jueves, 30 de abril de 2009

¿PARA QUÉ ESTUDIAMOS?



Seguramente, ahora que se avecinan los exámenes, muchos estudiantes se estarán preguntando que para qué tienen ahora que “sufrir”, sentados estudiando una serie de materias que tal vez ni siquiera les interesen. Todos los que hemos estudiado una carrera universitaria hemos pasado por esos maratones finales en los que aprender a toda velocidad una serie de datos que se nos exigen para seguir avanzando, a lo largo de nuestro periplo universitario. Y lo peor no ha sido el hecho de estudiar, que en sí es enriquecedor y en el peor de los casos es una gimnasia mental, sino no entender por qué hay que aprender ciertas cosas que parece que no sirven para nada más que para poner en forma unas pocas neuronas…

Muchas veces, ese “para qué” se ha asomado a nuestras conciencias, pues no entendíamos la utilidad de ciertos temas, contenidos, asignaturas… Posteriormente, con el paso de los años, aún siguen siendo una incógnita el objetivo de ciertos datos, que era preciso engullir y deglutir en un examen. Pero, en otros casos, se ha clarificado la cuestión, pues durante el ejercicio de la profesión se ha ido tomando conciencia de la utilidad de algunas cuestiones aprendidas, sin saber muy bien por qué, en su momento.

Después de atravesar una carrera universitaria, que no era precisamente fácil y que suponía más tiempo de estudio del que me hubiera gustado, especialmente en las cuestiones que me parecían inútiles, he podido llegar, al menos a dos conclusiones, en relación con las cuestiones planteadas líneas arriba.

En primer lugar, me parece que el “para qué”, no siempre se ve hasta que ya se ha atravesado el bosque de la información, pues durante el tránsito, los árboles no nos dejan ver el propio bosque. Así que paciencia… Ciertas cosas cobrarán sentido en nuestras mentes, algún día…

En segundo lugar, he podido concluir, que a veces los profesores nos han sobrecargado de información o de temas inútiles, por varios motivos. En parte “porque siempre se ha hecho así”, por lo que si un tema no sirve para nada y está incluido en un temario, el siguiente profesor que se apunta al carro, asume que eso será así por algo y se lo endosa a sus alumnos, sin saber muy bien por qué e incluso, aburriéndose él mismo del rollo que les suelta. Y en parte, porque los profesores tenemos límites y porque pensamos que algo puede ser útil o interesante, porque en nuestra percepción subjetiva, un tema nos resulta llamativo, pero no nos damos cuenta de que nuestro interés se ha desencadenado como fruto de ciertas experiencias o de años de trabajo en un tema. Dicha experiencia, nos puede hacer comprender por qué algo es interesante, pero eso no es obvio para el que está aprendiendo. Así que hay que hacer un esfuerzo extra, de hablar desde la propia experiencia y mostrar como se ha llegado a plantear algo como interesante, para no llegar a dormir a las piedras. Pobres piedras…

Con estas líneas no quiero desanimar a nadie, sino señalar una de las muchas cuestiones a mejorar para nuestros alumnos, o a la hora de transmitir nuestros conocimientos. Creo que es una gran oportunidad estudiar una carrera, pues se aprenden cosas, de las que hay que hacer y de las que no hay que hacer (pues también hay malos ejemplos que tenemos en nuestros enseñantes), se ejercitan las neuronas mediante el esfuerzo memorístico, de síntesis y a la hora de explicar lo que se sabe, en un examen. Además, se hacen nuevos amigos y enemigos, se va tomando conciencia de que todas las cosas no las resuelven los padres, se empiezan a asumir nuevas responsabilidades (y eso activa más neuronas), se desarrolla un cierto orden de vida (por el hecho de asistir a clase, aunque no se estudie mucho), se desarrollan los músculos de los brazos cargando con libros y apuntes, se desarrollan las piernas yendo a la universidad y sobre todo, uno se va preparando para un nuevo trabajo que se supone que le gusta (siempre y cuando haya elegido sus estudios por sí mismo, pero esto ya es otro tema…). Y más cosas… Si a alguien se le ocurren más, que las apunte.

