jueves, 30 de julio de 2009

COSAS DE LA RADIO



Este verano, un amigo me preguntó que si me apetecía colaborar en un programa de la radio, en una sección del mismo sobre cosas de psicología. De entrada no me pareció mal y dado que en estas fechas dispongo de algo más de tiempo, pensé que era una posibilidad de hacer algo interesante y tal vez de aportar alguna cosa que pudiera ayudar a la gente.

Una vez que hablé con el responsable del programa, su voz me transmitió buenas “vibraciones” y sus ideas me resultaron atractivas. ¿Me hipnotizó? Tal vez… Pensé que por qué no… Que el participar en un medio como ese era una experiencia más y que de alguna manera, tal vez se pudiera aportar así algo. Y que conste que en general me escapo de eso de participar en los medios…

Una vez allí, la persona responsable del programa confirmó mi impresión positiva inicial y la primera vez que grabamos, me daba la sensación de estar de charla con unos amigos. Fue muy agradable y divertido. Grabamos unos fragmentos para programas de tres días que no iba a poder estar. De hecho, comenté poco después a alguien que “eso de la radio es divertido”. Hasta me daba que pensar si yo no tenía que haberme planteado alguna vez en la vida dedicarme a algo de eso. Los de la radio me habían “hipnotizado” y tenía ganas de más. Hasta me replanteaba mi vocación… ¡Qué fuerte!

Después vino otra experiencia; la del directo. Tocaba intervención con Anthony Blake, un señor cuyo nombre me sonaba a que debía ser famoso, pero del que no sabía prácticamente nada. Me sonaba a algo de magos… Así que, como ignorante del mundo de los famosos, me metí a bucear un poco por Internet para conocer un poquito más de mi interlocutor y no me sonó mal. Es un señor que se dedica a hacer espectáculos de “mentalismo” (una especie de ilusionismo) y que por suerte, es muy crítico con el uso lúdico de la hipnosis. Como yo misma, opina que se cometen muchos abusos sobre los que participan en ciertos espectáculos de hipnosis, pues se les ridiculiza. Yo añadiría, que además, no se les informa de los riesgos que pueden correr al exponerse a semejante situación. Antes de hacer una hipnosis a alguien hay que hacer una buena historia médica y psiquiátrica para tener claro lo que se va a hacer y con qué fin. Si esto no se hace así, se pueden remover cosas en la gente, y encima, hacerles sacar su intimidad delante de los demás, sin ningún tipo de cuidado. Algo carente de un mínimo de criterio ético.

Volviendo al programa en directo, os cuento, que este señor intervino por teléfono y no paraba de hablar. Se le veía bastante entusiasmado y animado. Lo difícil era meter baza. Yo tengo una cierta práctica en eso de meter baza por mi profesión, pues meto la cuña cuando el otro coge aire, o se despista un instante. Pero este hombre tengo mis dudas de si respiraba o no. No obstante seguía vivo, así que algo debió de respirar. Pese a esta pequeña inconveniencia, fue una charla amena y divertida. Me entraban ganas de seguir hablando horas y horas de las diversas cuestiones que iban saliendo.

Después de la intervención de Mr. Blake, hablamos de otras cuestiones. De diferencias entre psicólogos y psiquiatras, de cómo es la gente que va a mi consulta (y yo dije que estaban mejor que la media, porque reconocen que tienen un problema y se ocupan en resolverlo), de cómo es mi consulta, etc.

Lo mejor de todo es que paso una hora y parecían que habían pasado 5 minutos. Una vez más, los de la radio me habían hipnotizado. ¡Y yo sin enterarme! Estos sí que son expertos en hipnosis. A su lado no soy más que una mera aprendiz.

Como me he quedado hipnotizada por la radio, os cuento que seguiré hasta septiembre. ¡He picado! Si me queréis acompañar algún día mientras ando por allí, si estáis en Madrid me podéis escuchar directamente en la Cadena Ser y si estáis fuera, podéis escucharme por Internet en http://www.cadenaser.com/ (una vez ahí, veréis que arriba a la izquierda se ve un botón amarillo sobre el fondo azul, que pone “oir”). Podéis escucharme los martes del verano entre las 19 y las 20 h.

Saludos a todos y buen verano

sábado, 25 de julio de 2009

"CULEBRONES"




Hoy me ha dado que pensar el término "culebrones". Después de escuchar un conflicto, que se estaba dando dentro de una familia, una de las personas implicadas dijo “menudo culebrón”. Al decirlo me vino a la mente una culebra grande o una especie de dragón amenazante, que tenía liados a los que se estaban montando líos unos a otros. Me vino de ahí la pregunta de si quién inventó ese término lo acuñó teniendo en cuenta las connotaciones simbólicas de lo que es una serpiente, un ser perverso que enreda y confunde y que a la vez puede ponernos pruebas. Además, en el caso de los dragones, al luchar contra ellos conseguiríamos el tesoro que custodian. En el caso de las serpientes, parece ser que podrían estar ahí para liarnos y embrollarnos, pero quizás nos lían por algo que nos cueste ver o descubrir o porque nuestra propia sombra e inconsciencia se deja engañar por ellas…

Quién sabe…

A raíz de todo esto, me venían después las famosas frases de Rilke en las que dice:

“Quizá todos los dragones de nuestra vida son princesas que esperan solo es, vernos una vez hermosos y valientes. Quizá todo lo espantoso, en su más profunda base, es lo inerme, lo que quiere auxilio de nosotros”.

