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jueves, 13 de julio de 2023

MANIPULACIONES SUTILES, ¿QUÉ SON Y CÓMO PROTEGERNOS DE ELLAS?




Después de un tiempo sin escribir en este blog, me animo a compartir algo que quizás os resulte de interés, dado que veo que es motivo de sufrimiento para muchas personas y creo que es un tema del que es importante hacernos conscientes, para cuidar nuestra salud mental y para decidir con quién y cómo nos queremos relacionar.

Las manipulaciones psicológicas más burdas o directas son fácilmente detectables, como cuando se sufren amenazas, chantajes emocionales, o insultos. Pero, en general, somos mucho menos conscientes de las manipulaciones sutiles, que son las que aparecen muy camufladas. Incluso nos cuesta creer que sean ciertas, por lo soterradas que son. Y, muchas veces, quién las hace puede no darse cuenta de sus dinámicas y  confundirlas con formas “normales” de conseguir lo que quiere. Hay quienes creen que “el fin justifica los medios”. Incluso, los fines relativamente nobles como el lograr tener amigos, pueden hacerse desde estrategias manipulativas causadas por la inseguridad en sí mismo de quien las pone en práctica, o por la falsa creencia de que hace falta “hacer algo” para que otro te quiera y ganarse su amistad. Y, de acuerdo, todos podemos “hacer algo” para relacionarnos positivamente con otros, en el sentido de expresarnos, comunicarnos, mostrarnos, etc. Pero no podemos “hacer algo” para empujar una amistad a nuestro favor, o para tirar de otros para que encajen en nuestros planes o en la necesidad de cubrir vacíos afectivos, egoístamente.

El captar las manipulaciones sutiles puede ser bastante difícil, dado que pueden esconderse detrás de muchas máscaras y que se hacen de formas ocultas e indirectas. Pero tener unos pocos datos para poner atención, en no dejarnos llevar a donde no queremos ir, es fundamental para elegir bien cómo relacionarnos y con quién queremos hacerlo. Por ello, es útil ser conscientes de cuáles son las características de las manipulaciones sutiles, para no dejarnos arrastrar por ellas y aprender a ponerles límites para encontrar una forma de relacionarnos más auténtica y libre. 

En este post quiero señalar las manipulaciones sutiles más frecuentes, para ayudaros a estar atentos y no dejaros manipular fácilmente. El primer paso para impedir una manipulación es identificarla. Aquí tenéis algunas de ellas:

1) Recibimos adulaciones o halagos por parte de alguien que no conoce mucho de nosotros. En general esto se hace para generar una sensación de bienestar con esa persona, que así intenta ganarse nuestra confianza.




2) Se nos hacen manifestaciones de demasiado interés o “cariño” para el nivel de relación que se tiene.

3) En situaciones en las que nos encontramos con ofertas de ayuda “desinteresada” que luego no es así (se espera algo a cambio). En estos casos se nota que la persona está a la espera de algo después de la ayuda: ¿amistad?, ¿otra ayuda? También veremos su frustración cuando no le correspondemos o agradecemos en la medida que esa persona espera. Si está esperando algo de nosotros por ayudarnos podemos pensar que hay manipulación a algún nivel.

4) Nos hacen preguntas demasiado personales (normalmente con el fin de indagar en nuestras necesidades y/o vulnerabilidades) que dan poder a quién consigue esta información).

5) Cuando alguien trata de simular los mismos hobbies/intereses, para generarnos sensación de familiaridad.

6) Cuando nos encontramos con alternancia entre mucha atención y desatención súbita y/o entre amabilidad y frialdad.

7) Cuando se nos hacen comentarios no pedidos para mejorar nuestro aspecto: apariencia física, ropa, peinado. O bien, sobre otras amistades o parejas, señalándose limitaciones o defectos de ellos enfocados en aspectos superficiales indicándose posibles aspectos negativos de ellos (muchas veces para que quién lo hace se sienta por encima de ellos, o para generarnos algún malestar con respecto a ellos).

8) Intentos indirectos de controlar: nuestras relaciones, intereses, horarios, forma de vestir, preferencias, gustos, etc., pues se nos indica qué ha de ser lo “correcto”.

9) Se nos cuentan cosa demasiado íntimas al inicio de una relación. A veces con demasiado énfasis en dificultades, problemas (para explotar el papel de víctimas). Otras centrándose en logros, éxitos o méritos (para generar admiración o sentimientos de inferioridad). Pueden darse alternancia entre unas y otras.

10) Nos transmiten que hemos de estar a su disposición cuando ellos quieren o necesitan, pero no están disponibles cuando tú lo necesites (están ocupados, con cosas importantes que hacer, etc.). 

11) Hacen comentarios pasivo-agresivos, intentando hacerte ver que otras personas son más válidas, eficaces o valiosas que tú, en algo que previamente has compartido con esa persona. Otra forma de actitud pasivo-agresiva sucede cuando generan silencios incómodos cuando hablamos de algo que nos importa, o bien no se presta demasiada atención a situaciones que les contamos y que nos resultan importantes. Cuando lo señalamos, la otra persona promete o afirma que sí le interesa o importa (pero por los hechos vemos que no es cierto). Con esto se logra generar inseguridad, desconcierto, o sensación de que la vida propia es irrelevante.

12) Ignoran cosas importantes para ti, les quitan valor y no tienen en cuenta necesidades o deseos tuyos, por resultarles “pequeñeces”. Incluso te hacen dudar de ti cuando hay algo en lo que tengas preferencia. En este caso la manipulación es mostrarte como más válidas sus preferencias y deseos, desde lo más pequeño (un plato en un restaurante, una película, etc.), a lo más grande.

13) Señalan tus pequeños fallos o defectos menores como elementos importantes a tener en cuenta, para disminuir la autoestima del interlocutor y así tener más control sobre la situación.

