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domingo, 25 de enero de 2026

NARCISISMO Y ALTAS CAPACIDADES



Desde hace unos años investigo la cuestión del narcisismo porque ante la pandemia narcisista que vivimos y, ante el aumento de víctimas de abuso narcisista, considero que es necesario entender mejor qué está pasando y protegernos adecuadamente (del narcisismo ajeno y del propio). También he ido investigando en paralelo, sobre altas capacidades, dado que cada día son más pacientes con estas características quienes buscan psicoterapias con una orientación existencial. Gracias a los conocimientos previos sobre narcisismo, he podido detectar en ámbitos relacionados con las altas capacidades, ciertos elementos narcisistas sobre los que tenemos que estar conscientes y prevenidos. Creo que se puede decir mucho sobre ello, y que es necesario cultivar las propias capacidades desde la humildad y no desde la identificación con ellas.

Aparte del mayor riesgo de narcisismo que tienen quienes destacan en algún ámbito de la vida, también hemos de ser conscientes del riesgo que tienen de ser explotados quienes tienen alguna capacidad superior, como he puesto de manifiesto en mi novela "De otro mundo".

Por si os interesa el tema, y por invitar a reflexionar sobre estas cuestiones, comparto un fragmento de mi libro "Liberémonos del narcisismo", en el que abordo la cuestión señalada (páginas 139-142). Espero que os resulte útil.

El narcisismo en relación con las altas capacidades y el talento

El narcisismo tiene que ver con identificarnos con conceptos que limitan en gran medida nuestra experiencia de nosotros mismos y del mundo[1]. La identificación con estos conceptos suele darse con aspectos superficiales que tenemos y que consideramos valiosos. Lo que es especialmente tentador cuando en dichos aspectos destacamos por encima de los demás, como puede ocurrirles a quienes tienen altas capacidades intelectuales. Si a una persona le dicen desde pequeña que es más valiosa porque es superdotada o talentosa existe la posibilidad de que se crea que ella es solamente, o principalmente, sus capacidades, identificándose de tal modo con ellas que el personaje a través del que desarrolla su vida sea un muchacho talentoso que se acaba sintiendo superior a otros y privilegiado por ser miembro de una élite intelectual. Si además se le estimula a desarrollar su talento exclusivamente para su propio éxito o poder, tenemos otro terreno abonado para el despliegue del narcisismo. 

Cuando un niño superdotado es excesivamente valorado por serlo puede vivir en la ilusión de que lo único que vale de él es esa parte, o bien, que todo lo que él es son esas capacidades superiores. Si esto sucede, consciente o inconscientemente iría ocultando aspectos sombríos u oscuros de sí mismo, creyendo que así es más digno de amor o más valioso. Situación que le hace vivir en una realidad parcial en la que deja de lado lo que cree que no es tan valioso de su persona. Así, finalmente acabaría alienado o alejado de una parte él mismo y con una dimensión de narcisismo que trastocaría su vida. En el libro de Alice Miller, El drama del niño dotado[2] se explica con claridad el proceso por el que un niño inteligente y sensible se adaptaría a su entorno, dejando de lado sus propias necesidades, para conseguir sobrevivir mediante lo que considera el mejor modo posible. Este tipo de situaciones pueden llevar a muchos niños inteligentes que crecen en ambientes adversos al enmascaramiento de lo que son, con tal de no tener problemas o para lograr ser queridos y aceptados. En este proceso puede darse el inicio de un trastorno narcisista en la medida que se quedan atrapados en el personaje que el entorno demanda de ellos.

En los casos en los que la inteligencia se utiliza solo para el beneficio personal y que se hacen aportaciones a otros solo desde el propio interés estaríamos hablando de un uso de la inteligencia que se ha llamado transaccional, según el experto en el tema Sternberg[3]. Esta inteligencia estaría centrada principalmente en el éxito individual. Lamentablemente es la que más se potencia en nuestra cultura actual tan narcisista. La alternativa a la inteligencia transaccional sería, desde el punto de vista de Sternberg, la inteligencia transformacional; en este caso, se trataría de utilizar la inteligencia para aportar algo que ayude a una transformación positiva del mundo buscando el bien común[4].

Un ejemplo del funcionamiento narcisista de algunas personas con altas capacidades es el que se ha dado en alguna reunión de personas con un CI elevado. En ellas quienes tenían los números más elevados acudieron a la misma con una camiseta en la que aparecía el número de CI que habían obtenido en los test de inteligencia. Situación que más bien nos puede hacer dudar de la inteligencia real de quién así se comporta. ¿Para qué exhibir que se es capaz de hacer bien un test de inteligencia? 

Obviamente, no se da esta situación de narcisismo necesariamente en todas las personas con altas capacidades, pero es preciso advertirlo, pues el ego inseguro de los humanos se puede ver tentado a identificarse con cualquier atributo que le permita mirarse a sí mismo desde la superioridad. Si no estamos bien centrados y con una autoestima firme, la parte en la que uno destaca puede ser un foco de identificación muy tentador para compensar diversas carencias y así sentirse la persona altamente dotada en algún ámbito de su vida como alguien que es superior al resto y, por lo tanto, caer así en una dinámica narcisista. Aunque es paradójico que, al parecer, las personas con los CIs más elevados, a las que se ha llamado highly gifted[5] son las menos propensas a sentirse superiores, pues son más conscientes que otros de cuáles son sus propias limitaciones.


En el mundo del espectáculo, del deporte o del arte, también se puede caer en el mismo error de la identificación con aquello en lo que se destaca, despreciándose a quienes no llegan al mismo nivel de la supuesta élite.

 



[1] ALMAAS. Op. Cit.

[2] A. MILLER (2015). El drama del niño dotado. Barcelona: Tusquets editores.

