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viernes, 29 de mayo de 2026

CUANDO EN LA PSICOTERAPIA NO SE ENTIENDE UNA CRISIS EXISTENCIAL. UN EJEMPLO DE LA FICCIÓN

    


Imagen que simula sesión de terapia online (creada con Canva)


    En mi novela "De otro mundo", he tratado de mostrar de forma didáctica diversos aspectos de cómo viven las crisis existenciales las personas superdotadas y he mostrado posibilidades de evolución de las mismas a través de diferentes personajes. A continuación, os dejo un fragmento de la novela en el que su protagonista (Aurora) tiene una sesión de psicoterapia con su psicólogo (Benito). Aurora es una psiquiatra superdotada que trabaja en la universidad como becaria y sufre una situación de abuso académico por parte de su jefa, la catedrática narcisista Esmeralda Queen.

    En este capítulo pongo de manifiesto, de una forma caricaturizada, varios errores que comete su terapeuta a la hora intentar de orientar a su paciente ante lo que le pasa y, sobre todo, el riesgo de no entender que ciertas preguntas, sufrimientos e inquietudes pueden ser una puerta de acceso a una mayor sabiduría o sentido en la vida. He intentado reflejar experiencias que me han contado varios de mis pacientes superdotados cuando no han logrado entendidos por sus psicólogos o psiquiatras, en las crisis existenciales que han sufrido.

    Quiero aclarar que mi intención con este fragmento no es criticar ninguna orientación psicoterapéutica concreta, sino invitar a reflexionar sobre una pregunta: ¿qué ocurre cuando intentamos silenciar preguntas que quizá necesitan ser escuchadas?

    En otro post haré explícitos los errores terapéuticos que pongo aquí de manifiesto. Antes os animo a señalarlos vosotros. ¿Qué os parece erróneo en esta intervención?


SESIÓN DE TERAPIA FALLIDA:

Benito siempre intentaba ayudarla a adaptarse más a lo que le parecía lo más adecuado, para que funcionara productivamente, empujándola a ir saliendo de sus absurdos pensamientos neuróticos.


Cuando Aurora entraba en sus crisis existenciales, se sentía angustiada y no se veía capaz de pensar con claridad. No sabía cómo podía llegar a ahondar en el significado de sus inquietudes más profundas. Temía que, si profundizaba en ellas, podría llegar a abrirse en ella un abismo de sufrimiento inmanejable, tal y como su psicólogo le advertía que podía llegar a pasarle. Por este motivo, hacía ingentes esfuerzos por acallar sus angustias, intentando olvidarse de sí misma y logrando llegar a un silenciamiento mental con las gafas[1] de Esmeralda. Al menos, al usarlas, se paraban sus pensamientos y su angustia se calmaba. Así lograba desconectarse del dolor, pero también se acababa sintiendo alienada de todo. La única ventaja que encontraba con ese sistema de anestesia era que llegaba a estar más indiferente y despreocupada frente a todo lo que la inquietaba. Aunque cada vez las usaba menos, porque no acababan de convencerle las sensaciones que le provocaban.


Benito conocía las crisis de Aurora, pero solo sabía inducirla a ignorarlas, haciendo énfasis en que ella intentara ser lo más normal posible, enfocándola en lo que le sirviera para estar bien. Le parecía que Aurora se empeñaba en pensar cosas raras que no la llevaban a ningún sitio. No la estimulaba a comprender qué era lo que la inquietaba, porque consideraba que se trataba de un terreno resbaladizo y peligroso en el que no había que asomarse en absoluto. Benito era incapaz de comprender lo que le pasaba a su paciente. Creía que el pensar como lo hacía ella en sus crisis era un síntoma de una neurosis obsesiva y el camino hacia una depresión profunda. Para él, poner atención en lo que le surgía en ese estado no llevaba más que a un sufrimiento neurótico infinito que no tenía ningún sentido. Así que su objetivo terapéutico consistía en enfocarla en las cosas que él creía que la motivarían a estar bien. Por ello se sentía orgulloso de haberla sacado, una y otra vez, de un abismo depresivo, en el que Aurora no podía encontrar más que oscuridad y vacío. 


Las inquietudes de Aurora le ponían frente a su propia incapacidad para hallar un sentido consistente para su vida. Por este motivo le resultaba más fácil convencerla de que debía salir de sus obsesiones y de que lo importante en la vida eran el éxito profesional y la superación de sí misma. Como ella tenía mucho talento intelectual, era necesario “explotarlo”. Solo así llegaría, por fin, a ser feliz de verdad. Intentaba así inculcar a su paciente su visión de la vida (en gran medida insertada en su mente por Esmeralda). Para lograrlo le decía frases como: “Sigue con tus proyectos y céntrate en conseguir más resultados”, “Haz listas de dificultades y anota cómo haces para salir de ellas y empieza con lo que te resulte más fácil”. Como Aurora tendía a ser demasiado sugestionable, acababa aceptando lo que le decía su terapeuta, porque suponía que sabía lo que hacía, tratando de adaptarla a lo que se consideraba “lo normal”. Pero, a pesar de su “adaptación”, Aurora no podía impedir “recaer” periódicamente en nuevas crisis que le hacían preguntarse por el sentido de todo. Cada vez resurgían en ella de una forma más acuciante e intensa. Aurora se había dejado convencer de que lo suyo era parte de un trastorno neurótico con el que tendría que convivir toda la vida, pues no acababa de dar con una solución definitiva a sus problemas existenciales recurrentes.


Mientras Aurora se preparaba para la cita online que tenía con Benito, imaginaba cuáles serían ese día las respuestas de su terapeuta: “Aurora, no te compliques la vida, tienes creencias irracionales que te hacen creer que tus pensamientos negativos reflejan algo real, pero escuchándolos no lograrás nada”. “¿Otra vez te estás comiendo el coco, para qué?” “No des tantas vueltas a la cabeza, tienes pensamientos obsesivos de los que te tienes que distraer, sabes perfectamente cuál es el sentido de la vida, no te distraigas con discos rayados que no te llevan a ningún sitio”. “Céntrate en el presente y en tus sensaciones; el presente es lo único que existe, no pienses y no juzgues tanto; hacerlo te aleja de lo esencial”.


En otras ocasiones, estas ideas de su psicólogo le habían ayudado a dejar de lado sus inquietudes existenciales, con una sensación aparente de alivio de su malestar. Pero esta vez esas frases que venían a su mente le resultaban vacías y absurdas. ¡Sí que tenía que estar mal si no le servían de nada! Por primera vez, después del tiempo que llevaba en terapia con su psicólogo, no le aportaban nada. Le parecían estúpidas. ¿Y no sería que su psicólogo se sentía incómodo con estas cuestiones porque no sabía abordarlas? ¿No sería que no la comprendía? 

