martes, 14 de octubre de 2014

¿PUEDE PRODUCIR LA MEDITACIÓN EFECTOS ADVERSOS?

Ponencia presentada, por mi, en Ávila el Congreso Satélite del XV Congreso Mundial de Psiquiatría: "Espiritualidad, Cultura y Salud Mental",  el 19 de septiembre de 2014



En las últimas décadas se ha extendido de forma exponencial el uso de la meditación y derivados (como el Mindfulness) en el tratamiento de algunos trastornos mentales. La meditación está de moda dentro y fuera de contextos científicos, se aplica para el manejo del estrés, para fomentar el autocontrol emocional, retirarse del mundanal ruido, para encontrar remedios a los males del alma, superar síntomas de ansiedad, depresión, angustia existencial, etc.

Si indagamos un poco sobre los orígenes de la meditación nos encontramos con ella desde los comienzos, en las diversas tradiciones espirituales y en algunos contextos de tipo filosófico. En Occidente tenemos la Contemplación cristiana (como la de Santa Teresa), el Quietismo (de Madame Guyon), la Imaginatio Vera (de los alquimistas), a los neoplatónicos, a los pitagóricos, etc. En Oriente hay diversos métodos dentro del Budismo (de los que quizás sean más conocidos el Vipassana y el Zen) y en el Hinduismo (en el que hay numerosas prácticas meditativas como en el Raja Yoga, el Kriya Yoga, el Nada Yoga, etc.).

En todos los caminos espirituales, ligados a tradiciones antiguas, la meditación se enseña solo a personas con un compromiso espiritual y que cumplen ciertos requisitos (como, por ejemplo, tener un adecuado comportamiento ético en su vida cotidiana). No se enseña a la ligera a cualquiera e incluso se pide al discípulo atravesar algunas pruebas, para comprobar si está o no preparado para el camino que va a iniciar. Parece que no se quiere sembrar sobre un terreno que no esté convenientemente abonado y asentado.

De las escuelas de meditación oriental han derivado ciertos métodos, más accesibles para la mentalidad occidental, como son la Meditación Trascendental, el Mindfulness o el Big Mind, entre otros. Un tema para reflexionar sería sobre si estos métodos son o no auténticos métodos de meditación o meros artilugios de control mental, introspección, relajación, sugestión, etc.

En la actualidad, las técnicas más utilizadas en contextos científicos derivan de un tipo de meditación budista que se llama Vipassana, que ha recibido el nombre de Mindfulness, y que en castellano se ha traducido como “atención plena”. El Mindfulness es el “método” con el que se han desarrollado más trabajos de investigación, habiéndose producido un crecimiento exponencial de publicaciones en los últimos años.

Estos trabajos de investigación nos muestran los efectos beneficiosos del Mindfulness en numerosos trastornos psiquiátricos, como los trastornos de ansiedad, la depresión, el TOC, en algunos trastornos de personalidad, en la hiperactividad, en trastornos de la conducta alimentaria, en el insomnio, el estrés, etc. (McGee, 2008).

Cuando, además, la meditación va ligada a un camino espiritual, como es el caso del Budismo, el Dalai Lama nos cuenta que el meditar produce más empatía, más compasión, más consciencia y el desarrollo de la capacidad de amar incondicionalmente. De hecho, hay algunos estudios que afirman que Matthieu Ricard[1],  un monje budista de origen francés, es el “hombre más feliz del mundo”..


Por otro lado, nos encontramos con pocos datos, en publicaciones científicas, sobre los posibles riesgos y contraindicaciones de estas técnicas, cuando hay numerosos testimonios acerca de dificultades psicológicas sufridas en retiros de meditación y complicaciones más graves, como cuadros psicóticos o incluso suicidios. Además, ya nos han advertido acerca de posibles peligros los maestros de las diferentes tradiciones espirituales. Por estos motivos, intentaremos recopilar datos sobre los posibles “efectos adversos” que pueden estar asociados a la práctica meditativa.


“EFECTOS ADVERSOS” ASOCIADOS A LA PRÁCTICA DE LA MEDITACIÓN

Para facilitar su comprensión, en el presente artículo diferenciaremos tres tipos de “efectos adversos” relacionados con la práctica de la meditación (ver Tabla I):
1)    Efectos psicológicos negativos.
2)    Alteraciones psicopatológicas.
3)    Efectos espirituales “negativos”.

A continuación desarrollamos una explicación detallada de estos tres tipos de efectos adversos:


1) Efectos psicológicos negativos:

Consistirían en reacciones psicológicas que producen malestar en el individuo, en sus relaciones interpersonales, o en la forma de afrontar los problemas cotidianos, pero no necesariamente desencadenan alteraciones psicopatológicas.

Por ejemplo, Shapiro (1992) encuentra en un estudio aumentos paradójicos en la tensión emocional, aburrimiento, dolor, alteración del sentido de la realidad, confusión y desorientación, ser más juzgador, tener menor motivación por la vida, aumento o aparición de dolor y adicción a la meditación.


