domingo, 4 de diciembre de 2016

RELIGIOSIDAD, ESPIRITUALIDAD Y ALIMENTACIÓN




En muchas tradiciones espirituales nos encontramos con indicaciones acerca del cuidado de la salud y más específicamente sobre qué alimentos tomar o evitar. Lo que es menos frecuente es encontrar indicaciones acerca de alimentación más saludable o sobre un cuidado adecuado del cuerpo.  Quizás porque cuando surgen las diferentes religiones hay otras prioridades o no hay muchos conocimientos acerca de una alimentación saludable. 

Sí encontramos algunas indicaciones en tradiciones de Oriente (en la Medicina Tradicional China, en la Medicina Ayurvédica, etc.).

Es interesante que en todas las tradiciones se bendiga la mesa antes de empezar a comer, lo que indica una actitud de respeto y de gratitud frente a los alimentos que comemos. ¿Por qué entonces no tener en cuenta más conscientemente lo que comemos?

En Occidente es donde las indicaciones acerca de una vida saludable ligada a la espiritualidad son más limitadas. Encontramos alguna indicación de ayunos temporales o de privación de ciertos alimentos, de forma ocasional, pero casi nada en el sentido del cuidado de la salud física considerando la alimentación… No obstante, tenemos la afirmación en el Cristianismo de que “el cuerpo es el templo del espíritu” y, si es así, ¿por qué no se considera, de manera explícita, un cuidado responsable del cuerpo?

Los estudios científicos que muestran la estrecha relación entre nuestra salud y los hábitos alimentarios son muy numerosos. Muchas enfermedades cardiovasculares y metabólicas, además de diversos tipos de cáncer tienen que ver con cómo nos alimentamos y otros hábitos de vida (como el ejercicio físico). Los malos hábitos alimentarios también inciden en una mala salud mental, por un déficit de nutrientes o diversas alteraciones en el metabolismo que llevan a un mal funcionamiento del cerebro.

Si es así, ¿por qué se ignora, con tanta frecuencia, el cuidado del “templo del espíritu” en nuestra tradición cristiana? Es más, podemos ver las actitudes de recelo hacia quienes comen diferente (vegetarianos, macrobióticos, etc.), como si se tratara de actitudes caprichosas e irresponsables, cuando probablemente haya una mayor responsabilidad hacia la propia salud en quienes comen así.

Podríamos pensar que detrás de una alimentación inadecuada hay una negligencia hacia el cuidado de la propia vida y de la propia salud. ¿No entra esto en contradicción con las ideas del cuidado de la vida y de que la vida es algo sagrado? Por no hablar de las interferencias en nuestro funcionamiento cotidiano que puede tener una mala salud física y mental. Ese mal cuidado de la salud física y mental que he podido observar en muchos ámbitos religiosos cristianos se puede tachar de irresponsabilidad y de negligencia con la propia vida. Por no hablar de la cultura que se genera en torno a esta inconsciencia: una cultura en la que se menosprecia el cuerpo y el cuidado del mismo, que se expande de forma irresponsable e inconsciente y genera daños en la salud de numerosas personas, que recurren al médico cuando ya es difícil reparar el daño…

Una espiritualidad sana debería ser más integradora, en contacto con el cuerpo y con la naturaleza, de tal forma que la idea de que la vida es sagrada y de que el cuerpo sea el templo del espíritu estuviera en consonancia con un cuidado responsable de nuestra salud física. 


Mejor recordemos a Hipócrates y quedémonos con su indicación de "que tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina." Y con su idea de “Mens sana in corpore sano”.



domingo, 13 de noviembre de 2016

LIBERAR EL ALMA


Hoy se asoma a mi pensamiento esta idea de liberar el alma, una idea que se despierta por conversaciones recientes y por escuchar diariamente a tantas personas anhelando esa liberación que plenifique la vida.

¿Qué sería eso de liberar el alma? Entiendo que sería una liberación que permitiría la expresión nuestro ser real, de lo que fluye desde lo profundo de nosotros en cada paso del camino.