[3] R. J. STERNBERG, A. CHOWKASE, O. DESMET, S. KARAMI, J. LANDI, J. LU. (2021). Beyond Transformational Giftedness. Education Sciences, 11, 192. https://doi.org/10.3390/ educsci11050192 

[4] Ibid.

[5] V. WOOD y LAYCRAFT, KRYSTINA (2020). How Can We Better Understand, Identify, and Support Highly Gifted and Profoundly Gifted Students? A Literature Review of the Psychological Development of Highly-Profoundly Gifted Individuals and Overexcitabilities. Annals of Cognitive Science, 4, 2, 143-165. 

lunes, 8 de diciembre de 2025

EL GRAN CIRCO DE LA ESPIRITUALIDAD

Imagen creada con IA

El mundo se está transformando en una pasarela de egos disfrazados de cualquier cosa, pero parece que la purpurina que brilla más como aderezo especial de los egos más inflados es la purpurina espiritual.

Mostrarse como mensajero de Dios, místico, gurú, maestro de meditación o canalizador de fuerzas espirituales infalibles resulta rentable. Los réditos se obtienen en forma de dinero, seguidores o sensación de tener un poder sobrehumano. ¿Quién da más? 

Lo más glamuroso ya no es vestirse de marcas de precios inalcanzables o presumir de coches de lujo, sino mostrarse como un personaje elevado que entretiene a los espectadores del circo espiritual. Para el público del circo tenemos divas y divos, hipnotizadores, gurús falsos, magos, malabaristas y payasos. Hasta las estrellas del pop como Rosalía se suben al carro místico con aureolas de santidad incluidas, ¿porque les eleva al círculo de los dioses, o por un interés legítimo? Es difícil saberlo.

En un momento en el que las personas tienen vidas tan vacías y alienadas, la necesidad de plenitud espiritual se hace más acuciante, lo que nos hace más vulnerables a hacernos adictos a los sucedáneos que nos venden en el circo: 

- Talleres de iluminación express (si hace falta, aderezados con psicodélicos para que la inversión tenga efectos especiales rápidos).

- Retiros de silencio impartidos por maestros cuyos egos no se callan.

- Charlas de “papagayos” verborreicos e hipnóticos que siempre repiten las mismas pláticas falsamente elevadas, en las que hacen pequeñas variaciones cada día que las repiten, para no cansarse mucho. Así dan la impresión de dar una novedad para mantener enganchados a sus seguidores.

- Pasarelas de divos y de divas en eventos pseudoespirituales, en las que los únicos señores de la fiesta son ellos mismos. La trascendencia brilla por su ausencia o, en todo caso, se menciona, para atrapar la atención de los buscadores espirituales.

- Rituales vacíos de sentido y de consistencia, que generan estados de trance alienantes para hacer adictos a los adeptos.

- Pseudogurús que se han aprendido de memoria mensajes inmemoriales que nos llegan al corazón, pero que acaban vaciando nuestros bolsillos si creemos a quienes los pronuncian. 

- Magos del engaño y del ilusionismo que consiguen hacernos creer que su purpurina espiritual es magia de verdad.

- Malabaristas de la palabrería que nos generan tal estado de confusión que podemos creer que han dicho algo tan elevado que no alcanzamos a comprenderlo.

- Hipnotizadores que nos provocan estados regresivos infantiles para que perdamos el sentido crítico y la capacidad de discernir sus mentiras.

- Payasos vendehúmos que se confunden con maestros.


¿Queremos estos circos? Muy bien, espero que la inversión de tiempo, afecto y economía no dañe vuestras vidas. Buscad una entrada en primera fila, sentaos cómodos y compraros caramelos y palomitas para que se haga más ameno el espectáculo. Pero cerrad bien los ojos para captar las farsas. Y al que critique o proteste de tanta mercadería, hacedle un gaslighting espiritual de libro: “estás proyectando”, “hablas así porque no estás a nuestro nivel”, “realmente solo pueden entender esto las almas despiertas”. ¿Os suena?

¿A dónde vamos así? ¿A dónde se fueron los verdaderos maestros? ¿Por qué no buscamos en el silencio o en la sencillez aquello que plenifica el alma? ¿Para qué tanto circo y tanta vanidad espiritual? Y lo que es peor, ¿por qué tantos se quedan fascinados con esa parafernalia circense disfrazada de espiritualidad legítima?

No queremos darnos cuenta de que volvieron los mercaderes del templo, pero casi nadie dice nada porque prefieren disfrutar del espectáculo de los paraísos artificiales, o de ese “opio del pueblo” que embriaga y que se confunde con la verdad de lo que alimenta la vida. Igual que hay que prescindir de los ultraprocesados y la comida rápida, os invito a ayunar de tantas mentiras y a cultivar alimentos espirituales más nutritivos. Al menos id a buscarlos en donde hay paz, alegría, honestidad y humildad. Huid de ámbitos espirituales llenos de ambición, búsqueda de éxito, protagonismo y llenos de estrés. No merece la pena la pérdida de tiempo, dinero y energía que nos generan. 

domingo, 19 de octubre de 2025

POR QUÉ HE ESCRITO LA NOVELA “DE OTRO MUNDO. UNA HISTORIA DE SUPERDOTADOS”




Recientemente he publicado con ilusión la novela “De otro mundo. Una historia de superdotados”.  

Para muchos esta creación ha sido una sorpresa, dado que desconocían mi vena literaria. En algunos casos, me han preguntado que cómo es posible que siendo una científica escriba ficción, o acerca de cómo ha sido el paso de escribir de forma académica a escribir literatura. 

