Mostrando entradas con la etiqueta Ciencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ciencia. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de marzo de 2020

CORONAVIRUS, VIVIR CON INCERTIDUMBRE




Todos estamos al tanto, en mayor o menor medida, de los problemas derivados de la epidemia de coronavirus. Lástima que parte de la información que se nos da sea sesgada, sensacionalista o imprecisa. 

La información que resulta más útil es la que nos aporta ideas claras acerca de lo que podemos hacer para prevenir el contagio de la enfermedad. De nada sirve saturarnos de información, si no percibimos la posibilidad de hacer algo para controlar, al menos parcialmente, lo que sucede.

El problema en este caso es que aún se sabe relativamente poco acerca del virus, de por dónde anda y de sus riesgos reales. El virus, ahora mismo, parece una especie de ente invisible que amenaza nuestra salud y que escapa a nuestro control, por más que deseemos ejercerlo.

El coronavirus nos está llevando hacia una gran incertidumbre. Da la impresión de que es mucho más lo que no sabemos, que lo que sabemos. O bien, lo que sabemos no es suficiente para tener controlada la situación.

El coronavirus nos ha puesto delante de nuestra propia vulnerabilidad y de nuestros miedos. Por eso, es preciso poner un nombre concreto a esos miedos para poderlos combatir uno por uno. Si no, corremos el riesgo de que se enmarañen dentro de nuestras mentes hasta que sea difícil saber cómo salir del enredo. Los miedos concretos que hay que nombrar, para manejarlos mejor son: el miedo a la enfermedad, el miedo a la pérdida de control, el miedo a la pérdida de seguridad, el miedo a la muerte, el miedo a que nuestros seres queridos se enfermen, el miedo a la incertidumbre, etc. Estos miedos nos hacen más conscientes de la fragilidad de nuestras vidas, pues normalmente vivimos sin plantearnos qué es lo que las puede alterar, por mucho que racionalmente sepamos que esto es posible en cualquier momento. El vivir de espaldas a nuestra fragilidad es una forma de protegernos de los miedos, pero nos puede hacer llevar a ser inconscientes y débiles ante las situaciones difíciles que se nos pueden presentar, pues no tendremos la preparación adecuada para ello.

En estos momentos, el reto que se nos presenta es el de cómo enfrentarnos al coronavirus. Y, en general, no estamos psicológicamente preparados para situaciones de este tipo. Podemos comprobar que muchos pasan de la negación del “no es nada” a la psicosis que les lleva a percibir esta situación como un evento apocalíptico. 

Necesitamos recuperar el sentido común y enfrentarnos exactamente a lo que está sucediendo, aquí y ahora, a nuestro momento presente, con prudencia. Lo fundamental es centrarnos en lo que sí depende de nosotros: lavado de manos, higiene, alimentación saludable y cuidado general de nuestra salud, consultar con el médico si es preciso tomar medidas adicionales (como cuando hay enfermedades previas o un sistema inmunológico debilitado), evitar grandes aglomeraciones, pedir ayuda médica si hay indicios claros de contagio o contacto previo con enfermos, etc. 


Por otro lado están algunas medidas psicológicas que nos pueden ayudar a afrontar la incertidumbre:

- Tomar consciencia de que en nuestra vida no podemos controlarlo todo y centrarnos en manejar lo que sí depende de nosotros (como las medidas señaladas previamente).

- Diferenciar los miedos y afrontarlos separadamente, como ya se ha dicho. Y no alimentarlos con nuestra imaginación, pensando en cosas terribles que creamos que pueden llegar a pasar. Es mejor planificar que estar anticipando catástrofes imaginarias, pues eso produce ansiedad. Es mejor planificar qué es lo que podemos hacer ante la situación, de forma realista, centrando la atención de que lo que haya que hacer es por nosotros y por nuestros semejantes. Mirar más allá de nosotros mismos también nos saca de un egocentrismo, que finalmente nos perjudica psicológicamente, pues, aparte de aislarnos y de hacernos insolidarios, nos sumerge más en la burbuja imaginaria de nuestros miedos.

