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lunes, 9 de junio de 2025

¿SE PUEDE SUPERAR EL NARCISISMO?

 

    La mayoría de los discursos imperantes hoy en día sobre la cuestión del narcisismo, están centrados en la demonización y exclusión de las personas narcisistas, sin que lleguen a matizarse muchas cosas, cerrando cualquier posibilidad a su mejora o transformación. Sin pretender negar en absoluto el grave daño que puede hacer a otros alguien que padezca un narcisismo patológico, o quien tenga conductas de tipo narcisista, considero que es preciso ser prudentes con diagnósticos precipitados o con sentencias que condenan al ostracismo perenne a quienes lo padecen, rompiendo cualquier esperanza de cambio cuando sea posible.

    En primer lugar sería preciso hacer una clara diferenciación entre lo que es un trastorno narcisista de la personalidad y los síntomas o comportamientos narcisistas que no llegan a la gravedad de este trastorno, y que pueden darse en muchas personas con diferentes intensidades. Además, dentro de lo que llamamos trastorno narcisista de la personalidad, también podemos considerar que se dan grados de gravedad.  

    El trastorno de personalidad narcisista o narcisismo patológico sería una forma cristalizada y estable del narcisismo y se cumplirían una serie de criterios diagnósticos (al menos 5) que pondrían de manifiesto en quienes tienen un "Patrón dominante de grandeza (en la fantasía o en el comportamiento), necesidad de admiración y falta de empatía, que comienza en las primeras etapas de la vida adulta y se presenta en diversos contextos" (DSM-5, p. 365) y con al menos 5 síntomas de los que se enumeran en el DSM-5Para llegar a un diagnóstico de narcisismo es necesaria la evaluación de un experto en salud mental que sepa de narcisismo. No es un diagnóstico que deba ponerse a la ligera y menos ante lo que nos parezcan malos comportamientos y egoísmos de otros. Pues no todo mal que puede llevar a cabo un ser humano responde a una etiqueta psiquiátrica.

    Pero el tema en el que quiero centrar hoy mi escrito parte de mi grata sorpresa ante lo que me ha comunicado un lector de mis libros, que pone de manifiesto la posibilidad de "despertar" del narcisismo, para emprender un cambio hacia una mejor manera de estar en el mundo. Desconozco cuál ha podido ser su grado de narcisismo, pero lo importante es lo que plantea, poniendo de manifiesto su clara intención de salir de ello. Ojalá su mensaje sirva de inspiración y ejemplo a quienes viven atrapados en dinámicas narcisistas y para los que no crean en la posibilidad de cambio


Hola Maribel. Mi nombre es X y tengo 61 años. He leído sus dos libros, "Liberémonos del narcisismo" y "Más allá del narcisismo espiritual", por recomendación de un conocido suyo. Su lectura me está ayudando mucho en el proceso de autoconocimiento que inicié cuando tenía 30 años, tras una ruptura matrimonial. Sin embargo, más que darme luz, me servía para calmar mi conciencia (de ello comienzo a darme cuenta). Hace dos años volví a ese proceso de autoconocimiento, forzado por una experiencia de ruptura provocada por una actitud que ahora puedo nombrar gracias a sus libros. Reconozco en mí muchos de los rasgos narcisistas que describe en ellos. Me genera dolor reconocerlo porque veo que estos rasgos han condicionado muy negativamente mis experiencias de relación. Al mismo tiempo, hay algo dentro de mí que me dice que, a pesar del dolor, es una fase que debo pasar. La búsqueda, quiero pensar, genuina de trascendencia, me está ayudando a descentrarme de mí, verme de manera muy diferente y, sobre todo, "ver" a los demás por primera vez. Hace poco experimenté cuán importantes eran las personas que pasaban a mi lado, ¡existían¡ Aunque ando bastante desorientado, sobre todo por no saber cómo reparar el daño hecho especialmente a una persona supuestamente "querida" por mí, tengo la esperanza de que esta nueva fase "tardía" me transforme interiormente hacia algo más auténtico y, sobre todo, más libre. Gracias por ayudarme a descubrirlo


Si bien es cierto que es más fácil superar "rasgos narcisistas" que un trastorno narcisista de la personalidad, mensajes como este ponen de manifiesto que las personas pueden hacerse conscientes de sus errores y rectificar. En un mensaje posterior, esta persona refiere que le ha ayudado a despertar la "reacción total de rechazo" por parte de alguien con la que convivió más de 10 años y con quien le "unía un fuerte vínculo de amistad". Hacerse consciente del daño provocado y del desconcierto causado ha sido parte de lo que le ha servido para iniciar su transformación y leer sobre narcisismo le ha ayudado a poner palabras a parte de sus dinámicas equivocadas.


También considero importante las siguientes reflexiones de la misma persona, y que quizás puede ayudarnos a muchos a reflexionar acerca de las actitudes que estamos promoviendo con respecto a los comportamientos narcisistas: 


Te agradezco también la “compasión” que se desprende en aquellos apartados del libro en los que te pones en el lugar o intentas entender, en la medida de lo posible, a los que nos identificamos con este tipo de personalidad, adquirida más por heridas del pasado que por el simple deseo de hacer daño a las personas que nos rodean. Con ello no estoy justificando actitudes de abuso y violencia psicológica de las cuales me arrepiento, sino intentando entender por qué he actuado en el pasado así. Espero que este proceso me ayude a tener relaciones más maduras en el futuro. Me ayuda también a ver que mis rasgos narcisistas están presentes en todos mis hermanos, ya que veo un nexo común en nuestra historia familiar. En este sentido, esa identificación me está ayudando a tener más empatía hacia ellos al ver que podrían haber sufrido carencias afectivas similares a las que yo experimenté en mi infancia y adolescencia. Esto es algo que estoy empezando a descubrir…


Me parece importante tomar en consideración testimonios como este y desde ya felicito a su autor y le animo a seguirse liberando de la trampa narcisista. ¡Mucha suerte en tu camino y gracias por tu aportación! 