14) Tergiversan la realidad a su favor, para que la persona manipulada dude de sus propias percepciones y juicios.

15) Intentan dar pena para conseguir lo que quieren, así hacen a otros responsables de lo que ellos han de asumir.

16) Hacen “luz de gas” o “Gaslight” que consiste en “dar la vuelta a la tortilla” cuando en algo nos resultan molestos, ofensivos o nos generan un malestar. Es decir, que usarán la culpabilización hacia otros de cualquier cosa que ellos hagan mal. Por ejemplo, eres víctima de alguna burla, descalificación o falta de respeto, la culpa será tuya por “sensible”, “intolerante” o “poco inteligente”. 


Una forma de percibir este tipo de manipulaciones sutiles es a través de cómo nos sentimos después de estar con personas así, tomando consciencia de las emociones y sensaciones corporales, dado que instintivamente algo en nuestro cuerpo nos muestra si algo no encaja, pues tenemos incomodidad, ganas de irnos, e incluso un cansancio inexplicable después de estar con una persona que se comporta de este modo.


¿Cómo protegernos?

1) En primer lugar haciéndonos conscientes de lo que está pasando, para no considerar genuino o verdadero lo que se ofrece a través de la manipulación: halagos, “cariño”, ayuda, etc.

2) Tomando distancia emocional de la persona que está en ese juego, para ser menos “sensibles” a sus juegos psicológicos.

3) Cuando es posible, tomando también distancia física (progresiva o radicalmente, cuando sea posible). Cuando no es posible una distancia total, es conveniente espaciar las interacciones y que sean de menor duración.

4) Entender que también estas personas merecen respeto, pero que, si no les ponemos límites harán lo mismo, una y otra vez, con los demás. Así que respetarles es mostrarles la manera en la que hemos de ser tratados nosotros, ellos mismos y otras personas.

5) Hacernos conscientes de nuestras inseguridades, baja autoestima, deseo de ser amados, o incluso de la parte de narcisismo propia, para hacernos responsables de nuestras propias necesidades emocionales, sin esperar que otros las resuelvan. Si no somos capaces de superar lo que nos hace manipulables hemos de pedir ayuda psicoterapéutica. Porque, por ejemplo, a veces hemos podido normalizar situaciones abusivas, que se han dado de forma habitual en la familia desde la infancia, por lo que, en estos casos, cuesta diferenciar lo que es tolerable de lo que no lo es.

6) Aprender a poner límites claros, firmes y respetuosos. Todos tenemos derecho a decir NO ante lo que no queremos hacer y a tomar distancia de las personas con las que no se dan relaciones genuinas.

7) Comprender que son personas inseguras, con baja autoestima o con una visión de la realidad carente ética y que nosotros no podemos ni salvarles ni corregir lo que ellos no quieren cambiar.


Lo que planteo en este texto son generalidades para ayudar a tomar consciencia del tema, por lo que, en caso de necesitar ayuda para salir de estas situaciones recomiendo acudir a un profesional de la salud mental con experiencia en estas cuestiones. 


* Nota: Imágenes de Pixabay. 

 

 

miércoles, 2 de septiembre de 2020

SALIR DE NOSOTROS MISMOS



Después de mi anterior escrito, titulado “Volver a nosotros mismos”, puede resultar totalmente contradictorio que, justo después, escriba otro sobre “Salir de nosotros mismos”, ya que, si he puesto énfasis en la necesidad de “volver a nosotros mismos”, ¿tiene sentido poner ahora énfasis en “salir de nosotros mismos”? Yo creo que sí, pues me parece que se trata de movimientos complementarios y que nos permiten encontrar un equilibrio razonable en nuestras dinámicas internas. 

El anterior escrito terminaba del siguiente modo: “Si el camino de vuelta es solo a mí, desprendida del mundo y del exterior, puede tratarse de una ficción narcisista. Si el camino de vuelta es hacia mí, con apertura hacia quien resuene conmigo, en un encuentro real, es cuando seguramente esté volviendo a ese lugar real que me configura y sostiene.”

Voy a intentar desarrollar, un poco más, lo que planteaba al final de mi escrito.

La cuestión de fondo es diferenciar en autocentramiento egocéntrico, que sería narcisista y autocomplaciente, del posicionamiento centrado, en donde la persona se sitúa en su ser real y, desde ahí, puede abrir las puertas de su “casa” desde la hospitalidad, la comprensión y la apertura a otros.

A veces escucho sobre el empeño en el volver a uno mismo, desde un autocentramiento egocéntrico, en un supuesto auto-conocimiento autocomplaciente, que lleva a una persona a validar la realidad solo desde sí misma, o incluso desde lo que cree su percepción de la realidad divina (por ejemplo, en su oración o meditación) y a pensar que su auto-realización es solo suya e individual, siendo los demás, en general, estorbos para el plan personal, si no le siguen el juego o el “baile”. Algo que es, aún más “peligroso”, cuando se trata de alguien más inteligente que la media y que tienda a la introversión. En ese caso, se puede instalar cómodamente en su parcela interior de seguridad, certezas, crecimiento personal o espiritual, inspiración, desarrollo profesional, etc., sin reparar en lo que pasa alrededor, ni en los que les pasa a otros. Llegando incluso, a provocar un gran malestar a su alrededor, sin darse cuenta, con sus actitudes. En estos casos, es posible que la persona sienta que sigue su verdadera senda vocacional, pero que los demás son incordios que no le entienden y que, incluso, si le molestan con sus actitudes, es porque son de inteligencia inferior, mediocres, primitivos, etc. Ante esas “molestias”, quien tenga tendencias narcisistas o egocéntricas tenderá a meterse más dentro de sí, despreciando al resto del mundo, pues es “incómodo”. Y no verá que ese mundo le resulta “incómodo” por su manera estrecha, exigente y dura de mirar las cosas. Lo que, no se debe confundir con tener una gran sensibilidad, o con que los demás no nos puedan resultar a veces inconvenientes. La cuestión es que, cuando son todos, o casi todos, los que solamente dificultan la propia realización personal, ¿no es más bien uno mismo el que está excesivamente centrado en sus propios intereses, ideas y actitudes? 

