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miércoles, 2 de septiembre de 2020

SALIR DE NOSOTROS MISMOS



Después de mi anterior escrito, titulado “Volver a nosotros mismos”, puede resultar totalmente contradictorio que, justo después, escriba otro sobre “Salir de nosotros mismos”, ya que, si he puesto énfasis en la necesidad de “volver a nosotros mismos”, ¿tiene sentido poner ahora énfasis en “salir de nosotros mismos”? Yo creo que sí, pues me parece que se trata de movimientos complementarios y que nos permiten encontrar un equilibrio razonable en nuestras dinámicas internas. 

El anterior escrito terminaba del siguiente modo: “Si el camino de vuelta es solo a mí, desprendida del mundo y del exterior, puede tratarse de una ficción narcisista. Si el camino de vuelta es hacia mí, con apertura hacia quien resuene conmigo, en un encuentro real, es cuando seguramente esté volviendo a ese lugar real que me configura y sostiene.”

Voy a intentar desarrollar, un poco más, lo que planteaba al final de mi escrito.

La cuestión de fondo es diferenciar en autocentramiento egocéntrico, que sería narcisista y autocomplaciente, del posicionamiento centrado, en donde la persona se sitúa en su ser real y, desde ahí, puede abrir las puertas de su “casa” desde la hospitalidad, la comprensión y la apertura a otros.

A veces escucho sobre el empeño en el volver a uno mismo, desde un autocentramiento egocéntrico, en un supuesto auto-conocimiento autocomplaciente, que lleva a una persona a validar la realidad solo desde sí misma, o incluso desde lo que cree su percepción de la realidad divina (por ejemplo, en su oración o meditación) y a pensar que su auto-realización es solo suya e individual, siendo los demás, en general, estorbos para el plan personal, si no le siguen el juego o el “baile”. Algo que es, aún más “peligroso”, cuando se trata de alguien más inteligente que la media y que tienda a la introversión. En ese caso, se puede instalar cómodamente en su parcela interior de seguridad, certezas, crecimiento personal o espiritual, inspiración, desarrollo profesional, etc., sin reparar en lo que pasa alrededor, ni en los que les pasa a otros. Llegando incluso, a provocar un gran malestar a su alrededor, sin darse cuenta, con sus actitudes. En estos casos, es posible que la persona sienta que sigue su verdadera senda vocacional, pero que los demás son incordios que no le entienden y que, incluso, si le molestan con sus actitudes, es porque son de inteligencia inferior, mediocres, primitivos, etc. Ante esas “molestias”, quien tenga tendencias narcisistas o egocéntricas tenderá a meterse más dentro de sí, despreciando al resto del mundo, pues es “incómodo”. Y no verá que ese mundo le resulta “incómodo” por su manera estrecha, exigente y dura de mirar las cosas. Lo que, no se debe confundir con tener una gran sensibilidad, o con que los demás no nos puedan resultar a veces inconvenientes. La cuestión es que, cuando son todos, o casi todos, los que solamente dificultan la propia realización personal, ¿no es más bien uno mismo el que está excesivamente centrado en sus propios intereses, ideas y actitudes? 

Cuando nos relacionamos con una persona así, normalmente sentimos inseguridad o perplejidad, pues son expertos en hacernos sentir culpables, por importunar sus importantes ocupaciones, que siempre estarán muy por encima de cualquier necesidad ajena, a la que, si se presta atención será desde una actitud condescendiente de aparente caridad, perdonándonos la vida y haciéndonos sentir privilegiados por el tiempo que nos conceden, desde su posición de dioses del Olimpo.