Se sintió triste por pensar mal de él, pues siempre la había tratado con respeto y con cariño. Por un momento tuvo la sensación de que le venían estos pensamientos porque se activaba en ella su perfeccionismo, su hiperexigencia y su tendencia a ver todo de manera diferente al resto de la gente, por ser una friki incorregible. ¿Y por qué no dejarse ser como fuera? ¿Qué problema había en dejarse ser rara? Por un momento tuvo la sensación de que sus inquietudes existenciales tenían algún valor. Quizás había en ellas algo constructivo que ponía en marcha una búsqueda de sus anhelos más profundos. ¿No la llamarían a mirar la vida de otra forma? ¿No aparecerían en ella recurrentemente estas preguntas por algún motivo? ¿No era inapropiado acallarlas si podían tener algún tipo de respuesta? Y, si no tuvieran respuesta, ¿por qué no permitirse ahondar en ellas hasta sus últimas consecuencias? Pensar de este modo le fue trayendo un cierto alivio y más tranquilidad, a pesar de no entender muy bien qué le pasaba. 


Cuando empezó la consulta con Benito, Aurora le describió sus actividades del día, le habló de sus dificultades con sus tareas académicas y de las incomodidades que le provocaba su jefa. Esta vez no tenía ganas de hablarle sobre las cuestiones existenciales que ya sabía que iban a ir siendo sepultadas e ignoradas por él. ¿Para qué volver a ellas? Así que decidió centrarse en otros temas más banales y desahogarse hablando de lo que la disgustaba cada día en su trabajo:


—Estoy cansada por el trabajo intenso de los últimos días. Tengo la sensación de que Esmeralda se aprovecha de mi tiempo sin consideración. Por este motivo, mi visión de ella no es tan buena como antes. Muchas veces me da tareas demasiado simples cuando paso de ser su becaria a ser su secretaria. Yo no me he metido a ser becaria para hacer trabajos que no me corresponden. Me siento desmotivada y creo que tendría que hacer más con mi doctorado. Estoy atascada con ello, lo que me hace sentirme bastante mal. Además, Esmeralda apenas me orienta y casi es mejor ni preguntarle, porque me dice perogrulladas y me da consejos muy básicos. No sé si sabe tanto como dice. El otro día le pregunté por un procedimiento estadístico y me remitió a chatear con una IA. Está demasiado enfocada en sus conspiraciones políticas y en agradar a los poderosos que la favorecen. Siento que no le importo más allá de mi rendimiento; quizás mi trabajo solo le importa como medio para alcanzar más éxito y protagonismo. Por no hablar de su ambición desmesurada por ganar dinero a toda costa, aliándose con quien haga falta para conseguirlo. Por otra parte, aunque habla de meditación y de espiritualidad, sus conductas no parecen coherentes con lo que predica. Yo no la veo muy pacífica y ecuánime; constantemente tiene ataques de ira por nimiedades. Solo parece feliz cuando consigue ser alabada y admirada por otros. Incluso presume de ser “encantadora de serpientes” cuando hace gala de su capacidad para manipular a otros, lo que me resulta muy desagradable. Pero quiero pensar que en el fondo es buena, porque en algunas ocasiones es amable conmigo. No sé qué traumas de su infancia han condicionado sus conductas egocéntricas. Sí que ha tenido que pasarlo mal en la vida la pobrecilla. —Nuevamente Aurora caía en su cierta tendencia a justificar las malas acciones de sus semejantes y así también trataba de compensar la culpabilidad que sentía por criticarla.


Benito la escuchaba con atención, pensando en qué podía aportarle que pudiera resultarle útil. A la vez, se sentía incómodo con las críticas dirigidas a Esmeralda, a la que admiraba profundamente. Por ello, prefería pensar que las quejas de Aurora eran producto de sus síntomas neuróticos que la hacían incapaz de tolerar pequeñas frustraciones. 


Mientras escuchaba a Aurora, decidió estructurar su aportación para que fuera más científica y eficaz. También quería impresionar a Aurora con su profesionalidad. Para ello decidió que el paso 1 de la sesión del día sería escuchar y aparentar aceptación incondicional con una sonrisa, a pesar de sentirse incómodo con lo que su paciente decía. Después de aplicar el paso 1 durante unos 10 minutos, pasaría a aplicar el paso 2, dándole la indicación de concentrarse en algo positivo. Gracias a su afición a los libros y apps de autoayuda, tenía un abundante repertorio de frases e ideas suficientemente buenas para neutralizar las quejas que consideraba absolutamente improductivas y absurdas. Él ya se había aplicado a sí mismo ciertas reprogramaciones mentales para ser más positivo. Además, usaba con frecuencia las gafas de silenciamiento mental de Esmeralda, por las que se sentía inmensamente agradecido. Gracias a ellas había podido dejar su propia psicoterapia porque ya no tenía que pensar en nada que le preocupara. Debido a estos efectos que consideraba terapéuticos para sí mismo, había llegado a la conclusión de que Esmeralda era un genio de la psicoterapia. Motivo por el cual estaba totalmente entregado a su causa. Su dinámica de entrega y sumisión supuso que fuera elegido por ella como un colaborador cercano y que le encomendara el trabajo de hacer psicoterapia a sus becarios, para que lograra que acabaran funcionando según los parámetros “adecuados”. 


Después de que Aurora expusiera sus quejas, Benito le dijo:


—Entiendo por lo que debes de estar pasando y te comprendo; debe de ser muy duro sentirse así (utilizó una frase de terapeuta principiante para aparentar una respuesta empática).  Pero veo que estás siendo demasiado negativa con Esmeralda. Ella te ha dado una magnífica oportunidad. Has de ser menos exigente y perfeccionista. Has de saber que a veces Esmeralda baja el nivel del trabajo de sus discípulos para que trasciendan sus egos y así se vuelvan más sabios (no decía esto totalmente convencido, pero estaba obligado a decirlo así). Es una gran maestra. Conmigo lo hizo muchas veces durante el primer año del doctorado, hasta que aprendí a captar su sabiduría y pude ver muchas cosas igual con su perspectiva de persona iluminada. Cuando ya empecé a percibir todo con claridad y acepté su forma de trabajar, es cuando realmente crecí como profesional y como ser humano. Es más, gracias a sus gafas silenciadoras es como finalmente he alcanzado la plenitud iluminada del no pensamiento. Sé que te resistes a veces a usarlas porque te gusta experimentar demasiado con tus pensamientos. Aún tienes demasiado ego, lo que dificulta tu proceso. Deberías usar más las gafas cuando te vienen pensamientos tan negativos hacia la persona que tanto te ha ayudado. Así es como vas a encontrar finalmente tu mejor versión y a triunfar. ¿No quieres encontrar tu mejor versión? Cuando la encuentres, llegarás al mejor estado posible de existencia y lograrás llegar al triunfo que te mereces. Entonces todos creerán en ti y triunfarás. El éxito o el fracaso dependen de lo que atraes con tus actitudes; solo busca tu mejor versión. —Benito repetía las consignas de Esmeralda para intentar lavarle el cerebro con ellas. 


