sábado, 12 de febrero de 2022

CONFLICTOS INTERPERSONALES: EL BUCLE DE LA TORMENTA PERFECTA, CUANDO SE ABREN LAS HERIDAS COMPLEMENTARIAS



En numerosas ocasiones, mis pacientes me cuentan ciertos conflictos que experimentan en las relaciones con sus seres más queridos y que les generan un hondo sufrimiento a ellos y a quienes les rodean. Este tipo de conflictos pueden verse desencadenados por auténticas nimiedades, cuando de fondo hay heridas infantiles no resueltas. En estos casos, suele pasar que a cada persona en conflicto le cuesta enormemente ver la perspectiva del otro. Cada uno de ellos puede sentirse agredido y victimizado injustamente, pues parece que el malo es solo el otro. Con frecuencia, esto ocurre cuando lo que está pasando activa heridas no resueltas de la infancia, en las dos personas que viven un problema relacional determinado. Estas heridas, cuando se reactivan, generan un dolor tan grande que resulta muy difícil mirar más allá de la propia perspectiva, pues ese dolor no permite salir de uno mismo y comprender lo que se está viviendo en ese momento. Cuando se da una situación de este tipo cada persona está atrapada en su dolor pasado, en una herida infantil reactivada, que llevará a experimentar que todo el dolor que se está viviendo se lo está provocando el otro en el presente, y supondrá que ese otro parezca la imagen de la desconsideración y de la maldad. Costará mucho trabajo darse cuenta de que lo que se está viviendo es la “película” de la situación difícil vivida en la infancia y resultará arduo ver que la mayor parte de su dolor procede de algo que está ya dentro de uno mismo, antes de que esa herida antigua fuera "tocada".

                                         

Estas situaciones suelen darse cuando algo que hace el otro toca una herida antigua, que ya estaba antes del conflicto, aunque la otra persona no tenga intención de causar ningún daño. Entonces se dispara un dolor antiguo de la infancia, que resulta inexplicable y desproporcionado (como cuando tenemos una quemadura y alguien la toca con suavidad, nos duele intensamente aunque no se nos quiera provocar ningún daño). El detonante que dispara la herida antigua es más fuerte cuando hay un vínculo fuerte con otra persona, o bien cuando está la expectativa de que dicho vínculo se produzca. Es típico que suceda en los conflictos de pareja, en donde inconscientemente cada uno toca la herida del otro, dada la cercanía de este tipo de relaciones y la falta de perspectiva para mirar con objetividad, por no haber siempre suficiente espacio emocional para lograrlo. En el momento en el que pasa algo así se bloquea la capacidad para pensar claramente y se generan situaciones "en bucle" (de círculo vicioso) en las que parece imposible salir del malestar que aparentemente provoca la otra persona, pues ha hecho algo que nos molesta excesivamente.

 

En ese tipo de situaciones se activa un "bucle" cerrado de reacción y de contrarreacción que multiplica la dinámica del conflicto durante un largo rato y  puede llevar incluso a la ruptura de una relación de amistad, familiar o de pareja. Cuando algo así ocurre parecerá que solo es el otro quién causa todo el dolor que se está viviendo, por lo que se sentirá que se está con alguien malvado, poco empático, inconsciente, bruto o desconsiderado. Esas sensaciones proceden por la reactivación de una herida de la infancia, por lo que nos sentimos tratados del mismo modo que fuimos tratados en el pasado, con la misma sensación de impotencia infantil que nos lleva a caer en una dinámica egocéntrica en la que parece que no hay recursos para afrontar la situación de manera racional y madura. Ante esa dificultad del presente se está abriendo la “caja de Pandora” de algo que duele intensamente y que está por resolver de la infancia. Se trata normalmente de algo que no estamos sintiendo habitualmente en nuestra vida cotidiana porque esa herida no resuelta estaría escondida o aparcada para no resultar molesta, aunque sí estaría latente y agazapada para saltar ante algo que toque la tecla adecuada (pues se parece a lo que provocó la herida original). Cualquier cosa que se parezca, aún mínimamente, al malestar original que provocó la herida de la infancia, detonará todo el dolor acumulado a lo largo de la vida con relación a lo que hace sufrir en un momento como el que trato de describir.


 

Veamos un ejemplo ficticio que nos ayudará a entenderlo mejor:

 

Una persona, a la que podemos llamar Pepa, se siente mal porque no le llama su amiga Luisa, a la hora en que quedó en hacerlo. Pepa está esperando ansiosamente esa llamada, pues quiere contar a su amiga algo que es importante para ella. Por causa de esa impaciencia se le hace más larga la espera. Y, al no recibir la llamada prevista en el tiempo que considera normal, súbitamente se siente abandonada, porque se abre en ella un abismo angustioso de abandono que le produce un enorme dolor emocional. Aunque Pepa es consciente de que su reacción es exagerada, no puede evitar sentirse fatal y empieza a hacer interpretaciones inadecuadas, desde esa sensación interna de estar siendo abandonada por Luisa. Entonces, piensa que su amiga no la toma en serio, razón por la que siente que Luisa realmente no es su amiga, que ya no la quiere, que es una maltratadora malvada y que hace eso por fastidiarla. Se van sucediendo en su interior una serie de pensamientos en la línea de confirmar que está siendo abandonada y que toda la culpa es de Luisa. Su estado emocional ha surgido  de la reactivación de una herida de abandono que proviene de su infancia (ha vivido diversos abandonos reales, por parte de sus padres, desde muy pequeña). Pero ella no lo sabe conscientemente y siente que lo que le ha hecho su amiga Luisa, al no llamarla a la hora prevista, es algo muy desconsiderado y grave. Desde esas emociones negativas reactivadas hace interpretaciones erróneas que la llevan a un malestar que va en aumento. Es decir, sus pensamientos negativos desde la emoción del abandono, aumentan aún más su herida de abandono. Se siente abandonada y su mente se dedica a reafirmarse en la sensación de estar siendo abandonada, interpretando lo que sucede como un acto de alta traición. Esta situación la lleva a escribir a su amiga Luisa el siguiente mensaje, pasados 30 minutos de espera: “¿Qué pasa Luisa? ¿No me ibas a llamar a las 21 h? ¡Ya son las 21.30! ¿Por qué pasas de mí? ¡No me puedo fiar de ti! ¡Me estás tratando fatal! Eso solamente puede hacerlo una mala persona, no sé cómo me he podido fiar de ti, ¡y yo que pensaba que eras mi amiga y mira lo que me haces!”