- Pedir información y ayuda si sospechamos que podemos estar contagiados. Hay un teléfono en cada Comunidad Autónoma para este fin. En el siguiente enlace tenéis los teléfonos para este fin: https://www.diariosur.es/sociedad/salud/telefonos-consulta-sobre-20200302143541-nt.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F&fbclid=IwAR0rgeOBxr38GxMI5r67WcjV6jejcfKlUbF2AtUIL0IjbRxjUzo5RSSA61I

- Centrar nuestra mente y atención en lo que nos ayude a relajarnos. Para eso están las actividades de ocio que normalmente nos hacen sentir bien. El prevenir el estrés y realizar actividades que nos relajan es también un factor que contribuye al buen estado de nuestras defensas contra posibles virus.

- Ser solidarios y pensar en los demás. Estamos en un momento en el que es preciso ayudarnos unos a otros. Crear redes de apoyo, de comprensión, de solidaridad con los enfermos, o con quienes están en cuarentena, es fundamental. Por ejemplo, estando pendientes de ellos con llamadas y mensajes, para que no se sientan solos y aislados. También el normalizar la situación y no dramatizar los casos que se den. Cuando nos encontremos con casos graves, de personas hospitalizadas, es muy importante apoyar a las familias y allegados. El virus puede alterar la salud, pero no puede destruir el amor y la solidaridad entre los seres humanos. No dejemos que el miedo coarte nuestra humanidad.




- Comprender que en toda vida humana se dan, antes o después, situaciones de fragilidad y de incertidumbre. Ante ellas, nos queda la posibilidad de ser creativos, generando nuevos recursos e ideas. También siempre nos queda la posibilidad de elegir la actitud que afrontamos acerca de ello, tratando de afrontar la situación desde lo que sí podemos hacer, por ejemplo, tomándola como un reto y como una oportunidad para ayudarnos unos a otros.

- Rezar o meditar: para quienes sean creyentes o tengan la opción de meditar, esta puede ser la oportunidad de mirar más allá de sí mismos y pedir por la salud de todos. Por favor, no nos quedemos en rezar solamente por nosotros mismos y por nuestros seres queridos. Una situación así ha de hacernos conscientes de que el problema es global. Y más si pretendemos formar parte de tradiciones espirituales que quieren hacer bien a la humanidad. Salgamos de la espiritualidad/religiosidad narcisista hacia una visión más amorosa, amable y compasiva para con todos. A su vez, la oración y la meditación aportan paz y energía extra, nos hacen más fuertes frente al estrés y, según ciertos estudios, aumentan las defensas.



                          

                          


Las situaciones de crisis, como la que se está dando, pueden ser, en parte, oportunidades para abrir la consciencia a una visión más realista de la vida: somos seres finitos y limitados, pero no por eso la vida deja de ser valiosa o de tener sentido. También es la oportunidad de tomar consciencia de lo que podemos aportar a otros, lo que puede ayudar a superar el individualismo enfermizo en el que muchos viven. Quizás, a pesar del sufrimiento y de la desesperación de muchos, algunas personas puedan mirar más allá y darse cuenta de que todos somos importantes para ayudar, prevenir, comprender e investigar. Luchemos contra la incertidumbre asumiéndola como parte de la vida, pero siendo también parte activa en la resolución del problema, como actores necesarios para que todo vaya de la mejor manera posible. ¡Que la fuerza nos acompañe! 





* Nota: imágenes obtenidas de Pixabay.

sábado, 15 de octubre de 2016

LOS SECTARISMOS DE LAS PSICOTERAPIAS ¿UN NUEVO PROBLEMA DE LA PSICOLOGÍA?


