Mostrando entradas con la etiqueta Psicopatología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Psicopatología. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de junio de 2025

¿SE PUEDE SUPERAR EL NARCISISMO?

 

    La mayoría de los discursos imperantes hoy en día sobre la cuestión del narcisismo, están centrados en la demonización y exclusión de las personas narcisistas, sin que lleguen a matizarse muchas cosas, cerrando cualquier posibilidad a su mejora o transformación. Sin pretender negar en absoluto el grave daño que puede hacer a otros alguien que padezca un narcisismo patológico, o quien tenga conductas de tipo narcisista, considero que es preciso ser prudentes con diagnósticos precipitados o con sentencias que condenan al ostracismo perenne a quienes lo padecen, rompiendo cualquier esperanza de cambio cuando sea posible.

    En primer lugar sería preciso hacer una clara diferenciación entre lo que es un trastorno narcisista de la personalidad y los síntomas o comportamientos narcisistas que no llegan a la gravedad de este trastorno, y que pueden darse en muchas personas con diferentes intensidades. Además, dentro de lo que llamamos trastorno narcisista de la personalidad, también podemos considerar que se dan grados de gravedad.  

    El trastorno de personalidad narcisista o narcisismo patológico sería una forma cristalizada y estable del narcisismo y se cumplirían una serie de criterios diagnósticos (al menos 5) que pondrían de manifiesto en quienes tienen un "Patrón dominante de grandeza (en la fantasía o en el comportamiento), necesidad de admiración y falta de empatía, que comienza en las primeras etapas de la vida adulta y se presenta en diversos contextos" (DSM-5, p. 365) y con al menos 5 síntomas de los que se enumeran en el DSM-5Para llegar a un diagnóstico de narcisismo es necesaria la evaluación de un experto en salud mental que sepa de narcisismo. No es un diagnóstico que deba ponerse a la ligera y menos ante lo que nos parezcan malos comportamientos y egoísmos de otros. Pues no todo mal que puede llevar a cabo un ser humano responde a una etiqueta psiquiátrica.

    Pero el tema en el que quiero centrar hoy mi escrito parte de mi grata sorpresa ante lo que me ha comunicado un lector de mis libros, que pone de manifiesto la posibilidad de "despertar" del narcisismo, para emprender un cambio hacia una mejor manera de estar en el mundo. Desconozco cuál ha podido ser su grado de narcisismo, pero lo importante es lo que plantea, poniendo de manifiesto su clara intención de salir de ello. Ojalá su mensaje sirva de inspiración y ejemplo a quienes viven atrapados en dinámicas narcisistas y para los que no crean en la posibilidad de cambio


Hola Maribel. Mi nombre es X y tengo 61 años. He leído sus dos libros, "Liberémonos del narcisismo" y "Más allá del narcisismo espiritual", por recomendación de un conocido suyo. Su lectura me está ayudando mucho en el proceso de autoconocimiento que inicié cuando tenía 30 años, tras una ruptura matrimonial. Sin embargo, más que darme luz, me servía para calmar mi conciencia (de ello comienzo a darme cuenta). Hace dos años volví a ese proceso de autoconocimiento, forzado por una experiencia de ruptura provocada por una actitud que ahora puedo nombrar gracias a sus libros. Reconozco en mí muchos de los rasgos narcisistas que describe en ellos. Me genera dolor reconocerlo porque veo que estos rasgos han condicionado muy negativamente mis experiencias de relación. Al mismo tiempo, hay algo dentro de mí que me dice que, a pesar del dolor, es una fase que debo pasar. La búsqueda, quiero pensar, genuina de trascendencia, me está ayudando a descentrarme de mí, verme de manera muy diferente y, sobre todo, "ver" a los demás por primera vez. Hace poco experimenté cuán importantes eran las personas que pasaban a mi lado, ¡existían¡ Aunque ando bastante desorientado, sobre todo por no saber cómo reparar el daño hecho especialmente a una persona supuestamente "querida" por mí, tengo la esperanza de que esta nueva fase "tardía" me transforme interiormente hacia algo más auténtico y, sobre todo, más libre. Gracias por ayudarme a descubrirlo


Si bien es cierto que es más fácil superar "rasgos narcisistas" que un trastorno narcisista de la personalidad, mensajes como este ponen de manifiesto que las personas pueden hacerse conscientes de sus errores y rectificar. En un mensaje posterior, esta persona refiere que le ha ayudado a despertar la "reacción total de rechazo" por parte de alguien con la que convivió más de 10 años y con quien le "unía un fuerte vínculo de amistad". Hacerse consciente del daño provocado y del desconcierto causado ha sido parte de lo que le ha servido para iniciar su transformación y leer sobre narcisismo le ha ayudado a poner palabras a parte de sus dinámicas equivocadas.


También considero importante las siguientes reflexiones de la misma persona, y que quizás puede ayudarnos a muchos a reflexionar acerca de las actitudes que estamos promoviendo con respecto a los comportamientos narcisistas: 


Te agradezco también la “compasión” que se desprende en aquellos apartados del libro en los que te pones en el lugar o intentas entender, en la medida de lo posible, a los que nos identificamos con este tipo de personalidad, adquirida más por heridas del pasado que por el simple deseo de hacer daño a las personas que nos rodean. Con ello no estoy justificando actitudes de abuso y violencia psicológica de las cuales me arrepiento, sino intentando entender por qué he actuado en el pasado así. Espero que este proceso me ayude a tener relaciones más maduras en el futuro. Me ayuda también a ver que mis rasgos narcisistas están presentes en todos mis hermanos, ya que veo un nexo común en nuestra historia familiar. En este sentido, esa identificación me está ayudando a tener más empatía hacia ellos al ver que podrían haber sufrido carencias afectivas similares a las que yo experimenté en mi infancia y adolescencia. Esto es algo que estoy empezando a descubrir…


Me parece importante tomar en consideración testimonios como este y desde ya felicito a su autor y le animo a seguirse liberando de la trampa narcisista. ¡Mucha suerte en tu camino y gracias por tu aportación! 