Al hacerme estas preguntas, me he hecho más consciente de la idea que otros tienen de mí. Está fundamentalmente basada en mis roles profesionales. Lógicamente también está en función de lo que muestro de mí misma. Es inevitable que todos me veáis como la psiquiatra y como la profesora. Ambos son roles de mi vida laboral, a través de los que me expreso públicamente. Pero os llevan a formaros una imagen sesgada de mí. Pues si bien estos son roles reales, siempre se tienen más facetas. En mi caso, ahora sale a la luz mi faceta literaria. Siempre estuvo ahí. Crear historias ha sido algo fundamental en mi vida; casi desde que tengo uso de razón. Con 6 años empecé a escribir mi primer cuento en un pequeño cuaderno, que aún conservo. Lo encontré de nuevo con 14-15 años y decidí acabarlo, porque lo había dejado a medias. Cuando tenía 7 años, quedé segunda en un concurso literario del colegio. Recuerdo que un buen día nos pidieron de repente que escribiéramos sobre el circo. Me lo tomé como un juego escribiendo lo que me venía a la mente. Horas después me dijeron que había ganado unos patines. Fue la primera remuneración que he recibido en mi vida por mi escritura.

Desde entonces, he escrito montañas de páginas: relatos, novelas empezadas, diarios y cartas (inundaba los buzones de mis amigos con extensos textos que me surgían espontáneamente). A veces no entendía por qué los demás no escribían tanto. ¿No era normal? Ya vi que no.

A lo largo de los años, escribir ha ido surgiendo en mí de forma intermitente. Pero, escribiera o no, en mi mente constantemente surgían historias. Una vez leí de un escritor conocido que no podía evitar imaginar constantemente historias ante estímulos mínimos de la vida cotidiana. Contaba que a veces veces también creaba de forma espontánea relatos sobre la vida de quienes se iba encontrando por la calle. Me di cuenta de que hacer esto no era tan común. Empecé a preguntarme si no tendría vocación de escritora. Era una posibilidad, pero en la vida no siempre podemos abarcar todo lo que nos interesa y debemos priorizar entre tantas cosas interesantes. Así que no acababa de dedicarle el tiempo necesario a la escritura, ante todas las cosas que surgían cada día. Se podría decir que era un hobby intermitente y uno de mis muchos intereses o vocaciones. Elegir carrera fue un suplicio. ¿Cuál era la mejor para mí? Era difícil saberlo. Finalmente opté por hacerme psiquiatra porque creí que aunaba mis intereses: ciencia, literatura, arte, filosofía, psicología. También pensé que si finalmente escribía historias esa profesión me daría más conocimientos sobre el alma humana. Mis pacientes siempre han sido mis maestros al respecto.

Hasta aquí podéis deducir cuál ha sido una de las motivaciones de escribir y terminar una novela: el dar espacio a lo inevitable de mi creatividad, puesto que necesitaba plasmarla de algún modo. Entonces decidí darle tiempo y tomarme en serio algo pendiente. Otras veces había empezado otras novelas que no terminé. Y esta sobre la que hoy escribo, vivía en mi interior y pedía salir al mundo. Lo ha hecho.

He tenido también otras motivaciones para escribirla, que ahora enumero, por hacer un texto que resulte sencillo y fácil de leer: 

Contar algo que sirviera de ayuda para quienes sufrieran crisis existenciales, como mi protagonista. Así ayudaría a aportar ideas para comprender estas crisis y para buscar su salida, encontrar un sentido en la vida. Pienso que la literatura permite expresar  procesos psicológicos que nunca alcanzará a explicar un texto académico. Así lo veo porque en mi vida he aprendido mucha más psicología de la literatura que de los textos académicos. 

-    Hacer énfasis en que todos tenemos derecho a ser quienes realmente somos, sin escondernos, aportando al mundo lo mejor de nosotros mismos cuando hayamos descubierto nuestra verdad y nos hayamos liberado de manipulaciónes y engaños que nos han hecho desconectarnos de lo que realmente importa.  

-     Expresar ciertos aspectos de las personas superdotadas que no siempre se conocen bien, reflejando las dificultades que pueden experimentar en un mundo en el que les puede costar encajar, en el que pueden estar en riesgo de caer en las garras de ciertos manipuladores que se aprovechen de su talento y porque tienen la posibilidad de perder el rumbo de sus vidas, por la pretensión de ser normales.

-     Poner de manifiesto la importancia de encontrar personas afines, con las que sentirse acogido y comprendido. Si te sientes de otro mundo, lo ideal es encontrar a quienes vengan de un planeta similar. No sirve de nada tratar de mimetizarse con las dinámicas de las personas con las que no te identificas. No es tu culpa si te sientes diferente a otros.

-  Denunciar el riesgo de sufrir abusos o explotación por parte de personalidades mediocres y narcisistas que usan el talento ajeno para su propio beneficio, dentro y fuera de las instituciones. De ahí que también haga explícitas ciertas dinámicas de corrupción del ámbito universitario.

-     Aportar un espejo en el que puedan mirarse todos aquellos que quieren descubrir su propia verdad y las contradicciones del mundo.

   Por lo tanto, mi libro tiene varios fines: darme espacio a mí misma para expresar mis ideas creativas, poner de manifiesto las crisis existenciales y sus salidas posibles, estimularos a buscar vuestros propio sentido vital, dar a conocer ciertos aspectos de la superdotación que no siempre se conocen y señalar la importancia de encontrar amigos reales. Pero, sobre todo, pretendo estimular al lector a hacer un viaje hacia su propia verdad, estimulando su libertad para que descubra quien es realmente.