En el mundo existen cientos de escuelas de psicoterapia, de las cuáles solo unas pocas cuentan con reconocimiento académico y científico, por haber mostrado una utilidad real en el tratamiento del sufrimiento humano y de los trastornos mentales.

Las ofertas de psicoterapia son múltiples: psicoanálisis y las escuelas derivadas del mismo, cognitivo-conductual, humanista-existencial (entre las que están la Terapia centrada en la persona de Rogers, la Gestalt de Perls, la Logoterapia de Frankl, etc.), diversas psicoterapias integradoras, etc.

En todo este maremágnum de opciones es fácil comprender las dificultades que un paciente lego en la materia pueda tener a la hora de escoger cuál es la mejor opción para ponerse en tratamiento para sus dolencias psíquicas.

A lo que hay que añadir la falta de autocrítica de los fundadores y seguidores de cada una de las escuelas de psicoterapia… 

Es más, en la muchos de los grupos existentes de psicoterapia (no sé si atreverme a decir en casi todos), en mayor o en menor grado, encontramos dinámicas sectarias como las siguientes:

- El grupo sigue a un líder al que se ha idealizado, no se cuestiona su pensamiento y se repiten sus reflexiones año tras año sin hacer una reflexión crítica de las mismas. Si el líder está muerto se llega a caer incluso en la veneración irracional de sus fotos, objetos personales, domicilio, cartas, etc. En muchos casos al líder muerto le sucede otro líder que centra su actividad en mostrar su fidelidad y reconocimiento al primer líder con el que puede llegar a identificarse como si fuera parte de él.

- El líder fundador y/o sus sucesores pueden ser carismáticos y seductores, con una frecuente actitud de llamar la atención acerca de su genialidad, encantos, etc. Dichos líderes suelen reaccionar negativa e incluso violentamente ante cualquier crítica o disensión.

   

- Hay un conjunto de seguidores de una determinada visión ideológica: Los planteamientos de la escuela psicoterapéutica en cuestión se convierten en ideología cuando se asumen irracionalmente, sin ser revisados o sometidos a crítica y contrastados con el conocimiento científico actual.

- Se presenta la escuela en cuestión como la mejor, la más innovadora, la más valiosa, la más verdadera, la más completa, etc.

- Se dan restricciones a la libertad de pensamiento y de expresión: si alguna persona dentro del grupo expresa discrepancias se le cuestiona exageradamente, se genera un vacío en la comunicación en el sentido de que otros miembros del grupo pueden cortar la comunicación con él, mostrar distancia o se le veta en intervenciones públicas (de manera parcial o total). Se le puede llegar a expulsar del grupo y una vez expulsado las críticas sobre él son desproporcionadas y si alguien le menciona dentro del grupo es duramente atacado y se le reprime contundentemente. 



- Desaparece la autocrítica a las actitudes, ideas, planteamientos del grupo, especialmente de sus líderes, que al identificarse con un fundador idealizado, las ideas de dicho fundador se plantean como incuestionables, así como cualquier propuesta generada por los líderes del grupo que no son capaces de generar pensamiento crítico acerca de sí mismos. Incluso la disensión de las ideas del grupo se puede llegar a considerar como patología, ya que dicha patología sería un impedimento para captar la “verdad”.

- Uno de los objetivos principales del grupo es difundir lo más posible sus ideas y captar nuevos miembros, más que generar pensamiento crítico, reflexión, etc.

- El pensamiento crítico se dirige hacia el exterior: otras escuelas de psicoterapia, miembros que han abandonado el grupo, personas que se muestran críticas con el mismo, etc. Mostrándose una gran intolerancia hacia otros grupos de psicoterapia en los que no se reconocen los elementos de verdad o de aportación que se puedan dar.