—No acabo de estar convencida de lo que me dices y aún menos de lo de mi mejor versión. ¿Cuál es mi mejor versión? ¿Cómo es? ¿Siempre será la misma o cambiará? ¿Y para qué quiero el éxito? ¿De qué me sirve? ¿Para qué buscar otra versión de mí? Quizás no me convenza lo que dices porque tenga un problema de orgullo y de rebeldía, como ya me has señalado otras muchas veces. ¡El dichoso ego! Lo que pasa es que ahora siento que necesito hacer las cosas a mi manera, aunque corra el riesgo de fracasar por culpa de mi “ego”. No obstante, tengo claro que cuando he hecho las cosas a mi manera, no me ha ido tan mal. Ahora no sé por qué estoy tan inhibida a la hora de fiarme de mi criterio. En estos momentos no entiendo bien qué es lo que falla, ya que hago todo lo mejor que puedo. Quizás me equivoco al estar molesta con lo que no me acaba de gustar y porque pienso más de la cuenta. No puedo evitarlo. ¿Sabes que a veces, cuando Esmeralda me dice que hago todo demasiado bien, parece crispada por ello? No sé por qué le molesta tanto. No sé cómo es posible que le dé envidia que yo sepa algo que ella no sabe. Es absurdo, pero a veces llega a darme esta sensación. Y te aclaro que tampoco me atrae la idea de tener éxito como tú lo planteas. A mí lo que me aporta alegría es la sensación de éxito que surge como resultado de hacer bien algo que merece la pena. Para mí el éxito es una consecuencia, es la satisfacción que emerge de estar en sintonía con lo que me parece valioso. Si pienso en el éxito como un fin al que hay que supeditar todo lo demás, tengo la sensación de que me estoy prostituyendo de algún modo.


Benito la interrumpió súbitamente, pues la palabra “prostituyéndose” la sintió como una espina envenenada que le confrontaba con sus propias conductas. Y era inadmisible que una paciente le confrontara a él, dado que tenía que ser superior a cualquiera de ellos (idea absurda que en el fondo encubría sus grandes inseguridades).


—Aurora, ¡qué barbaridad dices! ¡Seguir la propia vocación y hacerlo todo bien a toda costa no es prostituirse! Es cierto que a veces hay que ceder, frenar el orgullo, dar la razón a quien no la tiene, aliarte con personas repugnantes y hacer excesivos “favores”, que pueden llegar a ser bastante desagradables, pero resulta que el mundo está hecho así. Y todos tenemos que sobrevivir como podamos. No puedes vivir en las nubes pensando que las cosas ocurren como si estuviéramos en un mundo ideal. ¡Eso no existe! Tu perfeccionismo y tu moralismo a veces son excesivos y pareces creerte mejor que nadie. ¿Nunca has pensado que puedes ser molesta con tus actitudes de superioridad moral? Tu neurosis obsesiva puede ser muy desagradable. ¿Lo sabías?


Aurora se quedó perpleja y desconcertada ante esa respuesta. Benito le estaba haciendo luz de gas, culpándola a ella de los problemas que le generaban otros. Notaba cómo su psicólogo la estaba queriendo dirigir en una dirección con la que ella no se identificaba en absoluto. El malestar interno que llevaba acumulado por diversas circunstancias la llevó a perder la paciencia y a no controlarse, como solía hacer habitualmente. Respondió a Benito también interrumpiéndole y en un tono con el que no la había escuchado antes:


—¡Ya no puedo más, Benito! ¡Te estás pasando y no sabes ni de lo que hablas! ¡Siento que me das consejos estúpidos! Sé que soy rara y que no es tu culpa que yo sea una paciente atípica. ¡Pero no puedes ayudarme, no tienes ni idea de lo que me pasa! ¡No me entiendes! A veces pareces mi enemigo y tengo la impresión de que quieres suprimir lo que soy, como si pretendieses encajarme en un esquema preestablecido que consideras válido e igual para todos. ¡Y yo no soy un mono de feria al que puedas domesticar! ¡Quédate con tus consejos de pacotilla! ¡Son estúpidos! ¡Y no me hagas luz de gas! ¡Eso es maltrato! No voy a dejar que me manipules. —Aurora respiró hondo tres veces, dándose cuenta de que había perdido los papeles y de que necesitaba calmarse. Al mismo tiempo, se sentía liberada.


Entretanto, Benito la observaba desconcertado y nervioso, sin saber qué decir. Nunca se hubiera esperado una reacción así de Aurora, ya que siempre era muy educada y correcta. Creía que después del tiempo que llevaba con ella ya la tenía bastante controlada. De repente parecía haberse derrumbado todo su trabajo. Se sentía tenso y desconcertado por haber perdido el control de la situación. Se puso las gafas de no pensar para no angustiarse más. No quería tener la posibilidad de cuestionarse a sí mismo en algo. Cuando las gafas empezaron a hacerle algo de efecto, respondió a Aurora de una forma mecánica, que correspondía a las instrucciones del último libro que había leído sobre momentos incómodos con pacientes difíciles. Ya no recordaba el contenido exacto de lo sucedido, pero sí que se había dado un momento tenso, pues lo tenía apuntado en su libreta electrónica.


—Veo que necesitabas expresar algo complicado para ti, ¿quieres que hablemos de algo más? Comprendo cómo te estarás sintiendo —dijo Benito de forma protocolaria y mecánica.


—¿Me comprendes? ¿Qué comprendes? ¿Ya estás con las frases hechas de manual? ¡¿Y con las gafas?! No entiendes nada. —Por un momento Aurora se dio cuenta de que estaba siendo demasiado dura con él y cambió su tono—.  Disculpa mi reacción y mis palabras, Benito. Llevo unos días pasándolo mal y he perdido los nervios. Mejor vamos a terminar la sesión por hoy. No tengo fuerzas ni ganas de contarte nada más y necesito reflexionar a solas acerca de lo que me sucede. Quiero también pensar en si sigo o no en terapia contigo. Sé que quieres ayudarme, pero tengo la sensación de que algo no acaba de encajar entre nosotros e inseguridad acerca del proceso que estamos haciendo. No veo que realmente me ayudes. Más bien siento que lo que me aportas me entorpece cada vez más. Además, me da muy mala espina el que te hayas puesto las gafas de no pensar en mitad de una sesión. ¿No ves que te pones en evidencia? ¿No tienes más recursos para manejar la situación? 


