viernes, 29 de mayo de 2026

CUANDO EN LA PSICOTERAPIA NO SE ENTIENDE UNA CRISIS EXISTENCIAL. UN EJEMPLO DE LA FICCIÓN

    


Imagen que simula sesión de terapia online (creada con Canva)


    En mi novela "De otro mundo", he tratado de mostrar de forma didáctica diversos aspectos de cómo viven las crisis existenciales las personas superdotadas y he mostrado posibilidades de evolución de las mismas a través de diferentes personajes. A continuación, os dejo un fragmento de la novela en el que su protagonista (Aurora) tiene una sesión de psicoterapia con su psicólogo (Benito). Aurora es una psiquiatra superdotada que trabaja en la universidad como becaria y sufre una situación de abuso académico por parte de su jefa, la catedrática narcisista Esmeralda Queen.

    En este capítulo pongo de manifiesto, de una forma caricaturizada, varios errores que comete su terapeuta a la hora intentar de orientar a su paciente ante lo que le pasa y, sobre todo, el riesgo de no entender que ciertas preguntas, sufrimientos e inquietudes pueden ser una puerta de acceso a una mayor sabiduría o sentido en la vida. He intentado reflejar experiencias que me han contado varios de mis pacientes superdotados cuando no han logrado entendidos por sus psicólogos o psiquiatras, en las crisis existenciales que han sufrido.

    Quiero aclarar que mi intención con este fragmento no es criticar ninguna orientación psicoterapéutica concreta, sino invitar a reflexionar sobre una pregunta: ¿qué ocurre cuando intentamos silenciar preguntas que quizá necesitan ser escuchadas?

    En otro post haré explícitos los errores terapéuticos que pongo aquí de manifiesto. Antes os animo a señalarlos vosotros. ¿Qué os parece erróneo en esta intervención?


SESIÓN DE TERAPIA FALLIDA:

Benito siempre intentaba ayudarla a adaptarse más a lo que le parecía lo más adecuado, para que funcionara productivamente, empujándola a ir saliendo de sus absurdos pensamientos neuróticos.


Cuando Aurora entraba en sus crisis existenciales, se sentía angustiada y no se veía capaz de pensar con claridad. No sabía cómo podía llegar a ahondar en el significado de sus inquietudes más profundas. Temía que, si profundizaba en ellas, podría llegar a abrirse en ella un abismo de sufrimiento inmanejable, tal y como su psicólogo le advertía que podía llegar a pasarle. Por este motivo, hacía ingentes esfuerzos por acallar sus angustias, intentando olvidarse de sí misma y logrando llegar a un silenciamiento mental con las gafas[1] de Esmeralda. Al menos, al usarlas, se paraban sus pensamientos y su angustia se calmaba. Así lograba desconectarse del dolor, pero también se acababa sintiendo alienada de todo. La única ventaja que encontraba con ese sistema de anestesia era que llegaba a estar más indiferente y despreocupada frente a todo lo que la inquietaba. Aunque cada vez las usaba menos, porque no acababan de convencerle las sensaciones que le provocaban.


Benito conocía las crisis de Aurora, pero solo sabía inducirla a ignorarlas, haciendo énfasis en que ella intentara ser lo más normal posible, enfocándola en lo que le sirviera para estar bien. Le parecía que Aurora se empeñaba en pensar cosas raras que no la llevaban a ningún sitio. No la estimulaba a comprender qué era lo que la inquietaba, porque consideraba que se trataba de un terreno resbaladizo y peligroso en el que no había que asomarse en absoluto. Benito era incapaz de comprender lo que le pasaba a su paciente. Creía que el pensar como lo hacía ella en sus crisis era un síntoma de una neurosis obsesiva y el camino hacia una depresión profunda. Para él, poner atención en lo que le surgía en ese estado no llevaba más que a un sufrimiento neurótico infinito que no tenía ningún sentido. Así que su objetivo terapéutico consistía en enfocarla en las cosas que él creía que la motivarían a estar bien. Por ello se sentía orgulloso de haberla sacado, una y otra vez, de un abismo depresivo, en el que Aurora no podía encontrar más que oscuridad y vacío. 


Las inquietudes de Aurora le ponían frente a su propia incapacidad para hallar un sentido consistente para su vida. Por este motivo le resultaba más fácil convencerla de que debía salir de sus obsesiones y de que lo importante en la vida eran el éxito profesional y la superación de sí misma. Como ella tenía mucho talento intelectual, era necesario “explotarlo”. Solo así llegaría, por fin, a ser feliz de verdad. Intentaba así inculcar a su paciente su visión de la vida (en gran medida insertada en su mente por Esmeralda). Para lograrlo le decía frases como: “Sigue con tus proyectos y céntrate en conseguir más resultados”, “Haz listas de dificultades y anota cómo haces para salir de ellas y empieza con lo que te resulte más fácil”. Como Aurora tendía a ser demasiado sugestionable, acababa aceptando lo que le decía su terapeuta, porque suponía que sabía lo que hacía, tratando de adaptarla a lo que se consideraba “lo normal”. Pero, a pesar de su “adaptación”, Aurora no podía impedir “recaer” periódicamente en nuevas crisis que le hacían preguntarse por el sentido de todo. Cada vez resurgían en ella de una forma más acuciante e intensa. Aurora se había dejado convencer de que lo suyo era parte de un trastorno neurótico con el que tendría que convivir toda la vida, pues no acababa de dar con una solución definitiva a sus problemas existenciales recurrentes.


Mientras Aurora se preparaba para la cita online que tenía con Benito, imaginaba cuáles serían ese día las respuestas de su terapeuta: “Aurora, no te compliques la vida, tienes creencias irracionales que te hacen creer que tus pensamientos negativos reflejan algo real, pero escuchándolos no lograrás nada”. “¿Otra vez te estás comiendo el coco, para qué?” “No des tantas vueltas a la cabeza, tienes pensamientos obsesivos de los que te tienes que distraer, sabes perfectamente cuál es el sentido de la vida, no te distraigas con discos rayados que no te llevan a ningún sitio”. “Céntrate en el presente y en tus sensaciones; el presente es lo único que existe, no pienses y no juzgues tanto; hacerlo te aleja de lo esencial”.


En otras ocasiones, estas ideas de su psicólogo le habían ayudado a dejar de lado sus inquietudes existenciales, con una sensación aparente de alivio de su malestar. Pero esta vez esas frases que venían a su mente le resultaban vacías y absurdas. ¡Sí que tenía que estar mal si no le servían de nada! Por primera vez, después del tiempo que llevaba en terapia con su psicólogo, no le aportaban nada. Le parecían estúpidas. ¿Y no sería que su psicólogo se sentía incómodo con estas cuestiones porque no sabía abordarlas? ¿No sería que no la comprendía? 