Para ello sería preciso pasar primero por encontrar el alma, por escucharla… Y una vez encontrada, dejarla ser desde lo profundo y expresarse por los cauces que nos muestren nuestra opción más auténtica. Entiendo que el hallazgo no es algo estático, es algo que fluye y se transforma en cada instante de vida. Si no sería un fósil de una idea estancada y vacía de nosotros mismos, un ídolo que impediría ver la realidad más profunda, un obstáculo para ver nuestra realidad esencial. Una de las muchas tentaciones en ese camino de la identidad que se quiere aferrar a formas estáticas, a ideologías acerca de quienes somos.

Ese llegar a encontrar al alma supone un proceso de escucha, de silencio, de mirar hasta lo más radical de uno, pasando por lo más extraño en nosotros. Todo esto supone un esfuerzo de atención y también un esfuerzo de crecimiento ordenado de nuestras potencialidades más auténticas, y una superación de lo que nos dificulta el acceso a lo más real.

Muchas veces libertad se entiende solamente por soltar cualquier cosa que emerja de nosotros, sin diferenciar si nos aporta o no algo esencial, se separa libertad de razón o de responsabilidad, se separa libertad de virtud. A veces también se confunde libertad con restricción o renuncia, que pueden generar menos libertad que la que se busca, si se expresan para superar miedos o inseguridades. Así que liberar el alma no parece tener que ver la liberación irracional e impulsiva de cualquier cosa que surge ni con la restricción constrictiva para generar una identidad parcial que nos de seguridad. Quizás sí sirve renunciar a elementos que nos dañan, como el egoísmo, la codicia, la envidia, etc. Esas renuncias sí parecen generar libertad... para ser y dejar ser a otros...

A veces pienso que liberar el alma es como afinar en primer lugar un instrumento, el instrumento que somos y, después, aprender a tocar en él la mejor melodía que podamos sacar de nuestro interior, una melodía que integre todas las notas, incluso las discordantes o desafinadas. Quizás, con la práctica, finalmente esas notas encuentren su lugar en la sinfonía global y la hagan única e irrepetible.  Es posible que esas notas discordantes, que a muchos les hacen sufrir o sentirse incoherentes encuentren finalmente lugar si solamente son aceptadas con amor y serenidad, y que al hacerlo, sepamos la parte de la partitura que les corresponde. Pues la tentación es rechazarlas, como si no fueran algo nuestro. Quizás la práctica de esa escucha interior, escuchando todo, incluso lo que no nos gusta, escuchando desde lo más profundo de nosotros, puede ayudar a que cada sonido interior tenga su lugar en la totalidad de nuestro ser, para que finalmente la melodía personal se pueda expresar con sabiduría y alegría.




Practiquemos y confiemos, cultivemos una vida interior que tienda a la armonía y al amor, en primer lugar a nosotros mismos, para amar así mejor a los otros. Aceptemos lo que surge, para mirar una y otra vez las luces y las sombras, para que así el cuadro resultante tenga algo que decir, aunque una y otra vez lo pintemos sin comprenderlo. Seguramente así acabe surgiendo una pintura con sentido y con alma.






sábado, 15 de octubre de 2016

LOS SECTARISMOS DE LAS PSICOTERAPIAS ¿UN NUEVO PROBLEMA DE LA PSICOLOGÍA?


En el mundo existen cientos de escuelas de psicoterapia, de las cuáles solo unas pocas cuentan con reconocimiento académico y científico, por haber mostrado una utilidad real en el tratamiento del sufrimiento humano y de los trastornos mentales.

Las ofertas de psicoterapia son múltiples: psicoanálisis y las escuelas derivadas del mismo, cognitivo-conductual, humanista-existencial (entre las que están la Terapia centrada en la persona de Rogers, la Gestalt de Perls, la Logoterapia de Frankl, etc.), diversas psicoterapias integradoras, etc.

En todo este maremágnum de opciones es fácil comprender las dificultades que un paciente lego en la materia pueda tener a la hora de escoger cuál es la mejor opción para ponerse en tratamiento para sus dolencias psíquicas.