En el otro extremo, podemos detectar el centramiento sano y realista, con apertura a la realidad y a los otros, en quienes, aún estando ocupados y centrados en lo que la vida les pide, asumiendo sus responsabilidades y respondiendo a su vocación, escuchando su interioridad, son capaces de tratarnos con sencillez, sin muros, aunque puedan poner límites, pues el tiempo no es infinito. Tampoco tendrán por qué por qué responder a cualquier demanda de atención, en cualquier momento. Estar centrado sanamente es también respetarse a uno mismo y tomar consciencia de cuando se tiene energía disponible para los demás, de una manera equilibrada, pues “la caridad empieza por uno mismo.” Lo que veremos, en estos casos, será humildad y cercanía, aunque solo nos aporten 5 minutos de su tiempo, atención, firmeza, claridad, sencillez e interés por lo que planteamos. La claridad también la veremos reflejada en que, por muy ocupada que pueda estar esta persona, sentiremos la confianza de que tendremos respuesta cuando realmente le sea posible decirnos algo. Conozco a personas que están realmente muy ocupadas, que aprovechan, desde el amor, el tiempo que les es posible para otros, para decir que están ahí, que te acogen, que les importas y que sufren por lo que sufres, pues son capaces de salir de sí mismas. Esto se percibe en una resonancia en el encuentro, por una atención determinada (no una cara de póker o de falsa caridad), por un afecto espontáneo que nace (cuando se da), que facilita un vínculo real. Estas personas nos muestran una posibilidad de diálogo y de apertura ante las dificultades que puedan surgir, desde la acogida, la humidad y la sencillez. Sin que nos provoquen el temor, al acercarte a ellos, de que les estás molestando ante todas las cosas tan “superimportantes” que tienen que hacer, que, “obviamente”, son mucho más importantes que lo que viven como tus reclamos o exigencias de inferior nivel.

En ambos casos las personas pueden parecer aparentemente centradas, y sus discursos parecer semejantes, pero, las consecuencias, en el trato, especialmente en quienes nos relacionamos con ellos nos llevan a percibir y sentir algo muy distinto. 

Quizás, todos, en algún momento hemos podemos vivir en el centramiento egoísta. Y lo más posible es que, nos movamos habitualmente por lugares intermedios. Para no perdernos en los egos-centrismos, creo que lo importante es tomar consciencia de por donde vamos para buscar la posición más centrada, abierta y real, para una vida más plena, humana, humilde y consciente, donde el indicador más claro es la cuestión de si realmente nos importan los otros, es decir, si somos capaces de sentir amor por ellos.

sábado, 7 de marzo de 2020

CORONAVIRUS, VIVIR CON INCERTIDUMBRE




Todos estamos al tanto, en mayor o menor medida, de los problemas derivados de la epidemia de coronavirus. Lástima que parte de la información que se nos da sea sesgada, sensacionalista o imprecisa. 

La información que resulta más útil es la que nos aporta ideas claras acerca de lo que podemos hacer para prevenir el contagio de la enfermedad. De nada sirve saturarnos de información, si no percibimos la posibilidad de hacer algo para controlar, al menos parcialmente, lo que sucede.

El problema en este caso es que aún se sabe relativamente poco acerca del virus, de por dónde anda y de sus riesgos reales. El virus, ahora mismo, parece una especie de ente invisible que amenaza nuestra salud y que escapa a nuestro control, por más que deseemos ejercerlo.

El coronavirus nos está llevando hacia una gran incertidumbre. Da la impresión de que es mucho más lo que no sabemos, que lo que sabemos. O bien, lo que sabemos no es suficiente para tener controlada la situación.

El coronavirus nos ha puesto delante de nuestra propia vulnerabilidad y de nuestros miedos. Por eso, es preciso poner un nombre concreto a esos miedos para poderlos combatir uno por uno. Si no, corremos el riesgo de que se enmarañen dentro de nuestras mentes hasta que sea difícil saber cómo salir del enredo. Los miedos concretos que hay que nombrar, para manejarlos mejor son: el miedo a la enfermedad, el miedo a la pérdida de control, el miedo a la pérdida de seguridad, el miedo a la muerte, el miedo a que nuestros seres queridos se enfermen, el miedo a la incertidumbre, etc. Estos miedos nos hacen más conscientes de la fragilidad de nuestras vidas, pues normalmente vivimos sin plantearnos qué es lo que las puede alterar, por mucho que racionalmente sepamos que esto es posible en cualquier momento. El vivir de espaldas a nuestra fragilidad es una forma de protegernos de los miedos, pero nos puede hacer llevar a ser inconscientes y débiles ante las situaciones difíciles que se nos pueden presentar, pues no tendremos la preparación adecuada para ello.

En estos momentos, el reto que se nos presenta es el de cómo enfrentarnos al coronavirus. Y, en general, no estamos psicológicamente preparados para situaciones de este tipo. Podemos comprobar que muchos pasan de la negación del “no es nada” a la psicosis que les lleva a percibir esta situación como un evento apocalíptico. 

Necesitamos recuperar el sentido común y enfrentarnos exactamente a lo que está sucediendo, aquí y ahora, a nuestro momento presente, con prudencia. Lo fundamental es centrarnos en lo que sí depende de nosotros: lavado de manos, higiene, alimentación saludable y cuidado general de nuestra salud, consultar con el médico si es preciso tomar medidas adicionales (como cuando hay enfermedades previas o un sistema inmunológico debilitado), evitar grandes aglomeraciones, pedir ayuda médica si hay indicios claros de contagio o contacto previo con enfermos, etc. 