Se sintió triste por pensar mal de él, pues siempre la había tratado con respeto y con cariño. Por un momento tuvo la sensación de que le venían estos pensamientos porque se activaba en ella su perfeccionismo, su hiperexigencia y su tendencia a ver todo de manera diferente al resto de la gente, por ser una friki incorregible. ¿Y por qué no dejarse ser como fuera? ¿Qué problema había en dejarse ser rara? Por un momento tuvo la sensación de que sus inquietudes existenciales tenían algún valor. Quizás había en ellas algo constructivo que ponía en marcha una búsqueda de sus anhelos más profundos. ¿No la llamarían a mirar la vida de otra forma? ¿No aparecerían en ella recurrentemente estas preguntas por algún motivo? ¿No era inapropiado acallarlas si podían tener algún tipo de respuesta? Y, si no tuvieran respuesta, ¿por qué no permitirse ahondar en ellas hasta sus últimas consecuencias? Pensar de este modo le fue trayendo un cierto alivio y más tranquilidad, a pesar de no entender muy bien qué le pasaba. 


Cuando empezó la consulta con Benito, Aurora le describió sus actividades del día, le habló de sus dificultades con sus tareas académicas y de las incomodidades que le provocaba su jefa. Esta vez no tenía ganas de hablarle sobre las cuestiones existenciales que ya sabía que iban a ir siendo sepultadas e ignoradas por él. ¿Para qué volver a ellas? Así que decidió centrarse en otros temas más banales y desahogarse hablando de lo que la disgustaba cada día en su trabajo:


—Estoy cansada por el trabajo intenso de los últimos días. Tengo la sensación de que Esmeralda se aprovecha de mi tiempo sin consideración. Por este motivo, mi visión de ella no es tan buena como antes. Muchas veces me da tareas demasiado simples cuando paso de ser su becaria a ser su secretaria. Yo no me he metido a ser becaria para hacer trabajos que no me corresponden. Me siento desmotivada y creo que tendría que hacer más con mi doctorado. Estoy atascada con ello, lo que me hace sentirme bastante mal. Además, Esmeralda apenas me orienta y casi es mejor ni preguntarle, porque me dice perogrulladas y me da consejos muy básicos. No sé si sabe tanto como dice. El otro día le pregunté por un procedimiento estadístico y me remitió a chatear con una IA. Está demasiado enfocada en sus conspiraciones políticas y en agradar a los poderosos que la favorecen. Siento que no le importo más allá de mi rendimiento; quizás mi trabajo solo le importa como medio para alcanzar más éxito y protagonismo. Por no hablar de su ambición desmesurada por ganar dinero a toda costa, aliándose con quien haga falta para conseguirlo. Por otra parte, aunque habla de meditación y de espiritualidad, sus conductas no parecen coherentes con lo que predica. Yo no la veo muy pacífica y ecuánime; constantemente tiene ataques de ira por nimiedades. Solo parece feliz cuando consigue ser alabada y admirada por otros. Incluso presume de ser “encantadora de serpientes” cuando hace gala de su capacidad para manipular a otros, lo que me resulta muy desagradable. Pero quiero pensar que en el fondo es buena, porque en algunas ocasiones es amable conmigo. No sé qué traumas de su infancia han condicionado sus conductas egocéntricas. Sí que ha tenido que pasarlo mal en la vida la pobrecilla. —Nuevamente Aurora caía en su cierta tendencia a justificar las malas acciones de sus semejantes y así también trataba de compensar la culpabilidad que sentía por criticarla.


Benito la escuchaba con atención, pensando en qué podía aportarle que pudiera resultarle útil. A la vez, se sentía incómodo con las críticas dirigidas a Esmeralda, a la que admiraba profundamente. Por ello, prefería pensar que las quejas de Aurora eran producto de sus síntomas neuróticos que la hacían incapaz de tolerar pequeñas frustraciones. 


Mientras escuchaba a Aurora, decidió estructurar su aportación para que fuera más científica y eficaz. También quería impresionar a Aurora con su profesionalidad. Para ello decidió que el paso 1 de la sesión del día sería escuchar y aparentar aceptación incondicional con una sonrisa, a pesar de sentirse incómodo con lo que su paciente decía. Después de aplicar el paso 1 durante unos 10 minutos, pasaría a aplicar el paso 2, dándole la indicación de concentrarse en algo positivo. Gracias a su afición a los libros y apps de autoayuda, tenía un abundante repertorio de frases e ideas suficientemente buenas para neutralizar las quejas que consideraba absolutamente improductivas y absurdas. Él ya se había aplicado a sí mismo ciertas reprogramaciones mentales para ser más positivo. Además, usaba con frecuencia las gafas de silenciamiento mental de Esmeralda, por las que se sentía inmensamente agradecido. Gracias a ellas había podido dejar su propia psicoterapia porque ya no tenía que pensar en nada que le preocupara. Debido a estos efectos que consideraba terapéuticos para sí mismo, había llegado a la conclusión de que Esmeralda era un genio de la psicoterapia. Motivo por el cual estaba totalmente entregado a su causa. Su dinámica de entrega y sumisión supuso que fuera elegido por ella como un colaborador cercano y que le encomendara el trabajo de hacer psicoterapia a sus becarios, para que lograra que acabaran funcionando según los parámetros “adecuados”. 


Después de que Aurora expusiera sus quejas, Benito le dijo:


—Entiendo por lo que debes de estar pasando y te comprendo; debe de ser muy duro sentirse así (utilizó una frase de terapeuta principiante para aparentar una respuesta empática).  Pero veo que estás siendo demasiado negativa con Esmeralda. Ella te ha dado una magnífica oportunidad. Has de ser menos exigente y perfeccionista. Has de saber que a veces Esmeralda baja el nivel del trabajo de sus discípulos para que trasciendan sus egos y así se vuelvan más sabios (no decía esto totalmente convencido, pero estaba obligado a decirlo así). Es una gran maestra. Conmigo lo hizo muchas veces durante el primer año del doctorado, hasta que aprendí a captar su sabiduría y pude ver muchas cosas igual con su perspectiva de persona iluminada. Cuando ya empecé a percibir todo con claridad y acepté su forma de trabajar, es cuando realmente crecí como profesional y como ser humano. Es más, gracias a sus gafas silenciadoras es como finalmente he alcanzado la plenitud iluminada del no pensamiento. Sé que te resistes a veces a usarlas porque te gusta experimentar demasiado con tus pensamientos. Aún tienes demasiado ego, lo que dificulta tu proceso. Deberías usar más las gafas cuando te vienen pensamientos tan negativos hacia la persona que tanto te ha ayudado. Así es como vas a encontrar finalmente tu mejor versión y a triunfar. ¿No quieres encontrar tu mejor versión? Cuando la encuentres, llegarás al mejor estado posible de existencia y lograrás llegar al triunfo que te mereces. Entonces todos creerán en ti y triunfarás. El éxito o el fracaso dependen de lo que atraes con tus actitudes; solo busca tu mejor versión. —Benito repetía las consignas de Esmeralda para intentar lavarle el cerebro con ellas. 