A lo que hay que añadir la falta de autocrítica de los fundadores y seguidores de cada una de las escuelas de psicoterapia… 

Es más, en la muchos de los grupos existentes de psicoterapia (no sé si atreverme a decir en casi todos), en mayor o en menor grado, encontramos dinámicas sectarias como las siguientes:

- El grupo sigue a un líder al que se ha idealizado, no se cuestiona su pensamiento y se repiten sus reflexiones año tras año sin hacer una reflexión crítica de las mismas. Si el líder está muerto se llega a caer incluso en la veneración irracional de sus fotos, objetos personales, domicilio, cartas, etc. En muchos casos al líder muerto le sucede otro líder que centra su actividad en mostrar su fidelidad y reconocimiento al primer líder con el que puede llegar a identificarse como si fuera parte de él.

- El líder fundador y/o sus sucesores pueden ser carismáticos y seductores, con una frecuente actitud de llamar la atención acerca de su genialidad, encantos, etc. Dichos líderes suelen reaccionar negativa e incluso violentamente ante cualquier crítica o disensión.

   

- Hay un conjunto de seguidores de una determinada visión ideológica: Los planteamientos de la escuela psicoterapéutica en cuestión se convierten en ideología cuando se asumen irracionalmente, sin ser revisados o sometidos a crítica y contrastados con el conocimiento científico actual.

- Se presenta la escuela en cuestión como la mejor, la más innovadora, la más valiosa, la más verdadera, la más completa, etc.

- Se dan restricciones a la libertad de pensamiento y de expresión: si alguna persona dentro del grupo expresa discrepancias se le cuestiona exageradamente, se genera un vacío en la comunicación en el sentido de que otros miembros del grupo pueden cortar la comunicación con él, mostrar distancia o se le veta en intervenciones públicas (de manera parcial o total). Se le puede llegar a expulsar del grupo y una vez expulsado las críticas sobre él son desproporcionadas y si alguien le menciona dentro del grupo es duramente atacado y se le reprime contundentemente. 



- Desaparece la autocrítica a las actitudes, ideas, planteamientos del grupo, especialmente de sus líderes, que al identificarse con un fundador idealizado, las ideas de dicho fundador se plantean como incuestionables, así como cualquier propuesta generada por los líderes del grupo que no son capaces de generar pensamiento crítico acerca de sí mismos. Incluso la disensión de las ideas del grupo se puede llegar a considerar como patología, ya que dicha patología sería un impedimento para captar la “verdad”.

- Uno de los objetivos principales del grupo es difundir lo más posible sus ideas y captar nuevos miembros, más que generar pensamiento crítico, reflexión, etc.

- El pensamiento crítico se dirige hacia el exterior: otras escuelas de psicoterapia, miembros que han abandonado el grupo, personas que se muestran críticas con el mismo, etc. Mostrándose una gran intolerancia hacia otros grupos de psicoterapia en los que no se reconocen los elementos de verdad o de aportación que se puedan dar.

- Puede darse una explotación laboral y/o económica de los participantes en el grupo, en el sentido de realizar trabajos sin remunerar o reconocer, dándose por sentado que dicha actividad es obligatoria y en algunos casos dándose por sentado que la colaboración con el grupo es más importante que la vida privada de las personas, cobrándose cantidades a veces abusivas por los cursos, congresos, seminarios, etc.

- Los miembros del grupo se sienten especiales, superiores o mejores que los miembros de otros grupos a los que pueden llegar a despreciar por ignorantes, inferiores, etc. Se suele potenciar el ego narcisista de los más fieles a quienes se promociona y estimula señalándose una jerarquía dentro del grupo que depende más de la fidelidad del adepto al líder que de su talento objetivo.

- En algunos casos crea un lenguaje o jerga específica que es ininteligible para quienes no estén en el grupo y no hay esfuerzos en traducir dicho lenguaje para establecer lazos de comunicación con otros grupos.

- Suelen publicarse solamente los resultados satisfactorios para hacer “publicidad” de los métodos predicados.

- Puede haber una demanda de “pureza” en el sentido de que los seguidores de una determinada escuela no se contaminen con las ideas de otras escuelas de psicoterapia y sigan una doctrina ortodoxa con respecto a las ideas del fundador.

- Etc.