 

Por su parte, su amiga Luisa ha tenido un imprevisto. Le ha sentado mal una comida y está muy mareada con naúseas y con vómitos y no se ha dado cuenta de la hora que es. Es algo despistada con los horarios y tampoco da demasiada importancia a la puntualidad. Cuando se da cuenta de que ya es un poco tarde, piensa en mandar un mensaje a su amiga para decirle que se encuentra mal, pero al coger el móvil ve el mensaje que ha enviado Pepa y se siente súbitamente presionada, invadida y exigida, lo que activa en ella mucha angustia y un gran malestar. En el caso de Luisa, se le activa una herida de haber sido invadida repetidamente en su infancia, por sus padres. Es decir, desde muy niña sus padres no han respetado sus límites y la han presionado para que sea de una determinada manera. Por ejemplo, la puerta de su habitación siempre tenía que estar abierta, su madre se leía sus diarios y siempre estaba encima de ella para que estudiara, fuera correctamente vestida, se comportara de forma educada y nunca se saliera de los márgenes establecidos como perfectos. Cuando lee el mensaje de su amiga Pepa, se siente inmediatamente muy herida y atacada y tiene la sensación de que su amiga le está causando un tremendo mal tratándola así, por lo que ya no le quiere responder. No sabe expresar su malestar salvo retirándose y negándole la comunicación, pues nunca se le permitió, de niña, expresar con libertad enfado, malestar o rabia. Su estrategia de pequeña era replegarse dentro de sí, para que la dejaran en paz, teniendo una actitud de resistencia pasiva, desde la frialdad. Por lo que esta es la reacción que tiene, ante lo que percibe como invasión y presión, por parte de su amiga. Siente que Pepa no la respeta, que no empatiza con ella, que solo le exige y que realmente no la quiere como es. Cree entonces que su amiga es una mala persona, egocéntrica y egoísta, y que no es capaz de pensar que si no le llama a la hora prevista le puede estar pasando algo. Así que eso la refuerza en su actitud de no comunicarse con Pepa, ya que necesita interrumpir la comunicación hasta que se le pase el enfado.


                             


Por su parte, Pepa, espera ansiosamente a que su amiga Luisa le diga algo cuanto antes. Cree que su mensaje la puede hacer reaccionar y por fin llamarla, porque la entenderá. Pero su herida de abandono se va agrandando más, pues nuevamente se siente dejada de lado por una persona a la que quiere. Sensación que se agrava aún más  porque Luisa no le responde nada. No se da cuenta de que su propia actitud ha aumentado la distancia de su amiga y de que han entrado en el bucle de la tormenta perfecta. Al igual que Luisa, Pepa alimenta el mismo bucle de estar cada una mirando a la otra desde su propia herida. 


La situación descrita las centra progresivamente más en sí mismas, por el dolor que experimentan, impidiéndoles entender qué le pasa a la otra parte. Pepa, desde su herida de abandono siente que se confirma que Luisa no la quiere. Por este motivo le manda finalmente un mensaje “bomba” con alta destructividad, pasadas un par de horas: “No sé cómo me puedes hacer algo así. Eres la peor persona que he conocido jamás. Si realmente eres mi amiga dime algo por lo menos, me estás haciendo sentir fatal.” Pepa se cree que es Luisa quién le está haciendo sentir fatal, pero no es capaz de ver que es su propia herida lo que está agrandando un conflicto que inicialmente era una pequeñez.

 

¿Qué le pasa entonces Luisa al leer este mensaje? Nos lo podemos imaginar; pues en ella, la sensación de ser invadida se multiplica hasta el infinito. Entonces bloquea a Pepa en el Whatsapp.

 

Pepa, al verse bloqueada, vive el desgarro del abandono hasta proporciones infinitas. Se siente una víctima abandonada y empieza a recordar numerosos momentos de su vida en los que se ha sentido abandonada, por lo que aún se siente peor, y así agranda la herida. Siente entonces que las personas son malvadas porque la abandonan y se queda varios días en esa posición victimizada, de “nadie me quiere”, “las personas son malas y egoístas”, “¿por qué he vuelto a confiar?”, “si es que todo me pasa a mí”, etc., etc.



                          

La perspectiva de Luisa, es similar, en cuanto a sufrimiento y victimismo, ya que llega a las mismas conclusiones de no ser comprendida, ni respetada, ni querida. Piensa también en la maldad y en la falta de respeto hacia ella, por parte de otras personas, en la dificultad para confiar, y en que todo le pasa a ella, etc., etc. 

 

De alguna forma, estas dos amigas se metieron en el bucle de la tormenta perfecta repitiendo inconscientemente dentro de sí las situaciones dolorosas de su infancia. Así se han quedado nuevamente solas, con sensación de ser incomprendidas, con la percepción de que el mundo es malvado y de que es imposible tener amistades fiables. Ambas se acaban sintiendo víctimas y se ven, durante varios días, atrapadas en la niña herida que fueron, que les confirma sus peores pronósticos y que les hace “adictas” a repetir la herida una y otra vez, desde la inconsciencia de no ver que esa niña herida que fueron. Esa niña, al no ser sanada, les va a meter una y otra vez en la misma trampa, apoderándose de ellas, llevándoles a repetir los mismos patrones y viendo en otras personas del presente lo que les hicieron sus padres. Así sucede una y otra vez, cuando las heridas no se hacen conscientes y no se sanan. El verlo ya supone un principio de sanación, porque posibilita que la herida no se apodere de uno mismo. 


Si Pepa y Luisa han experimentado la activación de una herida de este tipo, quienes ha de cuidar a la niña herida que se siente abandonada o invadida han de ser ellas mismas. Si se dieran cuenta de cómo es ese herida que les puede condicionar, podrían llegar a entender qué le pasa al otro, incluso en mitad del conflicto. Así es también como podrían aprender a no sobrereaccionar y a entender que la herida las engaña y las aleja de los demás. Si se dan cuenta pueden después llegar a ver a su niña herida con amabilidad y con compasión, atendiendo a sus necesidades emocionales y siendo como una buena madre y un buen padre para sí mismas. De ese modo es más posible que no se viva tanto dolor y que no se experimente que hay alguien que les abandone o que les invada. Pues no se da ese poder a otro por encima de uno mismo.

 

Un aspecto positivo de estas situaciones en las que se desencadenan conflictos desde heridas infantiles, pese a lo dolorosas que pueden llegar a ser, pueden darnos la ocasión de descubrir qué herida está dentro por sanar y posibilitar una toma de consciencia de cómo se enreda la mente con ellas (magnificando el sufrimiento y generando situaciones de volver a sufrir, una y otra vez). Si nos damos cuenta de lo que sucede en este tipo de “bucles de la tormenta perfecta”, estaremos empezando a liberarnos y a sanarnos de las heridas, y pueden ser una magnífica ocasión para conocernos mejor y para interrumpir la dinámica de destrucción mutua no dejándonos reaccionar desde la herida, que acaba hiriendo a la otra persona e hiriéndonos en un bucle interminable. 

 

Mi recomendación es que cuando se activen situaciones de este tipo es que no reaccionemos, que no culpabilicemos, que nos paremos y observemos el dolor que está en el fondo, atendiendo a ese niño herido, del que la otra persona no es responsable*. Cuando se abre la herida es cuando podemos llegar a escuchar ese dolor interior, para hacerlo consciente y que no nos domine y para no abandonar al niño/a herido/a, o para aprender a poner los límites necesarios para no sentirnos invadidos, o cuando se dé cualquier otra reacción irracional que pueda surgir porque está habitando en nuestro interior, agazapada, a la “espera” de que algo toque la tecla que abre la caja de los “demonios”. Por ejemplo, podemos pararnos a hacernos  ciertas preguntas, en un momento así de: "¿Y yo por qué me estoy sintiendo tan mal? ¿Lo que me están haciendo es realmente grave? ¿Qué le pasa a la otra persona para comportarse así?