Benito se había puesto colorado y sudaba, a pesar de que las gafas amortiguaban parte del golpe de las palabras de Aurora. Le respondió de nuevo de forma mecánica, siguiendo el protocolo correspondiente:


—Comprendo cómo te estarás sintiendo y respeto tus decisiones. Como sabes, solo expresando plenamente tu potencial llegarás a ser feliz y exitosa y a ser tu mejor versión. —Después de sus frases hechas, la volvió a mirar con atención, omitiendo la cuestión de las gafas, que se quitó rápidamente al sentirse confrontado por ello.


—Muy bien, quítate las gafas. Otra vez me dices frases hechas que no me dicen nada. Y ya veo que no quieres ni mencionar las gafas porque te he pillado desconectándote en mitad de una sesión. ¡Qué patético me parece que no se te haya ocurrido nada mejor! —le respondió Aurora con crispación. Benito, tengo que pensar con calma en qué hacer a partir de ahora y, si pierdo la beca, me haré influencer o reparadora de drones oxidados. No sé, ya veremos. Se me da bien la mecánica, o lo que haga falta para sobrevivir. Voy a leer, de todas formas, las condiciones de mi beca y así veré qué puedo hacer exactamente. Supongo que quieres algún bien para mí —Aurora se iba dando cuenta de que ya no creía en ello realmente— y sé que no te lo estoy poniendo fácil, pero estoy en un momento en el que necesito aclararme yo sola. Hoy no me estás ayudando en absoluto. Más bien me parece que me estás frenando y manipulando. E intuyo que has podido hacerlo otras veces, aunque no me haya dado cuenta de ello. Menos mal que estoy empezando a despertarme.


Benito estaba poniéndose de nuevo nervioso, ya que no tenía las gafas puestas y no sabía qué responderle. Aun así, se esforzó en responderle, aparentando profesionalidad, después de ajustarse la corbata.


—¿Quieres que hablemos más de ello? De verdad que me gustaría poder ayudarte —dijo Benito con gran inseguridad, para ver si así Aurora se calmaba y no cortaba la sesión abruptamente. Aunque, por otra parte, lo estaba deseando porque no se lo ponía nada fácil. Su inquietud aumentaba aún más al pensar que si Aurora leía a fondo las condiciones de su beca, podría darse cuenta de que no tenía por qué seguir un tratamiento psicoterapéutico con nadie asignado por Esmeralda. No era algo absolutamente obligatorio.  Para que Aurora no lo descubriera, Benito hizo un nuevo intento por disuadirla.  —No hace falta que leas las condiciones de la beca, que son muy largas y un rollo; yo te las puedo explicar cuando quieras —así intentaba salir del paso.


—Hoy no me apetece hablar más, Benito. Me gustaría reflexionar un poco más sobre todo esto, aunque tú siempre me recomiendas que no piense y que siga ciegamente las indicaciones de Esmeralda. Muy bonito. Pretendéis saber más que yo misma acerca de lo que me pasa y de lo que me puede ayudar. Pero siento que, si no me dejo un tiempo para pensar en lo que quiero, me voy a sentir peor. Sería traicionarme a mí misma al no tomarme en serio mis propias inquietudes. Igual estoy empeorando mi neurosis obsesiva, ¡quién sabe! Pero ahora mismo quiero bucear un poco en ella. ¿Y si lo que me pasa no es una neurosis obsesiva? ¿Y si es otra cosa? ¿Y si se trata de la voz interna de mi conciencia que quiere comunicarse conmigo? ¡Quién sabe! Y, con respecto a las condiciones de mi beca, como comprenderás, estoy bastante acostumbrada a leer rollos de todo tipo, así que no es problema, no te preocupes, soy capaz de leerlo yo sola. Gracias por tu inestimable ayuda —le dijo con un tono irónico.


—De acuerdo, como quieras, Aurora. ¿Nos vemos la semana que viene? —al decir esto, Benito omitía lo que Aurora había dicho de dejar las sesiones con él. Así hacía un intento desesperado por reengancharla.


—Vamos a cancelar la sesión de la próxima semana y te digo algo más en unas semanas. Como ya te he dicho, quiero pensarme si seguir o no en terapia contigo. Eres un psicoterapeuta respetuoso y con experiencia, pero no sé si eres capaz de comprenderme. Ya te diré algo.


—Está bien. Espero entonces tus noticias —dijo Benito con una tensión contenida y mal disimulada, pues temía lo que le podía caer encima cuando Esmeralda supiera que Aurora quería dejar la terapia. Además, Aurora le inquietaba porque ponía de manifiesto su incompetencia para pensar en temas demasiado profundos. —Espero que te vaya bien con tus reflexiones y que escojas la mejor opción para ti, que pienso que es seguir conmigo.


—Sí, sí, Benito. Como seguir contigo no hay nada, ¿no? Bueno, te dejo, que aún tengo cosas que pensar, ponte tus gafas y olvídate de mis problemas. Ya te daré noticias. Que descanses y que todo te vaya bien. 


En estas últimas palabras y en su tono estaba ya implícito que Aurora había tomado una decisión, aunque ella no fuera plenamente consciente. Benito ya no le inspiraba ningún respeto.


—De acuerdo. Espero tus noticias. Y sí, mejor me pongo las gafas, que son lo mejor que hay para tener paz mental y llegar a ser ciudadanos ejemplares, no lo olvides.


—Sí, claro que sí. ¡Cómo olvidarlo! Buenas tardes, Benito.


—Buenas tardes, Aurora.


Después de cortar la comunicación, Aurora se sintió tensa a la vez que liberada. No era habitual en ella hablarle a alguien en ese tono. Le gustó la versión de sí misma que había surgido. ¿Sería esa su mejor versión? Seguramente esa no era la “mejor versión”, según Benito. Pero ya, afortunadamente, le importaba bastante poco su opinión.

 




¿Alguna vez te has sentido comprendido por un profesional cuando intentabas explicar algo importante de tu experiencia interior? ¿O sentiste que hablaban un lenguaje distinto al tuyo?


Si queréis saber cómo sigue la historia os invito a leer mi novela "De otro mundo" (disponible en Amazon).





[1] Hace alusión a unas gafas que hacen que se silencie la mente de quién se las pone



martes, 12 de diciembre de 2023

¿PERSONAS ALTAMENTE SENSIBLES (PAS), ALTAMENTE SUSCEPTIBLES, ALTAMENTE NARCISISTAS O ALTAMENTE TRAUMATIZADAS?


     Imagen de Pixabay.

