martes, 1 de abril de 2014

¿QUÉ ES EL VIAJE INTERIOR?











Cuando alguien nos habla de un viaje, esta palabra nos evoca unos preparativos: se decide una ruta, se compran unos billetes, se hacen las maletas, etc. También se suele pensar en dirigirse a nuevos parajes, lugares a los que vamos de vacaciones, o a tener nuevas experiencias. También hay viajes de trabajo, o viajes a visitar a la familia…

Pero…¿Tienen algo que ver esos viajes exteriores con lo que se llama el viaje interior?

Si nos paramos a reflexionar nos encontramos con que hay elementos comunes y elementos diferentes, entre unos y otros viajes. En el viaje interior no es necesario desplazarse físicamente a otro lugar, ni hacer unas maletas, ni hay agencias de viajes de “viaje interior” (aunque algunos vendedores de humo lo pretendan). Pero sí hay un movimiento hacia otro lugar (hacia un mundo interior), que no es físico. Se trata de un camino intro-vertido, pues se ha de mirar “hacia dentro” de uno mismo.

Para el viaje interior existen algunos “mapas”, pero son muy aproximados e imprecisos para cada uno de nosotros, pues cada uno tiene que recorrer su propio territorio que es único e irrepetible. No hay dos mundos interiores iguales. Así, mientras se avanza se va haciendo uno mismo su propio mapa. Y es importante saber que el recorrido no es lineal, hay avances, retrocesos y círculos.

En el viaje interior siempre se viven momentos de dificultades y de riesgos, que son imprevisibles, que nos pillan desprevenidos y que nos ponen a prueba. Son situaciones que si sabemos llevar y aceptar, nos hacen madurar y fortalecernos durante el viaje. Un buen ejemplo de esto son ciertos relatos mitológicos y de viajes heroicos como la Odisea, el Señor de los Anillos, etc.

En este viaje ayuda mucho poner consciencia en lo que nos pasa por dentro, pues sin ella no es posible viajar. Sin consciencia no hay viaje, sino automatismos mentales. Poner consciencia, es empezar por darnos cuenta de qué hacemos, qué pensamos, qué sentimos, etc.

Curiosamente en este camino se van viviendo diversas transformaciones si nos permitimos seguir adelante, lo que, a la larga lleva a la resolución de ciertos conflictos internos, a la caída de las máscaras inservibles y finalmente a todas, a la liberación y a la mejor comprensión de por qué nos pasa lo que nos pasa.


El viaje interior ha sido descrito por los místicos de todas las tradiciones, por diferentes caminos filosóficos y escuelas de psicoterapia y lleva a la realización final y a la culminación de un proceso de autoconocimiento. Un proceso en el que parece que en la culminación del proceso se llega al mismo lugar del que se sale, a uno mismo. 

¿Y cómo recorrerlo?

Que yo sepa no se puede hacer un tour, contratado previamente, no se puede contratar un paquete de viaje interior. Aunque sí hay métodos para irse adentrando en el territorio personal, como el trabajar con poner atención y consciencia al mundo interior (como se hace en las diversas técnicas de meditación), también ayuda el concentrarse en lo esencial (dejando a un lado las cosas superfluas), la actitud contemplativa es fundamental, muchas veces ligada a una actitud espectante, estética, artística frente a la vida (como diría Raimon Panikkar).

El viaje interior parte de una mirada hacia dentro, que también es lo que nos enseñan las técnicas de meditación, la oración contemplativa, la reflexión profunda, el recogimiento, el leer los relatos de quienes lo han recorrido antes, etc. Siendo fundamental tomar en serio lo que aparece dentro de nosotros. 

Este es un viaje difícil de emprender, que requiere valentía y compromiso y no olvidemos que siempre hay que vivirlo en primera persona. Pues este viaje lo hacemos solos, la mayor parte del tiempo, aunque según vamos avanzando encontramos a compañeros en el mismo proceso.

Lo más importante es que es el viaje de nuestra vida, es un viaje fascinante que nos puede llevar a ser más felices y más libres de nuestras ataduras internas.

¿Por qué no atrevernos a realizarlo?


