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martes, 29 de noviembre de 2022

ALTAS CAPACIDADES, DE LA IDENTIFICACIÓN A LA DESIDENTIFICACIÓN ¿O PREFERIMOS EL LADO OSCURO?

La Belle Société de René Magritte

La Belle Société de René Magritte (1965-66)


En los últimos tiempos se habla bastante de las altas capacidades intelectuales (ACI o AACC), un término que parece haber sustituido a lo que tradicionalmente se ha llamado superdotación intelectual (giftedness en inglés). En este escrito usaré ACI o superdotación indistintamente. 


El “diagnosticar” ACI requiere la evaluación por un experto en el tema, tanto cualitativa, como cuantitativamente (aunque a veces ni los expertos se pongan totalmente de acuerdo en lo que son estas capacidades exactamente). 

 

La cantidad de personas que hablamos sobre ACI y que “salimos del armario” de las ACI vamos en aumento. Parece que es importante hablar del tema para irlo normalizando. En general, está claro que esta identificación ha sido parte de un proceso importante para una mejor autocomprensión y para dotar de un mayor sentido a ciertas experiencias de nuestra biografía. Por ejemplo, lo que antes del “diagnóstico” de ACI se vivía como una serie de rarezas personales, puede acabar comprendiéndose en el marco de un concepto en el que adquieren un mayor sentido. 

 

Suele generar un gran alivio el entender que ciertas rarezas o inquietudes, e incluso algunos problemas con el mundo, se explican desde un funcionamiento mental relacionado con tener altas capacidades intelectuales. Desde esta comprensión muchos dan sentido a ciertos aspectos de sí mismos que han podido resultar raros para otros: como el tener grandes inquietudes intelectuales y avidez por el aprendizaje, un alto sentido crítico, una gran diversidad de intereses que se ven interrelacionados, una especial facilidad para el estudio, una energía mayor de lo normal para lo que a uno le interesa, además experimentarse la realidad con ciertas sensibilidades e intensidades que sobrepasan los márgenes de lo habitual, entre otras características. 

 

Según he podido comprobar en mí misma, y en otras personas que hemos sido detectadas con altas capacidades en la vida adulta, el encontrarnos con ese “diagnóstico" de ACI o superdotación, ayuda integrar una parte de nuestras características personales, aporta un mayor grado de autocomprensión y, en cierta medida, favorece un mayor nivel de autoconocimiento. No obstante, considero preciso señalar que este sería un autoconocimiento parcial si nos quedamos con la impresión de que esa etiqueta de ACI explica todo lo que somos y orienta absolutamente el sentido de nuestras vidas. El autoconocimiento implica una serie de procesos complejos de autoindagación personal que ha de tener en consideración diferentes dimensiones de la persona (pensamientos, emociones, sentimientos, motivaciones, fortalezas, virtudes, defectos, inquietudes, sensibilidad, sesgos cognitivos, reacciones en las relaciones interpersonales, inseguridades, traumas y heridas emocionales, etc.). En el proceso de autoconocimiento vamos descubriendo progresivamente diferentes elementos internos que además van experimentando cambios a lo largo del tiempo. Por lo tanto, el conocernos es dinámico y requiere el desarrollo de una cierta capacidad de metacognición (que consiste en mirarnos más allá de nuestros procesos mentales o emocionales, autodistanciándonos de lo que creemos que somos, para percibir qué nos sucede y cuál es la raíz de nuestros fenómenos internos).

 

El “diagnóstico” de superdotación (sea en la infancia o en la vida adulta) nos permite conocer mejor algo de nosotros, pero también implica el riesgo de identificarnos excesivamente con esta etiqueta, creyendo que eso de la capacidad es lo que uno ES. En quienes han sido detectados de adultos me encuentro muchas veces con que muchos se quedan con la sensación de que la identificación de sus capacidades ya les aporta una idea clara acerca de quienes son. Se sienten aliviados porque ya saben qué SON gracias a esa etiqueta. Lo que en parte es comprensible, pero también puede dejarles fijados ahí, en la impresión de que su identificación como personas superdotadas es su identidad fundamental, cuando en realidad es solo uno de los factores de sí mismos. Creo que la mera comprensión de la superdotación no nos va a decir todo acerca de lo que somos y seguramente nos diga muy poco para enfocar el sentido de nuestras vidas. Es más, es altamente probable que, sin una mirada profunda acerca de lo que somos, sea nuestro falso ego (al que también podemos ver como una “parcela narcisista”[1] de nosotros mismos) el que nos instrumentalice tratando de “explotar nuestro talento”, de tal modo que así seamos nosotros quienes nos autoexplotemos. O bien, si no lo hacemos nosotros mismos, hay grandes posibilidades de que sea otro el que se encargue de encontrar la vía para exprimirnos para sus propios fines. Situación que veo mucho más arriesgada cuando se “orienta” a los niños en el desarrollo de su potencial desde ciertas organizaciones que no tienen fines precisamente altruistas. 

 

El darnos cuenta de que la detección de altas capacidades refleja solo un aspecto de nuestra existencia puede posibilitar el que nos busquemos más allá de esta identificación, con más profundidad, haciendo un trabajo interior para discernir los valores con los que queremos identificarnos, para llegar así a ser el tipo de persona que queremos llegar a ser, haciéndonos la pregunta de si queremos aportar algo valioso y constructivo al mundo, y no que nuestra propia vanidad nos esclavice en pos de un éxito que puede llegar a ser una esclavitud que nos aleje de nosotros mismos.

