jueves, 14 de enero de 2016

¿QUÉ APORTA LA HIPNOSIS AL AUTOCONOCIMIENTO?




Por todos es sabido que el camino hacia la sabiduría pasa por el autoconocimiento. Pero no solo éste, cualquier camino hacia el sentido común, la autocomprensión, la madurez, la capacidad de comprender a otros, etc. El camino del autoconocimiento es necesario para tomar un contacto adecuado con la realidad propia y ajena. Y es un camino obligado en diversos modelos de psicoterapia, que pretenden mirar más allá de la superficie de las personas y que, por lo tanto, apuestan por la introspección.

¿Y qué aporta la hipnosis en todo esto? Una definición de hipnosis dice que “es un estado natural de activación y focalización de la atención unido a un estado de relativa desconexión periférica” (Spiegel, 1996, p. 117). Es decir, es un estado en el que alguien es capaz de estar muy concentrado en algo, sin prestar atención a ciertos estímulos que se están dando y que se pueden considerar irrelevantes. Por ejemplo, algo así nos pasa cuando estamos muy absorbidos viendo una película o leyendo un libro.



En ciertos tipos de meditación con concentración se produce un fenómeno parecido, pues la consciencia se centra en algo, para dejar de lado ciertas sensaciones, sonidos, etc. Es difícil diferenciar el estado de consciencia de este tipo de la hipnosis, y, según algunos autores, la experiencia subjetiva es la misma. Puede cambiar la intención acerca de por qué se está realizando uno u otro proceso.

¿Y para qué queremos focalizarnos o concentrarnos de este modo? Principalmente para poner una atención más intensa en aquello que nos interesa. En el caso de querer fomentar el autoconocimiento, el foco se pondría en uno mismo y en aspectos concretos de la experiencia interna en los que se quiera profundizar y dejar de lado interferencias que normalmente no permiten mirar con tiempo y con suficiente calma en el mundo interior. La profundización en nosotros mismos requiere intención, atención y esfuerzo. Y esa profundización permite irnos acercando a un lugar más profundo de nosotros mismos, que para algunos tiene que ver con lo espiritual, lo sagrado, el alma, el Ser, etc.

Aparte de poder favorecer esa atención localizada en el mundo interior, para ir profundizando en él, la  hipnosis también posibilita una menor distracción en el diálogo terapéutico. Situación que favorece un trabajo psicoterapéutico más concentrado y eficaz.

Y otro punto importante, la hipnosis puede ayudar a tomar consciencia de elementos inconscientes, por diferentes caminos. Uno de ellos puede ser el de acceder a un lenguaje visual y simbólico, que pueda expresar metafóricamente algún aspecto de nosotros mismos que no podemos poner en palabras, o del que no somos conscientes. La toma de consciencia se favorece, por un lado, poniendo atención focalizada (como ya se ha señalado), pero también favoreciendo la comunicación de la parte racional de nuestra mente, con la parte más emocional o irracional. Un método puede ser entrando con la hipnosis en la escena de un sueño y estableciendo relaciones conscientemente con los personajes del mismo, explorando las propias reacciones en el sueño, explorando el lugar en el que se dan las experiencias del sueño, etc. De esta forma que se trabaja con un lenguaje más metafórico, que puede tener la capacidad de abrir nuevos espacios desconocidos dentro de uno mismo, a los que no se tiene acceso desde la infancia o que están en un estado latente en nuestro interior.


En el caso de hacer un trabajo introspectivo aprovechando el estado de consciencia que proporciona la hipnosis, la mayor sugestionabilidad de este estado puede permitir abrir puertas internas que pueden ser menos accesibles en el estado de consciencia ordinaria. Por ejemplo, el pedir respuestas a nuestra “parte sabia”, o el plantearnos que podemos mirar más a fondo, puede permitir elementos adicionales de trabajo que normalmente no se dan en un proceso de terapia ordinario.