Epstein (2007) nos habla de una mayor obsesividad, dolores musculares, aumento de la rigidez psicológica y mayor intelectualización como consecuencia de la práctica de la meditación. Epstein (1988) también encuentra intensas reacciones de transferencia hacia el maestro que suponen una expectativa de fusión con el mismo (Epstein, 1988) o una excesiva “fijación emocional” en el gurú (Chaudhuri, 1994), que pueden llevar a la sumisión, dependencia emocional, dinámicas sectarias, etc.

Las reminiscencias narcisistas de etapas infantiles también pueden generar sentimientos de superioridad y grandiosidad u otras fantasías, o sentimientos de vacío por no conseguir llegar a la deseada perfección (Epstein, 1988).
Walsh & Roche (1979) hacen referencia a disociación y tensión muscular. Parece ser que la disociación de las emociones puede dificultar la conexión con las emociones ajenas, perdiéndose empatía hacia los estados emocionales de otros.

Otros efectos negativos pueden ser una excesiva introversión y aislamiento, ensimismamiento, regresión a etapas más infantiles, o represión de la sexualidad (Chaudhuri, 1994).

También se hace referencia a intensas reacciones emocionales (sollozar, gritar, “ponerse histéricos”) y a la emergencia de recuerdos infantiles desagradables o incluso traumáticos (Myers Owens, 1994)

Otro efecto psicológico negativo tiene más que ver con lo que se ha llamado by-pass espiritual (Tart & Deikman, 1991), que consiste en recurrir a la espiritualidad y sus prácticas para evadir los problemas de la vida cotidiana, autoengañarse o no resolver los conflictos mediante métodos más adecuados (como un tratamiento psicoterapéutico). En esta línea, Engler (1984, citado por McGee, 2008) ha encontrado que algunas personas con estructuras de personalidad narcisista o borderline pueden usar la meditación para llegar a ser “puros” o para identificar los sentimientos de vacío y fragmentación con la vacuidad o el desapego de la iluminación.



2) Alteraciones psicopatológicas.

En algunos casos se han detectado alteraciones psicopatológicas relacionadas con la práctica de la meditación, como
 cuadros de ansiedad, e incluso crisis de pánico (Walsh & Roche, 1979; Epstein & Lieff, 1981, McGee, 2008). También se han dado reacciones de despersonalización, desrrealización, disociación, alteraciones perceptivas y agitación (Walsh & Roche, 1979; Epstein & Lieff, 1981).

A otras personas se les ha desencadenado una intensa angustia por emergencia de recuerdos traumáticos (Myers, 1994) o de emociones intensas negativas (McGee, 2008), que quizás podrían llegar a desencadenar cuadros de estrés agudo y posteriormente estrés postraumático.


Hay también datos de recaídas en pacientes esquizofrénicos o personas con antecedentes de psicosis por drogas, al desencadenarse episodios psicóticos, delirios o alucinaciones durante una práctica intensiva de meditación (Walsh & Roche, 1979, McGee, 2008) y algunos psiquiatras hemos detectado en la práctica clínica primeros brotes en personas en las que no se han detectado previamente alteraciones psicóticas.

También se han producido una exacerbación de síntomas depresivos con algún caso de intento de suicidio (Epstein & Lieff, 1981) o incluso algún  suicidio consumado después de algún retiro intensivo de meditación.

La exacerbación de trastornos mentales o la aparición de alteraciones psicopatológicas en personas que están realizando una práctica intensiva de meditación podría deberse a dos motivos: por una parte, a una mayor autoconsciencia por la práctica de la auto-observación (más en la meditación tipo Mindfulness) y, por otra, a una reducción de las barreras mentales mediante la relajación que produce la meditación. Ambos motivos podrían favorecer la emergencia de problemas latentes en el sujeto que practica meditación y, como consecuencia, desencadenar la aparición de los problemas psíquicos ya mencionados (ver gráfico 1).
Gráfico 1

                                  
Hay que señalar explícitamente que hablamos de “problemas latentes” y no de problemas que la meditación genere, aparentemente, por sí misma.

Las personas con una estructura de personalidad más frágil pueden ser más susceptibles a sufrir diversas complicaciones como producto de la práctica meditativa, pues como dice Engler (1983) (citado por McGee, 2008) “tienes que llegar a ser alguien antes de no ser nadie”, es decir, hay que tener un yo estructurado antes de buscar el vacío, la disolución del yo, etc. A todo esto podemos añadir las dificultades que personas con una estructura de personalidad límite pueden sufrir ante los rigores de una práctica de meditación intensiva (Epstein y Lieff, 1981)

 
3) Efectos espirituales “negativos”

En todas las tradiciones se habla de los problemas que pueden surgir en el camino espiritual o más específicamente en la práctica de la meditación.  Estos “efectos espirituales negativos” nos señalan bien momentos difíciles, bien situaciones que provocan o movilizan emociones negativas en relación con la práctica espiritual, pero que pueden ser parte de un proceso en sí positivo, por lo que entrecomillamos la palabra “negativos”.

Tenemos en cuenta este tipo de experiencias en el presente escrito porque conviene hacer un adecuado diagnóstico diferencial entre problemas psiquiátricos y alteraciones de tipo espiritual, que son compatibles con los contenidos simbólicos y religiosos de las diversas culturas.