Por otra parte, debemos pensar que si el narcisismo viene con frecuencia condicionado por traumas y heridas del pasado. ¿Es correcto condenar y demonizar sin empatía a quienes lo padecen? ¿No estaremos combatiendo el narcisismo de una manera narcisista que no da ningún lugar a la posibilidad de que algunas personas puedan lograr salir de él?


Os invito a reflexionar al respecto, a la vez que el ser conscientes de las dinámicas narcisistas de otros nos permitan protegernos de las conductas abusivas y rechazarlas, como quién ayudó a despertar a quién me ha escrito. Como sociedad estamos condenados al fracaso si solo demonizamos a quienes se equivocan y no alentamos la posibilidad de cambio, siempre y cuando el otro esté dispuesto a planteárselo o a pasar por una psicoterapia que le resulte de ayuda, en caso de ser necesario. A los mismos profesionales de la salud mental nos parece muy difícil el cambio de personas así y muchas veces imposible, pero no debemos cejar en el empeño de desarrollar tratamientos y de alentar la reflexión ante la posibilidad de salir de ello. En ciertos casos parece que sí es posible.


* Nota: la publicación del testimonio cuenta con el consentimiento de su autor.





domingo, 21 de marzo de 2021

EL "AMIGO" NARCISISTA. PARTE II




Escribo este post como continuación de uno anterior en el que inicié el tema de "El amigo narcisista”

Son muchos quienes expresan desconcertados su sufrimiento, por las dinámicas narcisistas. Por ello es preciso identificarlas, descubrir su sentido y ver posibilidades de autoprotección. Ante la pandemia de narcisismo que sufrimos, seamos más conscientes y también responsables de no dejarnos maltratar por quienes así funcionan. Si alguno que lea este post se ve afectado por el "virus narcisista", espero que le sirva para tomar más consciencia y buscar un camino para superar las heridas que le impiden ser quién realmente es.

Después de escribir la primera parte me han venido a la mente más elementos que nos pueden permitir identificarlos. Señalaría especialmente los aspectos que tienen que ver con cómo nos pueden hacer sentir:

- Sensación de no ser vistos por la otra persona. Nos damos cuenta de que no captan como somos realmente y de que pueden tener una imagen absurda, distorsionada o ajena acerca de nosotros, que nos puede llegar producirnos perplejidad. Hacen con nosotros lo mismo que hacen consigo mismos, generar ficciones. Como no se ven a sí mismos, no ven a los otros.

- Nos provocan desconcierto, ya que no somos de captar cuáles son sus códigos de conducta (hasta que desvelamos la farsa narcisista que explica su inconsistencia). Por ejemplo, no son previsibles, ni hay una coherencia entre lo que dicen-hacen. Si intentamos clarificar, hablando con ellos, las razones de sus acciones podremos sentirnos más confusos, pues la maraña de sus explicaciones no será coherente con sus actitudes y conductas. Podrán pedirnos perdón, darnos la razón, quitar importancia a lo que sea que genera problemas con ellos, etc. Pero volverán a lo mismo una y otra vez, repitiendo las mismas dinámicas manipuladoras y egoístas. 

- Sensación de estafa, si de algún modo nos vinculamos con ellos. Esto sucede porque su bombardeo amoroso o actitudes complacientes pueden hacernos pensar que realmente tienen un interés real por nosotros, hasta que sucede algo que les delata. O bien, nos damos cuenta de la falsedad de su apoyo, si recurrimos a ellos en una situación en la que necesitamos ayuda. Ahí emergerá la sensación de estafa en la supuesta amistad y nos daremos cuenta de que lo que parecía un vínculo real no era más que una estrategia de marketing para mantenernos atentos a ellos. Les gusta que estemos ahí, pero no se van a esforzar por ayudarnos realmente. 

- Mezquindad y falta de generosidad. Se les da bien adular, pero no corresponder a la generosidad de otra persona. Nos daremos cuenta de que prometen, pero que no son capaces de corresponder mínimamente a lo que se les aporta.

- Aunque nos aportan un aparente bienestar, drenan nuestra energía y nos cansan. No nos sentimos bien con ellos, nuestras emociones experimentan sensaciones contradictorias y tendremos sensación de que algo no acaba de encajar (los más hábiles hasta nos pueden llegar a convencer de que esto sucede porque algo falla en nosotros).

- Altibajos en la relación: habrá momentos en los que parecerá que estamos muy bien con ellos, por su dedicación y aparente cariño en la relación. Pero en otros momentos nos sentiremos súbitamente mal, por la retirada brusca de sus atenciones y “cariños” y por las incoherencias entre lo que dicen y hacen. La amistad intermitente que mantienen provocará una cierta adicción en personas más dependientes o en quienes viven momentos más vulnerables. Esto sucede por lo que se llama “refuerzo intermitente” (a veces hay premio y a veces no, lo que nos puede hacer adictos a sus dinámicas). Se puede sentir bienestar en su momento agradable (pues pueden ser muy amables), y después añoraremos a esa persona que, aparentemente, nos produjo bienestar (pero no olvidemos que es un bienestar del “ego”, no que realmente nos aportan algo profundo e interesante).

- Evitan temas que les pueden poner en evidencia o bien llevarles a una dimensión realmente profunda. Prefieren la ligereza o la superficialidad, haciéndonos responsables de nuestra profundidades e inquietudes por llegar a la verdad. Son buenos escapistas de llegar al meollo de cuestiones profundas, especialmente si les concierten a ellos (pues les podemos acabar descubriendo).

- Sufrimiento: relacionándote con alguien que realmente sea narcisista, sufrirás y no entenderás qué está pasando. Una y otra vez intentarás recuperar una relación que en realidad no existe, pues te vendieron una ficción de amistad inexistente o no tan valiosa o importante como has creído previamente.