—No acabo de estar convencida de lo que me dices y aún menos de lo de mi mejor versión. ¿Cuál es mi mejor versión? ¿Cómo es? ¿Siempre será la misma o cambiará? ¿Y para qué quiero el éxito? ¿De qué me sirve? ¿Para qué buscar otra versión de mí? Quizás no me convenza lo que dices porque tenga un problema de orgullo y de rebeldía, como ya me has señalado otras muchas veces. ¡El dichoso ego! Lo que pasa es que ahora siento que necesito hacer las cosas a mi manera, aunque corra el riesgo de fracasar por culpa de mi “ego”. No obstante, tengo claro que cuando he hecho las cosas a mi manera, no me ha ido tan mal. Ahora no sé por qué estoy tan inhibida a la hora de fiarme de mi criterio. En estos momentos no entiendo bien qué es lo que falla, ya que hago todo lo mejor que puedo. Quizás me equivoco al estar molesta con lo que no me acaba de gustar y porque pienso más de la cuenta. No puedo evitarlo. ¿Sabes que a veces, cuando Esmeralda me dice que hago todo demasiado bien, parece crispada por ello? No sé por qué le molesta tanto. No sé cómo es posible que le dé envidia que yo sepa algo que ella no sabe. Es absurdo, pero a veces llega a darme esta sensación. Y te aclaro que tampoco me atrae la idea de tener éxito como tú lo planteas. A mí lo que me aporta alegría es la sensación de éxito que surge como resultado de hacer bien algo que merece la pena. Para mí el éxito es una consecuencia, es la satisfacción que emerge de estar en sintonía con lo que me parece valioso. Si pienso en el éxito como un fin al que hay que supeditar todo lo demás, tengo la sensación de que me estoy prostituyendo de algún modo.


Benito la interrumpió súbitamente, pues la palabra “prostituyéndose” la sintió como una espina envenenada que le confrontaba con sus propias conductas. Y era inadmisible que una paciente le confrontara a él, dado que tenía que ser superior a cualquiera de ellos (idea absurda que en el fondo encubría sus grandes inseguridades).


—Aurora, ¡qué barbaridad dices! ¡Seguir la propia vocación y hacerlo todo bien a toda costa no es prostituirse! Es cierto que a veces hay que ceder, frenar el orgullo, dar la razón a quien no la tiene, aliarte con personas repugnantes y hacer excesivos “favores”, que pueden llegar a ser bastante desagradables, pero resulta que el mundo está hecho así. Y todos tenemos que sobrevivir como podamos. No puedes vivir en las nubes pensando que las cosas ocurren como si estuviéramos en un mundo ideal. ¡Eso no existe! Tu perfeccionismo y tu moralismo a veces son excesivos y pareces creerte mejor que nadie. ¿Nunca has pensado que puedes ser molesta con tus actitudes de superioridad moral? Tu neurosis obsesiva puede ser muy desagradable. ¿Lo sabías?


Aurora se quedó perpleja y desconcertada ante esa respuesta. Benito le estaba haciendo luz de gas, culpándola a ella de los problemas que le generaban otros. Notaba cómo su psicólogo la estaba queriendo dirigir en una dirección con la que ella no se identificaba en absoluto. El malestar interno que llevaba acumulado por diversas circunstancias la llevó a perder la paciencia y a no controlarse, como solía hacer habitualmente. Respondió a Benito también interrumpiéndole y en un tono con el que no la había escuchado antes:


—¡Ya no puedo más, Benito! ¡Te estás pasando y no sabes ni de lo que hablas! ¡Siento que me das consejos estúpidos! Sé que soy rara y que no es tu culpa que yo sea una paciente atípica. ¡Pero no puedes ayudarme, no tienes ni idea de lo que me pasa! ¡No me entiendes! A veces pareces mi enemigo y tengo la impresión de que quieres suprimir lo que soy, como si pretendieses encajarme en un esquema preestablecido que consideras válido e igual para todos. ¡Y yo no soy un mono de feria al que puedas domesticar! ¡Quédate con tus consejos de pacotilla! ¡Son estúpidos! ¡Y no me hagas luz de gas! ¡Eso es maltrato! No voy a dejar que me manipules. —Aurora respiró hondo tres veces, dándose cuenta de que había perdido los papeles y de que necesitaba calmarse. Al mismo tiempo, se sentía liberada.


Entretanto, Benito la observaba desconcertado y nervioso, sin saber qué decir. Nunca se hubiera esperado una reacción así de Aurora, ya que siempre era muy educada y correcta. Creía que después del tiempo que llevaba con ella ya la tenía bastante controlada. De repente parecía haberse derrumbado todo su trabajo. Se sentía tenso y desconcertado por haber perdido el control de la situación. Se puso las gafas de no pensar para no angustiarse más. No quería tener la posibilidad de cuestionarse a sí mismo en algo. Cuando las gafas empezaron a hacerle algo de efecto, respondió a Aurora de una forma mecánica, que correspondía a las instrucciones del último libro que había leído sobre momentos incómodos con pacientes difíciles. Ya no recordaba el contenido exacto de lo sucedido, pero sí que se había dado un momento tenso, pues lo tenía apuntado en su libreta electrónica.


—Veo que necesitabas expresar algo complicado para ti, ¿quieres que hablemos de algo más? Comprendo cómo te estarás sintiendo —dijo Benito de forma protocolaria y mecánica.


—¿Me comprendes? ¿Qué comprendes? ¿Ya estás con las frases hechas de manual? ¡¿Y con las gafas?! No entiendes nada. —Por un momento Aurora se dio cuenta de que estaba siendo demasiado dura con él y cambió su tono—.  Disculpa mi reacción y mis palabras, Benito. Llevo unos días pasándolo mal y he perdido los nervios. Mejor vamos a terminar la sesión por hoy. No tengo fuerzas ni ganas de contarte nada más y necesito reflexionar a solas acerca de lo que me sucede. Quiero también pensar en si sigo o no en terapia contigo. Sé que quieres ayudarme, pero tengo la sensación de que algo no acaba de encajar entre nosotros e inseguridad acerca del proceso que estamos haciendo. No veo que realmente me ayudes. Más bien siento que lo que me aportas me entorpece cada vez más. Además, me da muy mala espina el que te hayas puesto las gafas de no pensar en mitad de una sesión. ¿No ves que te pones en evidencia? ¿No tienes más recursos para manejar la situación? 


Benito se había puesto colorado y sudaba, a pesar de que las gafas amortiguaban parte del golpe de las palabras de Aurora. Le respondió de nuevo de forma mecánica, siguiendo el protocolo correspondiente:


—Comprendo cómo te estarás sintiendo y respeto tus decisiones. Como sabes, solo expresando plenamente tu potencial llegarás a ser feliz y exitosa y a ser tu mejor versión. —Después de sus frases hechas, la volvió a mirar con atención, omitiendo la cuestión de las gafas, que se quitó rápidamente al sentirse confrontado por ello.