Es decir, que aquello que parece un dragón amenazante (ese “culebrón” del que hablé en un principio) sea en realidad una prueba para tomar consciencia de nuestra propia fragilidad y la de los demás, para ejercitar la compasión, la comprensión y el perdón y no enredarnos en malentendidos y confusiones (a veces tan difícil)…

Y ¿qué pasaría si detrás del dragón hubiera unos hilos escondidos de un Ser supremo que nos ama y sólo pretende entrenarnos, mantenernos fuertes y despiertos? Y ¿qué pasaría si cada prueba superada fuera estar cada vez más puliditos, relucientes y conscientes? ¿Qué pasaría si en lugar de ver en dragón en el otro nos diéramos cuenta de que también está en nosotros mismos y pudiéramos así vencerlo? ¿Y qué pasaría si detrás del dragón hubiese una gran herida que se protege dando sustos y mucho miedo?

Quién sabe…

miércoles, 24 de junio de 2009

MANIPULACIÓN Y AMOR



Todo ser humano se ha sentido alguna vez manipulado por otro y es probable que también consciente o inconscientemente, haya manipulado, a su vez, a los demás. De forma intuitiva, sabemos qué es eso de manipular o sentirse manipulado, ya que es fuente de conflictos y malestar. Cuando alguien nos manipula, nos sentimos engañados, cansados, como sin energías, con sensación de que hay algo que no está funcionando bien y es injusto. En el ámbito familiar y en el de la pareja es en los que se hace más patente la cuestión de la manipulación, pero también son ámbitos en los que cuesta reconocerlo e identificarlo, pues decir que una madre es manipuladora suena a acusación hacia la buena madre que nos ha cuidado y queremos y se supone que nos quiere. Lo mismo sucede en el ámbito de la pareja, si yo le quiero o él o ella me quiere, ¿cómo se va a dar la manipulación? Pues sí se da. En principio no tiene que ver con quererse o no quererse, sino vivir la relación desde un amor egoísta o con que en ciertos momentos de la vida, se manifiestan partes egoístas o infantiles de nosotros mismos. Normalmente, estas partes egoístas se suelen expresar en momentos de más sufrimiento y vulnerabilidad, en los que uno cree que ya no se puede hacer mucho desde la parte más adulta y se queda en la parte de uno más de niño, que sólo se sabe quejar y que le solucionen los problemas.

También hay que tener en cuenta, que en general se manipula a otro desde la inconsciencia y desde la idea de que uno está pidiendo algo legítimo y que el fin justifica los medios. Por ejemplo, sería el caso de quién pretende que le quieran dando pena, quejándose exageradamente para llamar así la atención de la persona de la que quiere obtener el cariño, en lugar de decir simplemente que se quiere sentir el cariño del otro. Aunque una opción más sana sería expresar el cariño que se siente por el otro y dejar que el otro libremente exprese lo que realmente sienta. Libremente quiere decir que el otro no está obligado a darnos nada aunque le estemos dando algo. Porque si damos para que nos den, también es una manipulación. La opción más sana sería dar desde la libertad, desde lo que se siente, sin imponer o controlar lo que ha de sentir la otra persona. Dar desde la libertad quiere decir que me sale de mi interior expresar algo y que a la otra persona también le puede o no salir algo desde el interior. Seguramente, esta opción le puede dar vértigo a más de uno, porque se supone que a todos nos gusta que nos quieran, pero también se supone que queremos que nos quieran de verdad. Paradójicamente, cuando más libres nos sentimos de dar, más recibimos. Cuanto menos esperamos que nos devuelvan algo que estamos dando, más vuelve a nosotros y de una forma multiplicada. Se trataría entonces, de tratar de confiar y no depender de afectos ajenos. Para ello hacen falta grandes dosis de madurez y de amor por uno mismo. Si nos amamos a nosotros mismos, es más fácil que podamos amar a otros desde la libertad y no estemos esperando que nos den algo a cambio. Es más enriquecedor dar, expresar, compartir desde un corazón que se siente o se va sintiendo seguro. Nadie puede darnos esa seguridad. En la infancia es cierto que los padres nos han condicionado, en algún sentido, pues la seguridad básica nos ayudan a construirla ellos. Pero una vez que somos adultos y padres potenciales, somos nosotros los que nos hemos de ocupar de nuestro niño interior herido. Algo que también, para quienes crean en una realidad trascendente se puede fortalecer, desde la consciencia de que hay una Madre-Padre Dios que nos sana y sostiene. Esto también se debe vivir desde la libertad de no ser dependientes de lo que nos gustaría que fuera la realidad trascendente. En este punto también estamos tentados de manipular a Dios para mantenernos en un estado infantil en el que le decimos qué es lo que tiene que hacer con nuestra vida, en el que negociamos con artimañas lo que toca darnos o no darnos, en el que pedimos deseos como si los pidiéramos a nuestra hada madrina o le condenamos cuando no hacemos lo que quiere desde nuestra parte más infantil y egoísta...

Es importante ser consciente de la propia vulnerabilidad para sanarla y trascenderla, pues así es posible amar sin esperar, relacionarnos sin manipular y disfrutar de verdad de la vida con libertad.