Quizás alguien ya se esté preguntando en por qué consiguen engañarnos y vendernos la moto. ¿Por qué a veces nos camelan, aunque sea momentáneamente? Creo que por nuestras propias vulnerabilidades, ingenuidades e inconsciencias. Pueden ser, entre otras, las siguientes:

- Baja autoestima: si no vemos quienes somos, ni tomamos consciencia de que nuestra propia valía es independiente del juicio ajeno, seremos más vulnerables a volvernos dependientes del reconocimiento y de las manifestaciones ajenas de afecto. La baja autoestima también puede derivar de una forma exigente de mirarnos, dependiendo, por tanto, de que alguien tenga una manera aparentemente más amable de mirarnos, dado que no sabemos hacerlo por nosotros mismos.

- Inseguridad: Si no vamos fundamentando nuestra consistencia personal (más allá de cómo nos juzgan otros), seremos más dependientes de la opinión ajena, que consideraremos más valiosa que la nuestra. También es importante asumir que una parte de la vida implica inseguridad, pues nos somos dioses, ni somos omniscientes. Si dejamos de delegar nuestra seguridad en lo que otros nos dicen de nosotros iremos liberando nuestra seguridad de la pseudoseguridad que nos quieren transmitir las personas narcisistas aduladoras.

- Ingenuidades e inconsciencias: seremos más vulnerables al tener una visión naif de la vida, en la que creemos que si somos buenos los demás también lo serán con nosotros, o bien, si ignoramos la dimensión del mal y cómo se manifiesta en las personas (incluso en nosotros mismos, por buenos que queramos ser). Si no salimos de la ingenuidad e inconsciencia es más fácil que nos puedan “estafar” afectivamente. 

- Nuestro propio narcisismo: los narcisistas son muy hábiles manipulando nuestra “parcela narcisista”, es decir, la parte de nosotros que depende de la aprobación ajena y que busca ser querida a través de manejos como los suyos. En todo ser humano hay alguna “parcelita” de este tipo, el famoso “ego” del que hablan las tradiciones espirituales. Si tomamos consciencia de esa “parcela narcisista” es más difícil que nos puedan manipular, a través de nuestra necesidad de reconocimiento externo. Ellos saben hacer muy bien de “espejitos mágicos”, para decirnos que somos los más “bellos”. Si conseguimos ir acotando esa parcela y la herida de falta de amor que la sostiene, seremos más capaces de liberarnos de la necesidad de aprobación o de adulación externa para valorarnos. 

- Traumas no resueltos: que nos lleven a depender de personas similares a las que nos dañaron en nuestra infancia (en general suelen ser los padres).


¿Qué podemos hacer para relacionarnos con ellos y “defendernos” de sus manipulaciones?

- Darnos cuenta del problema que tienen y no creernos todo lo que nos dicen, especialmente lo que ponen de manifiesto de manera complaciente, adulándonos o prometiéndonos cualquier cosa. Sus códigos no son los de las personas honestas y sinceras, por más que lo quieran aparentar.

- Una vez conscientes de sus trampas, tomemos la responsabilidad de no dejarnos manipular ni engañar y observemos que nos ocurre internamente, si en algo estamos cediendo. La cuestión es no esperar lo que ellos no nos pueden dar, es fundamental no creernos su “publicidad engañosa” (y cuidado, que algunos tienen muy buen marketing). 

- Las dificultades con personas así pueden ser una buena oportunidad para conocernos mejor, viendo nuestra inconsciencia e ingenuidad, para ir saliendo de ellas, percibiendo qué nos hace vulnerables, detectando nuestro propio narcisismo, etc. Al darnos cuenta de que ellos ponen de manifiesto una parte de nuestras propias sombras, es decir, de “nuestra parcelita narcisista”, que les da espacio para que busquemos su aprobación y reconocimiento, podemos acotarla e irla reduciendo mediante la comprensión de lo que la provoca. Lo que supone atravesar un camino hacia la humildad, viendo en qué punto somos vulnerables a dinámicas narcisistas, por dejarnos llevar por la vanidad de ser admirados o supuestamente queridos por otras personas. Para ello es preciso estar también atentos a nuestras emociones y sentimientos. Escuchemos qué se mueve en nuestro interior en la relación con quienes así se comportan. Por un lado, sentiremos el subidón de los momentos en los que parecen entregados a la causa de relacionarse con nosotros, pero después experimentaremos la sensación de vacío y deprivación tras el chute endorfínico que pueden llegar a provocar con sus adulaciones y pseudoconexiones.

- Tomemos perspectiva y distancia, aunque sea temporalmente. Así podemos tomar consciencia de qué nos está sucediendo en la relación con ellos.





- Cultivemos la asertividad: así podremos ponerles límites y aprender a decir lo que queremos y lo que no, a pararles cuando nos adulan para manipularnos, o cuando adopten actitudes manipuladoras de cualquier tipo.

- Aprendamos a amarnos como somos, con nuestras virtudes y defectos. Cultivemos la conexión con la dimensión de profundidad que nos sostiene, a cultivar valores que nos hacen crecer humanamente y aprendamos a sacar de ahí un amor que nos libera de dependencias ajenas. 

- En el caso de que la relación con alguien así nos esté haciendo pasarlo mal, no queda otra que tomar total distancia y asumir eso que se llama “contacto zero”. Si es alguien de quien no nos podemos librar, por pertenecer a nuestro entorno, pongamos distancia interior, desde el respeto y la comprensión de que ellos son víctimas de sus propias dinámicas, pero sin abrirnos interiormente a que nos puedan dañar nuevamente.

- Si se repiten vinculaciones con personas así es recomendable acudir a una psicoterapia para descubrir qué condiciona entrar en ese tipo de relaciones falsas. A veces puede tratarse de traumas no resueltos.

Nuevamente es preciso señalar que muchas personas pueden tener un narcisismo parcial o “parcela narcisista”, sin ser narcisistas del todo. Por lo que el determinar la dinámica narcisista de alguien ha de ser en relación con una suma de muchos de estos factores y por el sufrimiento y desconcierto que provoca el vincularse con ellos. Si se suman muchos de estos elementos, y de manera continuada, piensa ¿realmente quieres ser amigo/a de alguien que no es tu amigo?