Por otra parte, debemos pensar que si el narcisismo viene con frecuencia condicionado por traumas y heridas del pasado. ¿Es correcto condenar y demonizar sin empatía a quienes lo padecen? ¿No estaremos combatiendo el narcisismo de una manera narcisista que no da ningún lugar a la posibilidad de que algunas personas puedan lograr salir de él?


Os invito a reflexionar al respecto, a la vez que el ser conscientes de las dinámicas narcisistas de otros nos permitan protegernos de las conductas abusivas y rechazarlas, como quién ayudó a despertar a quién me ha escrito. Como sociedad estamos condenados al fracaso si solo demonizamos a quienes se equivocan y no alentamos la posibilidad de cambio, siempre y cuando el otro esté dispuesto a planteárselo o a pasar por una psicoterapia que le resulte de ayuda, en caso de ser necesario. A los mismos profesionales de la salud mental nos parece muy difícil el cambio de personas así y muchas veces imposible, pero no debemos cejar en el empeño de desarrollar tratamientos y de alentar la reflexión ante la posibilidad de salir de ello. En ciertos casos parece que sí es posible.


* Nota: la publicación del testimonio cuenta con el consentimiento de su autor.





lunes, 14 de octubre de 2019

EL "JOKER", ¿UNA EXALTACIÓN DEL NARCISISMO MÁS MALIGNO?



El pasado sábado fui a ver la película "Joker", después de tanta insistencia, por parte de muchos, en que tenía que verla. Me pareció una película muy bien hecha, pero más con respecto a sus formas y despliegue de medios, que en su fondo. No me pareció una película que transmitiera tanto, que su mensaje me resultara realmente sustancial o valioso. 

El aspecto más positivo de la película es el de ayudarnos a comprender como los daños del entorno social y de los traumas infantiles influyen en la génesis de un trastorno mental, en una persona determinada. Está muy bien su lado reivindicativo y de denuncia social. Pero la película, por otra parte, parece poner de manifiesto que es necesario un desenlace hacia la malignidad y la destructividad, ante tanto sufrimiento.  Afortunadamente este no es el recorrido de la mayoría de las personas que atraviesan tales padecimientos. Con esta historia podemos caer en el error de considerar que las personas con traumas y un entorno social adverso u otros trastornos mentales han de acabar siendo necesariamente violentas. Aunque esto pueda suceder en contadas ocasiones, afortunadamente, la mayoría de las personas que sufren situaciones traumáticas e injustas no se vuelven violentas, a pesar del intenso sufrimiento que atraviesan. En algunos casos incluso nos encontramos con que se acaban volcando en ayudar a otros, a pesar del dolor tan intenso que han vivido; desarrollando una intensa sensibilidad ante el sufrimiento ajeno. Pues lo vivido tan duramente les hace comprenderles mejor. Conocen cual es el camino del dolor y quieren hacer algo por aliviar el de los demás.

En el caso del Joker nos encontramos con todo lo contrario. Y lo peor es que podemos acabar pensando que su salida es legítima y justificable. Me parece que, aunque podamos ir comprendiendo la evolución del personaje, en muchos momentos ésta resulta forzada e irreal. Hay cambios de registro que resultan bastante poco creíbles, por su brusquedad. Esos cambios parecen querer convencernos de la idea de que vivir ciertas cosas necesariamente tuviera que llevarle a un gran egocentrismo y a una violencia cada vez mayor. 



En la película vemos que Joker encuentra una salida a su sensación de no existir y de no ser visto, a través de la identificación con la violencia. La situación en la que acaba matando impulsivamente y por propia supervivencia, a tres personas en el metro, le aporta una identidad y un protagonismo que parecen salvarle de su no existir, a través del nuevo personaje con el que se identifica. Un personaje que le aporta sensación de existir para los otros, a pesar de que exista como un despiadado asesino. 

Cuando una persona, como el Joker, experimenta un gran vacío de ser, muchas veces por una profunda carencia de amor en la infancia o por situaciones traumáticas, el mecanismo de supervivencia puede ser la construcción de un “personaje” ficticio en la mente de uno, que parece hacerse visible para otros. Este es el mecanismo del narcisismo. Pero ese “yo” falso es finalmente un tirano que se adueña de la mente de quien le acoge, que se apodera de la psique de una persona débil e incompleta. Ser “algo”, aunque sea de mentira, puede ser más fácil que tolerar la limitación y el vacío de no percibir quién o qué se es. Podemos ver esto bien reflejado en el Joker. En él podemos ver como, al no ser capaz de percibir su propia existencia, se siente sumamente gratificado cuando después de matar a tres personas se vuelve famoso, aún a costa de ser un criminal. Esa identidad se confunde con la del payaso del que estaba disfrazado y acaba tan identificado con ella que prefiere expresarse como ser malvado, antes que dejar de existir. Situación que se complica aún más por el protagonismo creciente que va logrando, pues así parece existir para muchos otros más. Esta situación es parte de lo que le aferra aún más al personaje a través del cual tiene la sensación de existir y de ser al fin visto por tantos otros. Lo que, a su vez, es cada vez más un mayor gran impedimento para conectar consigo mismo y con los demás. El personaje Joker le aleja cada vez más de sí mismo y de su propio dolor. Y arrastra a otros seres perdidos y desorientados que se identifican con él. Otros seres que encuentran identidad y poder a través de una violencia que parece legitimarse en nombre de la justicia.