  Mi novela tiene como protagonista a Aurora, una joven psiquiatra superdotada que vive una profunda crisis existencial; no encuentra sentido a su vida. Esta se ve agravada porque está siendo manipulada por una jefa narcisista que se aprovecha sistemáticamente del talento de los más capaces como ella. Dentro de esta historia tendremos ademas una trama que nos intrigue: La jefa de Aurora recibe un mail de la Fundación de Amigos de la Sabiduría que le avisa de que ha sido premiada con un millón de euros; lo borra irritada pensando que es spam. A lo largo de la novela, dos miembros de la fundación que quieren darle el premio, una duquesa y un mayordomo, buscarán con ahínco a la premiada, para convencerla de que no quieren engañarla. También encontraremos otras historias superpuestas a esta trama: la de una mujer sabia, que ha encontrado armonía y equilibrio en su vida, la de un hombre inteligente que ha hallado su propio camino y a su pareja perfecta en un viaje a Egipto, la de un joven sumamente inteligente que ha construido una vida oculta para sentirse libre, entre otras historias. ¿Qué ocurrirá? Si quieres saber más, te invito a leer mi libro. 
Puedes encontrarlo en Amazon en papel (a partir del 15 de noviembre estará en ebook). Aquí tienes el enlace.



lunes, 9 de junio de 2025

¿SE PUEDE SUPERAR EL NARCISISMO?

 

    La mayoría de los discursos imperantes hoy en día sobre la cuestión del narcisismo, están centrados en la demonización y exclusión de las personas narcisistas, sin que lleguen a matizarse muchas cosas, cerrando cualquier posibilidad a su mejora o transformación. Sin pretender negar en absoluto el grave daño que puede hacer a otros alguien que padezca un narcisismo patológico, o quien tenga conductas de tipo narcisista, considero que es preciso ser prudentes con diagnósticos precipitados o con sentencias que condenan al ostracismo perenne a quienes lo padecen, rompiendo cualquier esperanza de cambio cuando sea posible.

    En primer lugar sería preciso hacer una clara diferenciación entre lo que es un trastorno narcisista de la personalidad y los síntomas o comportamientos narcisistas que no llegan a la gravedad de este trastorno, y que pueden darse en muchas personas con diferentes intensidades. Además, dentro de lo que llamamos trastorno narcisista de la personalidad, también podemos considerar que se dan grados de gravedad.  

    El trastorno de personalidad narcisista o narcisismo patológico sería una forma cristalizada y estable del narcisismo y se cumplirían una serie de criterios diagnósticos (al menos 5) que pondrían de manifiesto en quienes tienen un "Patrón dominante de grandeza (en la fantasía o en el comportamiento), necesidad de admiración y falta de empatía, que comienza en las primeras etapas de la vida adulta y se presenta en diversos contextos" (DSM-5, p. 365) y con al menos 5 síntomas de los que se enumeran en el DSM-5Para llegar a un diagnóstico de narcisismo es necesaria la evaluación de un experto en salud mental que sepa de narcisismo. No es un diagnóstico que deba ponerse a la ligera y menos ante lo que nos parezcan malos comportamientos y egoísmos de otros. Pues no todo mal que puede llevar a cabo un ser humano responde a una etiqueta psiquiátrica.

    Pero el tema en el que quiero centrar hoy mi escrito parte de mi grata sorpresa ante lo que me ha comunicado un lector de mis libros, que pone de manifiesto la posibilidad de "despertar" del narcisismo, para emprender un cambio hacia una mejor manera de estar en el mundo. Desconozco cuál ha podido ser su grado de narcisismo, pero lo importante es lo que plantea, poniendo de manifiesto su clara intención de salir de ello. Ojalá su mensaje sirva de inspiración y ejemplo a quienes viven atrapados en dinámicas narcisistas y para los que no crean en la posibilidad de cambio


Hola Maribel. Mi nombre es X y tengo 61 años. He leído sus dos libros, "Liberémonos del narcisismo" y "Más allá del narcisismo espiritual", por recomendación de un conocido suyo. Su lectura me está ayudando mucho en el proceso de autoconocimiento que inicié cuando tenía 30 años, tras una ruptura matrimonial. Sin embargo, más que darme luz, me servía para calmar mi conciencia (de ello comienzo a darme cuenta). Hace dos años volví a ese proceso de autoconocimiento, forzado por una experiencia de ruptura provocada por una actitud que ahora puedo nombrar gracias a sus libros. Reconozco en mí muchos de los rasgos narcisistas que describe en ellos. Me genera dolor reconocerlo porque veo que estos rasgos han condicionado muy negativamente mis experiencias de relación. Al mismo tiempo, hay algo dentro de mí que me dice que, a pesar del dolor, es una fase que debo pasar. La búsqueda, quiero pensar, genuina de trascendencia, me está ayudando a descentrarme de mí, verme de manera muy diferente y, sobre todo, "ver" a los demás por primera vez. Hace poco experimenté cuán importantes eran las personas que pasaban a mi lado, ¡existían¡ Aunque ando bastante desorientado, sobre todo por no saber cómo reparar el daño hecho especialmente a una persona supuestamente "querida" por mí, tengo la esperanza de que esta nueva fase "tardía" me transforme interiormente hacia algo más auténtico y, sobre todo, más libre. Gracias por ayudarme a descubrirlo


Si bien es cierto que es más fácil superar "rasgos narcisistas" que un trastorno narcisista de la personalidad, mensajes como este ponen de manifiesto que las personas pueden hacerse conscientes de sus errores y rectificar. En un mensaje posterior, esta persona refiere que le ha ayudado a despertar la "reacción total de rechazo" por parte de alguien con la que convivió más de 10 años y con quien le "unía un fuerte vínculo de amistad". Hacerse consciente del daño provocado y del desconcierto causado ha sido parte de lo que le ha servido para iniciar su transformación y leer sobre narcisismo le ha ayudado a poner palabras a parte de sus dinámicas equivocadas.