Algunos ejemplos en esta línea son: la “noche oscura del alma” de la que habla San Juan de la Cruz, el tomar consciencia del mal que hay dentro de nosotros (como señalan Santa Teresa y otros místicos de diversas tradiciones), “la emergencia de la Kundalini”, la soberbia o vanidad espiritual (en la que uno siente que está por encima de otros por haber llegado a un cierto nivel de pericia espiritual o meditativa), las visiones (que hay que diferenciarlas de los fenómenos alucinatorios), las crisis de fe, la adicción al trance (que algunos han llamado “enfermedad del yogui” o que Santa Teresa llamó “pasmos largos”), la “muerte” del ego (para mirar más allá de uno mismo y superar el egocentrismo), la sensación de vacío, la “glotonería espiritual” (que tiene que ver con la búsqueda compulsiva de experiencias paranormales, etc.

   Tabla I

Contraindicaciones de la práctica de la meditación

Ante las diferentes alteraciones que pueden surgir durante la práctica de la meditación parece pertinente hablar de contraindicaciones, que serían, según Shapiro (1994), las siguientes:

-  Antecedentes de cuadros psicóticos.
-  Vulnerabilidad a la psicosis (aunque en este caso tenemos el problema de saber hasta qué punto es fiable la detección de dicha vulnerabilidad).
-  Personalidad esquizotípica.
-  Personalidad esquizoide.
-  Trastornos disociativos.
-  Trastornos somatoformes (hipocondriasis y somatización).

Este tipo de pacientes es posible que experimenten distrés o se vean sobrepasados por lo que puede emerger en la experiencia de meditación. Aunque por otra parte tenemos a personas con graves trastornos de personalidad que refieren haber experimentado alivio de su sintomatología mediante el Mindfulness, como cuando se aplica para pacientes con Trastorno límite de la personalidad la Terapia Dialéctico-Comportamental de Marsha Lineham. Quizás lo adecuado sea aplicar estas técnicas con una adecuada supervisión psicológica y/o psiquiátrica y dentro de un programa de tratamiento más amplio que la mera aplicación de técnicas de meditación.



Otros temas a tener en cuenta

La meditación se está aplicando en un contexto de psicoterapia que es occidental, cuando la meditación tipo Mindfulnesssurge en una cultura oriental con una finalidad distinta a la de un tratamiento de psicoterapia. La meditación oriental tiene como finalidad principal el alcanzar la iluminación y no el alivio de problemas psicológicos. Ante esto nos surge la pregunta de hasta qué punto se puede trasplantar un método de una cultura a otra.

Por otra parte nos encontramos con duras críticas desde escuelas psicoterapéuticas occidentales, como el psicoanálisis, que considera que la meditación principalmente lleva a estados regresivos preedípicos, por lo que nos dirige a encontrarnos con residuos narcisistas que convendría trabajar en el ámbito de la psicoterapia (Epstein, 1988).

Aún resulta más duro en sus afirmaciones John Rowan (1996, p.119) cuando dice:


 "Originalmente, la meditación formaba parte de un modelo único de individual de desarrollo. En la actualidad, sin embargo, se la ha aislado de su contexto original y se ofrece como un producto más de consumo, como si fuera una especie de panacea universal, irrisoriamente barata y carente de efectos secundarios. Tal vez quienes utilicen de ese modo la meditación consigan aumentar su tranquilidad, su alegría e incluso su eficacia pero lo cierto es que difícilmente alcanzarán la sabiduría. También es posible, por otra parte, que estemos tratando de disfrazar de espiritualidad la introversión esquizoide, la megalomanía, la vanidad y la dependencia.”

¿Estaremos los occidentales pervirtiendo la práctica de la meditación al servicio de nuestros deseos egoístas? Quizás merezca la pena reflexionar acerca de ello.

En vista del boom que hay con la práctica de diferentes técnicas de meditación y específicamente con la práctica del Mindfulness y la avalancha de publicaciones mostrándonos sus bondades podemos preguntarnos:¿Por qué se habla tan poco de estas experiencias negativas o de las complicaciones que puede generar la meditación? ¿Hay personas que han de ser evaluadas previamente antes de iniciar estas prácticas? ¿O se generan los efectos adversos por la aplicación, a la ligera, de técnicas de contextos culturales diferentes al nuestro?

En este texto nos planteamos estas cuestiones con el objetivo de que nuestra práctica psicopatológica tenga en cuenta estas posibilidades, para diagnosticarlas, tratarlas y prevenirlas adecuadamente; estableciéndose un adecuado diagnóstico diferencial  con las experiencias de tipo espiritual, que más bien están relacionadas con el sistema de creencias y cultura del sujeto que las vive, que con auténticas alteraciones psiquiátricas. De hecho, en el DSM V ya aparece una categoría que se llama “problema religioso o espiritual” que se ha de diferenciar de los diferentes trastornos mentales.

CONCLUSIONES

En relación con los datos recopilados en el presente texto, consideramos pertinente llegar a las siguientes conclusiones:

- En algunas personas,  la práctica de la meditación puede tener riesgos para la salud mental,  que parecen tener factores predisponentes que les hacen más vulnerables ante dicha práctica.