Al final el mensaje de la película me resulta desesperanzador. Pues el Joker no se encuentra a sí mismo, ni se libera de su profundo dolor. El Joker se autoengaña cada vez más al caer en la ficción de un personaje violento que le aporta protagonismo. Una situación que le permite separarse más del dolor que necesitaría sanar, y que, finalmente será causa de más dolor para sí mismo y de sus semejantes. Esta es la dinámica del narcisismo más maligno. En él, quien lo padece se queda enganchado en una ficción violenta y destructiva que le aporta identidad y protagonismo, en la que egocéntricamente los demás acaban siendo solamente instrumentos para tener más poder, y más protagonismo. 

Tanto éxito de una ficción como esta da que pensar. ¿Será que resulta estimulante a tantos atrapados en un mundo insatisfactorio porque han llegado a creer que la salida heroica es la de la exaltación del propio narcisismo?


miércoles, 28 de junio de 2017

¿CUÁNDO NO SE DEBE MEDITAR? CONTRAINDICACIONES DE LA MEDITACIÓN


Max Ernst, Grätenwald, 1926

La meditación se está convirtiendo en un fenómeno de masas. Es raro quien hoy en día no ha oído hablar de la meditación o no ha hecho algún tipo de práctica meditativa.

La mayoría de las personas que conozco que hacen meditación la practican para su bienestar psicológico, para estar tranquilos, relajados o centrados. En otros casos la meditación forma parte de algún tipo de práctica espiritual o de un proceso de crecimiento personal o de autoconocimiento. No obstante, no es raro encontrar a personas que están en contra de cualquier planteamiento religioso y/o espiritual, que son fieles devotas de la práctica meditativa. 

Por otra parte, son numerosos los estudios en los que se defienden los beneficios de la meditación, aunque no todos son suficientemente rigurosos. Los estudios más serios nos muestran que la meditación puede beneficiar la salud mental, en algunos casos (sobre todo para prevenir recaídas de la depresión) y servir de tratamiento complementario a la psicoterapia en otros. En este link tenéis una interesante revisión crítica sobre el tema: https://www.researchgate.net/publication/309475612_What_is_mindfulness-based_therapy_good_for 

De lo que hay pocos trabajos es sobre los riesgos o dificultades asociados a la práctica de la meditación, aunque los grandes maestros de las grandes tradiciones ya han señalado desde hace muchos siglos, que la meditación puede tener algunos riesgos, generar malestar, removernos internamente o ponernos a prueba… Como decía un colega “un método poderoso puede ser también peligroso”. 

La meditación puede ayudarnos, siempre y cuando ésta sea enseñada por un guía experimentado y se aplique en un momento adecuado. La meditación no es una psicoterapia, pues no fue diseñada como tal, y siempre ha formado parte de un programa más completo de evolución personal. Es decir, ha estado conectada con el cultivo de la sabiduría (estudiar, pensar, etc.) y con la práctica de la ética. Si no es así, también hay numerosos ejemplos de cómo se puede usar al servicio de intereses egoístas (como podemos comprobar con toda la moda del McMindfulness en las grandes empresas o de personas que quieren aumentar su poder mental, pero no tener en cuenta a su prójimo). 

Pero la meditación también nos puede hacer sentir mal, pues el mirar adentro puede mostrarnos nuestras limitaciones, contradicciones, fantasmas, etc. Algo muy saludable si estamos dispuestos a hacer un camino de profundización y de autoconocimiento, pero perjudicial si no sabemos realizar el camino de forma adecuada. Ya me extendí en un post anterior sobre los efectos adversos de la meditación: http://maribelium.blogspot.com.es/2014/10/puede-producir-la-meditacion-efectos.html?q=meditación

En este post, sobre todo, quiero poner de relieve la importancia de NO HACER MEDITACIÓN si estamos en alguna de las situaciones siguientes, ya que, en estos casos, puede empeorar nuestro estado psíquico. Es decir, estas serían las principales CONTRAINDICACIONES DE LA MEDITACIÓN:

- Estar en un momento de duelo que genere intenso sufrimiento. Esto lo podemos ver especialmente en las primeras etapas de un duelo. En estos casos la meditación nos puede hacer sentir más intensamente el sufrimiento y desajustarnos psíquicamente. En casos de meditadores avanzados sí podría ser de ayuda, pero adaptando la práctica al proceso que se está viviendo.

- Estar atravesando una crisis personal que genere síntomas como ansiedad, excesiva tristeza, insomnio, síntomas psicosomáticos intensos y otros que interfieran significativamente con nuestra vida diaria. Puedo decir lo mismo de meditadores avanzados, que en el caso anterior.

- Tener ataques de pánico (también llamados crisis de ansiedad).

- Tener antecedentes de episodios psicóticos: por ejemplo dentro de un trastorno de la personalidad, trastorno bipolar, esquizofrenia, trastorno esquizoafectivo, psicosis reactiva breve, etc. En los casos que se tenga un diagnóstico de trastorno de personalidad, se puede hacer meditación en algunos casos, pero es fundamental que la práctica de la meditación sea orientada por un profesional de la salud mental, y en paralelo con un proceso de terapia.

- Trastornos de la personalidad: Estaría especialmente contraindicada en personalidades esquizoides, esquizotípicas y paranoides. En el trastorno límite de la personalidad se puede aplicar mindfulness con estricta supervisión terapéutica y con profesionales de la salud mental experimentados en aplicar meditación a este tipo de pacientes. En casos de trastorno narcisista de la personalidad o personas con importantes rasgos narcisistas, pueden intensificarse estos rasgos.