La etiqueta PAS (que significa normalmente “Personas Altamente Sensibles”) parece estar de moda. Son muchos los que hoy día reivindican su alta sensibilidad como parte de su identidad, su forma de funcionamiento, o como parte de sus características personales. Lo que lleva a una gran confusión dado que muchas personas con ciertas problemáticas psicológicas tienen a identificarse con esta etiqueta para encubrir sus problemas o compensarlos de algún modo, como trataré de explicar a continuación.

La etiqueta PAS es un constructo desarrollado por Elaine Aron[1] que puede ayudar, en ciertos casos, a que algunas personas se comprendan mejor a sí mismas o se validen de mejor modo, cuando se identifican con las características de este. 

Según Aron, la alta sensibilidad es un rasgo de la personalidad[2], lo que es diferente de SER solamente “Persona altamente sensible”. Es decir, que tener alta sensibilidad representa una parte de la forma en la que una persona experimenta la realidad, pero no es todo lo que ocurre dentro de ella. 

La alta sensibilidad del constructo de Aron tiene cuatro elementos[3]

- Profundidad de procesamiento: que tiene que ver con ahondar más en los pensamientos en relación con las experiencias que se tienen.

- Facilidad de sobreestimulación ante los estímulos que se reciben.

- Alta emocionalidad y empatía. 

- Sensibilidad sensorial ante lo sutil: se captan con los sentidos detalles que otros no perciben.


Que la etiqueta PAS sea un constructo, lo que significa que es una construcción teórica para entender un problema determinado[4]. Crear un constructo supone crear una abstracción, una imagen ideal o prototípica de una realidad para comprenderla mejor, pero no implica que en sí sea una realidad que existe por sí misma que sea identificable, como lo son los objetos. Es importante tener esto en cuenta para darnos cuenta de que no hemos de caer en la identificación con algo que es solo una construcción teórica. A veces, cuando se crea un concepto que define algo de lo que sucede en la realidad, ocurre que alguien puede identificarse con ello para tener la sensación de que ya sabe algo acerca de quién es o de lo que le pasa (ocurre lo mismo con los diagnósticos de ciertos trastornos mentales que son constructos). 

Hay que tener en cuenta que la identificación con un aspecto parcial de uno mismo, es parte de lo que nos impide descubrir con realismo quienes somos. Es decir, que aferrarnos a una etiqueta, del tipo que sea (positiva o negativa), nos puede alejar de percibirnos de una forma más global.

Desde que Aron creó el concepto PAS esta “etiqueta” ha resultado útil a muchos para comprenderse mejor a sí mismos, o para aceptar una parcela de sí que no siempre ha podido resultarles fácil de encajar en un mundo en el que la máscara de la fortaleza, la autosuficiencia e incluso la de la insensibilidad se ha vendido mejor, en ciertas épocas en las que ser “duros” era más popular por ciertas modas emocionales. Aunque es curioso que, en la actualidad, lo que antes era un defecto: “ser sensible”, hoy día parezca ser una virtud de la que se ha de presumir y exhibir públicamente. Mirad, para comprobarlo, en las redes sociales, y veréis a muchas personas haciendo gala de lo PAS o de lo super-PAS que son.




Imagen de Pixabay.


Ahora que ser PAS se va normalizando, e incluso se va mostrando como un logro, de repente son muchos quienes se apuntan a la “moda PAS” identificando con una etiqueta que parece mostrar lo superiores o estupendos que son (no siempre es así, solamente señalo ciertos casos que me parecen más exagerados). Por otra parte, a poco que sepamos observar, es curioso que muchos que se autodenominan PAS, más que mostrar una alta sensibilidad, lo que exhiben es una alta susceptibilidad. Creo que las “Personas Altamente Susceptibles”[5] podrían necesitar una etiqueta aparte. Quienes se llaman a sí mismos PAS por todo lo que les afecta de forma exagerada llegan a olvidad que vivir con alta sensibilidad también afecta a percibir de manera también intensa los aspectos positivos de la vida.

Por otro lado, parece existir también una moda que podríamos llamar “anti-PAS” de muchos que se dedican justamente a lo contrario, a burlarse y a descalificar sistemáticamente a quienes hablan de PAS o de sensibilidad, acosando y despreciando a quienes encuentran un sentido en esta etiqueta. 

Me parece que tanto en la “moda PAS” como a la “anti-PAS” se están poniendo de manifiesto varios elementos de tipo narcisista de algunas personas. El narcisismo tiene que ver con la identificación arrogante con ciertos atributos personales de los que se pretende extraer privilegios, un trato de favor y en definitiva una superioridad frente a otros. Esto es fácil verlo en algunos seguidores de la “moda PAS”. Por otra parte, el narcisismo, al tener que ver con actitudes de superioridad, también puede llevar a la crítica cruel y descarnada de lo que no se comparte, que se llega a mirar con desprecio y, descalificándose para seguirse colocando uno en una posición de superioridad. Este síntoma se puede ver más bien en quienes están en la “moda anti-PAS”. 

En el caso de todos los que se suben al carro de la “moda PAS” o de la “moda anti-PAS” para llamar la atención de otros, conseguir más likes en redes sociales o sentirse más especiales, quizás habría que hablar más bien de personas PAN: “Personas Altamente Narcisistas”. 

En los casos en los que identificarse como PAS está más ligado a ser altamente susceptibles, o a un victimismo interminable ante la incomprensión de otros, es posible que tuviéramos que hablar de PAT: “Personas Altamente Traumatizadas”. Quienes viven sin resolver ciertos traumas emocionales arrastran una gran carga de sufrimiento, de irritabilidad y de sensibilidad altamente negativa a estímulos adversos (sin sentir con la misma intensidad los estímulos positivos). Esta situación puede llevarlos a identificarse como PAS, por tener en común algunos elementos del constructo llamado PAS. Uno de los problemas de los constructos que definen un fenómeno desde ciertas manifestaciones externas, sin analizar en profundidad sus causas, lo que puede llevar a que muchos se identifiquen con estos constructos porque en algo se ven reflejados e identificados, sin ser conscientes de que están ante una idea que es abstracta. Es decir, que algo que existe como concepto o como constructo, define una parte de la realidad desde algunas manifestaciones externas, pero no se refiere a algo que exista necesariamente como una entidad o como una realidad objetiva. El constructo PAS solo hace referencia a una serie de experiencias subjetivas que puede tener que ver con fenómenos diversos: ser altamente sensible, ser altamente susceptible, estar traumatizado, ser narcisista, etc. Recordemos que se trata de un rasgo o de una parte de la personalidad, no de toda la personalidad alguien. 