Quienes trabajamos desde hace años en el mundo de la psicoterapia somos conscientes de que estas dinámicas se dan en numerosas escuelas o grupos de psicoterapia y que son pocas en las que es sencillo disentir o aportar nuevas ideas. Y el problema no es nuevo… Se da desde los orígenes de la psicología. Es importante ser críticos con estas actitudes, combatirlas y fomentar el pensamiento crítico, el diálogo entre escuelas y la libertad de pensamiento de los psicoterapeutas para contrastar los avances científicos con la experiencia clínica. Nuestros pacientes se beneficiarán de ello.

Quizás estas actitudes se dan porque la irracionalidad, los sectarismos o las ideologías son experiencias humanas universales que se dan en cualquier grupo humano. Dado que somos psicoterapeutas sería bueno ver a estos grupos sectarizados como sistemas enfermos, que son llevados por personalidades neuróticas que inconscientemente pueden entrar en estas dinámicas por diversos elementos psicológicos que se han de trabajar en cada uno individualmente y en el sistema grupalmente. El problema es que no podemos “tratar” al “enfermo” que no es consciente de que padezca "enfermedad" alguna...

viernes, 23 de septiembre de 2016

TOC, TOC ¿HAY ALGUIEN EN LA GRAN CIUDAD?



Cada vez escucho a más personas hablar de la soledad en la gran ciudad, algo que es especialmente difícil para quienes atraviesan crisis personales, tienen problemas psicológicos o emocionales, o sufren por diversos motivos…

Resulta llamativo que un lugar tan lleno de gente, como es una gran ciudad, sea un lugar de tantas soledades conviviendo juntas. Incluso quienes dicen tener amigos refieren sentirse a veces muy solos…

Quienes hemos vivido en lugares más pequeños sabemos de que hemos podido llamar a un amigo para tomarnos algo en el mismo día o pasarnos directamente por su casa y que hemos sido acogidos y escuchados. O que lo hemos hecho con otros. También sabemos de la experiencia de encontrarnos a personas conocidas por la calle que pueden o no servir de referencia y de apoyo.  Quienes hemos vivido en lugares más pequeños hemos vivido esa experiencia como de una gran familia, con sus ventajas e inconvenientes…

Pero la gran ciudad, esta gran jungla de asfalto, resulta vacía y solitaria para muchas personas. Incluso hay quienes vienen con otra disposición, diciendo que no se dejarán contagiar, que son amigables y cercanos, etc. pero se transforman misteriosamente al llegar a una ciudad como Madrid. Algunos aún siguen siendo fieles a sus propias intenciones, por suerte...

Y, paradójicamente, vivimos simultáneamente en una etapa histórica de hipercomunicación. Si escribes un whatsapp u otro tipo de mensaje seguro que te responden con mucho gusto, pues la mayoría viven a través de una pantalla relaciones humanas hiperconectados... Con conexiones que muchas veces son ficticias o superficiales. Por ejemplo, hay quién habla de que puede pasarse horas chateando con otra persona, pero que nunca quedan a tomar un café… ¿Cómo es posible?

Y lo que es peor, si una persona tiene un mal día, experimenta un momento de bajón, de duelo, o de crisis puede sucederle que no pueda contar con nadie hasta dentro de 10 días o de 10 años, porque la gente tiene la agenda muy ocupada y es más importante su trabajo, su curriculum, ver una serie o emborracharse en la discoteca, que escuchar a un amigo pasando dificultades. Eso siempre queda para después. La gente no es capaz de escuchar a otros porque muchas veces no se escucha ni a sí misma, vive como desconectada… En otro registro de lo “importante”, que en realidad no lo es. Si nuestra vida nos impide relacionarnos y escuchar de verdad a otros o estar realmente disponibles, desde el corazón, como decía en una entrada anterior, se da una alienación de lo que realmente importa, las personas.

Recuerdo un día en que estaba atendiendo urgencias psiquiátricas, en el que vino una chica al hospital porque no tenía con quién hablar en un momento de angustia y la pobre lo había intentado. Entendí perfectamente su necesidad… por extraña que pareciera en ese contexto. También he escuchado muchas veces a pacientes decir que lo que necesitan es una presencia real, una persona que esté ahí en un momento difícil, aunque sea unos minutos. Entiendo que esa experiencia de la “presencia” es clave y fundamental en un momento de dificultad y quienes trabajamos con personas en crisis lo sabemos muy bien. En situaciones críticas hay que tener la sensibilidad suficiente para saber estar presentes físicamente, para escuchar de verdad desde el corazón y para mostrar disponibilidad, aunque sea por espacios de tiempo acotados.