- Puede darse una explotación laboral y/o económica de los participantes en el grupo, en el sentido de realizar trabajos sin remunerar o reconocer, dándose por sentado que dicha actividad es obligatoria y en algunos casos dándose por sentado que la colaboración con el grupo es más importante que la vida privada de las personas, cobrándose cantidades a veces abusivas por los cursos, congresos, seminarios, etc.

- Los miembros del grupo se sienten especiales, superiores o mejores que los miembros de otros grupos a los que pueden llegar a despreciar por ignorantes, inferiores, etc. Se suele potenciar el ego narcisista de los más fieles a quienes se promociona y estimula señalándose una jerarquía dentro del grupo que depende más de la fidelidad del adepto al líder que de su talento objetivo.

- En algunos casos crea un lenguaje o jerga específica que es ininteligible para quienes no estén en el grupo y no hay esfuerzos en traducir dicho lenguaje para establecer lazos de comunicación con otros grupos.

- Suelen publicarse solamente los resultados satisfactorios para hacer “publicidad” de los métodos predicados.

- Puede haber una demanda de “pureza” en el sentido de que los seguidores de una determinada escuela no se contaminen con las ideas de otras escuelas de psicoterapia y sigan una doctrina ortodoxa con respecto a las ideas del fundador.

- Etc.

Quienes trabajamos desde hace años en el mundo de la psicoterapia somos conscientes de que estas dinámicas se dan en numerosas escuelas o grupos de psicoterapia y que son pocas en las que es sencillo disentir o aportar nuevas ideas. Y el problema no es nuevo… Se da desde los orígenes de la psicología. Es importante ser críticos con estas actitudes, combatirlas y fomentar el pensamiento crítico, el diálogo entre escuelas y la libertad de pensamiento de los psicoterapeutas para contrastar los avances científicos con la experiencia clínica. Nuestros pacientes se beneficiarán de ello.

Quizás estas actitudes se dan porque la irracionalidad, los sectarismos o las ideologías son experiencias humanas universales que se dan en cualquier grupo humano. Dado que somos psicoterapeutas sería bueno ver a estos grupos sectarizados como sistemas enfermos, que son llevados por personalidades neuróticas que inconscientemente pueden entrar en estas dinámicas por diversos elementos psicológicos que se han de trabajar en cada uno individualmente y en el sistema grupalmente. El problema es que no podemos “tratar” al “enfermo” que no es consciente de que padezca "enfermedad" alguna...

domingo, 28 de febrero de 2016

EL CEREBRO ¿MÍSTICO?



Son muchos los neurocientíficos, hoy en día, que ven al cerebro como el origen y el fin de todos los bienes y males de nuestras vidas. Si estamos mal, algo pasa en el cerebro que no funciona… Si estamos bien, es que el cerebro está bien afinado y sus sustancias entonadas. La primera pregunta que me surge ante esto es… ¿Entonces en dónde está la libertad humana, el fruto del esfuerzo, la inspiración o simplemente el destino?

El cerebro parece ser el nuevo Grial de nuestros tiempos al que se atribuyen poderes numinosos y sagrados y una voluntad propia, por encima de la nuestra…

En este sentido, recuerdo ahora el título de un libro de Francisco J. Rubia titulado “El cerebro espiritual” en cuya reseña se dice “Existen en el cerebro estructuras que, cuando son estimuladas, son capaces de generar experiencias espirituales, místicas, religiosas, numinosas o de trascendencia.” ¿Son las áreas cerebrales las que generan esas experiencias? ¡Entonces el cerebro sería Dios! ¿Dónde está la base científica de tales afirmaciones? Da la impresión de haber dado algún salto en el vacío para llegar a tales conclusiones…

