miércoles, 25 de julio de 2018

¿SER NORMALES? ¿SER DIFERENTES?




A veces tengo la sensación de que estamos perdiendo ciertos parámetros que nos permiten orientarnos mínimamente en la realidad. 

Las identidades se diluyen, se incrementan las inseguridades y parece que nuestro ser es una especie de disco duro en el que es posible incorporar cualquier software o app al servicio de nuestros deseos. Incluso hay quien dice que podemos ser quienes queramos y como queramos, que basta con proponérselo, ser positivos, etc. Si así fuera estaríamos dominando uno de los lugares más complejos del universo, nuestro infinito espacio interior y se supone que podríamos ser absolutamente felices, todopoderosos, infalibles, etc. Pero los hechos nos muestran que esto no es así y que lo más irracional es creer que la realidad exterior y la interior puede responder a las capas más superficiales de nosotros. 

Con todo el mercado de coach, pseudoterapeutas e iluminados que tenemos disponible cualquier día nos venden un tuneado del ser a módicos precios, para vivir sugestionados incrustados en personajes imaginarios. Serían nuevos caminos para fabricar máscaras más verosímiles y aparentemente satisfactorias. Pretender esto de crear el personaje que queramos ser es jugar a los cuentos de hadas, y, lo que es peor, generar autoengaños muy nocivos que finalmente sear el mayor impedimento para la felicidad, ya que esta pasa por ser nosotros mismos.

En todo este batiburrillo de ilusiones diversas y construcciones extrañas de yoes imaginarios, muchos andan en la pretensión de que lo mejor es ser diferentes. Pero no diferentes siendo quienes son, sino ser diferentes forzadamente, obligatoriamente. Está de moda ser diferentes. Pero... si está de moda ser diferentes parece que el ser normal va a ser la manera de ser diferente. Tampoco me parece que debamos ser normales a la fuerza. Lo más normal será ser lo que somos, más o menos raros, más o menos normales. Ser lo que somos es liberador y, en general, ese paso de progresión hacia nuestro ser real suele ayudarnos a dejar ser como son a los demás. No es real la liberación que solo pasa por uno mismo, sin dejar libertad a los otros. 

Si alguien alardea de ser libre y de ser diferente y no soporta la normalidad o la diferencia del de al lado, simplemente me está mostrando que ni es libre ni es diferente. Simplemente está adaptado a otra forma de normalidad, la de la supuesta diferencia que otorga la identidad de ser especial. Como cuando los niños juegan a ser personajes ficticios. Aunque los niños suelen saber que están jugando... El problema es que el juego de la ficción narcisista se apodere de uno y uno viva a través del personaje imaginario, a costa de los demás (pues si no le siguen el juego le resulta insoportable) y obligando a otros a pensar como él, porque así son tan diferentes como el mismo. Pues no señor, así son iguales a lo que tú quieres que sean, no realmente diferentes. Sería otra forma de normalidad impuesta.

La normalidad impuesta no ayuda a conectarse con la realidad y se puede caer en lo que Erich Fromm llamó “patología de la normalidad” y otros, como Guinsberg “normopatía”, una especie de enfermedad de ser normales. Guinsberg define al normópata como el que acepta pasivamente y por principio todo lo que en su cultura se señala como bueno, justo y correcto y sin cuestionar nada, aunque sí cuestione y ataque a quienes cuestionan su visión de la normalidad.

Es curioso que si se impone la diferencia como forma de normalidad podemos caer, paradójicamente, en una forma de “normopatía” encubierta no por ello menos alienante y peligrosa.