Obviamente no estoy hablando de situaciones de abuso o de maltrato intencionados, que también se pueden vivir en la vida adulta, sino de conflictos de otro tipo en los que podemos considerar que se daña de forma involuntaria e inconsciente.


 

Con respecto a esos niños heridos interiores, el maestro budista Thich Nhat Hanh (fallecido recientemente) ha aportado una orientación inspiradora, que puede ayudar a prevenir situaciones como la descrita:

 

"Muchos de nosotros tenemos aún un niño herido, viviendo en nuestro interior. Quizá las heridas nos las hayan producido nuestro padre o nuestra madre. O tal vez, a nuestro padre le hirieran de niño. A nuestra madre también pueden haberla herido cuando era niña. Como no supieron curar las heridas de su infancia, nos las han transmitido. Si nosotros no sabemos transformar y curar las heridas que hay en nosotros, las vamos a transmitir a nuestros hijos y nietos. Por eso, hemos de volver al niño herido que hay en nosotros y ayudarle a curarse. A veces, el niño herido que hay en nosotros necesita nuestra atención. Ése niño pequeño puede aflorar de las profundidades de nuestra conciencia; y pedir, nuestra atención. Si eres consciente, oirás su voz pidiendo ayuda. En ese momento, en lugar de contemplar un bello amanecer, vuelve a ti mismo y abraza tiernamente al niño herido que hay en ti. «Inspirando, vuelvo con el niño herido que hay en mí; espirando, cuidaré muy bien de mi niño herido».


Para cuidar de nosotros mismos, debemos volver y cuidar del niño herido que hay en nuestro interior. Debemos practicar cada día el volver a tu niño herido. Debemos abrazarlo tiernamente, como si fueras un hermano o una hermana mayor. Has de hablarle. Y también, puedes escribir una carta al niño pequeño que hay en ti, de dos o tres páginas, para decir que reconoces su presencia y que harás todo lo posible para curar sus heridas. Cuando hablamos de escuchar con compasión, normalmente creemos que se refiere a escuchar a otra persona. Pero también debemos escuchar al niño herido que hay en nuestro interior. Está en nosotros aquí, en el momento presente. Y podemos curarlo ahora mismo.


«Mi querido niño herido, estoy aquí por ti, listo para escucharte. Por favor, cuéntame tu sufrimiento, muéstrame todo tu dolor. Estoy aquí, escuchándote de veras.» Y si sabes volver a él, escucharle cada día durante cinco o diez minutos, la curación tendrá lugar. Cuando subas una bella montaña, invita al niño que hay dentro de ti a subir contigo. Cuando contemples una hermosa puesta de Sol, invítale a disfrutarla contigo. Si lo haces durante algunas semanas o meses, el niño herido que hay en ti se curará. La plena conciencia es la energía que puede ayudarnos a hacerlo."


-Thich Nhat Hanh

 

 



 *Nota: cuando alguien no es capaz de gestionar este tipo de heridas por sí mismo es recomendable que acuda a trabajar estas cuestiones en el espacio seguro y bien orientado de una psicoterapia especializada en estos temas, para ir tomando consciencia de lo que sucede y para saber cómo manejarse ante este tipo de situaciones. 

 

 

 

 

 

sábado, 3 de julio de 2021

¿CÓMO CONSEGUIR QUE ALGUIEN OS QUIERA?




Es posible que, la pregunta que formulo os haya suscitado curiosidad o la expectativa de encontraros, por fin, con métodos eficaces para conseguir que alguien os quiera… Pero, siento decepcionaros, pues sobre todo quiero estimularos a reflexionar sobre ello. 

Si os paráis a pensar, os daréis cuenta de que en la frase del título de este escrito hay dos términos contradictorios: “conseguir” y “quieran”. 

 

Si esperabais la fórmula mágica para “conseguir” que os quisieran, siento deciros que esto no es posible. ¿Por qué no? Pues porque el “querer” implica libertad. Si yo creyera que consigo que alguien me quiera, ¿dónde está el “quiera” desde la libertad? “Querer” va unido a un acto de libertad. Si yo pensara que yo voy a conseguir que otro me quiera, esto implicaría que tengo la expectativa de controlarle, de que responda a mi necesidad de amor.

 

Imaginad por un momento que alguien apareciera un día en vuestras vidas y os dijera “voy a conseguir que tú me quieras”, ¿qué os provocaría?, ¿no os sonaría invasivo y poco respetuoso con vuestra libertad? 

 

Al encontrarnos con  otro ser humano, lo que suscita amor va unido a la libertad de que surja, sin presiones ni expectativas. El amor surge de dar espacio, de permitir un acercamiento progresivo en el que se da un conocimiento mutuo, desde el que puede o no surgir sintonía y amor, sea este del tipo que sea.

 

Otra cuestión en la que parece operar el querer es, por ejemplo, cuando nos damos la opción de querernos a nosotros mismos. Quizás ahí sí podemos hacer algo voluntario por fomentar el querernos, pues es algo que en parte depende de nuestra propia voluntad. Al querernos más y mejor es más probable que seamos más agradables para otras personas, pues podrán captar mejor nuestra dimensión “querible”. Lo que no quiere decir que ahora tengamos que querernos para que nos quieran. Nuevamente sería intentar manipular algo que es libre, para ser posible.

 

Con respecto a otros, lo que sí depende de nosotros es permitirnos el quererles, mirándoles con respeto y con amor. Así podríamos decidir poner en práctica el amor desde una actitud amable, que posibilitara el vínculo que abriera una puerta desde nuestro interior al amor; una puerta que fundamentalmente podemos abrir de dentro hacia fuera. Podríamos abrir esa puerta desde la libre opción de nuestro corazón de permitirnos o no querer a otros, de desear amar más que ser amados. Lo que, a su vez, puede animar a otro a sentirse de un modo similar por nosotros. 

 

Por lo tanto, con respecto al título de este post, no parece que podamos conseguir que alguien nos quiera. Si caemos en esta expectativa, seguramente se trate más bien de la necesidad de nuestro lado infantil de que otros colmen nuestro deseo de amor, a veces desde una herida de amor (si no nos hemos sentido amados en la infancia); otras veces de una necesidad de que alguien cubra nuestros vacíos o necesidades, o de que otro nos complemente de algún modo. Aunque sí tenemos derecho a desear ser amados, pero no a "conseguir" que otros nos quieran. 

  

En definitiva, que si nos planteamos que el amor es algo que hay que conseguir, más bien, lo que vamos a lograr es resultar ser cargantes, demandantes, absorbentes, de tal forma que lleguemos a lograr lo contrario a lo deseado: que no nos quieran. 


Lo que sí parece posible es que podamos encontrar ideas acerca de cómo conseguir que no nos quieran o que nos quieran menos: exigiendo amor, queriendo “conseguir” o manipular el amor, no queriéndonos a nosotros mismos o no queriendo a los demás.