Según sabemos, el estimular ciertas áreas cerebrales también produce que se escuchen música o sonidos, que se vean imágenes o que se experimenten ciertas emociones. Pero ¿eso quiere decir que la música y otros fenómenos no existen independientemente del cerebro? Como bien sabemos, existe la música más allá de si yo, personalmente, la escucho o no. Y mi cerebro me ayuda a escucharla cuando está presente, más a allá de lo que él mismo pueda generar. Existen circuitos en el cerebro preparados para escuchar la música, que pueden darnos la impresión de estarla escuchando cuando son estimulados. Igual que cuando se nos da un golpe en el ojo vemos luces, porque la función del ojo es captar la luz y su estimulación general sensación de luz. Como vemos el cerebro también puede funcionar como receptor de ciertas experiencias. El generar algo parecido por estimulación cerebral no significa que esas experiencias se originen solamente en el cerebro. El que estimular el cerebro produzca fenómenos similares a los que creemos que han tenido los místicos no significa que esos fenómenos sean los mismos que los que experimentaron los místicos o que no se puedan dar independientemente del cerebro.

Sin negar que la estimulación cerebral produzca cierto tipo de experiencias, quizás parecidas a las experiencias místicas, al igual que el estimular ciertas áreas produce música, yo me plantearía como hipótesis que otra posibilidad sería que el cerebro tiene estructuras también receptoras de esas experiencias espirituales o que se dan correlatos neuronales de las experiencias espirituales, es decir, que se dan a la vez las actividades neuronales que las experiencias espirituales. En esas experiencias en las que no sabemos que está primero, si el cerebro generando una experiencia o la experiencia estimulando al cerebro. Que haya correlatos, es decir, relación entre un hecho A y un hecho B, no significa que A produzca B o viceversa. Algo tan elemental en la ciencia parece no ser entendido por muchos de los científicos actuales, que tan alegremente atribuyen causalidad al cerebro.



Y, con respecto a la música, ¿podemos generar una cantata de Bach mandando impulsos electromagnéticos al cerebro? Creo que puede ser muy diferente provocar sonidos por estimulación electromagnética al cerebro, que pretender provocar el proceso creativo de un genio o una experiencia mística completa y profunda. Me parece muy arriesgado querer entender a los místicos estudiando sólo el funcionamiento de su cerebro, sin tener la más mínima sensibilidad para comprender la sutileza de sus experiencias o de sus obras. Al menos contemos con lo que Chalmers llama el dualismo de propiedades, que tiene que ver con los diferentes enfoques de estudio para lo que llamamos mente y para lo que llamamos cerebro. Si además hay un espíritu, pues igual los enfoques científicos resultan un tanto limitados...

El psicólogo Marino Pérez (2011), señala que hay una tendencia cerebro-céntrica en la psicología actual, que parece estar fascinada por los mecanismos moleculares y eléctricos del cerebro, pretendiendo hallar ahí toda respuesta a la complejidad de la existencia humana.

Un ejemplo de esa tendencia cerebrocéntrica es la conferencia que CarlosBlanco Pérez impartía el jueves pasado en la Universidad de la Mística, a la que tituló “El cerebro místico” (la podéis escuchar en el vídeo que pongo más abajo). Sin restar mérito a la calidad de la exposición, a la ordenada y aguda argumentación, ni a la riqueza de algunas de sus reflexiones considero oportuno exponer algunas discrepancias con su discurso, que da la impresión de estar cargado de ideología cerebrocéntrica. 

 

En el comienzo de su exposición ya se percibe un cierto sesgo hacia el cerebrocentrismo cuando afirma que un conjunto de neuronas son capaces de generar pensamientos abstractos y que la base de la psicología estaría en la neurofisiología. El decir las neuronas “son capaces” es casi como atribuirles una personalidad propia. Ya he criticado este tipo de argumentaciones en un post anterior titulado “¿Las neuronas piensan?”.

A continuación Carlos Blanco afirma que todo es una ¡creación del cerebro! ¿Todo? Si es todo, entonces el cerebro también se habría creado a sí mismo… Y una vez más me pregunto ¿entonces cree que el cerebro es Dios?