Ojalá fuéramos libres para ser normales o diferentes, según le surja realmente… dejando a los demás ser quienes sean realmente, sin imposiciones.




sábado, 5 de mayo de 2018

LA FRAGILIDAD DE LOS MÉDICOS

Imagen de Mónica Lalanda @mlalanda

Los médicos somos humanos, somos seres frágiles, como los demás, y requerimos cuidados y esfuerzo si queremos mantener nuestra salud en condiciones óptimas. Algo que es absolutamente obvio y de sentido común. Pero… ¿por qué, en muchos casos, no lo hacemos? ¿Por qué muchos han asumido un modo de vida, que parece preparado para superhéroes? ¿Y por qué, muchas veces muchos médicos lo han asumido inconscientemente? ¿Por qué nadie nos dijo que la salud empezaba por nosotros mismos?

Creo que una parte viene de una carrera de Medicina planteada desde un sacrificio quizás necesario,  a veces excesivo y a la vez desde unos planteamientos obsesivos y perfeccionistas.  Quizás ya éramos buenos chicos que nos adaptábamos excesivamente a lo que la escuela nos pedía y de ahí nuestro excelente rendimiento académico…  Aunque también recuerdo mi gran inquietud por aprender con interés, muy por encima de cualquier preocupación por unas buenas calificaciones. Supongo que también les pasó a muchos otros.

Recuerdo en mi carrera de Medicina la especie de gynkana diaria con la que teníamos que vivir, innumerables horas de clase, empacho de conocimientos (muchas veces poco útiles para nuestra práctica futura), prácticas hospitalarias, trabajos individuales y en grupo, lecturas, descalificaciones frecuentes de profesores inaccesibles, etc. La competitividad era para algunos a vida o muerte, en una especie de guerra narcisista por ser los primeros a costa de cualquier sacrificio personal. Por suerte algunos teníamos vida social, leíamos, íbamos al cine, etc. Otros no, su vida era una alienante competición por demostrar algo que aún no sé muy bien lo que era. Algunos compañeros no pudieron superar la batalla, no resistieron, sus nervios se quebraron, claudicaron abrumados por un modo de vida que superaba sus fuerzas. Quizás sus sistemas nerviosos tenían más sentido común de los que salimos adelante en ese sistema “loco” de superar obstáculos y de acumular datos como computadoras.  De ahí que cuando fui becaria en Psiquiatría propusiera un proyecto sobre salud mental de los alumnos que finalmente quedó ahí para satisfacer la ambición profesional de profesores que querían engrosar su curriculum con más y más publicaciones. El “sistema” suele ser eficaz en dar la vuelta a posibles opciones innovadoras. No obstante recuerdo la resistencia en una sesión de sesudos psiquiatras que decían alarmados que no abriéramos la “caja de Pandora”. Curiosa reacción.

La verdad es que no tuve especial interés en llegar a ser la number one en aquel sistema desatinado, pero sí sentía la responsabilidad por aprender correctamente una profesión que exigía muchas responsabilidades. Me resultaba cansado, pero también estimulante, aunque creo que algún efecto secundario sedimentó en mi mente como resultado de estar instalada temporalmente en aquel ecosistema…  

Cuando superamos el MIR, e iniciamos la formación especializada en un hospital, muchos compañeros asumían irracionalmente normas absurdas, aceptaban formas de funcionamiento muchas veces excesivamente jerárquicas y sectarias, aceptaban  estoicamente la explotación laboral, jornadas maratonianas de atención precaria a los pacientes e incluso jornadas de 24 y hasta de 36 horas. Algunos protestábamos y éramos los “raros” e inadaptados, menos mal… 



Al llegar a ser especialistas la cosa tampoco cambiaba mucho. Cuando alguna persona dice que ser médico es como estar en una secta creo que no se equivocan mucho. El aguante irracional de dinámicas destructivas y la ignorancia absoluta del cuidado de sí me hacen recordar la sumisión de los adeptos de una secta o incluso ciertas situaciones de esclavitud o de asunción de mecanismos de tribu que resultan sorprendentes en personas supuestamente inteligentes.