- Haber sido diagnosticado de un trastorno disociativo, pues la meditación puede aumentar la disociación. 

- Haber sido diagnosticado de un trastorno somatoforme: hipocondriasis o síntomas graves des somatización.

- Trastorno de estrés agudo: las semanas posteriores a una situación traumática, la meditación puede aumentar la sintomatología y el sufrimiento. La excepción pueden ser meditadores experimentados que saben manejar las emociones difíciles con la meditación. 

- Trastorno de estrés postraumático: en algunos casos la meditación puede intensificar los síntomas o reactivarlos. Es importante la supervisión de un profesional de la salud mental en estos casos y que se apliquen técnicas específicas adecuadas a la persona y a este tipo de trastorno.

- Como única terapia cuando hay dificultades psicológicas: algunas personas confunden meditación con psicoterapia y creen que la meditación les puede “sanar”. En estos casos lo más probable es que la meditación empeore su estado, incluso aunque se disfrace de mejoría porque produzca algún estado de relajación y de bienestar.

- Meditar con un guía poco experimentado o sectario: muchas personas enseñan meditación sin un recorrido serio previo, o sin suficientes conocimientos. Llevan a otros por territorios desconocidos para ellos mismos, pues cada vez son más frecuentes las titulaciones de meditación, sin exigirse una base adecuada o una suficiente práctica y experimentación. En este tema, es fundamental que quien nos guía tenga años de práctica en el camino de la meditación, muestre unos mínimos de equilibrio psíquico, humildad y sentido común. En los casos en los que haya diagnóstico psiquiátrico es preferible hacer la práctica con un profesional de la salud mental, también experimentado en el tema.

En caso de duda, si queremos meditar, mejor consultar con un profesional de la salud mental que también sepa sobre meditación y/o con un maestro que tenga amplia experiencia en el tema. También es importante señalar que según el tipo de meditación, tendrá más o menos riesgos o más o menos beneficios según el momento personal, etapa del camino, etc.

jueves, 7 de enero de 2016

LA ADICCIÓN A UNO MISMO


Últimamente le doy vueltas a la posibilidad de que exista una nueva adicción, no incluida en la clasificación internacional de enfermedades mentales, pero no por ello menos dañina o peligrosa: la adicción a uno mismo.

He empezado a planteármela después de ir conociendo diversas personas que dicen que quieren estar bien, mejorar su vida, ser felices o tener éxito, pero que también, de manera implícita o explícita dejan de manifiesto que no piensan cambiar en nada. Quieren otra vida, pero piensan han de cambiar los otros o que el mundo ha de cambiar sus leyes por ellos. Afirman que no tienen nada que cambiar pues todo en ellos “es así” porque son “auténticos”. Es curioso como incluso algunas personas en esta línea hablan de inquietudes espirituales, pero con la premisa de que antes o después el universo o Dios han de cumplir sus deseos (echadle un vistazo al libro “El Secreto”) y, si esto no se produce, el problema es del universo o de Dios, pero nunca de ellos.



Si a una de estas personas no le gusta algo tuyo, te lo dirán, porque se están “expresando” y así “fluyen”, porque son “espontáneas” y te dicen lo que piensan para que cambies tú, que eres el que tienes problemas, al no ver las cosas igual que ellos. Me pregunto por qué nadie les ha explicado la diferencia entre espontaneidad e impulsividad…

Otras manifestaciones de esta dolencia son:

-  Excesiva competitividad con cualquiera, que si les supera ha de desaparecer de su periferia lo antes posible. Pero no la reconocerán, los demás son quienes les quieren fastidiar compitiendo con ellos, porque les tienen envidia.

- Excesiva exigencia hacia todo el mundo, con gran tolerancia a todo lo que ellos hacen, especialmente con sus errores.

- El mundo ha de adaptarse a su mentalidad, ellos se sienten inadaptados e incomprendidos, por todos los demás que son ignorantes, limitados, etc., ya que no ven las cosas igual que ellos.

- La gente les tiene que querer, sin plantearse seriamente si son capaces de querer a otras personas.

- Sus gustos son siempre los mejores y que cualquier otra apreciación es inadecuada.

- No van a terapia, porque no tienen nada que cambiar y, si van, no les vale ningún terapeuta porque pretende mostrarles perspectivas diferentes a las suyas. Por otra parte consideran rebajarse, el hecho de aprender algo de otra persona, con lo cual las diversas terapias no les pueden aportar mucho.

- Discurso cerrado y reiterativo, sobre sus virtudes o sobre sus problemas. En el segundo caso siempre hay un halo de drama, que parece darles más glamour o autoimportancia.

- Gran dificultad o imposibilidad para dialogar. Suelen mantener un monólogo en la relación con los demás, sin que escuchen a su interlocutor.

- Prefieren la soledad porque todo el mundo es imperfecto y se equivoca.

- Suelen mantener largos soliloquios consigo mismos y creen que su manera de pensar es mejor que la de cualquier otra persona, salvo la excepción de algún gran genio de la historia con el que se equiparan.

- No entienden como nadie se da cuenta de sus grandes virtudes, lo que aún les enfada más con los demás.

- Pueden ser adictos a cuidar su imagen y a causar buena impresión en público, lo que puede llevarles largas horas de ensayo y autocuidados, para mantener su poder seductor.



- Ante la más mínima confrontación pueden asomar sus afiladas garras y ponerse de manifiesto su tremenda agresividad ante lo que pretenda hacerles renunciar a la idolatrada imagen que tienen de sí.

