lunes, 6 de mayo de 2019

X CONGRESO DE ANTROPOLOGÍA, PSICOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD “ACOMPAÑAR EN EL SUFRIMIENTO Y EL DOLOR”



Todos nos encontramos con personas que sufren, empezando por nosotros mismos, pues el sufrimiento se da en toda vida humana. El cómo nos enfrentamos a nuestro propio sufrimiento y dolor, es un factor fundamental en cómo abordamos esta situación en quienes encontramos. A su vez, como reaccionamos ante los otros también va configurando una manera de estar en el mundo y ante nosotros mismos. 

Saber acompañar a otros en momentos de sufrimiento y de dolor no es una cuestión que ataña solo a profesionales de la salud. Es una cuestión que apela a la responsabilidad de todo ser humano en algún momento de su vida. Por ello, consideramos que es una cuestión fundamental sobre la que reflexionar y aprender, desde diferentes perspectivas y experiencias.

Para desarrollar más consciencia sobre estas cuestiones tenemos en Ávila, el X CONGRESO DE ANTROPOLOGÍA, PSICOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD, con una visión interdisciplinar e interreligiosa. 

El tema de este año es:


“ACOMPAÑAR EN EL SUFRIMIENTO Y EL DOLOR”

CÁTEDRA EDITH STEIN, UNIVERSIDAD DE LA MÍSTICA, ÁVILA

PRESENCIAL Y ONLINE

25-27 de Octubre de 2019


VIERNES 25 DE OCTUBRE:

Mañana:

- 9:15 -- Recepción y entrega de documentación.

- 9:45 - 10:00 --- Acto de apertura y presentación del congreso.

- 10:00 - 11.00 – Ponencia inaugural: 
Vivir y acompañar el sufrimiento del duelo
José Carlos Bermejo 
Religioso Camilo, Doctor en teología pastoral sanitaria, Director Centro San Camilo y Centro de Humanización de la Salud.

- 11:00 - 12:00 --- 
La Sedaká como justicia
Esther Bendahan
Escritora y Directora de cultura del Centro Sefarad Israel de Madrid


- 12:00 - 12:30 --- Descanso.

- 12:30 – 13:30--- Diálogo con ponentes presentes y público


Tarde:

16:00 - 17:00 --- Ponencia
Seres Humanos cuidando de otros Seres Humanos. Acompañando en el sufrimiento y dolor de nuestros Pacientes
Rosana Mainar
Médico especialista en Geriatría y Gerontología y en Medicina de Familia, Master en Cuidados Paliativos


17:00- 18:00 –-- Ponencia 
Sufrimiento y aceptación en cuidadores de familiares mayores 
Javier López
Doctor en Psicología, Profesor de la Universidad CEU-San Pablo de Madrid

18:00 – 18:30 --- Descanso

18:30-19:30 --- Diálogo con ponentes presentes y público



SÁBADO 26 DE OCTUBRE:

Mañana:

- 10:00 – 12:30 ---  

El Arte “Ese” Acompañar

Adriana Ozores
Actriz de cine, teatro, televisión, investiga el autoconocimiento a través de la interpretación

Abdelatif Hwidar
Actor, guionista y director de cine

- 12:30 - 13:00 --- Descanso.

- 13:00 - 14:00 --- Comunicaciones

 Tarde:

16:00 - 17:00 --- Ponencia
Releyendo a Edith Stein desde la experiencia clínica de acompañamiento
Enric Benito
Médico especialista en Oncología y Paliativista, Coordinador del Programa de Cuidados Paliativos de las Islas Baleares


17:00-18:00—-- Ponencia
La huella del arte de cuidar en la filosofía de Edith Stein
Amparo Nogales
Doctora en Historia Moderna y Doctora en Ciencias Biomédicas. Profesora Honorífica Universidad Rey Juan Carlos


18:00 - 18:30 – Descanso

18:30 - 19:30 --- Diálogo con los ponentes presentes y público


Domingo 27 de Octubre:

- 10:00 - 11:00---  Ponencia 
De la em-patía a la sim-patía. El milagro de la compasión
Amedeo Cencini
Doctor en Psicología, Profesor en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma

- 11:00– 12:00 --- Ponencia de clausura
Una Iglesia-evangelio para los pobres: Acompañar en el sufrimiento.
Santiago Agrelo
OFM

- 12:00-12:30 Diálogo con ponentes presentes y público


- 12:30 - 12:45 ---  Clausura de las Jornadas


Más información e inscripciones en info@mistica.es 

jueves, 4 de abril de 2019

SENTIMIENTOS: UNA VISIÓN MÁS ALLÁ DEL MIEDO O DEL SENTIMENTALISMO



Cuando hablamos de sentimientos es difícil encontrar visiones equilibradas, que nos permitan comprenderlos para encontrar vías de expresión que resulten liberadoras, armónicas y humanizadoras.

Por un lado nos encontramos con visiones que plantean que los sentimientos son aspectos negativos que hay que controlar, frenar o incluso suprimir. Quienes así los enfocan suelen sentir temor ante los propios sentimientos, asumiendo la misma actitud ante los sentimientos ajenos. En este caso lo principal es pararlos, frenarlos o incluso pretender eliminarlos si resultan excesivos o inadecuados. Los sentimientos de otros resultan incómodos a estas personas, pues al no aceptar los propios, tienden a querer frenar los de los demás. En estos casos suele haber miedos de fondo, que impiden la libertad en como se viven los sentimientos y se coarta la libertad de otros.