También considero importante las siguientes reflexiones de la misma persona, y que quizás puede ayudarnos a muchos a reflexionar acerca de las actitudes que estamos promoviendo con respecto a los comportamientos narcisistas: 


Te agradezco también la “compasión” que se desprende en aquellos apartados del libro en los que te pones en el lugar o intentas entender, en la medida de lo posible, a los que nos identificamos con este tipo de personalidad, adquirida más por heridas del pasado que por el simple deseo de hacer daño a las personas que nos rodean. Con ello no estoy justificando actitudes de abuso y violencia psicológica de las cuales me arrepiento, sino intentando entender por qué he actuado en el pasado así. Espero que este proceso me ayude a tener relaciones más maduras en el futuro. Me ayuda también a ver que mis rasgos narcisistas están presentes en todos mis hermanos, ya que veo un nexo común en nuestra historia familiar. En este sentido, esa identificación me está ayudando a tener más empatía hacia ellos al ver que podrían haber sufrido carencias afectivas similares a las que yo experimenté en mi infancia y adolescencia. Esto es algo que estoy empezando a descubrir…


Me parece importante tomar en consideración testimonios como este y desde ya felicito a su autor y le animo a seguirse liberando de la trampa narcisista. ¡Mucha suerte en tu camino y gracias por tu aportación! 


Por otra parte, debemos pensar que si el narcisismo viene con frecuencia condicionado por traumas y heridas del pasado. ¿Es correcto condenar y demonizar sin empatía a quienes lo padecen? ¿No estaremos combatiendo el narcisismo de una manera narcisista que no da ningún lugar a la posibilidad de que algunas personas puedan lograr salir de él?


Os invito a reflexionar al respecto, a la vez que el ser conscientes de las dinámicas narcisistas de otros nos permitan protegernos de las conductas abusivas y rechazarlas, como quién ayudó a despertar a quién me ha escrito. Como sociedad estamos condenados al fracaso si solo demonizamos a quienes se equivocan y no alentamos la posibilidad de cambio, siempre y cuando el otro esté dispuesto a planteárselo o a pasar por una psicoterapia que le resulte de ayuda, en caso de ser necesario. A los mismos profesionales de la salud mental nos parece muy difícil el cambio de personas así y muchas veces imposible, pero no debemos cejar en el empeño de desarrollar tratamientos y de alentar la reflexión ante la posibilidad de salir de ello. En ciertos casos parece que sí es posible.


* Nota: la publicación del testimonio cuenta con el consentimiento de su autor.





martes, 12 de diciembre de 2023

¿PERSONAS ALTAMENTE SENSIBLES (PAS), ALTAMENTE SUSCEPTIBLES, ALTAMENTE NARCISISTAS O ALTAMENTE TRAUMATIZADAS?


     Imagen de Pixabay.

La etiqueta PAS (que significa normalmente “Personas Altamente Sensibles”) parece estar de moda. Son muchos los que hoy día reivindican su alta sensibilidad como parte de su identidad, su forma de funcionamiento, o como parte de sus características personales. Lo que lleva a una gran confusión dado que muchas personas con ciertas problemáticas psicológicas tienen a identificarse con esta etiqueta para encubrir sus problemas o compensarlos de algún modo, como trataré de explicar a continuación.

La etiqueta PAS es un constructo desarrollado por Elaine Aron[1] que puede ayudar, en ciertos casos, a que algunas personas se comprendan mejor a sí mismas o se validen de mejor modo, cuando se identifican con las características de este. 

Según Aron, la alta sensibilidad es un rasgo de la personalidad[2], lo que es diferente de SER solamente “Persona altamente sensible”. Es decir, que tener alta sensibilidad representa una parte de la forma en la que una persona experimenta la realidad, pero no es todo lo que ocurre dentro de ella. 

La alta sensibilidad del constructo de Aron tiene cuatro elementos[3]

- Profundidad de procesamiento: que tiene que ver con ahondar más en los pensamientos en relación con las experiencias que se tienen.

- Facilidad de sobreestimulación ante los estímulos que se reciben.

- Alta emocionalidad y empatía. 

- Sensibilidad sensorial ante lo sutil: se captan con los sentidos detalles que otros no perciben.


Que la etiqueta PAS sea un constructo, lo que significa que es una construcción teórica para entender un problema determinado[4]. Crear un constructo supone crear una abstracción, una imagen ideal o prototípica de una realidad para comprenderla mejor, pero no implica que en sí sea una realidad que existe por sí misma que sea identificable, como lo son los objetos. Es importante tener esto en cuenta para darnos cuenta de que no hemos de caer en la identificación con algo que es solo una construcción teórica. A veces, cuando se crea un concepto que define algo de lo que sucede en la realidad, ocurre que alguien puede identificarse con ello para tener la sensación de que ya sabe algo acerca de quién es o de lo que le pasa (ocurre lo mismo con los diagnósticos de ciertos trastornos mentales que son constructos). 

Hay que tener en cuenta que la identificación con un aspecto parcial de uno mismo, es parte de lo que nos impide descubrir con realismo quienes somos. Es decir, que aferrarnos a una etiqueta, del tipo que sea (positiva o negativa), nos puede alejar de percibirnos de una forma más global.

Desde que Aron creó el concepto PAS esta “etiqueta” ha resultado útil a muchos para comprenderse mejor a sí mismos, o para aceptar una parcela de sí que no siempre ha podido resultarles fácil de encajar en un mundo en el que la máscara de la fortaleza, la autosuficiencia e incluso la de la insensibilidad se ha vendido mejor, en ciertas épocas en las que ser “duros” era más popular por ciertas modas emocionales. Aunque es curioso que, en la actualidad, lo que antes era un defecto: “ser sensible”, hoy día parezca ser una virtud de la que se ha de presumir y exhibir públicamente. Mirad, para comprobarlo, en las redes sociales, y veréis a muchas personas haciendo gala de lo PAS o de lo super-PAS que son.




Imagen de Pixabay.


Ahora que ser PAS se va normalizando, e incluso se va mostrando como un logro, de repente son muchos quienes se apuntan a la “moda PAS” identificando con una etiqueta que parece mostrar lo superiores o estupendos que son (no siempre es así, solamente señalo ciertos casos que me parecen más exagerados). Por otra parte, a poco que sepamos observar, es curioso que muchos que se autodenominan PAS, más que mostrar una alta sensibilidad, lo que exhiben es una alta susceptibilidad. Creo que las “Personas Altamente Susceptibles”[5] podrían necesitar una etiqueta aparte. Quienes se llaman a sí mismos PAS por todo lo que les afecta de forma exagerada llegan a olvidad que vivir con alta sensibilidad también afecta a percibir de manera también intensa los aspectos positivos de la vida.

