domingo, 14 de enero de 2018

VIAJE A INDIA: ENTRE EL ÉXTASIS Y LA "BULIMIA TURÍSTICA"



Las pasadas navidades tuve la suerte de visitar India por primera vez en mi vida. Era un viaje pendiente desde hacía décadas. Quizás mitificado por lecturas adolescentes de viajeros espirituales o por testimonios de adictos al yoga y a la meditación.


Aunque es realmente difícil transmitir una experiencia paladeada desde latitudes con costumbres tan ajenas a las nuestras, no me resisto a escribir unas líneas acerca de esta experiencia de 12 días. Espero que algo se trasluzca a través de mis palabras.



Decidí apuntarme a un viaje organizado de una agencia con un perfil más alternativo y cultural, con la esperanza de no entrar en el típico viaje de circuito turístico. También porque en India no queda otra para iniciarse, que un viaje organizado, por lo que se dice de la peligrosidad del país para viajeros no iniciados en el mismo. Recorrimos Rajastán (la esquina superior izquierda de la India que, por lo visto, tiene la misma extensión que España).


Imagen de Wikipedia

Fueron 12 días intensos de conocer nuevos lugares, hacer nuevos amigos en ese “Gran Hermano” que acaba siendo un grupo de viajes, por la estrecha convivencia día tras día. Por suerte fue este un encuentro afortunado, pues he conocido a personas estupendas y he disfrutado mucho de los momentos compartidos.



Intentaré mirar un poco más allá de mis parámetros occidentales, que generarán sesgos perceptivos inevitables. Por ejemplo, las 3 horas de cola esperando en el aeropuerto en inmigración, a que te revisen pasaporte y visado, pueden exasperar la paciencia del más templado, y más teniendo en cuenta las horas de vuelo que llevábamos encima, y que eran casi las tres de la madrugada al aterrizar… No obstante, el saber algo de meditación y el haber vivido en otra cultura en la que el tiempo es relativo (Marruecos), me permitió cambiar el chip y mantenerme en un presente atento (no reptiliano) en el que conversar con otras personas que por allí andaban a la espera. Al final atravesamos la barrera del espacio-tiempo y llegó Delhi tras una amena conversación con una agradable pareja de colombianos que recorrían el mundo y que me contaron sus peripecias. Prueba superada: llegar con calma al final del primer obstáculo… Eran casi las 6 de la mañana y eso permitió ver de forma tranquila una Delhi que se desperezaba antes del alba. Tranquilidad, pocos coches y poca gente. Engañosa impresión de una de las ciudades más caóticas y pobladas del mundo (¿18 millones? No se sabe a ciencia cierta, pues no todo el mundo está censado).



A partir de ese momento se inició una frenética expedición de días en los que tuvimos la suerte de encontrarnos con lugares maravillosos. Ese día llegamos al hotel sobre las 6:30 a.m., a las 8:30 a.m. nos daban de desayunar para iniciar el periplo turístico a las 9:30 a.m. Sin apenas dormir nos sometimos condescendientemente a esa programación, también con la esperanza de que semejante ritmo nos haría adaptarnos más fácilmente al jet lag al dormirnos instantáneamente, al caer la noche, por agotamiento. Empezaba la "bulimia turística": durante varios días fuimos sometidos a una sobredosis de visitas a templos, mausoleos, palacios, cementerios, que para colmo se complementó con encerronas en emporios comerciales (nos soltaban en alguno de estos lugares en los que no había mucha opción de escape, para estimular nuestro consumismo insaciable de occidentales, creo que en esto el cansancio no ayuda a la regulación de la compulsividad con las compras). 



A favor de los organizadores he de decir que gracias a ese ritmo de gynkana turística pudimos visitar una cantidad de lugares que hubiera sido imposible para mis propias fuerzas y capacidad de previsión y de organización. He conocido lugares maravillosos e inolvidables como el Taj Majal. Solo por estar allí ha merecido la pena el viaje. 