Por el otro lado está el sentimentalismo extremo, en el que todo sentimiento es un elemento de verdad incuestionable por el que hay que dejarse llevar y expresarlo hasta el paroxismo, les guste o no a los demás. Los sentimientos, desde esta perspectiva, se plantean como absoluto incuestionable, que se ha de imponer en cualquier situación, porque uno/a se tiene que expresar para “fluir”, cayendo en una especie de diarrea afectiva descontrolada ante cualquier sentir que resulta intenso y perdiéndose el control interno con tranquilidad, ante cualquier sentir que se de, sea éste positivo o negativo.


Curiosamente, nos encontramos con que a veces, los de la primera opción, pueden expresar súbitamente de forma imprevista y descontrolada sentimientos inesperados, ya que pueden acumularlos, como una olla a presión, los sentimientos no procesados adecuadamente. 

Los de la segunda opción también pueden “bloquearse” cuando “no sienten nada”, pues confunden el vivir o el estar con el “sentir”, y a veces se ven en una parálisis emocional ante la falta de emociones intensas.

En ambos casos podemos ver extremos del procesamiento de los sentimientos que acaban generando el sufrimiento, tanto en quienes así procesan lo que sienten, como en quienes se relacionan con ellos. El primero intenta bloquear los sentimientos de otros, el segundo pretende que los demás soporten su hiperexpresión, o se siente incómodo si los demás no se expresan del mismo modo. Quizás todo ser humano hemos podido experimentar, en parte, una u otra situación, o estamos, en general en algún punto medio de ambos extremos, moviéndonos en una u otra dirección según el momento, las circunstancias, etc. Aunque creo que el procesamiento sano de los sentimientos, es más que el término medio, en estas cuestiones.

También es importante tener en cuenta las consecuencias de este mal manejo de los sentimientos. Ya que el bloqueo de los sentimientos nos puede hacer enfermar mental y físicamente y la hiperexpresión impide la maduración sana de nuestra estructura psíquica, pues se puede estar en una ensalada caótica e insoportable de emociones que no se saben manejar, viviéndose como un corcho a la deriva y también perjudicándose la salud mental de quién así los vive.

Las propuestas principales, que quiero plantear en este post, para entender y enfocar más sanamente los sentimientos consisten en lo siguiente:

- Los sentimientos derivan de la interpretación, consciente o inconsciente, que hacemos de las emociones. Las emociones son reacciones automáticas, en parte espontáneas y en parte condicionadas por experiencias previas, que no podemos evitar. 

- Es importante aceptar las emociones como son, entendiendo que son involuntarias.

- Las emociones y los sentimientos y que aportan información acerca de lo que somos o de las experiencias previas que hemos vivido. 

- Las emociones y los sentimientos nos humanizan y aportan más plenitud a la vida.

- Respetar nuestras emociones y sentimientos, sin absolutizarlos, es también respetarnos a nosotros mismos.

- Las emociones y los sentimientos nos aportan información de lo que sucede dentro de nosotros, por lo tanto nos ayudan a conocernos mejor. 

- Aunque no podemos cambiar las emociones, sí podemos modular nuestros sentimientos, procurando tomar consciencia de cómo se generan con nuestras interpretaciones de las cosas y, al irlos comprendiendo, podemos enfocarlos de una manera más sana, sin bloquearlos ni sobredimensionarlos.

- Es sano tener emociones y sentir, aunque pueda ser a veces desconcertante. 

- Es importante saber que no somos lo que sentimos. La emoción y el sentimiento son expresiones de nosotros, pero no son todo nuestro ser. Por ejemplo, en el caso del amor, éste no es solo un sentimiento. Podemos querer mucho a alguien, pero en un día de enfado podemos no tener sentimientos de amor por esa persona, eso no significa que no la queramos. A su vez, expresar el amor que sentimos y también el enfado, de una manera que no dañe o asfixie al otro, es importante para las relaciones humanas equilibradas y para nuestro propio ser.

- Las emociones y sentimientos, cuando se aceptan y se miran tratando de comprenderlas con cariño y compasión sana hacia nosotros mismos, normalmente llevan a un mayor equilibrio interior. La comprensión de ambos pasa por el tratar de captar cuál es la necesidad profunda que hay en la raíz de los mismos. Puede ser una necesidad de amor, de aceptación o incluso de sentido.

- Las emociones y los sentimientos también pueden ser fuente de creatividad, cuando encontramos esa vía de expresión.

- Es importante también comprender que no todo el mundo es capaz de expresar sus emociones y sentimientos de la misma manera. Las personas introvertidas son más contenidas y sutiles, las extrovertidas son más expansivas y expresivas. No es ni mejor ni peor, son formas de ser. Lo importante es que cada cual encuentre su cauce de expresión y que éste se respete.


En definitiva, dejémonos emocionarnos, sentir y percibir lo que vivimos adentro y busquemos un canal de expresión fluida y respetuosa de ese sentir. Creo que la expresión libre y armónica de los sentimientos es necesaria para un mundo más humanizado y una vida más plena. No somos autómatas, ni somos ensaladas caóticas de emociones. Se trata de aceptar el sentir y de integrarlo en una perspectiva más amplia de nosotros mismos. Y, si conectamos ese sentir con un amor más profundo, por nosotros mismos y por los otros, seguramente nuestras vidas sean más sanas y plenas en todos los sentidos. 





Nota: Imágenes de Pixabay.







domingo, 18 de noviembre de 2018

¿SECTAS EN EL SIGLO XXI?