Si eres tú quién se ve reflejado/a en las actitudes narcisistas, aprovecha lo descrito para conocerte mejor y tratar de comprender qué te lleva a falsear tu vida, tu yo y tus relaciones y busca ayuda psicoterapéutica. Mantenerte ahí solamente te dañará y mantendrá en dinámicas que destruirán tu vida y la de quienes te rodean. Entiendo que es muy duro mirar a las heridas tan profundas que te mantienen en la falsedad, pero más doloroso será vivir así, en la adicción compulsiva a gustar, al engaño. Un engaño muy peligroso y destructivo porque concierne especialmente al engaño sobre tu ser y sobre tu propia existencia. Así, la destrucción de tu vida está servida, por mucho que gustes y quieras ser querido por los otros. Lo que está claro que que así, ni querrás, ni serás querido, ni existirás como realmente eres, para nadie. Como en las adicciones más graves hay salida, pero es preciso proponérselo…

martes, 23 de febrero de 2021

EL “AMIGO” NARCISISTA. PARTE I

Cada vez son más frecuentes las publicaciones relacionadas con el narcisismo. Aparte de la pandemia de Covid-19 también vivimos mundialmente una pandemia de narcisismo, que me temo que ha sido parte de lo que ha agravado la propagación del Covid-19, ya que las personas narcisistas no parecen especialmente conscientes de que han de tomar medidas de prevención para protegerse (a ellos no les va a pasar nada) y proteger a otros (les resulta indiferente lo que les pase a los demás).

Las publicaciones en alza sobre el narcisismo ponen de manifiesto cómo son los jefes narcisistas, los políticos narcisistas, las parejas narcisistas, los líderes espirituales narcisistas, pero no he encontrado gran cosa sobre cómo son los “amigos” narcisistas. Así que me pongo a ello, por tantas historias que me llegan al respecto y por la experiencia directa de haber conocido a alguno de ellos.  Expondré algunas pinceladas por si sirven de orientación, a quien se esté encontrando con personas que funcionan a modo narcisista. Además, si tenéis rasgos narcisistas, mejor haceros conscientes de ellos para tratar de ver qué heridas o carencias os llevan a comportaros de ese modo con los demás y buscad terapia (causáis sufrimiento a otras personas y también sufrís innecesariamente).

¿Cómo es el “amigo” narcisista? (atención que pongo “amigo” entrecomillado, pues de amigos suelen tener más bien poco).

El “amigo” narcisista aparecerá inicialmente con una actitud agradable y seductora. Nos colmará de amabilidades y nos adulará, por lo que a él le llame la atención de nosotros. Suele ver nuestras cualidades como parte de un trofeo que quiere conseguir para su colección: currículum y titulaciones, nivel de prestigio, belleza, inteligencia, contactos, cargo que ocupamos, éxito o cualquier otra cualidad que le sugiera poder, influencia o capacidades que pueda aprovechar para sí mismo o para mostrarte en sociedad como una de sus nuevas adquisiciones. A mí me llama la atención cómo presentan a otras personas, señalando facultades externas relacionadas con el listado que acabo de mostrar.

Cuidado con la estrategia inicial del bombardeo amoroso y la hábil seducción al que nos pueden someter. Nos dirán todo tipo de halagos, adulaciones, expresiones de afecto máximo, aparente mostrar interés por nosotros y por nuestras vidas. Los más inteligentes nos estudiarán atentamente, para aportarnos lo que suponen que es lo que más nos gusta escuchar. Detectarán nuestros puntos de vulnerabilidad para ofrecernos primero ayuda, y con el tiempo para cuestionarnos por tener esas mismas fisuras. Como a todos nos gusta que nos traten bien, reconozcan nuestras virtudes y nos ofrezcan ayuda ante nuestras dificultades, podemos caer en la trampa de pensar en que por fin hemos encontrado una persona realmente amable y sensible que tiene un genuino interés por nosotros (sobre todo si son hábiles e inteligentes en sus estrategias). 



¿Cómo detectarlos en esta fase? Lo más importante es darnos cuenta de que no es normal tanta adulación o interés desmedido sin conocernos. Las amistades reales se van dando progresivamente, sin tanta exaltación y expresión de una súbita sintonía. También veamos en qué se fijan de nosotros y qué nos alaban. ¿Son elementos externos, como los ya señalados? ¿Se fijan mucho en aspectos nuestros de los que obtener beneficios de cualquier tipo? ¡Cuidado! 

También es posible que detectemos pequeñas mentiras desde la fase 1. Desde la exageración en su manera de describirnos, a la expresión de que han leído (si publicamos algo) todas nuestras publicaciones desde el Pleistoceno (es fácil detectar que no es verdad), o que son grandes amigos de personas importantes (a algunos les gusta presumir de amigos diversos), o bien veremos alguna exageración o empeño en mostrar sus méritos profesionales, personales, etc. Veremos en esto una forma de dialogar muy centrada en su yo-yo-yo. Tienen que causar buena impresión y acaban hablando demasiado de sí mismos y de sus grandes capacidades, intereses, sensibilidades. Observemos también cómo nos escuchan. ¿Escuchan realmente? ¿Ponen interés en lo que les estamos diciendo? ¿Se acuerdan posteriormente de algo que les hemos contado? ¿Mantienen su palabra en pequeñas cosas que afirman que harán, conseguirán, etc.? ¿Cómo reaccionan si en algo argumentamos en contra de lo que ellos afirman como verdad? (no muy bien). Y una clave importante, ¿qué empatía tienen? Dado que estarán en fase de seducción con nosotros, es más fácil verlo con las personas que ellos consideran de “menor nivel”, como camareros, porteros u otros a los que clasifican por debajo (el desarrollar ese tipo de ranking social también es parte de lo que les define). Con esas personas a las que ven como inferiores, se verá claramente su actitud de cosificación y falta de respeto, la arrogancia, la exigencia y la superioridad. Por ejemplo, pueden actuar con sumo desprecio y hasta con agresividad ante un mínimo fallo de un camarero, al ponen por debajo de sí mismos. En el otro extremo, veremos su veneración con quienes ponen en un “nivel superior”, con quienes se comportarán de forma servil y hasta sumisa, porque son “gente importante”. Es frecuente en las personalidades narcisistas no saberse comportar a “nivel horizontal”, es decir, para ellos, las personas son superiores o inferiores. No hay iguales, no entienden el sentido de comportarse de igual a igual. En todo caso lo fingen.