Además, podemos darnos cuenta de que el nivel de superposición de manifestaciones entre quienes se podrían identificar como “sensibles”, con otros fenómenos humanos, puede ser alto. Es decir, que “ser sensible” en ciertos aspectos de la vida, puede estar asociado con diferentes fenómenos, algunos muy valiosas, que permitirían vivir con más intensidad ciertos aspectos de la vida (buenos y malos), en otros casos tendrían que ver con heridas emocionales o traumas que hacen vivir muy a flor de piel lo que a uno ocurre (sintiéndose mejor si eso que a uno le pasa se identifica con una etiqueta como PAS), o bien con una necesidad de aprobación y de atención constante a la vez que una gran susceptibilidad que lleva a quererse identificar con una etiqueta que a uno le haga sentirse importante (como ocurre con quienes padecen narcisismo).

En la siguiente imagen podemos ver una representación de cómo la alta sensibilidad puede referirse a experiencias distintas que podemos interpretar de un modo erróneo si solo las vemos desde la alta sensibilidad:





Imagen de elaboración propia.



Buscando información sobre esta cuestión, me ha llamado la atención que hay muy poco publicado sobre lo que planteo, a nivel académico. Aunque hay numerosas publicaciones científicas sobre el constructo de alta sensibilidad, solo he encontrado una publicación académica[6] que relaciona la alta sensibilidad con el narcisismo y otra que la relaciona con el estrés postraumático[7].

Como vemos hay autores que apuntan las posibilidades que estoy planteando, que creo que han de ser clarificadas en mitad de tanta confusión con el constructo PAS, con sus férreos defensores y sus vehementes detractores. Lo que sí parece claro es que necesitamos más reflexión rigurosa ante un fenómeno que, en ciertos casos, parece que se nos está yendo de las manos y causando problemas que los profesionales de la salud mental hemos de abordar desde la mayor seriedad posible.



[1] Aron, E. (2006). El don de la sensibilidad. Ediciones Obelisco.

[2] Información obtenida de la página de PAS España: https://pasespana.org/alta-sensibilidad/

[3] Idem.

[4] Definición de la RAE de la palabra “constructo”, obtenida en www.rae.es

[5] Es interesante lo que se dice en este post, que también relaciona PAS con la alta susceptibilidad: https://locosdeamor.org/2022/05/22/personas-altamente-sensibles-o-altamente-suceptibles/

[6] Jauk, E., Knödler, M.,  Frenzel, J., &  Kanske, P. (2023).  Do highly sensitive persons display hypersensitive narcissism? Similarities and differences in the nomological networks of sensory processing sensitivity and vulnerable narcissism. Journal of Clinical Psychology, 79, 228254. https://doi.org/10.1002/jclp.23406

[7] Suuberg, Alessandra, Comparing Neural Correlates of High Sensory Processing Sensitivity and Post-Traumatic Stress Disorder (July 14, 2017). http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.3002629

sábado, 12 de febrero de 2022

CONFLICTOS INTERPERSONALES: EL BUCLE DE LA TORMENTA PERFECTA, CUANDO SE ABREN LAS HERIDAS COMPLEMENTARIAS



En numerosas ocasiones, mis pacientes me cuentan ciertos conflictos que experimentan en las relaciones con sus seres más queridos y que les generan un hondo sufrimiento a ellos y a quienes les rodean. Este tipo de conflictos pueden verse desencadenados por auténticas nimiedades, cuando de fondo hay heridas infantiles no resueltas. En estos casos, suele pasar que a cada persona en conflicto le cuesta enormemente ver la perspectiva del otro. Cada uno de ellos puede sentirse agredido y victimizado injustamente, pues parece que el malo es solo el otro. Con frecuencia, esto ocurre cuando lo que está pasando activa heridas no resueltas de la infancia, en las dos personas que viven un problema relacional determinado. Estas heridas, cuando se reactivan, generan un dolor tan grande que resulta muy difícil mirar más allá de la propia perspectiva, pues ese dolor no permite salir de uno mismo y comprender lo que se está viviendo en ese momento. Cuando se da una situación de este tipo cada persona está atrapada en su dolor pasado, en una herida infantil reactivada, que llevará a experimentar que todo el dolor que se está viviendo se lo está provocando el otro en el presente, y supondrá que ese otro parezca la imagen de la desconsideración y de la maldad. Costará mucho trabajo darse cuenta de que lo que se está viviendo es la “película” de la situación difícil vivida en la infancia y resultará arduo ver que la mayor parte de su dolor procede de algo que está ya dentro de uno mismo, antes de que esa herida antigua fuera "tocada".

                                         

Estas situaciones suelen darse cuando algo que hace el otro toca una herida antigua, que ya estaba antes del conflicto, aunque la otra persona no tenga intención de causar ningún daño. Entonces se dispara un dolor antiguo de la infancia, que resulta inexplicable y desproporcionado (como cuando tenemos una quemadura y alguien la toca con suavidad, nos duele intensamente aunque no se nos quiera provocar ningún daño). El detonante que dispara la herida antigua es más fuerte cuando hay un vínculo fuerte con otra persona, o bien cuando está la expectativa de que dicho vínculo se produzca. Es típico que suceda en los conflictos de pareja, en donde inconscientemente cada uno toca la herida del otro, dada la cercanía de este tipo de relaciones y la falta de perspectiva para mirar con objetividad, por no haber siempre suficiente espacio emocional para lograrlo. En el momento en el que pasa algo así se bloquea la capacidad para pensar claramente y se generan situaciones "en bucle" (de círculo vicioso) en las que parece imposible salir del malestar que aparentemente provoca la otra persona, pues ha hecho algo que nos molesta excesivamente.

 

En ese tipo de situaciones se activa un "bucle" cerrado de reacción y de contrarreacción que multiplica la dinámica del conflicto durante un largo rato y  puede llevar incluso a la ruptura de una relación de amistad, familiar o de pareja. Cuando algo así ocurre parecerá que solo es el otro quién causa todo el dolor que se está viviendo, por lo que se sentirá que se está con alguien malvado, poco empático, inconsciente, bruto o desconsiderado. Esas sensaciones proceden por la reactivación de una herida de la infancia, por lo que nos sentimos tratados del mismo modo que fuimos tratados en el pasado, con la misma sensación de impotencia infantil que nos lleva a caer en una dinámica egocéntrica en la que parece que no hay recursos para afrontar la situación de manera racional y madura. Ante esa dificultad del presente se está abriendo la “caja de Pandora” de algo que duele intensamente y que está por resolver de la infancia. Se trata normalmente de algo que no estamos sintiendo habitualmente en nuestra vida cotidiana porque esa herida no resuelta estaría escondida o aparcada para no resultar molesta, aunque sí estaría latente y agazapada para saltar ante algo que toque la tecla adecuada (pues se parece a lo que provocó la herida original). Cualquier cosa que se parezca, aún mínimamente, al malestar original que provocó la herida de la infancia, detonará todo el dolor acumulado a lo largo de la vida con relación a lo que hace sufrir en un momento como el que trato de describir.