A veces me he preguntado por qué es tan difícil acompañar a pacientes médicos que consideran poco relevante el cuidarse y que han llegado a una situación de estrés o de burn out precisamente por no hacerlo. La sumisión a un sistema enfermo parece ser una prioridad fundamental para sostener sus frágiles identidades. ¿Habrá sido el sistema como una secta que ha anulado sus identidades personales desde una etapa temprana? ¿Nos habrán inculcado una especie de narcisismo inquebrantable en el que nos sostenemos en nuestro rol profesional y de ahí el apego a soltarlo? ¿Hay un fanatismo científico que impone la soberbia de que somos nosotros los que ayudamos y que no podemos ser ayudados? ¿Nos creemos seres sobrehumanos que no estamos sometidos a las leyes de la naturaleza? ¿Nos hemos quedado atrapados en una especie de ritmo frenético hipnótico del que es difícil salir? Desde que era una joven estudiante me hacía estas preguntas y otras similares y hacía esfuerzos por no entrar en las dinámicas enfermizas que me rodeaban, pero alguna era demasiado absorbente para sustraerse a ella. El poder de los grupos.

Pero, al poco de terminar mi formación especializada como psiquiatra decidí salir del “sistema” oficial de la Medicina y emprender mi propio camino. Me daba cuenta de que trabajar así y en lugares insanos me debilitaba y enfermaba. También sentía que entre la Medicina que yo había estudiado y la que se practicaba en los hospitales había un gran abismo. Ver a 15 pacientes en una mañana, a un ritmo frenético, en 20-30 minutos y volverles a ver un mes después me parecía una mala praxis médica. Para mí esa Medicina es una Medicina que se ha vuelto enferma y que puede enfermar aún más a los pacientes, aunque sus parches alivien momentáneamente. Por eso me arriesgué por apostar por otra forma de trabajar y por una atención de calidad, pese a emprender un camino solitario (es decir, fuera del "sistema" oficial, de manera independiente). No soy la única. Otros muchos hemos buscado caminos alternativos de Medicinas más integrativas y completas como una opción coherente de vida. Otros se han quedado conscientemente por unos ideales de atención igualitaria a los pacientes (en la Sanidad Pública) o simplemente les ha llevado la corriente.  

El problema es que, en muchos casos, veo a médicos enfermos, estresados, desorientados entre los restos del naufragio de unas ilusiones rotas, sin las herramientas suficientes para saber pedir la ayuda necesaria y aplicándose a sí mismos una Medicina de parches como la que a veces no les queda más remedio que aplicar a sus pacientes: ansiolíticos, analgésicos, antidepresivos, hipnóticos, antiácidos, etc. No tienen el tiempo ni la energía de pararse a pensar que pueden tener otras opciones más saludables, e incluso, a veces atacan opciones de Medicina más integradora que podría reparar su salud. Esa secta subliminal acaba teniendo demasiado poder para abrir la consciencia a otras posibilidades menos conocidas en el sistema formativo oficial.

En este ámbito de cuidadores a todos nos queda mucho por aprender. Si queremos cuidarnos adecuadamente nos tenemos que recordar que somos vulnerables. La salud ha de empezar por nosotros mismos, desde un enfoque integral u holístico que nos lleve a cuidar lo físico, mental, social y espiritual. Al menos lo físico y lo mental. Algunos lo intentamos por coherencia y responsabilidad personal y profesional (poco podemos hacer por otros desde la debilidad y desde la enfermedad). Pero el chip de cuidadores nos puede llevar a olvidarnos de nosotros mismos, y la sugestión de ser superhéroes repara-personas puede ser muy poderosa. Todos caemos en ello muchas veces y, una y otra vez, hemos de retomar el camino del sentido común, observar las partes de nosotros que requieren cuidados extras, a veces reconectar con tradiciones de sabiduría en las que ya se buscaba un equilibrio integral del ser humano y abrir los ojos para poner límites ante lo que daña nuestras vidas. ¿Será posible hacerlo hacia una Medicina más humana que empiece por nosotros mismos? 


jueves, 1 de marzo de 2018

CONGRESO "CONFLUENCIAS ENTRE PSICOTERAPIA Y ESPIRITUALIDAD"


Foto de Pixabay (geralt)

Aquí os dejo un avance del programa del próximo congreso que haremos en octubre de este año desde la Cátedra Edith Stein que dirijo en Ávila. 