- Es importante que quién enseña meditación tenga suficientes conocimientos acerca de lo que está haciendo, experiencia y madurez, en relación con la práctica meditativa y la práctica psicoterapéutica. Por lo que conviene que se prescriba de forma cuidadosa y sea adecuadamente supervisada.

- Quien la practica (y obviamente quien la enseña) es importante que tenga un yo mínimamente estructurado. En algunos casos podría ser preciso un trabajo previo de maduración psicológica, que puede facilitarse mediante tratamiento psicoterapéutico.

- Es importante tener en cuenta indicaciones, contraindicaciones y riesgos en cada caso, lo que nos muestra la conveniencia de desarrollar más investigación al respecto sin dejarnos cegar por las modas y por los prometedores resultados de ciertos trabajos de investigación.


BIBLIOGRAFÍA

Chaudhuri, H. (1994). Psicología Yoga. En Tart C.T.: Psicologías transpersonales. Paidós: Barcelona, p. 221-265.
Epstein, M. (1988). Meditation and the dilemma of narcissism. Journal of Contemplative Psychotherapy, 5, 3-19.
Epstein, M. (2007). Psychotherapy without the Self: A Buddhist perspectiveYale University Press, New Haven.
McGee (2008). Meditation and Psychiatry. Meditation and Psychiatry. Psychiatry, 5(1), 28-41.
Myers Owens, C. (1994). El Budismo Zen. En Tart C.T.: Psicologías transpersonales. Paidós: Barcelona, p. 149-193.
Rowan, J. (1997). Lo Transpersonal. Psicoterapia y Counselling. La Liebre de Marzo: Barcelona.
Shapiro, D.H. Jr. (1992). Adverse effects of meditation: a preliminary investigation of long-term meditatorsInt J Psychosom, 39(1-4), 62-67.
Shapiro, D.H. Jr. (1994). Examining the content and context of meditation: a challenge for psychology in the areas of stress management. Psychotherapy and Religion Values, 34(4), 101-135.
Tart, C.; Deikman, A.J. (1991). Mindfulness, Spiritual Seeking and Psychothrapy. The Journal of Transpersonal Psychology, 23, 1, 29-52.

[1]  Noticia en el diario “El Mundo”: “Declarado el hombre más feliz del planeta” por David Jiménez. Link a la noticia: 
http://www.elmundo.es/magazine/2007/395/1176906666.htmlhttp://www.elmundo.es/magazine/2007/395/1176906666.html

sábado, 30 de agosto de 2014

"MENOS MINDFULNESS Y MÁS SANTA TERESA"

Hace unas semanas me comentaba el Catedrático de Psicología Antonio Capafons que a veces dice a sus alumnos, en clase, la frase: “Menos Mindfulness y más Santa Teresa”. 

Conecté con esa frase porque en diversas ocasiones también he querido decir lo mismo y no me ha salido decirlo tan claro y sintético como lo dice Antonio Capafons.

Me pareció muy provocadora y estimulante esta forma de decirlo, en unos momentos en los que el Mindfulness está de moda, entre los psicólogos y psiquiatras que se consideran modernos y entre muchos pacientes que tratan de aliviar sus ansiedades y angustias, con ese método. Por otra parte, la mayoría de los psicólogos y psiquiatras saben algo de Mindfulness, pero no saben nada, o muy poco, acerca de Santa Teresa. Por ejemplo, muy poca gente sabe que Santa Teresa desarrolló un método de oración, con elementos que se pueden considerar cercanos a algunos métodos de meditación orientales, con las diferencias que tienen que ver con su propia tradición religiosa. Para ella su método de oración está insertado en un camino cristiano comprometido con la Verdad, con una entrega a los demás, con el Amor, con la unión con Dios y con una profunda búsqueda de sí misma.

Sin descartar que el Mindfulness tendrá su utilidad, me parece lamentable que se use a la ligera, ofreciéndose como un método de meditación que parece la panacea para las neurosis modernas y como un producto más de consumo, que vale para casi todo:  para empleados estresados (para que no se quejen en sus trabajos), para amas de casa en apuros, para personas angustiadas o deprimidas, etc. Y para colmo es muchas veces aplicado por personas que desconocen completamente el origen de este método (viene del Vipassana, que está dentro del Budismo). Escuché una vez a alguien que decía que puede ser un tanto insultante desconectar la meditación de su origen, en el que tiene una determinada finalidad, para obtener unos beneficios prácticos, que no tienen que ver con el sentido original del método, y que encima se le cambie el nombre original de meditación por un término americano.  Estoy de acuerdo.

Pero vuelvo al tema. ¿Por qué quiero reflexionar sobre esa sugerencia de más Santa Teresa y menos Mindfulness

Trataré de explicarlo.

Empiezo describiendo sucintamente que el Mindfulness consiste en prestar atención, sin emitir juicios, a las sensaciones, percepciones, pensamientos, y cualquier cosa que pase por la consciencia. El observar los fenómenos psíquicos sin juzgarlos, permite ir tomando distancia de experiencias subjetivas, que se acaban manejando con una mayor objetividad (como pensamientos angustiosos, negativos, etc.) y por lo tanto teniendo un mayor autocontrol emocional. La práctica es importante centrarla en el momento presente, en el aquí y ahora, buscando una dimensión de silencio interior. He visto en alguna práctica de Mindfulness que también se hacen sugestiones positivas como "me siento bien", "me siento tranquilo", etc. El tener “éxito” con el Mindfulness depende fundamentalmente de dedicar tiempo a  la práctica, de hacer bien la técnica y de empeñarse en ello. Es del propio meditador del quien parece provenir el resultado.