ESTE TEXTO ES UN RESUMEN DE LA CONFERENCIA QUE DI JUNTO CON JOSÉ ANTONIO DELGADO EL VIERNES DÍA 28 EN SANTANDER, EN FUNDIPP. LA PARTE DE ÉL LA PODÉIS VER AQUÍ: http://psicologiaespiritualidad.blogspot.com.es/2014/03/que-es-el-viaje-interior.html

viernes, 28 de febrero de 2014

PRÓXIMOS CURSOS


Os dejo aquí información sobre los cursos en los que participaré en este cuatrimestre del año, como podéis ver centrados en el tema del "Viaje interior" o autoconocimiento, pues veo cada vez más importante el trabajo de reconexión con la propia interioridad para llevar una vida plena.

Estos cursos añaden la dimensión grupal y el encuentro en el proceso de búsqueda personal que cada cual pueda tener y, desde nuestra propia experiencia, aportan nuevas dimensiones en el camino.

El único requisito que pedimos para participar es la actitud de apertura, respeto y escucha hacia los demás, en el transcurso del curso.


EL VIAJE INTERIOR 

SANTANDER, 29-30 de marzo de 2014




Curso que impartiré en Santander, con José Antonio Delgado, sobre los fenómenos que se pueden dar en un proceso de autoconocimiento, integrando perspectivas de la psicología y de la espiritualidad. Tomaremos como referencias, fundamentalmente, el camino de los místicos, modelos psicológicos de tipo introspectivo y el proceso de Individuación de Carl Gustav Jung.


EL VIAJE DEL HÉROE (VIAJE INTERIOR) EN EL CINE

MADRID, 4-6 de abril de 2014



Curso que impartiré en Madrid, con José Antonio Delgado con el objeto de presentar etapas y símbolos en el proceso de autoconocimiento en el cine a través del visionado de fragmentos de varias películas ( autores de referencia: Carl G. Jung, Joseph Campbell, Mircea Eliade, Henry Corbin, entre otros).


SÍMBOLOS EN EL CAMINO INTERIOR

ÁVILA, 25-27 de abril 


Curso que impartiré en Madrid, con José Antonio Delgado, en la Universidad de la Mística de Ávila. 

En este curso haremos un recorrido sobre los principales símbolos que aparecen en un camino interior, es decir en un camino de introspección y autoconocimiento.

martes, 4 de febrero de 2014

VERDADES INCÓMODAS SOBRE LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA

Cuando era estudiante de bachillerato me apasionaban las vidas de grandes investigadores como el matrimonio Curie, Ramón y Cajal, Albert Einstein, Stephen Hawking, etc. Me imaginaba que sus vidas estarían llenas de retos y de estímulos y que, con su trabajo, podían ayudar a la humanidad. 

Me imaginaba que las vidas de todos los investigadores serían muy interesantes y que tendrían siempre mucho que aportar a los demás. Cuando leía una revista científica trataba de imaginar cuanto esfuerzo habría detrás de una investigación y me dejaba impresionar por los jeroglíficos estadísticos, pues con ese juego de números las cosas parecían sólidas y “científicas”.

En la actualidad mi percepción ha ido cambiando progresivamente. Cuando aún no había empezado sexto de Medicina tuve la fortuna de que me dieran una beca para colaborar con un Departamento de la Universidad y creía que estaba empezando una aventura fascinante, en pos de la investigación y de algún descubrimiento, aunque fuera modesto. Desde entonces y hasta ahora he ido conociendo a diferentes investigadores y ámbitos de la investigación científica, lo que me ha llevado al descubrimiento de las siguientes verdades incómodas:

1) Hay poca gente que investigue realmente con pasión y vocación. 

2) La mayoría de los que investigan no saben muy bien para qué lo hacen.

3) Muchos de los que investigan siguen ideas y proyectos en los que colaboran o participan, pero sobre los que no se atreven a innovar o a aportar ideas nuevas, pues simplemente tienen que obeceder y cumplir normas.  Es más, a veces he visto rechazar a un posible becario por la posibilidad de que aportase pensamiento crítico a un proyecto. ¿No es eso lo que interesa?

4) Hay pocos descubrimientos científicos que sean realmente relevantes.

5) Muchos investigan para aumentar su curriculum, para afianzar su trabajo o mejorarlo y muchas veces por pura vanidad.

6) Unos cuantos investigadores no tienen ideas propias y roban sus ideas a los que tienen sangre fresca e ilusiones, con tal de publicar y aumentar su curriculum y su vanidad.

