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sábado, 8 de agosto de 2026

INGENIERÍA DE CAMINOS VITALES PARA TENDER PUENTES






Siempre me ha interesado tender puentes ente disciplinas y mundos distintos, cultivando una especie de ingeniería de caminos vitales que trata de generar espacios de diálogo y de comprensión para quienes tengan la inquietud de trascender miradas estrechas.

De ahí que he buscado el diálogo entre la psiquiatría con la espiritualidad, las religiones, la filosofía; incluso buscando los puntos de conexión entre psiquiatrías y psicologías que pueden parecer irreconciliables, pero que resultan complementarias desde marcos más amplios.

En relación con mis dinámicas de diálogo interdisciplinar, me han hecho recientemente la entrevista que comparto más abajo sobre temas como la espiritualidad: narcisismo espiritual, sentido de la vida, efectos adversos de la meditación, espiritualidad y altas capacidades intelectuales, etc.

Espero que os resulte de interés.




lunes, 8 de diciembre de 2025

EL GRAN CIRCO DE LA ESPIRITUALIDAD

Imagen creada con IA

El mundo se está transformando en una pasarela de egos disfrazados de cualquier cosa, pero parece que la purpurina que brilla más como aderezo especial de los egos más inflados es la purpurina espiritual.

Mostrarse como mensajero de Dios, místico, gurú, maestro de meditación o canalizador de fuerzas espirituales infalibles resulta rentable. Los réditos se obtienen en forma de dinero, seguidores o sensación de tener un poder sobrehumano. ¿Quién da más? 

Lo más glamuroso ya no es vestirse de marcas de precios inalcanzables o presumir de coches de lujo, sino mostrarse como un personaje elevado que entretiene a los espectadores del circo espiritual. Para el público del circo tenemos divas y divos, hipnotizadores, gurús falsos, magos, malabaristas y payasos. Hasta las estrellas del pop como Rosalía se suben al carro místico con aureolas de santidad incluidas, ¿porque les eleva al círculo de los dioses, o por un interés legítimo? Es difícil saberlo.

En un momento en el que las personas tienen vidas tan vacías y alienadas, la necesidad de plenitud espiritual se hace más acuciante, lo que nos hace más vulnerables a hacernos adictos a los sucedáneos que nos venden en el circo: 

- Talleres de iluminación express (si hace falta, aderezados con psicodélicos para que la inversión tenga efectos especiales rápidos).

- Retiros de silencio impartidos por maestros cuyos egos no se callan.

- Charlas de “papagayos” verborreicos e hipnóticos que siempre repiten las mismas pláticas falsamente elevadas, en las que hacen pequeñas variaciones cada día que las repiten, para no cansarse mucho. Así dan la impresión de dar una novedad para mantener enganchados a sus seguidores.

- Pasarelas de divos y de divas en eventos pseudoespirituales, en las que los únicos señores de la fiesta son ellos mismos. La trascendencia brilla por su ausencia o, en todo caso, se menciona, para atrapar la atención de los buscadores espirituales.

- Rituales vacíos de sentido y de consistencia, que generan estados de trance alienantes para hacer adictos a los adeptos.

- Pseudogurús que se han aprendido de memoria mensajes inmemoriales que nos llegan al corazón, pero que acaban vaciando nuestros bolsillos si creemos a quienes los pronuncian. 

- Magos del engaño y del ilusionismo que consiguen hacernos creer que su purpurina espiritual es magia de verdad.

- Malabaristas de la palabrería que nos generan tal estado de confusión que podemos creer que han dicho algo tan elevado que no alcanzamos a comprenderlo.

- Hipnotizadores que nos provocan estados regresivos infantiles para que perdamos el sentido crítico y la capacidad de discernir sus mentiras.

- Payasos vendehúmos que se confunden con maestros.


¿Queremos estos circos? Muy bien, espero que la inversión de tiempo, afecto y economía no dañe vuestras vidas. Buscad una entrada en primera fila, sentaos cómodos y compraros caramelos y palomitas para que se haga más ameno el espectáculo. Pero cerrad bien los ojos para captar las farsas. Y al que critique o proteste de tanta mercadería, hacedle un gaslighting espiritual de libro: “estás proyectando”, “hablas así porque no estás a nuestro nivel”, “realmente solo pueden entender esto las almas despiertas”. ¿Os suena?