La oración contemplativa de Santa Teresa (que también intentaré explicar resumidamente) consiste en abrirse a la presencia y a la acción de Dios desde una actitud humilde, en silencio. Mediante su práctica se busca entrar en los “sentidos interiores” desconectando de los exteriores (una diferencia importante con el Mindfulness). Se busca silenciar cuerpo y mente, silenciar los ruidos interiores y exteriores, para estar en silencio ante una realidad trascendente (Dios). Parte del proceso implica despojarnos del propio yo, del egoísmo, el egocentrismo y la vanidad, desde la humildad. El yo no es el que manda, sino que mantiene una actitud pasiva de escucha en la que, desde la humildad, se acepta que no se puede controlar la acción de Dios. No es el ego quién decide qué va a pasar sino que hay un desprendimiento de sí mismo. Parece ser que esa acción, por sí misma, es transformante para quién practica la oración contemplativa (aunque uno no controlar la acción de Dios).

Dice Santa Teresa que entremos en la oración porque tenemos “al Emperador del cielo y de la tierra en tu casa… no ha menestar alas para ir a buscarle, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí”.
Hay una parte de recogimiento porque recoge las potencias del alma (voluntad, entendimiento, memoria) y se entra dentro de sí con para encontrar a Dios. Su práctica va mucho más allá de ser una mera técnica de autocontrol psicológico, aunque ese autocontros sea necesario para entrar en silencio en el mundo interior.

En esta práctica buscar a Dios en el silencio depende del que ora, recibir el don de la contemplación depende de Dios. Como dice ella misma: "Es ya cosa sobrenatural ... que no la podemos procurar nosotros por diligencias que hagamos". 

Vemos en ella, repetidamente, una actitud de humildad.

Es interesante que se considera que la efectividad de la oración contemplativa se descubre por el efecto espiritual que produce: mayor capacidad de amar a otros, humildad, autoconocimiento, crecimiento en virtudes, desapego de lo material, entrega a Dios, aumento en los frutos del Espíritu, etc.

Y por supuesto un serio y auténtico conocimiento de uno mismo, que termina siendo la base del realismo en la vida, de la aceptación de sí y de la humildad. Sin caer en el peligro de un idealismo o de un egocentrismo que se construya fuera de la base de lo que es uno mismo, como me comenta Francisco Javier Sancho, director de la Universidad de la Mística de Ávila y sacerdote carmelita.

Con respecto a Santa Teresa y su oración contemplativa me parece importante señalar que no es necesario pertenecer a su misma religión, para enriquecerse con su propuesta de contemplación unida a una determinada forma de vivir, conectada con valores humanos y espirituales que construyen la vida. También es muy enriquecedor darnos cuenta de que la contemplación que ella nos propone es un método muy cercano a otras formas de meditación, que además es de aquí al lado (de Ávila), y que puede enriquecer nuestra forma de vivir en nuestra vida cotidiana. Pues la apertura a la realidad con humildad, amor, respeto, silencio y la mirada hacia el interior, ¿no podrían hacernos bien a muchos? No obstante, no podemos separar su camino y su tradición de su obra y no podemos extraer cuatro pautas teresianas al modo Mindfulness, para generar otro producto de consumo para ejecutivos estresados.

Volviendo al Mindfulness su efectividad se mide por: un mayor autocontrol, un mejor centramiento en el momento presente,una  actitud interna más positiva, un mirar con distancia emociones y el eludir pensamientos desagradables, un mejor manejo del estrés, tener menor ansiedad, etc. Se habla algo de estados mentales buenos (y eso que primero dicen que no hay que juzgar...) Pero ¿Por qué no se habla de humildad, amor, desapego? Si nos vamos a los orígenes del Mindfulness veremos que en el Budismo la práctica de la meditación va ligada a un comportamiento ético, a la compasión y a un compromiso con el camino espiritual. En el Mindfulness no veo esto, e incluso veo un cierto riesgo de mal uso, de simplificación, de fomentar el egocentrismo, la vanidad, el ensimismamiento y de una cierta desconexión de las emociones, con el consiguiente riesgo de falta de empatía hacia las emociones o el sufrimiento ajeno. Algunos estudiosos del tema ya están identificando estas reacciones.