7) La profesión de investigador está muy poco valorada social y económicamente, así que no entiendo a qué viene tanta vanidad…

8) Unos cuantos investigadores manipulan los datos para que salgan lo que ellos esperan que salga… ¿Por qué? ¿Por vanidad?

9) Las publicaciones científicas han dejado de ser un medio para transmitir la investigación, para convertirse en un fin en sí mismas. Es decir, lo prioritario es publicar, lo secundario es el qué.

10) Para tener un buen curriculum de investigador te piden que publiques en revistas importantes (de mayor impacto), pero esto muchas veces depende más de qué amigos tienes en una revista que de la calidad de tu investigación o de si ya has publicado en revistas importantes (lo cual cierra un círculo de absurdos y despropósitos).

11) Muchas veces se consigue desanimar a los investigadores apasionados por las burocracias, guerras de poder y egos de los jefes (que no llevan bien que sus subordinados tengan ideas e iniciativas propias).

12) Es fácil llegar a perder así la perspectiva en el mundo de la investigación, pues a veces parece dominar la lucha de egos por encima del bien común. 


Estos 12 puntos nos muestran puntos oscuros en el mundo de la investigación, lo que no está reñido con la posibilidad de que haya investigadores entregados y apasionados, desinteresados e inteligentes, que han sido inasequibles al desaliento. Mis felicitaciones y ánimos para todos ellos. Lo malo es que parecen escasear en nuestros tiempos…

sábado, 11 de enero de 2014

¿HAY QUE SER SIEMPRE POSITIVOS?




Cuando introducimos en google las palabras: "ser " y "positivo” nos encontramos con 139 millones de resultados. Si introducimos los mismos términos entre comillas ("ser positivo"), para acotar más la búsqueda nos aparecen algo más de un millón medio de resultados. 

Ser positivo está de moda, es cool ser positivo. Los libros de psicología positiva se venden como rosquillas. Animan a muchas personas a tener una mejor manera de mirar a la vida y a sacar todas las cosas buenas que tienen dentro de ellas. Estimulan a pensar positivamente, a dejar patrones mentales destructivos, a no hacer caso a los pensamientos negativos, etc.


Pero… ¿Hay que ser siempre positivo? ¿Qué ocurre si un día una persona no se siente tan positiva y necesita expresar algo de su negatividad? ¿Es esto perjudicial para su salud física y mental? 


¡En absotuto!


Más bien sería perjudicial para la salud el no poder nunca expresar las emociones o pensamientos negativos (que en sí no tienen por qué ser negativas si se las encauza adecuadamente). 

Imaginemos un mundo en el que sólo se admite la sonrisa, el optimismo, la buena inteligencia emocional, la simpatía y el buen rollismo. Imaginemos un mundo en el que llorar, despotricar o quejarse están mal visto. ¿Qué tal os sienta eso? ¿Qué pasaría si un día sois víctimas de una injusticia o simplemente hay un contratiempo cualquiera y no os podéis quejar? En ese mundo estaría indicado seguir sonriendo y decir que todo va bien y que sigáis visualizando el siguiente paso con buena onda para el resto del día… Y, si no sois capaces se os mandaría a un terapeuta que os enseñara a pensar correctamente, pues habría en vosotros errores de conducta y de pensamiento, por ejemplo.


¿Entonces es malo eso del pensamiento positivo?


Pues depende…


Depende de cómo lo usemos y de que sepamos también manejarnos adecuadamente con el lado negativo de la vida y de nuestras propias reacciones emocionales. 

Ser siempre positivo puede ser tan nocivo para la salud como ser siempre negativo. Una persona que pretenda estar siempre en una onda positiva, sin un trabajo interior adecuado, es muy probable que esté reprimiendo ciertas emociones negativas, que tienen su sentido y utilidad y que son naturales y necesarias ante el sufrimiento y ante la injusticia. Si se reprimen este tipo de emociones pueden acabar saliendo de forma desproporcionada e inadecuada o generar tensiones internas que nos pueden llevar a enfermar. Por lo tanto, no puedo estar de acuerdo con la parte más simple de la corriente de la psicología positiva en la que se nos vende como el camino hacia la felicidad el esfuerzo hacia el pensamiento positivo, las emociones positivas, las conductas positivas, etc.