PRESENCIAL Y ONLINE

La idea de este congreso es tender puentes entre diferentes visiones (que vienen del ámbito de la psicoterapia y de la espiritualidad) que ayuden al ser humano a tener una vida más armónica e integrada, y que a su vez, también le aporten para sanar sus heridas emocionales, psíquicas, anímicas, etc.


XIX CONGRESO DE ANTROPOLOGÍA, PSICOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD
“CONFLUENCIAS ENTRE PSICOTERAPIA Y ESPIRITUALIDAD”

CÁTEDRA EDITH STEIN, UNIVERSIDAD DE LA MÍSTICA, ÁVILA

19-21 de Octubre de 2018


VIERNES 19 DE OCTUBRE:

Mañana:

- 9:15 -- Recepción y entrega de documentación.

- 10:00 - 10:15 --- Acto de apertura y presentación del congreso.

- 10:15 - 11.15 – Ponencia inaugural:
La psicoterapia y la espiritualidad en una sociedad de consumo
Eduardo Brik
Médico-Psicoterapeuta. Psicoterapeuta por la FEAP y Terapeuta Familiar por la FEATF. Supervisor Docente (FEATF)

- 11:15 – 12:45--- Mesa redonda
La aportación de la espiritualidad monástica al ser humano actual
José Antonio Vázquez Mosquera
Licenciado en semíticas, Master en Counselling, exmonje contemplativo
Karma Tenpa
Monje del Budismo Tibetano


- 12:45 - 13:15 --- Descanso.

- 13:15 - 14:00 --- Diálogo con ponentes presentes y público

  


Tarde:

16:00 - 17:00 --- Ponencia
Terapia cognitiva y San Juan de la Cruz
Luis Jorge González
Doctor en Psicología, Catedrático de la Pontificia Universidad
Urbaniana y de la Facultad Pontificia del Teresianum de Roma


17:00- 18:00 –-- Ponencia
Dimensión terapéutica de la oración teresiana
Francisco Javier Sancho
Doctor en Teología Espiritual, especialista en Edith Stein, Director de la Universidad de la Mística

18:90 – 18:30 --- Descanso

18:30-19:30 --- Diálogo con ponentes presentes y público


SÁBADO 20 DE OCTUBRE:

Mañana:

- 10:00 – 11:00 --- Ponencia
¿Es más efectiva la psicoterapia cuando incluye las creencias religiosas? Resultados de la investigación
Michael King
Psiquiatra, Director del Departamento de Salud Mental del University College de Londres

- 11:00-12:00 --- Ponencia
¿Cómo podemos incluir la espiritualidad en la psicoterapia?
Maribel Rodríguez
Psiquiatra, Psicoterapeuta, Directora de la Cátedra Edith Stein

- 12:00 - 12:30 --- Descanso.

- 12:30 - 13:30 --- Diálogo con ponentes presentes y público



 Tarde:

16:00 - 17:00 --- Ponencia
Espiritualidad y perdón en psicoterapia
Inés Serrano
Doctora en Psicología, Profesora de la Universidad CEU-San Pablo

17:00-18:00—-- Ponencia
La conducta suicida y el sentido ante la vida. Cómo intervenir 
Alejandro Rocamora
Psiquiatra, Profesor del Centro de Humanización de la Salud y ex -Profesor de la Universidad Pontificia Comillas (Madrid).

18:00 - 18:30 – Diálogo con ponentes presentes y público

18:30 - 19:00 --- Descanso.