En mi experiencia clínica la hipnosis posibilita la toma de contacto con sensaciones y emociones ignoradas, posibilita un mayor silencio para la exploración del mundo interno (es decir, para la introspección) y aporta más herramientas para entrar en relación con dimensiones del mundo interior que han permanecido ocultos previamente. También ayuda a minimizar distracciones que interfieren en el diálogo terapéutico. Hay mucho más, pero una entrada de blog no permite más exhaustividad. Espero que al menos estas líneas sirvan para despertar interés y curiosidad entre quienes quieren conocerse mejor y, sobre todo, entre los colegas psicoterapeutas que buscan herramientas e instrumentos que complementen sus propios métodos. 

Sobre este tema imparto un seminario-taller el 23 de enero en el Centro Engramas de Madrid. Por si alguien está interesado en este link tenéis más información: http://www.psicoterapiasintegradoras.com/hipnosis.html 


NOTA: Es fundamental que el trabajo en psicoterapia con hipnosis sea aplicado por un profesional de la salud mental (preferentemente Psiquiatra o Psicólogo), con formación específica en psicoterapia. Acudir a otros profesionales sin esa cualificación puede suponer riesgos, fundamentalmente los de no recibir el tratamiento adecuado al problema que uno presente y el de perder el tiempo y el dinero.





jueves, 7 de enero de 2016

LA ADICCIÓN A UNO MISMO


Últimamente le doy vueltas a la posibilidad de que exista una nueva adicción, no incluida en la clasificación internacional de enfermedades mentales, pero no por ello menos dañina o peligrosa: la adicción a uno mismo.

He empezado a planteármela después de ir conociendo diversas personas que dicen que quieren estar bien, mejorar su vida, ser felices o tener éxito, pero que también, de manera implícita o explícita dejan de manifiesto que no piensan cambiar en nada. Quieren otra vida, pero piensan han de cambiar los otros o que el mundo ha de cambiar sus leyes por ellos. Afirman que no tienen nada que cambiar pues todo en ellos “es así” porque son “auténticos”. Es curioso como incluso algunas personas en esta línea hablan de inquietudes espirituales, pero con la premisa de que antes o después el universo o Dios han de cumplir sus deseos (echadle un vistazo al libro “El Secreto”) y, si esto no se produce, el problema es del universo o de Dios, pero nunca de ellos.



Si a una de estas personas no le gusta algo tuyo, te lo dirán, porque se están “expresando” y así “fluyen”, porque son “espontáneas” y te dicen lo que piensan para que cambies tú, que eres el que tienes problemas, al no ver las cosas igual que ellos. Me pregunto por qué nadie les ha explicado la diferencia entre espontaneidad e impulsividad…

Otras manifestaciones de esta dolencia son:

-  Excesiva competitividad con cualquiera, que si les supera ha de desaparecer de su periferia lo antes posible. Pero no la reconocerán, los demás son quienes les quieren fastidiar compitiendo con ellos, porque les tienen envidia.

- Excesiva exigencia hacia todo el mundo, con gran tolerancia a todo lo que ellos hacen, especialmente con sus errores.

- El mundo ha de adaptarse a su mentalidad, ellos se sienten inadaptados e incomprendidos, por todos los demás que son ignorantes, limitados, etc., ya que no ven las cosas igual que ellos.

- La gente les tiene que querer, sin plantearse seriamente si son capaces de querer a otras personas.

- Sus gustos son siempre los mejores y que cualquier otra apreciación es inadecuada.

- No van a terapia, porque no tienen nada que cambiar y, si van, no les vale ningún terapeuta porque pretende mostrarles perspectivas diferentes a las suyas. Por otra parte consideran rebajarse, el hecho de aprender algo de otra persona, con lo cual las diversas terapias no les pueden aportar mucho.

- Discurso cerrado y reiterativo, sobre sus virtudes o sobre sus problemas. En el segundo caso siempre hay un halo de drama, que parece darles más glamour o autoimportancia.

- Gran dificultad o imposibilidad para dialogar. Suelen mantener un monólogo en la relación con los demás, sin que escuchen a su interlocutor.

- Prefieren la soledad porque todo el mundo es imperfecto y se equivoca.