Cuando nos relacionamos con una persona así, normalmente sentimos inseguridad o perplejidad, pues son expertos en hacernos sentir culpables, por importunar sus importantes ocupaciones, que siempre estarán muy por encima de cualquier necesidad ajena, a la que, si se presta atención será desde una actitud condescendiente de aparente caridad, perdonándonos la vida y haciéndonos sentir privilegiados por el tiempo que nos conceden, desde su posición de dioses del Olimpo.

En el otro extremo, podemos detectar el centramiento sano y realista, con apertura a la realidad y a los otros, en quienes, aún estando ocupados y centrados en lo que la vida les pide, asumiendo sus responsabilidades y respondiendo a su vocación, escuchando su interioridad, son capaces de tratarnos con sencillez, sin muros, aunque puedan poner límites, pues el tiempo no es infinito. Tampoco tendrán por qué por qué responder a cualquier demanda de atención, en cualquier momento. Estar centrado sanamente es también respetarse a uno mismo y tomar consciencia de cuando se tiene energía disponible para los demás, de una manera equilibrada, pues “la caridad empieza por uno mismo.” Lo que veremos, en estos casos, será humildad y cercanía, aunque solo nos aporten 5 minutos de su tiempo, atención, firmeza, claridad, sencillez e interés por lo que planteamos. La claridad también la veremos reflejada en que, por muy ocupada que pueda estar esta persona, sentiremos la confianza de que tendremos respuesta cuando realmente le sea posible decirnos algo. Conozco a personas que están realmente muy ocupadas, que aprovechan, desde el amor, el tiempo que les es posible para otros, para decir que están ahí, que te acogen, que les importas y que sufren por lo que sufres, pues son capaces de salir de sí mismas. Esto se percibe en una resonancia en el encuentro, por una atención determinada (no una cara de póker o de falsa caridad), por un afecto espontáneo que nace (cuando se da), que facilita un vínculo real. Estas personas nos muestran una posibilidad de diálogo y de apertura ante las dificultades que puedan surgir, desde la acogida, la humidad y la sencillez. Sin que nos provoquen el temor, al acercarte a ellos, de que les estás molestando ante todas las cosas tan “superimportantes” que tienen que hacer, que, “obviamente”, son mucho más importantes que lo que viven como tus reclamos o exigencias de inferior nivel.

En ambos casos las personas pueden parecer aparentemente centradas, y sus discursos parecer semejantes, pero, las consecuencias, en el trato, especialmente en quienes nos relacionamos con ellos nos llevan a percibir y sentir algo muy distinto. 

Quizás, todos, en algún momento hemos podemos vivir en el centramiento egoísta. Y lo más posible es que, nos movamos habitualmente por lugares intermedios. Para no perdernos en los egos-centrismos, creo que lo importante es tomar consciencia de por donde vamos para buscar la posición más centrada, abierta y real, para una vida más plena, humana, humilde y consciente, donde el indicador más claro es la cuestión de si realmente nos importan los otros, es decir, si somos capaces de sentir amor por ellos.

viernes, 23 de agosto de 2019

LOS VÍNCULOS REALES Y EL AMOR




A lo largo de la vida experimentamos diversos tipos de vínculos: familiares, de amistad, de pareja, profesionales, etc. Pero ¿son vínculos reales? ¿existen tal y como pensamos que son?

Son muchas las personas que hablan del sufrimiento que les generan ciertos tipos de vínculos con los demás. Por sentirse decepcionadas o engañadas por ellos, por la dificultad que tienen para conectarse con otros, porque se protegen por el miedo a ser perjudicadas, porque anhelan vínculos más cercanos que sean satisfactorios y aporten amor, porque tienen algo que dar y no saben como comunicarlo, porque no saben pedir ayuda o comunicar lo que sienten, porque esperan que el vínculo sea algo que en realidad no es, porque quieren más de lo que el otro puede o quiere dar, o quieren que sea menos…, etc.

En estas situaciones, el que más sufre no suele ser muy consciente de qué es lo que falla y tiende a poner en los demás el problema. Muchas veces el que sufre cree que tiene la "verdad" acerca de la relación con otra u otras personas, sin ser consciente de todo lo que la puede estar internamente engañando o condicionando desde su interior. Es decir, que puede tener dentro de sí una idea del vínculo que no es real, lo que le hace generarse falsas expectativas que le hacen sentirse dañado, etc. Parte de un problema vincular puede ser también un problema de vinculación con uno consigo mismo, o de ignorancia, o de autoengaño, etc. 

Por ejemplo, las personas que han sido muy protegidas y mimadas por sus padres pueden estar esperando que los demás, en su vida adulta, hagan lo mismo y se sienten decepcionadas con quienes no lo hacen. En el otro extremos, quienes se han visto maltratados o abandonados por sus padres pueden caer en un excesivo miedo o desconfianza o bien tener una ficción inconsciente de que por fin alguien les comprenda y les salve, a modo de buscar una supermamá que adivina todos sus deseos y los satisface.