Además, están constantemente en una especie de “personaje” que repite estereotipadamente gestos, frases, expresiones grandilocuentes, buscando el feedback de los demás. Les veremos muy atentos a los demás, pero para ver qué provocan en ellos. A veces podemos confundir esto con auténtico interés y empatía.

Cuando ese “amigo” narcisista cree que ya nos ha camelado o cuando realmente lo ha hecho y pensamos que estamos en un lugar seguro, se irá relajando y podremos empezar a captar más cosas: 

- Cómo hablan de los demás: son criticones, a veces de forma cruel, por detalles mínimos, explayándose contra quienes no están en su corte de seguidores abducidos. Claro, cuando no están delante.

- Su actitud complaciente: nos prometerán cosas que después no harán, especialmente si les suponen algo de esfuerzo o trabajo.

- Su nivel de exigencia: has de pensar como ellos o satisfacer sus necesidades emocionales de reconocimiento, afecto, feedback inmediato, hacerles favores, etc. Si no, aparecerá la furia narcisista o harán mutis por el foro, es decir, desaparecerán súbitamente de esa estupenda “amistad” que se supone que tienen con nosotros.

- Sus valores: antes o después vemos su trato hacia otros o su manera poco ética de andar por el mundo.

- Su falta de transparencia. Y no entenderán a alguien que se comporte con transparencia, ya que ellos no son así.

- Su falta de congruencia: dicen unas cosas y hacen otras, continuamente.

- Cómo se miden con nosotros: cuidado con superarles en algo; eso mismo por lo que nos admiraban puede generarles una tremenda irritación si destacamos más que ellos (son muy envidiosos).

- Su falta de confianza en tu sinceridad o en ti, en general: dudan, por ejemplo, de tus expresiones de afecto o de tu lealtad, porque no pueden concebir que alguien actúe desinteresadamente.

- Su desconfianza en tu aprecio: no creerán que puedes tenerles un cariño genuino, pues entienden la vida como meros intercambios y no conciben la existencia del amor real. También, como viven instalados en una farsa, pueden creer que si les quieres es porque te han engañado (de manera consciente o inconsciente). Tampoco creen que alguien pueda hacer algo de lo que ellos no son capaces, querer desinteresadamente.

- Su tendencia a la mentira: desde lo más nimio a lo más importante.

- Sus actidudes manipuladoras: seducir (con el bombardeo amoroso), mentir, hacer “luz de gas” (te culpan de lo que ellos hacen mal, por ejemplo), intermitencia en las relaciones, castigos desmedidos por pequeños errores, etc.

- Sus agresiones directas o indirectas: a veces muy sutiles, pero que pretenden hacer sentir culpable de sus malas actitudes (si cometen alguno de sus errores, y protestas por ello, dirán que eres neurótico/a, susceptible, etc.) o bien tratarán de ponerte en una posición de inferioridad (señalando tus defectos, inadecuaciones, etc.).

- Su hipersensibilidad ante las críticas o correcciones. En algunos casos, pueden desencadenarles una tremenda furia y resentimiento las críticas o correcciones mínimas.

- La actitud evasiva, o incluso la desaparición súbita o intermitente, sin que haya una explicación. Y, si se la pides, solo obtendrás respuestas confusas o ataques (te dirán que si preguntas es que tienes problemas o si es que estás enamorada/o de ellos, porque te inquietas por sus fluctuaciones en la relación, por ejemplo). A veces llamo el “síndrome del Guadiana” a esa desaparición súbita e intermitente; veremos que, aunque parecen ser grandes amigos tuyos, súbitamente no sabes nada de ellos y pasado el tiempo otra vez aparecen como grandes amigos y así sucesivamente. No busquéis explicaciones a su intermitencia, no os las darán.

- Demoras excesivas cuando quieres tener una conversación seria con ellos. El miedo a la confrontación o a exponerse a cualquier crítica les puede hacer entrar en pánico y evadirse lo más posible.

- Demandas de atención inmediata cuando ellos lo precisan.

- Su falsa amabilidad: tratarán de complacerte, especialmente si quieren algo de ti, pero por detrás te criticarán y plantearán tus necesidades como algo absurdo o caprichoso.

- Doble cara: sonrisas y halagos frente a ti, críticas injustas a tus espaldas.

- Actitud competitiva contigo: te dediques a lo que te dediques, ellos saben más que tú. Te pretenderán dar lecciones y correcciones sobre tu ámbito profesional, pretendiendo incluso corregir lo que sea fruto de un intenso estudio y de años de experiencia. Con el tema de la pandemia me encuentro a unos cuantos dando “homilías” aleccionadoras, o corrigiendo a los científicos expertos, por haber leído un par de artículos periodísticos, haber visto unos vídeos de you tuve o leído cualquier otra fuente de información que exaltan y absolutizan. Es curioso que veo más estas actitudes entre quienes sostienen discursos que niegan la evidencia científica, simplifican lo que está pasando o caen en visiones conspiranoicas.

Como esta entrada ya me ha quedado bastante larga, en otro post hablaré de cómo comportarnos ante estas actitudes. Lo principal es poner distancia y claro, no creernos que son realmente nuestros amigos. 


*Imágenes de Pixabay (LeandroDeCarvalho)


viernes, 22 de enero de 2021

ESPIRITUALIDAD Y SALUD MENTAL: REFLEXIONES A RAÍZ DE LA PANDEMIA POR EL VIRUS SARS-COV-2




Os comparto una entrevista que me hicieron en abril de 2020, desde la Clínica Galatea, sobre "Espiritualidad y salud mental: reflexiones a raíz de la pandemia por el virus SARS-CoV-2"


Creo que puede ser de utilidad también ahora.