Por otro lado, parece existir también una moda que podríamos llamar “anti-PAS” de muchos que se dedican justamente a lo contrario, a burlarse y a descalificar sistemáticamente a quienes hablan de PAS o de sensibilidad, acosando y despreciando a quienes encuentran un sentido en esta etiqueta. 

Me parece que tanto en la “moda PAS” como a la “anti-PAS” se están poniendo de manifiesto varios elementos de tipo narcisista de algunas personas. El narcisismo tiene que ver con la identificación arrogante con ciertos atributos personales de los que se pretende extraer privilegios, un trato de favor y en definitiva una superioridad frente a otros. Esto es fácil verlo en algunos seguidores de la “moda PAS”. Por otra parte, el narcisismo, al tener que ver con actitudes de superioridad, también puede llevar a la crítica cruel y descarnada de lo que no se comparte, que se llega a mirar con desprecio y, descalificándose para seguirse colocando uno en una posición de superioridad. Este síntoma se puede ver más bien en quienes están en la “moda anti-PAS”. 

En el caso de todos los que se suben al carro de la “moda PAS” o de la “moda anti-PAS” para llamar la atención de otros, conseguir más likes en redes sociales o sentirse más especiales, quizás habría que hablar más bien de personas PAN: “Personas Altamente Narcisistas”. 

En los casos en los que identificarse como PAS está más ligado a ser altamente susceptibles, o a un victimismo interminable ante la incomprensión de otros, es posible que tuviéramos que hablar de PAT: “Personas Altamente Traumatizadas”. Quienes viven sin resolver ciertos traumas emocionales arrastran una gran carga de sufrimiento, de irritabilidad y de sensibilidad altamente negativa a estímulos adversos (sin sentir con la misma intensidad los estímulos positivos). Esta situación puede llevarlos a identificarse como PAS, por tener en común algunos elementos del constructo llamado PAS. Uno de los problemas de los constructos que definen un fenómeno desde ciertas manifestaciones externas, sin analizar en profundidad sus causas, lo que puede llevar a que muchos se identifiquen con estos constructos porque en algo se ven reflejados e identificados, sin ser conscientes de que están ante una idea que es abstracta. Es decir, que algo que existe como concepto o como constructo, define una parte de la realidad desde algunas manifestaciones externas, pero no se refiere a algo que exista necesariamente como una entidad o como una realidad objetiva. El constructo PAS solo hace referencia a una serie de experiencias subjetivas que puede tener que ver con fenómenos diversos: ser altamente sensible, ser altamente susceptible, estar traumatizado, ser narcisista, etc. Recordemos que se trata de un rasgo o de una parte de la personalidad, no de toda la personalidad alguien. 

Además, podemos darnos cuenta de que el nivel de superposición de manifestaciones entre quienes se podrían identificar como “sensibles”, con otros fenómenos humanos, puede ser alto. Es decir, que “ser sensible” en ciertos aspectos de la vida, puede estar asociado con diferentes fenómenos, algunos muy valiosas, que permitirían vivir con más intensidad ciertos aspectos de la vida (buenos y malos), en otros casos tendrían que ver con heridas emocionales o traumas que hacen vivir muy a flor de piel lo que a uno ocurre (sintiéndose mejor si eso que a uno le pasa se identifica con una etiqueta como PAS), o bien con una necesidad de aprobación y de atención constante a la vez que una gran susceptibilidad que lleva a quererse identificar con una etiqueta que a uno le haga sentirse importante (como ocurre con quienes padecen narcisismo).

En la siguiente imagen podemos ver una representación de cómo la alta sensibilidad puede referirse a experiencias distintas que podemos interpretar de un modo erróneo si solo las vemos desde la alta sensibilidad:





Imagen de elaboración propia.



Buscando información sobre esta cuestión, me ha llamado la atención que hay muy poco publicado sobre lo que planteo, a nivel académico. Aunque hay numerosas publicaciones científicas sobre el constructo de alta sensibilidad, solo he encontrado una publicación académica[6] que relaciona la alta sensibilidad con el narcisismo y otra que la relaciona con el estrés postraumático[7].

Como vemos hay autores que apuntan las posibilidades que estoy planteando, que creo que han de ser clarificadas en mitad de tanta confusión con el constructo PAS, con sus férreos defensores y sus vehementes detractores. Lo que sí parece claro es que necesitamos más reflexión rigurosa ante un fenómeno que, en ciertos casos, parece que se nos está yendo de las manos y causando problemas que los profesionales de la salud mental hemos de abordar desde la mayor seriedad posible.



[1] Aron, E. (2006). El don de la sensibilidad. Ediciones Obelisco.

[2] Información obtenida de la página de PAS España: https://pasespana.org/alta-sensibilidad/

[3] Idem.

[4] Definición de la RAE de la palabra “constructo”, obtenida en www.rae.es

[5] Es interesante lo que se dice en este post, que también relaciona PAS con la alta susceptibilidad: https://locosdeamor.org/2022/05/22/personas-altamente-sensibles-o-altamente-suceptibles/

[6] Jauk, E., Knödler, M.,  Frenzel, J., &  Kanske, P. (2023).  Do highly sensitive persons display hypersensitive narcissism? Similarities and differences in the nomological networks of sensory processing sensitivity and vulnerable narcissism. Journal of Clinical Psychology, 79, 228254. https://doi.org/10.1002/jclp.23406

[7] Suuberg, Alessandra, Comparing Neural Correlates of High Sensory Processing Sensitivity and Post-Traumatic Stress Disorder (July 14, 2017). http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.3002629

domingo, 21 de marzo de 2021

EL "AMIGO" NARCISISTA. PARTE II




Escribo este post como continuación de uno anterior en el que inicié el tema de "El amigo narcisista”

Son muchos quienes expresan desconcertados su sufrimiento, por las dinámicas narcisistas. Por ello es preciso identificarlas, descubrir su sentido y ver posibilidades de autoprotección. Ante la pandemia de narcisismo que sufrimos, seamos más conscientes y también responsables de no dejarnos maltratar por quienes así funcionan. Si alguno que lea este post se ve afectado por el "virus narcisista", espero que le sirva para tomar más consciencia y buscar un camino para superar las heridas que le impiden ser quién realmente es.