¿A dónde vamos así? ¿A dónde se fueron los verdaderos maestros? ¿Por qué no buscamos en el silencio o en la sencillez aquello que plenifica el alma? ¿Para qué tanto circo y tanta vanidad espiritual? Y lo que es peor, ¿por qué tantos se quedan fascinados con esa parafernalia circense disfrazada de espiritualidad legítima?

No queremos darnos cuenta de que volvieron los mercaderes del templo, pero casi nadie dice nada porque prefieren disfrutar del espectáculo de los paraísos artificiales, o de ese “opio del pueblo” que embriaga y que se confunde con la verdad de lo que alimenta la vida. Igual que hay que prescindir de los ultraprocesados y la comida rápida, os invito a ayunar de tantas mentiras y a cultivar alimentos espirituales más nutritivos. Al menos id a buscarlos en donde hay paz, alegría, honestidad y humildad. Huid de ámbitos espirituales llenos de ambición, búsqueda de éxito, protagonismo y llenos de estrés. No merece la pena la pérdida de tiempo, dinero y energía que nos generan. 

lunes, 14 de octubre de 2019

EL "JOKER", ¿UNA EXALTACIÓN DEL NARCISISMO MÁS MALIGNO?



El pasado sábado fui a ver la película "Joker", después de tanta insistencia, por parte de muchos, en que tenía que verla. Me pareció una película muy bien hecha, pero más con respecto a sus formas y despliegue de medios, que en su fondo. No me pareció una película que transmitiera tanto, que su mensaje me resultara realmente sustancial o valioso. 

El aspecto más positivo de la película es el de ayudarnos a comprender como los daños del entorno social y de los traumas infantiles influyen en la génesis de un trastorno mental, en una persona determinada. Está muy bien su lado reivindicativo y de denuncia social. Pero la película, por otra parte, parece poner de manifiesto que es necesario un desenlace hacia la malignidad y la destructividad, ante tanto sufrimiento.  Afortunadamente este no es el recorrido de la mayoría de las personas que atraviesan tales padecimientos. Con esta historia podemos caer en el error de considerar que las personas con traumas y un entorno social adverso u otros trastornos mentales han de acabar siendo necesariamente violentas. Aunque esto pueda suceder en contadas ocasiones, afortunadamente, la mayoría de las personas que sufren situaciones traumáticas e injustas no se vuelven violentas, a pesar del intenso sufrimiento que atraviesan. En algunos casos incluso nos encontramos con que se acaban volcando en ayudar a otros, a pesar del dolor tan intenso que han vivido; desarrollando una intensa sensibilidad ante el sufrimiento ajeno. Pues lo vivido tan duramente les hace comprenderles mejor. Conocen cual es el camino del dolor y quieren hacer algo por aliviar el de los demás.

En el caso del Joker nos encontramos con todo lo contrario. Y lo peor es que podemos acabar pensando que su salida es legítima y justificable. Me parece que, aunque podamos ir comprendiendo la evolución del personaje, en muchos momentos ésta resulta forzada e irreal. Hay cambios de registro que resultan bastante poco creíbles, por su brusquedad. Esos cambios parecen querer convencernos de la idea de que vivir ciertas cosas necesariamente tuviera que llevarle a un gran egocentrismo y a una violencia cada vez mayor. 



En la película vemos que Joker encuentra una salida a su sensación de no existir y de no ser visto, a través de la identificación con la violencia. La situación en la que acaba matando impulsivamente y por propia supervivencia, a tres personas en el metro, le aporta una identidad y un protagonismo que parecen salvarle de su no existir, a través del nuevo personaje con el que se identifica. Un personaje que le aporta sensación de existir para los otros, a pesar de que exista como un despiadado asesino. 