- Suelen mantener largos soliloquios consigo mismos y creen que su manera de pensar es mejor que la de cualquier otra persona, salvo la excepción de algún gran genio de la historia con el que se equiparan.

- No entienden como nadie se da cuenta de sus grandes virtudes, lo que aún les enfada más con los demás.

- Pueden ser adictos a cuidar su imagen y a causar buena impresión en público, lo que puede llevarles largas horas de ensayo y autocuidados, para mantener su poder seductor.



- Ante la más mínima confrontación pueden asomar sus afiladas garras y ponerse de manifiesto su tremenda agresividad ante lo que pretenda hacerles renunciar a la idolatrada imagen que tienen de sí.

Lamentablemente esta es una adicción que va en aumento, y es especialmente grave entre quienes no han tenido límites y se les ha dejado crecer como niños tiranos. Podemos encontrarlos incluso entre quienes pueden agredir física o verbalmente a sus padres con la excusa de que no se adaptan a sus necesidades. A los terapeutas nos pedirán que retroalimentemos su máscara narcisista y que les alentemos en su camino hacia el merecido ´”éxito”.

Algunos se preguntarán por el antídoto… Supongo que es una adecuada educación por padres medianamente maduros, que no hay muchos. Una vez instaurado el mal mucha paciencia por quien trate con ellos, y confiar en que la humildad puede habitar en algún lugar de su alma, alentándoles con encontrar una luz más profunda que los brillos de purpurina con los que quieren alimentar a sus inflados egos… O quizás algún revés del destino les tire del trono de cartón piedra, y les saque de su escenario de gloria y de fuegos artificiales… Confío en que en el fondo de sus almas se mantenga un hilo de sentido común que, en algún momento, pueda conectarse con sus conciencias, y ayudarles a superar el mono de tan lamentable adicción…

Es posible que en el fondo haya un profundo anhelo de amor que quiere llenarse a toda costa, sin buscar el camino real, porque requiere esfuerzo, consciencia y enfrentarse a la propias sombras internas... Espero que ese profundo anhelo pueda colmarse de un amor real, en lugar de esos sucedáneos que solo alimentan a un ego que se va quedando más y más vacío...




jueves, 3 de diciembre de 2015

¿PSICOTERAPIA PARA ADAPTARNOS O PARA LIBERARNOS?




Aunque puede sonar algo forzada esta diferenciación, desde hace tiempo considero importante lanzar esta cuestión.

¿Hay psicoterapias que buscan más la adaptación para que seamos personas normales y civilizadas? Y… como contrapunto. ¿Hay psicoterapias que principalmente pretenden liberarnos para que lleguemos a ser más quienes somos? Parece que sí…

Partamos de la realidad clínica cotidiana. Cuando alguien va a un psicoterapeuta puede haber tres razones fundamentales:

-       Un gran sufrimiento interno, que se manifiesta en diferentes síntomas.

-       Importantes conflictos en las relaciones interpersonales.

-       Recomendación o petición de otras personas.

Normalmente, las personas que solicitan este tipo de ayuda desconocen cuál es el enfoque que les puede ayudar y no saben que hay diferentes tipos de tratamientos psicoterapéuticos, que tienen planteamientos muy diferentes.

En ciertos casos la psicoterapia procura ayudar a que nos adaptemos a los roles que la sociedad nos pide, a la familia, al trabajo, a las demandas sociales, etc. Nos propone ser sujetos más eficaces, nos plantea estrategias para lograr nuestras metas, que no siempre son propias, pues vienen de muchas ideas inculcadas durante años acerca de quienes y como debemos ser. En este sentido el coaching, el PNL, o las terapias cognitivo-conductuales funcionan para adaptarnos al mundo exterior, para aprender a sentirnos más normales y lograr más autoeficacia, efectividad, autoestima, habilidades sociales, estrategias de comunicación, etc. Estas terapias nos pueden enseñar a pensar más correctamente, a eliminar ruidos mentales, a organizarnos mejor o a tomar decisiones, entre otras cosas. Funcionan con técnicas concretas y estrategias que pueden hacernos la vida más fácil. ¿Pero qué pasa si nuestras decisiones no son nuestras en realidad y los síntomas que ponen de manifiesto nuestro malestar son en realidad quejas de nuestras almas para que retomemos el camino de vuelta a quienes somos? En estos casos puede suceder que estas psicoterapias nos alejen más aún de nosotros mismos. Si nos domina el afán por la adaptación, la normalidad, la aceptación del prójimo, etc. es posible que lo consigamos, pero al alto precio de no ser quienes somos. Tendremos mejores máscaras, pero menos escucha interior, menos consciencia del sentido de nuestro dolor interno por no ser quienes somos llamados a ser verdaderamente.