 

El marco de sentido que aporta saber sobre las propias altas capacidades realmente no nos trae todas las respuestas para orientar nuestra existencia y autocomprensión. Aporta algo, pero no nos permite saber quienes somos integralmente. Aparte de que, lo que nos identifica, también tiene que ver con la integración de diversos factores internos (no solo cognitivos) y con establecer una cierta relación armónica con el mundo que nos rodea. Esa relación con el mundo también implica una llamada a la responsabilidad personal. Como explica el experto en el tema de las ACI, Robert Sternberg en un texto titulado “Transformational Giftedness: Who’s Got It and Who Does Not”[2], es preciso que las personas superdotadas aporten al bien común a través de una superdotación transformacional (enfocada en mejorar nuestro mundo), y no desde una superdotación transaccional (que sería la que solamente se enfoca en un intercambio interesado de intereses, desde el despliegue del éxito personal). Esta última tendría finalidades egocéntricas y utilitaristas, que implicarían altas probabilidades de irse pasando al lado oscuro. Nuevamente es Sternberg quien ha puesto de manifiesto esta peliaguda cuestión sobre los riesgos potenciales de pervertir la capacidad en su artículo “The vexing problem of dark giftedness”[3].

 

El riesgo de pasarse al lado oscuro me parece que es mayor cuando creemos que solo SOMOS superdotados o personas de altas capacidades y no que simplemente son herramientas que tenemos y que son una parte de nosotros.  No somos intrínseca y esencialmente eso. Yo puedo tener ACI, pero esta etiqueta no dice quién soy yo. Aunque comprender lo que esto supone aporte algo importante a la vivencia de mi propio ser y a mi manera de estar en el mundo, yo no considero que mi identidad completa esté configurada esencialmente por mis altas capacidades. Solo soy un ser humano más, que dispone de ciertas herramientas cognitivas que ayudan a funcionar cognitivamente mejor que otros. Esas herramientas son medios, no son mi ser, ni delimitan mis fines. Mi propio ser, en todo caso, puede configurar la finalidad y la actitud con la que las utilizo. Si un día me doy un golpe en la cabeza o he dormido mal y esto me impide pensar con rapidez y con claridad seguiré siendo yo misma, un poco mermada, pero mi persona será la misma esencialmente, aunque tenga una menor capacidad cognitiva en acción.

 

Una cuestión en la que quiero incidir, con respecto al riesgo de pasarnos al “lado oscuro” como consecuencia de identificarnos con las altas capacidades y el éxito que nos puedan aportar, tiene que ver con que nuestro ego tramposo es muy aficionado a quererse identificar con cualquier aspecto o cualidad que tengamos. Por culpa del ambiente narcisista imperante en nuestra cultura estamos influenciados para creer que somo lo que tenemos, lo que aparentamos o lo que conseguimos (fama, belleza, dinero, curriculum, posesiones, inteligencia, etc.). El riesgo de identificarnos con una de nuestras dimensiones parciales es mayor cuando tenemos una cualidad en la que destacamos más que los demás. En estos casos nuestra “parcela narcisista”, estaría ávida de identificarse con aquello en lo que pueda sobresalir, para compensar así diversas inseguridades o limitaciones a las que no nos resulta agradable mirar. Por culpa de esa dimensión egoica egocéntrica, las personas con belleza se creen que son su belleza y se derrumban cuando envejecen, quienes tienen dinero se sienten superiores por sus posesiones, quienes han conseguido títulos académicos confunden estos títulos con su verdadera identidad y los más inteligentes corren el riesgo de pensar que son más valiosos que otros por sus mejores capacidades. En estos casos, el problema de la identificación con algo parcial les llevaría a caer en una falsa identificación de su persona, que en el caso de las ACI no sería nada más que un conjunto de herramientas cognitivas más potentes. Esta situación puede llevarles, paradójicamente, hacia el abismo de una profunda ignorancia acerca de su propio ser desde una percepción reduccionista de sí mismos, en la que no sabrían mucho acerca del tipo de persona que son realmente. 

 

En ocasiones, veo que las personas muy inteligentes se quedan atrapadas en un personaje intelectual que les aporta identidad y la sensación de seguridad en su percepción de sí mismos desde un halo de superioridad. En este caso, la falsa identificación con esas capacidades en las que se ven superiores les hace subirse a un pedestal construido solamente con humo narcisista. Un narcisismo que se exacerbaría porque la actitud de superioridad les haría separarse del resto, excepto cuando se relacionan con los de la misma élite intelectual. No niego la importancia de encontrar a personas con capacidades similares a las nuestras y la mayor facilidad de comprensión mutua en estos casos, pero sin valores, inquietudes y finalidades similares para la vida, finalmente el virtuosismo intelectual compartido me parece que aporta bastante poco y que puede incrementar el riesgo de deslizarnos al lado oscuro narcisista, al contemplarnos embelesados en el reflejo de alguien que consideramos similar a nosotros. 

 

De la excesiva identificación con la propia capacidad desde el egocentrismo personal pueden surgir líderes narcisistas que, de forma manipuladora y, e incluso visionaria, tienen una elevada destructividad para los demás. La superioridad intelectual puede ser usada destructivamente así por personas inmaduras para compensar sentimientos de inseguridad, desde esa mirada de “soy superdotado” o “soy más” en cualquier cosa.  

 

En el otro extremo de estas actitudes estaría otro tipo de ego narcisista más sutil; un ego victimista que es el que aparece cuando a una persona superdotada no le ha ido bien con sus capacidades, por haber sufrido bullying, incomprensión y otros tipos de ataques por sus características más sobresalientes. Sin negar la gravedad de estos hechos y sin perder ni un ápice de empatía por quién sufre estas situaciones, es preciso tener presente que el lado victimizado de alguien puede activar un narcisismo victimista, que le aportaría identidad a través de una identificación parcial con la parte en la que uno ha sido dañado, impidiendo ver toda la riqueza interior de la que se dispone. De este modo, viviría a través de un "ego víctima" que le haría vivir a través de un sufrimiento muy intenso derivado de las experiencias pasadas. Nuevamente una identificación con elementos parciales de uno mismo impediría ser lo que uno es de un modo más completo.