 

Si queremos amor, lo primero es cultivarlo desde nosotros mismos, aprendiendo a ser libres para conectar con esa capacidad humana de abrir la puerta a la posibilidad de amar. Una posibilidad que es mayor cuando aprendemos a mirar con apertura la realidad de los otros y a dar espacio para el amor. Pero, aunque abramos esa posibilidad, tampoco podemos obligarnos a querer a nadie. La magia del amor ha de nacer de la libertad. En todo caso, el amor es una ventana o una puerta que podemos abrir desde el corazón, una vez que descubrimos que, en mayor o menor medida, es una capacidad que podemos ejercitar, posibilitar, abrir y así permitir que la fuente del amor brote de nuestros corazones. Quizás, así sea más posible que otra persona, vea más fácil el camino de apertura al amor desde el amor que le ofrecemos, siempre y cuando realmente respetemos su libertad de amar, o de no hacerlo.

 

 

 

domingo, 21 de marzo de 2021

EL "AMIGO" NARCISISTA. PARTE II




Escribo este post como continuación de uno anterior en el que inicié el tema de "El amigo narcisista”

Son muchos quienes expresan desconcertados su sufrimiento, por las dinámicas narcisistas. Por ello es preciso identificarlas, descubrir su sentido y ver posibilidades de autoprotección. Ante la pandemia de narcisismo que sufrimos, seamos más conscientes y también responsables de no dejarnos maltratar por quienes así funcionan. Si alguno que lea este post se ve afectado por el "virus narcisista", espero que le sirva para tomar más consciencia y buscar un camino para superar las heridas que le impiden ser quién realmente es.

Después de escribir la primera parte me han venido a la mente más elementos que nos pueden permitir identificarlos. Señalaría especialmente los aspectos que tienen que ver con cómo nos pueden hacer sentir:

- Sensación de no ser vistos por la otra persona. Nos damos cuenta de que no captan como somos realmente y de que pueden tener una imagen absurda, distorsionada o ajena acerca de nosotros, que nos puede llegar producirnos perplejidad. Hacen con nosotros lo mismo que hacen consigo mismos, generar ficciones. Como no se ven a sí mismos, no ven a los otros.

- Nos provocan desconcierto, ya que no somos de captar cuáles son sus códigos de conducta (hasta que desvelamos la farsa narcisista que explica su inconsistencia). Por ejemplo, no son previsibles, ni hay una coherencia entre lo que dicen-hacen. Si intentamos clarificar, hablando con ellos, las razones de sus acciones podremos sentirnos más confusos, pues la maraña de sus explicaciones no será coherente con sus actitudes y conductas. Podrán pedirnos perdón, darnos la razón, quitar importancia a lo que sea que genera problemas con ellos, etc. Pero volverán a lo mismo una y otra vez, repitiendo las mismas dinámicas manipuladoras y egoístas. 

- Sensación de estafa, si de algún modo nos vinculamos con ellos. Esto sucede porque su bombardeo amoroso o actitudes complacientes pueden hacernos pensar que realmente tienen un interés real por nosotros, hasta que sucede algo que les delata. O bien, nos damos cuenta de la falsedad de su apoyo, si recurrimos a ellos en una situación en la que necesitamos ayuda. Ahí emergerá la sensación de estafa en la supuesta amistad y nos daremos cuenta de que lo que parecía un vínculo real no era más que una estrategia de marketing para mantenernos atentos a ellos. Les gusta que estemos ahí, pero no se van a esforzar por ayudarnos realmente. 

- Mezquindad y falta de generosidad. Se les da bien adular, pero no corresponder a la generosidad de otra persona. Nos daremos cuenta de que prometen, pero que no son capaces de corresponder mínimamente a lo que se les aporta.

- Aunque nos aportan un aparente bienestar, drenan nuestra energía y nos cansan. No nos sentimos bien con ellos, nuestras emociones experimentan sensaciones contradictorias y tendremos sensación de que algo no acaba de encajar (los más hábiles hasta nos pueden llegar a convencer de que esto sucede porque algo falla en nosotros).

- Altibajos en la relación: habrá momentos en los que parecerá que estamos muy bien con ellos, por su dedicación y aparente cariño en la relación. Pero en otros momentos nos sentiremos súbitamente mal, por la retirada brusca de sus atenciones y “cariños” y por las incoherencias entre lo que dicen y hacen. La amistad intermitente que mantienen provocará una cierta adicción en personas más dependientes o en quienes viven momentos más vulnerables. Esto sucede por lo que se llama “refuerzo intermitente” (a veces hay premio y a veces no, lo que nos puede hacer adictos a sus dinámicas). Se puede sentir bienestar en su momento agradable (pues pueden ser muy amables), y después añoraremos a esa persona que, aparentemente, nos produjo bienestar (pero no olvidemos que es un bienestar del “ego”, no que realmente nos aportan algo profundo e interesante).

- Evitan temas que les pueden poner en evidencia o bien llevarles a una dimensión realmente profunda. Prefieren la ligereza o la superficialidad, haciéndonos responsables de nuestra profundidades e inquietudes por llegar a la verdad. Son buenos escapistas de llegar al meollo de cuestiones profundas, especialmente si les concierten a ellos (pues les podemos acabar descubriendo).

- Sufrimiento: relacionándote con alguien que realmente sea narcisista, sufrirás y no entenderás qué está pasando. Una y otra vez intentarás recuperar una relación que en realidad no existe, pues te vendieron una ficción de amistad inexistente o no tan valiosa o importante como has creído previamente.






Quizás alguien ya se esté preguntando en por qué consiguen engañarnos y vendernos la moto. ¿Por qué a veces nos camelan, aunque sea momentáneamente? Creo que por nuestras propias vulnerabilidades, ingenuidades e inconsciencias. Pueden ser, entre otras, las siguientes:

- Baja autoestima: si no vemos quienes somos, ni tomamos consciencia de que nuestra propia valía es independiente del juicio ajeno, seremos más vulnerables a volvernos dependientes del reconocimiento y de las manifestaciones ajenas de afecto. La baja autoestima también puede derivar de una forma exigente de mirarnos, dependiendo, por tanto, de que alguien tenga una manera aparentemente más amable de mirarnos, dado que no sabemos hacerlo por nosotros mismos.

- Inseguridad: Si no vamos fundamentando nuestra consistencia personal (más allá de cómo nos juzgan otros), seremos más dependientes de la opinión ajena, que consideraremos más valiosa que la nuestra. También es importante asumir que una parte de la vida implica inseguridad, pues nos somos dioses, ni somos omniscientes. Si dejamos de delegar nuestra seguridad en lo que otros nos dicen de nosotros iremos liberando nuestra seguridad de la pseudoseguridad que nos quieren transmitir las personas narcisistas aduladoras.

- Ingenuidades e inconsciencias: seremos más vulnerables al tener una visión naif de la vida, en la que creemos que si somos buenos los demás también lo serán con nosotros, o bien, si ignoramos la dimensión del mal y cómo se manifiesta en las personas (incluso en nosotros mismos, por buenos que queramos ser). Si no salimos de la ingenuidad e inconsciencia es más fácil que nos puedan “estafar” afectivamente. 