Y finalmente tan sólo desearos a los que os examinéis, ¡Mucho ánimo! ¡Todos vuestros esfuerzos obtendrán sus frutos! Al menos vuestras neuronas se irán poniendo más fuertes.

martes, 21 de abril de 2009

APRENDICES DE PSICÓLOGOS VERSUS APRENDICES DE BRUJOS



Supongo que mucha gente recordará aquella famosa película de Disney ("Fantasía"), en la que el aprendiz de brujo liaba una buena con unas escobas, por no saber suficientemente como manejar la magia, a pesar de tener algunas nociones de la misma.

Creo que además del divertimento que supone semejante historia, hay un trasfondo más profundo que analizar, en la historia. Y en este caso, he decidido hacer el símil del “aprendiz de brujo” con las personas que después de leer algún manual de autoayuda, hacer una terapia o unos cursillos de psicología, se consideran ya aprendices de psicólogos o mismamente psicólogos y deciden arreglar o interpretar la vida de los demás…

Por ejemplo, recuerdo en una comida, después de un congreso, que se me sentó delante uno de estos ”aprendices” y empezó a aleccionarme sobre la mente humana porque había leído un par de libros de psicología. Evidentemente, todos podemos tener nuevas cosas que aprender, y este señor podía darme alguna información desconocida para mí… Pero desgraciadamente este no fue el caso. El sujeto en cuestión se había leído un libro básico de un autor del que yo puedo haber leído unos 10 libros y pretendía darme una clase sobre el mismo, pretendiendo acaparar la conversación de toda una mesa de comensales. Fue una ardua tarea controlar la situación, pues harto difícil poner a raya a este tipo de sujetos, sin ofenderles. Así que con paciencia benedictina, opté primero por responder con educación a sus lecciones y finalmente por desviar su atención a otras temáticas más neutras. Pero el individuo hizo unos 10 intentos más de adoctrinarme, pues debía pensar que yo era de atención lábil y me volvía a recordar la cuestión, una y otra vez. Después de un rato, se debió dar cuenta de que otras personas tenían derecho a expresarse y a hablar de otras temáticas y cedió en su empeño.

En otras muchas ocasiones me he encontrado con otros “aprendices” que pretendían mostrarme las intenciones ocultas de otros, gracias a los manuales consultados, hacer diagnósticos a “ojímetro” o incluso tenían pretensión de terapeutas, pues daban consejos de andar por casa a sus amigos, para que así se resolvieran todos sus problemas (o eso anunciaban). Algunos incluso se me han ofrecido para participar en mis clases y enseñar a mis alumnos, lo que de verdad importa. Otros han venido a contarme una nueva teoría que era la verdadera y que dejaba fuera a cualquier otro autor, al que no habían leído nunca. Me pregunto como se puede corregir o mejorar una teoría de un autor al que jamás se ha leído…

Otras modalidades son decirle a la gente lo que piensa o siente, dado que según algunas teorías psicológicas, hay cuestiones inconscientes u ocultas, detrás de todas nuestras acciones o intenciones. Y esto no es lo peor, pues una cosa es pensar que alguien puede tener intenciones ocultas y otra muy diferente, pretender saber sin los conocimientos adecuados (al menos 5 años de la carrera de psicología o similar) y sin un proceso de análisis minucioso, lo que hay en el inconsciente de otro. Un análisis psíquico es algo muy serio y llevarlo a cabo supone mucho tiempo y esfuerzo. Además del análisis previo del mundo interior del terapeuta. Un análisis que no consiste en decirle al otro lo que piensa, sino en ayudarle a descubrirlo por sí mismo. Entre esto y jugar a los brujos, veo realmente muy poca diferencia. Más les valía a semejantes oráculos dedicarse a echar las cartas o a leer los posos de café… Seguramente generarían menos sufrimiento y serían más capaces de ver la realidad tal como es y no convertir el mundo en su mapa… Por hacer un paralelismo, os invito a imaginaros que vais de viaje por una carretera y que de repente pasa un burro y dice el que lleva ese mapa, supuestamente con todas las respuestas: “sigue, que el burro no está porque no viene en el mapa”.¿Resultado? Supongo que os lo podréis imaginar. Eso es precisamente lo que llegan a hacer muchos de estos “aprendices” en un mundo en el que es fácil el acceso a la información sin orden ni criterio, y donde es tentador, desde la egolatría y el narcisismo, llegar a pretender que se sabe lo que pasa en el mundo, en la realidad, en los otros, porque ya se encontró el mapa. ¡Menudo peligro! Mejor hubiera sido quedarse en la fase de jugar a las casitas de muñecas…

No comment...

miércoles, 1 de abril de 2009

¿CONTROL MENTAL?