Lamentablemente esta es una adicción que va en aumento, y es especialmente grave entre quienes no han tenido límites y se les ha dejado crecer como niños tiranos. Podemos encontrarlos incluso entre quienes pueden agredir física o verbalmente a sus padres con la excusa de que no se adaptan a sus necesidades. A los terapeutas nos pedirán que retroalimentemos su máscara narcisista y que les alentemos en su camino hacia el merecido ´”éxito”.

Algunos se preguntarán por el antídoto… Supongo que es una adecuada educación por padres medianamente maduros, que no hay muchos. Una vez instaurado el mal mucha paciencia por quien trate con ellos, y confiar en que la humildad puede habitar en algún lugar de su alma, alentándoles con encontrar una luz más profunda que los brillos de purpurina con los que quieren alimentar a sus inflados egos… O quizás algún revés del destino les tire del trono de cartón piedra, y les saque de su escenario de gloria y de fuegos artificiales… Confío en que en el fondo de sus almas se mantenga un hilo de sentido común que, en algún momento, pueda conectarse con sus conciencias, y ayudarles a superar el mono de tan lamentable adicción…

Es posible que en el fondo haya un profundo anhelo de amor que quiere llenarse a toda costa, sin buscar el camino real, porque requiere esfuerzo, consciencia y enfrentarse a la propias sombras internas... Espero que ese profundo anhelo pueda colmarse de un amor real, en lugar de esos sucedáneos que solo alimentan a un ego que se va quedando más y más vacío...




domingo, 7 de diciembre de 2014

SOY BIPOLAR. SOY BORDERLINE. SOY PSICÓTICO. EL PESO EXISTENCIAL DE LAS ETIQUETAS DIAGNÓSTICAS


Muchas personas que han recibido un diagnóstico psiquiátrico se definen a sí mismas con el mismo diagnóstico que se les ha dado. Por ejemplo, una persona que tiene un diagnóstico de trastorno bipolar, nos puede decir “soy bipolar”, al igual que alguien con un diagnóstico de trastorno boderline, puede presentarse diciendo “soy borderline”, o alguien con un diagnóstico de psicosis puede decir “soy psicótico”.

Hace algún tiempo me escribió un señor que en su primera frase me escribía: “soy un psicótico crónico”. Recuerdo que le respondí diciéndole que nadie es  “psicótico crónico” y que en todo caso sería una persona que padece un trastorno psicótico crónico. Añadiendo que lo que le define no es una "enfermedad" sino muchas otras cosas de su vida. 

Me resultó sorprendente que ante algo tan obvio me respondiera con grandes muestras de gratitud, planteándome que el darse cuenta de lo que yo le decía cambiaba su panorama existencial, aportándole una dignidad que no conocía. Nunca se había planteado esto y decía sentirse aliviado por mis comentarios. Le abrían una nueva perspectiva que le resultaba fundamental para retomar su identidad de ser humano más completa y para reconocerse como persona.

La etiqueta "psicosis crónica" es un diagnóstico y no una identidad. Nadie es psicótico crónico, al igual que nadie es una apendidicitis. Él, y otros muchos, serán personas que está diagnosticada con una psicosis crónica, que es un trastorno que puede haber dañado una parte de su funcionamiento cotidiano. Pero su persona es mucho más que cualquier etiqueta diagnóstica, pues ante todo son seres humanos, dotados de diferentes dimensiones, aspectos, etc. De los cuales unos pueden estar bien y otros no. Su persona, al igual que en otros casos de personas diagnosticadas de trastornos mentales, es mucho más que su supuesto trastorno y en ella hay también partes sanas, que no están dañadas por su problema psiquiátrico. 

Situaciones como la que menciono se repiten diariamente en mi práctica clínica y en mi vida cotidiana. Las personas se presentan diciendo “soy borderline”, “soy bipolar”, etc. Con el problema añadido de que si se creen que son su diagnóstico se reafirman en ello, y si ese “algo” es un trastorno mental pueden quedarse apegados a su sintomatología porque retroalimenta su propia identidad. Lo que puede llevar a que una persona etiquetada con un determinado diagnóstico acabe creyendo que no puede salir de sus síntomas y comportándose como le dice el manual psiquiátrico de turno que se tiene que comportar, pensando que no puede hacer otra cosa y perdiendo aún más libertad que la que su propio trastorno supone. Para colmo, el modelo biomédico que tanto peso tiene en la psiquiatría le hará esperar una pastilla mágica o que alguien toque alguna tecla oculta en su cerebro que le cure milagrosamente.  Todo lo cual contribuirá a que haga más bien poco por superar su supuesta enfermedad, aumentándose el sufrimiento, el enredo y el trastorno…


¿Por qué  tantas personas han llegado a creer que SON sus diagnósticos? ¿En qué están fallando la psiquiatría  y la psicología para que se genere semejante confusión?

martes, 14 de octubre de 2014

¿PUEDE PRODUCIR LA MEDITACIÓN EFECTOS ADVERSOS?

Ponencia presentada, por mi, en Ávila el Congreso Satélite del XV Congreso Mundial de Psiquiatría: "Espiritualidad, Cultura y Salud Mental",  el 19 de septiembre de 2014



En las últimas décadas se ha extendido de forma exponencial el uso de la meditación y derivados (como el Mindfulness) en el tratamiento de algunos trastornos mentales. La meditación está de moda dentro y fuera de contextos científicos, se aplica para el manejo del estrés, para fomentar el autocontrol emocional, retirarse del mundanal ruido, para encontrar remedios a los males del alma, superar síntomas de ansiedad, depresión, angustia existencial, etc.