—Muy bien, quítate las gafas. Otra vez me dices frases hechas que no me dicen nada. Y ya veo que no quieres ni mencionar las gafas porque te he pillado desconectándote en mitad de una sesión. ¡Qué patético me parece que no se te haya ocurrido nada mejor! —le respondió Aurora con crispación. Benito, tengo que pensar con calma en qué hacer a partir de ahora y, si pierdo la beca, me haré influencer o reparadora de drones oxidados. No sé, ya veremos. Se me da bien la mecánica, o lo que haga falta para sobrevivir. Voy a leer, de todas formas, las condiciones de mi beca y así veré qué puedo hacer exactamente. Supongo que quieres algún bien para mí —Aurora se iba dando cuenta de que ya no creía en ello realmente— y sé que no te lo estoy poniendo fácil, pero estoy en un momento en el que necesito aclararme yo sola. Hoy no me estás ayudando en absoluto. Más bien me parece que me estás frenando y manipulando. E intuyo que has podido hacerlo otras veces, aunque no me haya dado cuenta de ello. Menos mal que estoy empezando a despertarme.


Benito estaba poniéndose de nuevo nervioso, ya que no tenía las gafas puestas y no sabía qué responderle. Aun así, se esforzó en responderle, aparentando profesionalidad, después de ajustarse la corbata.


—¿Quieres que hablemos más de ello? De verdad que me gustaría poder ayudarte —dijo Benito con gran inseguridad, para ver si así Aurora se calmaba y no cortaba la sesión abruptamente. Aunque, por otra parte, lo estaba deseando porque no se lo ponía nada fácil. Su inquietud aumentaba aún más al pensar que si Aurora leía a fondo las condiciones de su beca, podría darse cuenta de que no tenía por qué seguir un tratamiento psicoterapéutico con nadie asignado por Esmeralda. No era algo absolutamente obligatorio.  Para que Aurora no lo descubriera, Benito hizo un nuevo intento por disuadirla.  —No hace falta que leas las condiciones de la beca, que son muy largas y un rollo; yo te las puedo explicar cuando quieras —así intentaba salir del paso.


—Hoy no me apetece hablar más, Benito. Me gustaría reflexionar un poco más sobre todo esto, aunque tú siempre me recomiendas que no piense y que siga ciegamente las indicaciones de Esmeralda. Muy bonito. Pretendéis saber más que yo misma acerca de lo que me pasa y de lo que me puede ayudar. Pero siento que, si no me dejo un tiempo para pensar en lo que quiero, me voy a sentir peor. Sería traicionarme a mí misma al no tomarme en serio mis propias inquietudes. Igual estoy empeorando mi neurosis obsesiva, ¡quién sabe! Pero ahora mismo quiero bucear un poco en ella. ¿Y si lo que me pasa no es una neurosis obsesiva? ¿Y si es otra cosa? ¿Y si se trata de la voz interna de mi conciencia que quiere comunicarse conmigo? ¡Quién sabe! Y, con respecto a las condiciones de mi beca, como comprenderás, estoy bastante acostumbrada a leer rollos de todo tipo, así que no es problema, no te preocupes, soy capaz de leerlo yo sola. Gracias por tu inestimable ayuda —le dijo con un tono irónico.


—De acuerdo, como quieras, Aurora. ¿Nos vemos la semana que viene? —al decir esto, Benito omitía lo que Aurora había dicho de dejar las sesiones con él. Así hacía un intento desesperado por reengancharla.


—Vamos a cancelar la sesión de la próxima semana y te digo algo más en unas semanas. Como ya te he dicho, quiero pensarme si seguir o no en terapia contigo. Eres un psicoterapeuta respetuoso y con experiencia, pero no sé si eres capaz de comprenderme. Ya te diré algo.


—Está bien. Espero entonces tus noticias —dijo Benito con una tensión contenida y mal disimulada, pues temía lo que le podía caer encima cuando Esmeralda supiera que Aurora quería dejar la terapia. Además, Aurora le inquietaba porque ponía de manifiesto su incompetencia para pensar en temas demasiado profundos. —Espero que te vaya bien con tus reflexiones y que escojas la mejor opción para ti, que pienso que es seguir conmigo.


—Sí, sí, Benito. Como seguir contigo no hay nada, ¿no? Bueno, te dejo, que aún tengo cosas que pensar, ponte tus gafas y olvídate de mis problemas. Ya te daré noticias. Que descanses y que todo te vaya bien. 


En estas últimas palabras y en su tono estaba ya implícito que Aurora había tomado una decisión, aunque ella no fuera plenamente consciente. Benito ya no le inspiraba ningún respeto.


—De acuerdo. Espero tus noticias. Y sí, mejor me pongo las gafas, que son lo mejor que hay para tener paz mental y llegar a ser ciudadanos ejemplares, no lo olvides.


—Sí, claro que sí. ¡Cómo olvidarlo! Buenas tardes, Benito.


—Buenas tardes, Aurora.


Después de cortar la comunicación, Aurora se sintió tensa a la vez que liberada. No era habitual en ella hablarle a alguien en ese tono. Le gustó la versión de sí misma que había surgido. ¿Sería esa su mejor versión? Seguramente esa no era la “mejor versión”, según Benito. Pero ya, afortunadamente, le importaba bastante poco su opinión.

 




¿Alguna vez te has sentido comprendido por un profesional cuando intentabas explicar algo importante de tu experiencia interior? ¿O sentiste que hablaban un lenguaje distinto al tuyo?


Si queréis saber cómo sigue la historia os invito a leer mi novela "De otro mundo" (disponible en Amazon).





[1] Hace alusión a unas gafas que hacen que se silencie la mente de quién se las pone



domingo, 25 de enero de 2026

NARCISISMO Y ALTAS CAPACIDADES



Desde hace unos años investigo la cuestión del narcisismo porque ante la pandemia narcisista que vivimos y, ante el aumento de víctimas de abuso narcisista, considero que es necesario entender mejor qué está pasando y protegernos adecuadamente (del narcisismo ajeno y del propio). También he ido investigando en paralelo, sobre altas capacidades, dado que cada día son más pacientes con estas características quienes buscan psicoterapias con una orientación existencial. Gracias a los conocimientos previos sobre narcisismo, he podido detectar en ámbitos relacionados con las altas capacidades, ciertos elementos narcisistas sobre los que tenemos que estar conscientes y prevenidos. Creo que se puede decir mucho sobre ello, y que es necesario cultivar las propias capacidades desde la humildad y no desde la identificación con ellas.

Aparte del mayor riesgo de narcisismo que tienen quienes destacan en algún ámbito de la vida, también hemos de ser conscientes del riesgo que tienen de ser explotados quienes tienen alguna capacidad superior, como he puesto de manifiesto en mi novela "De otro mundo".

Por si os interesa el tema, y por invitar a reflexionar sobre estas cuestiones, comparto un fragmento de mi libro "Liberémonos del narcisismo", en el que abordo la cuestión señalada (páginas 139-142). Espero que os resulte útil.