Estoy de acuerdo con no alimentar los sentimientos negativos, con no obsesionarse con los problemas, con no fustigarse con los errores, con combatir las ansiedades anticipatorias o con las actitudes tendenciosas, con la mala fe o con no generar una frágil autoestima mirando los defectos ajenos. Pero no es lo mismo  no alimentar ciertas emociones, que tenerlas en cuenta para superarlas, comprenderlas, integrarlas... 

Es importante escuchar los diversos movimientos internos, los entendamos como negativos y como positivos, y comprender que ambos polos son una expresión de nuestro ser que pugna por salir adelante. Si escuchamos y aceptamos comprensivamente lo que se mueve dentro de nosotros es más probable que encontremos un equilibrio en el que podamos expresar y canalizar adecuadamente los sentimientos negativos, a la vez que también podamos potenciar de forma sana los positivos, sin excesivas pretensiones ni represiones.


Sentir miedo ante una amenaza, dolor ante un daño, rabia ante la injusticia, malestar ante una mentira o enojo ante un crimen, supone tener esos sentimientos que se interpretan como negativos, pero que son necesarios y positivos en situaciones negativas. Y más en un mundo en el que el mal y la injusticia están presentes. En este caso, tener emociones negativas es positivo, al igual que buscar el camino para expresarlas adecuadamente y encontrar en ellas la energía para superar o resolver lo que nos hace daño.


sábado, 28 de diciembre de 2013

¿ES SALUDABLE LA IMAGINACIÓN?


Nuestra cultura es crítica con frecuencia con diferentes formas de imaginación, especialmente en los adultos. Cuando se ve a un adulto imaginando algo, con frecuencia se le critica y se le dice que está "en las nubes" o haciendo algo extraño. También se suele relacionar la imaginación con la anticipación de posibilidades negativas para el futuro, además de con la inmadurez (ser fantasioso) o la falta de contacto con la realidad (estar "flipando").

Pero ¿qué pasaría si la imaginación tuviese algúne efecto saludable o positivo para nosotros? ¿por qué no ver su lado sano y cultivarlo?

Lo que vamos imaginando acerca de nuestra vida, puede influir en lo que hacemos, pues esta es nuestra forma de proceder acerca de nuestros futuros proyectos o acciones para resto del día, o para los próximos días. El problema es que esa imaginación no siempre es controlada de forma consciente, pues se van sucediendo ideas e imágenes que de forma automática e inconsciente proyectan en el futuro las experiencias pasadas, los temores, el estado emocional del momento, etc.

Si nos paráramos primero a darnos cuenta de cómo nos proyectamos sobre nuestro futuro, es más posible que pudiéramos introducir nuevas posibilidades que pudieran hacer realidad nuestros “sueños”. Esto no quiere decir que de forma mágica se despliegue la realidad según la imaginamos, sino que una proyección imaginada y planificada de forma adecuada, aumentaría las posibilidades de llegar a lo que realmente queramos, sin tantos obstáculos e impedimentos internos como nos solemos poner, para romper así los “hechizos” de las maldiciones autoimpuestas inconscientemente o, lo que es peor, heredadas de nuestros antepasados. Este tipo de imaginación, bien encauzada también serviría para inventar cosas nuevas, desarrollar nuevas teorías, o desarrollar nuevos diseños.

Este sería un primer punto de trabajo con la imaginación, más prosaico e inmediato.

Pero ¿por qué no cultivar aún más a fondo nuestra imaginación? Es decir, ¿por qué no permitirnos desplegar nuestra fantasía para divertirnos, inventarnos una historia o desarrollar una mayor libertad interior frente a los acontecimientos? Muchos niños hacen esto de forma automática y de hecho les ayuda a buscar un refugio ante el mundo exterior cuando sufren por diferentes motivos. Aparte de que el permitir la expresión de nuestra propia creatividad ya ha probado, en numerosas ocasiones, que resulta terapéutico para diversos padecimientos psíquicos (incluso para los trastornos psiquiátricos más graves).