Que cada cuál piense desde donde vive, desde lo que da o desde lo que está pidiendo... Si actúa abierto a la vida o queriéndola controlar y manipular a su antojo. Si al menos lo piensa y se va haciendo consciente, ya puede empezar a labrar el camino hacia su propia libertad y hacia un amor más real, profundo y maduro. Lo creáis o no, es posible…

martes, 2 de junio de 2009

VENEZUELA Y YO



Hay momentos o vivencias de nuestra existencia que quedan grabadas para siempre en nuestros corazones, que nos tocan, conmueven o transforman. Algunos por su intensidad, otros por su sencillez, otros no sabemos por qué... Pero el hecho es que ahí están y nos dan fuerzas, nos guían y nos impelen a buscar más de una felicidad, que parece de otro mundo, pero que es de este.

Gracias a viajar a Venezuela encontré nuevas experiencias, nuevas personas que tocaron mi alma con su humanidad y cariño.

Para mí era un viaje de trabajo, estimulante en sí porque suponía descubrir un nuevo país y nuevas gentes, colaborar con otra universidad, etc. En resumen, era una oportunidad de encontrar nuevas experiencias, a priori sobre todo intelectuales, después descubrí que además, había otras posibilidades aún más interesantes.

Antes del viaje me asaltó una cierta pereza, pues andaba enferma, con una fuerte bronquitis, con malestar, incomodidad, debilidad, inquietud, etc. Me preocupaba que mi salud me impidiera el adecuado desempeño de mi tarea, pero fui. La oferta era demasiado tentadora…

Puedo decir pocas cosas agradables del trayecto para allá. Anularon mi vuelo, me ubicaron en otro que salía 7 horas después, y del que no sabía que tendría plazas hasta media hora antes de su salida. Sé que aprendí en esa espera. Había madrugado mucho, estaba cansada y somnolienta. Pero tuve la suerte de que conseguí proponerme aprender de la situación, trabajar mi paciencia, tener un tiempo para reflexionar, pensar, escribir, llamar a amigos… Se pasaron las horas y observaba a las personas que transitan Barajas un viernes, por la mañana. Veía caras cansadas, rostros impacientes, otros tristes, otros felices… Y yo allí de espectadora, contemplando mi vida desde la espera de un avión, que no sabía si tendría un espacio para mí, desde la espera de mí misma, mirándome en los rostros y en las horas. Curiosa experiencia…

Casi sin darme cuenta llegó el momento. Me dirigí, asumiendo el destino que tocase, al mostrador de la nueva compañía. Y en el último momento, antes de partir, me comunicaron que sí tenía un lugar, para el nuevo episodio que me tocaría vivir. Me sentí bien, quería partir. Y a la vez, algo quizás se activó en mi conciencia en esa aceptación de la espera, en ese entrenamiento en estar presente en el presente… Quién sabe…

Y llegué a Caracas. Allí había otra atmósfera, no sólo por el agradable calorcito del trópico (era enero en Madrid), sino porque se respira otra realidad, otra forma de ser… Me recogió un hombre amable, que era chofer de una universidad de allá, y me llevó a casa de una persona (en otra ciudad, Valencia) a la que no conocía, en cuya casa se me ubicó, como solución provisional. Esa persona se convirtió en familiar, cercana, como una amiga de siempre, en dos minutos y me sentí en casa, cómoda, tranquila y feliz. Ella y otros, también cercanos de inmediato, me llevaron a una playa estupenda, me cuidaron con mimo, me mostraron la belleza de una isla que se llamaba “larga” y que para mí debería llamarse “corta” porque hubiera querido más, no solo por la belleza del lugar sino por la calidez y belleza de las personas con las que pasé el día. Me decía a mí misma que algo así debía ser el paraíso. No tengo palabras para expresar mi cariño y gratitud por tan gratos momentos.

Después, vuelta a Caracas, con el chofer encantador y amable. Partí en un nuevo vuelo a Mérida. Y un hombre encantador me fue a recoger. Un ser humano amoroso, tierno, cercano. Llegaría encantada a cualquier lugar del mundo si siempre me recogiera alguien así y me mostrara tanta simpatía, no forzada, amorosa, tierna, cálida… El viaje a mi hotel, fue delicioso, y no sólo por el chocolate que se me ofreció con ternura. No lo olvidaré…

Llegó mi curso y mi clase y yo seguía enferma, débil, torpe… Pero allí estuve, delante de 38 desconocidos, ante un nuevo reto, y con un nuevo estímulo. Me sentía en mi casa, aunque no me sentía bien del todo, físicamente. Y algo sucedió, pues ya con el alma tocada por el afecto de los que allí había encontrado, me sentía bien, aunque frágil en el cuerpo.

Pasamos 5 días juntos en los que alguna especie de magia me traspasó. No sé cómo ni por qué. No sé quién fue ni cómo empezó. Sólo sé que me sentí tocada por muchos gestos amables, miradas atentas, sonrisas sinceras. Cada uno, a su manera, se esforzaba por cuidarme, pasearme, guiarme, de una manera que he visto pocas veces en mi vida. Y me preguntaba si seguía en la tierra o en otro mundo cercano al paraíso. Lo he ido recordando desde entonces, para comprender, para interiorizar bien la lección, para descubrir la fórmula secreta de esa magia que abrió un poco más mi corazón.