Si indagamos un poco sobre los orígenes de la meditación nos encontramos con ella desde los comienzos, en las diversas tradiciones espirituales y en algunos contextos de tipo filosófico. En Occidente tenemos la Contemplación cristiana (como la de Santa Teresa), el Quietismo (de Madame Guyon), la Imaginatio Vera (de los alquimistas), a los neoplatónicos, a los pitagóricos, etc. En Oriente hay diversos métodos dentro del Budismo (de los que quizás sean más conocidos el Vipassana y el Zen) y en el Hinduismo (en el que hay numerosas prácticas meditativas como en el Raja Yoga, el Kriya Yoga, el Nada Yoga, etc.).

En todos los caminos espirituales, ligados a tradiciones antiguas, la meditación se enseña solo a personas con un compromiso espiritual y que cumplen ciertos requisitos (como, por ejemplo, tener un adecuado comportamiento ético en su vida cotidiana). No se enseña a la ligera a cualquiera e incluso se pide al discípulo atravesar algunas pruebas, para comprobar si está o no preparado para el camino que va a iniciar. Parece que no se quiere sembrar sobre un terreno que no esté convenientemente abonado y asentado.

De las escuelas de meditación oriental han derivado ciertos métodos, más accesibles para la mentalidad occidental, como son la Meditación Trascendental, el Mindfulness o el Big Mind, entre otros. Un tema para reflexionar sería sobre si estos métodos son o no auténticos métodos de meditación o meros artilugios de control mental, introspección, relajación, sugestión, etc.

En la actualidad, las técnicas más utilizadas en contextos científicos derivan de un tipo de meditación budista que se llama Vipassana, que ha recibido el nombre de Mindfulness, y que en castellano se ha traducido como “atención plena”. El Mindfulness es el “método” con el que se han desarrollado más trabajos de investigación, habiéndose producido un crecimiento exponencial de publicaciones en los últimos años.

Estos trabajos de investigación nos muestran los efectos beneficiosos del Mindfulness en numerosos trastornos psiquiátricos, como los trastornos de ansiedad, la depresión, el TOC, en algunos trastornos de personalidad, en la hiperactividad, en trastornos de la conducta alimentaria, en el insomnio, el estrés, etc. (McGee, 2008).

Cuando, además, la meditación va ligada a un camino espiritual, como es el caso del Budismo, el Dalai Lama nos cuenta que el meditar produce más empatía, más compasión, más consciencia y el desarrollo de la capacidad de amar incondicionalmente. De hecho, hay algunos estudios que afirman que Matthieu Ricard[1],  un monje budista de origen francés, es el “hombre más feliz del mundo”..


Por otro lado, nos encontramos con pocos datos, en publicaciones científicas, sobre los posibles riesgos y contraindicaciones de estas técnicas, cuando hay numerosos testimonios acerca de dificultades psicológicas sufridas en retiros de meditación y complicaciones más graves, como cuadros psicóticos o incluso suicidios. Además, ya nos han advertido acerca de posibles peligros los maestros de las diferentes tradiciones espirituales. Por estos motivos, intentaremos recopilar datos sobre los posibles “efectos adversos” que pueden estar asociados a la práctica meditativa.


“EFECTOS ADVERSOS” ASOCIADOS A LA PRÁCTICA DE LA MEDITACIÓN

Para facilitar su comprensión, en el presente artículo diferenciaremos tres tipos de “efectos adversos” relacionados con la práctica de la meditación (ver Tabla I):
1)    Efectos psicológicos negativos.
2)    Alteraciones psicopatológicas.
3)    Efectos espirituales “negativos”.

A continuación desarrollamos una explicación detallada de estos tres tipos de efectos adversos:


1) Efectos psicológicos negativos:

Consistirían en reacciones psicológicas que producen malestar en el individuo, en sus relaciones interpersonales, o en la forma de afrontar los problemas cotidianos, pero no necesariamente desencadenan alteraciones psicopatológicas.

Por ejemplo, Shapiro (1992) encuentra en un estudio aumentos paradójicos en la tensión emocional, aburrimiento, dolor, alteración del sentido de la realidad, confusión y desorientación, ser más juzgador, tener menor motivación por la vida, aumento o aparición de dolor y adicción a la meditación.


Epstein (2007) nos habla de una mayor obsesividad, dolores musculares, aumento de la rigidez psicológica y mayor intelectualización como consecuencia de la práctica de la meditación. Epstein (1988) también encuentra intensas reacciones de transferencia hacia el maestro que suponen una expectativa de fusión con el mismo (Epstein, 1988) o una excesiva “fijación emocional” en el gurú (Chaudhuri, 1994), que pueden llevar a la sumisión, dependencia emocional, dinámicas sectarias, etc.

Las reminiscencias narcisistas de etapas infantiles también pueden generar sentimientos de superioridad y grandiosidad u otras fantasías, o sentimientos de vacío por no conseguir llegar a la deseada perfección (Epstein, 1988).
Walsh & Roche (1979) hacen referencia a disociación y tensión muscular. Parece ser que la disociación de las emociones puede dificultar la conexión con las emociones ajenas, perdiéndose empatía hacia los estados emocionales de otros.

Otros efectos negativos pueden ser una excesiva introversión y aislamiento, ensimismamiento, regresión a etapas más infantiles, o represión de la sexualidad (Chaudhuri, 1994).

También se hace referencia a intensas reacciones emocionales (sollozar, gritar, “ponerse histéricos”) y a la emergencia de recuerdos infantiles desagradables o incluso traumáticos (Myers Owens, 1994)

Otro efecto psicológico negativo tiene más que ver con lo que se ha llamado by-pass espiritual (Tart & Deikman, 1991), que consiste en recurrir a la espiritualidad y sus prácticas para evadir los problemas de la vida cotidiana, autoengañarse o no resolver los conflictos mediante métodos más adecuados (como un tratamiento psicoterapéutico). En esta línea, Engler (1984, citado por McGee, 2008) ha encontrado que algunas personas con estructuras de personalidad narcisista o borderline pueden usar la meditación para llegar a ser “puros” o para identificar los sentimientos de vacío y fragmentación con la vacuidad o el desapego de la iluminación.



