampa de pensar en que por fin hemos encontrado una persona realmente amable y sensible que tiene un genuino interés por nosotros (sobre todo si son hábiles e inteligentes en sus estrategias). 



¿Cómo detectarlos en esta fase? Lo más importante es darnos cuenta de que no es normal tanta adulación o interés desmedido sin conocernos. Las amistades reales se van dando progresivamente, sin tanta exaltación y expresión de una súbita sintonía. También veamos en qué se fijan de nosotros y qué nos alaban. ¿Son elementos externos, como los ya señalados? ¿Se fijan mucho en aspectos nuestros de los que obtener beneficios de cualquier tipo? ¡Cuidado! 

También es posible que detectemos pequeñas mentiras desde la fase 1. Desde la exageración en su manera de describirnos, a la expresión de que han leído (si publicamos algo) todas nuestras publicaciones desde el Pleistoceno (es fácil detectar que no es verdad), o que son grandes amigos de personas importantes (a algunos les gusta presumir de amigos diversos), o bien veremos alguna exageración o empeño en mostrar sus méritos profesionales, personales, etc. Veremos en esto una forma de dialogar muy centrada en su yo-yo-yo. Tienen que causar buena impresión y acaban hablando demasiado de sí mismos y de sus grandes capacidades, intereses, sensibilidades. Observemos también cómo nos escuchan. ¿Escuchan realmente? ¿Ponen interés en lo que les estamos diciendo? ¿Se acuerdan posteriormente de algo que les hemos contado? ¿Mantienen su palabra en pequeñas cosas que afirman que harán, conseguirán, etc.? ¿Cómo reaccionan si en algo argumentamos en contra de lo que ellos afirman como verdad? (no muy bien). Y una clave importante, ¿qué empatía tienen? Dado que estarán en fase de seducción con nosotros, es más fácil verlo con las personas que ellos consideran de “menor nivel”, como camareros, porteros u otros a los que clasifican por debajo (el desarrollar ese tipo de ranking social también es parte de lo que les define). Con esas personas a las que ven como inferiores, se verá claramente su actitud de cosificación y falta de respeto, la arrogancia, la exigencia y la superioridad. Por ejemplo, pueden actuar con sumo desprecio y hasta con agresividad ante un mínimo fallo de un camarero, al ponen por debajo de sí mismos. En el otro extremo, veremos su veneración con quienes ponen en un “nivel superior”, con quienes se comportarán de forma servil y hasta sumisa, porque son “gente importante”. Es frecuente en las personalidades narcisistas no saberse comportar a “nivel horizontal”, es decir, para ellos, las personas son superiores o inferiores. No hay iguales, no entienden el sentido de comportarse de igual a igual. En todo caso lo fingen.

Además, están constantemente en una especie de “personaje” que repite estereotipadamente gestos, frases, expresiones grandilocuentes, buscando el feedback de los demás. Les veremos muy atentos a los demás, pero para ver qué provocan en ellos. A veces podemos confundir esto con auténtico interés y empatía.

Cuando ese “amigo” narcisista cree que ya nos ha camelado o cuando realmente lo ha hecho y pensamos que estamos en un lugar seguro, se irá relajando y podremos empezar a captar más cosas: 

- Cómo hablan de los demás: son criticones, a veces de forma cruel, por detalles mínimos, explayándose contra quienes no están en su corte de seguidores abducidos. Claro, cuando no están delante.

- Su actitud complaciente: nos prometerán cosas que después no harán, especialmente si les suponen algo de esfuerzo o trabajo.

- Su nivel de exigencia: has de pensar como ellos o satisfacer sus necesidades emocionales de reconocimiento, afecto, feedback inmediato, hacerles favores, etc. Si no, aparecerá la furia narcisista o harán mutis por el foro, es decir, desaparecerán súbitamente de esa estupenda “amistad” que se supone que tienen con nosotros.

- Sus valores: antes o después vemos su trato hacia otros o su manera poco ética de andar por el mundo.