Por otra parte da la impresión de confundir la experiencia mística con una de sus expresiones, el éxtasis, además de superponerla varias veces con las experiencias de trance… Si leemos a los místicos vemos que hay mucho más y que en muchos místicos se llega a una experiencia continua (que el ponente niega como posible) en la culminación del camino, pero no como un estado de trance, sino como una vivencia de unión y de relación continua con Dios en mitad de la normalidad de la vida cotidiana, de una manera ordenada, realista y práctica. Señalo esto porque el confundir la mística con las experiencias extáticas o de trance, es parte de lo que puede llevar a indicar que entonces la mística es una reacción especial del cerebro, que se puede provocar con sustancias, electromagnetismo, etc.

También señala que hay una base neurobiológica de la religión y de la espiritualidad, a la vez que, menos mal, afirma el peso de la cultura (aunque esto sería contradictorio con lo de que el cerebro lo crea todo).

Otra idea que me parece sesgada es la afirmación de que la mística depende de la desautomatización de ciertas funciones fisiológicas. Sin negar que esa desautomatización puede facilitar la apertura de la consciencia, sólo la desautomatización no es garantía de tener experiencias místicas. Incluso ciertas teorías sobre el funcionamiento cerebral de los místicos hablar de un estado de automatización que supone una hipersincronización neuronal (lo que se ha llamado hiperia, que correlacionaría con este tipo de experiencias). Otras apuntan a que la hiperestimulación de ciertas áreas activa lo que han llamado “el circuito de Dios” (Beauregard, 2007), un circuito preexistente que parece estar preparado para estas experiencias.

Si leemos a los místicos, vemos como hablan de fenómenos más allá de sí mismos, y, dado que ellos han hecho la experiencia, de algo que les trasciende y transforma, por lo que ¿por qué no considerar como hipótesis que alguna variable que trasciende a nuestro cerebro pueda influir en tener una experiencia mística?

Ciertas teorías neurocientíficas más arriesgadas hablan de ciertos tipos de fenómenos energéticos muy sutiles que apuntan a la existencia de una consciencia más allá del individuo, no-local, como un campo de energía que nos conecta de alguna forma, por mecanismos no conocidos (una hipótesis es la del “entrelazamiento cuántico”: que tiene que ver con que cuando se separan dos partículas de un mismo átomo y una de ellas gira en un sentido, la otra, aunque esté muy alejada, reproduce el mismo movimiento). En esta línea hay investigaciones, que muestran la capacidad de prever el futuro, o de conectarse sincronísticamente con otros a largas distancias. Por ejemplo, Persinger, que fue citado en su ponencia, es un científico que si bien antes su enfoque era cerebrocéntrico, sus últimas investigaciones apuntan más bien a elementos que lo trascienden. Por ejemplo un estudio en el que haya fenómenos de hipersincronización cerebral (en el área parahipocampal) entre dos personas separadas 6000 km de distancia y que sin saberlo tienen simultáneamente diversas conductas (Persinger, 2015). Está claro que Persinger busca una explicación más allá del cerebro individual

Otra cuestión en la que discrepo de Carlos Blanco es que la experiencia mística tenga una mayor relación con el funcionamiento de estructuras cerebrales inferiores, que se conectan con la emoción, el principio de placer o que el místico viva una experiencia regresiva. Me temo que desconoce que ciertas experiencias tienen que ver con la corteza cingulada anterior (una zona del cerebro relativamente nueva y avanzada, el lóbulo frontal) y con la puesta en marcha de actividades neuronales que tienen que ver con un funcionamiento superior: como la conciencia ética (que depende de estructuras superiores), la empatía, una mayor capacidad de comprensión, creativa, etc.

Es cierto que puede haber una mayor activación en algún tipo de experiencia de trance en el lóbulo temporal, pero no entiendo por qué se ha de reducir la mística al trance, a la emoción o a una experiencia primitiva. Si leemos a los místicos no encontramos tanto de esto y nos damos cuenta de que más bien nos alertan sobre lo que la emoción o las experiencias extraordinarias pueden suponer de confusión… Pues no son el objetivo, aunque puedan formar parte del camino.