Nuestras dificultades en los vínculos están condicionadas por cómo hemos vivido las relaciones con nuestros padres u otras personas significativas en la infancia. Si nos hemos sentido sostenidos y comprendidos por ellos nuestros vínculos serán más seguros y tendremos menos reparo en expresar lo que sentimos o de expresarnos con libertad a la hora de pedir ayuda. Si nos hemos sentido abandonados, incomprendidos o maltratados, esas heridas serán una interferencia para percibir lo que realmente sucede en las relaciones y se amplificarán las dificultades, desde una herida de abandono, incomprensión o maltrato, que parecerá repetirse en situaciones que sean similares a las situaciones difíciles vividas en el pasado. Solamente algunas personas empáticas o sensibles podrán entender las grandes dificultades de las personas más heridas, para vincularse con ellas sanamente y podrán aceptar con más apertura a quienes andan perdidos y heridos, y también serán más conscientes de qué les sucede y sabrán que con estas personas hay que tener más claridad y delicadeza, así como mostrarse con honestidad, dejando claro cuales son los límites de una relación, o que uno no es el “salvador” o que se están teniendo expectativas inadecuadas. En general, cuanto más claros y honestos seamos con las personas heridas, más posibilidades habrá de no volverles a herir o de que no esperen de nosotros lo que no somos. 

Una y otra vez, el no resolver ciertas heridas distorsionará las relaciones con los demás y no les veremos a ellos, sino a nuestros miedos o expectativas. El ir tomando consciencia de cómo nos engañamos o desorientamos en la relación con los otros, especialmente en las conductas o problemas que se repiten (eso de tropezar con la misma piedra), puede ayudarnos a mirar más allá de lo que nos hace sufrir y a no tener una confianza ciega en la propia percepción subjetiva. Además, el salir de la propia subjetividad también nos ayudará a mirar realmente hacia el otro y no a lo que la emoción o la parte herida espera, inconscientemente. Y mirar realmente hacia el otro es una forma de aprender a quererle. Sin ver que realmente el otro es otro y que tiene un mundo propio, diferente al nuestro, que hemos de respetar y de tratar de comprender, lo único que hacemos es vivir vínculos ficticios que hacen sufrir, porque la realidad no responde a nuestros deseos por el hecho de desearlos. O bien vínculos idealizados, que pueden aportar inicialmente mucho gozo, pero que se caen por su propio peso al no ser reales.

Las personas más heridas pueden ser quienes más anhelan un vínculo humano real, pero precisamente las distorsiones, generarán una especie de  imágenes fantasmagóricas en su mente, de lo que debería ser como ideal el otro, o bien se puede vivir desde un miedo que no deja abrir el corazón. Pues las imágenes fantasmagóricas de quienes hirieron antes, se superponen a la imagen real de quien se tenga delante. Así, se verá que la propia herida no resuelta no repercute solo en uno mismo, sino en los demás, que confusos pueden acabar dejando nuevamente abandonado a quien no sabe relacionarse de un modo realista, y mirar más allá de sí mismo y de su propio dolor. Ser realista en un vínculo es tener la honestidad de volver a mirar, una y otra vez, que el otro es otro, y querer conocerle realmente, con la máxima delicadeza y respeto. Solo de ahí puede partir un vínculo real. También, es liberador expresarse desde la honestidad de mostrar quienes somos, superando los miedos, trascendiendo los muros y posicionándonos en donde queramos estar, para así poner de manifiesto cuáles son nuestros límites. Los muros y las barreras de protección al que primero dañan es a quién los pone, que se ve encerrado en ellos, lo que añade la complicación adicional de que los demás no son capaces de ver bien quién está detrás de dicho muro.

Llegar a vínculos reales implica ser más libres y honestos en nuestra expresión, pero también ser conscientes de qué limita nuestra percepción y esforzarnos por ver la realidad del otro. Además, es fundamental, para conectarnos realmente con los otros, el tener un mínimo de conocimiento y conexión con nosotros mismos. 

Aquí dejo algunas ideas que pueden ser útiles, señalando los elementos más importantes en relación con lo dicho:

-      Conocerse a uno mismo para conectarse con quién uno realmente es y para tomar consciencia de las propias distorsiones y “películas” que hacemos de los otros proyectando experiencias previas, con miedos, ilusiones o expectativas desproporcionadas. 

-     Irnos aceptando con la propia vulnerabilidad, siendo quienes somos, sin pretender que nadie nos salve y entendiendo que la fragilidad es una parte de la condición humana, por lo que no hay que avergonzarse de ella. Y que es una dimensión de la que otros no han de salvarnos, sino que somos responsables nosotros mismos. Esto no significa que no tengamos derecho a la propia intimidad, sino que podemos asumir como normal y humano el tener dimensiones imperfectas y frágiles. Eso nos hará más tolerantes también con los otros.

-      Desarrollar una apertura progresiva con quienes sintonicemos, respetando nuestro ritmo y nuestro ser, y aprendiendo a poner límites más que muros. Salir de los muros, o al menos irles poniendo unas ventanas puede facilitar el encuentro con una realidad más objetiva que el verlo todo detrás de una muralla que no nos deja ver. A veces, la falta de libertad para posicionarse y expresarse es una muestra de los temores que a uno le dominan desde un yo que se ve incapaz de posicionarse con firmeza. Así que, quizás, aprender a encontrar la propia posición, a decir un no o un sí y a dejarse ser, sea un buen paso también para construir vínculos más reales. 


Solo desde una realidad más libre y humilde parece será posible el amor entre personas. Siendo quienes somos, limitados y también con nuestros dones, para encontrarnos con otros seres afines a nosotros y así abrir la puerta a los vínculos reales, los que llevan al amor y al don de ser quienes somos realmente.


Nota: imagen de Pixabay: rawpixel

viernes, 26 de octubre de 2018

LOS NUEVOS LÍDERES SECTARIOS




Muchas veces, cuando nos hablan de un líder de una secta, imaginamos a un sujeto esperpéntico, que lleva túnicas extravagantes y que habla en trance con los ojos en blanco, rodeado de otros sujetos que le escuchan también como alucinados (a ser posible también vestidos con otras túnicas extravagantes, eso sí, de inferior categoría).