Algunos creen que esto de las sectas es un tema del pasado, y que, en nuestro siglo XXI, ya no es posible caer en manos de grupos sectarios pues estamos mucho más informados que antes, tenemos mucha más libertad para hacer lo que queramos, etc. Pero nada más lejos de la realidad. Siguen proliferando por doquier diversas sectas y minisectas. Parece que incluso es un fenómeno en expansión por todo el mundo, en los últimos años. El tener más libertades y acceso a todo tipo de fuentes de información no significa que tengamos criterio y discernimiento suficiente para no ser engañados por diversos desaprensivos, iluminados o visionarios… Incluso nos hace más vulnerables a ser captados el acceso a tanta información diversa. Muchas sectas también captan por internet.



Para quienes quieren evitar caer en garras de sectas, o para quienes quieren discernir si un ser querido está cayendo en alguna, dejo aquí algunos puntos a tener en cuenta (no hace falta que se cumplan todos):


- Hay un líder o líderes carismáticos y egocéntricos de los que parte la idea de fundar un grupo de estudios, religioso, espiritual, terapéutico, político o con cualquier contenido que consiga aglutinar a gente a su alrededor. Si ésta es gente descontenta, desorientada e insatisfecha con algún tema, mucho mejor. En ocasiones, el líder o líderes pueden no parecer tan carismáticos ni egocéntricos, pues se han montado una fachada de pseudohumildad y amabilidad, pero vemos que su empeño en liderar el grupo, por encima de las iniciativas del resto de miembros, siempre está presente. ¿Por qué no construyen su grupo, de forma más horizontal, con aportaciones de otros miembros? ¿Por qué las charlas, enseñanzas, etc. siempre las dan los mismos?



- En las reuniones, encuentros o retiros hay una dinámica marcada de antemano, dirigida desde la iniciativa del líder/líderes. A veces con alguna o algunas personas que ayudan, con un rol de subordinados o de sumisión incondicional y acrítica al líder/líderes. La estructura de esos encuentros o retiros puede no hacerse explícita de antemano e incluso se oculta previamente a los nuevos candidatos que van a formar parte del grupo.


- Métodos de captación:

o Promesas o propuestas ayuda o de enseñanzas: para el crecimiento personal, para una mejor comprensión de la realidad, para el desarrollo espiritual o religioso, para el cuidado de la salud, para defender la ciencia contra pseudoterapias, para el tratamiento del sobrepeso, para meditar, para defender una causa benéfica, etc. Las excusas para acaparar nuestra atención pueden ser múltiples, siempre dirigidas hacia insatisfacciones, necesidades o preocupaciones.

o Defensa de causas diversas que pretenden mejorar nuestra realidad y que nos invitan a luchar por ello contra quienes no piensen de la misma manera (y nos irán llevando a verles como enemigos). Tened especial cuidado si os hacen sentir como una élite intelectual o espiritual que posee verdades superiores al resto de la humanidad.

o Secretismo que genera mayores expectativas en los posibles nuevos adeptos. En algunos casos exponiéndoles a un pseudoproceso de selección, aparentemente riguroso y elitista. Si a uno se le invita es porque se ha comprobado que lo merece por sus méritos, etc.

o O bien una “inundación de amor” al novato incauto, al que se trata con suma amabilidad y se invita a un encuentro, retiro o grupo mediante estrategias de seducción explícitas o sutiles. La “inundación de amor” o excesiva amabilidad tiende a bajar las defensas de la mayoría de las personas, lo que las hace más vulnerables a ser captadas.


- Dinámicas grupales:

o Imposiciones: quitar teléfonos móviles en los encuentros o retiros, silencio inquebrantable, privación de sueño, prohibiciones o normas rígidas de funcionamiento interno, que no se muestran claramente desde el principio (pues en ese caso a uno se le quitarían las ganas de ir). Estas normas muestran desconfianza en las capacidades de autorregulación de las personas y favorecen la regresión emocional o infantilización al tratarles como a niños pequeños que no saben regularse a sí mismos.

o Favorecer la excesiva expresión emocional, muchas veces sin respeto a la intimidad de quienes participan. Se puede invitar a las personas a exponer sus sentimientos, a veces después de que varios adeptos ya lo hayan hecho, lo que suele bajar las defensas de los incautos, que se pueden ver forzados a exponerse como los demás. Es muy difícil salirse de la dinámica de un grupo que mantiene este comportamiento. Esto puede suceder de una manera sutil y aparentemente amable con dinámicas similares a las terapias grupales (sin ser un contexto terapéutico) en las que se invita a la gente a hablar de cómo se siente, de sus problemas personales, etc. Esto va llevando a que aumente la vulnerabilidad a la manipulación. En casos más extremos se inicia la dinámica con testimonios personales de superación de problemas graves gracias a conversiones religiosas o a la ayuda del grupo, etc. Cuanta más se nos inunde de tragedia y emoción excesiva súbitamente, más debemos sospechar de que podemos estar en un grupo sectario. El ir aumentando el grado de tragedia de los testimonios puede hacer que las personas bajen más sus defensas y hablen públicamente de asuntos muy personales, lo que a su vez les hace aún más vulnerables a ser manipulados. Si a esto añadimos un secretismo excesivo fuera del grupo acerca de lo ocurrido vamos estrechando el cerco de la manipulación. Es comprensible que se guarde secreto de los testimonios compartidos por otros, pero no es comprensible que se deba omitir la dinámica una vez que se está fuera del encuentro. 

Si en algún grupo acabamos contando algo muy personal que no teníamos previsto desconfiemos, seguramente hemos sido manipulados.



o Favorecer excesivas muestras de afecto: en algunas sectas se favorece una familiaridad excesiva desde el inicio. Por ejemplo, los abrazos sistemáticos entre todos sus miembros, las expresiones intensas de cariño, para tratarse de desconocidos, dádivas o regalos excesivos pueden ponernos en una situación de vulnerabilidad y hacernos más fácilmente manipulables.

o Favorecer el infantilismo o regresión emocional: si dentro de un grupo nos acabamos comportando como niños pequeños, sin pretenderlo, es probable que hayamos sido manipulados. Si esto ocurre después de alguno de los puntos señalados anteriormente sospechemos aún más, especialmente si se nos anima a la desinhibición, las lágrimas y nuevamente los abrazos con desconocidos.