Tengo la impresión de que tanto neurobiológicamente como psicológicamente nos mete en la falacia pre-trans, de la que tan bien nos ha advertido Ken Wilber (el confundir estados regresivos con estados transpersonales de nivel superior) y eso le puede llevar a ver la mística como una disfunción o como una alteración… Una buena explicación de la falacia pre-trans la podéis leer aquí.

Por suerte Carlos Blanco hace una analogía que me parece que salva su exposición y la lleva a otro nivel. Cuando señala que por estimular ciertas áreas del cerebro no conseguimos estimular la aprehensión de verdades matemáticas. Lo mismo podemos decir para las experiencias místicas. El estímulo de una cierta sensibilidad no supone ni genialidad ni misticismo (que sepamos…) y aún menos la aprenhensión de principios teológicos a los que sí han accedido ciertos místicos.

También comparto la idea del condicionamiento cultural en el místico, que suele vivir la experiencia a través de los símbolos de su cultura. Quizás una excepción sean esas personas que sin educación religiosa tienen experiencias de tipo místico que les resulta difícil de conceptualizar. En este tema es muy recomendable el libro “La mística salvaje”, en el que se narran varias experiencias de tipo místico por personas que no están en contextos religiosos.

Otro tema con el que estoy de acuerdo con él, es cuando dice: “se puede ver como se genera la idea de Dios en el cerebro pero eso es independiente de si Dios existe o no.” Esto abre la posibilidad de entender la mística más allá del cerebro y podría animarnos a plantear la hipótesis de que más allá de nuestro cerebro puede haber algún tipo de realidad que influya en él para que se den experiencias místicas. No obstante, su afirmación suena contradictoria con toda la argumentación previa.

También nos dice que analizando ciertas áreas cerebrales no puedo saber qué es la mística. Entonces ¿para qué tanto empeño en el cerebro? ¿No estaremos en ámbitos de conocimiento distintos entre los que simplemente hay que tender puentes?

Pero… cuando dice que podemos estimular experiencias místicas, me pregunto si sabe de lo que habla, puesto que ha afirmado no tener ninguna…

Quiero aclarar que en mi escrito no niego la importancia del cerebro y de su sustancia para nuestro funcionamiento cotidiano y aún más, para las experiencias místicas, pero el encontrar tanta argumentación cerebrocéntrica me da la impresión de que quienes afirman que el cerebro genera todo, han dado un salto epistemológico irracional. Es decir, tengo la impresión de que se dejan algo fuera y pecan de impregnar de ideología su argumentación científica.

Coincido finalmente con él en otras cuestiones:
-  En que todo gran científico es un místico en potencia. Estaría bien…
-  En que la mística puede ser un estado superior de la evolución. Aunque no entiendo entonces por qué dice que si sólo tiene mística se cojea (pues si es una experiencia holística como él mismo dice, ¿por qué se ve como parcial entonces?, quizás por la definición de mística de la que parte, que no es explícita pero parece implícita en el discurso como estados de trance, emocionales, etc.), o si es algo regresivo ¿cómo puede ser progresivo a la vez?
En que la mística nos puede aportar una actitud de búsqueda de la verdad del universo. Y en mi caso sí creo que aporta conocimiento, pero éste sólo puede darse si se vive alguna experiencia de tipo espiritual, no sólo estudiando a los místicos.