 

Otro riesgo que veo en esta identificación masiva de nuestro yo con ser superdotados es cuando llegamos a creer que solamente podemos entablar amistad con personas que pertenecen a esta misma élite intelectual. Haciendo una analogía, quizás un poco simple, sería como si alguien que tiene un Ferrari pensara que solo puede ser amigo de quienes también tengan un Ferrari. Cuando quizás lo importante fuera comprobar si con otros conductores se pueden tener metas y recorridos comunes. Lamentablemente, a veces podemos quedarnos contemplando vanidosamente nuestros respectivos Ferraris porque nos hacen sentir especiales y únicos. Volviendo al tema de las altas capacidades, creo que podemos tener el riesgo de pensar que por fin encontraremos el Santo Grial de la amistad en grupos en los que están otros superdotados, como si por fin hallásemos a los de la propia especie. Es cierto que puede ser más fácil comprendernos con personas de un nivel similar de capacidades, pero también pueden darse conflictos más enrevesados, cuando las orientaciones vitales o los valores de fondo son muy distintos. Así que, seguramente nos podemos encontrar con grandes frustraciones en quienes después de haberse afiliado a asociaciones de superdotados no han hallado allí a los grandes amigos de su vida. Hay que aclarar que a veces sí se dan encuentros muy satisfactorios y valiosos en estos grupos, pero no necesariamente solo por tener alta capacidad, sino porque haya otros elementos profundos que se comparten y que se comunican en un idioma similar que es el de las altas capacidades intelectuales. Algunos mencionan que lo que más les ha frustrado en esos grupos de superdotados es la competitividad, las batallas intelectuales entre egos sabiondos que no se escuchan y que resultan bastante insoportables las exhibiciones narcisistas de las capacidades de unos y de otros. Lo que llega a agravarse por el “efecto halo” en el que algunos se instalan, que genera la distorsión de sentirse experto en algo por el hecho de haber leído bastante sobre un tema, sin tener suficiente base para comprenderlo a fondo. 

 

Entrar en un mundo de superdotados no significa entrar en un mundo Disney de unicornios y de cebras de colores que viven constantemente en estados bondadosos y beatíficos. A veces puede incluso suceder lo contrario. En estos ambientes encontramos a personas de todos los espectros morales. Y en algunos casos más extremos también podemos encontrarnos con narcisistas patológicos e incluso con psicópatas. De lo que podemos deducir que solamente la capacidad no pone de manifiesto las actitudes y los valores de alguien. 

 

Para que nadie se sienta ofendido por mis reflexiones, recuerdo que estoy hablando del “riesgo de pasarse al lado oscuro” (aquí no hablo de todos los aspectos luminosos de la superdotación, que también los hay). Resumiendo lo expuesto, el riesgo mencionado tiene que ver con una identificación de lo que somos con algo parcial que tenemos (alto CI), con la delimitación de un tipo de tribu con la que nos podemos identificar creyéndonos los miembros de una élite superior y finalmente acabar separados del resto de la humanidad, a la que no hay un especial interés en comprender o ayudar, porque por fin uno está con los “suyos”. Quizás las mentes más maléficas estén pensando en cómo crear sectas para captar a superdotados y explotarlos eficazmente, ¿o ya existen?

 

Quizás una salida a todas estas trampas egoicas esté en relación con el cultivo de ciertos valores humanos, con la reflexión honesta y sincera acerca de lo que somos y con enfocarnos con una actitud constructiva con el mundo que nos rodea (como puso de manifiesto el psiquiatra Viktor Frankl, desde la actitud es desde donde podemos poner de manifiesto nuestra libertad para actuar de la mejor forma posible). En este tema, el cultivar una metainteligencia, más allá de las capacidades y viéndolas globalmente, sin identificarnos con ellas, quizás ayude a establecer mejor cuál es la finalidad y el sentido de nuestras vidas. En todo ello, un proceso honesto de autoconocimiento sería esencial para desarrollar una sabiduría acorde con la realidad y con lo que somos realmente. En este sentido, considero imprescindible leer con atención la inscripción que se hallaba en el interior del templo de Apolo en Delfos:

 

“Te advierto, quienquiera que fueres tú, que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros. Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses”.

 

Este conocimiento de nosotros mismos nos ayudaría a captar y comprendernos mejor y a detectar mejor nuestros sesgos para percibir el mundo cómo es. Comprendemos a otros en la medida que somos más conscientes de nosotros mismos. El cultivo de esa consciencia implicaría el desarrollo de una visión adecuada sobre la realidad, que aporta un realismo superior al de la mera capacidad intelectual (que actuaría como aliada e instrumento de la consciencia) y nos aporta la adquisición de más sabiduría. No parece posible lograr mucha sabiduría sin un cierto grado de autoconomiento. Esa mayor consciencia nos puede llevar a asumir una mayor responsabilidad ante lo que nos sucede a todos, mejorando nuestra realidad. 

 

Finalmente, tras pasar por estas reflexiones, he llegado a la conclusión de que tan importante es la identificación de tener altas capacidades como la “desidentificación” de las mismas, en el sentido de percibirlas como una serie de características que aportan elementos importantes a ciertas dimensiones de nuestro ser, pero que no definen todo lo que somos, que no nos hacen superiores y que el tenerlas, en todo caso, nos pone delante la responsabilidad de cultivar nuestra consciencia y sabiduría [4] para buscar cuál es el mejor uso que podemos darles, ojalá a través del amor a nuestros semejantes y desde la humildad de ser conscientes de que somos igual de humanos que cualquiera, a la vez que somos distintos. Creo que el mirar más allá de nosotros mismos y a través de todo lo que somos, después de descubrirnos en nuestras facetas ACI, nos puede permitir ser más conscientes de nuestro funcionamiento y de nuestras habilidades, pero en ningún caso nos aporta superioridad, mayor valía o nos hace personas mejores. Esto último, más bien depende del desarrollo de una consciencia más profunda y amplia que nos permita estar más sintonizados con quienes somos. Las ACI nos configuran y nos condicionan, pero lo que somos en el fondo parece tener más que ver con lo que decidimos hacer de nosotros mismos. Al menos podemos intentarlo.