El narcisismo en relación con las altas capacidades y el talento

El narcisismo tiene que ver con identificarnos con conceptos que limitan en gran medida nuestra experiencia de nosotros mismos y del mundo[1]. La identificación con estos conceptos suele darse con aspectos superficiales que tenemos y que consideramos valiosos. Lo que es especialmente tentador cuando en dichos aspectos destacamos por encima de los demás, como puede ocurrirles a quienes tienen altas capacidades intelectuales. Si a una persona le dicen desde pequeña que es más valiosa porque es superdotada o talentosa existe la posibilidad de que se crea que ella es solamente, o principalmente, sus capacidades, identificándose de tal modo con ellas que el personaje a través del que desarrolla su vida sea un muchacho talentoso que se acaba sintiendo superior a otros y privilegiado por ser miembro de una élite intelectual. Si además se le estimula a desarrollar su talento exclusivamente para su propio éxito o poder, tenemos otro terreno abonado para el despliegue del narcisismo. 

Cuando un niño superdotado es excesivamente valorado por serlo puede vivir en la ilusión de que lo único que vale de él es esa parte, o bien, que todo lo que él es son esas capacidades superiores. Si esto sucede, consciente o inconscientemente iría ocultando aspectos sombríos u oscuros de sí mismo, creyendo que así es más digno de amor o más valioso. Situación que le hace vivir en una realidad parcial en la que deja de lado lo que cree que no es tan valioso de su persona. Así, finalmente acabaría alienado o alejado de una parte él mismo y con una dimensión de narcisismo que trastocaría su vida. En el libro de Alice Miller, El drama del niño dotado[2] se explica con claridad el proceso por el que un niño inteligente y sensible se adaptaría a su entorno, dejando de lado sus propias necesidades, para conseguir sobrevivir mediante lo que considera el mejor modo posible. Este tipo de situaciones pueden llevar a muchos niños inteligentes que crecen en ambientes adversos al enmascaramiento de lo que son, con tal de no tener problemas o para lograr ser queridos y aceptados. En este proceso puede darse el inicio de un trastorno narcisista en la medida que se quedan atrapados en el personaje que el entorno demanda de ellos.

En los casos en los que la inteligencia se utiliza solo para el beneficio personal y que se hacen aportaciones a otros solo desde el propio interés estaríamos hablando de un uso de la inteligencia que se ha llamado transaccional, según el experto en el tema Sternberg[3]. Esta inteligencia estaría centrada principalmente en el éxito individual. Lamentablemente es la que más se potencia en nuestra cultura actual tan narcisista. La alternativa a la inteligencia transaccional sería, desde el punto de vista de Sternberg, la inteligencia transformacional; en este caso, se trataría de utilizar la inteligencia para aportar algo que ayude a una transformación positiva del mundo buscando el bien común[4].

Un ejemplo del funcionamiento narcisista de algunas personas con altas capacidades es el que se ha dado en alguna reunión de personas con un CI elevado. En ellas quienes tenían los números más elevados acudieron a la misma con una camiseta en la que aparecía el número de CI que habían obtenido en los test de inteligencia. Situación que más bien nos puede hacer dudar de la inteligencia real de quién así se comporta. ¿Para qué exhibir que se es capaz de hacer bien un test de inteligencia? 

Obviamente, no se da esta situación de narcisismo necesariamente en todas las personas con altas capacidades, pero es preciso advertirlo, pues el ego inseguro de los humanos se puede ver tentado a identificarse con cualquier atributo que le permita mirarse a sí mismo desde la superioridad. Si no estamos bien centrados y con una autoestima firme, la parte en la que uno destaca puede ser un foco de identificación muy tentador para compensar diversas carencias y así sentirse la persona altamente dotada en algún ámbito de su vida como alguien que es superior al resto y, por lo tanto, caer así en una dinámica narcisista. Aunque es paradójico que, al parecer, las personas con los CIs más elevados, a las que se ha llamado highly gifted[5] son las menos propensas a sentirse superiores, pues son más conscientes que otros de cuáles son sus propias limitaciones.


En el mundo del espectáculo, del deporte o del arte, también se puede caer en el mismo error de la identificación con aquello en lo que se destaca, despreciándose a quienes no llegan al mismo nivel de la supuesta élite.

 



[1] ALMAAS. Op. Cit.

[2] A. MILLER (2015). El drama del niño dotado. Barcelona: Tusquets editores.

[3] R. J. STERNBERG, A. CHOWKASE, O. DESMET, S. KARAMI, J. LANDI, J. LU. (2021). Beyond Transformational Giftedness. Education Sciences, 11, 192. https://doi.org/10.3390/ educsci11050192 

[4] Ibid.

[5] V. WOOD y LAYCRAFT, KRYSTINA (2020). How Can We Better Understand, Identify, and Support Highly Gifted and Profoundly Gifted Students? A Literature Review of the Psychological Development of Highly-Profoundly Gifted Individuals and Overexcitabilities. Annals of Cognitive Science, 4, 2, 143-165. 

lunes, 8 de diciembre de 2025

EL GRAN CIRCO DE LA ESPIRITUALIDAD

Imagen creada con IA

El mundo se está transformando en una pasarela de egos disfrazados de cualquier cosa, pero parece que la purpurina que brilla más como aderezo especial de los egos más inflados es la purpurina espiritual.

Mostrarse como mensajero de Dios, místico, gurú, maestro de meditación o canalizador de fuerzas espirituales infalibles resulta rentable. Los réditos se obtienen en forma de dinero, seguidores o sensación de tener un poder sobrehumano. ¿Quién da más? 

Lo más glamuroso ya no es vestirse de marcas de precios inalcanzables o presumir de coches de lujo, sino mostrarse como un personaje elevado que entretiene a los espectadores del circo espiritual. Para el público del circo tenemos divas y divos, hipnotizadores, gurús falsos, magos, malabaristas y payasos. Hasta las estrellas del pop como Rosalía se suben al carro místico con aureolas de santidad incluidas, ¿porque les eleva al círculo de los dioses, o por un interés legítimo? Es difícil saberlo.

En un momento en el que las personas tienen vidas tan vacías y alienadas, la necesidad de plenitud espiritual se hace más acuciante, lo que nos hace más vulnerables a hacernos adictos a los sucedáneos que nos venden en el circo: 

- Talleres de iluminación express (si hace falta, aderezados con psicodélicos para que la inversión tenga efectos especiales rápidos).

- Retiros de silencio impartidos por maestros cuyos egos no se callan.

- Charlas de “papagayos” verborreicos e hipnóticos que siempre repiten las mismas pláticas falsamente elevadas, en las que hacen pequeñas variaciones cada día que las repiten, para no cansarse mucho. Así dan la impresión de dar una novedad para mantener enganchados a sus seguidores.

- Pasarelas de divos y de divas en eventos pseudoespirituales, en las que los únicos señores de la fiesta son ellos mismos. La trascendencia brilla por su ausencia o, en todo caso, se menciona, para atrapar la atención de los buscadores espirituales.

- Rituales vacíos de sentido y de consistencia, que generan estados de trance alienantes para hacer adictos a los adeptos.