 ¿Qué definición propone del término espiritualidad?

Las definiciones de lo que es la espiritualidad son muy variadas, quizás haya tantas formas de vivirla como personas. Procuraré resumir las que me parecen más acertadas, con una variedad de opciones en la que cualquier persona pueda encontrar su manera de entender la espiritualidad.

La espiritualidad tiende a considerarse como la dimensión más esencial del ser humano, o a relacionarse con aspectos inmateriales de la existencia, como nuestra capacidad de amar o de tener compasión o de sacar fuerzas de lo más profundo de nosotros mismos. También se asocia con la trascendencia, con la esperanza, con la inspiración, con el propósito y con el sentido de la vida y con el sentido último de todas las cosas. En otros casos se ha relacionado la espiritualidad con la capacidad de conectar armónicamente con lo más profundo de uno mismo, con los demás, con la naturaleza, con Dios o con una realidad superior. O bien se ha entendido como lo que inspira y alimenta el amor, la ética, la creatividad, la consciencia o la percepción de lo sagrado.

Viktor Frankl plantea que la espiritualidad es lo que tenemos de humano y la dimensión esencial en la que acontece nuestra existencia. La espiritualidad puede aportar ciertos recursos internos y puede darnos fuerzas, creatividad, humanidad o sentido a la vida. Algo que puede ser muy importante en las situaciones difíciles que se nos presentan, aportándonos elementos que permitan superarlas o afrontarlas mejor.

¿Cuál es la relación entre espiritualidad y salud mental?

En la mayoría de los estudios que tratan de buscar esa relación, se encuentra una asociación positiva entre cultivar la dimensión espiritual y mejor salud mental (menos ansiedad, menos depresión, menos adicciones, menos riesgo de suicidio, mejor pronóstico de enfermedades mentales, etc.). La espiritualidad también se ha relacionado con un mayor bienestar psicológico. No obstante, hay algún estudio que pone de manifiesto que esa relación puede ser inversa cuando se viven formas de espiritualidad más infantiles o narcisistas. Por lo que habría que discernir, en cada caso, si la espiritualidad lleva a mirar más allá de uno mismo y a amar más a otros (y en este caso hablaríamos de espiritualidad más “saludable”), o bien si la espiritualidad es una forma de regresión narcisista al servicio de los propios egoísmos (y en ese caso, esa manera de vivirla nos perjudicaría y no sería “saludable”).

A la hora de abordar el sufrimiento psíquico en las circunstancias actuales, ¿cómo debe acercarse el clínico a la exploración de la dimensión espiritual del sujeto? 

Hay varias formas de acercarse a la espiritualidad del sujeto, con dos líneas fundamentales de abordaje. La primera es preguntando directamente si a una persona en concreto la religiosidad o la espiritualidad le ayuda a sobrellevar mejor su situación de sufrimiento (lo que incluiría preguntar aspectos generales de su visión espiritual y por prácticas espirituales o religiosas que le puedan resultar de ayuda). También es importante preguntar si esa religiosidad o espiritualidad puede generarle algún problema (pensemos en cuando se vive de forma estricta, cuando hay conflictos con una comunidad, etc.). 

La segunda línea general de abordar la cuestión es con preguntas más indirectas, como plantearle a la persona qué le está dando fuerzas en estos momentos de dificultad o qué le ha dado fuerzas en otros momentos difíciles de su vida (muchas veces surgen alusiones a la espiritualidad). 

En cuanto a los profesionales de la salud, ¿cree que deben cuidar la dimensión espiritual o que, sin saberlo, ya lo están haciendo? ¿Tiene que ver este cuidado con comulgar con una confesión religiosa o es aplicable a cualquier ser humano?  

No considero que el cuidado de la dimensión espiritual se pueda considerar como un “deber”, sino que creo que es una oportunidad de crecer y de encontrar fuerzas adicionales y sentido ante lo que nos toca vivir. Creo que todo ser humano que busca expresar ciertos valores en su vida, como el bien y la verdad, la justicia o el amor, ya está poniendo de manifiesto algo espiritual que le construye como persona y que le ayuda a dar sentido a su vida cotidianamente. El hacernos conscientes de ello nos puede ayudar a cultivarlo con más énfasis y a darnos cuenta de cómo nos llega a construir como personas, de una manera más completa, aportándonos más riqueza, profundidad, más luz y fuerzas para combatir las dificultades que tenemos que atravesar en nuestros días. 

Ese cuidado puede hacerse dentro o fuera de una confesión religiosa. Al ser una dimensión constituyente de todo ser humano, se da en todas las personas, tanto si son religiosas como si no. La diferencia es que la religión aporta, entre otras cosas, un método de cultivar la dimensión espiritual y un camino compartido con otros.

¿Cómo se cultiva esa otra escucha de uno mismo y de los demás? Más aun teniendo en cuenta que están en circunstancias muy adversas por lo que respecta a la propia seguridad, desbordados por la virulencia de la infección, viéndose obligados a ser los únicos acompañantes de enfermos moribundos o teniendo que informar a sus familias.

Hay muchas formas de cultivar esta dimensión. Creo que la principal, en estas circunstancias, es aprender a mirar lo mejor y más profundo de nosotros mismos y a potenciarlo, siendo conscientes del bien que podemos albergar y aportar a otros, valorando lo que somos como seres humanos que tienen la oportunidad de traer salud, alivio y compañía humana a otras personas que sufren (pacientes y compañeros de trabajo). Acordarnos de esto y ponerlo en práctica, en nuestro trabajo como profesionales de la salud, me parece que es algo fundamental.