Notas: 

[1] En un libro anterior he desarrollado más ideas acerca del narcisismo y de cómo se configura y nos afecta este narcisismo parcial, que puede estar en todos, y al que he llamado “parcela narcisista”: Rodríguez Fernández, M. (2021). Más allá de narcisismo espiritual. Desclée de Brouwer.

[2] Sternberg, R.J. (2022). Transformational Giftedness: Who’s Got It and Who Does Not. In: Sternberg, R.J., Ambrose, D., Karami, S. (eds) The Palgrave Handbook of Transformational Giftedness for Education. Palgrave Macmillan, Cham.
[3] Sternberg, R.J. (2022). The vexing problem of dark giftedness. Gifted Education International, 0 (0) ,1–21.
[4] Robert Sternberg ha desarrollado varios trabajos en los que señala la importancia de cultivar la sabiduría, para lograr un desarrollo adecuado de la inteligencia. Recomiendo su lectura.


jueves, 4 de junio de 2020

ESPIRITUALIDAD, RESILIENCIA Y CRECIMIENTO POSTRAUMÁTICO





Publico aquí un artículo, que escribí en 2015, titulado "Espiritualidad, Resiliencia y Crecimiento postraumático", con el fin de facilitar su lectura, pues considero que puede ser útil en estos tiempos que estamos atravesando, con la crisis del COVID-19, con la esperanza de que pueda ser de ayuda, para quienes han atravesado o están atravesando situaciones difíciles.


Fue publicado en la revista NOUS. Boletín de Logoterapia y Análisis Existencial, nº 19, Otoño de 2015. P. 21-33.


Resumen:

Algunas personas que han sufrido experiencias traumáticas, refieren haber obtenido algún elemento positivo después de atravesarlas habiendo experimentado lo que se ha llamado “crecimiento postraumático”. En el presente artículo exponemos algunas ideas que reflejan cómo la espiritualidad puede influir favorablemente en la resiliencia y en el crecimiento postraumático, tomando además, como ejemplo la experiencia de Viktor Frankl en los campos de concentración nazis. Extraemos de su testimonio en el libro “El hombre en busca de sentido” los aspectos más importantes conectados con la propuesta del presente artículo. 

Palabras clave: Logoterapia, espiritualidad, resiliencia, crecimiento postraumático.


Abstract:

Some people who have suffered traumatic experiences , reported having obtained a positive element through them experiencing what has been called "posttraumatic growth" . In this article we present some ideas that reflect how spirituality can influence favorably in resilience and posttraumatic growth, and taking the example of the experience of Viktor Frankl in Nazi concentration camps. We extract of his testimony in the book "Man's Search for Meaning" the most important aspects connected with this article proposal.

Key words: Logotherapy, spirituality, resilience, postraumatic growth.



Introducción

La espiritualidad tiende a asociarse con la trascendencia, con la esperanza, con el propósito y con el sentido (Frankl, 1988, 1999; Flannelly, Weaver y Costa, 2004), o con aspectos inmateriales de la existencia (Meraviglia, 2004). Según diversos autores, generalmente implica relaciones armónicas o conexión con uno mismo, con otros, con la naturaleza, con Dios o con una realidad superior (Reed, 1991). Para otros la espiritualidad representa aspectos relacionados con el amor, la ética, la creatividad, la consciencia, lo sagrado o lo profundo. Viktor Frankl (1990) plantea que la espiritualidad es lo que tenemos de humano y nuestra dimensión esencial en la que acontece nuestra existencia. La espiritualidad puede aportar recursos internos, esperanza, conexión con algo que nos trasciende y puede darnos fuerzas, creatividad, humanidad, sentido etc. Todo ello puede ayudar a encontrar sentido en las situaciones dolorosas que se presentan en la vida y a disponer de ciertos recursos que permitan superarlas o afrontarlas mejor.


La resiliencia es un término que tiene cientos de definiciones. Para este artículo hemos seleccionado una de ellas que se ajusta más a las ideas que queremos plantear y que la define como la “capacidad de salir indemne de una experiencia adversa, aprender de ella y mejorar” (Vera Posek, 2006). Esta definición muestra la posibilidad de aprender y mejorar después de una experiencia adversa, aunque consideramos que el salir indemne de las experiencias adversas no siempre es posible y que quizás aún así sea posible sacar algo positivo de dichas experiencias. Se puede salir de ellas con heridas, de las que queden cicatrices y, aún así, se puede crecer y aprender. Pero lo importante de la definición de Vera Posek es que nos muestra la posibilidad de superar un trauma e incluso de obtener algo positivo de él. De hecho, la mayoría de las personas que experimentan un trauma no sufren posteriormente un trastorno mental. Éste se da aproximadamente en el 9% de los casos, porcentaje que puede variar en función de la intensidad y duración del evento estresante (Peres, Moreira-Almeida, Nasello & Koenig, 2007).


Muchas personas que han sido víctimas de situaciones muy duras han podido crecer a pesar de la adversidad, al haberexperimentado una transformación después de pasar por experiencias de gran sufrimiento (Peres et al., 2007). Tras atravesar estas experiencias nos cuentan que han obtenido algún aprendizaje, un cambio de perspectiva, una reflexión profunda, una mayor consciencia, etc. Cuando esto se produce hablaríamos de crecimiento postraumático. Como vemos, hay una estrecha relación entre la definición que hemos elegido de resiliencia y la de crecimiento postraumático. Lo que parece es que las personas resilientes tienen más probabilidades de experimentar dicho crecimiento después de la adversidad (Peres et al., 2007).