A veces es así, efectivamente, pero, en la mayoría de los casos de líderes sectarios actuales nos encontramos con personas que tienen una apariencia de total normalidad o que incluso parecen ser ciudadanos modélicos. Esa aparente normalidad supone una dificultad añadida para poder darse cuenta de que se trata de un líder sectario y su grupo de una secta o de un grupo con rasgos sectarios (o sea, no secta del todo). Normalmente nos damos cuenta de que ese individuo es un líder sectario y su grupo una secta por los efectos perjudiciales que tiene en sus seguidores y por una serie de conductas que se repiten (que son comunes a los diferentes grupos sectarios). Los que no tienen tanta pinta de ser sectarios pueden ser más sutiles y por ello aún más peligrosos, al no detectarse de antemano sus estrategias manipuladoras.

En esta entrada quiero dejar constancia de una serie de características que he ido observando y que también me han ido contando otras personas. Para que un líder se pueda considerar sectario se tienen que dar varias de ellas:

- Capacidad de seducción: cuando hablan saben despertar el interés en su auditorio, manejan bien el escenario y saben atrapar a los demás con sus envolventes discursos, su amabilidad, su carisma, sus buenas formas, etc. Parecen “demasiado buenos”. Pero podemos captar su “trampa” al ver que hay gente que depende emocionalmente de ellos, que se muestra muy necesitada de su presencia o demasiado fascinada por sus discursos. Ellos (los líderes sectarios) suelen retroalimentar la dependencia de los demás, pues necesitan admiración constante para sentirse reforzados. Son personas muy egocéntricas. Con esto no quiero decir que cualquier líder con carisma y seductor sea un líder sectario. Se tiene que dar una dinámica en la que él retroalimenta la dependencia de otros y parece muy cómodo con la misma.

- Habrá una o más personas que siguen incondicional y servilmente sus propuestas, sin iniciativa propia. Suelen tener una especie de esbirro o pocos esbirros que ejecutan sus órdenes, refuerzan al líder alabándole o hacen de intermediarios con el resto del grupo. Son como “secretarios” del líder sectario, que está cómodo teniendo a alguien totalmente a su servicio.

- Depredación anímica o sexual: las personas que siguen más incondicionalmente al líder pueden ser explotadas en un sentido emocional (hacer lo que el líder quiera en cualquier situación para ser los elegidos) o sexual, es decir, que el líder puede aprovechar su posición de superioridad para manipular a personas más vulnerables y exigirles relaciones sexuales o manifestarles un amor falso para aprovecharse de ellas. 

- Si crean un grupo será al servicio de un proyecto personal. No se co-construye con otros, sino que su idea, proyecto o “visión” es el centro del grupo en el que están. Para diferenciarlo de otros proyectos que partan de una iniciativa personal es importante que se añada el que no se tengan en cuenta las necesidades concretas y cotidianas de los seguidores, sino que lo importante será formarlas, adoctrinarlas y, finalmente, domesticarlas a la medida de la idea personal del fundador, sin que tengan derecho a expresarse críticamente o a hacer aportaciones distintas a las planteadas en el programa inicial. 

- No se ve claro el objetivo final de la formación o enseñanzas y los contenidos formativos son decididos por el líder. Desde un punto de vista racional la formación parecerá caótica, caprichosa e incluso misteriosa (él sabe por qué se habla de eso, pero los otros no) y los temas no se consultan con el grupo, sino que simplemente se plantean una serie de lecciones que se han de seguir porque él sabe qué necesitan los demás. No se atienden las necesidades reales de aprendizaje de los seguidores y se siguen los temas que al líder le interesan. Los seguidores no se sentirán muy libres para expresar qué les interesa realmente pues considerarán sus propias necesidades como inadecuadas, inferiores, etc. Es típico que se den temas mezclados de diferentes ámbitos para mostrar la omnisciencia del líder, que al no tener autocrítica pretenderá ser capaz de dominar cualquier cuestión, cayendo incluso en el intrusismo, la irresponsabilidad y la superficialidad. Es decir, pretenden saber de todo, sin formarse adecuadamente y lo que otros necesiten es irrelevante, lo importante es mostrar lo que saben.




- No se fomenta la creatividad entre los miembros del grupo, pues se trata de que aprendan pasivamente lo que se les enseña o de que sigan la pauta marcada por el “omnisciente” líder.

- Tienen poco interés en relaciones personales profundas, tú a tú, por eso tienen poca iniciativa en fomentarlas salvo que les sirvan para sus finalidades sectarias o personales. Las relaciones humanas tú a tú no interesan especialmente ni se fomentan en sus grupos, llegando incluso a cuestionarse ese tipo de relaciones como rasgos emocionales, egoístas, etc. Las relaciones personales solo se alientan si alimentan el ego del líder para poner de manifiesto su capacidad de ayuda, altruismo o vanidad, que entonces se ocupa en los espacios de relaciones tú a tú. Por ejemplo, pueden quedar contigo para ayudarte en un momento de catástrofe, para anotarse un punto más a su rol “salvador” (por supuesto que luego se lo contará a alguien), pero no te propondrán dar un paseo, tomar un café para profundizar en una amistad por el propio valor de la misma. Si te proponen algo más personal será porque planifican algún beneficio de la relación, no se busca al otro por sí mismos, sino como medio para otros fines. Con ellos no sientes que tengan especial interés en tu persona y parece que tienes que ir tirando tú del carro si buscas un encuentro más personal y no grupal. Es decir, si te vinculas y quieres una relación más personal serás como alguien que suplica a un rey unos minutos de atención. Si protestas por esto te lo negarán de mil formas, pero los hechos nos mostrarán que, como he dicho más arriba, no están especialmente interesados en relaciones personales y profundas con nadie. Con esto no quiero decir que necesariamente un líder tiene que hacerse amigo de todos los miembros del grupo, sino que infravalora cualquier relación personal porque solo quiere estar en la palestra como estrella para todos, pero sin profundizar con nadie.