Hay personas que sí son capaces. Creo que muchos conocemos a alguna persona así, que con sencillez sabe estar ahí y responder y que sabes que te tenderá su mano y se hará presente desde el corazón, en cualquier momento que sea necesario. Lamentablemente, muchas personas no conocen a nadie así, o si lo conocen no saben pedir ayuda, o conocen a gente que dice que está y que hará algo así, pero luego no está en el momento que realmente es necesario, porque no se comprometen realmente…

Lo fundamental que quiero transmitir con esta entrada es que estos bichos raros y medio autistas en que nos convierte la gran ciudad podemos despertar y abrir el corazón a la escucha real de la realidad y de los otros, sin miserias, sin egoísmos. Sí con límites, pues no somos dioses. Pero los límites no son desprecios o arrogancias, no son frías distancias sin explicaciones, no son prepotencias salvadoras, etc.

Quizás solo se trate de humildad y de compromiso por darnos cuenta de quienes son los otros, de cuando toca estar y de cuando toca dejar espacio. Todo un arte que requiere saber estar y escuchar en primer lugar con nosotros mismos. ¿Nos atreveremos a hacerlo? Quizás sea una tarea solo para unos pocos valientes… ¿Quién se atreve?






viernes, 16 de septiembre de 2016

LA DISPONIBILIDAD DEL CORAZÓN




Son realmente pocas las personas capaces de ser generosas desde la disponibilidad del corazón, pues eso requiere una conexión con una dimensión profunda de uno mismo que posibilite la capacidad de amar realmente a los demás desde la libertad. Lo que, a su vez, parte de estar centrados y conectados con nuestras almas…  Cuando encuentras a personas así parece que has llegado a casa después de un largo viaje, seguramente porque están en su “casa”, enraizadas en su ser y conectadas con la realidad. Es un regalo de la vida contar con su presencia y también nos transmiten la esperanza de un mundo mejor. Solamente cabe gratitud e inspiración ante personas así. Nos inspiran y nos estimulan a ser como ellos.

Cuando no se las encuentra, parece que el mundo se torna un desierto, por la sensación de sequedad que producen y da la impresión de que no hay agua para todos, ya que muchos se reservan su “riqueza” tanto para sí mismos que se acaban volviendo cada vez más pobres y miserables y parece que se ve "sed" por todas partes...

Quizás esos ricos y avaros de los que habla el Evangelio sean esas personas incapaces de dar, de estar disponibles, incapaces de amar, porque no están conectadas con el amor o tienen demasiado cerrado el corazón. Son personas que miden lo que dan y lo que reciben, si dan lo hacen con la prudencia de que no te acostumbres (avaricia), si reciben están pensando en que algo te tienen que devolver o piensan en qué tendrán que dar a cambio (otra forma de avaricia y de restricción). Ante este tipo de personas, o ante este estado de ser que por suerte en algunas personas es ocasional, se te encoge el corazón. Cuando alguien nos trata desde la cerrazón o la defensa y no está disponible y abierto, no solo se nos encoge el corazón, también podemos sentirnos perdidos y desorientados... O incluso heridos o despreciados. Si antes no estamos preparados para el golpe o el desdén que puede suponer ese trato o somos suficientemente conscientes de las heridas del otro.

En otras ocasiones, quienes están con el corazón cerrado pueden incluso hacer sentir culpable al que no es como ellos pues son ellos quienes saben vivir midiendo, poniendo límites, restringiéndose sentimentalmente porque creen que eso es madurez… y control… Pero no saben que están atrapados en los miedos, quizás de la infancia, que del miedo al “coco” se ha pasado al miedo a los demás o a los propios sentimientos. Lo que es más bien el miedo a ser vulnerables ante otros, el miedo a necesitarles, el miedo a compartir de verdad y en definitiva es el miedo a sí mismos y al amor real. Se creen “ricos”, pero son los avaros más pobres. Incluso puede que sean más pobres que esos que solo tienen dinero y se lo guardan egoístamente para sí mismos.