Me pareció una belleza Jama Masjid, una mezquita situada en Delhi, que por lo visto es la más grande de la India. Curioso eso de que nos cubrieran con una prenda hasta los pies para poder entrar. Pero también a destacar la paciencia de muchos musulmanes que nos toleraban. Me sorprendió que algunos pusieran solo cara de un cierto malestar al ser fotografiados rezando por algunos turistas. No sé como se hubiera tolerado esa falta de respeto en otros lugares del mundo de cualquier otra religión. 

Mezquita Jama Masjid en Delhi

En la mezquita con lo que había que 
ponerse para poder entrar....

Precioso también el mausoleo en Delhi del Emperador Humayun. Curiosamente lleno de niños uniformados sonrientes y con ganas de conversación y risas con nosotros.

Mausoleo en Delhi del Emperador Humayun

Sorprendente Mandawa con sus hawelis o palacetes de nuevos ricos del siglo XIX cuyos descendentes han abandonado la zona para irse al sur del país. 

Haweli en Mandawa
Interior de un Haweli en Mandawa

Impresionante la ciudad de Bikaner, una antigua ciudad-fortaleza. El recorrer sus callejuelas me recordaba las medinas de Marruecos. Es curioso el parecido de la India con muchos lugares de Marruecos, tanto por el ambiente, como por el tipo de edificios, etc. Fue interesante entrar en un templo jainista, se respiraba dentro mucha paz, en mitad del casos de la ciudad. Una de las mejores experiencias en Bikaner fue que nos dejaran entrar en una boda india y que los invitados se fotografiaran con nosotros… 

Bikaner
Templo Jainista en Bikaner

Pero lo más sorprendente, cerca de Bikaner, en Deshnok, fue visitar el templo Karni Mata o “templo de las ratas”. Sí, un templo lleno de ratas por todas las esquinas, pues allí se consideran animales sagrados. Menos mal que no soy escrupulosa… Algunos de mis compañeros de viaje no lo pasaron muy bien allí.

"Templo de las ratas" en Deshnok

"Templo de las ratas" en Deshnok

Me impresionó también Vrindavan, una ciudad sagrada a las orillas del segundo río sagrado de la India (río Yamuna). Es una ciudad plagada de templos, en la que tuvimos la suerte de contemplar varios rituales simultáneos a la orilla del río al atardecer, en los ghats

A la orilla del río Yamuna en Vrindavan

Ceremonia a la orilla del río Yamuna en Vrindavan
Orilla del río Yamuna en Vrindavan
Vrindavan es también una ciudad plagada de monos, que se consideran sagrados. Uno de ellos le robó las gafas a una compañera de viaje, que fueron recuperadas por la sagacidad de un indio. 



En esta ciudad también nos llevaron al templo de los Hare Krishna, en el que pudimos presenciar uno de sus rituales de adoración a Krishna. En él los indios parecían relajados e implicados. Los occidentales conversos estaban totalmente abducidos e hipnotizados… En ellos veías el poder de la secta para haber anulado su individualidad. Impresionaba.

Visitamos aún más lugares, pero no quiero hacer esta entrada muy pesada. Han sido miles de experiencias y detalles que contar, y que es imposible abarcar en una entrada de un blog. Sólo quedan por mencionar, como relevantes, los impresionantes y lujosos palacios, que tanto contrastan con el caos, miseria y pobreza que vemos en las calles (aunque no tanta como esperaba, parece que India ha mejorado en este sentido en las últimas décadas).