Me faltan realmente las palabras para explicarlo, pero hasta donde llegue trataré de compartir, sobre un amor libre, sincero y espontáneo que me transformó en algún sentido.

Quizás ya iba yo en un estado alterado de conciencia por la espera, por el viaje, los horarios cambiados y qué se yo, la propia magia de la vida. Todos ingredientes de alguna fórmula alquímica para destilar el alma, en nuevos elementos esenciales. No lo sé, sólo sé que algo pasó y en medio de todos y yo en medio allí se dio ese algo transformador, profundo, suave y fuerte a un tiempo.

Me encontré con personas, humanos, sensibles, receptivos, atentos. Pero algo más. Alguien me dijo que le tocó mi magia, pero yo creo que nos tocó a todos esa magia que vivimos y que vimos. Venezuela, Mérida, me tocó. Resulta difícil de explicar y a la vez es tan simple como un gesto, una palabra, que se haga con arte y cariño, como allí recibí. Y ¿por qué? Porque recibí expresiones de amor, sencillez, apertura, simpatía. Hubo personas que allí derramaron en mí mucha cercanía y calidez. Sin aspavientos, sin artificios. Sencilla, tiernamente. Fue un lenguaje más allá de las palabras, me cuidaron, me hablaron, ¿me quisieron? Es posible... Pues algo más profundo me llegó, me conmovió… Y fue algo tan sencillo, como saber mirar, saber decir, saber transmitir con el alma desnuda, que dar un caramelo no es sólo dar un caramelo. Que un gesto, si sale de la frescura del alma es más que un gesto, pues es el símbolo claro de algo más profundo, que es un pedacito de amor que pasa de alma a alma. De un alma que se deja darse a otra que se deja dar. Así de sencillo y evidente. Tan fácil, pero a veces tan ausente. Pero por suerte, presente entonces, presente ahora en mi memoria y agradecimiento a una gran gente, cuyo cariño y amor, ha sido una gran provocación. Ellos, quienes me tocaron, fueron grandes maestros en el amor, tal vez sin saber, pero dejándose simplemente ser. ¿Será este el secreto de la felicidad? ¿Tendrá algo que ver con la Gracia? Solo Dios lo sabe...

lunes, 18 de mayo de 2009

EL TIEMPO Y BENEDETTI...



Se murió Benedetti y alguna de sus palabras, que hoy se recuerdan, por su muerte, han estimulado en mí la reflexión y me han movilizado a escribir unas pocas líneas.

Cada muerte, nos puede llevar a una reflexión sobre el tiempo, sobre la vida, sobre el para qué de nuestra existencia, de este tiempo y vivencias que el Destino nos regala y que se nos deslizan entre los dedos.

Hoy en día, la falta de tiempo parece ser un mal que aqueja a muchos, y a la vez, no se es consciente del valor de un instante. Se vive sin vivir en el tiempo, pues se está en un destiempo permanente, fuera de la esencia de nuestra existencia, se vive en el ayer o en el mañana, en ninguna parte, en un sin lugar. No estamos donde estamos y por eso el tiempo no es o no lo dejamos Ser en nosotros. Y podemos dejarlo Ser, expresarlo, mirar por un instante el cielo por la ventana y sentirnos Ser, vivir ese instante en el que lo infinito se condensa, pues como dijo Benedetti “Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo”. Hay un tiempo absoluto y relativo. Ambos se dan simultáneamente. Hay un tiempo intuido más allá del reloj, un tiempo interior que nos mueve y estimula a despertar nuestras conciencias. ¿Y para qué? Podría decir alguien. Pues tal vez para ver la plenitud del instante presente, para dejarnos abrir el corazón al Ser, que en su esencia es una expresión del Amor creador que nos mantiene vivos, abiertos, conscientes. Y no se trata de creérselo, tan sólo hay que vivirlo, respirarlo, sentirlo, es fácil pero nos lo hacemos difícil. Pues como también dice el amigo Benedetti “Si el corazón se aburre de querer, para qué sirve…”

Y no se puede querer si no es desde una toma de conciencia de este instante en el que somos. Como también dijo este autor “La única religión válida para mí es la conciencia; y la poesía tiene mucha vinculación con la conciencia”. ¿Por qué no atrevernos a ser poetas conscientes de la vida? ¿Por qué no vivir desde nuestro Ser que nos conecta con la vivencia de un Amor que nos incluye y trasciende a un tiempo?

domingo, 3 de mayo de 2009

"ILUMINADOS"




En nuestros días numerosas personas afirman estar siguiendo un camino espiritual, meditan, cuidan su espíritu, hablan del amor, de la paz, de cómo hacer un mundo mejor, etc… Están todos ellos en pos de la iluminación (me pregunto si saben muy bien lo que buscan o no es más que una nueva moda para sentirse un poquito más especiales que el vecino). Dicha iluminación interior, pretenden alcanzarla mediante una gimnasia espiritual en la que, mediante unos sencillos pasos, uno se puede sugestionar hasta el punto de creer haber llegado a un estado iluminado…

Y no niego que haya, desde que existe el hombre, la posibilidad de alcanzar estados de conciencia más elevados y una lucidez creciente, en la evolución personal. Pero el objeto de este comentario son los pseudoiluminados, que aquellos que buscan o pretenden haber encontrado el “camino fácil” hacia la iluminación, o el método único que en 10 lecciones te llevará a sentirte iluminado. Ante lo que me pregunto… ¿Es lo mismo sentirse iluminado que estar iluminado? Parece que no. Diferentes sabios, a lo largo de la historia, han señalado los peligros del camino espiritual y muy especialmente el riesgo de la soberbia. ¿Y no es soberbia tener ya el manual para conseguir la iluminación? ¿O pretender que es uno mismo, él solito, el que sabe su grado de iluminación?