- Nuestro propio narcisismo: los narcisistas son muy hábiles manipulando nuestra “parcela narcisista”, es decir, la parte de nosotros que depende de la aprobación ajena y que busca ser querida a través de manejos como los suyos. En todo ser humano hay alguna “parcelita” de este tipo, el famoso “ego” del que hablan las tradiciones espirituales. Si tomamos consciencia de esa “parcela narcisista” es más difícil que nos puedan manipular, a través de nuestra necesidad de reconocimiento externo. Ellos saben hacer muy bien de “espejitos mágicos”, para decirnos que somos los más “bellos”. Si conseguimos ir acotando esa parcela y la herida de falta de amor que la sostiene, seremos más capaces de liberarnos de la necesidad de aprobación o de adulación externa para valorarnos. 

- Traumas no resueltos: que nos lleven a depender de personas similares a las que nos dañaron en nuestra infancia (en general suelen ser los padres).


¿Qué podemos hacer para relacionarnos con ellos y “defendernos” de sus manipulaciones?

- Darnos cuenta del problema que tienen y no creernos todo lo que nos dicen, especialmente lo que ponen de manifiesto de manera complaciente, adulándonos o prometiéndonos cualquier cosa. Sus códigos no son los de las personas honestas y sinceras, por más que lo quieran aparentar.

- Una vez conscientes de sus trampas, tomemos la responsabilidad de no dejarnos manipular ni engañar y observemos que nos ocurre internamente, si en algo estamos cediendo. La cuestión es no esperar lo que ellos no nos pueden dar, es fundamental no creernos su “publicidad engañosa” (y cuidado, que algunos tienen muy buen marketing). 

- Las dificultades con personas así pueden ser una buena oportunidad para conocernos mejor, viendo nuestra inconsciencia e ingenuidad, para ir saliendo de ellas, percibiendo qué nos hace vulnerables, detectando nuestro propio narcisismo, etc. Al darnos cuenta de que ellos ponen de manifiesto una parte de nuestras propias sombras, es decir, de “nuestra parcelita narcisista”, que les da espacio para que busquemos su aprobación y reconocimiento, podemos acotarla e irla reduciendo mediante la comprensión de lo que la provoca. Lo que supone atravesar un camino hacia la humildad, viendo en qué punto somos vulnerables a dinámicas narcisistas, por dejarnos llevar por la vanidad de ser admirados o supuestamente queridos por otras personas. Para ello es preciso estar también atentos a nuestras emociones y sentimientos. Escuchemos qué se mueve en nuestro interior en la relación con quienes así se comportan. Por un lado, sentiremos el subidón de los momentos en los que parecen entregados a la causa de relacionarse con nosotros, pero después experimentaremos la sensación de vacío y deprivación tras el chute endorfínico que pueden llegar a provocar con sus adulaciones y pseudoconexiones.

- Tomemos perspectiva y distancia, aunque sea temporalmente. Así podemos tomar consciencia de qué nos está sucediendo en la relación con ellos.





- Cultivemos la asertividad: así podremos ponerles límites y aprender a decir lo que queremos y lo que no, a pararles cuando nos adulan para manipularnos, o cuando adopten actitudes manipuladoras de cualquier tipo.

- Aprendamos a amarnos como somos, con nuestras virtudes y defectos. Cultivemos la conexión con la dimensión de profundidad que nos sostiene, a cultivar valores que nos hacen crecer humanamente y aprendamos a sacar de ahí un amor que nos libera de dependencias ajenas. 

- En el caso de que la relación con alguien así nos esté haciendo pasarlo mal, no queda otra que tomar total distancia y asumir eso que se llama “contacto zero”. Si es alguien de quien no nos podemos librar, por pertenecer a nuestro entorno, pongamos distancia interior, desde el respeto y la comprensión de que ellos son víctimas de sus propias dinámicas, pero sin abrirnos interiormente a que nos puedan dañar nuevamente.

- Si se repiten vinculaciones con personas así es recomendable acudir a una psicoterapia para descubrir qué condiciona entrar en ese tipo de relaciones falsas. A veces puede tratarse de traumas no resueltos.

Nuevamente es preciso señalar que muchas personas pueden tener un narcisismo parcial o “parcela narcisista”, sin ser narcisistas del todo. Por lo que el determinar la dinámica narcisista de alguien ha de ser en relación con una suma de muchos de estos factores y por el sufrimiento y desconcierto que provoca el vincularse con ellos. Si se suman muchos de estos elementos, y de manera continuada, piensa ¿realmente quieres ser amigo/a de alguien que no es tu amigo?

Si eres tú quién se ve reflejado/a en las actitudes narcisistas, aprovecha lo descrito para conocerte mejor y tratar de comprender qué te lleva a falsear tu vida, tu yo y tus relaciones y busca ayuda psicoterapéutica. Mantenerte ahí solamente te dañará y mantendrá en dinámicas que destruirán tu vida y la de quienes te rodean. Entiendo que es muy duro mirar a las heridas tan profundas que te mantienen en la falsedad, pero más doloroso será vivir así, en la adicción compulsiva a gustar, al engaño. Un engaño muy peligroso y destructivo porque concierne especialmente al engaño sobre tu ser y sobre tu propia existencia. Así, la destrucción de tu vida está servida, por mucho que gustes y quieras ser querido por los otros. Lo que está claro que que así, ni querrás, ni serás querido, ni existirás como realmente eres, para nadie. Como en las adicciones más graves hay salida, pero es preciso proponérselo…

martes, 23 de febrero de 2021

EL “AMIGO” NARCISISTA. PARTE I

Cada vez son más frecuentes las publicaciones relacionadas con el narcisismo. Aparte de la pandemia de Covid-19 también vivimos mundialmente una pandemia de narcisismo, que me temo que ha sido parte de lo que ha agravado la propagación del Covid-19, ya que las personas narcisistas no parecen especialmente conscientes de que han de tomar medidas de prevención para protegerse (a ellos no les va a pasar nada) y proteger a otros (les resulta indiferente lo que les pase a los demás).

 

Las publicaciones en alza sobre el narcisismo ponen de manifiesto cómo son los jefes narcisistas, los políticos narcisistas, las parejas narcisistas, los líderes espirituales narcisistas, pero no he encontrado gran cosa sobre cómo son los “amigos” narcisistas. Así que me pongo a ello, por tantas historias que me llegan al respecto y por la experiencia directa de haber conocido a alguno de ellos.  Expondré algunas pinceladas por si sirven de orientación, a quien se esté encontrando con personas que funcionan a modo narcisista. Además, si tenéis rasgos narcisistas, mejor haceros conscientes de ellos para tratar de ver qué heridas o carencias os llevan a comportaros de ese modo con los demás y buscad terapia (causáis sufrimiento a otras personas y también sufrís innecesariamente).

 

¿Cómo es el “amigo” narcisista? (atención que pongo “amigo” entrecomillado, pues de amigos suelen tener más bien poco).