Por otro lado están algunas medidas psicológicas que nos pueden ayudar a afrontar la incertidumbre:

- Tomar consciencia de que en nuestra vida no podemos controlarlo todo y centrarnos en manejar lo que sí depende de nosotros (como las medidas señaladas previamente).

- Diferenciar los miedos y afrontarlos separadamente, como ya se ha dicho. Y no alimentarlos con nuestra imaginación, pensando en cosas terribles que creamos que pueden llegar a pasar. Es mejor planificar que estar anticipando catástrofes imaginarias, pues eso produce ansiedad. Es mejor planificar qué es lo que podemos hacer ante la situación, de forma realista, centrando la atención de que lo que haya que hacer es por nosotros y por nuestros semejantes. Mirar más allá de nosotros mismos también nos saca de un egocentrismo, que finalmente nos perjudica psicológicamente, pues, aparte de aislarnos y de hacernos insolidarios, nos sumerge más en la burbuja imaginaria de nuestros miedos.

- Pedir información y ayuda si sospechamos que podemos estar contagiados. Hay un teléfono en cada Comunidad Autónoma para este fin. En el siguiente enlace tenéis los teléfonos para este fin: https://www.diariosur.es/sociedad/salud/telefonos-consulta-sobre-20200302143541-nt.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F&fbclid=IwAR0rgeOBxr38GxMI5r67WcjV6jejcfKlUbF2AtUIL0IjbRxjUzo5RSSA61I

- Centrar nuestra mente y atención en lo que nos ayude a relajarnos. Para eso están las actividades de ocio que normalmente nos hacen sentir bien. El prevenir el estrés y realizar actividades que nos relajan es también un factor que contribuye al buen estado de nuestras defensas contra posibles virus.

- Ser solidarios y pensar en los demás. Estamos en un momento en el que es preciso ayudarnos unos a otros. Crear redes de apoyo, de comprensión, de solidaridad con los enfermos, o con quienes están en cuarentena, es fundamental. Por ejemplo, estando pendientes de ellos con llamadas y mensajes, para que no se sientan solos y aislados. También el normalizar la situación y no dramatizar los casos que se den. Cuando nos encontremos con casos graves, de personas hospitalizadas, es muy importante apoyar a las familias y allegados. El virus puede alterar la salud, pero no puede destruir el amor y la solidaridad entre los seres humanos. No dejemos que el miedo coarte nuestra humanidad.




- Comprender que en toda vida humana se dan, antes o después, situaciones de fragilidad y de incertidumbre. Ante ellas, nos queda la posibilidad de ser creativos, generando nuevos recursos e ideas. También siempre nos queda la posibilidad de elegir la actitud que afrontamos acerca de ello, tratando de afrontar la situación desde lo que sí podemos hacer, por ejemplo, tomándola como un reto y como una oportunidad para ayudarnos unos a otros.

- Rezar o meditar: para quienes sean creyentes o tengan la opción de meditar, esta puede ser la oportunidad de mirar más allá de sí mismos y pedir por la salud de todos. Por favor, no nos quedemos en rezar solamente por nosotros mismos y por nuestros seres queridos. Una situación así ha de hacernos conscientes de que el problema es global. Y más si pretendemos formar parte de tradiciones espirituales que quieren hacer bien a la humanidad. Salgamos de la espiritualidad/religiosidad narcisista hacia una visión más amorosa, amable y compasiva para con todos. A su vez, la oración y la meditación aportan paz y energía extra, nos hacen más fuertes frente al estrés y, según ciertos estudios, aumentan las defensas.



                          

                          


Las situaciones de crisis, como la que se está dando, pueden ser, en parte, oportunidades para abrir la consciencia a una visión más realista de la vida: somos seres finitos y limitados, pero no por eso la vida deja de ser valiosa o de tener sentido. También es la oportunidad de tomar consciencia de lo que podemos aportar a otros, lo que puede ayudar a superar el individualismo enfermizo en el que muchos viven. Quizás, a pesar del sufrimiento y de la desesperación de muchos, algunas personas puedan mirar más allá y darse cuenta de que todos somos importantes para ayudar, prevenir, comprender e investigar. Luchemos contra la incertidumbre asumiéndola como parte de la vida, pero siendo también parte activa en la resolución del problema, como actores necesarios para que todo vaya de la mejor manera posible. ¡Que la fuerza nos acompañe! 