Cuando una persona que experimenta una situación traumática, puede quedarse dañada, recuperarse y/o crecer. Pero, como han señalado diversos autores, nuestro self no es una entidad única y estática, sino que está configurado por diversas dimensiones o subpersonalidades, es decir, que dentro de nosotros no hay una sola forma de ser, sino varias (Mirapeix, 2015). Esto implica que puede haber partes del self que estén dañadas, otras que estén en proceso de recuperación o recuperadas y otras en proceso de crecimiento o que ya hayan crecido. Quizás, las partes más fuertes, y, sobre todo las que ya hayan crecido después del trauma, pueden ayudar a las otras a encontrar un mayor equilibrio interior y a que el proceso de crecimiento postraumático sea en sí un camino que posibilite la recuperación del daño de una manera más global. (ver Figura 1)


Figura 1: Posibilidades ante el trauma




El papel de la espiritualidad

Existen numerosos testimonios de quienes dicen haber crecido o aprendido, tras un suceso traumático, gracias a un encuentro con lo más profundo y esencial de sí mismos, con Dios, o con una dimensión que les trasciende y que les aporta fuerzas, aunque no sepan muy bien explicar con palabras qué es. En todos estos casos podríamos hablar de espiritualidad. Para estas personas la espiritualidad, ha sido una fuente de fortaleza y ha favorecido la conexión con recursos previamente desconocidos. En algunos casos, esta experiencia de tipo espiritual, puede darse como un proceso de conexión con su ser más profundo. Ese proceso de conexión con el propio mundo interior no se suele dar de forma inmediata y mágica, sino que se suele producir atravesando diversas etapas, que pueden implicar un proceso esfuerzo y autodescubrimiento. Quienes ya han hecho, antes del evento traumático un proceso de autoconocimiento de este tipo, suelen tener más capacidad para sacar algo positivo de las situaciones adversas. No obstante, en los primeros momentos de iniciar dicho proceso puede haber sensación de desorientación, al tratarse de un viaje a un universo desconocido que, por inexplorado, no sabemos en qué consiste. 

Es posible, por otra parte, que un momento de dificultad sea el que impulse la búsqueda hacia algo que vaya más allá de lo conocido. Llevando dicha búsqueda a mirar tanto dentro como fuera de nosotros mismos, para encontrar salidas o recursos y para podernos desplegar desde una dimensión de mayor libertad. Esta dimensión es la que puede, precisamente, permitirnos escoger nuestra actitud ante lo que no podemos cambiar (Frankl, 1988).

En el viaje interior podemos ir recogiendo diversos frutos, pero también es posible que nos las veamos con nuestras propias sombras y defectos; los “monstruos” y “sabandijas” que decía Santa Teresa de Ávila que habitan en nuestro interior (1957). Esos “monstruos” y “sabandijas” representarían nuestras limitaciones, defectos, errores e incluso partes de nosotros mismos que no quieren seguir profundizando más y que se manifiestan, por ejemplo, como miedo a lo desconocido. Paradójicamente son muchas las personas que dicen no mirar dentro de sí por temor a lo que se puedan encontrar.

Lo importante es que, aunque se atraviesen dificultades internas, sepamos que podemos encontrar riquezas y potenciales ocultos en lo más profundo de nosotros, que se van manifestando poco a poco en el camino que nos lleva hacia lo más profundo de nosotros.

Ese viaje interior puede llevarnos a adoptar una perspectiva más profunda de la vida y de nosotros mismos. Pero no podremos descubrir esa perspectiva sin hacer un recorrido no exento de pruebas, cuya puerta se puede llegar a abrir, paradójicamente, en los momentos de más sufrimiento, porque es entonces cuando más necesitamos encontrar salidas y superar dificultades. En esos momentos se activan potenciales ocultos, para poder seguir adelante. De ahí que nuestra búsqueda se agudice en momentos así y que nuestras diversas dimensiones internas puedan ir colaborando en que podamos sobrevivir y aprender. Al abrirse estas nuevas dimensiones podemos hablar de unión con Dios o con nuestra verdadera naturaleza, y lo importante sería que el sufrimiento nos podría dar la opción de escoger un nuevo camino, más libre y más auténtico, mediante la introversión y la toma de conciencia (Delgado González, 2004).

En ese proceso de búsqueda y de autoconocimiento hacia nuestro mundo interior, encontramos que la espiritualidad puede aportar experiencias de luz en mitad de la oscuridad (según nos cuentan muchos exploradores de la psique). Tenemos, por ejemplo, la siguiente afirmación de la filósofa Edith Stein: “Hay una luz en la noche, que descubre un nuevo mundo en lo más hondo del alma, y, en cierto modo, ilumina desde dentro el mundo exterior que se nos devuelve completamente transformado.” (Stein, 1994, p. 51). Aquí Edith Stein nos habla de la posibilidad de una transformación psicoespiritual, que acaba modificando, incluso, la percepción de lo que nos rodea. Este tipo de transformaciones pueden darse a través de un proceso de crecimiento postraumático, que posibilitaría una mayor evolución y un cambio radical de la vida. 