Añado una serie de posibilidades, porque creo que puede ser de ayuda para contemplar diversas opciones:

  • Ser conscientes de qué puede ser esa dimensión espiritual, preguntarnos por ella, explorándola para conocernos mejor a nosotros mismos. Conocernos puede hacer que nos demos cuenta de esa dimensión que todos tenemos en lo profundo y que puede aportarnos luz y fuerzas en la adversidad y ayudarnos a afrontar las dificultades cotidianas que nos toca vivir.
  • Cultivar la conexión con la espiritualidad: con oración, meditación, petición, intención de tener compasión y amor (hacia nosotros mismos y hacia los demás), lecturas espirituales, etc. También puede ayudar el hecho de darnos espacios para el silencio (aunque sea durante segundos), para estar con nosotros mismos y cultivar así nuestra vida interior. Podríamos aprovechar ese silencio interior para mirarnos con empatía y amor, apoyándonos en la perspectiva de que algo que nos sostiene desde dentro o más allá de nosotros puede ser de gran ayuda ante la adversidad. Otra opción puede ser hacer una oración en mitad de la acción pidiendo fuerzas, pidiendo por la salud y el bienestar del paciente que tenemos delante o simplemente transmitiéndole acogida y cariño (algo que es también fundamental hacer con nosotros mismos). También se puede meditar poniendo plena atención al momento presente y a lo que toca hacer en este momento, dejando de lado distracciones y “ruidos” mentales.
  • Tener experiencias comunitarias: tener una red de encuentro y de soporte, dentro de la misma fe, perspectiva espiritual o práctica de meditación, puede ser también de gran ayuda. En nuestro trabajo, también ayuda si compartimos algo de esa práctica con compañeros que tengan una perspectiva similar a la nuestra, o al menos podemos hablar de ello y apoyarnos mutuamente.
  • Buscar el sentido de la vida, como planteaba Viktor Frankl, captando el valor de lo que hacemos y de lo que sucede en cada momento. También se puede buscar el sentido mirando la vida desde una perspectiva global de nuestra existencia o buscando el sentido último de todas las cosas (como, por ejemplo, tratando de percibir un orden implícito que lo sostiene todo).
  • Buscar sentido al sufrimiento: ante el sufrimiento, Viktor Frankl propone poner en marcha los valores de actitud. Por ejemplo, tomar consciencia de que ante lo que estamos pasando puede existir la posibilidad de adoptar una actitud constructiva, viéndola como posibilidad de aprendizaje, entrega, superación personal, cooperación con otros, etc. Para Frankl esa libertad de cultivar la mejor actitud posible se sostiene en la capacidad del espíritu para oponer resistencia a circunstancias adversas.
  • Cultivar la aceptación, dándonos cuenta de que nuestro yo no es el que lo controla todo y de que la realidad que nos rodea es más que nosotros mismos y nuestros deseos. Para las personas religiosas, esto se manifestaría poniendo todo lo que no pueden controlar en manos de Dios y centrando la acción en lo que realmente sea posible controlar. La aceptación es un elemento fundamental para tolerar la incertidumbre y desarrollar humildad y apertura ante la realidad.
  • Cultivar la libertad interior: lo que quiere decir que en nuestro interior hay un espacio íntimo en el que no puede entrar nadie más que nosotros, desde donde podemos mirar lo que ocurre fuera con más libertad y perspectiva, así como encontrarnos con nosotros mismos en lo más íntimo y profundo que tenemos. Tomar consciencia de la libertad interior nos permite ejercerla y tener más capacidad de elección, lo que puede dar más posibilidades de crecer en la adversidad.
  • Tomar consciencia de fuerza del amor y ponerlo en práctica: el amor es fundamental para sobrevivir en situaciones adversas, para unirnos a otros y dar sentido a la relación de ayuda. Ese amor debe incluirnos también a nosotros mismos para ser completo y debe llevarnos a cuidarnos de manera adecuada. A su vez, el amor nos ayuda a mirar más allá de nosotros mismos y aumenta las posibilidades de que podamos ver más allá de nuestro dolor. En la situación que vivimos hay muchas vías de expresar ese amor, desde el cuidado de nuestros pacientes actuando con ellos como nos gustaría ser cuidados nosotros, hasta el cuidado y respeto a las relaciones con nuestros compañeros, familiares, etc., pues a todos nos toca, hoy en día, bregar con una dosis, mayor o menor, de sufrimiento.
  • Cultivar la consciencia de la belleza: la belleza aporta sentido, nos abre el horizonte hacia una percepción más amplia de las situaciones dolorosas, de tal forma que, si prestamos atención a la belleza de las pequeñas cosas cotidianas, es más fácil poder soportar los días adversos y que la negatividad no nos invada. Puede consistir en darnos tiempo para ver imágenes que nos resulten bellas, percibir detalles cotidianos que nos inspiren esa belleza en mitad de las dificultades que nos toquen vivir (a veces, tan sólo mirar por un instante la luz que entra por la ventana, nos puede conectar con la belleza y aliviar nuestro malestar).

El filósofo Wittgenstein acaba el “Tractatus Lógico-Filosófico” con el aforismo: “de lo que no se puede hablar, más vale callar”. ¿Qué le sugiere? ¿Recomendaría una cierta dosis de silencio en las actuales circunstancias?

Sí, necesitamos silencio ante lo que aún no podemos comprender y asimilar. Lo que no quiere decir que una vez comprendido, discernido y sometido a un juicio crítico, no podamos hacer un análisis correcto de la situación y actuar en consecuencia.

Por último, como directora de la Cátedra Edith Stein de Ávila, ¿qué nos diría una mística como ella hoy?

Creo que nos diría fundamentalmente que el sufrimiento tiene sentido, siempre y cuando sepamos mirarlo desde el lugar más profundo de nosotros mismos, con apertura al amor, a la entrega y a la empatía con el sufrimiento de otros. Para ella, el sufrimiento supone una oportunidad de aprender y de estar más unidos a un Dios que sufre con nosotros porque se ha permitido vivir la vulnerabilidad humana en la cruz, por lo que nos acompaña hasta en los dolores más intensos de la vida. Para ella, también es importante la experiencia de vivir con la confianza en que nuestra realidad interna y externa es sostenida por Dios, a pesar de todas las cosas difíciles que nos queden por atravesar.