Por ejemplo, leí no hace mucho sobre la investigación de un autor (Eduardo Grecco, en su libro "El don bipolar") que planteaba que el trastorno bipolar tenía que ver con un don no desarrollado o expresado y que el hecho de expresarlo podía llegar a ser curativo. ¿Y qué pasaría si esto se diera en más trastornos? Es decir, que las personas enfermaran por no expresar su propia creatividad, que estaría conectada con su verdadero ser, conectada con el don no expresado. ¿Y si ese don tuviese que ver con la imaginación? ¿Por qué no darse un espacio para ello?

Y en tercer lugar, es interesante saber que la imaginación nos puede permitir conectar con nuestro mundo interior, con nuestro mundo inconsciente, pues en ella se expresan elementos de nosotros, en clave simbólica, igual que en los sueños. ¿Qué tal si nos permitimos dar rienda suelta a nuestra imaginación para luego intentar descifrar su mensaje? En este sentido la imaginación nos abre un cauce para el autoconocimiento y para la expresión de dimensiones propias poco conocidas. Puede ser un buen método para favorecer el viaje interior, especialmente en quienes sean más imaginativos… Además de también servir en el propósito de escuchar a nuestra intuición a y a nuestra propia inspiración...

miércoles, 20 de noviembre de 2013

EL SÍNDROME DEL CATEDRÁTICO



Muchas veces me he preguntado para qué quieren muchos llegar a ser catedráticos, especialmente, cuando he visto a compañeros en la universidad sudando la gota gorda para conseguirlo. Y también me he planteado si no habría una especie de cuadro sintomático en común (un síndrome) entre algunos de los que aspiran a ello, o lo consiguen.

Hace años creía que la principal motivación podía ser la vocación docente, pero… ¿entonces por qué los catedráticos dan menos clases que los demás? Si tienen una gran vocación docente ¿no deberían dar más?

También me he preguntado si es para investigar más, pero también me encuentro con catedráticos que precisamente, desde que lo son, investigan mucho menos, pues parecen haber logrado su objetivo, ser catedráticos. Cuando veo a colegas investigando compulsivamente, a la caza de tesis que dirigir para engordar su curriculum, buscando la posibilidad de publicar como sea, aunque no tengan mucho que decir, en una especie de competición hasta el infinito, me sigo preguntando ¿para qué? ¿para ser catedráticos? ¿y para qué sirve eso?

Recuerdo el caso de un colega que justo después de sacar su cátedra me decía que se daba cuenta de lo absurdo que había sido trabajar tantísimo en su vida para conseguir ese título. Se daba cuenta de que había sacrificado demasiado, para “nada”. En este caso había seguido la opción “legal”, trabajar mucho para conseguir su objetivo. Otro caso a analizar serían aquéllos que lo consiguen mediante corruptelas diversas.

Otras hipótesis que se me ocurren son la de la ganancia económica, los catedráticos sí ganan más dinero. Pero no parece ser esta la única motivación, pues algunos tienen otros medios de ganar dinero, como es el caso de los médicos.

¿Y algo relacionado con el ego? No sé por qué me da la sensación de que la titulación de catedrático y el ego suelen tener alguna misteriosa conexión. Y, con frecuencia, he llegado a plantear si no habrá un “Síndrome del catedrático”, cuando veo a algunos de ellos apoyando sus afirmaciones, más o menos racionales, en que es catedrático, como si hablara desde el Olimpo de los dioses. ¿Será que esa sensación de hablar desde el Olimpo es lo que forma parte del deseo del acceso a esa parcela de poder? Pues quién sabe… Puede ser una hipótesis a considerar…

Con respecto a lo que se me ha ocurrido llamar el “Síndrome del catedrático” lo que sí veo es un cuadro aparentemente sintomático, en el que suelen aparecer muchas de las siguientes manifestaciones:

1) En la primera etapa, la de los síntomas prodrómicos, es decir, previos a la plena ebullición del síndrome, nos encontramos con jóvenes ambiciosos que compiten, como si les fuera la vida en ello por destacar en sus estudios. Suelen ser competitivos, individualistas, egoístas y con poca empatía ante los problemas académicos de los compañeros, sobre los que vierten una mirada de “evidente” superioridad, a la vez que no es difícil captar algún “complejillo” de fondo.