Otro ejemplo de transformación a través de la espiritualidad es el de Marsha Lineham, una de las autoras más reconocidas en la psicología actual (por haber diseñado una propuesta de psicoterapia eficaz para personas con trastornos graves de la personalidad). Para esta autora fue una experiencia espiritual la que posibilitó el inicio de la recuperación del grave trastorno de personalidad que padecía. Ella cuenta lo que le ocurrió, en una entrevista que le hacen en el New York Times[1]: “Cierta noche estaba allí, arrodillada, mirando la cruz, y de pronto todo el lugar se volvió dorado y sentí que algo venía hacia mí. Fue una brillante experiencia. Luego tan solo regresé corriendo a mi habitación y me dije: Me amo a mí misma. Esa fue la primera vez que recuerdo haberme hablado en primera persona. Me sentí transformada.” 




Santa Teresa y otros místicos han usado la metáfora de la metamorfosis de la oruga en mariposa, para transmitirnos la fuerza de un proceso de transformación psicoespiritual. En un proceso de este tipo es fundamental que nos demos cuenta de que, antes de que aparezca esa mariposa, la oruga ha de estar madura y preparada para romper su crisálida. Es decir, para vivir un proceso así, hay que tener un mínimo de madurez interna y de estructura del yo. La oruga podemos usarla como metáfora del yo, que ha de estar mínimamente formado antes de vivir una transformación. 

Otra metáfora útil es la que expresaba una mujer que atravesaba un mal momento y fue superándolo. Según refería había pasado de la “visión en túnel” (una mirada de la realidad estrecha, que solo deja ver los peores aspectos de una situación) a la “visión en abanico” (en la que sentía una mirada más amplia de la realidad, más libertad y apertura para encontrar aspectos positivos en lo que estaba viviendo).

También es interesante la metáfora que hace 
Werner Meinhold, un psicoterapeuta alemán que expresaba que
“Las heridas de nuestra vida son ventanas por las que puede entrar la luz”. Esta idea nos muestra que las situaciones dolorosas pueden ser oportunidades para encontrar aspectos luminosos. 


Experiencia de Viktor Frankl 

Un ejemplo muy claro del crecimiento postraumático fue el de Viktor Frankl, que después de pasar casi cuatro años en campos de concentración nos mostró que pudo crecer humanamente en mitad de la adversidad. En su libro El hombre en busca de sentido, encontramos numerosas pistas de cómo se puede hacer para aprender y para crecer en una situación de intenso y largo sufrimiento. 

Al relatarnos su experiencia en los campos, pone de manifiesto lo que la espiritualidad le aportó en una situación muy adversa. En su experiencia podemos ver la relación que se da entre espiritualidad, resiliencia y crecimiento postraumático. 

Los elementos que consideramos más importantes para aportar luz acerca de lo que le ayudó en esa difícil situación y que se conectan con la propuesta del presente artículo, son los siguientes:

1.- La búsqueda de sentido: este es un elemento clave en todo su proceso y en su propuesta psicoterapéutica. Como hemos apuntado al comienzo de este escrito, para muchas personas dicho sentido tiene que ver con la espiritualidad. Cuestión que el autor conecta con la idea del “sentido último”, es decir, con la toma de consciencia de una intencionalidad última de todo (Frankl, 1999)

2.- El sentido del sufrimiento: otro tema central en Frankl es el del “sentido del sufrimiento”, que para él está íntimamente ligado al sentido de la vida. Puesto que que en toda vida humana hay sufrimiento, no es posible separar éste de un sentido global de la vida. Es importante asumir que el dolor y el sufrimiento forman parte de la vida y que podemos aprovechar las situaciones más dolorosas para mirar más allá de nosotros mismos (autotrascendernos), algo que puede hacer que la dificultad nos resulte más fácil de llevar (Rodríguez Fernández, 2014).

Ante la dificultad la espiritualidad es un factor que puede ayudar a encontrar sentido (Frankl, 1999) y a trascender el sufrimiento (Smith, McCullough y Poll, 2003). Para Frankl, el sufrimiento puede ser una oportunidad de logro. Pero hay que tener el “valor de sufrir” y de darle un sentido al sufrimiento, por ejemplo viendo que estamos experimentando una prueba o un desafío, etc. Frente a este sufrimiento, Frankl (1988) propone poner en marcha los valores de actitud: que son los que nos permiten poner en marcha la última de las libertades, la de escoger qué actitud adoptamos ante lo que nos sucede. Pero Frankl no solo nos propone los valores de actitud. En su historia, podemos ver cómo pone en marcha los valores creativos: desarrollando diversos recursos, teniendo sentido del humor o descubriendo de qué manera desarrollar una mejor actitud (lo que también requiere creatividad). 

3.- La libertad interior: el tomar consciencia de la libertad interior, nos permite ejercerla y tener más capacidad de elección, lo que puede dar más posibilidades de crecer en la adversidad. Tal y como Frankl dice: “Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas – la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio camino” (Frankl, 1988, p.69). Pues “El hombre puede conservar un vestigio de la libertad espiritual, de independencia mental, incluso en las terribles circunstancias de tensión psíquica y física” (Frankl, 1988, p. 69). Aspectos que también están muy conectados con los valores actitudinales y creativos. 

4.- Tener vida interior: para tener libertad interior es preciso tener vida interior. A algunos prisioneros de los campos de concentración, una vida interior intensa les hacía soportar mejor el sufrimiento, pues “eran capaces de aislarse del terrible entorno retrotrayéndose a una vida de riqueza interior y libertad espiritual” (Frankl, 1988, p.44). 

5.- Soledad consciente: para llegar a encontrar y desarrollar nuestra vida interior es importante tener un espacio en el que estar con uno mismo en soledad (Frankl, 1988). Una soledad que posibilita el silencio y la escucha de lo que sucede dentro de nosotros.

6.- El poder del amor: el amor es fundamental para sobrevivir en situaciones adversas y es también muy importante en el proceso de ir encontrando sentido en la vida. Como Frankl afirma: “la salvación del hombre está en el amor y a través del amor”, y que “la conciencia del amor propio está tan profundamente arraigada en las cosas más elevadas y espirituales, que no puede arrancarse ni viviendo en un campo de concentración.” (Frankl, 1988, p.66).