- Pseudogurús que se han aprendido de memoria mensajes inmemoriales que nos llegan al corazón, pero que acaban vaciando nuestros bolsillos si creemos a quienes los pronuncian. 

- Magos del engaño y del ilusionismo que consiguen hacernos creer que su purpurina espiritual es magia de verdad.

- Malabaristas de la palabrería que nos generan tal estado de confusión que podemos creer que han dicho algo tan elevado que no alcanzamos a comprenderlo.

- Hipnotizadores que nos provocan estados regresivos infantiles para que perdamos el sentido crítico y la capacidad de discernir sus mentiras.

- Payasos vendehúmos que se confunden con maestros.


¿Queremos estos circos? Muy bien, espero que la inversión de tiempo, afecto y economía no dañe vuestras vidas. Buscad una entrada en primera fila, sentaos cómodos y compraros caramelos y palomitas para que se haga más ameno el espectáculo. Pero cerrad bien los ojos para captar las farsas. Y al que critique o proteste de tanta mercadería, hacedle un gaslighting espiritual de libro: “estás proyectando”, “hablas así porque no estás a nuestro nivel”, “realmente solo pueden entender esto las almas despiertas”. ¿Os suena?

¿A dónde vamos así? ¿A dónde se fueron los verdaderos maestros? ¿Por qué no buscamos en el silencio o en la sencillez aquello que plenifica el alma? ¿Para qué tanto circo y tanta vanidad espiritual? Y lo que es peor, ¿por qué tantos se quedan fascinados con esa parafernalia circense disfrazada de espiritualidad legítima?

No queremos darnos cuenta de que volvieron los mercaderes del templo, pero casi nadie dice nada porque prefieren disfrutar del espectáculo de los paraísos artificiales, o de ese “opio del pueblo” que embriaga y que se confunde con la verdad de lo que alimenta la vida. Igual que hay que prescindir de los ultraprocesados y la comida rápida, os invito a ayunar de tantas mentiras y a cultivar alimentos espirituales más nutritivos. Al menos id a buscarlos en donde hay paz, alegría, honestidad y humildad. Huid de ámbitos espirituales llenos de ambición, búsqueda de éxito, protagonismo y llenos de estrés. No merece la pena la pérdida de tiempo, dinero y energía que nos generan. 

sábado, 22 de noviembre de 2025

REIVINDICANDO A LOS SHERPAS DEL ESPÍRITU



El término sherpa se ha convertido en la palabra que designa a ciertos guías intrépidos de las montañas del Himalaya. Los sherpas son grandes conocedores de las rutas difíciles de esas montañas misteriosas y fascinantes. Ellos han tenido que explorarlas muchas veces por sí mismos, asumiendo riesgos que han puesto en peligro su salud y su vida. Imagino que, gracias a su tenacidad y fortaleza, han podido llegar a cumbres inexploradas y a vislumbrar paisajes únicos, de los que posteriormente pueden hacer partícipes a otros visitantes de esas tierras lejanas y elevadas. 

A veces imagino, por analogía, el equivalente espiritual de este término: el “sherpa del espíritu”. Lo veo como alguien que explora por su cuenta diversos territorios espirituales, incluso los que pueden resultar más arriesgados, o a los que nadie quiere acercarse por ser raros o diferentes. Aunque este sherpa a veces pudiera recorrer caminos conocidos y recorridos previamente por otros, no podría evitar transitar como caminante solitario a nuevas tierras y fuentes que alimentaran su vida espiritual. Seguramente, también con la esperanza de traer riqueza espiritual a otros. 

 

Pienso que estos sherpas del espíritu deberían tener una gran capacidad de indagación y de libertad, que los diferenciaría de quienes transitaran los caminos convencionales, o los de quienes fueran en piloto automático por ciertas autovías de los caminos religiosos más convencionales.

 

A veces tengo la sensación de que necesitamos urgentemente auténticos sherpas del espíritu. Serían los primeros que se atreverían a transitar nuevas rutas de alta montaña para enseñarnos a respirar el oxígeno espiritual de las cumbres más elevadas. Desde ellas podrían contemplar directamente la belleza absoluta, respirando libres y alimentándonos de una fuente inagotable de vida auténtica. Para llegar a esas cumbres, antes les tocaría entrenarse y aprender a transitar terrenos difíciles, a veces fangosos y resbaladizos. Solo así podrían enseñarnos a recorrer nosotros esos caminos espirituales para enfrentarnos lo mejor posible a los riesgos ya que habrían aprendido a moverse, desde su experiencia, con las habilidades necesarias a través de los extraños parajes de las montañas más altas. 

 

Sería también conveniente que estos sherpas del espíritu transitaran por las simas de sus propias almas, enfrentándose a sus propias sombras, liberándose de la tentación de vendernos verdades propias y trilladas, o de la de llevarnos solamente a los spas espirituales que nos reconfortaran a cambio de unos billetes. 

 

Ojalá que esos sherpas del espíritu que encontremos en la vida, o el sherpa interior que llevemos dentro, nos permitan liberar el alma de las tentaciones del camino fácil que conduce a espejismos reconfortantes. Muchas veces, deseo que los sherpas del espíritu que quieran guiarnos, se hayan liberado de la tentación de decirnos qué hacer exactamente para copiar sus vidas y espero que hayan aprendido a solo querer sujetarnos a sus cabos de escalada cuando andamos perdidos y en peligro.

 

Qué bello sería que esos sherpas nos aportasen un ejemplo de la libertad del alma y de la humildad, enseñándonos a caminar con sus habilidades, sin darnos indicaciones rígidas, aunque sí prudentes, para ayudarnos a crecer y ser quienes realmente somos. Así quizás aprenderíamos a ser buenos sherpas del espíritu también nosotros mismos. 

 

Más allá de estos deseos, también sueño con que sean respetados en sus vuelos, aunque para ciertos ciegos volar sea imposible. Y que sus vuelos siempre nos inspiren a aprender a volar nosotros cuando sepamos verlos con nuestros ojos abiertos.

 

Ante lo dicho, os invito a preguntaros: ¿Existen hoy día sherpas del espíritu que nos sirvan de ejemplo o de guía? ¿Qué sentido tendrían para nosotros? ¿Nos atrevemos a serlo nosotros mismos? ¿O bien criticamos a quienes son faros espirituales novedosos? ¿Qué caminos luminosos están ahí y aún no sabemos verlos? ¿Tenemos los ojos del alma realmente abiertos? 

domingo, 19 de octubre de 2025

POR QUÉ HE ESCRITO LA NOVELA “DE OTRO MUNDO. UNA HISTORIA DE SUPERDOTADOS”




Recientemente he publicado con ilusión la novela “De otro mundo. Una historia de superdotados”.  

Para muchos esta creación ha sido una sorpresa, dado que desconocían mi vena literaria. En algunos casos, me han preguntado que cómo es posible que siendo una científica escriba ficción, o acerca de cómo ha sido el paso de escribir de forma académica a escribir literatura. 