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Hace un rato charlaba con un colega sobre el control mental que se podría llegar a ejercer sobre los seres humanos. En diversos experimentos, se ha llegado a controlar algunas conductas, emociones, reacciones, mediante la implantación de electrodos dentro del cerebro. Por ejemplo, hay un famoso experimento con un toro al que se dejaba quietecito a distancia por un cacharro eléctrico que paralizaba su agresividad apretando a un botón. ¿Cuántos no querrían hacer esto con más de algún ser enfurecido?

Por suerte, no es tan fácil ponernos unos electrodos y controlarnos con un mando a distancia. Idea que tal vez sea tentadora para algunos… Pero… ¿Será posible algún día? ¿Nos disfrazarán la realidad de buenas intenciones si algún día alguien pudiera lograr esto? Quién sabe… La historia nos lo contará…

Sea o no posible lo que escribo líneas más arriba, parece ser un hecho que ya hay diversos procedimientos para controlarnos mentalmente a distancia. Algo tan sencillo como el provocarnos emociones, a través de una pequeña pantalla, puede ser suficiente para que no nos dediquemos a resolver cuestiones importantes de nuestra realidad o para que no desarrollemos suficiente sentido crítico ante lo que ocurre a nuestro alrededor. Véase algo tan sencillo como una final de copa de fútbol. ¿No quedan relegados a un segundo plano cuestiones más vitales y trascendentales mientras dura el partido? ¿No se opera en la mente de muchos un mecanismo que disminuye la actividad de las áreas más racionales del cerebro y aumenta la actividad de las áreas más irracionales? Así se consigue que el cerebro reptiliano esté a tope, el límbico contento por la sobredosis de emociones y el neocórtex ¿de vacaciones? Pues si no…¿Cómo es posible que un ser racional llamado homo sapiens le grite a un televisor sabiendo que no puede contestarle? ¿Cómo es posible que un estado anímico de un día determinado esté condicionado por la frenética actividad de unos sujetos que corren en pos de un balón?

Otro ejemplo posible, por no dejar fuera a nadie de ningún sexo, es el de las telenovelas llenas de reacciones sentimentales que proporcionan emociones sustitutas de vida real, de sentido, de objetivos vitales... ¿Y por qué no hablar de los programas mal llamados del corazón? ¿No podríamos pensar que más que darnos corazón nos lo quitan al no tener el más mínimo escrúpulo por inmiscuirnos en las intimidades ajenas?

Todos estos ejemplos sirven para estimular ciertas áreas del cerebro, primitivas, emocionales, sensibleras. Pero ¿nos estimulan realmente al desarrollo de la inteligencia? ¿No nos damos cuenta de que al usar mucho unas partes del cerebro y al no usar otras crece aquello que favorecemos y disminuye lo que no cuidamos? Aumenta nuestra impulsividad, agresividad, sensiblería, curiosidad malsana. ¿Pero crecen así las neuronas del amor, del pensamiento racional, de la coherencia interna? Más bien parece que no... ¿Cuántos no andarán por ahí con un pedazo menos de cerebro porque nunca supieron que ese pedazo murió porque no lo dejaron crecer? ¿Cuántos no andarán sueltos manejándose con mecanismos neuronales básicos de supervivencia sin darse cuenta de la joya que pudieron desarrollar y nunca tuvieron ni siquiera oportunidad de saberlo?

Y aún así, confío en el potencial de la humanidad y en la oportunidad que cada uno se puede dar a sí mismo para superarse, un poco cada día y llegar a ser una persona mejor. Este escrito, más que nada pretende ser un estímulo para las neuronas dormidas, para ponerlas un poquito en forma y ayudarlas a despertar…

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