- Su falta de transparencia. Y no entenderán a alguien que se comporte con transparencia, ya que ellos no son así.

- Su falta de congruencia: dicen unas cosas y hacen otras, continuamente.

- Cómo se miden con nosotros: cuidado con superarles en algo; eso mismo por lo que nos admiraban puede generarles una tremenda irritación si destacamos más que ellos (son muy envidiosos).

- Su falta de confianza en tu sinceridad o en ti, en general: dudan, por ejemplo, de tus expresiones de afecto o de tu lealtad, porque no pueden concebir que alguien actúe desinteresadamente.

- Su desconfianza en tu aprecio: no creerán que puedes tenerles un cariño genuino, pues entienden la vida como meros intercambios y no conciben la existencia del amor real. También, como viven instalados en una farsa, pueden creer que si les quieres es porque te han engañado (de manera consciente o inconsciente). Tampoco creen que alguien pueda hacer algo de lo que ellos no son capaces, querer desinteresadamente.

- Su tendencia a la mentira: desde lo más nimio a lo más importante.

- Sus actidudes manipuladoras: seducir (con el bombardeo amoroso), mentir, hacer “luz de gas” (te culpan de lo que ellos hacen mal, por ejemplo), intermitencia en las relaciones, castigos desmedidos por pequeños errores, etc.

- Sus agresiones directas o indirectas: a veces muy sutiles, pero que pretenden hacer sentir culpable de sus malas actitudes (si cometen alguno de sus errores, y protestas por ello, dirán que eres neurótico/a, susceptible, etc.) o bien tratarán de ponerte en una posición de inferioridad (señalando tus defectos, inadecuaciones, etc.).

- Su hipersensibilidad ante las críticas o correcciones. En algunos casos, pueden desencadenarles una tremenda furia y resentimiento las críticas o correcciones mínimas.

- La actitud evasiva, o incluso la desaparición súbita o intermitente, sin que haya una explicación. Y, si se la pides, solo obtendrás respuestas confusas o ataques (te dirán que si preguntas es que tienes problemas o si es que estás enamorada/o de ellos, porque te inquietas por sus fluctuaciones en la relación, por ejemplo). A veces llamo el “síndrome del Guadiana” a esa desaparición súbita e intermitente; veremos que, aunque parecen ser grandes amigos tuyos, súbitamente no sabes nada de ellos y pasado el tiempo otra vez aparecen como grandes amigos y así sucesivamente. No busquéis explicaciones a su intermitencia, no os las darán.

- Demoras excesivas cuando quieres tener una conversación seria con ellos. El miedo a la confrontación o a exponerse a cualquier crítica les puede hacer entrar en pánico y evadirse lo más posible.

- Demandas de atención inmediata cuando ellos lo precisan.

- Su falsa amabilidad: tratarán de complacerte, especialmente si quieren algo de ti, pero por detrás te criticarán y plantearán tus necesidades como algo absurdo o caprichoso.

- Doble cara: sonrisas y halagos frente a ti, críticas injustas a tus espaldas.

- Actitud competitiva contigo: te dediques a lo que te dediques, ellos saben más que tú. Te pretenderán dar lecciones y correcciones sobre tu ámbito profesional, pretendiendo incluso corregir lo que sea fruto de un intenso estudio y de años de experiencia. Con el tema de la pandemia me encuentro a unos cuantos dando “homilías” aleccionadoras, o corrigiendo a los científicos expertos, por haber leído un par de artículos periodísticos, haber visto unos vídeos de you tuve o leído cualquier otra fuente de información que exaltan y absolutizan. Es curioso que veo más estas actitudes entre quienes sostienen discursos que niegan la evidencia científica, simplifican lo que está pasando o caen en visiones conspiranoicas.

Como esta entrada ya me ha quedado bastante larga, en otro post hablaré de cómo comportarnos ante estas actitudes. Lo principal es poner distancia y claro, no creernos que son realmente nuestros amigos. 


*Imágenes de Pixabay (LeandroDeCarvalho)