Hay que tener en cuenta que cuando una persona actúa así puede no ser consciente y es posible que incluso se sienta muy generosa, porque a veces da o pide "limosna" emocional, migajas que caen de una mesa que cree llena de algo que se corrompe porque no se comparte y acaba helando el corazón. A veces es algo muy sutil, una persona generosa en sus principios, puede ser muy rígida con sus sentimientos y pensar que eso es amar a otros, porque les pone los límites o porque así protege de algo supuestamente peligroso, cuando lo que hace es protegerse de implicarse de verdad con la vida, lo que le abriría espacios para una felicidad real.

A veces me da la impresión de que esa restricción emocional es miseria, es pobreza, es sufrimiento y es vacío que se llena con falsos principios (fariseísmos), ideologías o incluso ideas heroicas (falsos salvadores del mundo).

Incluso esas actitudes se cuelan en los mundos de la espiritualidad en estos tiempos en los que está de moda la meditación, o más bien una visión superficial de la misma, pues vemos que incluso meditadores y buscadores espirituales, se empeñan en no sentir, en decir que no son eso que sienten, porque a alguien se le ha ocurrido pensar que sentir es “malo” y que hay de alejarse y mirar "desde fuera" y con recelo esa capacidad humana de sentir, que nos lleva a vincularnos con otros. Pero no nos confundamos. Una cosa es no implicarse con una emoción intensa que no lleva a ningún lugar, aunque uno pueda aceptarla dentro de sí como una expresión de una dimensión interna… Otra cosa es disociarse emocionalmente y vivir abotargado, confundiendo frialdad y abotargamiento con maestría espiritual. Me viene ahora a la mente la intensidad emocional del monje protagonista de la película Zen (el fundador de la escuela soto Zen). Un hombre implicado con los demás y con el corazón abierto, estando disponible para ayudar a los que sufren y llorando por y con ellos. ¿Un maestro zen sintiendo? Sí, un maestro Zen conectado con la realidad y el amor.

Os recomiendo encarecidamente la película que podéis ver aquí:


La buena noticia es que salir de esas restricciones emocionales es posible si uno se propone ir abriendo el corazón, lo más profundo de sí, para abrirlo a la realidad, dándose permiso para abrir la caja de los sentimientos, aunque asusten, pues sólo así pueden llegar a equilibrarse y sosegarse. No sirve barrerlos bajo la alfombra. Otra buena noticia es que los pequeños gestos de disponibilidad, respeto, acogida, son los grandes gestos para un mundo mejor, y lo primero para un mundo interno mejor y más equilibrado. Esos pequeños gestos pueden ser, por ejemplo, responder de inmediato o en cuanto podemos al mensaje de un amigo o incluso de un desconocido, por respeto y por no acumular cosas pendientes avariciosamente o no quedarnos apegados a una falsa y miserable sensación de poder y control… Hay quienes calculan los tiempos para responder, como pretendiendo un cierto control del vínculo y de sí mismos. ¿Por qué no responder y punto? Lógicamente en un momento adecuado y equilibradamente, no compulsiva o impacientemente. Muchas veces los miserables emocionales están disponibles pero quieren aparentar estar ocupados, y retrasan sus respuestas. Una vez alguien me recomendó hacer esperar por sistema a los otros para que se dieran cuenta de que el poder lo tenía yo… Sin comentarios…

Otros gestos pueden consistir en abrir espacios y tiempos a un amigo, en cuando haya un espacio de tiempo en el camino, aunque sea pequeño. Se pueden crear pequeños oasis de encuentro aún en la gran ciudad.... O puede ser aprender a ser más transparentes y claros, pero sobre todo, puede ser atreverse a Ser reales, ser nosotros, conscientes y valientes ante nuestro sentir, para abrir los ojos con admiración al milagro de la vida y de las relaciones humanas, las entendamos o no.



Dado que todos tenemos un poco de apertura y otro poco de cerrazón (en mayor o menor grado y dependiendo de los momentos... ¿Por qué no abrir un poquito más esa rendija de la puerta que se cierra cuando se cierra?  ¿Por qué no atrevernos a ser y estar disponibles desde la humildad y la sencillez del corazón? ¿Por qué no fijarnos en cuando nos paralizamos y cerramos las puertas para aprender a abrirlas de nuevo?




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