2) Posteriormente nos encontramos con la etapa del inicio de la escalada académica. En ella, la persona en cuestión ha logrado un buen rendimiento académico, fruto de su ambición y dedicación. Si tiene suerte puede conseguir una beca para colaborar en un departamento universitario, en el que con más o menos habilidad se va infiltrando. Es curioso, pues en esta fase pueden aparecer habilidades sociales que hasta el momento permanecían ocultas, en forma de actitudes de “simpatía” y “reverencia” hacia los que tienen que tomar las decisiones importantes en su departamento. También desarrollan una gran capacidad de servicio ante las necesidades que se detectan en los superiores y se mantiene la capacidad de gran sacrificio y abnegación, para darlo todo por el trabajo. Familia y amigos pasarían a un segundo nivel, encontrándonos, en ocasiones síntomas de grave aislamiento social. Aparecen también con frecuencia síntomas obsesivos en torno al trabajo de investigación que se esté realizando y las diversas posibilidades de seguir trepando por los muros de su departamento.



3) En una etapa posterior, el candidato a llegar al punto álgido del síndrome, se suele volver antipático hacia colegas que considera a un nivel inferior y/o equivalente, y vuelve a competir salvajemente, en cuanto llega a tener un mínimo de seguridad en su plaza de profesor. Si puede roba ideas a los que pilla por ahí y no tiene escrúpulos en usarlas apropiándoselas como medallas que se lucen en los diversos actos en los que hay ocasión de hacerlo.

4) Y seguimos avanzando, el sujeto sigue trepando meticulosamente y desarrolla unos reflejos casi sobrehumanos para acoplarse a proyectos de investigación, pedir financiaciones, captar a incautos que quieren que se les dirija la tesis, publicar, etc. Las relaciones sociales no suelen ir bien y pueden empezar las primeras manifestaciones de los delirios de grandeza.

5) Por último el síndrome entra en plena ebullición cuando el personaje en cuestión consigue su cátedra. Parecen desaparecer súbitamente los complejos que pudieron manifestarse antaño y sus palabras suelen estar imbuidas de un aura de seguridad, sobre cualquier tema que se le plantee. Da igual que éste hable de sus trabajos de investigación, de cine, del tiempo o de la vida privada de sus amigos. Los delirios de grandeza suelen estar totalmente asentados y pueden empezar delirios persecutorios, con respecto a competidores o colegas por los que pueden sentirse especialmente amenazados. Incluso, a veces se desarrolla un odio irracional hacia quienes tienen ideas diferentes, hay una gran intolerancia y una rigidificación del pensamiento sobre cualquier cosa, que se aleje de la propia visión personal (puede ser que vuelva algo del os “complejillos”). El sujeto que creía que por fin había logrado la tranquilidad, vuelve al punto 1 de hipercompetitividad con quién considera iguales (otros catedráticos) y suele sentirse cómodo solamente con quienes más le doran la píldora (que suelen ser los aspirantes a su puesto).

Evidentemente no todos los catedráticos sufren de semejante síndrome. Solamente podemos hablar de ello, cuando se da un alto porcentaje de los síntomas mencionados y el sujeto mantiene el mismo tono de sumo profesor esté dando clase a sus alumnos o hablando de fútbol con sus amigos. Entonces el personaje del catedrático se ha apropiado de él y no sabe distinguir su actividad docente de una conversación informal.

También señalar que algunos que no llegan a catedráticos también sufren alguna manifestación de este síndrome, pues les produce una gran amargura no haberse subido al ansiado pedestal y van vagando como sombras por la universidad.

Es posible que tenga cura con la jubilación. Aunque lo malo es que algunos nunca se jubilan pues se quedan incrustados en la universidad hasta su muerte. También es posible que ciertas crisis en la vida les aporten humildad, consciencia y sabiduría y, entonces puedan vivir como el común de los mortales, sin necesidad de andar todo el día subidos a un pedestal, atosigando con datos y lecciones a cualquiera que se les pasa por delante.

¿Qué os parece? ¿Habéis identificado estos “síntomas” en algún catedrático o aspirante a serlo?

domingo, 3 de noviembre de 2013

¿A QUÉ PSICOTERAPIA VOY?


Muchas personas, cuando están mal y se plantean que tienen que ir a un psicólogo o a un psiquiatra, no saben que hay diferentes tipos de tratamientos psicológicos o psicoterapias, ni que no todas sirven para lo mismo. Por ello, trataré de aclarar, lo más sucintamente posible para qué puede valer cada uno de ellos.