19:00 - 20:30 – Talleres
 1.- Taller de meditación: la escucha como camino espiritual
  José Antonio Vázquez Mosquera
2.- La oración teresiana: sanar la autoestima y la imagen de Dios
 Francisco Javier Sancho
3.- Comprendiendo el perdón
 Inés Serrano


Domingo 21 de Octubre:

- 10:00 - 11:00---  Ponencia
El espíritu no enferma. Una visión desde la Logoterapia de Viktor E. Frankl
Gerónimo Acevedo
Médico y Logoterapeuta, Presidente del Centro Viktor Frankl de Buenos Aires (CEVF)


- 11:00– 12:00 --- Ponencia de clausura
Psicología y espiritualidad: el hombre como misterio
Amedeo Cencini
Doctor en Psicología, Profesor en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma


- 12:00-12:30 Diálogo con ponentes presentes y público



- 12:30 - 12:45 ---  Clausura de las Jornadas




Para información e inscripciones podéis escribir a info@mistica.es  



domingo, 25 de febrero de 2018

¿QUÉ ES LA PSIQUIATRÍA INTEGRATIVA? AMPLIANDO LA MIRADA EN SALUD MENTAL

Imagen de Pixabay (geralt)

Desde que inicié mi formación como psiquiatra echaba algo en falta… Aprendía muchas cosas interesantes sobre la mente, el cerebro, la enfermedad mental, el sufrimiento, los medicamentos, etc. Pero tenía la sensación de que contábamos con recursos insuficientes para ayudar a nuestros pacientes y de que la propia formación recibida generaba una cierta disociación en nosotros mismos… La enfermedad mental era algo que les pasaba a otros a quienes teníamos que “arreglar”; otros que eran distintos a los que teníamos que cuidar desde un punto de vista médico, es decir, medicamentos, ingresos hospitalarios y a veces algún consejo que me parecía paternalista. Apenas se nos enseñaba nada de psicoterapia… Algunos buscamos por otros lares para complementar nuestra formación como psiquiatras y llegar a tener suficientes conocimientos y experiencias como para trabajar con ella.

Aunque en ciertos casos los planteamientos de la psiquiatría "normal" eran útiles, en otros veía grandes limitaciones e impotencia al ver que no se hacía más…

Durante mi carrera de Medicina me había encontrado con libros de Viktor Frankl, Erich Fromm, Carl Gustav Jung, Elisabeth Kübler Ross, entre otros. También aprendí mucho sobre la condición humana leyendo a los clásicos, apreciando el arte, leyendo filosofía, etc. Me parecía en el ser humano había mucho más que lo que la ciencia pretendía comprender con una metodología valiosa e interesante, pero limitada para ciertos ámbitos de profundidad psíquica.

También descubrí en mi misma los efectos de la alimentación, la naturaleza y el deporte. La psique mejoraba y se potenciaba con un cuidado adecuado de la dimensión biológica.

A todo ello se sumó la consciencia del valor que aporta una búsqueda en la profundidad de uno mismo, de los otros, en la realidad. Es decir, lo que aporta el cuidado de la dimensión espiritual en la salud general, de la meditación, de la contemplación, el yoga, etc. Y fui aprendiendo como el cuidado de esta dimensión añade consciencia al tener en cuenta valor de la propia vida en su totalidad (bio-psico-socio-espiritual). Esa idea de que el cuerpo es el “templo del espíritu” creo que es una buena metáfora de la importancia de integrar dimensiones humanas. Sin consciencia no cuidaríamos ni un gramo de nuestro ser o lo haríamos como una mera costumbre que repetiríamos de manera automática, seguramente con errores.

Con todos estos ingredientes sobre la comprensión del ser humano, se iba configurando en mi actitud vital y profesional la idea de buscar una psiquiatría adaptada a lo que sucede en la vida de quienes sufren, de una manera más global. Me planteaba, sin saberlo, desarrollar una línea de psiquiatría integrativa. Que es algo que yo no he descubierto, pues ya muchos hablaron de esto mismo con otros nombres… (el mismo Hipócrates era más integrativo que muchos médicos de hoy en día). En estos momentos simplemente lo adapto a los conocimientos que tengo y que he intuido que eran necesarios para los pacientes y para mí misma.

Un enfoque integrativo supone trabajar interdisciplinariamente y colaborativamente con otros profesionales (médicos, psicólogos, filósofos, nutricionistas, etc.): 

Los ingredientes fundamentales para una Psiquiatría integrativa considero que son los siguientes:

1.- Dimensión biológica:

Cuidado del cuerpo: lo que supone una nutrición correcta (a veces reforzada con ciertos suplementos) y adaptada a las necesidades y situación vital de cada cual. No valen dietas estándar. También supone cuidado del entorno en el que vivimos (contaminación ambiental, luminosidad en las viviendas, comodidad, etc.) y tener hábitos de ejercicio físico que sean adecuados para nosotros. El cuidado del cuerpo es la base para una buena salud física y mental (“mens sana in corpore sano” que decía Hipócrates). Pero también he descubierto que esto es imposible como norma externa o como mera recomendación paternalista. Sólo se cuida el cuerpo cuando se tiene consciencia de su presencia, vitalidad, etc. En general, en Occidente vivimos tanto en la cabeza, que resulta complicado empezar a recomendar a la gente que se cuide a este nivel, si antes no se vive “en” el cuerpo, si no se acepta como es, se valora la propia vida y se entiende que forma parte de la totalidad de lo que somos. Así que, paradójicamente, no suele ser posible empezar por aquí. Por más que esté en auge la psiquiatría nutricional, la promoción de estilos saludables, etc. Por otra parte podemos caer en el error de solo suplementar con sustancias “reforzantes” del sistema nervioso, sin ir a lo que hay de fondo en la falta de autocuidado… la inconsciencia, la desconexión de uno mismo, la falta de autoestima, etc.

Medicación: cuando es imprescindible. Para tratar enfermedades, si las hubiere, que empeoren el estado mental. Un buen diagnóstico médico es necesario en muchos casos de trastornos mentales, pues una enfermedad física afecta a nuestro estado psíquico (recordemos cualquiera el aplatanamiento y estado anímico que genera tener gripe). También, en ciertos casos, es preciso añadir medicamentos psiquiátricos (psicofármacos), que ayuden a quien sufre a aliviar sus síntomas, remontar un estado de ánimo bajo, calmar la angustia, el insomnio, la ansiedad o combatir pensamientos obsesivos o distorsionados, alucinaciones, etc.

2.- Dimensión psicológica:

Psicoterapia: sería el trabajo con la dimensión mental, superación de heridas psicológicas, miedos, bloqueos, etc. En cada persona se trataría de usar un enfoque psicoterapéutico adaptado a sus necesidades, momento vital, etc.  Este trabajo con la dimensión psíquica puede ayudar, además, a tomar menos dosis de medicación psiquiátrica (si fuera precisa), a tomar tratamientos psicofarmacológicos más breves, etc. Además, sería parte del trabajo que nos llevaría a la autoconsciencia, madurez, autoestima, etc. que posteriormente conduciría a un cuidado del cuerpo que parte de darse cuenta del valor de la propia vida, la importancia de la estructuración interna (ser capaces de llevar una vida organizada y ordenada) y de un amor a uno mismo. Así no sería una norma a cumplir, sino a una tarea a realizar en un enfoque de salud más global en el que uno se responsabiliza de sí mismo y se convierte en su propio cuidador y terapeuta, siga o no con un tratamiento psicológico o psicofarmacológico.

3.- Dimensión espiritual:

Espiritualidad: este cuidado partiría, en primer lugar, de la actitud del terapeuta de acogida y aceptación del paciente, como ser único e irrepetible, que ha de ser considerado en todas sus dimensiones y respetado. Evidentemente aquí hay también una dimensión psicológica, pero creo que el cuidado de la propia profundidad, ayuda a conectar con la profundidad del otro  y a quererle como es. En esta parte espiritual, se abriría la mirada más allá de las dimensiones biológica o psicológica, para considerar, desde la humildad, que somos más que individuos aislados y de que hay un misterio que nos sostiene e inspira cuando accedemos a él. El cuidado de la espiritualidad es también la consciencia del valor sagrado de la vida como algo a proteger, fomentar, etc. Lo que también nos llevaría a darnos cuenta del valor último de cada ser humano por sí mismo. Ciertas preguntas más profundas, la búsqueda de sentido en la vida más allá de estereotipos, la idea de que puede haber un sentido último de todas las cosas, puede ser de ayuda a muchas personas. Al menos, la dimensión de profundidad y de indagación profunda sobre la vida, puede hacernos más conscientes y completos. Y, en algunas personas, esta parte espiritual puede canalizarse en el ámbito religioso. Cualquier terapeuta ha de ser respetuoso con este ámbito de espiritualidad-religión, dejando que cada persona explore con libertad en esta dimensión de sí misma, dentro o fuera del ámbito de la relación terapéutica.

Meditación-contemplación: hoy en día la meditación está integrada en diversos tratamientos psicológicos, con más o menos acierto. Puede relacionarse o no con la espiritualidad, pero el hecho es que surge mucho antes de que existieran la psicología y la psiquiatría, en diferentes caminos espirituales. Por lo que por respeto a su origen, considero que ha de conectarse con la espiritualidad o con la profundidad humana y no desconectarse totalmente de su contexto original. En todas las tradiciones espirituales la meditación tenía que estar unida al comportamiento ético y al cultivo de la sabiduría (aprender a pensar, etc.). Sin esos ingredientes la meditación llega a ser incluso perjudicial para nuestra salud mental y espiritual.


4.- Dimensión social

Relaciones humanas: pongo por último esta dimensión, no porque sea menos importante, sino porque para que lo relacional se sostenga es importante cuidar todo lo demás. No debemos ser burbujas autocomplacientes que buscan la felicidad para sí mismas al modo narcisista. La configuración de nuestro ser se va fraguando con relaciones desde que nacemos hasta que morimos. Pero, en la medida que somos conscientes, nos podemos ir haciendo responsables de cómo nos relacionamos con los demás e ir aprendiendo en cada relación de cómo vivirla de la mejor manera, aunque no tengamos una receta de perfección y nos equivoquemos muchas veces.

- Otros aspectos sociales y culturales: Otros aspectos a tener en cuenta, que también considero fundamentales, son los elementos relacionados con el nivel de satisfacción de las necesidades básicas, pobreza, efectos en la salud mental de las guerras y agresiones diversas, actitudes culturales hacia la enfermedad, vulneración de los derechos humanos, injusticias, etc. Si los psiquiatras no tenemos en cuenta estos aspectos podemos estar simplemente poniendo parches a situaciones de injusticia y vulnerabilidad, o incluso colaborando con sistemas perversos.

5.- Dimensión ambiental:

- Naturaleza: Formamos parte de ecosistemas, por mucho que hayamos desvirtuado nuestros ecosistemas originales. Nuestra salud, depende cada vez más de cómo cuidamos nuestro medio ambiente y de la consciencia de que formamos parte de la naturaleza. Vivir totalmente alejados de ella también nos enferma. Incluso algunos hablan de un síndrome, detectado en niños, de ausencia de naturaleza. Parte de nuestra salud mental ha de estar conectada con la consciencia del cuidado de nuestro planeta, nuestro medio ambiente, lo que, incluso egoístamente nos facilitará vivir en unos entornos más adecuados y saludables.

Añado finalmente que nada de esto tiene mucho valor si quienes cuidamos de la salud de otros no empezamos por nosotros mismos… Y no hablo de salud perfecta (que quizás no exista), sino de estar en las condiciones adecuadas para vivir y ejercer nuestro trabajo con responsabilidad. Un instrumento dañado (nuestra mente), no podría funcionar de manera adecuada en su cotidianeidad.