Se da mucho más de lo que se recibe: se acaba dando más dinero del previsto, o se acaba dando demasiado tiempo o trabajo de forma gratuita, sin que estuviera previsto de antemano. Preocupémonos por un familiar o amigo que dedica un tiempo creciente a un grupo, del tipo que sea, y que progresivamente se le ve distante, desconectado del círculo habitual de relaciones y que funciona como un adicto que cada vez necesita más tiempo en el grupo sectario, teniendo un decreciente interés en las relaciones personales tú a tú, salvo que puedan posibilitar la captación de nuevas víctimas. Al final, la atención de la persona captada está más centrada en el grupo que en su familia, amigos, trabajo, etc. La dinámica es la de un auténtico adicto, lo que complica aún más las vías de ayuda y de desenganche del grupo por el que ha sido captado.

Se corta o se distancia mucho la relación con quienes se han ido de la secta: son vistos como traidores y se experimenta un odio y rechazo aún mayor que por quienes nunca han estado.

No se tolera el pensamiento crítico, que es rápidamente desviado, suprimido o censurado.


- Separación de la realidad de los miembros de la secta, que se ven enfrentados a quienes no piensen como ellos (lavado de cerebro):

Se crea un enemigo al que se ataca insidiosa e incluso violentamente, en nombre de la verdad, la espiritualidad, la ciencia, etc. Los de la “secta” están en posesión de una verdad superior, frente a los seres ignorantes, pecadores, o cualquier otro término con que se caricaturice a quienes no piensen como ellos. Los demás pueden ser demonizados o descritos como seres desorientados, perdidos o incluso malvados. Las descalificaciones personales, ridiculización o falsa compasión se aplican a quienes piensan diferente, que son el enemigo, estafadores, pecadores, ignorantes, etc. Si vemos en los modos de argumentación con los externos a la "secta" descalificaciones, humillaciones, desprecio, etc., sospechemos de pensamiento sectario. Lo preocupante es que esto incluso se haga, hoy en día, incluso en nombre de la razón y de la ciencia. 



La consecuencia del lavado de cerebro es que se va creando un mundo “burbuja” en el que uno se siente protegido y privilegiado y ve a los de fuera de la secta como personas completamente ignorantes, desdichados, traidores, pecadores, etc. Si con el tiempo sentimos que solo nos entienden las personas de un cierto grupo sospechemos de que estamos siendo manipulados por una secta. Si esto repercute en la conexión con nuestra propia familia y amigos sospechemos aún más. Y, si en general tenemos sentido crítico excepto con las dinámicas o miembros de este grupo, sospechemos también de dicha manipulación. Conozco a personas con un agudo sentido crítico, en las que éste es automáticamente anulado al hablar de los miembros o dinámicas de su grupo sectario.



Habría más puntos a tener en cuenta, que están muy bien reflejados en diversos libros y publicaciones sobre sectas. En este escrito se pretende dar una serie de ideas generales, sobre dinámicas sectarias actuales, con la intención de ampliar la consciencia sobre estos temas y ayudar a que las personas no sean manipuladas y captadas. Aún así, todos podemos ser captados por una secta en un momento de vulnerabilidad o crisis. En esos momentos seamos aún más cuidadosos con las promesas de alivio, felicidad, amistad o ayuda. Puede estarnos acechando una secta... 

La información recogida en este post aúna testimonios de diferentes personas que han sufrido manipulación o intentos de manipulación sectaria, y, en la mayoría de los casos, fenómenos que he podido observar por mi misma. Aviso de que estos fenómenos se dan en todo tipo de grupos: espirituales, religiosos (también dentro de las religiones), políticos, filosóficos, científicos, de meditación, etc.

Nota: Las imágenes de este post han sido obtenidas de Pixabay.

viernes, 26 de octubre de 2018

LOS NUEVOS LÍDERES SECTARIOS




Muchas veces, cuando nos hablan de un líder de una secta, imaginamos a un sujeto esperpéntico, que lleva túnicas extravagantes y que habla en trance con los ojos en blanco, rodeado de otros sujetos que le escuchan también como alucinados (a ser posible también vestidos con otras túnicas extravagantes, eso sí, de inferior categoría).

A veces es así, efectivamente, pero, en la mayoría de los casos de líderes sectarios actuales nos encontramos con personas que tienen una apariencia de total normalidad o que incluso parecen ser ciudadanos modélicos. Esa aparente normalidad supone una dificultad añadida para poder darse cuenta de que se trata de un líder sectario y su grupo de una secta o de un grupo con rasgos sectarios (o sea, no secta del todo). Normalmente nos damos cuenta de que ese individuo es un líder sectario y su grupo una secta por los efectos perjudiciales que tiene en sus seguidores y por una serie de conductas que se repiten (que son comunes a los diferentes grupos sectarios). Los que no tienen tanta pinta de ser sectarios pueden ser más sutiles y por ello aún más peligrosos, al no detectarse de antemano sus estrategias manipuladoras.