Después de escribir la primera parte me han venido a la mente más elementos que nos pueden permitir identificarlos. Señalaría especialmente los aspectos que tienen que ver con cómo nos pueden hacer sentir:

- Sensación de no ser vistos por la otra persona. Nos damos cuenta de que no captan como somos realmente y de que pueden tener una imagen absurda, distorsionada o ajena acerca de nosotros, que nos puede llegar producirnos perplejidad. Hacen con nosotros lo mismo que hacen consigo mismos, generar ficciones. Como no se ven a sí mismos, no ven a los otros.

- Nos provocan desconcierto, ya que no somos de captar cuáles son sus códigos de conducta (hasta que desvelamos la farsa narcisista que explica su inconsistencia). Por ejemplo, no son previsibles, ni hay una coherencia entre lo que dicen-hacen. Si intentamos clarificar, hablando con ellos, las razones de sus acciones podremos sentirnos más confusos, pues la maraña de sus explicaciones no será coherente con sus actitudes y conductas. Podrán pedirnos perdón, darnos la razón, quitar importancia a lo que sea que genera problemas con ellos, etc. Pero volverán a lo mismo una y otra vez, repitiendo las mismas dinámicas manipuladoras y egoístas. 

- Sensación de estafa, si de algún modo nos vinculamos con ellos. Esto sucede porque su bombardeo amoroso o actitudes complacientes pueden hacernos pensar que realmente tienen un interés real por nosotros, hasta que sucede algo que les delata. O bien, nos damos cuenta de la falsedad de su apoyo, si recurrimos a ellos en una situación en la que necesitamos ayuda. Ahí emergerá la sensación de estafa en la supuesta amistad y nos daremos cuenta de que lo que parecía un vínculo real no era más que una estrategia de marketing para mantenernos atentos a ellos. Les gusta que estemos ahí, pero no se van a esforzar por ayudarnos realmente. 

- Mezquindad y falta de generosidad. Se les da bien adular, pero no corresponder a la generosidad de otra persona. Nos daremos cuenta de que prometen, pero que no son capaces de corresponder mínimamente a lo que se les aporta.

- Aunque nos aportan un aparente bienestar, drenan nuestra energía y nos cansan. No nos sentimos bien con ellos, nuestras emociones experimentan sensaciones contradictorias y tendremos sensación de que algo no acaba de encajar (los más hábiles hasta nos pueden llegar a convencer de que esto sucede porque algo falla en nosotros).

- Altibajos en la relación: habrá momentos en los que parecerá que estamos muy bien con ellos, por su dedicación y aparente cariño en la relación. Pero en otros momentos nos sentiremos súbitamente mal, por la retirada brusca de sus atenciones y “cariños” y por las incoherencias entre lo que dicen y hacen. La amistad intermitente que mantienen provocará una cierta adicción en personas más dependientes o en quienes viven momentos más vulnerables. Esto sucede por lo que se llama “refuerzo intermitente” (a veces hay premio y a veces no, lo que nos puede hacer adictos a sus dinámicas). Se puede sentir bienestar en su momento agradable (pues pueden ser muy amables), y después añoraremos a esa persona que, aparentemente, nos produjo bienestar (pero no olvidemos que es un bienestar del “ego”, no que realmente nos aportan algo profundo e interesante).

- Evitan temas que les pueden poner en evidencia o bien llevarles a una dimensión realmente profunda. Prefieren la ligereza o la superficialidad, haciéndonos responsables de nuestra profundidades e inquietudes por llegar a la verdad. Son buenos escapistas de llegar al meollo de cuestiones profundas, especialmente si les concierten a ellos (pues les podemos acabar descubriendo).

- Sufrimiento: relacionándote con alguien que realmente sea narcisista, sufrirás y no entenderás qué está pasando. Una y otra vez intentarás recuperar una relación que en realidad no existe, pues te vendieron una ficción de amistad inexistente o no tan valiosa o importante como has creído previamente.






Quizás alguien ya se esté preguntando en por qué consiguen engañarnos y vendernos la moto. ¿Por qué a veces nos camelan, aunque sea momentáneamente? Creo que por nuestras propias vulnerabilidades, ingenuidades e inconsciencias. Pueden ser, entre otras, las siguientes:

- Baja autoestima: si no vemos quienes somos, ni tomamos consciencia de que nuestra propia valía es independiente del juicio ajeno, seremos más vulnerables a volvernos dependientes del reconocimiento y de las manifestaciones ajenas de afecto. La baja autoestima también puede derivar de una forma exigente de mirarnos, dependiendo, por tanto, de que alguien tenga una manera aparentemente más amable de mirarnos, dado que no sabemos hacerlo por nosotros mismos.

- Inseguridad: Si no vamos fundamentando nuestra consistencia personal (más allá de cómo nos juzgan otros), seremos más dependientes de la opinión ajena, que consideraremos más valiosa que la nuestra. También es importante asumir que una parte de la vida implica inseguridad, pues nos somos dioses, ni somos omniscientes. Si dejamos de delegar nuestra seguridad en lo que otros nos dicen de nosotros iremos liberando nuestra seguridad de la pseudoseguridad que nos quieren transmitir las personas narcisistas aduladoras.