7.- Atención al presente: la atención al momento presente es fundamental para tomar consciencia de lo que sucede aquí y ahora, y también para desvelar el sentido de cada situación y de la propia existencia en su conjunto. Si no miro qué sucede ahora delante de mí, con atención ¿cómo puedo llegar a saber lo que realmente sucede en la vida y cuál es el sentido de este momento? Para Frankl (1994, p.50) “lo que realmente es, es sólo en el presente”. Prestando atención al momento presente podemos darnos cuenta de lo que él llamó “pequeños golpes de suerte”, que son pequeñas cosas que se dan en la vida cotidiana, que, si ponemos atención en ellas, pueden darnos fuerzas para seguir adelante. En este punto podemos ver la similitud con la propuesta de diferentes maestros espirituales de poner la atención en el presente, para ello puede ayudar la práctica de la meditación.

8.- La consciencia de la belleza: la belleza aporta sentido, nos abre el horizonte hacia una percepción más amplia de las situaciones dolorosas, de tal forma que, si prestamos atención a la belleza de las pequeñas cosas cotidianas, como puede ser una flor, una puesta de sol o un gesto amable, es más fácil poder soportar los días adversos y que la negatividad no nos invada (Frankl, 1988).




9.- Cultivar la autotrascendencia: la autotrascendencia es la capacidad de mirar más allá de uno mismo. Por ejemplo cuando miramos a otras personas o hacia una dimensión espiritual que trasciende al yo. La autotrascendencia, por tanto, aumenta las posibilidades de que podamos ver más allá de nuestro dolor (Frankl, 1988). Además, la autotrascendencia estimula la responsabilidad, al hacernos conscientes de que hay otras personas que también sufren y de que hay dimensiones de la existencia que escapan a nuestro control. Lo más importante de la autotrascendencia es que nos permite ampliar la perspectiva, para mirar más allá de aquello que nos hace sufrir. Superar el egocentrismo es un sano ejercicio de salud mental que nos permite mirar más allá de lo que nos duele, y aportar activamente algo al mundo que nos rodea. Lo que, a su vez, nos hace más humanos y nos hace ir avanzando hacia una mejor versión de nosotros mismos.

10.- Aceptación: la aceptación es un elemento fundamental para tolerar la incertidumbre y desarrollar humildad y apertura ante la realidad. La aceptación ha de ser, en primer lugar, la de la provisionalidad de la existencia. Al aceptarla vemos un límite ineludible que, si no reconocemos, nos daría la impresión de ser invulnerables. Situación que solamente nos provocaría más sufrimiento, al toparnos con una realidad que no queremos mirar. 


Conclusiones

En el presente trabajo hemos revisado varios elementos que conectan la espiritualidad, la resiliencia y el crecimiento postraumático. A lo largo de este texto hemos planteado que la espiritualidad aporta los siguientes aspectos a la superación de un trauma:

- Más sentido a la vida.

- Capacidad de encontrar más sentido en el sufrimiento.

- Conexión con una dimensión esencial y profunda que nos hace humanos.

- Un espacio de libertad y de vida interior, de tal forma que tenemos más capacidad de elegir una actitud más adecuada ante lo que nos sucede.

- Una mayor capacidad de amar.

- Una mayor consciencia del momento presente y de sus aspectos positivos.

- La autotrascendencia: que nos da la posibilidad de mirar más allá de nosotros mismos.

- Más capacidad para aceptar la vida como es.

- Fortaleza y más recursos ante las dificultades.

- Esperanza y luz en la oscuridad.


Queremos terminar el presente texto con un poema inspirador de Santa Teresa, en el que podemos intuir el poder de la espiritualidad ante la adversidad.



“Nada te turbe

Nada te espante

Todo se pasa

Dios no se muda

La paciencia

Todo lo alcanza

Quien a Dios tiene

Nada le falta

Solo Dios basta”[2]




BIBLIOGRAFÍA


· Delgado González, J.A. (2004). El retorno al paraíso perdido. La renovación de una cultura. Soria: Sotabur S.L.

· Flannelly, K.J., Weaver, A.J., Costa, K.G. (2004). A Systematic Review of Research on Religion in Three Palliative Care Journals: 1990-1999. Journal of Palliative Care. 20(1): 50-5. 

· Frankl, V. E. (1988). El hombre en busca de sentido. Barcelona: Herder. 

· Frankl, V.E. (1990). Psicoanálisis y Existencialismo: de la psicoterapia a la logoterapia. México: Fondo de Cultura Económica. 


· Frankl, V.E. (1999). El hombre en busca de sentido último. Barcelona: Paidós.

· Meraviglia, M.G. (2004). The Effects of Spirituality in Well-Being of People with Lung Cancer. Oncology Nursing Forum. 31(1): 89-94. 

· Mirapeix, C. (2015). Tratamiento de personas con graves heridas emocionales. Una visión cognitivo analítica desde la multiplicidad del self. En Rodríguez, M.I., Giraldo, D.S. (Dirs.): De víctimas a Súper-vivientes. Burgos: Montecarmelo-Cites, p. 77-101.

· Peres, J.F.P., Moreira-Almeida, A., Nasello, A.G., Koenig, H.G. (2007). Spirituality and resilience in trauma victims. Journal of religion and health. 46 (3), 343-350.

· Reed, P.G. (1991). Self-trascendence and mental health in oldest-old adults. Nursing Research. 40: 5-11. 

· Rodríguez Fernández, M.I. (2014) Sentido del sufrimiento y trascendencia. En Lehman, O. (Ed.), Acompañar la finitud. Optimismo, sentido y trascendencia ante la incertidumbre del dolor, el sufrimiento y la muerte. Buenos Aires: San Pablo, 2014. p. 183-216.