En esta entrada quiero dejar constancia de una serie de características que he ido observando y que también me han ido contando otras personas. Para que un líder se pueda considerar sectario se tienen que dar varias de ellas:

- Capacidad de seducción: cuando hablan saben despertar el interés en su auditorio, manejan bien el escenario y saben atrapar a los demás con sus envolventes discursos, su amabilidad, su carisma, sus buenas formas, etc. Parecen “demasiado buenos”. Pero podemos captar su “trampa” al ver que hay gente que depende emocionalmente de ellos, que se muestra muy necesitada de su presencia o demasiado fascinada por sus discursos. Ellos (los líderes sectarios) suelen retroalimentar la dependencia de los demás, pues necesitan admiración constante para sentirse reforzados. Son personas muy egocéntricas. Con esto no quiero decir que cualquier líder con carisma y seductor sea un líder sectario. Se tiene que dar una dinámica en la que él retroalimenta la dependencia de otros y parece muy cómodo con la misma.

- Habrá una o más personas que siguen incondicional y servilmente sus propuestas, sin iniciativa propia. Suelen tener una especie de esbirro o pocos esbirros que ejecutan sus órdenes, refuerzan al líder alabándole o hacen de intermediarios con el resto del grupo. Son como “secretarios” del líder sectario, que está cómodo teniendo a alguien totalmente a su servicio.

- Depredación anímica o sexual: las personas que siguen más incondicionalmente al líder pueden ser explotadas en un sentido emocional (hacer lo que el líder quiera en cualquier situación para ser los elegidos) o sexual, es decir, que el líder puede aprovechar su posición de superioridad para manipular a personas más vulnerables y exigirles relaciones sexuales o manifestarles un amor falso para aprovecharse de ellas. 

- Si crean un grupo será al servicio de un proyecto personal. No se co-construye con otros, sino que su idea, proyecto o “visión” es el centro del grupo en el que están. Para diferenciarlo de otros proyectos que partan de una iniciativa personal es importante que se añada el que no se tengan en cuenta las necesidades concretas y cotidianas de los seguidores, sino que lo importante será formarlas, adoctrinarlas y, finalmente, domesticarlas a la medida de la idea personal del fundador, sin que tengan derecho a expresarse críticamente o a hacer aportaciones distintas a las planteadas en el programa inicial. 

- No se ve claro el objetivo final de la formación o enseñanzas y los contenidos formativos son decididos por el líder. Desde un punto de vista racional la formación parecerá caótica, caprichosa e incluso misteriosa (él sabe por qué se habla de eso, pero los otros no) y los temas no se consultan con el grupo, sino que simplemente se plantean una serie de lecciones que se han de seguir porque él sabe qué necesitan los demás. No se atienden las necesidades reales de aprendizaje de los seguidores y se siguen los temas que al líder le interesan. Los seguidores no se sentirán muy libres para expresar qué les interesa realmente pues considerarán sus propias necesidades como inadecuadas, inferiores, etc. Es típico que se den temas mezclados de diferentes ámbitos para mostrar la omnisciencia del líder, que al no tener autocrítica pretenderá ser capaz de dominar cualquier cuestión, cayendo incluso en el intrusismo, la irresponsabilidad y la superficialidad. Es decir, pretenden saber de todo, sin formarse adecuadamente y lo que otros necesiten es irrelevante, lo importante es mostrar lo que saben.




- No se fomenta la creatividad entre los miembros del grupo, pues se trata de que aprendan pasivamente lo que se les enseña o de que sigan la pauta marcada por el “omnisciente” líder.

- Tienen poco interés en relaciones personales profundas, tú a tú, por eso tienen poca iniciativa en fomentarlas salvo que les sirvan para sus finalidades sectarias o personales. Las relaciones humanas tú a tú no interesan especialmente ni se fomentan en sus grupos, llegando incluso a cuestionarse ese tipo de relaciones como rasgos emocionales, egoístas, etc. Las relaciones personales solo se alientan si alimentan el ego del líder para poner de manifiesto su capacidad de ayuda, altruismo o vanidad, que entonces se ocupa en los espacios de relaciones tú a tú. Por ejemplo, pueden quedar contigo para ayudarte en un momento de catástrofe, para anotarse un punto más a su rol “salvador” (por supuesto que luego se lo contará a alguien), pero no te propondrán dar un paseo, tomar un café para profundizar en una amistad por el propio valor de la misma. Si te proponen algo más personal será porque planifican algún beneficio de la relación, no se busca al otro por sí mismos, sino como medio para otros fines. Con ellos no sientes que tengan especial interés en tu persona y parece que tienes que ir tirando tú del carro si buscas un encuentro más personal y no grupal. Es decir, si te vinculas y quieres una relación más personal serás como alguien que suplica a un rey unos minutos de atención. Si protestas por esto te lo negarán de mil formas, pero los hechos nos mostrarán que, como he dicho más arriba, no están especialmente interesados en relaciones personales y profundas con nadie. Con esto no quiero decir que necesariamente un líder tiene que hacerse amigo de todos los miembros del grupo, sino que infravalora cualquier relación personal porque solo quiere estar en la palestra como estrella para todos, pero sin profundizar con nadie.

- Tienen conflictos con las personas que pueden hacerles sombra. Con ellos pueden, en todo caso, mantener una relación de amor-odio o directamente de odio, por miedo a ser cuestionados, criticados, descubiertos, etc. En todo caso se relacionan con ellas porque pueden aportarles ideas de las que luego se apropian y venden como si fueran suyas. Son buenos parásitos de ideas de otros.