Ante estas cuestiones, propongo como criterio de objetivación de un determinado estado de conciencia, el modelo de Wilber de los cuatro cuadrantes. Dicho autor, refiere que hay cuatro perspectivas desde las que conocer la realidad. La primera de ellas sería la dimensión subjetiva individual (lo que alguien tiene en su interior y que solo puede ver él mismo), la segunda la objetiva individual (lo que es observable por cualquiera, desde el exterior), la tercera la subjetiva colectiva o intersubjetiva (lo que se ve desde dentro de un grupo, por sus miembros) y la cuarta la objetiva (lo que se ve desde fuera, en un grupo por parte de cualquier observador).

Si consideramos, que necesitamos evaluar el estado de iluminado de alguien, en función del esquema wilberiano, lo primero sería la parte subjetiva individual, en la que uno al menos se sentirá de una forma especial, diferente a la habitual. También se sentiría bien internamente, con equilibrio, paz, armonía, salvo si se da algún periodo de crisis (no olvidemos que se dan dentro de la vida y ayudan a evolucionar). Si se siente malhumorado, irritable o desprecia a muchas personas, dudo mucho de que dicha iluminación sea real... Y si necesita contarle a todo el mundo que está en un camino para iluminarse o que ya está iluminado, podemos asegurar, casi con total certeza que la luz se le ha quedado lejos... A esto se le puede llamar egocentrismo, narcisismo o incluso megalomanía, pero no precisamente se da en las personas más iluminadas, de verdad...

La segunda parte, a tener en cuenta, sería la objetiva individual, en la que por parte de cualquier observador imparcial se comprobara que esa persona, tiene una actitud nueva, más positiva y realista ante la realidad. Si se dedica a colgarse de las farolas, tal vez no esté muy iluminado que se diga y es muy probable que haya perdido el juicio.

Desde la tercera perspectiva, habría que contemplar la dimensión intersubjetiva, es decir, como perciben los miembros de un grupo, a uno que se haya iluminado. Se supone que sus relaciones tendrían que ser armónicas con las personas, pero no de dominación ni sumisión y se supone también que sería alguien que no va generando sufrimiento y malestar en otros y que se tiene actitudes leales, adecuadas y empáticas ante sus semejantes. Edith Stein decía que la empatía era un acto espiritual, así que un iluminado que se precie, debería tener al menos un poquito. Pero… ¿a cuantos “iluminaos” les falta precisamente esa cualidad tan fundamental?

Y por último, señalaría la parte de la visión objetiva colectiva, que tiene que ver con cómo funciona alguien dentro de su sistema social. ¿Es alguien que se puede sostener por sí mismo con su trabajo o vive aprovechándose de los demás? ¿Es alguien que siente capacidad de buscar un nuevo trabajo, si pierde el suyo o vive obsesionado con un trabajo fijo? ¿Es alguien que sabe manejarse con las finanzas? ¿Sabe compartir? Etc, etc. Se podrían decir muchas más cosas, pero aquí sólo quiero dejar un esbozo de lo que puede ser una evaluación de alguien supuestamente más lúcido que otros.

Os dejo un vídeo en el que se muestra con maestría y buen humor la búsqueda compulsiva y ensimismada de la iluminación…

jueves, 30 de abril de 2009

¿PARA QUÉ ESTUDIAMOS?



Seguramente, ahora que se avecinan los exámenes, muchos estudiantes se estarán preguntando que para qué tienen ahora que “sufrir”, sentados estudiando una serie de materias que tal vez ni siquiera les interesen. Todos los que hemos estudiado una carrera universitaria hemos pasado por esos maratones finales en los que aprender a toda velocidad una serie de datos que se nos exigen para seguir avanzando, a lo largo de nuestro periplo universitario. Y lo peor no ha sido el hecho de estudiar, que en sí es enriquecedor y en el peor de los casos es una gimnasia mental, sino no entender por qué hay que aprender ciertas cosas que parece que no sirven para nada más que para poner en forma unas pocas neuronas…

Muchas veces, ese “para qué” se ha asomado a nuestras conciencias, pues no entendíamos la utilidad de ciertos temas, contenidos, asignaturas… Posteriormente, con el paso de los años, aún siguen siendo una incógnita el objetivo de ciertos datos, que era preciso engullir y deglutir en un examen. Pero, en otros casos, se ha clarificado la cuestión, pues durante el ejercicio de la profesión se ha ido tomando conciencia de la utilidad de algunas cuestiones aprendidas, sin saber muy bien por qué, en su momento.

Después de atravesar una carrera universitaria, que no era precisamente fácil y que suponía más tiempo de estudio del que me hubiera gustado, especialmente en las cuestiones que me parecían inútiles, he podido llegar, al menos a dos conclusiones, en relación con las cuestiones planteadas líneas arriba.