2) Alteraciones psicopatológicas.

En algunos casos se han detectado alteraciones psicopatológicas relacionadas con la práctica de la meditación, como
 cuadros de ansiedad, e incluso crisis de pánico (Walsh & Roche, 1979; Epstein & Lieff, 1981, McGee, 2008). También se han dado reacciones de despersonalización, desrrealización, disociación, alteraciones perceptivas y agitación (Walsh & Roche, 1979; Epstein & Lieff, 1981).

A otras personas se les ha desencadenado una intensa angustia por emergencia de recuerdos traumáticos (Myers, 1994) o de emociones intensas negativas (McGee, 2008), que quizás podrían llegar a desencadenar cuadros de estrés agudo y posteriormente estrés postraumático.


Hay también datos de recaídas en pacientes esquizofrénicos o personas con antecedentes de psicosis por drogas, al desencadenarse episodios psicóticos, delirios o alucinaciones durante una práctica intensiva de meditación (Walsh & Roche, 1979, McGee, 2008) y algunos psiquiatras hemos detectado en la práctica clínica primeros brotes en personas en las que no se han detectado previamente alteraciones psicóticas.

También se han producido una exacerbación de síntomas depresivos con algún caso de intento de suicidio (Epstein & Lieff, 1981) o incluso algún  suicidio consumado después de algún retiro intensivo de meditación.

La exacerbación de trastornos mentales o la aparición de alteraciones psicopatológicas en personas que están realizando una práctica intensiva de meditación podría deberse a dos motivos: por una parte, a una mayor autoconsciencia por la práctica de la auto-observación (más en la meditación tipo Mindfulness) y, por otra, a una reducción de las barreras mentales mediante la relajación que produce la meditación. Ambos motivos podrían favorecer la emergencia de problemas latentes en el sujeto que practica meditación y, como consecuencia, desencadenar la aparición de los problemas psíquicos ya mencionados (ver gráfico 1).
Gráfico 1

                                  
Hay que señalar explícitamente que hablamos de “problemas latentes” y no de problemas que la meditación genere, aparentemente, por sí misma.

Las personas con una estructura de personalidad más frágil pueden ser más susceptibles a sufrir diversas complicaciones como producto de la práctica meditativa, pues como dice Engler (1983) (citado por McGee, 2008) “tienes que llegar a ser alguien antes de no ser nadie”, es decir, hay que tener un yo estructurado antes de buscar el vacío, la disolución del yo, etc. A todo esto podemos añadir las dificultades que personas con una estructura de personalidad límite pueden sufrir ante los rigores de una práctica de meditación intensiva (Epstein y Lieff, 1981)

 
3) Efectos espirituales “negativos”

En todas las tradiciones se habla de los problemas que pueden surgir en el camino espiritual o más específicamente en la práctica de la meditación.  Estos “efectos espirituales negativos” nos señalan bien momentos difíciles, bien situaciones que provocan o movilizan emociones negativas en relación con la práctica espiritual, pero que pueden ser parte de un proceso en sí positivo, por lo que entrecomillamos la palabra “negativos”.

Tenemos en cuenta este tipo de experiencias en el presente escrito porque conviene hacer un adecuado diagnóstico diferencial entre problemas psiquiátricos y alteraciones de tipo espiritual, que son compatibles con los contenidos simbólicos y religiosos de las diversas culturas.

Algunos ejemplos en esta línea son: la “noche oscura del alma” de la que habla San Juan de la Cruz, el tomar consciencia del mal que hay dentro de nosotros (como señalan Santa Teresa y otros místicos de diversas tradiciones), “la emergencia de la Kundalini”, la soberbia o vanidad espiritual (en la que uno siente que está por encima de otros por haber llegado a un cierto nivel de pericia espiritual o meditativa), las visiones (que hay que diferenciarlas de los fenómenos alucinatorios), las crisis de fe, la adicción al trance (que algunos han llamado “enfermedad del yogui” o que Santa Teresa llamó “pasmos largos”), la “muerte” del ego (para mirar más allá de uno mismo y superar el egocentrismo), la sensación de vacío, la “glotonería espiritual” (que tiene que ver con la búsqueda compulsiva de experiencias paranormales, etc.

   Tabla I

Contraindicaciones de la práctica de la meditación

Ante las diferentes alteraciones que pueden surgir durante la práctica de la meditación parece pertinente hablar de contraindicaciones, que serían, según Shapiro (1994), las siguientes:

-  Antecedentes de cuadros psicóticos.
-  Vulnerabilidad a la psicosis (aunque en este caso tenemos el problema de saber hasta qué punto es fiable la detección de dicha vulnerabilidad).
-  Personalidad esquizotípica.
-  Personalidad esquizoide.
-  Trastornos disociativos.
-  Trastornos somatoformes (hipocondriasis y somatización).

Este tipo de pacientes es posible que experimenten distrés o se vean sobrepasados por lo que puede emerger en la experiencia de meditación. Aunque por otra parte tenemos a personas con graves trastornos de personalidad que refieren haber experimentado alivio de su sintomatología mediante el Mindfulness, como cuando se aplica para pacientes con Trastorno límite de la personalidad la Terapia Dialéctico-Comportamental de Marsha Lineham. Quizás lo adecuado sea aplicar estas técnicas con una adecuada supervisión psicológica y/o psiquiátrica y dentro de un programa de tratamiento más amplio que la mera aplicación de técnicas de meditación.