- Tienen conflictos con las personas que pueden hacerles sombra. Con ellos pueden, en todo caso, mantener una relación de amor-odio o directamente de odio, por miedo a ser cuestionados, criticados, descubiertos, etc. En todo caso se relacionan con ellas porque pueden aportarles ideas de las que luego se apropian y venden como si fueran suyas. Son buenos parásitos de ideas de otros.

- No fomentan el pensamiento crítico dentro el grupo y aún menos se tolera la crítica hacia el líder. Sin embargo sí se fomenta la crítica al mundo exterior y hacia cualquiera que no piense igual o disienta de los temas que el líder y seguidores plantean. El líder no tolera críticas aunque las reciba con aparente amabilidad. Por ejemplo, tendremos la sensación de que nunca o casi nunca se disculpa (por la indignación que le produce la crítica, por lo que siempre le sabrá dar la vuelta a la tortilla y culpar a quien haya sido crítico con él). Si alguna vez se disculpa será de manera falsa, superficial o sobreactuada. Quien recibe dicha disculpa no sentirá que hay autenticidad y arrepentimiento reales. Esta prohibición del pensamiento crítico es uno de los puntos más importantes para identificar el sectarismo en los grupos. En algunos casos incluso se insiste, una y otra vez, en la importancia de no pensar y de no tener ego, pues el ego ya lo tiene el líder y él mismo ya se encarga de pensar por los demás.

- Mienten hábilmente. Siempre habrá alguna explicación lógica para sus desplantes, negligencias o malos modos, pues serán culpa de los demás. Y, si hace falta, se inventarán algún tipo de chantaje emocional o harán sentir culpable a sus víctimas con buenas palabras de amor incondicional por parte de ellos, sensación de decepción con los otros, etc.

- No toleran la independencia de otros y suelen arremeter contra cualquier camino independiente y en solitario de otras personas. Al ser ellos mismos incapaces de sostenerse sin el grupo que les refuerza, sienten una profunda animadversión y envidia hacia quien decide caminar con sus propios pies. No pueden vivir sin su público y no soportan a quien sepa caminar sin él. 

- Incongruencia: estos líderes hablarán de ética y valores e incluso practicarán alguna labor altruista (que suelen hacer pública), pero serán incapaces de empatizar realmente con los percances cotidianos y dificultades de quienes les rodean. Si se manifiesta altruismo es desde ideas preconcebidas del mismo, para salir en una foto, no desde necesidades reales del otro. Y, si el otro protesta por esto, siempre habrá algún motivo para hacerle sentir culpable por quejarse y así tener la excusa perfecta para no llegarse a disculpar. Por ello, quienes se relacionan con ellos quedará una sensación de desorientación (si queda sentido crítico), pues se preguntarán que como es posible que alguien que habla de ética no sea capaz de captar el sufrimiento cotidiano de quien tiene en frente. No captan el dolor de otros, aunque vendan la ética para sentirse salvadores y héroes. Si el líder da grandes discursos y falla en los mínimos de educación y respeto, sospechad de su egocentrismo y narcisismo y de posible comportamiento sectario. Su altruismo no es más que un disfraz. En el fondo son personas autoritarias que se disfrazan con un barniz de amabilidad y buenas formas, que carecen de capacidad de relación profunda y auténtica en el trato cotidiano. 

- Piden dinero o trabajo gratis, pero el mensaje no suele ser explícito de entrada. Por ejemplo pueden pedir dinero por sus actividades (cuya finalidad última suele ser engañosa), como aportaciones voluntarias (que finalmente suelen ser voluminosas, y que se sacan mediante  presión psicológica, más explícita o más sutil), o pasan de decir que son gratis para luego, una vez allí, pedir “la voluntad”. Otra modalidad es pedir poco o nada al principio y después señalar que necesitan más dinero ya que están haciendo tareas altruistas (de las que luego nadie ve las cuentas). Según se avanza en el grupo las cantidades de dinero o de tiempo de implicación en actividades suele ir en aumento. En general recomiendo huir de grupos que repetidamente pidan dinero de forma poco clara o trabajo gratuito. Y huid completamente si las cantidades van siendo crecientes y no vemos el final o no vemos transparencia en la estructura de funcionamiento.

- Si alguien deja el grupo será una persona rápidamente cuestionada, criticada y/o caricaturizada. A los ex adeptos se les verá como traidores, personas desorientadas o incluso enfermas y se verá mal cualquier relación cordial con ellos, pues se vivirá como traición mantener la relación con ellos, ya que cuestionan al líder y al grupo y sus dinámicas. En el líder quedará más la preocupación por la imagen que se muestra de él fuera de la secta que por el destino personal de quien se va fuera de la misma. Algo que nos muestra que esa persona en realidad nunca le interesó, más que para sus fines, y que, finalmente será rápidamente sustituida por cualquier otro adepto que caiga en las garras de las sectas y ocupe las funciones que el que se ha ido desarrollaba.



Señalo todos estos rasgos para ayudarnos a tomar consciencia de cómo funcionan estos grupos, pues lamentablemente el fenómeno sectario un fenómeno en expansión, en forma de grupos espirituales, de meditación, religiosos, terapeúticos, de crecimiento personal y hasta políticos. Así que seamos conscientes y abramos los ojos, por si acaso...

viernes, 23 de septiembre de 2016

TOC, TOC ¿HAY ALGUIEN EN LA GRAN CIUDAD?