En primer lugar, me parece que el “para qué”, no siempre se ve hasta que ya se ha atravesado el bosque de la información, pues durante el tránsito, los árboles no nos dejan ver el propio bosque. Así que paciencia… Ciertas cosas cobrarán sentido en nuestras mentes, algún día…

En segundo lugar, he podido concluir, que a veces los profesores nos han sobrecargado de información o de temas inútiles, por varios motivos. En parte “porque siempre se ha hecho así”, por lo que si un tema no sirve para nada y está incluido en un temario, el siguiente profesor que se apunta al carro, asume que eso será así por algo y se lo endosa a sus alumnos, sin saber muy bien por qué e incluso, aburriéndose él mismo del rollo que les suelta. Y en parte, porque los profesores tenemos límites y porque pensamos que algo puede ser útil o interesante, porque en nuestra percepción subjetiva, un tema nos resulta llamativo, pero no nos damos cuenta de que nuestro interés se ha desencadenado como fruto de ciertas experiencias o de años de trabajo en un tema. Dicha experiencia, nos puede hacer comprender por qué algo es interesante, pero eso no es obvio para el que está aprendiendo. Así que hay que hacer un esfuerzo extra, de hablar desde la propia experiencia y mostrar como se ha llegado a plantear algo como interesante, para no llegar a dormir a las piedras. Pobres piedras…

Con estas líneas no quiero desanimar a nadie, sino señalar una de las muchas cuestiones a mejorar para nuestros alumnos, o a la hora de transmitir nuestros conocimientos. Creo que es una gran oportunidad estudiar una carrera, pues se aprenden cosas, de las que hay que hacer y de las que no hay que hacer (pues también hay malos ejemplos que tenemos en nuestros enseñantes), se ejercitan las neuronas mediante el esfuerzo memorístico, de síntesis y a la hora de explicar lo que se sabe, en un examen. Además, se hacen nuevos amigos y enemigos, se va tomando conciencia de que todas las cosas no las resuelven los padres, se empiezan a asumir nuevas responsabilidades (y eso activa más neuronas), se desarrolla un cierto orden de vida (por el hecho de asistir a clase, aunque no se estudie mucho), se desarrollan los músculos de los brazos cargando con libros y apuntes, se desarrollan las piernas yendo a la universidad y sobre todo, uno se va preparando para un nuevo trabajo que se supone que le gusta (siempre y cuando haya elegido sus estudios por sí mismo, pero esto ya es otro tema…). Y más cosas… Si a alguien se le ocurren más, que las apunte.

Y finalmente tan sólo desearos a los que os examinéis, ¡Mucho ánimo! ¡Todos vuestros esfuerzos obtendrán sus frutos! Al menos vuestras neuronas se irán poniendo más fuertes.

martes, 21 de abril de 2009

APRENDICES DE PSICÓLOGOS VERSUS APRENDICES DE BRUJOS



Supongo que mucha gente recordará aquella famosa película de Disney ("Fantasía"), en la que el aprendiz de brujo liaba una buena con unas escobas, por no saber suficientemente como manejar la magia, a pesar de tener algunas nociones de la misma.

Creo que además del divertimento que supone semejante historia, hay un trasfondo más profundo que analizar, en la historia. Y en este caso, he decidido hacer el símil del “aprendiz de brujo” con las personas que después de leer algún manual de autoayuda, hacer una terapia o unos cursillos de psicología, se consideran ya aprendices de psicólogos o mismamente psicólogos y deciden arreglar o interpretar la vida de los demás…

Por ejemplo, recuerdo en una comida, después de un congreso, que se me sentó delante uno de estos ”aprendices” y empezó a aleccionarme sobre la mente humana porque había leído un par de libros de psicología. Evidentemente, todos podemos tener nuevas cosas que aprender, y este señor podía darme alguna información desconocida para mí… Pero desgraciadamente este no fue el caso. El sujeto en cuestión se había leído un libro básico de un autor del que yo puedo haber leído unos 10 libros y pretendía darme una clase sobre el mismo, pretendiendo acaparar la conversación de toda una mesa de comensales. Fue una ardua tarea controlar la situación, pues harto difícil poner a raya a este tipo de sujetos, sin ofenderles. Así que con paciencia benedictina, opté primero por responder con educación a sus lecciones y finalmente por desviar su atención a otras temáticas más neutras. Pero el individuo hizo unos 10 intentos más de adoctrinarme, pues debía pensar que yo era de atención lábil y me volvía a recordar la cuestión, una y otra vez. Después de un rato, se debió dar cuenta de que otras personas tenían derecho a expresarse y a hablar de otras temáticas y cedió en su empeño.