Otros temas a tener en cuenta

La meditación se está aplicando en un contexto de psicoterapia que es occidental, cuando la meditación tipo Mindfulnesssurge en una cultura oriental con una finalidad distinta a la de un tratamiento de psicoterapia. La meditación oriental tiene como finalidad principal el alcanzar la iluminación y no el alivio de problemas psicológicos. Ante esto nos surge la pregunta de hasta qué punto se puede trasplantar un método de una cultura a otra.

Por otra parte nos encontramos con duras críticas desde escuelas psicoterapéuticas occidentales, como el psicoanálisis, que considera que la meditación principalmente lleva a estados regresivos preedípicos, por lo que nos dirige a encontrarnos con residuos narcisistas que convendría trabajar en el ámbito de la psicoterapia (Epstein, 1988).

Aún resulta más duro en sus afirmaciones John Rowan (1996, p.119) cuando dice:


 "Originalmente, la meditación formaba parte de un modelo único de individual de desarrollo. En la actualidad, sin embargo, se la ha aislado de su contexto original y se ofrece como un producto más de consumo, como si fuera una especie de panacea universal, irrisoriamente barata y carente de efectos secundarios. Tal vez quienes utilicen de ese modo la meditación consigan aumentar su tranquilidad, su alegría e incluso su eficacia pero lo cierto es que difícilmente alcanzarán la sabiduría. También es posible, por otra parte, que estemos tratando de disfrazar de espiritualidad la introversión esquizoide, la megalomanía, la vanidad y la dependencia.”

¿Estaremos los occidentales pervirtiendo la práctica de la meditación al servicio de nuestros deseos egoístas? Quizás merezca la pena reflexionar acerca de ello.

En vista del boom que hay con la práctica de diferentes técnicas de meditación y específicamente con la práctica del Mindfulness y la avalancha de publicaciones mostrándonos sus bondades podemos preguntarnos:¿Por qué se habla tan poco de estas experiencias negativas o de las complicaciones que puede generar la meditación? ¿Hay personas que han de ser evaluadas previamente antes de iniciar estas prácticas? ¿O se generan los efectos adversos por la aplicación, a la ligera, de técnicas de contextos culturales diferentes al nuestro?

En este texto nos planteamos estas cuestiones con el objetivo de que nuestra práctica psicopatológica tenga en cuenta estas posibilidades, para diagnosticarlas, tratarlas y prevenirlas adecuadamente; estableciéndose un adecuado diagnóstico diferencial  con las experiencias de tipo espiritual, que más bien están relacionadas con el sistema de creencias y cultura del sujeto que las vive, que con auténticas alteraciones psiquiátricas. De hecho, en el DSM V ya aparece una categoría que se llama “problema religioso o espiritual” que se ha de diferenciar de los diferentes trastornos mentales.

CONCLUSIONES

En relación con los datos recopilados en el presente texto, consideramos pertinente llegar a las siguientes conclusiones:

- En algunas personas,  la práctica de la meditación puede tener riesgos para la salud mental,  que parecen tener factores predisponentes que les hacen más vulnerables ante dicha práctica.


- Es importante que quién enseña meditación tenga suficientes conocimientos acerca de lo que está haciendo, experiencia y madurez, en relación con la práctica meditativa y la práctica psicoterapéutica. Por lo que conviene que se prescriba de forma cuidadosa y sea adecuadamente supervisada.

- Quien la practica (y obviamente quien la enseña) es importante que tenga un yo mínimamente estructurado. En algunos casos podría ser preciso un trabajo previo de maduración psicológica, que puede facilitarse mediante tratamiento psicoterapéutico.

- Es importante tener en cuenta indicaciones, contraindicaciones y riesgos en cada caso, lo que nos muestra la conveniencia de desarrollar más investigación al respecto sin dejarnos cegar por las modas y por los prometedores resultados de ciertos trabajos de investigación.


BIBLIOGRAFÍA

Chaudhuri, H. (1994). Psicología Yoga. En Tart C.T.: Psicologías transpersonales. Paidós: Barcelona, p. 221-265.
Epstein, M. (1988). Meditation and the dilemma of narcissism. Journal of Contemplative Psychotherapy, 5, 3-19.
Epstein, M. (2007). Psychotherapy without the Self: A Buddhist perspectiveYale University Press, New Haven.
McGee (2008). Meditation and Psychiatry. Meditation and Psychiatry. Psychiatry, 5(1), 28-41.
Myers Owens, C. (1994). El Budismo Zen. En Tart C.T.: Psicologías transpersonales. Paidós: Barcelona, p. 149-193.
Rowan, J. (1997). Lo Transpersonal. Psicoterapia y Counselling. La Liebre de Marzo: Barcelona.
Shapiro, D.H. Jr. (1992). Adverse effects of meditation: a preliminary investigation of long-term meditatorsInt J Psychosom, 39(1-4), 62-67.
Shapiro, D.H. Jr. (1994). Examining the content and context of meditation: a challenge for psychology in the areas of stress management. Psychotherapy and Religion Values, 34(4), 101-135.
Tart, C.; Deikman, A.J. (1991). Mindfulness, Spiritual Seeking and Psychothrapy. The Journal of Transpersonal Psychology, 23, 1, 29-52.

[1]  Noticia en el diario “El Mundo”: “Declarado el hombre más feliz del planeta” por David Jiménez. Link a la noticia: 
http://www.elmundo.es/magazine/2007/395/1176906666.htmlhttp://www.elmundo.es/magazine/2007/395/1176906666.html