 

Veamos un ejemplo ficticio que nos ayudará a entenderlo mejor:

 

Una persona, a la que podemos llamar Pepa, se siente mal porque no le llama su amiga Luisa, a la hora en que quedó en hacerlo. Pepa está esperando ansiosamente esa llamada, pues quiere contar a su amiga algo que es importante para ella. Por causa de esa impaciencia se le hace más larga la espera. Y, al no recibir la llamada prevista en el tiempo que considera normal, súbitamente se siente abandonada, porque se abre en ella un abismo angustioso de abandono que le produce un enorme dolor emocional. Aunque Pepa es consciente de que su reacción es exagerada, no puede evitar sentirse fatal y empieza a hacer interpretaciones inadecuadas, desde esa sensación interna de estar siendo abandonada por Luisa. Entonces, piensa que su amiga no la toma en serio, razón por la que siente que Luisa realmente no es su amiga, que ya no la quiere, que es una maltratadora malvada y que hace eso por fastidiarla. Se van sucediendo en su interior una serie de pensamientos en la línea de confirmar que está siendo abandonada y que toda la culpa es de Luisa. Su estado emocional ha surgido  de la reactivación de una herida de abandono que proviene de su infancia (ha vivido diversos abandonos reales, por parte de sus padres, desde muy pequeña). Pero ella no lo sabe conscientemente y siente que lo que le ha hecho su amiga Luisa, al no llamarla a la hora prevista, es algo muy desconsiderado y grave. Desde esas emociones negativas reactivadas hace interpretaciones erróneas que la llevan a un malestar que va en aumento. Es decir, sus pensamientos negativos desde la emoción del abandono, aumentan aún más su herida de abandono. Se siente abandonada y su mente se dedica a reafirmarse en la sensación de estar siendo abandonada, interpretando lo que sucede como un acto de alta traición. Esta situación la lleva a escribir a su amiga Luisa el siguiente mensaje, pasados 30 minutos de espera: “¿Qué pasa Luisa? ¿No me ibas a llamar a las 21 h? ¡Ya son las 21.30! ¿Por qué pasas de mí? ¡No me puedo fiar de ti! ¡Me estás tratando fatal! Eso solamente puede hacerlo una mala persona, no sé cómo me he podido fiar de ti, ¡y yo que pensaba que eras mi amiga y mira lo que me haces!”

 

Por su parte, su amiga Luisa ha tenido un imprevisto. Le ha sentado mal una comida y está muy mareada con naúseas y con vómitos y no se ha dado cuenta de la hora que es. Es algo despistada con los horarios y tampoco da demasiada importancia a la puntualidad. Cuando se da cuenta de que ya es un poco tarde, piensa en mandar un mensaje a su amiga para decirle que se encuentra mal, pero al coger el móvil ve el mensaje que ha enviado Pepa y se siente súbitamente presionada, invadida y exigida, lo que activa en ella mucha angustia y un gran malestar. En el caso de Luisa, se le activa una herida de haber sido invadida repetidamente en su infancia, por sus padres. Es decir, desde muy niña sus padres no han respetado sus límites y la han presionado para que sea de una determinada manera. Por ejemplo, la puerta de su habitación siempre tenía que estar abierta, su madre se leía sus diarios y siempre estaba encima de ella para que estudiara, fuera correctamente vestida, se comportara de forma educada y nunca se saliera de los márgenes establecidos como perfectos. Cuando lee el mensaje de su amiga Pepa, se siente inmediatamente muy herida y atacada y tiene la sensación de que su amiga le está causando un tremendo mal tratándola así, por lo que ya no le quiere responder. No sabe expresar su malestar salvo retirándose y negándole la comunicación, pues nunca se le permitió, de niña, expresar con libertad enfado, malestar o rabia. Su estrategia de pequeña era replegarse dentro de sí, para que la dejaran en paz, teniendo una actitud de resistencia pasiva, desde la frialdad. Por lo que esta es la reacción que tiene, ante lo que percibe como invasión y presión, por parte de su amiga. Siente que Pepa no la respeta, que no empatiza con ella, que solo le exige y que realmente no la quiere como es. Cree entonces que su amiga es una mala persona, egocéntrica y egoísta, y que no es capaz de pensar que si no le llama a la hora prevista le puede estar pasando algo. Así que eso la refuerza en su actitud de no comunicarse con Pepa, ya que necesita interrumpir la comunicación hasta que se le pase el enfado.


                             


Por su parte, Pepa, espera ansiosamente a que su amiga Luisa le diga algo cuanto antes. Cree que su mensaje la puede hacer reaccionar y por fin llamarla, porque la entenderá. Pero su herida de abandono se va agrandando más, pues nuevamente se siente dejada de lado por una persona a la que quiere. Sensación que se agrava aún más  porque Luisa no le responde nada. No se da cuenta de que su propia actitud ha aumentado la distancia de su amiga y de que han entrado en el bucle de la tormenta perfecta. Al igual que Luisa, Pepa alimenta el mismo bucle de estar cada una mirando a la otra desde su propia herida. 


La situación descrita las centra progresivamente más en sí mismas, por el dolor que experimentan, impidiéndoles entender qué le pasa a la otra parte. Pepa, desde su herida de abandono siente que se confirma que Luisa no la quiere. Por este motivo le manda finalmente un mensaje “bomba” con alta destructividad, pasadas un par de horas: “No sé cómo me puedes hacer algo así. Eres la peor persona que he conocido jamás. Si realmente eres mi amiga dime algo por lo menos, me estás haciendo sentir fatal.” Pepa se cree que es Luisa quién le está haciendo sentir fatal, pero no es capaz de ver que es su propia herida lo que está agrandando un conflicto que inicialmente era una pequeñez.

 

¿Qué le pasa entonces Luisa al leer este mensaje? Nos lo podemos imaginar; pues en ella, la sensación de ser invadida se multiplica hasta el infinito. Entonces bloquea a Pepa en el Whatsapp.

 

Pepa, al verse bloqueada, vive el desgarro del abandono hasta proporciones infinitas. Se siente una víctima abandonada y empieza a recordar numerosos momentos de su vida en los que se ha sentido abandonada, por lo que aún se siente peor, y así agranda la herida. Siente entonces que las personas son malvadas porque la abandonan y se queda varios días en esa posición victimizada, de “nadie me quiere”, “las personas son malas y egoístas”, “¿por qué he vuelto a confiar?”, “si es que todo me pasa a mí”, etc., etc.



                          

La perspectiva de Luisa, es similar, en cuanto a sufrimiento y victimismo, ya que llega a las mismas conclusiones de no ser comprendida, ni respetada, ni querida. Piensa también en la maldad y en la falta de respeto hacia ella, por parte de otras personas, en la dificultad para confiar, y en que todo le pasa a ella, etc., etc. 