Cuando una persona, como el Joker, experimenta un gran vacío de ser, muchas veces por una profunda carencia de amor en la infancia o por situaciones traumáticas, el mecanismo de supervivencia puede ser la construcción de un “personaje” ficticio en la mente de uno, que parece hacerse visible para otros. Este es el mecanismo del narcisismo. Pero ese “yo” falso es finalmente un tirano que se adueña de la mente de quien le acoge, que se apodera de la psique de una persona débil e incompleta. Ser “algo”, aunque sea de mentira, puede ser más fácil que tolerar la limitación y el vacío de no percibir quién o qué se es. Podemos ver esto bien reflejado en el Joker. En él podemos ver como, al no ser capaz de percibir su propia existencia, se siente sumamente gratificado cuando después de matar a tres personas se vuelve famoso, aún a costa de ser un criminal. Esa identidad se confunde con la del payaso del que estaba disfrazado y acaba tan identificado con ella que prefiere expresarse como ser malvado, antes que dejar de existir. Situación que se complica aún más por el protagonismo creciente que va logrando, pues así parece existir para muchos otros más. Esta situación es parte de lo que le aferra aún más al personaje a través del cual tiene la sensación de existir y de ser al fin visto por tantos otros. Lo que, a su vez, es cada vez más un mayor gran impedimento para conectar consigo mismo y con los demás. El personaje Joker le aleja cada vez más de sí mismo y de su propio dolor. Y arrastra a otros seres perdidos y desorientados que se identifican con él. Otros seres que encuentran identidad y poder a través de una violencia que parece legitimarse en nombre de la justicia.

Al final el mensaje de la película me resulta desesperanzador. Pues el Joker no se encuentra a sí mismo, ni se libera de su profundo dolor. El Joker se autoengaña cada vez más al caer en la ficción de un personaje violento que le aporta protagonismo. Una situación que le permite separarse más del dolor que necesitaría sanar, y que, finalmente será causa de más dolor para sí mismo y de sus semejantes. Esta es la dinámica del narcisismo más maligno. En él, quien lo padece se queda enganchado en una ficción violenta y destructiva que le aporta identidad y protagonismo, en la que egocéntricamente los demás acaban siendo solamente instrumentos para tener más poder, y más protagonismo. 

Tanto éxito de una ficción como esta da que pensar. ¿Será que resulta estimulante a tantos atrapados en un mundo insatisfactorio porque han llegado a creer que la salida heroica es la de la exaltación del propio narcisismo?


sábado, 9 de julio de 2016

NARCISISMO Y ESPIRITUALIDAD. Algunos ejemplos de la vida misma...




Es posible, que algunas personas al leer el título de esta entrada lo consideren paradójico y contradictorio. ¿Narcisismo y espiritualidad? ¿Cómo es posible? Pero… si la espiritualidad tiene que ver con Bondad, Verdad, Belleza… ¿Qué tiene que ver con narcisismo? 



Pues algunas cosas... Hay quienes pueden mezclar la visión narcisista de sí mismos, con la espiritualidad, o bien pueden entremezclarla con elevados ideales que les hacen sentirse importantes y especiales, como ya hemos señalado en entradas anteriores. Y ¿por qué sucede? porque por ejemplo, pueden necesitar sentirse inmensamente bondadosos, verdaderos y bellos y así confundir una verdad parcial personal con una verdad universal, para autorreforzar sus egos poco consistentes. Esto puede reforzar mucho a quienes se sientan vacíos e inadecuados por dentro o también a quién viva una identidad inflada (que sería compensación de lo anterior). De todas formas es importantes saber que esta experiencia puede darse no solamente en quienes compensan sus carencias emocionales con una versión idealizada de sí mismos y por lo tanto viven narcisistamente, sino que este es un riesgo que nos acecha a todos, si perdemos la perspectiva adecuada sobre nosotros mismos, por ejemplo en algún mal momento de la vida. El “ego espiritual” es un riesgo para cualquiera que pierda la perspectiva y no sea capaz de mirar sus limitaciones o de captar la grandeza o la necesidad de los otros (excepto cuando tiene que salir en la foto)… Además, quién está atrapado por su “ego espiritual” pretende adaptar la vivencia espiritual a su visión personal parcial y pensar que su mirada sobre lo espiritual es la única verdadera, la mejor o la más pura. De ahí también derivan numerosos fanatismos… (de los que hay grados más o menos explícitos).

En este post fundamentalmente quiero señalar algunas de las manifestaciones que me he encontrado últimamente:

- Cuando se usa la espiritualidad para satisfacer los deseos personales. Los ejemplos son numerosos, en el sentido de orar solamente para conseguir algo que es de interés de uno o de meditar sólo para sentirse bien o para conseguir proyectar en el futuro la satisfacción de una necesidad egoica (tener una pareja, dinero, poder, etc.), en toda la moda de "el poder de la intención" o lo que ha derivado del libro "El secreto" lo vemos continuamente...