Aunque haya alguna semejanza entre esto que llaman Mindfulness y la oración contemplativa de Santa Teresa, como es el trabajo con la atención (aunque la atención se ponga en lugares y objetivos diferentes, en el primer caso al servicio del yo y en el segundo al servicio de algo que le trasciende a uno y a los demás), el autocontrol emocional y el silencio, me parece que lo que aporta la contemplación teresiana es humanamente más enriquecedor. Esto no quiere decir que hay que descartar el Mindfulness, dado que hay personas que sienten alivio a sus dolencias psíquicas mediante su uso. Más bien me parece que la reflexión debe ir en la dirección de hasta que punto no estamos pervirtiendo una práctica como el Mindfulness al descontextualizarlo de sus raíces (el Budismo) y al alejarlo de un marco de vida más amplio y humano. Además, aún más importante me parece, que ser conscientes de los propios caminos de “meditación” que existen en nuestra propia cultura, puede enriquecer nuestra perspectiva e incluso nuestra propia práctica de meditación y/o de oración. A lo que añado, que me parece que todas las vivencias de Santa Teresa, y todas sus propuestas, a las que se han adherido numerosas personas a lo largo de los siglos, dan frutos mucho más interesantes que todo el regimiento de meditadores Mindfulness que proliferan por todas partes. Desde los monasterios que ella fundó para volver a un cristianismo más auténtico hasta todas las personas que se han visto inspirada por ellas (dentro y fuera de las diferentes tradiciones), por no hablar de toda la obra educativa teresiana, San Juan de la Cruz y su obra y otros grandes como Edith Stein y su pensamiento filosófico. Aparte de los efectos que ya he señalado líneas más arriba que puede tener la oración contemplativa: mayor capacidad de amar a otros, humildad, autoconocimiento, crecimiento en virtudes, desapego de lo material, entrega a Dios, aumento en los frutos del Espíritu, etc.


Aclaro que estas reflexiones no pretenden ser una revisión exhaustiva del Mindfulness ni de la contemplación Teresiana. No son más que una invitación a la reflexión y a la profundización en lo que son las prácticas de contemplación y meditación. Cualquier corrección, sugerencia u opinión será bienvenida. Todo estos temas darían para mucho más... 

miércoles, 13 de agosto de 2014

LA MEDITACIÓN OCCIDENTAL: ESA GRAN DESCONOCIDA

Cada vez son más quienes hablan de meditación y quienes la practican, en Occidente. Lo que resulta curioso es que casi todos quienes hablan de meditación o hacen prácticas de la misma, suelen hacer prácticas de meditación orientales, que vienen del Budismo y del Hinduismo, muchas veces desvinculándolas de su contexto original.

Cuando preguntamos a diferentes personas qué saben sobre la meditación de Occidente nos encontramos con respuestas variopintas, que van desde la total negación de la posibilidad de  que exista una meditación occidental, hasta la idea de que la misma se reduce a simples recitaciones mecánicas de oraciones preestablecidas. Apenas se conoce nada acerca de la meditación Occidental, excepto en muy raras excepciones. Es más, incluso dentro del ámbito religioso cristiano, muchos religiosos reducen la idea de lo que es la meditación a la mera reflexión acerca de lecturas religiosas (algo que no está nada mal, pero que no deja de ser parcial e insuficiente acerca de lo que puede ser la meditación occidental).

En Occidente, pese a ser muy poco conocida, hay una larga tradición en el uso de la meditación. Quizás la más conocida sea la oración contemplativa de Santa Teresa, con algunos elementos en común con algunos métodos de meditación oriental (la práctica del silencio, la atención al mundo interior, la receptividad ante el mundo espiritual, etc.), y con otros elementos diferentes (como la apertura, atención y escucha a un Dios personal). 

Al parecer también practicaban técnicas de meditación los Neoplatónicos (Plotino), San Buenaventura, Hildegarda Von Bingen (conocida por sus espectaculares visiones), Teilhard de Chardin, Miguel de Molinos, Madame Guyon, etc. En Occidente también ha existido la Imaginatio vera et no phantastica de los Alquimistas, a partir de la cual, desarrolla en el siglo XX el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung un método al que llama “Imaginación activa”.

En el siglo XX también nos encontramos con los esfuerzos de integrar métodos de Oriente y Occidente en algunos cristianos occidentales como Thomas Merton (monje cisterciense) o Enomiyas-Lassaye (misionero jesuita), entre otros.

En la actualidad son conocidos por su trabajo en el desarrollo de la meditación en Occidente, Thomas Keating (monje cisterciense) con su método de la Oración centrante y en España Ana María Schütter y Xabier Melloni (sacerdote jesuita).

Sería interesante estudiar el por qué del desconocimiento de la meditación occidental, entre la población general, unido al auge en el empleo de las técnicas de meditación orientales. Quizás porque los métodos de meditación occidentales han estado más circunscritos a ámbitos de tipo monástico y menos accesibles a personas ajenas a estos entornos. A su vez, Oriente se ha convertido en “El Dorado” espiritual, quizás porque la novedad y el desengaño con respecto a ciertos errores de las religiones occidentales, a la vez que un gran desconocimiento e incultura sobre las mismas, han llevado a muchas personas a emprender búsquedas lejanas a supuestos paraísos terrenales. Seguramente la gran crisis espiritual y de valores que padece Occidente ha jugado su parte.

No obstante, sin infravalorar ninguna de las interesantes propuestas que nos ofrece la práctica de la meditación oriental, ¿por qué no molestarnos en conocer algo de los frutos espirituales de nuestras tierras? Quizás así sea también más enriquecedor el intercambio con lo que Oriente nos puede ofrecer.

Os dejo un par de vídeos en los que hay algunas explicaciones interesante sobre la meditación occidental: 

Explicaciones de Thomas Keating:



Explicaciones de Xabier Melloni: 


sábado, 9 de agosto de 2014

¿SE PUEDE ILUMINAR UN NEURÓTICO?