Todo esto daría mucho más, pero me temo que ya me he extendido bastante…

Termino con una frase del neurofisiólogo estudioso de las experiencias místicas Mario Beauregard (2007), de su libro “The spiritual brain” (un libro muy recomendable para ver una perspectiva distinta, no materialista, de la neurobiología de la experiencia mística), que me parece que abre la ventana a otras hipótesis acerca de la mística, que al menos debemos considerar:

“La explicación más razonable y la que mejor explica la evidencia, es que las personas que tienen tales experiencias han contactado actualmente con una realidad externa a sí mismas, una realidad que les ha llevado a estar más cercanos a la naturaleza real del universo." 



martes, 4 de febrero de 2014

VERDADES INCÓMODAS SOBRE LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA

Cuando era estudiante de bachillerato me apasionaban las vidas de grandes investigadores como el matrimonio Curie, Ramón y Cajal, Albert Einstein, Stephen Hawking, etc. Me imaginaba que sus vidas estarían llenas de retos y de estímulos y que, con su trabajo, podían ayudar a la humanidad. 

Me imaginaba que las vidas de todos los investigadores serían muy interesantes y que tendrían siempre mucho que aportar a los demás. Cuando leía una revista científica trataba de imaginar cuanto esfuerzo habría detrás de una investigación y me dejaba impresionar por los jeroglíficos estadísticos, pues con ese juego de números las cosas parecían sólidas y “científicas”.

En la actualidad mi percepción ha ido cambiando progresivamente. Cuando aún no había empezado sexto de Medicina tuve la fortuna de que me dieran una beca para colaborar con un Departamento de la Universidad y creía que estaba empezando una aventura fascinante, en pos de la investigación y de algún descubrimiento, aunque fuera modesto. Desde entonces y hasta ahora he ido conociendo a diferentes investigadores y ámbitos de la investigación científica, lo que me ha llevado al descubrimiento de las siguientes verdades incómodas:

1) Hay poca gente que investigue realmente con pasión y vocación. 

2) La mayoría de los que investigan no saben muy bien para qué lo hacen.

3) Muchos de los que investigan siguen ideas y proyectos en los que colaboran o participan, pero sobre los que no se atreven a innovar o a aportar ideas nuevas, pues simplemente tienen que obeceder y cumplir normas.  Es más, a veces he visto rechazar a un posible becario por la posibilidad de que aportase pensamiento crítico a un proyecto. ¿No es eso lo que interesa?

4) Hay pocos descubrimientos científicos que sean realmente relevantes.

5) Muchos investigan para aumentar su curriculum, para afianzar su trabajo o mejorarlo y muchas veces por pura vanidad.

6) Unos cuantos investigadores no tienen ideas propias y roban sus ideas a los que tienen sangre fresca e ilusiones, con tal de publicar y aumentar su curriculum y su vanidad.

7) La profesión de investigador está muy poco valorada social y económicamente, así que no entiendo a qué viene tanta vanidad…

8) Unos cuantos investigadores manipulan los datos para que salgan lo que ellos esperan que salga… ¿Por qué? ¿Por vanidad?

9) Las publicaciones científicas han dejado de ser un medio para transmitir la investigación, para convertirse en un fin en sí mismas. Es decir, lo prioritario es publicar, lo secundario es el qué.

10) Para tener un buen curriculum de investigador te piden que publiques en revistas importantes (de mayor impacto), pero esto muchas veces depende más de qué amigos tienes en una revista que de la calidad de tu investigación o de si ya has publicado en revistas importantes (lo cual cierra un círculo de absurdos y despropósitos).

11) Muchas veces se consigue desanimar a los investigadores apasionados por las burocracias, guerras de poder y egos de los jefes (que no llevan bien que sus subordinados tengan ideas e iniciativas propias).

12) Es fácil llegar a perder así la perspectiva en el mundo de la investigación, pues a veces parece dominar la lucha de egos por encima del bien común. 


Estos 12 puntos nos muestran puntos oscuros en el mundo de la investigación, lo que no está reñido con la posibilidad de que haya investigadores entregados y apasionados, desinteresados e inteligentes, que han sido inasequibles al desaliento. Mis felicitaciones y ánimos para todos ellos. Lo malo es que parecen escasear en nuestros tiempos…