En otras muchas ocasiones me he encontrado con otros “aprendices” que pretendían mostrarme las intenciones ocultas de otros, gracias a los manuales consultados, hacer diagnósticos a “ojímetro” o incluso tenían pretensión de terapeutas, pues daban consejos de andar por casa a sus amigos, para que así se resolvieran todos sus problemas (o eso anunciaban). Algunos incluso se me han ofrecido para participar en mis clases y enseñar a mis alumnos, lo que de verdad importa. Otros han venido a contarme una nueva teoría que era la verdadera y que dejaba fuera a cualquier otro autor, al que no habían leído nunca. Me pregunto como se puede corregir o mejorar una teoría de un autor al que jamás se ha leído…

Otras modalidades son decirle a la gente lo que piensa o siente, dado que según algunas teorías psicológicas, hay cuestiones inconscientes u ocultas, detrás de todas nuestras acciones o intenciones. Y esto no es lo peor, pues una cosa es pensar que alguien puede tener intenciones ocultas y otra muy diferente, pretender saber sin los conocimientos adecuados (al menos 5 años de la carrera de psicología o similar) y sin un proceso de análisis minucioso, lo que hay en el inconsciente de otro. Un análisis psíquico es algo muy serio y llevarlo a cabo supone mucho tiempo y esfuerzo. Además del análisis previo del mundo interior del terapeuta. Un análisis que no consiste en decirle al otro lo que piensa, sino en ayudarle a descubrirlo por sí mismo. Entre esto y jugar a los brujos, veo realmente muy poca diferencia. Más les valía a semejantes oráculos dedicarse a echar las cartas o a leer los posos de café… Seguramente generarían menos sufrimiento y serían más capaces de ver la realidad tal como es y no convertir el mundo en su mapa… Por hacer un paralelismo, os invito a imaginaros que vais de viaje por una carretera y que de repente pasa un burro y dice el que lleva ese mapa, supuestamente con todas las respuestas: “sigue, que el burro no está porque no viene en el mapa”.¿Resultado? Supongo que os lo podréis imaginar. Eso es precisamente lo que llegan a hacer muchos de estos “aprendices” en un mundo en el que es fácil el acceso a la información sin orden ni criterio, y donde es tentador, desde la egolatría y el narcisismo, llegar a pretender que se sabe lo que pasa en el mundo, en la realidad, en los otros, porque ya se encontró el mapa. ¡Menudo peligro! Mejor hubiera sido quedarse en la fase de jugar a las casitas de muñecas…

No comment...

miércoles, 1 de abril de 2009

¿CONTROL MENTAL?

...

...

Hace un rato charlaba con un colega sobre el control mental que se podría llegar a ejercer sobre los seres humanos. En diversos experimentos, se ha llegado a controlar algunas conductas, emociones, reacciones, mediante la implantación de electrodos dentro del cerebro. Por ejemplo, hay un famoso experimento con un toro al que se dejaba quietecito a distancia por un cacharro eléctrico que paralizaba su agresividad apretando a un botón. ¿Cuántos no querrían hacer esto con más de algún ser enfurecido?

Por suerte, no es tan fácil ponernos unos electrodos y controlarnos con un mando a distancia. Idea que tal vez sea tentadora para algunos… Pero… ¿Será posible algún día? ¿Nos disfrazarán la realidad de buenas intenciones si algún día alguien pudiera lograr esto? Quién sabe… La historia nos lo contará…

Sea o no posible lo que escribo líneas más arriba, parece ser un hecho que ya hay diversos procedimientos para controlarnos mentalmente a distancia. Algo tan sencillo como el provocarnos emociones, a través de una pequeña pantalla, puede ser suficiente para que no nos dediquemos a resolver cuestiones importantes de nuestra realidad o para que no desarrollemos suficiente sentido crítico ante lo que ocurre a nuestro alrededor. Véase algo tan sencillo como una final de copa de fútbol. ¿No quedan relegados a un segundo plano cuestiones más vitales y trascendentales mientras dura el partido? ¿No se opera en la mente de muchos un mecanismo que disminuye la actividad de las áreas más racionales del cerebro y aumenta la actividad de las áreas más irracionales? Así se consigue que el cerebro reptiliano esté a tope, el límbico contento por la sobredosis de emociones y el neocórtex ¿de vacaciones? Pues si no…¿Cómo es posible que un ser racional llamado homo sapiens le grite a un televisor sabiendo que no puede contestarle? ¿Cómo es posible que un estado anímico de un día determinado esté condicionado por la frenética actividad de unos sujetos que corren en pos de un balón?

Otro ejemplo posible, por no dejar fuera a nadie de ningún sexo, es el de las telenovelas llenas de reacciones sentimentales que proporcionan emociones sustitutas de vida real, de sentido, de objetivos vitales... ¿Y por qué no hablar de los programas mal llamados del corazón? ¿No podríamos pensar que más que darnos corazón nos lo quitan al no tener el más mínimo escrúpulo por inmiscuirnos en las intimidades ajenas?

Todos estos ejemplos sirven para estimular ciertas áreas del cerebro, primitivas, emocionales, sensibleras. Pero ¿nos estimulan realmente al desarrollo de la inteligencia? ¿No nos damos cuenta de que al usar mucho unas partes del cerebro y al no usar otras crece aquello que favorecemos y disminuye lo que no cuidamos? Aumenta nuestra impulsividad, agresividad, sensiblería, curiosidad malsana. ¿Pero crecen así las neuronas del amor, del pensamiento racional, de la coherencia interna? Más bien parece que no... ¿Cuántos no andarán por ahí con un pedazo menos de cerebro porque nunca supieron que ese pedazo murió porque no lo dejaron crecer? ¿Cuántos no andarán sueltos manejándose con mecanismos neuronales básicos de supervivencia sin darse cuenta de la joya que pudieron desarrollar y nunca tuvieron ni siquiera oportunidad de saberlo?