 

El “amigo” narcisista aparecerá inicialmente con una actitud agradable y seductora. Nos colmará de amabilidades y nos adulará, por lo que a él le llame la atención de nosotros. Suele ver nuestras cualidades como parte de un trofeo que quiere conseguir para su colección: currículum y titulaciones, nivel de prestigio, belleza, inteligencia, contactos, cargo que ocupamos, éxito o cualquier otra cualidad que le sugiera poder, influencia o capacidades que pueda aprovechar para sí mismo o para mostrarte en sociedad como una de sus nuevas adquisiciones. A mí me llama la atención cómo presentan a otras personas, señalando facultades externas relacionadas con el listado que acabo de mostrar.

 

Cuidado con la estrategia inicial del bombardeo amoroso y la hábil seducción al que nos pueden someter. Nos dirán todo tipo de halagos, adulaciones, expresiones de afecto máximo, aparente mostrar interés por nosotros y por nuestras vidas. Los más inteligentes nos estudiarán atentamente, para aportarnos lo que suponen que es lo que más nos gusta escuchar. Detectarán nuestros puntos de vulnerabilidad para ofrecernos primero ayuda, y con el tiempo para cuestionarnos por tener esas mismas fisuras. Como a todos nos gusta que nos traten bien, reconozcan nuestras virtudes y nos ofrezcan ayuda ante nuestras dificultades, podemos caer en la trampa de pensar en que por fin hemos encontrado una persona realmente amable y sensible que tiene un genuino interés por nosotros (sobre todo si son hábiles e inteligentes en sus estrategias). 



¿Cómo detectarlos en esta fase? Lo más importante es darnos cuenta de que no es normal tanta adulación o interés desmedido sin conocernos. Las amistades reales se van dando progresivamente, sin tanta exaltación y expresión de una súbita sintonía. También veamos en qué se fijan de nosotros y qué nos alaban. ¿Son elementos externos, como los ya señalados? ¿Se fijan mucho en aspectos nuestros de los que obtener beneficios de cualquier tipo? ¡Cuidado! 

 

También es posible que detectemos pequeñas mentiras desde la fase 1. Desde la exageración en su manera de describirnos, a la expresión de que han leído (si publicamos algo) todas nuestras publicaciones desde el Pleistoceno (es fácil detectar que no es verdad), o que son grandes amigos de personas importantes (a algunos les gusta presumir de amigos diversos), o bien veremos alguna exageración o empeño en mostrar sus méritos profesionales, personales, etc. Veremos en esto una forma de dialogar muy centrada en su yo-yo-yo. Tienen que causar buena impresión y acaban hablando demasiado de sí mismos y de sus grandes capacidades, intereses, sensibilidades. Observemos también cómo nos escuchan. ¿Escuchan realmente? ¿Ponen interés en lo que les estamos diciendo? ¿Se acuerdan posteriormente de algo que les hemos contado? ¿Mantienen su palabra en pequeñas cosas que afirman que harán, conseguirán, etc.? ¿Cómo reaccionan si en algo argumentamos en contra de lo que ellos afirman como verdad? (no muy bien). Y una clave importante, ¿qué empatía tienen? Dado que estarán en fase de seducción con nosotros, es más fácil verlo con las personas que ellos consideran de “menor nivel”, como camareros, porteros u otros a los que clasifican por debajo (el desarrollar ese tipo de ranking social también es parte de lo que les define). Con esas personas a las que ven como inferiores, se verá claramente su actitud de cosificación y falta de respeto, la arrogancia, la exigencia y la superioridad. Por ejemplo, pueden actuar con sumo desprecio y hasta con agresividad ante un mínimo fallo de un camarero, al ponen por debajo de sí mismos. En el otro extremo, veremos su veneración con quienes ponen en un “nivel superior”, con quienes se comportarán de forma servil y hasta sumisa, porque son “gente importante”. Es frecuente en las personalidades narcisistas no saberse comportar a “nivel horizontal”, es decir, para ellos, las personas son superiores o inferiores. No hay iguales, no entienden el sentido de comportarse de igual a igual. En todo caso lo fingen.

 

Además, están constantemente en una especie de “personaje” que repite estereotipadamente gestos, frases, expresiones grandilocuentes, buscando el feedback de los demás. Les veremos muy atentos a los demás, pero para ver qué provocan en ellos. A veces podemos confundir esto con auténtico interés y empatía.

 

Cuando ese “amigo” narcisista cree que ya nos ha camelado o cuando realmente lo ha hecho y pensamos que estamos en un lugar seguro, se irá relajando y podremos empezar a captar más cosas: 


- Cómo hablan de los demás: son criticones, a veces de forma cruel, por detalles mínimos, explayándose contra quienes no están en su corte de seguidores abducidos. Claro, cuando no están delante.

- Su actitud complaciente: nos prometerán cosas que después no harán, especialmente si les suponen algo de esfuerzo o trabajo.

- Su nivel de exigencia: has de pensar como ellos o satisfacer sus necesidades emocionales de reconocimiento, afecto, feedback inmediato, hacerles favores, etc. Si no, aparecerá la furia narcisista o harán mutis por el foro, es decir, desaparecerán súbitamente de esa estupenda “amistad” que se supone que tienen con nosotros.

- Sus valores: antes o después vemos su trato hacia otros o su manera poco ética de andar por el mundo.

- Su falta de transparencia. Y no entenderán a alguien que se comporte con transparencia, ya que ellos no son así.

- Su falta de congruencia: dicen unas cosas y hacen otras, continuamente.

- Cómo se miden con nosotros: cuidado con superarles en algo; eso mismo por lo que nos admiraban puede generarles una tremenda irritación si destacamos más que ellos (son muy envidiosos).

- Su falta de confianza en tu sinceridad o en ti, en general: dudan, por ejemplo, de tus expresiones de afecto o de tu lealtad, porque no pueden concebir que alguien actúe desinteresadamente.

- Su desconfianza en tu aprecio: no creerán que puedes tenerles un cariño genuino, pues entienden la vida como meros intercambios y no conciben la existencia del amor real. También, como viven instalados en una farsa, pueden creer que si les quieres es porque te han engañado (de manera consciente o inconsciente). Tampoco creen que alguien pueda hacer algo de lo que ellos no son capaces, querer desinteresadamente.

- Su tendencia a la mentira: desde lo más nimio a lo más importante.

- Sus actidudes manipuladoras: seducir (con el bombardeo amoroso), mentir, hacer “luz de gas” (te culpan de lo que ellos hacen mal, por ejemplo), intermitencia en las relaciones, castigos desmedidos por pequeños errores, etc.

- Sus agresiones directas o indirectas: a veces muy sutiles, pero que pretenden hacer sentir culpable de sus malas actitudes (si cometen alguno de sus errores, y protestas por ello, dirán que eres neurótico/a, susceptible, etc.) o bien tratarán de ponerte en una posición de inferioridad (señalando tus defectos, inadecuaciones, etc.).

- Su hipersensibilidad ante las críticas o correcciones. En algunos casos, pueden desencadenarles una tremenda furia y resentimiento las críticas o correcciones mínimas.