- Ingenuidades e inconsciencias: seremos más vulnerables al tener una visión naif de la vida, en la que creemos que si somos buenos los demás también lo serán con nosotros, o bien, si ignoramos la dimensión del mal y cómo se manifiesta en las personas (incluso en nosotros mismos, por buenos que queramos ser). Si no salimos de la ingenuidad e inconsciencia es más fácil que nos puedan “estafar” afectivamente. 

- Nuestro propio narcisismo: los narcisistas son muy hábiles manipulando nuestra “parcela narcisista”, es decir, la parte de nosotros que depende de la aprobación ajena y que busca ser querida a través de manejos como los suyos. En todo ser humano hay alguna “parcelita” de este tipo, el famoso “ego” del que hablan las tradiciones espirituales. Si tomamos consciencia de esa “parcela narcisista” es más difícil que nos puedan manipular, a través de nuestra necesidad de reconocimiento externo. Ellos saben hacer muy bien de “espejitos mágicos”, para decirnos que somos los más “bellos”. Si conseguimos ir acotando esa parcela y la herida de falta de amor que la sostiene, seremos más capaces de liberarnos de la necesidad de aprobación o de adulación externa para valorarnos. 

- Traumas no resueltos: que nos lleven a depender de personas similares a las que nos dañaron en nuestra infancia (en general suelen ser los padres).


¿Qué podemos hacer para relacionarnos con ellos y “defendernos” de sus manipulaciones?

- Darnos cuenta del problema que tienen y no creernos todo lo que nos dicen, especialmente lo que ponen de manifiesto de manera complaciente, adulándonos o prometiéndonos cualquier cosa. Sus códigos no son los de las personas honestas y sinceras, por más que lo quieran aparentar.

- Una vez conscientes de sus trampas, tomemos la responsabilidad de no dejarnos manipular ni engañar y observemos que nos ocurre internamente, si en algo estamos cediendo. La cuestión es no esperar lo que ellos no nos pueden dar, es fundamental no creernos su “publicidad engañosa” (y cuidado, que algunos tienen muy buen marketing). 

- Las dificultades con personas así pueden ser una buena oportunidad para conocernos mejor, viendo nuestra inconsciencia e ingenuidad, para ir saliendo de ellas, percibiendo qué nos hace vulnerables, detectando nuestro propio narcisismo, etc. Al darnos cuenta de que ellos ponen de manifiesto una parte de nuestras propias sombras, es decir, de “nuestra parcelita narcisista”, que les da espacio para que busquemos su aprobación y reconocimiento, podemos acotarla e irla reduciendo mediante la comprensión de lo que la provoca. Lo que supone atravesar un camino hacia la humildad, viendo en qué punto somos vulnerables a dinámicas narcisistas, por dejarnos llevar por la vanidad de ser admirados o supuestamente queridos por otras personas. Para ello es preciso estar también atentos a nuestras emociones y sentimientos. Escuchemos qué se mueve en nuestro interior en la relación con quienes así se comportan. Por un lado, sentiremos el subidón de los momentos en los que parecen entregados a la causa de relacionarse con nosotros, pero después experimentaremos la sensación de vacío y deprivación tras el chute endorfínico que pueden llegar a provocar con sus adulaciones y pseudoconexiones.

- Tomemos perspectiva y distancia, aunque sea temporalmente. Así podemos tomar consciencia de qué nos está sucediendo en la relación con ellos.





- Cultivemos la asertividad: así podremos ponerles límites y aprender a decir lo que queremos y lo que no, a pararles cuando nos adulan para manipularnos, o cuando adopten actitudes manipuladoras de cualquier tipo.

- Aprendamos a amarnos como somos, con nuestras virtudes y defectos. Cultivemos la conexión con la dimensión de profundidad que nos sostiene, a cultivar valores que nos hacen crecer humanamente y aprendamos a sacar de ahí un amor que nos libera de dependencias ajenas. 

- En el caso de que la relación con alguien así nos esté haciendo pasarlo mal, no queda otra que tomar total distancia y asumir eso que se llama “contacto zero”. Si es alguien de quien no nos podemos librar, por pertenecer a nuestro entorno, pongamos distancia interior, desde el respeto y la comprensión de que ellos son víctimas de sus propias dinámicas, pero sin abrirnos interiormente a que nos puedan dañar nuevamente.

- Si se repiten vinculaciones con personas así es recomendable acudir a una psicoterapia para descubrir qué condiciona entrar en ese tipo de relaciones falsas. A veces puede tratarse de traumas no resueltos.

Nuevamente es preciso señalar que muchas personas pueden tener un narcisismo parcial o “parcela narcisista”, sin ser narcisistas del todo. Por lo que el determinar la dinámica narcisista de alguien ha de ser en relación con una suma de muchos de estos factores y por el sufrimiento y desconcierto que provoca el vincularse con ellos. Si se suman muchos de estos elementos, y de manera continuada, piensa ¿realmente quieres ser amigo/a de alguien que no es tu amigo?

Si eres tú quién se ve reflejado/a en las actitudes narcisistas, aprovecha lo descrito para conocerte mejor y tratar de comprender qué te lleva a falsear tu vida, tu yo y tus relaciones y busca ayuda psicoterapéutica. Mantenerte ahí solamente te dañará y mantendrá en dinámicas que destruirán tu vida y la de quienes te rodean. Entiendo que es muy duro mirar a las heridas tan profundas que te mantienen en la falsedad, pero más doloroso será vivir así, en la adicción compulsiva a gustar, al engaño. Un engaño muy peligroso y destructivo porque concierne especialmente al engaño sobre tu ser y sobre tu propia existencia. Así, la destrucción de tu vida está servida, por mucho que gustes y quieras ser querido por los otros. Lo que está claro que que así, ni querrás, ni serás querido, ni existirás como realmente eres, para nadie. Como en las adicciones más graves hay salida, pero es preciso proponérselo…