- No fomentan el pensamiento crítico dentro el grupo y aún menos se tolera la crítica hacia el líder. Sin embargo sí se fomenta la crítica al mundo exterior y hacia cualquiera que no piense igual o disienta de los temas que el líder y seguidores plantean. El líder no tolera críticas aunque las reciba con aparente amabilidad. Por ejemplo, tendremos la sensación de que nunca o casi nunca se disculpa (por la indignación que le produce la crítica, por lo que siempre le sabrá dar la vuelta a la tortilla y culpar a quien haya sido crítico con él). Si alguna vez se disculpa será de manera falsa, superficial o sobreactuada. Quien recibe dicha disculpa no sentirá que hay autenticidad y arrepentimiento reales. Esta prohibición del pensamiento crítico es uno de los puntos más importantes para identificar el sectarismo en los grupos. En algunos casos incluso se insiste, una y otra vez, en la importancia de no pensar y de no tener ego, pues el ego ya lo tiene el líder y él mismo ya se encarga de pensar por los demás.

- Mienten hábilmente. Siempre habrá alguna explicación lógica para sus desplantes, negligencias o malos modos, pues serán culpa de los demás. Y, si hace falta, se inventarán algún tipo de chantaje emocional o harán sentir culpable a sus víctimas con buenas palabras de amor incondicional por parte de ellos, sensación de decepción con los otros, etc.

- No toleran la independencia de otros y suelen arremeter contra cualquier camino independiente y en solitario de otras personas. Al ser ellos mismos incapaces de sostenerse sin el grupo que les refuerza, sienten una profunda animadversión y envidia hacia quien decide caminar con sus propios pies. No pueden vivir sin su público y no soportan a quien sepa caminar sin él. 

- Incongruencia: estos líderes hablarán de ética y valores e incluso practicarán alguna labor altruista (que suelen hacer pública), pero serán incapaces de empatizar realmente con los percances cotidianos y dificultades de quienes les rodean. Si se manifiesta altruismo es desde ideas preconcebidas del mismo, para salir en una foto, no desde necesidades reales del otro. Y, si el otro protesta por esto, siempre habrá algún motivo para hacerle sentir culpable por quejarse y así tener la excusa perfecta para no llegarse a disculpar. Por ello, quienes se relacionan con ellos quedará una sensación de desorientación (si queda sentido crítico), pues se preguntarán que como es posible que alguien que habla de ética no sea capaz de captar el sufrimiento cotidiano de quien tiene en frente. No captan el dolor de otros, aunque vendan la ética para sentirse salvadores y héroes. Si el líder da grandes discursos y falla en los mínimos de educación y respeto, sospechad de su egocentrismo y narcisismo y de posible comportamiento sectario. Su altruismo no es más que un disfraz. En el fondo son personas autoritarias que se disfrazan con un barniz de amabilidad y buenas formas, que carecen de capacidad de relación profunda y auténtica en el trato cotidiano. 

- Piden dinero o trabajo gratis, pero el mensaje no suele ser explícito de entrada. Por ejemplo pueden pedir dinero por sus actividades (cuya finalidad última suele ser engañosa), como aportaciones voluntarias (que finalmente suelen ser voluminosas, y que se sacan mediante  presión psicológica, más explícita o más sutil), o pasan de decir que son gratis para luego, una vez allí, pedir “la voluntad”. Otra modalidad es pedir poco o nada al principio y después señalar que necesitan más dinero ya que están haciendo tareas altruistas (de las que luego nadie ve las cuentas). Según se avanza en el grupo las cantidades de dinero o de tiempo de implicación en actividades suele ir en aumento. En general recomiendo huir de grupos que repetidamente pidan dinero de forma poco clara o trabajo gratuito. Y huid completamente si las cantidades van siendo crecientes y no vemos el final o no vemos transparencia en la estructura de funcionamiento.

- Si alguien deja el grupo será una persona rápidamente cuestionada, criticada y/o caricaturizada. A los ex adeptos se les verá como traidores, personas desorientadas o incluso enfermas y se verá mal cualquier relación cordial con ellos, pues se vivirá como traición mantener la relación con ellos, ya que cuestionan al líder y al grupo y sus dinámicas. En el líder quedará más la preocupación por la imagen que se muestra de él fuera de la secta que por el destino personal de quien se va fuera de la misma. Algo que nos muestra que esa persona en realidad nunca le interesó, más que para sus fines, y que, finalmente será rápidamente sustituida por cualquier otro adepto que caiga en las garras de las sectas y ocupe las funciones que el que se ha ido desarrollaba.



Señalo todos estos rasgos para ayudarnos a tomar consciencia de cómo funcionan estos grupos, pues lamentablemente el fenómeno sectario un fenómeno en expansión, en forma de grupos espirituales, de meditación, religiosos, terapeúticos, de crecimiento personal y hasta políticos. Así que seamos conscientes y abramos los ojos, por si acaso...

martes, 25 de septiembre de 2018

PELIGRO, TERAPIAS LIGHT A LA VISTA


Imagen de pixabay (JerzyGorecki)

Si yo estuviera pasando un mal momento en mi vida y considerara necesario recurrir a una ayuda psicoterapéutica me pensaría muy bien a quién acudir. Buscaría a una persona con la formación adecuada para aportarme herramientas que me ayudasen a reparar mis tornillos flojos y por supuesto honesta, con experiencia de la vida y con unos mínimos de equilibrio psicológico.

Al igual que, si quisiera arreglar mi coche, buscaría unas garantías mínimas acerca del mecánico en el que delego la reparación del vehículo.

Creo que, cuando buscamos arreglar un problema personal o una avería del coche todos queremos unas mínimas garantías de que el problema se diagnosticará y se resolverá adecuadamente .