Y aún así, confío en el potencial de la humanidad y en la oportunidad que cada uno se puede dar a sí mismo para superarse, un poco cada día y llegar a ser una persona mejor. Este escrito, más que nada pretende ser un estímulo para las neuronas dormidas, para ponerlas un poquito en forma y ayudarlas a despertar…

miércoles, 25 de marzo de 2009

Medicinas complementarias...

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Hoy me gustaría compartir con vosotros, un texto que escribí, cuando era estudiante de Medicina (para la revista de la Facultad), sobre las medicinas complementarias o mal llamadas alternativas. Me ha inspirado el tema, después de haber estado un par de días del puente en el balneario de Archea y pululando por la costa de Murcia. Algo muy recomendable para mantenerse en paz y tranquilidad... Arriba podéis ver la imagen de un lugar en una playa cerca de Águilas, espero que os guste.


Aquí empieza mi escrito:
Título: MEDICINAS


El progreso científico se ha visto entorpecido con frecuencia por mentes estrechas que transforman los conocimientos adquiridos en doctrinas y confunden las creencias vigentes con verdades definitivas, cayendo en el dogmatismo y en la intolerancia hacia cualquier novedad.

Es cierto que la ciencia médica sigue avanzando en su habilidad tecnológica, que puede resultar muy útil, pero también entorpecernos porque nuestro deslumbramiento vanidoso ante nuestros logros científicos puede hacer que nos estanquemos y cerremos nuestras mentes a nuevas posibilidades o ante nuestra propia capacidad innovadora. La obstinación en que los únicos métodos diagnósticos y terapéuticos que resultan válidos son los que se enseñan en las universidades, nos ha hecho olvidar otras posibilidades igualmente útiles que se han empleado eficazmente en épocas pretéritas y que en nuestros días siguen vigentes en el seno de algunas medicinas denominadas alternativas. Pero hay tal obsesión en luchar contra el curanderismo, que a muchos médicos les resulta imposible tener una actitud abierta hacia cualquier sugerencia que no venga de los cauces habituales.

Algunas aportaciones de las mencionadas medicinas alternativas podrían ayudarnos a mejorar nuestra labor. Y aunque piense que hay que luchar contra la superchería y estafa de aquellos que pretenden curar con fórmulas mágicas, ensalmos o cualquier método igualmente engañoso para enriquecerse a costa de la desesperación ajena, creo que incluso del curanderismo más oscurantista habría algo que aprender: que la sugestión puede ejercer un gran poder sobre los enfermos (y no sólo me refiero al efecto placebo) y que hay formas de aplicarla para hacer más eficaz cualquier tratamiento (por ejemplo).

Es significativo que el número de personas que se sienten atraídas por medicinas alternativas vaya en aumento. Quizás sólo es un síntoma de que “nuestra” medicina deja grandes vacíos, lo que impulsa a los enfermos a buscar otras vías para llenarlo, pero que tiene la nefasta consecuencia de que la ignorancia les puede hacer caer en las garras de curanderos desaprensivos sin ninguna formación médica. Yo creo que los principales responsables de que esto ocurra son los médicos ortodoxos que atacan con arrogancia y seguridad todo aquello con lo que no están familiarizados sin someterlo a una valoración objetiva, creando así gran confusión por meter dentro del mismo saco todo lo que desconocen: a los curanderos, a los homeópatas, a los brujos, a los médicos naturistas, etc. El término “medicinas alternativas” es una prueba de ello.

La única manera de evitar la estafa y la confusión sería estableciendo una delimitación clara entre las medicinas con fundamento y las que son mera estafa. Proporcionando un conocimiento básico sobre dichos temas a los médicos para poder al menos rechazar con unos criterios la superchería y para estudiar con una actitud abierta otras posibilidades de curar y diagnosticar, al menos aquellas en las que se ha probado su eficacia repetidamente. Si algún día usáramos más la inteligencia y la apertura mental que el dogmatismo y su demoledora arrogancia, al medicina daría un gran salto hacia delante.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Estreno del blog

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Saludo a cualquier navegante del ciberespacio que se pase por este lugar.

Me he animado a crear este blog, para poder compartir de una manera más dinámica, que a través de una web, reflexiones, pensamientos, sensaciones, ideas...

Un día alguien me dijo que mi web (http://www.maribelium.com/) era demasiado seria, estática, científica... y que además, no se vislumbraba bien mi persona a través de ella. Desde entonces se fue sedimentando en mí la idea de crear otro espacio más abierto y dinámico, en el que cualquiera pueda participar.

He titulado el blog, por ahora, como "¿Ser conscientes?" pues me surge la pregunta de si realmente lo somos, de si podemos serlo más en el sentido de estar más despiertos ante la verdadera realidad de nuestro mundo exterior e interior. Parece que nuestras consciencias, no siempre están despiertas, que vemos lo que queremos o que queremos lo que vemos. Nuestras consciencias son nuestros instrumentos de relación con el mundo, de conocimiento del mismo, de encuentro con los otros, de autoconocimiento, de sentimiento y de contrucción de un sentido de la vida, entre otras muchas cosas. De estos temas, es decir, de la vida misma, es de lo que pretendo ir llenando este blog, este espacio de relación y comunicación, que ahora estoy abriendo como una ventana más hacia el mundo.

Bienvenido cualquiera que se pase por aquí...

Maribel Rodríguez