 

De alguna forma, estas dos amigas se metieron en el bucle de la tormenta perfecta repitiendo inconscientemente dentro de sí las situaciones dolorosas de su infancia. Así se han quedado nuevamente solas, con sensación de ser incomprendidas, con la percepción de que el mundo es malvado y de que es imposible tener amistades fiables. Ambas se acaban sintiendo víctimas y se ven, durante varios días, atrapadas en la niña herida que fueron, que les confirma sus peores pronósticos y que les hace “adictas” a repetir la herida una y otra vez, desde la inconsciencia de no ver que esa niña herida que fueron. Esa niña, al no ser sanada, les va a meter una y otra vez en la misma trampa, apoderándose de ellas, llevándoles a repetir los mismos patrones y viendo en otras personas del presente lo que les hicieron sus padres. Así sucede una y otra vez, cuando las heridas no se hacen conscientes y no se sanan. El verlo ya supone un principio de sanación, porque posibilita que la herida no se apodere de uno mismo. 


Si Pepa y Luisa han experimentado la activación de una herida de este tipo, quienes ha de cuidar a la niña herida que se siente abandonada o invadida han de ser ellas mismas. Si se dieran cuenta de cómo es ese herida que les puede condicionar, podrían llegar a entender qué le pasa al otro, incluso en mitad del conflicto. Así es también como podrían aprender a no sobrereaccionar y a entender que la herida las engaña y las aleja de los demás. Si se dan cuenta pueden después llegar a ver a su niña herida con amabilidad y con compasión, atendiendo a sus necesidades emocionales y siendo como una buena madre y un buen padre para sí mismas. De ese modo es más posible que no se viva tanto dolor y que no se experimente que hay alguien que les abandone o que les invada. Pues no se da ese poder a otro por encima de uno mismo.

 

Un aspecto positivo de estas situaciones en las que se desencadenan conflictos desde heridas infantiles, pese a lo dolorosas que pueden llegar a ser, pueden darnos la ocasión de descubrir qué herida está dentro por sanar y posibilitar una toma de consciencia de cómo se enreda la mente con ellas (magnificando el sufrimiento y generando situaciones de volver a sufrir, una y otra vez). Si nos damos cuenta de lo que sucede en este tipo de “bucles de la tormenta perfecta”, estaremos empezando a liberarnos y a sanarnos de las heridas, y pueden ser una magnífica ocasión para conocernos mejor y para interrumpir la dinámica de destrucción mutua no dejándonos reaccionar desde la herida, que acaba hiriendo a la otra persona e hiriéndonos en un bucle interminable. 

 

Mi recomendación es que cuando se activen situaciones de este tipo es que no reaccionemos, que no culpabilicemos, que nos paremos y observemos el dolor que está en el fondo, atendiendo a ese niño herido, del que la otra persona no es responsable*. Cuando se abre la herida es cuando podemos llegar a escuchar ese dolor interior, para hacerlo consciente y que no nos domine y para no abandonar al niño/a herido/a, o para aprender a poner los límites necesarios para no sentirnos invadidos, o cuando se dé cualquier otra reacción irracional que pueda surgir porque está habitando en nuestro interior, agazapada, a la “espera” de que algo toque la tecla que abre la caja de los “demonios”. Por ejemplo, podemos pararnos a hacernos  ciertas preguntas, en un momento así de: "¿Y yo por qué me estoy sintiendo tan mal? ¿Lo que me están haciendo es realmente grave? ¿Qué le pasa a la otra persona para comportarse así?


Obviamente no estoy hablando de situaciones de abuso o de maltrato intencionados, que también se pueden vivir en la vida adulta, sino de conflictos de otro tipo en los que podemos considerar que se daña de forma involuntaria e inconsciente.


 

Con respecto a esos niños heridos interiores, el maestro budista Thich Nhat Hanh (fallecido recientemente) ha aportado una orientación inspiradora, que puede ayudar a prevenir situaciones como la descrita:

 

"Muchos de nosotros tenemos aún un niño herido, viviendo en nuestro interior. Quizá las heridas nos las hayan producido nuestro padre o nuestra madre. O tal vez, a nuestro padre le hirieran de niño. A nuestra madre también pueden haberla herido cuando era niña. Como no supieron curar las heridas de su infancia, nos las han transmitido. Si nosotros no sabemos transformar y curar las heridas que hay en nosotros, las vamos a transmitir a nuestros hijos y nietos. Por eso, hemos de volver al niño herido que hay en nosotros y ayudarle a curarse. A veces, el niño herido que hay en nosotros necesita nuestra atención. Ése niño pequeño puede aflorar de las profundidades de nuestra conciencia; y pedir, nuestra atención. Si eres consciente, oirás su voz pidiendo ayuda. En ese momento, en lugar de contemplar un bello amanecer, vuelve a ti mismo y abraza tiernamente al niño herido que hay en ti. «Inspirando, vuelvo con el niño herido que hay en mí; espirando, cuidaré muy bien de mi niño herido».


Para cuidar de nosotros mismos, debemos volver y cuidar del niño herido que hay en nuestro interior. Debemos practicar cada día el volver a tu niño herido. Debemos abrazarlo tiernamente, como si fueras un hermano o una hermana mayor. Has de hablarle. Y también, puedes escribir una carta al niño pequeño que hay en ti, de dos o tres páginas, para decir que reconoces su presencia y que harás todo lo posible para curar sus heridas. Cuando hablamos de escuchar con compasión, normalmente creemos que se refiere a escuchar a otra persona. Pero también debemos escuchar al niño herido que hay en nuestro interior. Está en nosotros aquí, en el momento presente. Y podemos curarlo ahora mismo.


«Mi querido niño herido, estoy aquí por ti, listo para escucharte. Por favor, cuéntame tu sufrimiento, muéstrame todo tu dolor. Estoy aquí, escuchándote de veras.» Y si sabes volver a él, escucharle cada día durante cinco o diez minutos, la curación tendrá lugar. Cuando subas una bella montaña, invita al niño que hay dentro de ti a subir contigo. Cuando contemples una hermosa puesta de Sol, invítale a disfrutarla contigo. Si lo haces durante algunas semanas o meses, el niño herido que hay en ti se curará. La plena conciencia es la energía que puede ayudarnos a hacerlo."


-Thich Nhat Hanh

 

 



 *Nota: cuando alguien no es capaz de gestionar este tipo de heridas por sí mismo es recomendable que acuda a trabajar estas cuestiones en el espacio seguro y bien orientado de una psicoterapia especializada en estos temas, para ir tomando consciencia de lo que sucede y para saber cómo manejarse ante este tipo de situaciones.