En la entrada anterior a esta, titulada “¿Cuándo ir a unapsicoterapia?”, apuntaba, de una forma simplificada los diferentes problemas o situaciones que pueden conducir a un tratamiento psicoterapéutico. Partiré de la clasificación que ya hice para apuntar qué psicoterapia es más adecuada para cada uno de las posibilidades señaladas:

1.- Estar en una situación de gran sufrimiento que no se puede resolver por uno mismo: en algunos casos tendrá que ver con un trastorno mental y en otros no (como es el caso de las situaciones de las crisis o momentos de especial dificultad). 

La psicoterapia más adecuada en estos casos estaría en función del problema que la persona sufra. 

Pondré algunos ejemplos:

- Depresión: normalmente se dice que la terapia cognitivo-conductual es la más adecuada, junto con la farmacoterapia. Pero esto depende de qué tipo de depresión se trate (es decir, de cuál sea su causa). Es importante tener primero un diagnóstico adecuado, que diferencie el tipo de depresión que se sufre y que se diferencie esta de un duelo (habría que hacer terapia específica de duelo) o de una depresión existencial (requeriría terapia existencial o logoterapia).

- Ansiedad: en este caso, son eficaces las técnicas de relajación, cuya eficacia aumenta si se usa la hipnosis o el mindfulness. La hipnosis también sería muy eficaz para las fobias simples. En estos casos también es importante buscar el origen de la ansiedad.

- Trastornos de la personalidad, anorexia, bulimia: Lo mejor es acudir a centros especializados en cada trastorno y que tengan un enfoque integrador (terapia cognitivo-analítica,  interpersonal, familiar, dialéctico-comportamental, etc.). En muchos casos es necesario combinar la psicoterapia con un tratamiento farmacológico.

- Trastornos psicosomáticos: muchos tienen que ver con la ansiedad y el estrés, por lo que cualquier método que trate cualquiera de ellos puede ser eficaz (terapias de relajación, cognitivo-conductuales, meditación). Pero, a veces, esos trastornos ponen de manifiesto conflictos más profundos y puede ser preciso un tratamiento  para desvelar el mismo, con hipnosis (de tipo analítico), o terapias de orientación psicoanalítica. La hipnosis con enfoque cognitivo-conductual también puede ayudar a tratar algunos trastornos psicosomáticos.
 
- Crisis: mejor terapias humanistas integradoras, teniendo en cuenta la parte existencial.


2.- Causar mucho sufrimiento a otros o tener problemas frecuentes en las relaciones interpersonales.

En estos casos las terapias sistémicas y la terapia interpersonal, pueden ser de gran ayuda. Si los conflictos vienen de la infancia puede ser más útil una terapia de orientación psicodinámica.

 
3.- Extrañeza ante ciertos elementos de uno mismo o de las propias situaciones vitales.

En estos casos son más recomendables las psicoterapias derivadas del psicoanálisis: Psicoterapia individual de Adler, Psicología Analítica de Jung y otras psicoterapias psicodinámicas (Fromm, etc.).

 
4.- Hacer un trabajo de desarrollo personal: autoconocimiento, evolución, sentido de la vida, mejor comprensión de la realidad y de uno mismo, etc. 

Sirven las del punto 3, añadiendo las psicoterapias existenciales (terapia existencial de Yalom, Logoterapia) y las humanistas (Gestalt, Análisis Transaccional, Terapia centrada en el cliente de Rogers).

5.- Querer integrar las diferentes dimensiones de la persona (física, mental, espiritual) o buscar una ampliación de la consciencia.

Serían más convenientes las psicoterapias integradoras que incluyan la dimensión espiritual: logoterapia de Frankl, psicoterapia transpersonal (aunque cuidado en este caso, que hay muchos embaucadores), etc.


En muchos casos estarán todas estas cosas mezcladas, con lo que será necesaria una terapia que integre diferentes elementos de estas terapias o que pueda trabajar a varios niveles. Incluso, a veces, puede ser necesario el trabajo con varios terapeutas distintos para hacer un trabajo integrado adecuado.

Añado que antes de elegir psicoterapeuta os aseguréis de que tiene la formación y titulación adecuadas (psicólogos, médicos, psiquiatras, pedagogos), para que no caigáis en manos de muchos terapeutas legos que, en general tienen una escasa e inadecuada formación.

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