Al hacerme estas preguntas, me he hecho más consciente de la idea que otros tienen de mí. Está fundamentalmente basada en mis roles profesionales. Lógicamente también está en función de lo que muestro de mí misma. Es inevitable que todos me veáis como la psiquiatra y como la profesora. Ambos son roles de mi vida laboral, a través de los que me expreso públicamente. Pero os llevan a formaros una imagen sesgada de mí. Pues si bien estos son roles reales, siempre se tienen más facetas. En mi caso, ahora sale a la luz mi faceta literaria. Siempre estuvo ahí. Crear historias ha sido algo fundamental en mi vida; casi desde que tengo uso de razón. Con 6 años empecé a escribir mi primer cuento en un pequeño cuaderno, que aún conservo. Lo encontré de nuevo con 14-15 años y decidí acabarlo, porque lo había dejado a medias. Cuando tenía 7 años, quedé segunda en un concurso literario del colegio. Recuerdo que un buen día nos pidieron de repente que escribiéramos sobre el circo. Me lo tomé como un juego escribiendo lo que me venía a la mente. Horas después me dijeron que había ganado unos patines. Fue la primera remuneración que he recibido en mi vida por mi escritura.

Desde entonces, he escrito montañas de páginas: relatos, novelas empezadas, diarios y cartas (inundaba los buzones de mis amigos con extensos textos que me surgían espontáneamente). A veces no entendía por qué los demás no escribían tanto. ¿No era normal? Ya vi que no.

A lo largo de los años, escribir ha ido surgiendo en mí de forma intermitente. Pero, escribiera o no, en mi mente constantemente surgían historias. Una vez leí de un escritor conocido que no podía evitar imaginar constantemente historias ante estímulos mínimos de la vida cotidiana. Contaba que a veces veces también creaba de forma espontánea relatos sobre la vida de quienes se iba encontrando por la calle. Me di cuenta de que hacer esto no era tan común. Empecé a preguntarme si no tendría vocación de escritora. Era una posibilidad, pero en la vida no siempre podemos abarcar todo lo que nos interesa y debemos priorizar entre tantas cosas interesantes. Así que no acababa de dedicarle el tiempo necesario a la escritura, ante todas las cosas que surgían cada día. Se podría decir que era un hobby intermitente y uno de mis muchos intereses o vocaciones. Elegir carrera fue un suplicio. ¿Cuál era la mejor para mí? Era difícil saberlo. Finalmente opté por hacerme psiquiatra porque creí que aunaba mis intereses: ciencia, literatura, arte, filosofía, psicología. También pensé que si finalmente escribía historias esa profesión me daría más conocimientos sobre el alma humana. Mis pacientes siempre han sido mis maestros al respecto.

Hasta aquí podéis deducir cuál ha sido una de las motivaciones de escribir y terminar una novela: el dar espacio a lo inevitable de mi creatividad, puesto que necesitaba plasmarla de algún modo. Entonces decidí darle tiempo y tomarme en serio algo pendiente. Otras veces había empezado otras novelas que no terminé. Y esta sobre la que hoy escribo, vivía en mi interior y pedía salir al mundo. Lo ha hecho.

He tenido también otras motivaciones para escribirla, que ahora enumero, por hacer un texto que resulte sencillo y fácil de leer: 

Contar algo que sirviera de ayuda para quienes sufrieran crisis existenciales, como mi protagonista. Así ayudaría a aportar ideas para comprender estas crisis y para buscar su salida, encontrar un sentido en la vida. Pienso que la literatura permite expresar  procesos psicológicos que nunca alcanzará a explicar un texto académico. Así lo veo porque en mi vida he aprendido mucha más psicología de la literatura que de los textos académicos. 

-    Hacer énfasis en que todos tenemos derecho a ser quienes realmente somos, sin escondernos, aportando al mundo lo mejor de nosotros mismos cuando hayamos descubierto nuestra verdad y nos hayamos liberado de manipulaciónes y engaños que nos han hecho desconectarnos de lo que realmente importa.  

-     Expresar ciertos aspectos de las personas superdotadas que no siempre se conocen bien, reflejando las dificultades que pueden experimentar en un mundo en el que les puede costar encajar, en el que pueden estar en riesgo de caer en las garras de ciertos manipuladores que se aprovechen de su talento y porque tienen la posibilidad de perder el rumbo de sus vidas, por la pretensión de ser normales.

-     Poner de manifiesto la importancia de encontrar personas afines, con las que sentirse acogido y comprendido. Si te sientes de otro mundo, lo ideal es encontrar a quienes vengan de un planeta similar. No sirve de nada tratar de mimetizarse con las dinámicas de las personas con las que no te identificas. No es tu culpa si te sientes diferente a otros.

-  Denunciar el riesgo de sufrir abusos o explotación por parte de personalidades mediocres y narcisistas que usan el talento ajeno para su propio beneficio, dentro y fuera de las instituciones. De ahí que también haga explícitas ciertas dinámicas de corrupción del ámbito universitario.

-     Aportar un espejo en el que puedan mirarse todos aquellos que quieren descubrir su propia verdad y las contradicciones del mundo.

   Por lo tanto, mi libro tiene varios fines: darme espacio a mí misma para expresar mis ideas creativas, poner de manifiesto las crisis existenciales y sus salidas posibles, estimularos a buscar vuestros propio sentido vital, dar a conocer ciertos aspectos de la superdotación que no siempre se conocen y señalar la importancia de encontrar amigos reales. Pero, sobre todo, pretendo estimular al lector a hacer un viaje hacia su propia verdad, estimulando su libertad para que descubra quien es realmente.

  Mi novela tiene como protagonista a Aurora, una joven psiquiatra superdotada que vive una profunda crisis existencial; no encuentra sentido a su vida. Esta se ve agravada porque está siendo manipulada por una jefa narcisista que se aprovecha sistemáticamente del talento de los más capaces como ella. Dentro de esta historia tendremos ademas una trama que nos intrigue: La jefa de Aurora recibe un mail de la Fundación de Amigos de la Sabiduría que le avisa de que ha sido premiada con un millón de euros; lo borra irritada pensando que es spam. A lo largo de la novela, dos miembros de la fundación que quieren darle el premio, una duquesa y un mayordomo, buscarán con ahínco a la premiada, para convencerla de que no quieren engañarla. También encontraremos otras historias superpuestas a esta trama: la de una mujer sabia, que ha encontrado armonía y equilibrio en su vida, la de un hombre inteligente que ha hallado su propio camino y a su pareja perfecta en un viaje a Egipto, la de un joven sumamente inteligente que ha construido una vida oculta para sentirse libre, entre otras historias. ¿Qué ocurrirá? Si quieres saber más, te invito a leer mi libro. 
Puedes encontrarlo en Amazon en papel (a partir del 15 de noviembre estará en ebook). Aquí tienes el enlace.



lunes, 9 de junio de 2025

¿SE PUEDE SUPERAR EL NARCISISMO?