Pero paso a ejemplos más concretos...


-  Alguien que le dice a su pareja, después de llegar de un retiro de meditación que viene muy purificado de ese retiro y que como es posible que ella siga siendo tan limitada y estúpida.


- Alguien que da charlas de espiritualidad hablando de compasión y de amor y que no es capaz de captar el dolor de un amigo cuando éste pide que esté a su lado, pues está muy ocupado con sus grandes planes e importantes actividades sobre la espiritualidad.


- Un hombre que le dice a una mujer que no se tome demasiadas confianzas, que mantenga las distancias, porque él es muy espiritual y no quiere mujeres cerca porque le perturban y le provocan.

- Una persona que habla de la escucha empática, pero que no tiene tiempo para escuchar un rato la desgracia de una persona cercana, salvo que tenga público que pueda tomar consciencia de lo compasivo que es.

- Alguien que no es consciente de que discrimina a otros porque no piensan igual que él.

- Alguien que se aleja de quienes le cuestionan.

- Quien siempre dice estar ahí para sus amigos, pero no se preocupa en preguntarles como están, a pesar de saber que están pasando un mal momento.

- Otra versión es quién se ofrece como alguien dispuesto a ayudar, desde ese “ego narcisista”, para sentirse importante, pero ni entiende ni tolera el dolor del otro, se cansa porque no siente auténtico amor o compasión por la otra persona. Si ayuda a otros es por sentirse importante y protagonista y/o por ver su identidad idealizada reforzada, no porque los demás le importen realmente.

- Alguien que milita exageradamente en una opción política, sin ser capaz de escuchar los planteamientos de quienes tienen otras opciones o de dialogar con ellos, pensando que su posición es la que nos salvará de todas las desgracias.

- El uso de una identidad religiosa (ser monja, monje, sacerdote, gurú, maestro, etc.), para tener poder, identidad, recibir admiración o tapar sus vacíos emocionales, por no hablar de defenderse de los aspectos de sí que no puede tolerar por resultarle conflictivos, de los que se defiende construyendo un personaje idealizado que utiliza para moverse por el mundo, pues ese personaje idealizado es puro, íntegro y queda bien de cara a la galería. En este caso la admiración de los demás, la notoriedad pública o del deseo de un progreso espiritual para sentir que uno se supera a sí mismo y se consigue convertir en super-humano, son más importantes que la verdad, la honestidad, o el amor por los demás, etc. En estos casos la imagen del personaje que se representa se considera más importante que el ser real (al que no se conoce y sufre numerosos vacíos) y se idolatra, en el sentido de suplantar cualquier verdad genuina o impedir relaciones reales de otros que puedan mostrar las incongruencias del personaje que se pretende representar.

- Aquél que no se da cuenta de que realmente no ama a otros, ya que ni es consciente de que no se ama a sí mismo... Estas personas creen amarse e incluso hablan de amor, porque en ellos hay un anhelo de ese amor o saben que ese tema llama la atención de la gente.

- Si son hábiles pueden seducir bien a otros y pueden ser especialmente hábiles en provocar admiración, enamoramientos, seguidores incondicionales, dado que inconscientemente necesitan ese tipo de público para mantener su identidad y las personas que caen en esas dinámicas necesitan agarrarse a alguien que les necesite para sobrevivir. Como pueden sentir que su vida depende de esa admiración, su capacidad para conseguirla puede ser grande, ya que invierten mucha energía en ello. En estos casos se da una complementariedad de víctima-salvador, o de vulnerable-fuerte, etc. que se retroalimenta mutuamente para mantener la identidad de cada parte como en un juego de roles. La persona dependiente necesita alguien que dependa de él, que por ejemplo puede ser un narcisista necesitado de admiradores y de seguidores.



Habría muchos más ejemplos, pero con estos podemos tomar consciencia de dinámicas que se dan a nuestro alrededor, para no caer en ellas o para no dejarnos manipular o engañar por ellas. No se trata de acusar, sino de mirar las trampas que nuestro ego nos puede tender y de no dejarnos arrastrar por embaucadores...