* Nota: imágenes obtenidas de Pixabay.

martes, 25 de septiembre de 2018

PELIGRO, TERAPIAS LIGHT A LA VISTA


Imagen de pixabay (JerzyGorecki)

Si yo estuviera pasando un mal momento en mi vida y considerara necesario recurrir a una ayuda psicoterapéutica me pensaría muy bien a quién acudir. Buscaría a una persona con la formación adecuada para aportarme herramientas que me ayudasen a reparar mis tornillos flojos y por supuesto honesta, con experiencia de la vida y con unos mínimos de equilibrio psicológico.

Al igual que, si quisiera arreglar mi coche, buscaría unas garantías mínimas acerca del mecánico en el que delego la reparación del vehículo.

Creo que, cuando buscamos arreglar un problema personal o una avería del coche todos queremos unas mínimas garantías de que el problema se diagnosticará y se resolverá adecuadamente .

El problema es, que en relación con la cuestión de las psicoterapias, la mayoría de las personas están muy desinformadas y, desde ese desconocimiento, pueden ponerse en las manos de falsos psicoterapeutas. Es decir, en manos de personas que no tienen la suficiente formación, experiencia y herramientas para tratar los problemas psicológicos que uno quiera solucionar. No basta con que los supuestos terapeutas nos caigan simpáticos, resulten inteligentes, se vendan como grandes expertos o nos seduzcan con habilidad. Seamos cuidadosos con nosotros mismos y verifiquemos las promesas de esos “terapeutas light”.

Son muchos los que ofrecen hoy en día “terapias”, obteniendo diversa clientela gracias al desconocimiento des sus “víctimas”. Las “terapias” que se ofertan hoy en día para todo tipo de cosas están sufriendo un aumento vertiginoso. 

Algunos de estos supuestos terapeutas incluso tienen el atrevimiento de afirmar que saben más de la vida que los que llevan años de formación y de estudio, además de experiencia personal, etc. Ellos mismos son el aval de su rigurosidad y eficacia porque “sienten”, “perciben” o “creen” que están suficientemente capacitados. Según estas personas no es necesario aprender tanto, ni practicar tanto, o incluso, consideran a los que hemos pasado años en una formación universitaria, como personas demasiado “mentales”, “cuadriculadas” o incluso “ignorantes” de las cosas de la vida. 

Volvamos a la metáfora del coche. ¿Os fiaríais igual del mecánico que ha estado un par de meses un taller y ha hecho un cursito a distancia de quien lleva años de experiencia y ha estudiado a fondo la mecánica de los coches? Yo no lo haría. 

Pero en el caso de las “terapias” muchas personas caen en lo que me atrevo a denominar “terapias light”. Terapias sin suficiente base científica o bien terapias eficaces aplicadas por aficionados que se consideran “suficientemente preparados” sin pasar por los “controles de calidad” que otros hemos de pasar. 

Considero que, en toda esta confusión son varios los factores para establecer la diferencia entre psicoterapias serias y las “terapias light”. Me centraré en los que me parecen más importantes:

1) Las personas con una formación universitaria u oficial en psicoterapia pasamos “controles de calidad” (exámenes, trabajos, pruebas, psicoterapia personal, etc), que, aunque puedan no ser suficientes, sí establecen unos mínimos que han de cumplirse para trabajar. Además, en estos casos, uno no decide por si solo que sí es capaz de hacer algo, sino que ha de demostrarlo ante personas expertas en como se hace ese algo.


2) Quienes adquirimos esa formación oficial, aparte de aplicar tratamientos, tenemos herramientas de diagnóstico que los terapeutas que llamo “light” no tienen. Lo que supone que sea más probable, que una vez detectados bien los problemas tengan menos capacidad para encontrar una solución o una orientación adecuadas. Llegar a un diagnóstico o comprender los síntomas de un paciente puede llevar varias horas y tiene un método que es muchas veces complejo y delicado. No se trata de “corazonadas”, “intuiciones” o “impresiones” y, si se dan, se verifican y comprueban.