 

    La mayoría de los discursos imperantes hoy en día sobre la cuestión del narcisismo, están centrados en la demonización y exclusión de las personas narcisistas, sin que lleguen a matizarse muchas cosas, cerrando cualquier posibilidad a su mejora o transformación. Sin pretender negar en absoluto el grave daño que puede hacer a otros alguien que padezca un narcisismo patológico, o quien tenga conductas de tipo narcisista, considero que es preciso ser prudentes con diagnósticos precipitados o con sentencias que condenan al ostracismo perenne a quienes lo padecen, rompiendo cualquier esperanza de cambio cuando sea posible.

    En primer lugar sería preciso hacer una clara diferenciación entre lo que es un trastorno narcisista de la personalidad y los síntomas o comportamientos narcisistas que no llegan a la gravedad de este trastorno, y que pueden darse en muchas personas con diferentes intensidades. Además, dentro de lo que llamamos trastorno narcisista de la personalidad, también podemos considerar que se dan grados de gravedad.  

    El trastorno de personalidad narcisista o narcisismo patológico sería una forma cristalizada y estable del narcisismo y se cumplirían una serie de criterios diagnósticos (al menos 5) que pondrían de manifiesto en quienes tienen un "Patrón dominante de grandeza (en la fantasía o en el comportamiento), necesidad de admiración y falta de empatía, que comienza en las primeras etapas de la vida adulta y se presenta en diversos contextos" (DSM-5, p. 365) y con al menos 5 síntomas de los que se enumeran en el DSM-5Para llegar a un diagnóstico de narcisismo es necesaria la evaluación de un experto en salud mental que sepa de narcisismo. No es un diagnóstico que deba ponerse a la ligera y menos ante lo que nos parezcan malos comportamientos y egoísmos de otros. Pues no todo mal que puede llevar a cabo un ser humano responde a una etiqueta psiquiátrica.

    Pero el tema en el que quiero centrar hoy mi escrito parte de mi grata sorpresa ante lo que me ha comunicado un lector de mis libros, que pone de manifiesto la posibilidad de "despertar" del narcisismo, para emprender un cambio hacia una mejor manera de estar en el mundo. Desconozco cuál ha podido ser su grado de narcisismo, pero lo importante es lo que plantea, poniendo de manifiesto su clara intención de salir de ello. Ojalá su mensaje sirva de inspiración y ejemplo a quienes viven atrapados en dinámicas narcisistas y para los que no crean en la posibilidad de cambio


Hola Maribel. Mi nombre es X y tengo 61 años. He leído sus dos libros, "Liberémonos del narcisismo" y "Más allá del narcisismo espiritual", por recomendación de un conocido suyo. Su lectura me está ayudando mucho en el proceso de autoconocimiento que inicié cuando tenía 30 años, tras una ruptura matrimonial. Sin embargo, más que darme luz, me servía para calmar mi conciencia (de ello comienzo a darme cuenta). Hace dos años volví a ese proceso de autoconocimiento, forzado por una experiencia de ruptura provocada por una actitud que ahora puedo nombrar gracias a sus libros. Reconozco en mí muchos de los rasgos narcisistas que describe en ellos. Me genera dolor reconocerlo porque veo que estos rasgos han condicionado muy negativamente mis experiencias de relación. Al mismo tiempo, hay algo dentro de mí que me dice que, a pesar del dolor, es una fase que debo pasar. La búsqueda, quiero pensar, genuina de trascendencia, me está ayudando a descentrarme de mí, verme de manera muy diferente y, sobre todo, "ver" a los demás por primera vez. Hace poco experimenté cuán importantes eran las personas que pasaban a mi lado, ¡existían¡ Aunque ando bastante desorientado, sobre todo por no saber cómo reparar el daño hecho especialmente a una persona supuestamente "querida" por mí, tengo la esperanza de que esta nueva fase "tardía" me transforme interiormente hacia algo más auténtico y, sobre todo, más libre. Gracias por ayudarme a descubrirlo


Si bien es cierto que es más fácil superar "rasgos narcisistas" que un trastorno narcisista de la personalidad, mensajes como este ponen de manifiesto que las personas pueden hacerse conscientes de sus errores y rectificar. En un mensaje posterior, esta persona refiere que le ha ayudado a despertar la "reacción total de rechazo" por parte de alguien con la que convivió más de 10 años y con quien le "unía un fuerte vínculo de amistad". Hacerse consciente del daño provocado y del desconcierto causado ha sido parte de lo que le ha servido para iniciar su transformación y leer sobre narcisismo le ha ayudado a poner palabras a parte de sus dinámicas equivocadas.


También considero importante las siguientes reflexiones de la misma persona, y que quizás puede ayudarnos a muchos a reflexionar acerca de las actitudes que estamos promoviendo con respecto a los comportamientos narcisistas: 


Te agradezco también la “compasión” que se desprende en aquellos apartados del libro en los que te pones en el lugar o intentas entender, en la medida de lo posible, a los que nos identificamos con este tipo de personalidad, adquirida más por heridas del pasado que por el simple deseo de hacer daño a las personas que nos rodean. Con ello no estoy justificando actitudes de abuso y violencia psicológica de las cuales me arrepiento, sino intentando entender por qué he actuado en el pasado así. Espero que este proceso me ayude a tener relaciones más maduras en el futuro. Me ayuda también a ver que mis rasgos narcisistas están presentes en todos mis hermanos, ya que veo un nexo común en nuestra historia familiar. En este sentido, esa identificación me está ayudando a tener más empatía hacia ellos al ver que podrían haber sufrido carencias afectivas similares a las que yo experimenté en mi infancia y adolescencia. Esto es algo que estoy empezando a descubrir…


Me parece importante tomar en consideración testimonios como este y desde ya felicito a su autor y le animo a seguirse liberando de la trampa narcisista. ¡Mucha suerte en tu camino y gracias por tu aportación! 


Por otra parte, debemos pensar que si el narcisismo viene con frecuencia condicionado por traumas y heridas del pasado. ¿Es correcto condenar y demonizar sin empatía a quienes lo padecen? ¿No estaremos combatiendo el narcisismo de una manera narcisista que no da ningún lugar a la posibilidad de que algunas personas puedan lograr salir de él?


Os invito a reflexionar al respecto, a la vez que el ser conscientes de las dinámicas narcisistas de otros nos permitan protegernos de las conductas abusivas y rechazarlas, como quién ayudó a despertar a quién me ha escrito. Como sociedad estamos condenados al fracaso si solo demonizamos a quienes se equivocan y no alentamos la posibilidad de cambio, siempre y cuando el otro esté dispuesto a planteárselo o a pasar por una psicoterapia que le resulte de ayuda, en caso de ser necesario. A los mismos profesionales de la salud mental nos parece muy difícil el cambio de personas así y muchas veces imposible, pero no debemos cejar en el empeño de desarrollar tratamientos y de alentar la reflexión ante la posibilidad de salir de ello. En ciertos casos parece que sí es posible.


* Nota: la publicación del testimonio cuenta con el consentimiento de su autor.