El problema es, que en relación con la cuestión de las psicoterapias, la mayoría de las personas están muy desinformadas y, desde ese desconocimiento, pueden ponerse en las manos de falsos psicoterapeutas. Es decir, en manos de personas que no tienen la suficiente formación, experiencia y herramientas para tratar los problemas psicológicos que uno quiera solucionar. No basta con que los supuestos terapeutas nos caigan simpáticos, resulten inteligentes, se vendan como grandes expertos o nos seduzcan con habilidad. Seamos cuidadosos con nosotros mismos y verifiquemos las promesas de esos “terapeutas light”.

Son muchos los que ofrecen hoy en día “terapias”, obteniendo diversa clientela gracias al desconocimiento des sus “víctimas”. Las “terapias” que se ofertan hoy en día para todo tipo de cosas están sufriendo un aumento vertiginoso. 

Algunos de estos supuestos terapeutas incluso tienen el atrevimiento de afirmar que saben más de la vida que los que llevan años de formación y de estudio, además de experiencia personal, etc. Ellos mismos son el aval de su rigurosidad y eficacia porque “sienten”, “perciben” o “creen” que están suficientemente capacitados. Según estas personas no es necesario aprender tanto, ni practicar tanto, o incluso, consideran a los que hemos pasado años en una formación universitaria, como personas demasiado “mentales”, “cuadriculadas” o incluso “ignorantes” de las cosas de la vida. 

Volvamos a la metáfora del coche. ¿Os fiaríais igual del mecánico que ha estado un par de meses un taller y ha hecho un cursito a distancia de quien lleva años de experiencia y ha estudiado a fondo la mecánica de los coches? Yo no lo haría. 

Pero en el caso de las “terapias” muchas personas caen en lo que me atrevo a denominar “terapias light”. Terapias sin suficiente base científica o bien terapias eficaces aplicadas por aficionados que se consideran “suficientemente preparados” sin pasar por los “controles de calidad” que otros hemos de pasar. 

Considero que, en toda esta confusión son varios los factores para establecer la diferencia entre psicoterapias serias y las “terapias light”. Me centraré en los que me parecen más importantes:

1) Las personas con una formación universitaria u oficial en psicoterapia pasamos “controles de calidad” (exámenes, trabajos, pruebas, psicoterapia personal, etc), que, aunque puedan no ser suficientes, sí establecen unos mínimos que han de cumplirse para trabajar. Además, en estos casos, uno no decide por si solo que sí es capaz de hacer algo, sino que ha de demostrarlo ante personas expertas en como se hace ese algo.


2) Quienes adquirimos esa formación oficial, aparte de aplicar tratamientos, tenemos herramientas de diagnóstico que los terapeutas que llamo “light” no tienen. Lo que supone que sea más probable, que una vez detectados bien los problemas tengan menos capacidad para encontrar una solución o una orientación adecuadas. Llegar a un diagnóstico o comprender los síntomas de un paciente puede llevar varias horas y tiene un método que es muchas veces complejo y delicado. No se trata de “corazonadas”, “intuiciones” o “impresiones” y, si se dan, se verifican y comprueban.

3) Los que nos hemos formado “oficialmente” hemos establecido un compromiso ético y un “juramento hipocrático” (en el caso de los médicos) que no nos debemos saltar, pues si nos lo saltamos pagamos con unas consecuencias legales que pueden llevar a la inhabilitación e incluso a la cárcel. Esto no sucede, con la misma contundencia con quienes no tienen título oficial, pues no adquieren el mismo grado de compromiso y si son inhabilitados adquieren otros títulos de camuflaje, para ejercer desde otra “terapia”. Obviamente también han de ir a la cárcel si cometen delitos graves, pero hay vacíos legales que hacen que su responsabilidad previa sea más difícil de determinar y pagan menos las consecuencias de sus errores. Algo injusto para quienes nos hemos molestado en cultivar cuidadosamente nuestras habilidades terapéuticas.

En mi quehacer diario es doloroso ver a personas perjudicadas por pseudoterapeutas o terapeutas light por las siguientes vías:

1) Falta de conocimientos suficientes para tratar el problema del paciente, por lo que se pierde tiempo con tratamientos que no funcionan, o que incluso perjudican al paciente (pues no se trata con lo que le conviene o bien se dan indicaciones que directamente son perjudiciales para su salud).

2) Falta de conocimientos suficientes para diagnosticar el problema del paciente, por lo que se puede indicar no acudir a un profesional de la salud mental cuando sea necesario hacerlo, con el consiguiente sufrimiento del paciente. Que, en ese caso, tampoco recibe el tratamiento adecuado y simplemente se “marea la perdiz”, pues ni se entiende ni se sabe lo que le pasa. Algunas veces he escuchado a pacientes decir que uno de estos “terapeutas” les ha dicho que no necesitaban psicólogo o psiquiatra con el retraso de un tratamiento adecuado de hasta años. Algo que, lógicamente, ha aumentado el sufrimiento del paciente durante más tiempo, o agravado su sintomatología o situación sin tratar, por no ser orientados desde el campo adecuado.


Imagen de pixabay (ThePixelman) 

3) Falta de compromiso ético y, como consecuencia, vulneración de los límites que supone una psicoterapia seria. Pueden darse casos menos graves de vulneración del código ético de un psicoterapeuta como hacer creer a los pacientes que son amigos y no respetar los límites relacionales que supone estar en psicoterapia con alguien. Un ejemplo es cuando no se cuida el no coincidir en ámbitos personales y laborales fuera del entorno psicoterapéutico. No hablo de encuentros no programados o casuales que pueden ser inevitables, sino de no cuidar la intimidad y espacio suficiente entre terapeuta y paciente, para que aquél pueda actuar con mayor objetividad. Se puede llegar a casos más graves de abusos económicos, sexuales, explotación laboral, etc. en nombre de una terapia que carecía de fundamento en sus orígenes. Obviamente estas conductas también son faltas de ética con psicoterapeutas con títulos oficiales, lo que señalo es que solemos ser más conscientes de la necesidad de marcar límites relacionales. Recomiendo desconfiar de terapeutas que no respetan que la vida privada suya ha de separarse de la del paciente. Es decir, no debemos fiarnos de terapeutas que pretenden compartir su vida privada con nosotros, que nos captan para sus actividades grupales (asociaciones, tareas comunes, grupos de amigos, grupos religiosos o espirituales, etc. ) y no digamos si nos ofrecen relaciones ambiguas o explícitas en el terreno afectivo y sexual. Estos casos de vulneración de lo que llamamos ética profesional los veo más frecuentemente entre terapeutas sin la formación suficiente (a veces simplemente porque nadie les ha dicho que esta confusión de roles daña a los pacientes).