Añado a lo dicho una descripción que leí recientemente de Jorge Ferrer, que también me parece ilustrativa del asunto: 

“Por narcisismo espiritual entiendo un conjunto de distorsiones del camino espiritual relacionadas entre sí, como la inflación del ego (el engrandecimiento del ego alimentado por las energías espirituales), la absorción en uno mismo (la preocupación excesiva por el propio estatus y logros espirituales) y el materialismo espiritual (la apropiación de la espiritualidad para reforzar formas de vida egoicas). Tal como lo veo, el hilo común que une todas estas trampas es lo que llamo narcisismo espiritual (es decir, el mal uso de las prácticas, energías o experiencias espirituales para reforzar formas egocéntricas de existencia). Los principales síntomas del narcisismo espiritual son, entre otros:

Un frágil sentido de poder personal y de amor propio.

Preocupación por comparar el nivel espiritual en el que uno se encuentra.

Hablar constante y repetidamente de las experiencias y logros espirituales propios.

Una fuerte necesidad de reafirmación positiva y de alabanza.

Inquietud por ser especial, afán de ser elegido para algún propósito espiritual distinguido o ser el preferido o preferida de algún maestro o maestra espiritual.

Una idealización o demonización extrema de los maestros espirituales.

Graves dificultades para trabajar con figuras de autoridad.

Una susceptibilidad exagerada y una postura defensiva contra cualquier tipo de crítica."


Del libro "Espiritualidad creativa" de J. Ferrer. Ed. Kairós 2003.



Como complemento os recomiendo el libro de Alexander Lowen sobre el narcisismo, titulado “El narcisismo. Una enfermedad de nuestro tiempo”. 


miércoles, 20 de noviembre de 2013

EL SÍNDROME DEL CATEDRÁTICO



Muchas veces me he preguntado para qué quieren muchos llegar a ser catedráticos, especialmente, cuando he visto a compañeros en la universidad sudando la gota gorda para conseguirlo. Y también me he planteado si no habría una especie de cuadro sintomático en común (un síndrome) entre algunos de los que aspiran a ello, o lo consiguen.

Hace años creía que la principal motivación podía ser la vocación docente, pero… ¿entonces por qué los catedráticos dan menos clases que los demás? Si tienen una gran vocación docente ¿no deberían dar más?

También me he preguntado si es para investigar más, pero también me encuentro con catedráticos que precisamente, desde que lo son, investigan mucho menos, pues parecen haber logrado su objetivo, ser catedráticos. Cuando veo a colegas investigando compulsivamente, a la caza de tesis que dirigir para engordar su curriculum, buscando la posibilidad de publicar como sea, aunque no tengan mucho que decir, en una especie de competición hasta el infinito, me sigo preguntando ¿para qué? ¿para ser catedráticos? ¿y para qué sirve eso?

Recuerdo el caso de un colega que justo después de sacar su cátedra me decía que se daba cuenta de lo absurdo que había sido trabajar tantísimo en su vida para conseguir ese título. Se daba cuenta de que había sacrificado demasiado, para “nada”. En este caso había seguido la opción “legal”, trabajar mucho para conseguir su objetivo. Otro caso a analizar serían aquéllos que lo consiguen mediante corruptelas diversas.

Otras hipótesis que se me ocurren son la de la ganancia económica, los catedráticos sí ganan más dinero. Pero no parece ser esta la única motivación, pues algunos tienen otros medios de ganar dinero, como es el caso de los médicos.

¿Y algo relacionado con el ego? No sé por qué me da la sensación de que la titulación de catedrático y el ego suelen tener alguna misteriosa conexión. Y, con frecuencia, he llegado a plantear si no habrá un “Síndrome del catedrático”, cuando veo a algunos de ellos apoyando sus afirmaciones, más o menos racionales, en que es catedrático, como si hablara desde el Olimpo de los dioses. ¿Será que esa sensación de hablar desde el Olimpo es lo que forma parte del deseo del acceso a esa parcela de poder? Pues quién sabe… Puede ser una hipótesis a considerar…

Con respecto a lo que se me ha ocurrido llamar el “Síndrome del catedrático” lo que sí veo es un cuadro aparentemente sintomático, en el que suelen aparecer muchas de las siguientes manifestaciones:

1) En la primera etapa, la de los síntomas prodrómicos, es decir, previos a la plena ebullición del síndrome, nos encontramos con jóvenes ambiciosos que compiten, como si les fuera la vida en ello por destacar en sus estudios. Suelen ser competitivos, individualistas, egoístas y con poca empatía ante los problemas académicos de los compañeros, sobre los que vierten una mirada de “evidente” superioridad, a la vez que no es difícil captar algún “complejillo” de fondo.