· Santa Teresa de Jesús (1957). Las moradas del castillo interior. Madrid: Aguilar.

· Stein, E. (1994). La ciencia de la cruz. Estudio sobre San Juan de la Cruz. Burgos: Montecarmelo.

· Smith, T.; McCullough, M.E.; Poll, J. Religiousness and Depression: Evidence for a Main Effect and the Moderating Influence of Stressful Life Events. Psychological Bulletin. 2003; 129(4): 614–636.

· Vera Posek, (2006). La experiencia traumática desde la psicología positiva: resiliencia y crecimiento postraumático. Papeles del Psicólogo, 1 (27), 2006, 40-49.



[1] Expert on Mental Illness Reveals Her Own Fight, entrevista realizada por Benedict Carey el 23 de junio de 2011, en el New York Times: http://www.nytimes.com/2011/06/23/health/23lives.html?_r=1


[2] Recomendamos escuchar la interpretación de este poema por el coro de Taizé en https://www.youtube.com/watch?v=go1-BoDD7CI



* Nota: Imágenes de pixabay.

jueves, 1 de marzo de 2018

CONGRESO "CONFLUENCIAS ENTRE PSICOTERAPIA Y ESPIRITUALIDAD"


Foto de Pixabay (geralt)

Aquí os dejo un avance del programa del próximo congreso que haremos en octubre de este año desde la Cátedra Edith Stein que dirijo en Ávila. 

PRESENCIAL Y ONLINE

La idea de este congreso es tender puentes entre diferentes visiones (que vienen del ámbito de la psicoterapia y de la espiritualidad) que ayuden al ser humano a tener una vida más armónica e integrada, y que a su vez, también le aporten para sanar sus heridas emocionales, psíquicas, anímicas, etc.


XIX CONGRESO DE ANTROPOLOGÍA, PSICOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD
“CONFLUENCIAS ENTRE PSICOTERAPIA Y ESPIRITUALIDAD”

CÁTEDRA EDITH STEIN, UNIVERSIDAD DE LA MÍSTICA, ÁVILA

19-21 de Octubre de 2018


VIERNES 19 DE OCTUBRE:

Mañana:

- 9:15 -- Recepción y entrega de documentación.

- 10:00 - 10:15 --- Acto de apertura y presentación del congreso.

- 10:15 - 11.15 – Ponencia inaugural:
La psicoterapia y la espiritualidad en una sociedad de consumo
Eduardo Brik
Médico-Psicoterapeuta. Psicoterapeuta por la FEAP y Terapeuta Familiar por la FEATF. Supervisor Docente (FEATF)

- 11:15 – 12:45--- Mesa redonda
La aportación de la espiritualidad monástica al ser humano actual
José Antonio Vázquez Mosquera
Licenciado en semíticas, Master en Counselling, exmonje contemplativo
Karma Tenpa
Monje del Budismo Tibetano


- 12:45 - 13:15 --- Descanso.

- 13:15 - 14:00 --- Diálogo con ponentes presentes y público

  


Tarde:

16:00 - 17:00 --- Ponencia
El silencio que sana: la meditación
Vicente Merlo
Doctor en Filosofía, experto en religiones orientales


17:00- 18:00 –-- Ponencia
Dimensión terapéutica de la oración teresiana
Francisco Javier Sancho
Doctor en Teología Espiritual, especialista en Edith Stein, Director de la Universidad de la Mística

18:90 – 18:30 --- Descanso

18:30-19:30 --- Diálogo con ponentes presentes y público


SÁBADO 20 DE OCTUBRE:

Mañana:

- 10:00 – 11:00 --- Ponencia
¿Es más efectiva la psicoterapia cuando incluye las creencias religiosas? Resultados de la investigación
Michael King
Psiquiatra, Director del Departamento de Salud Mental del University College de Londres

- 11:00-12:00 --- Ponencia
¿Cómo podemos incluir la espiritualidad en la psicoterapia?
Maribel Rodríguez
Psiquiatra, Psicoterapeuta, Directora de la Cátedra Edith Stein

- 12:00 - 12:30 --- Descanso.

- 12:30 - 13:30 --- Diálogo con ponentes presentes y público



 Tarde:

16:00 - 17:00 --- Ponencia
Espiritualidad y perdón en psicoterapia
Inés Serrano
Doctora en Psicología, Profesora de la Universidad CEU-San Pablo

17:00-18:00—-- Ponencia
La conducta suicida y el sentido ante la vida. Cómo intervenir 
Alejandro Rocamora
Psiquiatra, Profesor del Centro de Humanización de la Salud y ex -Profesor de la Universidad Pontificia Comillas (Madrid).

18:00 - 18:30 – Diálogo con ponentes presentes y público

18:30 - 19:00 --- Descanso.


19:00 - 20:30 – Talleres
 1.- Taller de meditación: la escucha como camino espiritual
  José Antonio Vázquez Mosquera
2.- La oración teresiana: sanar la autoestima y la imagen de Dios
 Francisco Javier Sancho
3.- Comprendiendo el perdón
 Inés Serrano


Domingo 21 de Octubre:

- 10:00 - 11:00---  Ponencia 
Terapia cognitiva y San Juan de la Cruz
Luis Jorge González
Doctor en Psicología, Catedrático de la Pontificia Universidad 
Urbaniana y de la Facultad Pontificia del Teresianum de Roma


- 11:00– 12:00 --- Ponencia de clausura
Psicología y espiritualidad: el hombre como misterio
Amedeo Cencini
Doctor en Psicología, Profesor en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma


- 12:00-12:30 Diálogo con ponentes presentes y público



- 12:30 - 12:45 ---  Clausura de las Jornadas




Para información e inscripciones podéis escribir a info@mistica.es