3) Los que nos hemos formado “oficialmente” hemos establecido un compromiso ético y un “juramento hipocrático” (en el caso de los médicos) que no nos debemos saltar, pues si nos lo saltamos pagamos con unas consecuencias legales que pueden llevar a la inhabilitación e incluso a la cárcel. Esto no sucede, con la misma contundencia con quienes no tienen título oficial, pues no adquieren el mismo grado de compromiso y si son inhabilitados adquieren otros títulos de camuflaje, para ejercer desde otra “terapia”. Obviamente también han de ir a la cárcel si cometen delitos graves, pero hay vacíos legales que hacen que su responsabilidad previa sea más difícil de determinar y pagan menos las consecuencias de sus errores. Algo injusto para quienes nos hemos molestado en cultivar cuidadosamente nuestras habilidades terapéuticas.

En mi quehacer diario es doloroso ver a personas perjudicadas por pseudoterapeutas o terapeutas light por las siguientes vías:

1) Falta de conocimientos suficientes para tratar el problema del paciente, por lo que se pierde tiempo con tratamientos que no funcionan, o que incluso perjudican al paciente (pues no se trata con lo que le conviene o bien se dan indicaciones que directamente son perjudiciales para su salud).

2) Falta de conocimientos suficientes para diagnosticar el problema del paciente, por lo que se puede indicar no acudir a un profesional de la salud mental cuando sea necesario hacerlo, con el consiguiente sufrimiento del paciente. Que, en ese caso, tampoco recibe el tratamiento adecuado y simplemente se “marea la perdiz”, pues ni se entiende ni se sabe lo que le pasa. Algunas veces he escuchado a pacientes decir que uno de estos “terapeutas” les ha dicho que no necesitaban psicólogo o psiquiatra con el retraso de un tratamiento adecuado de hasta años. Algo que, lógicamente, ha aumentado el sufrimiento del paciente durante más tiempo, o agravado su sintomatología o situación sin tratar, por no ser orientados desde el campo adecuado.


Imagen de pixabay (ThePixelman) 

3) Falta de compromiso ético y, como consecuencia, vulneración de los límites que supone una psicoterapia seria. Pueden darse casos menos graves de vulneración del código ético de un psicoterapeuta como hacer creer a los pacientes que son amigos y no respetar los límites relacionales que supone estar en psicoterapia con alguien. Un ejemplo es cuando no se cuida el no coincidir en ámbitos personales y laborales fuera del entorno psicoterapéutico. No hablo de encuentros no programados o casuales que pueden ser inevitables, sino de no cuidar la intimidad y espacio suficiente entre terapeuta y paciente, para que aquél pueda actuar con mayor objetividad. Se puede llegar a casos más graves de abusos económicos, sexuales, explotación laboral, etc. en nombre de una terapia que carecía de fundamento en sus orígenes. Obviamente estas conductas también son faltas de ética con psicoterapeutas con títulos oficiales, lo que señalo es que solemos ser más conscientes de la necesidad de marcar límites relacionales. Recomiendo desconfiar de terapeutas que no respetan que la vida privada suya ha de separarse de la del paciente. Es decir, no debemos fiarnos de terapeutas que pretenden compartir su vida privada con nosotros, que nos captan para sus actividades grupales (asociaciones, tareas comunes, grupos de amigos, grupos religiosos o espirituales, etc. ) y no digamos si nos ofrecen relaciones ambiguas o explícitas en el terreno afectivo y sexual. Estos casos de vulneración de lo que llamamos ética profesional los veo más frecuentemente entre terapeutas sin la formación suficiente (a veces simplemente porque nadie les ha dicho que esta confusión de roles daña a los pacientes).

Estamos en un momento en el que el aumento de diversas “terapias” aplicadas por no médicos es vertiginoso. Lo que incluso perjudica cuando estas terapias son llevadas a cabo por médicos, psiquiatras o psicólogos. Tal es el caso de la hipnosis, de las medicinas complementarias y de otras psicoterapias, que a base de aplicarse sin los suficientes conocimientos, acaban injustamente metidas en el saco de las pseudociencias, etc. Más bien la aplicación de procedimientos “terapéuticos” por pseudocientíficos es lo que ha de ser urgentemente cuestionado y criticado. 

Recomiendo, en caso de acudir a un psicoterapeuta, verificar los siguientes puntos:

1) Que sea psicólogo, psiquiatra o médico.

2) Que tenga, en el caso de ser psicólogo un título de psicología clínica, si se ha de tratar un trastorno mental. 

3) Que tenga, en el caso de ser psicólogo, un título oficial en psicoterapia (master o postrado universitario), cuando no se trate de un trastorno mental.

4) Que tenga, en el caso de ser psiquiatra o médico, un título oficial en psicoterapia (master o posgrado universitario). 


Imagen de pixabay (422737)