2) Posteriormente nos encontramos con la etapa del inicio de la escalada académica. En ella, la persona en cuestión ha logrado un buen rendimiento académico, fruto de su ambición y dedicación. Si tiene suerte puede conseguir una beca para colaborar en un departamento universitario, en el que con más o menos habilidad se va infiltrando. Es curioso, pues en esta fase pueden aparecer habilidades sociales que hasta el momento permanecían ocultas, en forma de actitudes de “simpatía” y “reverencia” hacia los que tienen que tomar las decisiones importantes en su departamento. También desarrollan una gran capacidad de servicio ante las necesidades que se detectan en los superiores y se mantiene la capacidad de gran sacrificio y abnegación, para darlo todo por el trabajo. Familia y amigos pasarían a un segundo nivel, encontrándonos, en ocasiones síntomas de grave aislamiento social. Aparecen también con frecuencia síntomas obsesivos en torno al trabajo de investigación que se esté realizando y las diversas posibilidades de seguir trepando por los muros de su departamento.



3) En una etapa posterior, el candidato a llegar al punto álgido del síndrome, se suele volver antipático hacia colegas que considera a un nivel inferior y/o equivalente, y vuelve a competir salvajemente, en cuanto llega a tener un mínimo de seguridad en su plaza de profesor. Si puede roba ideas a los que pilla por ahí y no tiene escrúpulos en usarlas apropiándoselas como medallas que se lucen en los diversos actos en los que hay ocasión de hacerlo.

4) Y seguimos avanzando, el sujeto sigue trepando meticulosamente y desarrolla unos reflejos casi sobrehumanos para acoplarse a proyectos de investigación, pedir financiaciones, captar a incautos que quieren que se les dirija la tesis, publicar, etc. Las relaciones sociales no suelen ir bien y pueden empezar las primeras manifestaciones de los delirios de grandeza.

5) Por último el síndrome entra en plena ebullición cuando el personaje en cuestión consigue su cátedra. Parecen desaparecer súbitamente los complejos que pudieron manifestarse antaño y sus palabras suelen estar imbuidas de un aura de seguridad, sobre cualquier tema que se le plantee. Da igual que éste hable de sus trabajos de investigación, de cine, del tiempo o de la vida privada de sus amigos. Los delirios de grandeza suelen estar totalmente asentados y pueden empezar delirios persecutorios, con respecto a competidores o colegas por los que pueden sentirse especialmente amenazados. Incluso, a veces se desarrolla un odio irracional hacia quienes tienen ideas diferentes, hay una gran intolerancia y una rigidificación del pensamiento sobre cualquier cosa, que se aleje de la propia visión personal (puede ser que vuelva algo del os “complejillos”). El sujeto que creía que por fin había logrado la tranquilidad, vuelve al punto 1 de hipercompetitividad con quién considera iguales (otros catedráticos) y suele sentirse cómodo solamente con quienes más le doran la píldora (que suelen ser los aspirantes a su puesto).

Evidentemente no todos los catedráticos sufren de semejante síndrome. Solamente podemos hablar de ello, cuando se da un alto porcentaje de los síntomas mencionados y el sujeto mantiene el mismo tono de sumo profesor esté dando clase a sus alumnos o hablando de fútbol con sus amigos. Entonces el personaje del catedrático se ha apropiado de él y no sabe distinguir su actividad docente de una conversación informal.

También señalar que algunos que no llegan a catedráticos también sufren alguna manifestación de este síndrome, pues les produce una gran amargura no haberse subido al ansiado pedestal y van vagando como sombras por la universidad.

Es posible que tenga cura con la jubilación. Aunque lo malo es que algunos nunca se jubilan pues se quedan incrustados en la universidad hasta su muerte. También es posible que ciertas crisis en la vida les aporten humildad, consciencia y sabiduría y, entonces puedan vivir como el común de los mortales, sin necesidad de andar todo el día subidos a un pedestal, atosigando con datos y lecciones a cualquiera que se les pasa por delante.