Está de moda eso de buscar la iluminación (habría que ver qué entiende por iluminación cada uno de los que la busca...) y muchas personas con neurosis la anhelan. Me ha surgido en ocasiones la pregunta de los cuál puede ser la base psíquica (de mínima salud mental) para que se llegue a encender  esa“bombilla” y si las personas neuróticas pueden tener dificultades extras para dar con el interruptor. ¿O puede ser la propia neurosis la genere tal estado de insatisfacción con la vida que pueda moverle a alguien a buscar esa “luz” que amplíe su concepción del mundo y le lleve a una visión más amplia? ¿O ciertas neurosis más que llevar al sujeto a buscar la “iluminación” pueden llevarle a escapar de la realidad mediante la búsqueda de una especie de autoanestesia luminosa que alimenta desde su propia visión limitada de la realidad?

Quizás haya un poco de todo. Es posible que un cierto grado de malestar psíquico con la vida pueda movernos a mirar más allá de nuestra estrecha visión de la realidad, para abrir nuestras mentes. Pero también la propia inquietud de búsqueda puede hacer que nos alimentemos de espejismos y que nos apoyemos en “iluminaciones” falsas que nos ayuden a evadirnos de nuestro malestar existencial. 

Creo que quizás en este punto cobre sentido un maestro o guía que nos ayude a mirar más allá de nuestras propias narices neuróticas, para que nos podamos dar cuenta de hasta donde nos estamos engañando. ¿Pero qué ocurriría si el guía, maestro o terapeuta tiene otra neurosis aún más peligrosa que la nuestra que hace que nos desviemos aún más del camino? ¿Cómo diferenciar quién puede ayudarnos de quién puede confundirnos aún más? ¿Qué pasaría si, por ejemplo, el guía nos retroalimenta el ego hablándonos de lo iluminados que estamos engordando nuestras neurosis y, por lo tanto, confundiendo más nuestro camino? Pues seguramente nada bueno, o bien, puede ser una prueba más en el camino a través de la cuál aprender un poco… También es posible que la iluminación aporte cierta perspectiva o distancia ante la neurosis, aunque no la cure. Lo que puede ser bueno o malo según el nivel de distancia que se tome… Si es excesiva uno se puede desentender de su necesidad de arreglar sus problemática psíquica ignorándola, si no es excesiva, puede aliviar el sufrimiento que genera la neurosis ocupándose uno por fin de ella o incluso tomar la difícil decisión de acudir a un experto en salud mental. Seguramente esto dependa del tipo de neurosis, de la personalidad del sujeto, de su madurez, y de muchas más variables.

Quizás los neuróticos puedan tener ciertos atisbos de la iluminación (según dicen eso de la iluminación va por grados y etapas), quizás la neurosis sea un síntoma de falta de consciencia, quizás ciertas neurosis más graves impidan o dificulten hacer adecuadamente el camino. 


¿Por qué no plantearnos trabajar los elementos neuróticos de nuestra personalidad en paralelismo con el propio trabajo espiritual? ¿Por qué no pedir la ayuda que corresponde a cada nivel de dificultades? Pues si no seguiremos con los ojos vendados, distorsionando las propias experiencias y, lo que es peor, confundiendo a otros si pretendemos ayudarles en su camino.





sábado, 21 de junio de 2014

PROGRAMA DEFINITIVO DEL CONGRESO "DE VÍCTIMAS A SÚPER-VIVIENTES"


Ya tenemos el programa definitivo del V Congreso de Antropología, Psicología y Espiritualidad de la Cátedra Edith Stein de la Universidad de la Mística de Ávila, que este año estará dedicado a las víctimas, a las personas que han sufrido maltrato, abuso, secuestros, torturas, terrorismo, etc.

Las fechas serán los días 26-28 de septiembre de 2014.

Queremos hablar de estas personas que han sufrido y sufren y también dejar expresarse a quienes han superado su papel de víctimas y se han convertido en Súper-vivientes. Es decir, que han conseguido sobreponerse a sus heridas y han crecido después de atravesar duras pruebas, aprendiendo no sólo a sobrevivir, sino a conseguir un nivel de superación personal por encima de lo esperable. En muchos de ellos la dimensión espiritual ha sido la clave para seguir adelante. Sus testimonios nos enriquecerán y nos enseñarán sobre la superación del sufrimiento.

También participarán profesionales relevantes en el tema de la atención a las víctimas o en la comprensión de su sufrimiento, que nos mostrarán sus reflexiones y estrategias de trabajo y ayuda para que quienes han sufrido intensamente, puedan superar su dolor y seguir adelante con sus vidas.

El viernes 26 de septiembre se dedicará fundamentalmente a testimonios, el 27 a ponencias y el 28 habrá intercambio de opiniones con los ponentes presentes y una conferencia de clausura.








domingo, 18 de mayo de 2014

LOS 12 "PERSONAJES" DEL FACEBOOK


Hace varios años que tengo un perfil en Facebook, que abrí en su momento por curiosidad y por mantener el contacto con muchos amigos lejanos. Después del tiempo transcurrido tengo más de 760 “amigos” (a muchos de los cuales no conozco) y más de 130 seguidores. Números que me parecen suficientes para tener una idea aproximada de como funcionan las personas en esa red social.