- La actitud evasiva, o incluso la desaparición súbita o intermitente, sin que haya una explicación. Y, si se la pides, solo obtendrás respuestas confusas o ataques (te dirán que si preguntas es que tienes problemas o si es que estás enamorada/o de ellos, porque te inquietas por sus fluctuaciones en la relación, por ejemplo). A veces llamo el “síndrome del Guadiana” a esa desaparición súbita e intermitente; veremos que, aunque parecen ser grandes amigos tuyos, súbitamente no sabes nada de ellos y pasado el tiempo otra vez aparecen como grandes amigos y así sucesivamente. No busquéis explicaciones a su intermitencia, no os las darán.

- Demoras excesivas cuando quieres tener una conversación seria con ellos. El miedo a la confrontación o a exponerse a cualquier crítica les puede hacer entrar en pánico y evadirse lo más posible.

- Demandas de atención inmediata cuando ellos lo precisan.

- Su falsa amabilidad: tratarán de complacerte, especialmente si quieren algo de ti, pero por detrás te criticarán y plantearán tus necesidades como algo absurdo o caprichoso.

- Doble cara: sonrisas y halagos frente a ti, críticas injustas a tus espaldas.

- Actitud competitiva contigo: te dediques a lo que te dediques, ellos saben más que tú. Te pretenderán dar lecciones y correcciones sobre tu ámbito profesional, pretendiendo incluso corregir lo que sea fruto de un intenso estudio y de años de experiencia. Con el tema de la pandemia me encuentro a unos cuantos dando “homilías” aleccionadoras, o corrigiendo a los científicos expertos, por haber leído un par de artículos periodísticos, haber visto unos vídeos de you tuve o leído cualquier otra fuente de información que exaltan y absolutizan. Es curioso que veo más estas actitudes entre quienes sostienen discursos que niegan la evidencia científica, simplifican lo que está pasando o caen en visiones conspiranoicas.


Como esta entrada ya me ha quedado bastante larga, en otro post hablaré de cómo comportarnos ante estas actitudes. Lo principal es poner distancia y claro, no creernos que son realmente nuestros amigos. 


*Imágenes de Pixabay (LeandroDeCarvalho)


viernes, 22 de enero de 2021

ESPIRITUALIDAD Y SALUD MENTAL: REFLEXIONES A RAÍZ DE LA PANDEMIA POR EL VIRUS SARS-COV-2




Os comparto una entrevista que me hicieron en abril de 2020, desde la Clínica Galatea, sobre "Espiritualidad y salud mental: reflexiones a raíz de la pandemia por el virus SARS-CoV-2"


Creo que puede ser de utilidad también ahora.


 ¿Qué definición propone del término espiritualidad?

Las definiciones de lo que es la espiritualidad son muy variadas, quizás haya tantas formas de vivirla como personas. Procuraré resumir las que me parecen más acertadas, con una variedad de opciones en la que cualquier persona pueda encontrar su manera de entender la espiritualidad.

La espiritualidad tiende a considerarse como la dimensión más esencial del ser humano, o a relacionarse con aspectos inmateriales de la existencia, como nuestra capacidad de amar o de tener compasión o de sacar fuerzas de lo más profundo de nosotros mismos. También se asocia con la trascendencia, con la esperanza, con la inspiración, con el propósito y con el sentido de la vida y con el sentido último de todas las cosas. En otros casos se ha relacionado la espiritualidad con la capacidad de conectar armónicamente con lo más profundo de uno mismo, con los demás, con la naturaleza, con Dios o con una realidad superior. O bien se ha entendido como lo que inspira y alimenta el amor, la ética, la creatividad, la consciencia o la percepción de lo sagrado.

Viktor Frankl plantea que la espiritualidad es lo que tenemos de humano y la dimensión esencial en la que acontece nuestra existencia. La espiritualidad puede aportar ciertos recursos internos y puede darnos fuerzas, creatividad, humanidad o sentido a la vida. Algo que puede ser muy importante en las situaciones difíciles que se nos presentan, aportándonos elementos que permitan superarlas o afrontarlas mejor.

¿Cuál es la relación entre espiritualidad y salud mental?

En la mayoría de los estudios que tratan de buscar esa relación, se encuentra una asociación positiva entre cultivar la dimensión espiritual y mejor salud mental (menos ansiedad, menos depresión, menos adicciones, menos riesgo de suicidio, mejor pronóstico de enfermedades mentales, etc.). La espiritualidad también se ha relacionado con un mayor bienestar psicológico. No obstante, hay algún estudio que pone de manifiesto que esa relación puede ser inversa cuando se viven formas de espiritualidad más infantiles o narcisistas. Por lo que habría que discernir, en cada caso, si la espiritualidad lleva a mirar más allá de uno mismo y a amar más a otros (y en este caso hablaríamos de espiritualidad más “saludable”), o bien si la espiritualidad es una forma de regresión narcisista al servicio de los propios egoísmos (y en ese caso, esa manera de vivirla nos perjudicaría y no sería “saludable”).

A la hora de abordar el sufrimiento psíquico en las circunstancias actuales, ¿cómo debe acercarse el clínico a la exploración de la dimensión espiritual del sujeto? 

Hay varias formas de acercarse a la espiritualidad del sujeto, con dos líneas fundamentales de abordaje. La primera es preguntando directamente si a una persona en concreto la religiosidad o la espiritualidad le ayuda a sobrellevar mejor su situación de sufrimiento (lo que incluiría preguntar aspectos generales de su visión espiritual y por prácticas espirituales o religiosas que le puedan resultar de ayuda). También es importante preguntar si esa religiosidad o espiritualidad puede generarle algún problema (pensemos en cuando se vive de forma estricta, cuando hay conflictos con una comunidad, etc.). 

La segunda línea general de abordar la cuestión es con preguntas más indirectas, como plantearle a la persona qué le está dando fuerzas en estos momentos de dificultad o qué le ha dado fuerzas en otros momentos difíciles de su vida (muchas veces surgen alusiones a la espiritualidad). 

En cuanto a los profesionales de la salud, ¿cree que deben cuidar la dimensión espiritual o que, sin saberlo, ya lo están haciendo? ¿Tiene que ver este cuidado con comulgar con una confesión religiosa o es aplicable a cualquier ser humano?  

No considero que el cuidado de la dimensión espiritual se pueda considerar como un “deber”, sino que creo que es una oportunidad de crecer y de encontrar fuerzas adicionales y sentido ante lo que nos toca vivir. Creo que todo ser humano que busca expresar ciertos valores en su vida, como el bien y la verdad, la justicia o el amor, ya está poniendo de manifiesto algo espiritual que le construye como persona y que le ayuda a dar sentido a su vida cotidianamente. El hacernos conscientes de ello nos puede ayudar a cultivarlo con más énfasis y a darnos cuenta de cómo nos llega a construir como personas, de una manera más completa, aportándonos más riqueza, profundidad, más luz y fuerzas para combatir las dificultades que tenemos que atravesar en nuestros días. 

Ese cuidado puede hacerse dentro o fuera de una confesión religiosa. Al ser una dimensión constituyente de todo ser humano, se da en todas las personas, tanto si son religiosas como si no. La diferencia es que la religión aporta, entre otras cosas, un método de cultivar la dimensión espiritual y un camino compartido con otros.