Añado también un breve comentario acerca de la curiosa complejidad del Hinduismo, una mezcla sincrética y variada de cultos, templos y tradiciones milenarias. A nuestros ojos parece haber mucha religiosidad mágica (dioses-muñecos que se columpian, imágenes veneradas fervorosamente, tradiciones inamovibles, etc.). Pero en estas latitudes también hay religiosidad mágica, más difícil de captar así por el acostumbramiento. En fin, todo un reto para la reflexión transcultural. Una curiosidad es el columpio que aparece en la foto de más abajo, dedicado exclusivamente al dios Vishnú. Se considera que el dios se está columpiando en él pues hay una imagen del mismo encima del columpio:



La India es un país fascinante, lleno de contrastes (pobreza-riqueza, caos-armonía, espiritualidad-materialismo, etc.) que no nos puede dejar indiferentes. También nos permite darnos cuenta de los condicionamientos culturales al echar una mirada externa a una cultura tan diferente a la nuestra. Pero es importante no caer en la tentación de que nosotros estamos libres de dichos condicionamientos. Son distintos, por eso podemos ver la “paja en el ojo ajeno” y quizás más extremos (lo de los matrimonios concertados por los padres o la vida tan dura que espera a las viudas es difícil de digerir). 

Llama la atención lo que nos dijo el guía de que no se cuidan las cosas porque viven en el pasado y en el presente. Que estar en el presente supone no prever las cosas para mañana y no cuidarlas demasiado… ¿Puede ser eso lo que nos espere si entramos en modo mindfulness constante? Quién sabe…

Aunque fueron días muy intensos creo que para conocer esa cultura y ese país no es posible en 12 días y aún menos en plan “bulimia turística”. Creo que necesitaría un ritmo reposado, entrar en su modo de tiempo tranquilo y presente por unos días, para empaparme más del sentido de lo que allí sucede. Espero volver de otra manera y “vivir” la India. No quiero vivir secuestrada por un tour turístico y su frenético ritmo de consumo compulsivo de experiencias viajeras. Volveré de otro modo para saber donde estuve, como son sus gentes, en qué consiste esa cultura de milenios y cómo es su religiosidad, etc. Seguro que me quedan infinidad de cosas por descubrir que en mi viaje turístico no alcance ni a intuir...

El cómo viajamos parece ser un reflejo de cómo vivimos. Consumimos todo a un ritmo frenético: experiencias, relaciones, cosas. Lo curioso es que mis compañeros de viaje no parecían incomodarse por la bulimia turística y que incluso parecían satisfechos si se añadía alguna actividad adicional al apretado tour del día. Creo que, en general, vivimos demasiado hiperestimulados en nuestras latitudes y no nos sorprende viajar de ese modo. No nos paramos a digerir, paladear o a estar en silencio contemplando lo que sucede. Quizás en esto los indios puedan aportarnos algo de calma y mesura… Quizás aún me quede mucho por digerir después del viaje bulímico, para poder ser consciente de todo lo vivido, contemplado y experimentado... 

3 comentarios:

Clara López Arranz dijo...

Hola Maribel,
He leído con atención tu relato de los 12 días en India en tour organizado.
Comparto la impresión que comentas de haber viajado en bulimia turística. Cuanso era muy joven viajé de ese modo porque fui invitada y no disfruté del modo de viajar.
En mi experiencia el viajar, como el caminar, cuanto más a paso de persona se haga, mejor.
Un viaje como el que describes puede abrirte los ojos los sentidos y la mente y servir de inmersión. No sólo de inmersión en la India sino en el modl en que muchos vo temporáneos viven toda su existencia y en que cada uno de nosotros "occidentales con capacidad de viajar" vivimos a menudo a no ser que decidamos salir de la vorágine de consumir experiencias, cosas, relaciones, tiempo...

Isa dijo...

!Escuha.
Mas alla de las ideas de lo correcto y lo incorrecto,
Hay un campo.

Alli te encontrare.

Rumi

Joaquin M. Parra dijo...

Muchas gracias Maribel por compartir la experiencia de tu primer viaje a la India, ese país milenario, de contrastes y extremos, de la más alta espiritualidad pero también del materialismo más atroz...¡¡me he leído la entrada en un santiamén!! ¡¡Y preciosas las fotografías!! :)
A ver si más adelante, cuando tengas las múltiples emociones y experiencias que has vivido allí más asentadas y asimiladas le puedes dedicar otras entradas...¡¡¡Con muchas ganas también de ir a la cuna del Yoga, los Vedas o el Ayurveda!!! Om Shanti (Paz)
Joaquín