Cada vez escucho a más personas hablar de la soledad en la gran ciudad, algo que es especialmente difícil para quienes atraviesan crisis personales, tienen problemas psicológicos o emocionales, o sufren por diversos motivos…

Resulta llamativo que un lugar tan lleno de gente, como es una gran ciudad, sea un lugar de tantas soledades conviviendo juntas. Incluso quienes dicen tener amigos refieren sentirse a veces muy solos…

Quienes hemos vivido en lugares más pequeños sabemos de que hemos podido llamar a un amigo para tomarnos algo en el mismo día o pasarnos directamente por su casa y que hemos sido acogidos y escuchados. O que lo hemos hecho con otros. También sabemos de la experiencia de encontrarnos a personas conocidas por la calle que pueden o no servir de referencia y de apoyo.  Quienes hemos vivido en lugares más pequeños hemos vivido esa experiencia como de una gran familia, con sus ventajas e inconvenientes…

Pero la gran ciudad, esta gran jungla de asfalto, resulta vacía y solitaria para muchas personas. Incluso hay quienes vienen con otra disposición, diciendo que no se dejarán contagiar, que son amigables y cercanos, etc. pero se transforman misteriosamente al llegar a una ciudad como Madrid. Algunos aún siguen siendo fieles a sus propias intenciones, por suerte...

Y, paradójicamente, vivimos simultáneamente en una etapa histórica de hipercomunicación. Si escribes un whatsapp u otro tipo de mensaje seguro que te responden con mucho gusto, pues la mayoría viven a través de una pantalla relaciones humanas hiperconectados... Con conexiones que muchas veces son ficticias o superficiales. Por ejemplo, hay quién habla de que puede pasarse horas chateando con otra persona, pero que nunca quedan a tomar un café… ¿Cómo es posible?

Y lo que es peor, si una persona tiene un mal día, experimenta un momento de bajón, de duelo, o de crisis puede sucederle que no pueda contar con nadie hasta dentro de 10 días o de 10 años, porque la gente tiene la agenda muy ocupada y es más importante su trabajo, su curriculum, ver una serie o emborracharse en la discoteca, que escuchar a un amigo pasando dificultades. Eso siempre queda para después. La gente no es capaz de escuchar a otros porque muchas veces no se escucha ni a sí misma, vive como desconectada… En otro registro de lo “importante”, que en realidad no lo es. Si nuestra vida nos impide relacionarnos y escuchar de verdad a otros o estar realmente disponibles, desde el corazón, como decía en una entrada anterior, se da una alienación de lo que realmente importa, las personas.

Recuerdo un día en que estaba atendiendo urgencias psiquiátricas, en el que vino una chica al hospital porque no tenía con quién hablar en un momento de angustia y la pobre lo había intentado. Entendí perfectamente su necesidad… por extraña que pareciera en ese contexto. También he escuchado muchas veces a pacientes decir que lo que necesitan es una presencia real, una persona que esté ahí en un momento difícil, aunque sea unos minutos. Entiendo que esa experiencia de la “presencia” es clave y fundamental en un momento de dificultad y quienes trabajamos con personas en crisis lo sabemos muy bien. En situaciones críticas hay que tener la sensibilidad suficiente para saber estar presentes físicamente, para escuchar de verdad desde el corazón y para mostrar disponibilidad, aunque sea por espacios de tiempo acotados.

Hay personas que sí son capaces. Creo que muchos conocemos a alguna persona así, que con sencillez sabe estar ahí y responder y que sabes que te tenderá su mano y se hará presente desde el corazón, en cualquier momento que sea necesario. Lamentablemente, muchas personas no conocen a nadie así, o si lo conocen no saben pedir ayuda, o conocen a gente que dice que está y que hará algo así, pero luego no está en el momento que realmente es necesario, porque no se comprometen realmente…

Lo fundamental que quiero transmitir con esta entrada es que estos bichos raros y medio autistas en que nos convierte la gran ciudad podemos despertar y abrir el corazón a la escucha real de la realidad y de los otros, sin miserias, sin egoísmos. Sí con límites, pues no somos dioses. Pero los límites no son desprecios o arrogancias, no son frías distancias sin explicaciones, no son prepotencias salvadoras, etc.

Quizás solo se trate de humildad y de compromiso por darnos cuenta de quienes son los otros, de cuando toca estar y de cuando toca dejar espacio. Todo un arte que requiere saber estar y escuchar en primer lugar con nosotros mismos. ¿Nos atreveremos a hacerlo? Quizás sea una tarea solo para unos pocos valientes… ¿Quién se atreve?






domingo, 19 de mayo de 2013

ESPIRITUALIDAD Y RELACIONES INTERPERSONALES

Aunque hay un interés creciente, en la actualidad, sobre cuestiones de tipo espiritual, pocas veces se trata el tema de la qué tiene que ver la espiritualidad con las relaciones interpersonales.

Ya hablé en otra entrada de ciertos rasgos asociados a la espiritualidad egocéntrica. Una espiritualidad centrada en el individuo y su crecimiento personal, relacionada diversos problemas y disfunciones, consecuencia de fomentar el egocentrismo en el camino espiritual. Algo difícil de evitar en nuestros días pues vende más hablar de recibir premios, para uno mismo y para el propio ego, que la idea de la autotrascendencia, el sacrificio o la humildad. Véase si no el éxito alcanzado por libros como “El Secreto”.

Sin quitar la importancia que tiene en el camino espiritual el autoconocimiento, en el camino espiritual, o la autoestima sana, no podemos dejar de lado la dimensión interpersonal en el desarrollo espiritual. ¿Por qué? Porque sin ésta, la vida espiritual puede estar incompleta o ser un delirio autorreferencial. 

Pensemos, por ejemplo, en un honrado ciudadano que va a sus clases de meditación regularmente, o bien acude frecuentemente a sus actividades parroquiales, a un ashram o a encuentros espirituales de cualquier tipo. Seguramente pueda sentirse bien con lo que le aportan unas u otras prácticas y pueda experimentar una potenciación de ciertos recursos personales. Todo esto puede ser beneficioso para superar dificultades de la vida, tener una visión más positiva de la realidad o, incluso ayudarle a encontrar un sentido más completo de su vida. Este ciudadano puede tener momentos de paz y bienestar interior, gracias a su práctica espiritual. Claro que sí, pero podemos ver algo diferente cuando éste se encuentra con otras personas.

Vamos a llevarle al ámbito de su familia. Podemos ver que llega a su casa y se irrita porque la comida no está a “su hora” sobre la mesa. Acaba gritando a su mujer, por haber “perdido el tiempo” hablando con sus amigas por teléfono y por no estar atendiendo a sus obligaciones domésticas, para que todo funcione puntualmente. Después va a la habitación de su hijo a decirle que es un ser inferior por perder el tiempo chateando con sus amigos, por internet. Le quita el ordenador y le dice que le castiga sin salir, a pesar de que el chico le dice que está tratando de ayudar a un amigo suyo en crisis, chateando con él. Le da lo mismo. Le deja un libro de espiritualidad para que lo lea y se “ilumine”, dando un portazo a la puerta de su habitación. Después se va a su despacho, a meditar, para sentirse mejor y les dice a sus familiares que no come con ellos, porque necesita “elevarse”, después de haberse rebajado en el contacto con ellos. Los percibe como inferiores y se pregunta que para qué se ha casado y tenido un hijo, pues son una pérdida de tiempo, para su desarrollo espiritual.

El mismo individuo se va al día siguiente a trabajar, un compañero le pide ayuda para terminar un proyecto y le dice que está muy ocupado, mientras pierde el tiempo revisando textos de maestros espirituales por internet. Le llama más tarde un amigo suyo, pidiéndole si pueden quedar para tomar un café, pues está pasando un mal momento y le dice que no tiene tiempo, pues tiene que tener su hora de meditación diaria, lecturas sagradas y mucho trabajo importante. Ni siquiera quiere dedicar tiempo a hablar con él por teléfono y le dice que se vaya a meditar a su comunidad o que se vaya a un psicólogo. Se pregunta para qué se ha hecho amigo de alguien que afronta tan mal las dificultades de la vida y que socialmente está por debajo de él. 

Más tarde va a tomar un café con sus compañeros, pero pasa el tiempo mirando cosas por internet en el móvil y chateando con amigos “espirituales”, pues los considera más elevados que sus compañeros de trabajo.

Vuelve a casa y se encuentra con que su mujer está triste. Ella le dice que se siente triste porque él parece cada vez más lejano. Él le comenta que está experimentando un nuevo plano de conciencia, por lo que ella no puede acceder a su plano superior, pues se ha quedado atrás. Todo se lo dice con frialdad y actitud de superioridad. Ella llora, porque no entiende qué locura le ha dado. Él le dice que su llanto es un síntoma de su inferioridad y que su capacidad amorosa le ayuda a tomar distancia del sufrimiento y a no sentir el suyo para contaminarse con él. Que si quiere hacer algo que medite u ore de una determinada forma, pero que no se queje tanto. Ni la escucha. Le deja un libro de espiritualidad, se aleja de ella y vuelve a meditar, se encierra en su habitación y repite oraciones, mantras, o algo similar. Siente paz y de nuevo se siente iluminado. Se reafirma en su superioridad y en su distancia de todos los seres inferiores, que para él son los no creyentes, los que no hacen su misma práctica espiritual, los que votan a otro partido político, etc. Está encantado de conocerse a sí mismo, pero pasa de quienes considera que no encajan en su forma de ser y de ver las cosas. Vive en una burbuja "espiritual".



¿Podemos considerar que esta persona está realmente viviendo una espiritualidad sana y mínimamente equilibrada? Aunque  nuestro personaje esté poniendo de manifiesto simultáneamente varios tipos de problemas interpersonales, de forma simultánea y esto nos pueda parecer exagerado, quizás cualquier ser humano podamos haber caído alguna vez en alguna de estas modalidades de distanciamiento, escapismo o como lo queramos llamar. Muchas veces me he encontrado con estas conductas por parte de personas que se llaman a sí mismas espirituales, mientras critican y se burlan de los que consideran a un nivel inferior. 

Para dar una alternativa que se dirija a un mayor equilibrio espiritual, me apoyo en lo que dicen místicos como Santa Teresa. Ella nos plantea que solamente podemos valorar la vida espiritual de alguien por su capacidad de amar y de dar la vida por sus semejantes. Nos señala que la más cierta señal de si hay amor a Dios o síntomas de unión con Él, es guardando bien el amor al prójimo (ni las revelaciones, ni el éxtasis, ni la capacidad de profecía serían importantes frente a esto). De tal forma que cuanto más se está en el amor al prójimo, más se está en el amor a Dios.

Nos habla de que puede haber almas muy diligentes a la oración y muy “encapotadas” (aisladas), para que no se les vaya “un poquito de gusto y de devoción que han tenido” o porque no se les vaya el estado que han alcanzado con la oración, por lo que son las que poco entienden del camino por el que se alcanza la unión con Dios. Señala que es mejor dejar a Dios por servir al prójimo.  Y que sólo es posible crecer espiritualmente dejando “morir” al “gusano” (que es nuestro “hombre viejo” o parte egoísta), para llegar así a convertirse en mariposa. Sería el dejar morir la parte egoísta, que es la que nos separa de los demás y que sólo busca su bien, aún disfrazándose de beatitud y espiritualidad. Por lo que no habría una verdadera unión con Dios, o un estado espiritual elevado, si no hay amor al prójimo.

Os dejo un vídeo de una conferencia excepcional de Maximilano Herráiz (Doctor en Teología y Profesor en la Universidad de la Mística de Ávila), sobre "Experiencia y pensamiento de Santa Teresa de Jesús" en la que explica muy bien estas cosas y de donde he recabado algunas de las ideas que os he explicado al final de este texto: http://www.mistica.es/index.php?option=com_content&view=article&id=255&Itemid=210&lang=es