¿Qué os parece? ¿Habéis identificado estos “síntomas” en algún catedrático o aspirante a serlo?

sábado, 23 de marzo de 2013

¿ESPIRITUALIDAD EGOCÉNTRICA?




Desde hace siglos y me atrevería a decir, que desde hace miles de años, diversos sabios nos advierten del peligro de que se nos suba a la cabeza el estar avanzando algo en el camino espiritual.

En casi todas las tradiciones nos encontramos con la descripción de problemas asociados a que la práctica espiritual se adapte a nuestros propios deseos (exigiéndole a Dios mediante nuestra práctica que los cumpla), que pretendamos que Dios sea una extensión de nuestro propio ego o que, incluso confundamos la expresión de los místicos de ser uno con Dios, con confundir a nuestro ego con Dios, llevándolo a un hiperinflamiento insoportable para nuestros congéneres.

Parece que estas advertencias que nos previenen frente a los problemas derivados del egocentrismo en la vida espiritual, se han perdido en muchos ámbitos de tipo espiritual actuales. Muchas prácticas espirituales son accesibles, hoy en día, a cualquiera, que impregnado por el individualismo de nuestra cultura, pretende seguirlas sin que nadie le marque pautas o le guíe y mucho menos que le corrija en cualquiera de los errores de planteamiento que pueda cometer.

Tomemos como ejemplo la práctica de la meditación, algo cada vez más extendido en Occidente. En este caso, cada vez son más las personas que utilizan la meditación, en muchos casos egocéntricamente, para beneficiarse a sí mismos: para mejorar su salud física y mental, para aprender a controlar su mente, para aprender a relajarse, para desarrollar mayores capacidades cognitivas, etc. Si bien todo esto tiene su utilidad, se corre el riesgo, si se pierden marcos de referencia más amplios, de usar la meditación al servicio de nuestro ego, para sentirnos más perfectos y, lo que es el colmo, superiores a otros a los que miramos desde la “ecuanimidad”, la “compasión” o el “desapego”.  Problema que puede agravarse si nos sentimos “iluminados” o mirando desde un “estado superior de la conciencia”, a los pobres mortales que no meditan o que no siguen el mismo camino espiritual que el nuestro.



Si nos molestamos en culturizarnos un poco al respecto de la meditación (que se practica en todas las tradiciones) y no nos limitamos a copiar pautas como monos repetidores, nos damos cuenta de que las instrucciones que seguimos en la práctica meditación surgen dentro de un contexto más amplio, de tipo religioso o sapiencial, con una cadena de personas experimentadas que nos preceden y advierten del para qué de la práctica meditativa: LA TRASCENDENCIA. La trascendencia, entre otras cosas, de nuestro propio ego, o dicho de otro modo, de nuestra forma de empeñarnos en que la realidad satisfaga nuestros deseos, etc. Si nos desconectamos del pasado de las tradiciones espirituales y nos mantenemos en la más “beatífica” ignorancia, instrumentalizando ciertas prácticas y mirándonos el ombligo aplacado por la meditación, podemos caer en el mayor de los errores, un egocentrismo creador de patologías narcisistas, inflador de egos que alimenta la vanidad y la soberbia, de una forma que acaba siendo autodestructiva. Y lo que es peor, podemos creernos muy espirituales, cuando lo único que hacemos es entrenar neuronas en estar atentas, sin ser capaces de trascendernos a nosotros mismos, con lo cual, la práctica no sirve para nada más que para volvernos unos sujetos insoportables para el resto del mundo, que no nos comprenderá y que hará que las personas sensatas huyan despavoridas ante nuestra vanidad y suficiencia.

A modo de conclusión, considero que aunque haya unos grandes beneficios mediante la práctica de la meditación (sea esta de Oriente o de Occidente), esta práctica no debe desligarse de su contexto original y menos aún de las prevenciones y advertencia de los maestros que nos precedieron, acerca de sus peligros, como es el de de habernos perdido completamente, mientras nos creemos en la posesión de la piedra filosofal, sumidos en un delirio místico que nos aleja de la realidad y de las relaciones humanas saludables. Para este delirio y otras patologías espirituales derivadas del egocentrismo, el antídoto y la vacuna fundamental se resumen en una palabra: HUMILDAD.

Os dejo un vídeo muy gracioso, como colofón, que nos hace una buena caricatura de la inflación espiritual: