viernes, 23 de septiembre de 2016

TOC, TOC ¿HAY ALGUIEN EN LA GRAN CIUDAD?



Cada vez escucho a más personas hablar de la soledad en la gran ciudad, algo que es especialmente difícil para quienes atraviesan crisis personales, tienen problemas psicológicos o emocionales, o sufren por diversos motivos…

Resulta llamativo que un lugar tan lleno de gente, como es una gran ciudad, sea un lugar de tantas soledades conviviendo juntas. Incluso quienes dicen tener amigos refieren sentirse a veces muy solos…

Quienes hemos vivido en lugares más pequeños sabemos de que hemos podido llamar a un amigo para tomarnos algo en el mismo día o pasarnos directamente por su casa y que hemos sido acogidos y escuchados. O que lo hemos hecho con otros. También sabemos de la experiencia de encontrarnos a personas conocidas por la calle que pueden o no servir de referencia y de apoyo.  Quienes hemos vivido en lugares más pequeños hemos vivido esa experiencia como de una gran familia, con sus ventajas e inconvenientes…

Pero la gran ciudad, esta gran jungla de asfalto, resulta vacía y solitaria para muchas personas. Incluso hay quienes vienen con otra disposición, diciendo que no se dejarán contagiar, que son amigables y cercanos, etc. pero se transforman misteriosamente al llegar a una ciudad como Madrid. Algunos aún siguen siendo fieles a sus propias intenciones, por suerte...

Y, paradójicamente, vivimos simultáneamente en una etapa histórica de hipercomunicación. Si escribes un whatsapp u otro tipo de mensaje seguro que te responden con mucho gusto, pues la mayoría viven a través de una pantalla relaciones humanas hiperconectados... Con conexiones que muchas veces son ficticias o superficiales. Por ejemplo, hay quién habla de que puede pasarse horas chateando con otra persona, pero que nunca quedan a tomar un café… ¿Cómo es posible?

Y lo que es peor, si una persona tiene un mal día, experimenta un momento de bajón, de duelo, o de crisis puede sucederle que no pueda contar con nadie hasta dentro de 10 días o de 10 años, porque la gente tiene la agenda muy ocupada y es más importante su trabajo, su curriculum, ver una serie o emborracharse en la discoteca, que escuchar a un amigo pasando dificultades. Eso siempre queda para después. La gente no es capaz de escuchar a otros porque muchas veces no se escucha ni a sí misma, vive como desconectada… En otro registro de lo “importante”, que en realidad no lo es. Si nuestra vida nos impide relacionarnos y escuchar de verdad a otros o estar realmente disponibles, desde el corazón, como decía en una entrada anterior, se da una alienación de lo que realmente importa, las personas.

Recuerdo un día en que estaba atendiendo urgencias psiquiátricas, en el que vino una chica al hospital porque no tenía con quién hablar en un momento de angustia y la pobre lo había intentado. Entendí perfectamente su necesidad… por extraña que pareciera en ese contexto. También he escuchado muchas veces a pacientes decir que lo que necesitan es una presencia real, una persona que esté ahí en un momento difícil, aunque sea unos minutos. Entiendo que esa experiencia de la “presencia” es clave y fundamental en un momento de dificultad y quienes trabajamos con personas en crisis lo sabemos muy bien. En situaciones críticas hay que tener la sensibilidad suficiente para saber estar presentes físicamente, para escuchar de verdad desde el corazón y para mostrar disponibilidad, aunque sea por espacios de tiempo acotados.

Hay personas que sí son capaces. Creo que muchos conocemos a alguna persona así, que con sencillez sabe estar ahí y responder y que sabes que te tenderá su mano y se hará presente desde el corazón, en cualquier momento que sea necesario. Lamentablemente, muchas personas no conocen a nadie así, o si lo conocen no saben pedir ayuda, o conocen a gente que dice que está y que hará algo así, pero luego no está en el momento que realmente es necesario, porque no se comprometen realmente…

Lo fundamental que quiero transmitir con esta entrada es que estos bichos raros y medio autistas en que nos convierte la gran ciudad podemos despertar y abrir el corazón a la escucha real de la realidad y de los otros, sin miserias, sin egoísmos. Sí con límites, pues no somos dioses. Pero los límites no son desprecios o arrogancias, no son frías distancias sin explicaciones, no son prepotencias salvadoras, etc.

Quizás solo se trate de humildad y de compromiso por darnos cuenta de quienes son los otros, de cuando toca estar y de cuando toca dejar espacio. Todo un arte que requiere saber estar y escuchar en primer lugar con nosotros mismos. ¿Nos atreveremos a hacerlo? Quizás sea una tarea solo para unos pocos valientes… ¿Quién se atreve?






viernes, 16 de septiembre de 2016

LA DISPONIBILIDAD DEL CORAZÓN




Son realmente pocas las personas capaces de ser generosas desde la disponibilidad del corazón, pues eso requiere una conexión con una dimensión profunda de uno mismo que posibilite la capacidad de amar realmente a los demás desde la libertad. Lo que, a su vez, parte de estar centrados y conectados con nuestras almas…  Cuando encuentras a personas así parece que has llegado a casa después de un largo viaje, seguramente porque están en su “casa”, enraizadas en su ser y conectadas con la realidad. Es un regalo de la vida contar con su presencia y también nos transmiten la esperanza de un mundo mejor. Solamente cabe gratitud e inspiración ante personas así. Nos inspiran y nos estimulan a ser como ellos.

Cuando no se las encuentra, parece que el mundo se torna un desierto, por la sensación de sequedad que producen y da la impresión de que no hay agua para todos, ya que muchos se reservan su “riqueza” tanto para sí mismos que se acaban volviendo cada vez más pobres y miserables y parece que se ve "sed" por todas partes...

Quizás esos ricos y avaros de los que habla el Evangelio sean esas personas incapaces de dar, de estar disponibles, incapaces de amar, porque no están conectadas con el amor o tienen demasiado cerrado el corazón. Son personas que miden lo que dan y lo que reciben, si dan lo hacen con la prudencia de que no te acostumbres (avaricia), si reciben están pensando en que algo te tienen que devolver o piensan en qué tendrán que dar a cambio (otra forma de avaricia y de restricción). Ante este tipo de personas, o ante este estado de ser que por suerte en algunas personas es ocasional, se te encoge el corazón. Cuando alguien nos trata desde la cerrazón o la defensa y no está disponible y abierto, no solo se nos encoge el corazón, también podemos sentirnos perdidos y desorientados... O incluso heridos o despreciados. Si antes no estamos preparados para el golpe o el desdén que puede suponer ese trato o somos suficientemente conscientes de las heridas del otro.

En otras ocasiones, quienes están con el corazón cerrado pueden incluso hacer sentir culpable al que no es como ellos pues son ellos quienes saben vivir midiendo, poniendo límites, restringiéndose sentimentalmente porque creen que eso es madurez… y control… Pero no saben que están atrapados en los miedos, quizás de la infancia, que del miedo al “coco” se ha pasado al miedo a los demás o a los propios sentimientos. Lo que es más bien el miedo a ser vulnerables ante otros, el miedo a necesitarles, el miedo a compartir de verdad y en definitiva es el miedo a sí mismos y al amor real. Se creen “ricos”, pero son los avaros más pobres. Incluso puede que sean más pobres que esos que solo tienen dinero y se lo guardan egoístamente para sí mismos.


Hay que tener en cuenta que cuando una persona actúa así puede no ser consciente y es posible que incluso se sienta muy generosa, porque a veces da o pide "limosna" emocional, migajas que caen de una mesa que cree llena de algo que se corrompe porque no se comparte y acaba helando el corazón. A veces es algo muy sutil, una persona generosa en sus principios, puede ser muy rígida con sus sentimientos y pensar que eso es amar a otros, porque les pone los límites o porque así protege de algo supuestamente peligroso, cuando lo que hace es protegerse de implicarse de verdad con la vida, lo que le abriría espacios para una felicidad real.

A veces me da la impresión de que esa restricción emocional es miseria, es pobreza, es sufrimiento y es vacío que se llena con falsos principios (fariseísmos), ideologías o incluso ideas heroicas (falsos salvadores del mundo).

Incluso esas actitudes se cuelan en los mundos de la espiritualidad en estos tiempos en los que está de moda la meditación, o más bien una visión superficial de la misma, pues vemos que incluso meditadores y buscadores espirituales, se empeñan en no sentir, en decir que no son eso que sienten, porque a alguien se le ha ocurrido pensar que sentir es “malo” y que hay de alejarse y mirar "desde fuera" y con recelo esa capacidad humana de sentir, que nos lleva a vincularnos con otros. Pero no nos confundamos. Una cosa es no implicarse con una emoción intensa que no lleva a ningún lugar, aunque uno pueda aceptarla dentro de sí como una expresión de una dimensión interna… Otra cosa es disociarse emocionalmente y vivir abotargado, confundiendo frialdad y abotargamiento con maestría espiritual. Me viene ahora a la mente la intensidad emocional del monje protagonista de la película Zen (el fundador de la escuela soto Zen). Un hombre implicado con los demás y con el corazón abierto, estando disponible para ayudar a los que sufren y llorando por y con ellos. ¿Un maestro zen sintiendo? Sí, un maestro Zen conectado con la realidad y el amor.

Os recomiendo encarecidamente la película que podéis ver aquí:


La buena noticia es que salir de esas restricciones emocionales es posible si uno se propone ir abriendo el corazón, lo más profundo de sí, para abrirlo a la realidad, dándose permiso para abrir la caja de los sentimientos, aunque asusten, pues sólo así pueden llegar a equilibrarse y sosegarse. No sirve barrerlos bajo la alfombra. Otra buena noticia es que los pequeños gestos de disponibilidad, respeto, acogida, son los grandes gestos para un mundo mejor, y lo primero para un mundo interno mejor y más equilibrado. Esos pequeños gestos pueden ser, por ejemplo, responder de inmediato o en cuanto podemos al mensaje de un amigo o incluso de un desconocido, por respeto y por no acumular cosas pendientes avariciosamente o no quedarnos apegados a una falsa y miserable sensación de poder y control… Hay quienes calculan los tiempos para responder, como pretendiendo un cierto control del vínculo y de sí mismos. ¿Por qué no responder y punto? Lógicamente en un momento adecuado y equilibradamente, no compulsiva o impacientemente. Muchas veces los miserables emocionales están disponibles pero quieren aparentar estar ocupados, y retrasan sus respuestas. Una vez alguien me recomendó hacer esperar por sistema a los otros para que se dieran cuenta de que el poder lo tenía yo… Sin comentarios…

Otros gestos pueden consistir en abrir espacios y tiempos a un amigo, en cuando haya un espacio de tiempo en el camino, aunque sea pequeño. Se pueden crear pequeños oasis de encuentro aún en la gran ciudad.... O puede ser aprender a ser más transparentes y claros, pero sobre todo, puede ser atreverse a Ser reales, ser nosotros, conscientes y valientes ante nuestro sentir, para abrir los ojos con admiración al milagro de la vida y de las relaciones humanas, las entendamos o no.



Dado que todos tenemos un poco de apertura y otro poco de cerrazón (en mayor o menor grado y dependiendo de los momentos... ¿Por qué no abrir un poquito más esa rendija de la puerta que se cierra cuando se cierra?  ¿Por qué no atrevernos a ser y estar disponibles desde la humildad y la sencillez del corazón? ¿Por qué no fijarnos en cuando nos paralizamos y cerramos las puertas para aprender a abrirlas de nuevo?




sábado, 9 de julio de 2016

NARCISISMO Y ESPIRITUALIDAD. Algunos ejemplos de la vida misma...




Es posible, que algunas personas al leer el título de esta entrada lo consideren paradójico y contradictorio. ¿Narcisismo y espiritualidad? ¿Cómo es posible? Pero… si la espiritualidad tiene que ver con Bondad, Verdad, Belleza… ¿Qué tiene que ver con narcisismo? 



Pues algunas cosas... Hay quienes pueden mezclar la visión narcisista de sí mismos, con la espiritualidad, o bien pueden entremezclarla con elevados ideales que les hacen sentirse importantes y especiales, como ya hemos señalado en entradas anteriores. Y ¿por qué sucede? porque por ejemplo, pueden necesitar sentirse inmensamente bondadosos, verdaderos y bellos y así confundir una verdad parcial personal con una verdad universal, para autorreforzar sus egos poco consistentes. Esto puede reforzar mucho a quienes se sientan vacíos e inadecuados por dentro o también a quién viva una identidad inflada (que sería compensación de lo anterior). De todas formas es importantes saber que esta experiencia puede darse no solamente en quienes compensan sus carencias emocionales con una versión idealizada de sí mismos y por lo tanto viven narcisistamente, sino que este es un riesgo que nos acecha a todos, si perdemos la perspectiva adecuada sobre nosotros mismos, por ejemplo en algún mal momento de la vida. El “ego espiritual” es un riesgo para cualquiera que pierda la perspectiva y no sea capaz de mirar sus limitaciones o de captar la grandeza o la necesidad de los otros (excepto cuando tiene que salir en la foto)… Además, quién está atrapado por su “ego espiritual” pretende adaptar la vivencia espiritual a su visión personal parcial y pensar que su mirada sobre lo espiritual es la única verdadera, la mejor o la más pura. De ahí también derivan numerosos fanatismos… (de los que hay grados más o menos explícitos).

En este post fundamentalmente quiero señalar algunas de las manifestaciones que me he encontrado últimamente:

- Cuando se usa la espiritualidad para satisfacer los deseos personales. Los ejemplos son numerosos, en el sentido de orar solamente para conseguir algo que es de interés de uno o de meditar sólo para sentirse bien o para conseguir proyectar en el futuro la satisfacción de una necesidad egoica (tener una pareja, dinero, poder, etc.), en toda la moda de "el poder de la intención" o lo que ha derivado del libro "El secreto" lo vemos continuamente...

Pero paso a ejemplos más concretos...


-  Alguien que le dice a su pareja, después de llegar de un retiro de meditación que viene muy purificado de ese retiro y que como es posible que ella siga siendo tan limitada y estúpida.


- Alguien que da charlas de espiritualidad hablando de compasión y de amor y que no es capaz de captar el dolor de un amigo cuando éste pide que esté a su lado, pues está muy ocupado con sus grandes planes e importantes actividades sobre la espiritualidad.


- Un hombre que le dice a una mujer que no se tome demasiadas confianzas, que mantenga las distancias, porque él es muy espiritual y no quiere mujeres cerca porque le perturban y le provocan.

- Una persona que habla de la escucha empática, pero que no tiene tiempo para escuchar un rato la desgracia de una persona cercana, salvo que tenga público que pueda tomar consciencia de lo compasivo que es.

- Alguien que no es consciente de que discrimina a otros porque no piensan igual que él.

- Alguien que se aleja de quienes le cuestionan.

- Quien siempre dice estar ahí para sus amigos, pero no se preocupa en preguntarles como están, a pesar de saber que están pasando un mal momento.

- Otra versión es quién se ofrece como alguien dispuesto a ayudar, desde ese “ego narcisista”, para sentirse importante, pero ni entiende ni tolera el dolor del otro, se cansa porque no siente auténtico amor o compasión por la otra persona. Si ayuda a otros es por sentirse importante y protagonista y/o por ver su identidad idealizada reforzada, no porque los demás le importen realmente.

- Alguien que milita exageradamente en una opción política, sin ser capaz de escuchar los planteamientos de quienes tienen otras opciones o de dialogar con ellos, pensando que su posición es la que nos salvará de todas las desgracias.

- El uso de una identidad religiosa (ser monja, monje, sacerdote, gurú, maestro, etc.), para tener poder, identidad, recibir admiración o tapar sus vacíos emocionales, por no hablar de defenderse de los aspectos de sí que no puede tolerar por resultarle conflictivos, de los que se defiende construyendo un personaje idealizado que utiliza para moverse por el mundo, pues ese personaje idealizado es puro, íntegro y queda bien de cara a la galería. En este caso la admiración de los demás, la notoriedad pública o del deseo de un progreso espiritual para sentir que uno se supera a sí mismo y se consigue convertir en super-humano, son más importantes que la verdad, la honestidad, o el amor por los demás, etc. En estos casos la imagen del personaje que se representa se considera más importante que el ser real (al que no se conoce y sufre numerosos vacíos) y se idolatra, en el sentido de suplantar cualquier verdad genuina o impedir relaciones reales de otros que puedan mostrar las incongruencias del personaje que se pretende representar.

- Aquél que no se da cuenta de que realmente no ama a otros, ya que ni es consciente de que no se ama a sí mismo... Estas personas creen amarse e incluso hablan de amor, porque en ellos hay un anhelo de ese amor o saben que ese tema llama la atención de la gente.

- Si son hábiles pueden seducir bien a otros y pueden ser especialmente hábiles en provocar admiración, enamoramientos, seguidores incondicionales, dado que inconscientemente necesitan ese tipo de público para mantener su identidad y las personas que caen en esas dinámicas necesitan agarrarse a alguien que les necesite para sobrevivir. Como pueden sentir que su vida depende de esa admiración, su capacidad para conseguirla puede ser grande, ya que invierten mucha energía en ello. En estos casos se da una complementariedad de víctima-salvador, o de vulnerable-fuerte, etc. que se retroalimenta mutuamente para mantener la identidad de cada parte como en un juego de roles. La persona dependiente necesita alguien que dependa de él, que por ejemplo puede ser un narcisista necesitado de admiradores y de seguidores.



Habría muchos más ejemplos, pero con estos podemos tomar consciencia de dinámicas que se dan a nuestro alrededor, para no caer en ellas o para no dejarnos manipular o engañar por ellas. No se trata de acusar, sino de mirar las trampas que nuestro ego nos puede tender y de no dejarnos arrastrar por embaucadores...

Añado a lo dicho una descripción que leí recientemente de Jorge Ferrer, que también me parece ilustrativa del asunto: 

“Por narcisismo espiritual entiendo un conjunto de distorsiones del camino espiritual relacionadas entre sí, como la inflación del ego (el engrandecimiento del ego alimentado por las energías espirituales), la absorción en uno mismo (la preocupación excesiva por el propio estatus y logros espirituales) y el materialismo espiritual (la apropiación de la espiritualidad para reforzar formas de vida egoicas). Tal como lo veo, el hilo común que une todas estas trampas es lo que llamo narcisismo espiritual (es decir, el mal uso de las prácticas, energías o experiencias espirituales para reforzar formas egocéntricas de existencia). Los principales síntomas del narcisismo espiritual son, entre otros:

Un frágil sentido de poder personal y de amor propio.

Preocupación por comparar el nivel espiritual en el que uno se encuentra.

Hablar constante y repetidamente de las experiencias y logros espirituales propios.

Una fuerte necesidad de reafirmación positiva y de alabanza.

Inquietud por ser especial, afán de ser elegido para algún propósito espiritual distinguido o ser el preferido o preferida de algún maestro o maestra espiritual.

Una idealización o demonización extrema de los maestros espirituales.

Graves dificultades para trabajar con figuras de autoridad.

Una susceptibilidad exagerada y una postura defensiva contra cualquier tipo de crítica."


Del libro "Espiritualidad creativa" de J. Ferrer. Ed. Kairós 2003.



Como complemento os recomiendo el libro de Alexander Lowen sobre el narcisismo, titulado “El narcisismo. Una enfermedad de nuestro tiempo”. 


viernes, 10 de junio de 2016

¿MÍSTICOS EN EL SIGLO XXI?





Cuando hablamos de místicos, la mayoría de las personas piensa en gente rara de la Edad Media que tenía visiones y levitaba, o bien, piensa en personas trastornadas que sufren alucinaciones y delirios psicóticos.

Es curioso que, incluso dentro de ámbitos religiosos, se tiende a desconfiar de las cuestiones místicas y de quienes dicen tener alguna experiencia espiritual inusual, una experiencia de Dios, etc. El hablar de mística en ámbitos seculares o religiosos suele desencadenar hilaridad, desconfianza o miedo. Cuando esto no es así nos encontramos con el otro extremo, en ambientes más New Age, en los que el objetivo es tener experiencias a toda costa (incluso tomando drogas o exponiéndose a diversos riesgos de salud),  pues es lo que consideran genuinamente espiritual o lo que “mola” es tener experiencias especiales, como una parte más de los disfrutes de la vida, o para alimentar el narcisismo de los aspirantes a yoguis, místicos, etc. En ciertos mundillos de la New Age las experiencias místicas de buscan a modo de parque temático espiritual, con una actitud que algunos han denominado “gula espiritual”, o bien para escapar de las dificultades de la vida se puede caer en un “escapismo espiritual”, que se ha llamado by-pass espiritual, buscándose experiencias especiales de una manera análoga a la que hacen muchos consumidores de drogas.

Ante este panorama, podemos darnos cuenta de que es posible que si alguien tiene experiencias místicas o espirituales se vea tremendamente desorientado. En el mundo religioso en general se desconfía de él y no se favorece la comprensión o integración de esas experiencias, y en otros mundillos espirituales se puede frivolizar o mezclarse con fantasías regresivas infantiles de experimentar estados especiales para sentirse especial o “iluminado”.

Podemos encontrar alguna excepción, como la descripción de experiencias espirituales inusuales que se hace en el libro de Michael Hulin “La mística salvaje”, en el que se hacen descripciones serias de ese tipo de experiencias en personas alejadas de ámbitos religiosos. Es interesante también el libro de William James “Las variedades de la experiencia religiosa”.  También encontramos interesantes descripciones en algunos libros de la psicología transpersonal de autores como Tart, Maslow, Washburn, Nelson, Grof, etc.

Desde hace años me he encontrado con experiencias de personas que han sufrido lo que describo anteriormente y que han terminado viniendo a verme, al ser una psiquiatra estudiosa de la mística. En algunos casos han venido a verme porque hay un recorrido previo de intentos fallidos de comprensión y de ayuda, en otros por no saber con quién hablar del tema y sentir un gran pudor y vergüenza ante algo que no comprenden, en otros porque se sienten tan especiales que consideran que están por encima del común de los mortales, o en otros porque sospechan de sí mismos que padecen una grave enfermedad mental que pone en riesgo su estabilidad psíquica y sus proyectos vitales. En otros casos me he encontrado con personas convencidas de ser místicos, que padecían algún trastorno mental grave o habían tenido experiencias alucinatorias diversas.  En otros podía coexistir el trastorno mental grave con experiencias espirituales constructivas (aunque son los menos).

El tema es complicado, pues ya es en sí difícil definir qué es mística, y más en un mundo muy secularizado, alejado de las tradiciones religiosas, en cuyos relatos están normalizadas diferentes experiencias místicas. Es curioso como esas experiencias tan explícitas en los textos sagrados, son negadas o incluso rechazadas por los representantes de diversas religiones como algo enfermizo o peligroso. No soy capaz de entender bien los motivos de tal incongruencia por muy psiquiatra que sea. También nos encontramos con el escollo en el mundo de la Salud Mental en el que se tiende a patologizar cualquier fenómeno espiritual desde el total desconocimiento de lo que son las vivencias espirituales sanas o insanas. La formación en Salud mental con respecto a estos temas es nula o parte de presupuestos muy positivistas que patologizan cualquier cosa que suene se salga de las experiencias consideradas “normales”.  De hecho, muchas personas de otras culturas, que están más acostumbradas a tener experiencias espirituales, tienden a ser sobrediagnosticadas de psicosis, sin padecerla.

Hablando con algunos colegas, a veces nos hemos preguntado acerca de qué habría pasado si Jesucristo hubiera aparecido en esta época, y la conclusión unánime es que hubiera terminado internado en un psiquiátrico… Probablemente lo hubiera tenido más difícil para difundir su mensaje, en la actualidad, que en siglo I. Extraña paradoja en esta época de democracia, pluralismo, diálogo intercultural, etc.

Por si a alguien le resulta de ayuda, dejo algunas definiciones de lo que es la mística, para tratar de situar el fenómeno.  Extraigo fragmentos de mi artículo “¿Puede ser la mística una terapiapara las religiones?”, ya que en el mismo he recopilado algunas descripciones que me han parecido interesantes:

“La mística se ha relacionado, con frecuencia, con la separación del mundo, el recogimiento y con la unidad inmediata con lo Absoluto o con Dios, en la que se da una experiencia de unidad intuitivo-inmediata en la que se elimina la escisión sujeto- objeto, en la que Dios podría ser ese objeto con el que el individuo se siente unido como sujeto, pero que a su vez sería un estado difícil de comunicar y que llevaría al sujeto que vive esta experiencia, a permanecer en silencio.”
“Pero la mística no tiene por qué ser algo oculto o misterioso, tal como han manifestado algunos autores. Por ejemplo, Panikkar define la mística como la experiencia de la Vida, entendiéndose como una experiencia completa e integral (corporal, intelectual y espiritual al mismo tiempo), no fragmentaria o indivisa, en la que nos concentraríamos en lo esencial, sin distracciones que nos distraigan de lo fundamental de la existencia. A dicha experiencia se llama con frecuencia consciencia ya que implica estar consciente de la realidad en su totalidad. Además, para Panikkar, es preciso superar el egoísmo y morir al ego para llegar a esta experiencia mística, que a la vez sería un camino para reintegrar al verdadero ser del hombre. Siendo en este sentido, la mística, concebida como una dimensión antropológica, que pertenece a todo ser humano, al menos potencialmente y que tendría como eje el amor. Por todos estos motivos, este autor propone llamar mística a la totalidad de la experiencia, de tal manera que no nos distraería de lo cotidiano, sino que nos conectaría con una experiencia en la que temporalidad y eternidad se unen, pues el místico descubre la eternidad en el instante y continúa con pasión el juego de la Vida. Entonces, sería posible una experiencia mística en medio de la vida cotidiana, de tal manera que se integren acción y contemplación.“
“se puede afirmar que el místico es alguien que vive personalmente la religión a la que pertenece, que ha tomado contacto experimental con la realidad última, el Misterio, Dios, lo Divino, a quién remiten todos los elementos de su religión”

Considero que es muy importante clarificar y entender lo mejor que sea posible este tipo de experiencias, pues el no hacerlo puede dañar y desorientar a las personas que las tienen. Para ello es preciso tender puentes entre diversas disciplinas, para poder entender las vivencias espirituales de diferentes personas que pertenecen a ámbitos culturales distintos y que pueden sentirse muy desconcertadas si no cuentan con ámbitos de referencia adecuados, que ayuden a comprender y a integrar vivencias de este tipo. Tanto en ámbitos religiosos como en ámbitos clínicos me parece fundamental el estudio riguroso y la escucha respetuosa de quienes viven experiencias espirituales, para poder acompañar y orientar adecuadamente a quienes las viven. Lo ideal sería haber transitado nosotros por alguno de esos parajes espirituales, pero en caso de que esto no se haya dado, es importante conocer bien a quienes los han transitado para que nos sirvan de referencia respecto  a lo que puede construir, destruir o desorientar, si no se enfocan de la mejor manera.  Pues si lo como dicen los textos sagrados "El espíritu sopla donde quiere", ¿por qué no va a soplar y generar experiencias que pueden trascender nuestras formas habituales de experiencia y de conocimiento? Al menos dejemos la puerta abierta a la duda de si esto puede ser o no posible, o bien respetemos a quienes así lo viven...









LinkWithin

Related Posts with Thumbnails