Estamos en un momento en el que el aumento de diversas “terapias” aplicadas por no médicos es vertiginoso. Lo que incluso perjudica cuando estas terapias son llevadas a cabo por médicos, psiquiatras o psicólogos. Tal es el caso de la hipnosis, de las medicinas complementarias y de otras psicoterapias, que a base de aplicarse sin los suficientes conocimientos, acaban injustamente metidas en el saco de las pseudociencias, etc. Más bien la aplicación de procedimientos “terapéuticos” por pseudocientíficos es lo que ha de ser urgentemente cuestionado y criticado. 

Recomiendo, en caso de acudir a un psicoterapeuta, verificar los siguientes puntos:

1) Que sea psicólogo, psiquiatra o médico.

2) Que tenga, en el caso de ser psicólogo un título de psicología clínica, si se ha de tratar un trastorno mental. 

3) Que tenga, en el caso de ser psicólogo, un título oficial en psicoterapia (master o postrado universitario), cuando no se trate de un trastorno mental.

4) Que tenga, en el caso de ser psiquiatra o médico, un título oficial en psicoterapia (master o posgrado universitario). 


Imagen de pixabay (422737) 


miércoles, 25 de julio de 2018

¿SER NORMALES? ¿SER DIFERENTES?




A veces tengo la sensación de que estamos perdiendo ciertos parámetros que nos permiten orientarnos mínimamente en la realidad. 

Las identidades se diluyen, se incrementan las inseguridades y parece que nuestro ser es una especie de disco duro en el que es posible incorporar cualquier software o app al servicio de nuestros deseos. Incluso hay quien dice que podemos ser quienes queramos y como queramos, que basta con proponérselo, ser positivos, etc. Si así fuera estaríamos dominando uno de los lugares más complejos del universo, nuestro infinito espacio interior y se supone que podríamos ser absolutamente felices, todopoderosos, infalibles, etc. Pero los hechos nos muestran que esto no es así y que lo más irracional es creer que la realidad exterior y la interior puede responder a las capas más superficiales de nosotros. 

Con todo el mercado de coach, pseudoterapeutas e iluminados que tenemos disponible cualquier día nos venden un tuneado del ser a módicos precios, para vivir sugestionados incrustados en personajes imaginarios. Serían nuevos caminos para fabricar máscaras más verosímiles y aparentemente satisfactorias. Pretender esto de crear el personaje que queramos ser es jugar a los cuentos de hadas, y, lo que es peor, generar autoengaños muy nocivos que finalmente sear el mayor impedimento para la felicidad, ya que esta pasa por ser nosotros mismos.

En todo este batiburrillo de ilusiones diversas y construcciones extrañas de yoes imaginarios, muchos andan en la pretensión de que lo mejor es ser diferentes. Pero no diferentes siendo quienes son, sino ser diferentes forzadamente, obligatoriamente. Está de moda ser diferentes. Pero... si está de moda ser diferentes parece que el ser normal va a ser la manera de ser diferente. Tampoco me parece que debamos ser normales a la fuerza. Lo más normal será ser lo que somos, más o menos raros, más o menos normales. Ser lo que somos es liberador y, en general, ese paso de progresión hacia nuestro ser real suele ayudarnos a dejar ser como son a los demás. No es real la liberación que solo pasa por uno mismo, sin dejar libertad a los otros. 

Si alguien alardea de ser libre y de ser diferente y no soporta la normalidad o la diferencia del de al lado, simplemente me está mostrando que ni es libre ni es diferente. Simplemente está adaptado a otra forma de normalidad, la de la supuesta diferencia que otorga la identidad de ser especial. Como cuando los niños juegan a ser personajes ficticios. Aunque los niños suelen saber que están jugando... El problema es que el juego de la ficción narcisista se apodere de uno y uno viva a través del personaje imaginario, a costa de los demás (pues si no le siguen el juego le resulta insoportable) y obligando a otros a pensar como él, porque así son tan diferentes como el mismo. Pues no señor, así son iguales a lo que tú quieres que sean, no realmente diferentes. Sería otra forma de normalidad impuesta.

La normalidad impuesta no ayuda a conectarse con la realidad y se puede caer en lo que Erich Fromm llamó “patología de la normalidad” y otros, como Guinsberg “normopatía”, una especie de enfermedad de ser normales. Guinsberg define al normópata como el que acepta pasivamente y por principio todo lo que en su cultura se señala como bueno, justo y correcto y sin cuestionar nada, aunque sí cuestione y ataque a quienes cuestionan su visión de la normalidad.

Es curioso que si se impone la diferencia como forma de normalidad podemos caer, paradójicamente, en una forma de “normopatía” encubierta no por ello menos alienante y peligrosa.

Ojalá fuéramos libres para ser normales o diferentes, según le surja realmente… dejando a los demás ser quienes sean realmente, sin imposiciones.