Como contraparte tenemos otras psicoterapias de corte más psicodinámico-existencial que lo que buscan es encontrar el sentido y origen de lo que nos pasa, nos enseñan a volver la mirada al interior y a hacernos preguntas más profundas, que momentáneamente pueden intensificar nuestro malestar al tomar consciencia de las sombras ocultas. La finalidad de estas psicoterapias es ayudarnos a ser más libres caminando hacia nosotros mismos, desarrollando aquello que nos hace únicos e irrepetibles y, por lo tanto, combatiendo esa necesidad colectiva de que todos seamos “normales”. En este caso, entramos en la psique como exploradores de un mundo subterráneo en el que los artilugios técnicos pueden ser más limitados para captar los elementos más profundos de nuestro interior. Es posible que en esta exploración sea muy útil lo que nos proponen las terapias cognitivas para tomar consciencia de nuestra manera de pensar, pero hay mucho más. Hay todo un mundo de emociones, imágenes, intuiciones, sensaciones, historias y misterios. 


En estas terapias introspectivas se nos plantea la posibilidad de retomar un lugar esencial en nuestro interior, que nos va ayudando a tomar consciencia de quienes somos y encontrar una plenitud y sentido que nos nutren desde dentro.

Sin negar la importancia que puede tener el adaptarnos a nuestro mundo, considero necesario señalar los riesgos de empeñarnos en adaptarnos a toda costa a un mundo que padece numerosas enfermedades colectivas (consumismo, borreguismo, ceguera colectiva, colectivismos diversos, etc.).  Como dijo Krishnamurti “no es signo de buena salud estar adaptado a una sociedad profundamente enferma”. Algunos autores han hablado de las patologías de la normalidad, como Erich Fromm que usó el término “normopatía”, refiriéndose a una excesiva adaptación a las normas sociales sin tenerse muy en cuenta a uno mismo. Otro autor es Werner Meinhold, quien usa el término “normosis”, para describir la “psicosis” de la normalidad que se daría en individuos desconectados de sí mismos, alienados y que funcionan como autómatas con tal de ser normales y que podrían llegar a matar por defender esa normalidad (como se describe muy bien en la primera película de Matrix).

Desde que somos muy pequeños se nos educa y enseña en ese empeño de adaptación que llega a ser el germen de muchos padecimientos psíquicos, para quienes en realidad anhelan la conexión con un espacio más profundo del ser. La educación trata de homogeneizar, a todos se nos enseñan las mismas cosas y se nos educa de la misma manera. Lo mismo sucede, en cierta medida, con terapias muy centradas en la adaptación, que se puede tratar a personas muy diferentes con procedimientos idénticos, con el fin de favorecer la adaptación a la sociedad, al sistema, etc.


El reto estará en encontrar el equilibrio entre la adaptación al ambiente y descubrimiento de quienes somos en realidad, de tal forma que aunque estudiemos, aprendamos herramientas básicas de supervivencia y de relación social mantengamos siempre en el horizonte la consciencia de que hemos de estar en sintonía con nuestro ser más profundo, para no desviarnos del camino que nos haga más humanos y auténticos. Sólo así podremos ser fieles a nuestra auténtica y única vocación y aportar desde nuestros auténticos dones para entre todos construir un mundo más afín al bien, a la verdad y a la belleza que nos configura desde lo más profundo.


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