¿Cómo se cultiva esa otra escucha de uno mismo y de los demás? Más aun teniendo en cuenta que están en circunstancias muy adversas por lo que respecta a la propia seguridad, desbordados por la virulencia de la infección, viéndose obligados a ser los únicos acompañantes de enfermos moribundos o teniendo que informar a sus familias.

Hay muchas formas de cultivar esta dimensión. Creo que la principal, en estas circunstancias, es aprender a mirar lo mejor y más profundo de nosotros mismos y a potenciarlo, siendo conscientes del bien que podemos albergar y aportar a otros, valorando lo que somos como seres humanos que tienen la oportunidad de traer salud, alivio y compañía humana a otras personas que sufren (pacientes y compañeros de trabajo). Acordarnos de esto y ponerlo en práctica, en nuestro trabajo como profesionales de la salud, me parece que es algo fundamental.

Añado una serie de posibilidades, porque creo que puede ser de ayuda para contemplar diversas opciones:

  • Ser conscientes de qué puede ser esa dimensión espiritual, preguntarnos por ella, explorándola para conocernos mejor a nosotros mismos. Conocernos puede hacer que nos demos cuenta de esa dimensión que todos tenemos en lo profundo y que puede aportarnos luz y fuerzas en la adversidad y ayudarnos a afrontar las dificultades cotidianas que nos toca vivir.
  • Cultivar la conexión con la espiritualidad: con oración, meditación, petición, intención de tener compasión y amor (hacia nosotros mismos y hacia los demás), lecturas espirituales, etc. También puede ayudar el hecho de darnos espacios para el silencio (aunque sea durante segundos), para estar con nosotros mismos y cultivar así nuestra vida interior. Podríamos aprovechar ese silencio interior para mirarnos con empatía y amor, apoyándonos en la perspectiva de que algo que nos sostiene desde dentro o más allá de nosotros puede ser de gran ayuda ante la adversidad. Otra opción puede ser hacer una oración en mitad de la acción pidiendo fuerzas, pidiendo por la salud y el bienestar del paciente que tenemos delante o simplemente transmitiéndole acogida y cariño (algo que es también fundamental hacer con nosotros mismos). También se puede meditar poniendo plena atención al momento presente y a lo que toca hacer en este momento, dejando de lado distracciones y “ruidos” mentales.
  • Tener experiencias comunitarias: tener una red de encuentro y de soporte, dentro de la misma fe, perspectiva espiritual o práctica de meditación, puede ser también de gran ayuda. En nuestro trabajo, también ayuda si compartimos algo de esa práctica con compañeros que tengan una perspectiva similar a la nuestra, o al menos podemos hablar de ello y apoyarnos mutuamente.
  • Buscar el sentido de la vida, como planteaba Viktor Frankl, captando el valor de lo que hacemos y de lo que sucede en cada momento. También se puede buscar el sentido mirando la vida desde una perspectiva global de nuestra existencia o buscando el sentido último de todas las cosas (como, por ejemplo, tratando de percibir un orden implícito que lo sostiene todo).
  • Buscar sentido al sufrimiento: ante el sufrimiento, Viktor Frankl propone poner en marcha los valores de actitud. Por ejemplo, tomar consciencia de que ante lo que estamos pasando puede existir la posibilidad de adoptar una actitud constructiva, viéndola como posibilidad de aprendizaje, entrega, superación personal, cooperación con otros, etc. Para Frankl esa libertad de cultivar la mejor actitud posible se sostiene en la capacidad del espíritu para oponer resistencia a circunstancias adversas.
  • Cultivar la aceptación, dándonos cuenta de que nuestro yo no es el que lo controla todo y de que la realidad que nos rodea es más que nosotros mismos y nuestros deseos. Para las personas religiosas, esto se manifestaría poniendo todo lo que no pueden controlar en manos de Dios y centrando la acción en lo que realmente sea posible controlar. La aceptación es un elemento fundamental para tolerar la incertidumbre y desarrollar humildad y apertura ante la realidad.
  • Cultivar la libertad interior: lo que quiere decir que en nuestro interior hay un espacio íntimo en el que no puede entrar nadie más que nosotros, desde donde podemos mirar lo que ocurre fuera con más libertad y perspectiva, así como encontrarnos con nosotros mismos en lo más íntimo y profundo que tenemos. Tomar consciencia de la libertad interior nos permite ejercerla y tener más capacidad de elección, lo que puede dar más posibilidades de crecer en la adversidad.
  • Tomar consciencia de fuerza del amor y ponerlo en práctica: el amor es fundamental para sobrevivir en situaciones adversas, para unirnos a otros y dar sentido a la relación de ayuda. Ese amor debe incluirnos también a nosotros mismos para ser completo y debe llevarnos a cuidarnos de manera adecuada. A su vez, el amor nos ayuda a mirar más allá de nosotros mismos y aumenta las posibilidades de que podamos ver más allá de nuestro dolor. En la situación que vivimos hay muchas vías de expresar ese amor, desde el cuidado de nuestros pacientes actuando con ellos como nos gustaría ser cuidados nosotros, hasta el cuidado y respeto a las relaciones con nuestros compañeros, familiares, etc., pues a todos nos toca, hoy en día, bregar con una dosis, mayor o menor, de sufrimiento.
  • Cultivar la consciencia de la belleza: la belleza aporta sentido, nos abre el horizonte hacia una percepción más amplia de las situaciones dolorosas, de tal forma que, si prestamos atención a la belleza de las pequeñas cosas cotidianas, es más fácil poder soportar los días adversos y que la negatividad no nos invada. Puede consistir en darnos tiempo para ver imágenes que nos resulten bellas, percibir detalles cotidianos que nos inspiren esa belleza en mitad de las dificultades que nos toquen vivir (a veces, tan sólo mirar por un instante la luz que entra por la ventana, nos puede conectar con la belleza y aliviar nuestro malestar).

El filósofo Wittgenstein acaba el “Tractatus Lógico-Filosófico” con el aforismo: “de lo que no se puede hablar, más vale callar”. ¿Qué le sugiere? ¿Recomendaría una cierta dosis de silencio en las actuales circunstancias?

Sí, necesitamos silencio ante lo que aún no podemos comprender y asimilar. Lo que no quiere decir que una vez comprendido, discernido y sometido a un juicio crítico, no podamos hacer un análisis correcto de la situación y actuar en consecuencia.

Por último, como directora de la Cátedra Edith Stein de Ávila, ¿qué nos diría una mística como ella hoy?

Creo que nos diría fundamentalmente que el sufrimiento tiene sentido, siempre y cuando sepamos mirarlo desde el lugar más profundo de nosotros mismos, con apertura al amor, a la entrega y a la empatía con el sufrimiento de otros. Para ella, el sufrimiento supone una oportunidad de aprender y de estar más unidos a un Dios que sufre con nosotros porque se ha permitido vivir la vulnerabilidad humana en la cruz, por lo que nos acompaña hasta en los dolores más intensos de la vida. Para ella, también es importante la experiencia de vivir con la confianza en que nuestra realidad interna y externa es sostenida por Dios, a pesar de todas las cosas difíciles que nos queden por atravesar.


La entrevista original está en este enlace: https://www.clinica-galatea.com/es/bloc/coronavirus-espiritualidad-salud-mental/