La entrevista original está en este enlace: https://www.clinica-galatea.com/es/bloc/coronavirus-espiritualidad-salud-mental/ 

miércoles, 2 de septiembre de 2020

SALIR DE NOSOTROS MISMOS



Después de mi anterior escrito, titulado “Volver a nosotros mismos”, puede resultar totalmente contradictorio que, justo después, escriba otro sobre “Salir de nosotros mismos”, ya que, si he puesto énfasis en la necesidad de “volver a nosotros mismos”, ¿tiene sentido poner ahora énfasis en “salir de nosotros mismos”? Yo creo que sí, pues me parece que se trata de movimientos complementarios y que nos permiten encontrar un equilibrio razonable en nuestras dinámicas internas. 

El anterior escrito terminaba del siguiente modo: “Si el camino de vuelta es solo a mí, desprendida del mundo y del exterior, puede tratarse de una ficción narcisista. Si el camino de vuelta es hacia mí, con apertura hacia quien resuene conmigo, en un encuentro real, es cuando seguramente esté volviendo a ese lugar real que me configura y sostiene.”

Voy a intentar desarrollar, un poco más, lo que planteaba al final de mi escrito.

La cuestión de fondo es diferenciar en autocentramiento egocéntrico, que sería narcisista y autocomplaciente, del posicionamiento centrado, en donde la persona se sitúa en su ser real y, desde ahí, puede abrir las puertas de su “casa” desde la hospitalidad, la comprensión y la apertura a otros.

A veces escucho sobre el empeño en el volver a uno mismo, desde un autocentramiento egocéntrico, en un supuesto auto-conocimiento autocomplaciente, que lleva a una persona a validar la realidad solo desde sí misma, o incluso desde lo que cree su percepción de la realidad divina (por ejemplo, en su oración o meditación) y a pensar que su auto-realización es solo suya e individual, siendo los demás, en general, estorbos para el plan personal, si no le siguen el juego o el “baile”. Algo que es, aún más “peligroso”, cuando se trata de alguien más inteligente que la media y que tienda a la introversión. En ese caso, se puede instalar cómodamente en su parcela interior de seguridad, certezas, crecimiento personal o espiritual, inspiración, desarrollo profesional, etc., sin reparar en lo que pasa alrededor, ni en los que les pasa a otros. Llegando incluso, a provocar un gran malestar a su alrededor, sin darse cuenta, con sus actitudes. En estos casos, es posible que la persona sienta que sigue su verdadera senda vocacional, pero que los demás son incordios que no le entienden y que, incluso, si le molestan con sus actitudes, es porque son de inteligencia inferior, mediocres, primitivos, etc. Ante esas “molestias”, quien tenga tendencias narcisistas o egocéntricas tenderá a meterse más dentro de sí, despreciando al resto del mundo, pues es “incómodo”. Y no verá que ese mundo le resulta “incómodo” por su manera estrecha, exigente y dura de mirar las cosas. Lo que, no se debe confundir con tener una gran sensibilidad, o con que los demás no nos puedan resultar a veces inconvenientes. La cuestión es que, cuando son todos, o casi todos, los que solamente dificultan la propia realización personal, ¿no es más bien uno mismo el que está excesivamente centrado en sus propios intereses, ideas y actitudes? 

Cuando nos relacionamos con una persona así, normalmente sentimos inseguridad o perplejidad, pues son expertos en hacernos sentir culpables, por importunar sus importantes ocupaciones, que siempre estarán muy por encima de cualquier necesidad ajena, a la que, si se presta atención será desde una actitud condescendiente de aparente caridad, perdonándonos la vida y haciéndonos sentir privilegiados por el tiempo que nos conceden, desde su posición de dioses del Olimpo.

En el otro extremo, podemos detectar el centramiento sano y realista, con apertura a la realidad y a los otros, en quienes, aún estando ocupados y centrados en lo que la vida les pide, asumiendo sus responsabilidades y respondiendo a su vocación, escuchando su interioridad, son capaces de tratarnos con sencillez, sin muros, aunque puedan poner límites, pues el tiempo no es infinito. Tampoco tendrán por qué por qué responder a cualquier demanda de atención, en cualquier momento. Estar centrado sanamente es también respetarse a uno mismo y tomar consciencia de cuando se tiene energía disponible para los demás, de una manera equilibrada, pues “la caridad empieza por uno mismo.” Lo que veremos, en estos casos, será humildad y cercanía, aunque solo nos aporten 5 minutos de su tiempo, atención, firmeza, claridad, sencillez e interés por lo que planteamos. La claridad también la veremos reflejada en que, por muy ocupada que pueda estar esta persona, sentiremos la confianza de que tendremos respuesta cuando realmente le sea posible decirnos algo. Conozco a personas que están realmente muy ocupadas, que aprovechan, desde el amor, el tiempo que les es posible para otros, para decir que están ahí, que te acogen, que les importas y que sufren por lo que sufres, pues son capaces de salir de sí mismas. Esto se percibe en una resonancia en el encuentro, por una atención determinada (no una cara de póker o de falsa caridad), por un afecto espontáneo que nace (cuando se da), que facilita un vínculo real. Estas personas nos muestran una posibilidad de diálogo y de apertura ante las dificultades que puedan surgir, desde la acogida, la humidad y la sencillez. Sin que nos provoquen el temor, al acercarte a ellos, de que les estás molestando ante todas las cosas tan “superimportantes” que tienen que hacer, que, “obviamente”, son mucho más importantes que lo que viven como tus reclamos o exigencias de inferior nivel.

En ambos casos las personas pueden parecer aparentemente centradas, y sus discursos parecer semejantes, pero, las consecuencias, en el trato, especialmente en quienes nos relacionamos con ellos nos llevan a percibir y sentir algo muy distinto. 

Quizás, todos, en algún momento hemos podemos vivir en el centramiento egoísta. Y lo más posible es que, nos movamos habitualmente por lugares intermedios. Para no perdernos en los egos-centrismos, creo que lo importante es tomar consciencia de por donde vamos para buscar la posición más centrada, abierta y real, para una vida más plena, humana, humilde y consciente, donde el indicador más claro es la cuestión de si realmente nos importan los otros, es decir, si somos capaces de sentir amor por ellos.