El tiempo transcurrido desde los inicios me ha servido, entre otras cosas, para darme cuenta de ciertos patrones de funcionamiento que podemos llamar los “personajes” que cada cuál encarna, en Facebook, y supongo que en cualquier red social.

Llamaré “personajes” a los patrones de comportamiento que se repiten y que podríamos llamar representativos de ciertos roles internáuticos. Es posible que identifiquemos a más de uno y que incluso hayamos “encarnado” alguna vez a varios de ellos en diferentes momentos de nuestra participación en las redes sociales. 


Paso a describir a continuación a LOS PERSONAJES: 

1.- El narcisista-exhibicionista: este personaje necesita ser visto con frecuencia y por eso nos cuenta todas las cosas maravillosas de su vida, se hace fotos a sí mismo en numerosas situaciones cotidianas, mostrándonos su mejor cara y tratando de convencernos de que su vida es maravillosa. Suele esperar ansiosamente a que sus “amigos” le pulsen al “me gusta” y si no hay tantos como espera se puede sentir frustrado o decepcionado con el mundo. Incluso puede borrar de su lista de “amigos” a los que no le dan al “me gusta” o le hacen comentarios con la asiduidad que considera oportuna.





2.- El obsesivo: de este he podido observar dos modalidades:

 2.1.- El tiquis-miquis perfeccionista: es el que nos echa charlas sobre lo que tenemos que hacer en las redes sociales, se molesta con facilidad con contenidos diferentes a sus opiniones y piensa mal de todos los que no son como él.



2.2.- El compulsivo: cuelga miles de cosas todos los días, relacionadas con lo que él le interesa y nos inunda los muros de innumerables noticias, imágenes, citas, etc. Otra modalidad de compulsivo es el que actúa con una actitud ambiciosa acumulativa, en plan Síndrome de Diógenes de acumular todos los "amigos" posibles.



3.- El hombre “mosca”: es quién se siente aludido en comentarios indirectos y se “mosquea” por publicaciones de otros (aunque no tengan que ver con él), comentarios que considera inoportunos e incluso se pasa el tiempo borrando a los “amigos” que no están a la altura de sus expectativas, bloqueándolos o criticándolos. Pueden tener también rasgos de los narcisistas o de los obsesivos.



4.- El quejica: se diferencia del anterior en que se queja de mínimos incidentes en su vida cotidiana, sobre sus relaciones personales, problemas en el trabajo, su comida, el tráfico. La mayoría de sus post son llorones y repiten un patrón victimista y negativo. Lo difícil es seguirles después de leerles un par de veces.


5.- El del “buen rollo”: es el que solamente pone frases de buena onda, paz y tranquilidad, que acaban saturando las neuronas porque no das abasto para tanto buen rollo. Nunca se enfada, siempre pacifica y nos muestra su mejor cara. ¿Se comerán las uñas para descargar la tensión?




6.- El espía: se suele mantener en la sombra y le gusta pasar desapercibo. Se siente aliviado de que sus visitas a los perfiles ajenos no dejen huella y puede pasar horas revisando los muros ajenos, los datos de los “amigos”, etc, sin decir nunca nada. Algunos nos enteramos por sus confesiones arrepentidas o por sus cotilleos en directo, cuando se van de la lengua.



7.- El seductor: algunos se dedican a mandar mensajes indiscriminadamente a todas las féminas  (u hombres, en la versión femenina), posibles diciéndoles que son las más dulces, guapas y estupendas, o a hacer comentarios lisonjeros en sus muros. Nos muestran sus fotos con su mejor perfil (teniendo también conductas narcisistas-exhibicionistas). Cuando te agregan como amigos, al poco tiempo ves que tienen agregadas a tus amigas o amigos más atractivos y seguramente ya habrán recibido su dosis correspondiente de piropos y adulaciones.



8.- El “pitagorín: Son los “listos” del Facebook, a veces con rasgos obsesivo-perfeccionistas. Nos cuelgan rollos intelectuales, a veces ilegibles por su densidad y longitud. Parecen saber más que nadie en este mundo. 



9.- El profeta: nos intenta convencer con diversas estrategias de que abracemos su fe, sea esta en una línea religiosa, New age, o por libre. Incluso algunos ateos hacen apología del ateísmo, convirtiendose en profetas del ateísmo...


10.- El salvador del mundo: una y otra vez nos repite la misma consigna para que entremos en sus causas, firmemos, paguemos, oremos, nos asociemos, etc.



11.- El graciosillo: Cuelga sin parar chistes, bromas, fotos, vídeos supuestamente graciosos y no puede evitar hacer comentarios chistosos en los muros de sus compañeros. Pone risas por doquier y piensa que el resto de los facebookeros lloramos de la risa con sus gracias.




Seguro que se os ocurren más personajes y es posible que os veáis reflejados en los que describo en algún momento de vuestra vida facebookera. Lo importante es no identificarnos con ellos, aunque intenten apropiarse de nosotros ocasionalmente...

Lo mejor, reírnos de y con ellos y seguir con nuestra vida personal, con más tiempo para vida real.

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails