domingo, 18 de noviembre de 2018

¿SECTAS EN EL SIGLO XXI?



Algunos creen que esto de las sectas es un tema del pasado, y que, en nuestro siglo XXI, ya no es posible caer en manos de grupos sectarios pues estamos mucho más informados que antes, tenemos mucha más libertad para hacer lo que queramos, etc. Pero nada más lejos de la realidad. Siguen proliferando por doquier diversas sectas y minisectas. Parece que incluso es un fenómeno en expansión por todo el mundo, en los últimos años. El tener más libertades y acceso a todo tipo de fuentes de información no significa que tengamos criterio y discernimiento suficiente para no ser engañados por diversos desaprensivos, iluminados o visionarios… Incluso nos hace más vulnerables a ser captados el acceso a tanta información diversa. Muchas sectas también captan por internet.



Para quienes quieren evitar caer en garras de sectas, o para quienes quieren discernir si un ser querido está cayendo en alguna, dejo aquí algunos puntos a tener en cuenta (no hace falta que se cumplan todos):


- Hay un líder o líderes carismáticos y egocéntricos de los que parte la idea de fundar un grupo de estudios, religioso, espiritual, terapéutico, político o con cualquier contenido que consiga aglutinar a gente a su alrededor. Si ésta es gente descontenta, desorientada e insatisfecha con algún tema, mucho mejor. En ocasiones, el líder o líderes pueden no parecer tan carismáticos ni egocéntricos, pues se han montado una fachada de pseudohumildad y amabilidad, pero vemos que su empeño en liderar el grupo, por encima de las iniciativas del resto de miembros, siempre está presente. ¿Por qué no construyen su grupo, de forma más horizontal, con aportaciones de otros miembros? ¿Por qué las charlas, enseñanzas, etc. siempre las dan los mismos?



- En las reuniones, encuentros o retiros hay una dinámica marcada de antemano, dirigida desde la iniciativa del líder/líderes. A veces con alguna o algunas personas que ayudan, con un rol de subordinados o de sumisión incondicional y acrítica al líder/líderes. La estructura de esos encuentros o retiros puede no hacerse explícita de antemano e incluso se oculta previamente a los nuevos candidatos que van a formar parte del grupo.


- Métodos de captación:

o Promesas o propuestas ayuda o de enseñanzas: para el crecimiento personal, para una mejor comprensión de la realidad, para el desarrollo espiritual o religioso, para el cuidado de la salud, para defender la ciencia contra pseudoterapias, para el tratamiento del sobrepeso, para meditar, para defender una causa benéfica, etc. Las excusas para acaparar nuestra atención pueden ser múltiples, siempre dirigidas hacia insatisfacciones, necesidades o preocupaciones.

o Defensa de causas diversas que pretenden mejorar nuestra realidad y que nos invitan a luchar por ello contra quienes no piensen de la misma manera (y nos irán llevando a verles como enemigos). Tened especial cuidado si os hacen sentir como una élite intelectual o espiritual que posee verdades superiores al resto de la humanidad.

o Secretismo que genera mayores expectativas en los posibles nuevos adeptos. En algunos casos exponiéndoles a un pseudoproceso de selección, aparentemente riguroso y elitista. Si a uno se le invita es porque se ha comprobado que lo merece por sus méritos, etc.

o O bien una “inundación de amor” al novato incauto, al que se trata con suma amabilidad y se invita a un encuentro, retiro o grupo mediante estrategias de seducción explícitas o sutiles. La “inundación de amor” o excesiva amabilidad tiende a bajar las defensas de la mayoría de las personas, lo que las hace más vulnerables a ser captadas.


- Dinámicas grupales:

o Imposiciones: quitar teléfonos móviles en los encuentros o retiros, silencio inquebrantable, privación de sueño, prohibiciones o normas rígidas de funcionamiento interno, que no se muestran claramente desde el principio (pues en ese caso a uno se le quitarían las ganas de ir). Estas normas muestran desconfianza en las capacidades de autorregulación de las personas y favorecen la regresión emocional o infantilización al tratarles como a niños pequeños que no saben regularse a sí mismos.

o Favorecer la excesiva expresión emocional, muchas veces sin respeto a la intimidad de quienes participan. Se puede invitar a las personas a exponer sus sentimientos, a veces después de que varios adeptos ya lo hayan hecho, lo que suele bajar las defensas de los incautos, que se pueden ver forzados a exponerse como los demás. Es muy difícil salirse de la dinámica de un grupo que mantiene este comportamiento. Esto puede suceder de una manera sutil y aparentemente amable con dinámicas similares a las terapias grupales (sin ser un contexto terapéutico) en las que se invita a la gente a hablar de cómo se siente, de sus problemas personales, etc. Esto va llevando a que aumente la vulnerabilidad a la manipulación. En casos más extremos se inicia la dinámica con testimonios personales de superación de problemas graves gracias a conversiones religiosas o a la ayuda del grupo, etc. Cuanta más se nos inunde de tragedia y emoción excesiva súbitamente, más debemos sospechar de que podemos estar en un grupo sectario. El ir aumentando el grado de tragedia de los testimonios puede hacer que las personas bajen más sus defensas y hablen públicamente de asuntos muy personales, lo que a su vez les hace aún más vulnerables a ser manipulados. Si a esto añadimos un secretismo excesivo fuera del grupo acerca de lo ocurrido vamos estrechando el cerco de la manipulación. Es comprensible que se guarde secreto de los testimonios compartidos por otros, pero no es comprensible que se deba omitir la dinámica una vez que se está fuera del encuentro. 

Si en algún grupo acabamos contando algo muy personal que no teníamos previsto desconfiemos, seguramente hemos sido manipulados.



o Favorecer excesivas muestras de afecto: en algunas sectas se favorece una familiaridad excesiva desde el inicio. Por ejemplo, los abrazos sistemáticos entre todos sus miembros, las expresiones intensas de cariño, para tratarse de desconocidos, dádivas o regalos excesivos pueden ponernos en una situación de vulnerabilidad y hacernos más fácilmente manipulables.

o Favorecer el infantilismo o regresión emocional: si dentro de un grupo nos acabamos comportando como niños pequeños, sin pretenderlo, es probable que hayamos sido manipulados. Si esto ocurre después de alguno de los puntos señalados anteriormente sospechemos aún más, especialmente si se nos anima a la desinhibición, las lágrimas y nuevamente los abrazos con desconocidos.

Se da mucho más de lo que se recibe: se acaba dando más dinero del previsto, o se acaba dando demasiado tiempo o trabajo de forma gratuita, sin que estuviera previsto de antemano. Preocupémonos por un familiar o amigo que dedica un tiempo creciente a un grupo, del tipo que sea, y que progresivamente se le ve distante, desconectado del círculo habitual de relaciones y que funciona como un adicto que cada vez necesita más tiempo en el grupo sectario, teniendo un decreciente interés en las relaciones personales tú a tú, salvo que puedan posibilitar la captación de nuevas víctimas. Al final, la atención de la persona captada está más centrada en el grupo que en su familia, amigos, trabajo, etc. La dinámica es la de un auténtico adicto, lo que complica aún más las vías de ayuda y de desenganche del grupo por el que ha sido captado.

Se corta o se distancia mucho la relación con quienes se han ido de la secta: son vistos como traidores y se experimenta un odio y rechazo aún mayor que por quienes nunca han estado.

No se tolera el pensamiento crítico, que es rápidamente desviado, suprimido o censurado.


- Separación de la realidad de los miembros de la secta, que se ven enfrentados a quienes no piensen como ellos (lavado de cerebro):

Se crea un enemigo al que se ataca insidiosa e incluso violentamente, en nombre de la verdad, la espiritualidad, la ciencia, etc. Los de la “secta” están en posesión de una verdad superior, frente a los seres ignorantes, pecadores, o cualquier otro término con que se caricaturice a quienes no piensen como ellos. Los demás pueden ser demonizados o descritos como seres desorientados, perdidos o incluso malvados. Las descalificaciones personales, ridiculización o falsa compasión se aplican a quienes piensan diferente, que son el enemigo, estafadores, pecadores, ignorantes, etc. Si vemos en los modos de argumentación con los externos a la "secta" descalificaciones, humillaciones, desprecio, etc., sospechemos de pensamiento sectario. Lo preocupante es que esto incluso se haga, hoy en día, incluso en nombre de la razón y de la ciencia. 



La consecuencia del lavado de cerebro es que se va creando un mundo “burbuja” en el que uno se siente protegido y privilegiado y ve a los de fuera de la secta como personas completamente ignorantes, desdichados, traidores, pecadores, etc. Si con el tiempo sentimos que solo nos entienden las personas de un cierto grupo sospechemos de que estamos siendo manipulados por una secta. Si esto repercute en la conexión con nuestra propia familia y amigos sospechemos aún más. Y, si en general tenemos sentido crítico excepto con las dinámicas o miembros de este grupo, sospechemos también de dicha manipulación. Conozco a personas con un agudo sentido crítico, en las que éste es automáticamente anulado al hablar de los miembros o dinámicas de su grupo sectario.



Habría más puntos a tener en cuenta, que están muy bien reflejados en diversos libros y publicaciones sobre sectas. En este escrito se pretende dar una serie de ideas generales, sobre dinámicas sectarias actuales, con la intención de ampliar la consciencia sobre estos temas y ayudar a que las personas no sean manipuladas y captadas. Aún así, todos podemos ser captados por una secta en un momento de vulnerabilidad o crisis. En esos momentos seamos aún más cuidadosos con las promesas de alivio, felicidad, amistad o ayuda. Puede estarnos acechando una secta... 

La información recogida en este post aúna testimonios de diferentes personas que han sufrido manipulación o intentos de manipulación sectaria, y, en la mayoría de los casos, fenómenos que he podido observar por mi misma. Aviso de que estos fenómenos se dan en todo tipo de grupos: espirituales, religiosos (también dentro de las religiones), políticos, filosóficos, científicos, de meditación, etc.

Nota: Las imágenes de este post han sido obtenidas de Pixabay.

viernes, 26 de octubre de 2018

LOS NUEVOS LÍDERES SECTARIOS




Muchas veces, cuando nos hablan de un líder de una secta, imaginamos a un sujeto esperpéntico, que lleva túnicas extravagantes y que habla en trance con los ojos en blanco, rodeado de otros sujetos que le escuchan también como alucinados (a ser posible también vestidos con otras túnicas extravagantes, eso sí, de inferior categoría).

A veces es así, efectivamente, pero, en la mayoría de los casos de líderes sectarios actuales nos encontramos con personas que tienen una apariencia de total normalidad o que incluso parecen ser ciudadanos modélicos. Esa aparente normalidad supone una dificultad añadida para poder darse cuenta de que se trata de un líder sectario y su grupo de una secta o de un grupo con rasgos sectarios (o sea, no secta del todo). Normalmente nos damos cuenta de que ese individuo es un líder sectario y su grupo una secta por los efectos perjudiciales que tiene en sus seguidores y por una serie de conductas que se repiten (que son comunes a los diferentes grupos sectarios). Los que no tienen tanta pinta de ser sectarios pueden ser más sutiles y por ello aún más peligrosos, al no detectarse de antemano sus estrategias manipuladoras.

En esta entrada quiero dejar constancia de una serie de características que he ido observando y que también me han ido contando otras personas. Para que un líder se pueda considerar sectario se tienen que dar varias de ellas:

- Capacidad de seducción: cuando hablan saben despertar el interés en su auditorio, manejan bien el escenario y saben atrapar a los demás con sus envolventes discursos, su amabilidad, su carisma, sus buenas formas, etc. Parecen “demasiado buenos”. Pero podemos captar su “trampa” al ver que hay gente que depende emocionalmente de ellos, que se muestra muy necesitada de su presencia o demasiado fascinada por sus discursos. Ellos (los líderes sectarios) suelen retroalimentar la dependencia de los demás, pues necesitan admiración constante para sentirse reforzados. Son personas muy egocéntricas. Con esto no quiero decir que cualquier líder con carisma y seductor sea un líder sectario. Se tiene que dar una dinámica en la que él retroalimenta la dependencia de otros y parece muy cómodo con la misma.

- Habrá una o más personas que siguen incondicional y servilmente sus propuestas, sin iniciativa propia. Suelen tener una especie de esbirro o pocos esbirros que ejecutan sus órdenes, refuerzan al líder alabándole o hacen de intermediarios con el resto del grupo. Son como “secretarios” del líder sectario, que está cómodo teniendo a alguien totalmente a su servicio.

- Depredación anímica o sexual: las personas que siguen más incondicionalmente al líder pueden ser explotadas en un sentido emocional (hacer lo que el líder quiera en cualquier situación para ser los elegidos) o sexual, es decir, que el líder puede aprovechar su posición de superioridad para manipular a personas más vulnerables y exigirles relaciones sexuales o manifestarles un amor falso para aprovecharse de ellas. 

- Si crean un grupo será al servicio de un proyecto personal. No se co-construye con otros, sino que su idea, proyecto o “visión” es el centro del grupo en el que están. Para diferenciarlo de otros proyectos que partan de una iniciativa personal es importante que se añada el que no se tengan en cuenta las necesidades concretas y cotidianas de los seguidores, sino que lo importante será formarlas, adoctrinarlas y, finalmente, domesticarlas a la medida de la idea personal del fundador, sin que tengan derecho a expresarse críticamente o a hacer aportaciones distintas a las planteadas en el programa inicial. 

- No se ve claro el objetivo final de la formación o enseñanzas y los contenidos formativos son decididos por el líder. Desde un punto de vista racional la formación parecerá caótica, caprichosa e incluso misteriosa (él sabe por qué se habla de eso, pero los otros no) y los temas no se consultan con el grupo, sino que simplemente se plantean una serie de lecciones que se han de seguir porque él sabe qué necesitan los demás. No se atienden las necesidades reales de aprendizaje de los seguidores y se siguen los temas que al líder le interesan. Los seguidores no se sentirán muy libres para expresar qué les interesa realmente pues considerarán sus propias necesidades como inadecuadas, inferiores, etc. Es típico que se den temas mezclados de diferentes ámbitos para mostrar la omnisciencia del líder, que al no tener autocrítica pretenderá ser capaz de dominar cualquier cuestión, cayendo incluso en el intrusismo, la irresponsabilidad y la superficialidad. Es decir, pretenden saber de todo, sin formarse adecuadamente y lo que otros necesiten es irrelevante, lo importante es mostrar lo que saben.




- No se fomenta la creatividad entre los miembros del grupo, pues se trata de que aprendan pasivamente lo que se les enseña o de que sigan la pauta marcada por el “omnisciente” líder.

- Tienen poco interés en relaciones personales profundas, tú a tú, por eso tienen poca iniciativa en fomentarlas salvo que les sirvan para sus finalidades sectarias o personales. Las relaciones humanas tú a tú no interesan especialmente ni se fomentan en sus grupos, llegando incluso a cuestionarse ese tipo de relaciones como rasgos emocionales, egoístas, etc. Las relaciones personales solo se alientan si alimentan el ego del líder para poner de manifiesto su capacidad de ayuda, altruismo o vanidad, que entonces se ocupa en los espacios de relaciones tú a tú. Por ejemplo, pueden quedar contigo para ayudarte en un momento de catástrofe, para anotarse un punto más a su rol “salvador” (por supuesto que luego se lo contará a alguien), pero no te propondrán dar un paseo, tomar un café para profundizar en una amistad por el propio valor de la misma. Si te proponen algo más personal será porque planifican algún beneficio de la relación, no se busca al otro por sí mismos, sino como medio para otros fines. Con ellos no sientes que tengan especial interés en tu persona y parece que tienes que ir tirando tú del carro si buscas un encuentro más personal y no grupal. Es decir, si te vinculas y quieres una relación más personal serás como alguien que suplica a un rey unos minutos de atención. Si protestas por esto te lo negarán de mil formas, pero los hechos nos mostrarán que, como he dicho más arriba, no están especialmente interesados en relaciones personales y profundas con nadie. Con esto no quiero decir que necesariamente un líder tiene que hacerse amigo de todos los miembros del grupo, sino que infravalora cualquier relación personal porque solo quiere estar en la palestra como estrella para todos, pero sin profundizar con nadie.

- Tienen conflictos con las personas que pueden hacerles sombra. Con ellos pueden, en todo caso, mantener una relación de amor-odio o directamente de odio, por miedo a ser cuestionados, criticados, descubiertos, etc. En todo caso se relacionan con ellas porque pueden aportarles ideas de las que luego se apropian y venden como si fueran suyas. Son buenos parásitos de ideas de otros.

- No fomentan el pensamiento crítico dentro el grupo y aún menos se tolera la crítica hacia el líder. Sin embargo sí se fomenta la crítica al mundo exterior y hacia cualquiera que no piense igual o disienta de los temas que el líder y seguidores plantean. El líder no tolera críticas aunque las reciba con aparente amabilidad. Por ejemplo, tendremos la sensación de que nunca o casi nunca se disculpa (por la indignación que le produce la crítica, por lo que siempre le sabrá dar la vuelta a la tortilla y culpar a quien haya sido crítico con él). Si alguna vez se disculpa será de manera falsa, superficial o sobreactuada. Quien recibe dicha disculpa no sentirá que hay autenticidad y arrepentimiento reales. Esta prohibición del pensamiento crítico es uno de los puntos más importantes para identificar el sectarismo en los grupos. En algunos casos incluso se insiste, una y otra vez, en la importancia de no pensar y de no tener ego, pues el ego ya lo tiene el líder y él mismo ya se encarga de pensar por los demás.

- Mienten hábilmente. Siempre habrá alguna explicación lógica para sus desplantes, negligencias o malos modos, pues serán culpa de los demás. Y, si hace falta, se inventarán algún tipo de chantaje emocional o harán sentir culpable a sus víctimas con buenas palabras de amor incondicional por parte de ellos, sensación de decepción con los otros, etc.

- No toleran la independencia de otros y suelen arremeter contra cualquier camino independiente y en solitario de otras personas. Al ser ellos mismos incapaces de sostenerse sin el grupo que les refuerza, sienten una profunda animadversión y envidia hacia quien decide caminar con sus propios pies. No pueden vivir sin su público y no soportan a quien sepa caminar sin él. 

- Incongruencia: estos líderes hablarán de ética y valores e incluso practicarán alguna labor altruista (que suelen hacer pública), pero serán incapaces de empatizar realmente con los percances cotidianos y dificultades de quienes les rodean. Si se manifiesta altruismo es desde ideas preconcebidas del mismo, para salir en una foto, no desde necesidades reales del otro. Y, si el otro protesta por esto, siempre habrá algún motivo para hacerle sentir culpable por quejarse y así tener la excusa perfecta para no llegarse a disculpar. Por ello, quienes se relacionan con ellos quedará una sensación de desorientación (si queda sentido crítico), pues se preguntarán que como es posible que alguien que habla de ética no sea capaz de captar el sufrimiento cotidiano de quien tiene en frente. No captan el dolor de otros, aunque vendan la ética para sentirse salvadores y héroes. Si el líder da grandes discursos y falla en los mínimos de educación y respeto, sospechad de su egocentrismo y narcisismo y de posible comportamiento sectario. Su altruismo no es más que un disfraz. En el fondo son personas autoritarias que se disfrazan con un barniz de amabilidad y buenas formas, que carecen de capacidad de relación profunda y auténtica en el trato cotidiano. 

- Piden dinero o trabajo gratis, pero el mensaje no suele ser explícito de entrada. Por ejemplo pueden pedir dinero por sus actividades (cuya finalidad última suele ser engañosa), como aportaciones voluntarias (que finalmente suelen ser voluminosas, y que se sacan mediante  presión psicológica, más explícita o más sutil), o pasan de decir que son gratis para luego, una vez allí, pedir “la voluntad”. Otra modalidad es pedir poco o nada al principio y después señalar que necesitan más dinero ya que están haciendo tareas altruistas (de las que luego nadie ve las cuentas). Según se avanza en el grupo las cantidades de dinero o de tiempo de implicación en actividades suele ir en aumento. En general recomiendo huir de grupos que repetidamente pidan dinero de forma poco clara o trabajo gratuito. Y huid completamente si las cantidades van siendo crecientes y no vemos el final o no vemos transparencia en la estructura de funcionamiento.

- Si alguien deja el grupo será una persona rápidamente cuestionada, criticada y/o caricaturizada. A los ex adeptos se les verá como traidores, personas desorientadas o incluso enfermas y se verá mal cualquier relación cordial con ellos, pues se vivirá como traición mantener la relación con ellos, ya que cuestionan al líder y al grupo y sus dinámicas. En el líder quedará más la preocupación por la imagen que se muestra de él fuera de la secta que por el destino personal de quien se va fuera de la misma. Algo que nos muestra que esa persona en realidad nunca le interesó, más que para sus fines, y que, finalmente será rápidamente sustituida por cualquier otro adepto que caiga en las garras de las sectas y ocupe las funciones que el que se ha ido desarrollaba.



Señalo todos estos rasgos para ayudarnos a tomar consciencia de cómo funcionan estos grupos, pues lamentablemente el fenómeno sectario un fenómeno en expansión, en forma de grupos espirituales, de meditación, religiosos, terapeúticos, de crecimiento personal y hasta políticos. Así que seamos conscientes y abramos los ojos, por si acaso...

martes, 25 de septiembre de 2018

PELIGRO, TERAPIAS LIGHT A LA VISTA


Imagen de pixabay (JerzyGorecki)

Si yo estuviera pasando un mal momento en mi vida y considerara necesario recurrir a una ayuda psicoterapéutica me pensaría muy bien a quién acudir. Buscaría a una persona con la formación adecuada para aportarme herramientas que me ayudasen a reparar mis tornillos flojos y por supuesto honesta, con experiencia de la vida y con unos mínimos de equilibrio psicológico.

Al igual que, si quisiera arreglar mi coche, buscaría unas garantías mínimas acerca del mecánico en el que delego la reparación del vehículo.

Creo que, cuando buscamos arreglar un problema personal o una avería del coche todos queremos unas mínimas garantías de que el problema se diagnosticará y se resolverá adecuadamente .

El problema es, que en relación con la cuestión de las psicoterapias, la mayoría de las personas están muy desinformadas y, desde ese desconocimiento, pueden ponerse en las manos de falsos psicoterapeutas. Es decir, en manos de personas que no tienen la suficiente formación, experiencia y herramientas para tratar los problemas psicológicos que uno quiera solucionar. No basta con que los supuestos terapeutas nos caigan simpáticos, resulten inteligentes, se vendan como grandes expertos o nos seduzcan con habilidad. Seamos cuidadosos con nosotros mismos y verifiquemos las promesas de esos “terapeutas light”.

Son muchos los que ofrecen hoy en día “terapias”, obteniendo diversa clientela gracias al desconocimiento des sus “víctimas”. Las “terapias” que se ofertan hoy en día para todo tipo de cosas están sufriendo un aumento vertiginoso. 

Algunos de estos supuestos terapeutas incluso tienen el atrevimiento de afirmar que saben más de la vida que los que llevan años de formación y de estudio, además de experiencia personal, etc. Ellos mismos son el aval de su rigurosidad y eficacia porque “sienten”, “perciben” o “creen” que están suficientemente capacitados. Según estas personas no es necesario aprender tanto, ni practicar tanto, o incluso, consideran a los que hemos pasado años en una formación universitaria, como personas demasiado “mentales”, “cuadriculadas” o incluso “ignorantes” de las cosas de la vida. 

Volvamos a la metáfora del coche. ¿Os fiaríais igual del mecánico que ha estado un par de meses un taller y ha hecho un cursito a distancia de quien lleva años de experiencia y ha estudiado a fondo la mecánica de los coches? Yo no lo haría. 

Pero en el caso de las “terapias” muchas personas caen en lo que me atrevo a denominar “terapias light”. Terapias sin suficiente base científica o bien terapias eficaces aplicadas por aficionados que se consideran “suficientemente preparados” sin pasar por los “controles de calidad” que otros hemos de pasar. 

Considero que, en toda esta confusión son varios los factores para establecer la diferencia entre psicoterapias serias y las “terapias light”. Me centraré en los que me parecen más importantes:

1) Las personas con una formación universitaria u oficial en psicoterapia pasamos “controles de calidad” (exámenes, trabajos, pruebas, psicoterapia personal, etc), que, aunque puedan no ser suficientes, sí establecen unos mínimos que han de cumplirse para trabajar. Además, en estos casos, uno no decide por si solo que sí es capaz de hacer algo, sino que ha de demostrarlo ante personas expertas en como se hace ese algo.


2) Quienes adquirimos esa formación oficial, aparte de aplicar tratamientos, tenemos herramientas de diagnóstico que los terapeutas que llamo “light” no tienen. Lo que supone que sea más probable, que una vez detectados bien los problemas tengan menos capacidad para encontrar una solución o una orientación adecuadas. Llegar a un diagnóstico o comprender los síntomas de un paciente puede llevar varias horas y tiene un método que es muchas veces complejo y delicado. No se trata de “corazonadas”, “intuiciones” o “impresiones” y, si se dan, se verifican y comprueban.

3) Los que nos hemos formado “oficialmente” hemos establecido un compromiso ético y un “juramento hipocrático” (en el caso de los médicos) que no nos debemos saltar, pues si nos lo saltamos pagamos con unas consecuencias legales que pueden llevar a la inhabilitación e incluso a la cárcel. Esto no sucede, con la misma contundencia con quienes no tienen título oficial, pues no adquieren el mismo grado de compromiso y si son inhabilitados adquieren otros títulos de camuflaje, para ejercer desde otra “terapia”. Obviamente también han de ir a la cárcel si cometen delitos graves, pero hay vacíos legales que hacen que su responsabilidad previa sea más difícil de determinar y pagan menos las consecuencias de sus errores. Algo injusto para quienes nos hemos molestado en cultivar cuidadosamente nuestras habilidades terapéuticas.

En mi quehacer diario es doloroso ver a personas perjudicadas por pseudoterapeutas o terapeutas light por las siguientes vías:

1) Falta de conocimientos suficientes para tratar el problema del paciente, por lo que se pierde tiempo con tratamientos que no funcionan, o que incluso perjudican al paciente (pues no se trata con lo que le conviene o bien se dan indicaciones que directamente son perjudiciales para su salud).

2) Falta de conocimientos suficientes para diagnosticar el problema del paciente, por lo que se puede indicar no acudir a un profesional de la salud mental cuando sea necesario hacerlo, con el consiguiente sufrimiento del paciente. Que, en ese caso, tampoco recibe el tratamiento adecuado y simplemente se “marea la perdiz”, pues ni se entiende ni se sabe lo que le pasa. Algunas veces he escuchado a pacientes decir que uno de estos “terapeutas” les ha dicho que no necesitaban psicólogo o psiquiatra con el retraso de un tratamiento adecuado de hasta años. Algo que, lógicamente, ha aumentado el sufrimiento del paciente durante más tiempo, o agravado su sintomatología o situación sin tratar, por no ser orientados desde el campo adecuado.


Imagen de pixabay (ThePixelman) 

3) Falta de compromiso ético y, como consecuencia, vulneración de los límites que supone una psicoterapia seria. Pueden darse casos menos graves de vulneración del código ético de un psicoterapeuta como hacer creer a los pacientes que son amigos y no respetar los límites relacionales que supone estar en psicoterapia con alguien. Un ejemplo es cuando no se cuida el no coincidir en ámbitos personales y laborales fuera del entorno psicoterapéutico. No hablo de encuentros no programados o casuales que pueden ser inevitables, sino de no cuidar la intimidad y espacio suficiente entre terapeuta y paciente, para que aquél pueda actuar con mayor objetividad. Se puede llegar a casos más graves de abusos económicos, sexuales, explotación laboral, etc. en nombre de una terapia que carecía de fundamento en sus orígenes. Obviamente estas conductas también son faltas de ética con psicoterapeutas con títulos oficiales, lo que señalo es que solemos ser más conscientes de la necesidad de marcar límites relacionales. Recomiendo desconfiar de terapeutas que no respetan que la vida privada suya ha de separarse de la del paciente. Es decir, no debemos fiarnos de terapeutas que pretenden compartir su vida privada con nosotros, que nos captan para sus actividades grupales (asociaciones, tareas comunes, grupos de amigos, grupos religiosos o espirituales, etc. ) y no digamos si nos ofrecen relaciones ambiguas o explícitas en el terreno afectivo y sexual. Estos casos de vulneración de lo que llamamos ética profesional los veo más frecuentemente entre terapeutas sin la formación suficiente (a veces simplemente porque nadie les ha dicho que esta confusión de roles daña a los pacientes).

Estamos en un momento en el que el aumento de diversas “terapias” aplicadas por no médicos es vertiginoso. Lo que incluso perjudica cuando estas terapias son llevadas a cabo por médicos, psiquiatras o psicólogos. Tal es el caso de la hipnosis, de las medicinas complementarias y de otras psicoterapias, que a base de aplicarse sin los suficientes conocimientos, acaban injustamente metidas en el saco de las pseudociencias, etc. Más bien la aplicación de procedimientos “terapéuticos” por pseudocientíficos es lo que ha de ser urgentemente cuestionado y criticado. 

Recomiendo, en caso de acudir a un psicoterapeuta, verificar los siguientes puntos:

1) Que sea psicólogo, psiquiatra o médico.

2) Que tenga, en el caso de ser psicólogo un título de psicología clínica, si se ha de tratar un trastorno mental. 

3) Que tenga, en el caso de ser psicólogo, un título oficial en psicoterapia (master o postrado universitario), cuando no se trate de un trastorno mental.

4) Que tenga, en el caso de ser psiquiatra o médico, un título oficial en psicoterapia (master o posgrado universitario). 


Imagen de pixabay (422737) 


miércoles, 25 de julio de 2018

¿SER NORMALES? ¿SER DIFERENTES?




A veces tengo la sensación de que estamos perdiendo ciertos parámetros que nos permiten orientarnos mínimamente en la realidad. 

Las identidades se diluyen, se incrementan las inseguridades y parece que nuestro ser es una especie de disco duro en el que es posible incorporar cualquier software o app al servicio de nuestros deseos. Incluso hay quien dice que podemos ser quienes queramos y como queramos, que basta con proponérselo, ser positivos, etc. Si así fuera estaríamos dominando uno de los lugares más complejos del universo, nuestro infinito espacio interior y se supone que podríamos ser absolutamente felices, todopoderosos, infalibles, etc. Pero los hechos nos muestran que esto no es así y que lo más irracional es creer que la realidad exterior y la interior puede responder a las capas más superficiales de nosotros. 

Con todo el mercado de coach, pseudoterapeutas e iluminados que tenemos disponible cualquier día nos venden un tuneado del ser a módicos precios, para vivir sugestionados incrustados en personajes imaginarios. Serían nuevos caminos para fabricar máscaras más verosímiles y aparentemente satisfactorias. Pretender esto de crear el personaje que queramos ser es jugar a los cuentos de hadas, y, lo que es peor, generar autoengaños muy nocivos que finalmente sear el mayor impedimento para la felicidad, ya que esta pasa por ser nosotros mismos.

En todo este batiburrillo de ilusiones diversas y construcciones extrañas de yoes imaginarios, muchos andan en la pretensión de que lo mejor es ser diferentes. Pero no diferentes siendo quienes son, sino ser diferentes forzadamente, obligatoriamente. Está de moda ser diferentes. Pero... si está de moda ser diferentes parece que el ser normal va a ser la manera de ser diferente. Tampoco me parece que debamos ser normales a la fuerza. Lo más normal será ser lo que somos, más o menos raros, más o menos normales. Ser lo que somos es liberador y, en general, ese paso de progresión hacia nuestro ser real suele ayudarnos a dejar ser como son a los demás. No es real la liberación que solo pasa por uno mismo, sin dejar libertad a los otros. 

Si alguien alardea de ser libre y de ser diferente y no soporta la normalidad o la diferencia del de al lado, simplemente me está mostrando que ni es libre ni es diferente. Simplemente está adaptado a otra forma de normalidad, la de la supuesta diferencia que otorga la identidad de ser especial. Como cuando los niños juegan a ser personajes ficticios. Aunque los niños suelen saber que están jugando... El problema es que el juego de la ficción narcisista se apodere de uno y uno viva a través del personaje imaginario, a costa de los demás (pues si no le siguen el juego le resulta insoportable) y obligando a otros a pensar como él, porque así son tan diferentes como el mismo. Pues no señor, así son iguales a lo que tú quieres que sean, no realmente diferentes. Sería otra forma de normalidad impuesta.

La normalidad impuesta no ayuda a conectarse con la realidad y se puede caer en lo que Erich Fromm llamó “patología de la normalidad” y otros, como Guinsberg “normopatía”, una especie de enfermedad de ser normales. Guinsberg define al normópata como el que acepta pasivamente y por principio todo lo que en su cultura se señala como bueno, justo y correcto y sin cuestionar nada, aunque sí cuestione y ataque a quienes cuestionan su visión de la normalidad.

Es curioso que si se impone la diferencia como forma de normalidad podemos caer, paradójicamente, en una forma de “normopatía” encubierta no por ello menos alienante y peligrosa.

Ojalá fuéramos libres para ser normales o diferentes, según le surja realmente… dejando a los demás ser quienes sean realmente, sin imposiciones.




sábado, 5 de mayo de 2018

LA FRAGILIDAD DE LOS MÉDICOS

Imagen de Mónica Lalanda @mlalanda

Los médicos somos humanos, somos seres frágiles, como los demás, y requerimos cuidados y esfuerzo si queremos mantener nuestra salud en condiciones óptimas. Algo que es absolutamente obvio y de sentido común. Pero… ¿por qué, en muchos casos, no lo hacemos? ¿Por qué muchos han asumido un modo de vida, que parece preparado para superhéroes? ¿Y por qué, muchas veces muchos médicos lo han asumido inconscientemente? ¿Por qué nadie nos dijo que la salud empezaba por nosotros mismos?

Creo que una parte viene de una carrera de Medicina planteada desde un sacrificio quizás necesario,  a veces excesivo y a la vez desde unos planteamientos obsesivos y perfeccionistas.  Quizás ya éramos buenos chicos que nos adaptábamos excesivamente a lo que la escuela nos pedía y de ahí nuestro excelente rendimiento académico…  Aunque también recuerdo mi gran inquietud por aprender con interés, muy por encima de cualquier preocupación por unas buenas calificaciones. Supongo que también les pasó a muchos otros.

Recuerdo en mi carrera de Medicina la especie de gynkana diaria con la que teníamos que vivir, innumerables horas de clase, empacho de conocimientos (muchas veces poco útiles para nuestra práctica futura), prácticas hospitalarias, trabajos individuales y en grupo, lecturas, descalificaciones frecuentes de profesores inaccesibles, etc. La competitividad era para algunos a vida o muerte, en una especie de guerra narcisista por ser los primeros a costa de cualquier sacrificio personal. Por suerte algunos teníamos vida social, leíamos, íbamos al cine, etc. Otros no, su vida era una alienante competición por demostrar algo que aún no sé muy bien lo que era. Algunos compañeros no pudieron superar la batalla, no resistieron, sus nervios se quebraron, claudicaron abrumados por un modo de vida que superaba sus fuerzas. Quizás sus sistemas nerviosos tenían más sentido común de los que salimos adelante en ese sistema “loco” de superar obstáculos y de acumular datos como computadoras.  De ahí que cuando fui becaria en Psiquiatría propusiera un proyecto sobre salud mental de los alumnos que finalmente quedó ahí para satisfacer la ambición profesional de profesores que querían engrosar su curriculum con más y más publicaciones. El “sistema” suele ser eficaz en dar la vuelta a posibles opciones innovadoras. No obstante recuerdo la resistencia en una sesión de sesudos psiquiatras que decían alarmados que no abriéramos la “caja de Pandora”. Curiosa reacción.

La verdad es que no tuve especial interés en llegar a ser la number one en aquel sistema desatinado, pero sí sentía la responsabilidad por aprender correctamente una profesión que exigía muchas responsabilidades. Me resultaba cansado, pero también estimulante, aunque creo que algún efecto secundario sedimentó en mi mente como resultado de estar instalada temporalmente en aquel ecosistema…  

Cuando superamos el MIR, e iniciamos la formación especializada en un hospital, muchos compañeros asumían irracionalmente normas absurdas, aceptaban formas de funcionamiento muchas veces excesivamente jerárquicas y sectarias, aceptaban  estoicamente la explotación laboral, jornadas maratonianas de atención precaria a los pacientes e incluso jornadas de 24 y hasta de 36 horas. Algunos protestábamos y éramos los “raros” e inadaptados, menos mal… 



Al llegar a ser especialistas la cosa tampoco cambiaba mucho. Cuando alguna persona dice que ser médico es como estar en una secta creo que no se equivocan mucho. El aguante irracional de dinámicas destructivas y la ignorancia absoluta del cuidado de sí me hacen recordar la sumisión de los adeptos de una secta o incluso ciertas situaciones de esclavitud o de asunción de mecanismos de tribu que resultan sorprendentes en personas supuestamente inteligentes.


A veces me he preguntado por qué es tan difícil acompañar a pacientes médicos que consideran poco relevante el cuidarse y que han llegado a una situación de estrés o de burn out precisamente por no hacerlo. La sumisión a un sistema enfermo parece ser una prioridad fundamental para sostener sus frágiles identidades. ¿Habrá sido el sistema como una secta que ha anulado sus identidades personales desde una etapa temprana? ¿Nos habrán inculcado una especie de narcisismo inquebrantable en el que nos sostenemos en nuestro rol profesional y de ahí el apego a soltarlo? ¿Hay un fanatismo científico que impone la soberbia de que somos nosotros los que ayudamos y que no podemos ser ayudados? ¿Nos creemos seres sobrehumanos que no estamos sometidos a las leyes de la naturaleza? ¿Nos hemos quedado atrapados en una especie de ritmo frenético hipnótico del que es difícil salir? Desde que era una joven estudiante me hacía estas preguntas y otras similares y hacía esfuerzos por no entrar en las dinámicas enfermizas que me rodeaban, pero alguna era demasiado absorbente para sustraerse a ella. El poder de los grupos.

Pero, al poco de terminar mi formación especializada como psiquiatra decidí salir del “sistema” oficial de la Medicina y emprender mi propio camino. Me daba cuenta de que trabajar así y en lugares insanos me debilitaba y enfermaba. También sentía que entre la Medicina que yo había estudiado y la que se practicaba en los hospitales había un gran abismo. Ver a 15 pacientes en una mañana, a un ritmo frenético, en 20-30 minutos y volverles a ver un mes después me parecía una mala praxis médica. Para mí esa Medicina es una Medicina que se ha vuelto enferma y que puede enfermar aún más a los pacientes, aunque sus parches alivien momentáneamente. Por eso me arriesgué por apostar por otra forma de trabajar y por una atención de calidad, pese a emprender un camino solitario (es decir, fuera del "sistema" oficial, de manera independiente). No soy la única. Otros muchos hemos buscado caminos alternativos de Medicinas más integrativas y completas como una opción coherente de vida. Otros se han quedado conscientemente por unos ideales de atención igualitaria a los pacientes (en la Sanidad Pública) o simplemente les ha llevado la corriente.  

El problema es que, en muchos casos, veo a médicos enfermos, estresados, desorientados entre los restos del naufragio de unas ilusiones rotas, sin las herramientas suficientes para saber pedir la ayuda necesaria y aplicándose a sí mismos una Medicina de parches como la que a veces no les queda más remedio que aplicar a sus pacientes: ansiolíticos, analgésicos, antidepresivos, hipnóticos, antiácidos, etc. No tienen el tiempo ni la energía de pararse a pensar que pueden tener otras opciones más saludables, e incluso, a veces atacan opciones de Medicina más integradora que podría reparar su salud. Esa secta subliminal acaba teniendo demasiado poder para abrir la consciencia a otras posibilidades menos conocidas en el sistema formativo oficial.

En este ámbito de cuidadores a todos nos queda mucho por aprender. Si queremos cuidarnos adecuadamente nos tenemos que recordar que somos vulnerables. La salud ha de empezar por nosotros mismos, desde un enfoque integral u holístico que nos lleve a cuidar lo físico, mental, social y espiritual. Al menos lo físico y lo mental. Algunos lo intentamos por coherencia y responsabilidad personal y profesional (poco podemos hacer por otros desde la debilidad y desde la enfermedad). Pero el chip de cuidadores nos puede llevar a olvidarnos de nosotros mismos, y la sugestión de ser superhéroes repara-personas puede ser muy poderosa. Todos caemos en ello muchas veces y, una y otra vez, hemos de retomar el camino del sentido común, observar las partes de nosotros que requieren cuidados extras, a veces reconectar con tradiciones de sabiduría en las que ya se buscaba un equilibrio integral del ser humano y abrir los ojos para poner límites ante lo que daña nuestras vidas. ¿Será posible hacerlo hacia una Medicina más humana que empiece por nosotros mismos? 


jueves, 1 de marzo de 2018

CONGRESO "CONFLUENCIAS ENTRE PSICOTERAPIA Y ESPIRITUALIDAD"


Foto de Pixabay (geralt)

Aquí os dejo un avance del programa del próximo congreso que haremos en octubre de este año desde la Cátedra Edith Stein que dirijo en Ávila. 

PRESENCIAL Y ONLINE

La idea de este congreso es tender puentes entre diferentes visiones (que vienen del ámbito de la psicoterapia y de la espiritualidad) que ayuden al ser humano a tener una vida más armónica e integrada, y que a su vez, también le aporten para sanar sus heridas emocionales, psíquicas, anímicas, etc.


XIX CONGRESO DE ANTROPOLOGÍA, PSICOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD
“CONFLUENCIAS ENTRE PSICOTERAPIA Y ESPIRITUALIDAD”

CÁTEDRA EDITH STEIN, UNIVERSIDAD DE LA MÍSTICA, ÁVILA

19-21 de Octubre de 2018


VIERNES 19 DE OCTUBRE:

Mañana:

- 9:15 -- Recepción y entrega de documentación.

- 10:00 - 10:15 --- Acto de apertura y presentación del congreso.

- 10:15 - 11.15 – Ponencia inaugural:
La psicoterapia y la espiritualidad en una sociedad de consumo
Eduardo Brik
Médico-Psicoterapeuta. Psicoterapeuta por la FEAP y Terapeuta Familiar por la FEATF. Supervisor Docente (FEATF)

- 11:15 – 12:45--- Mesa redonda
La aportación de la espiritualidad monástica al ser humano actual
José Antonio Vázquez Mosquera
Licenciado en semíticas, Master en Counselling, exmonje contemplativo
Karma Tenpa
Monje del Budismo Tibetano


- 12:45 - 13:15 --- Descanso.

- 13:15 - 14:00 --- Diálogo con ponentes presentes y público

  


Tarde:

16:00 - 17:00 --- Ponencia
El silencio que sana: la meditación
Vicente Merlo
Doctor en Filosofía, experto en religiones orientales


17:00- 18:00 –-- Ponencia
Dimensión terapéutica de la oración teresiana
Francisco Javier Sancho
Doctor en Teología Espiritual, especialista en Edith Stein, Director de la Universidad de la Mística

18:90 – 18:30 --- Descanso

18:30-19:30 --- Diálogo con ponentes presentes y público


SÁBADO 20 DE OCTUBRE:

Mañana:

- 10:00 – 11:00 --- Ponencia
¿Es más efectiva la psicoterapia cuando incluye las creencias religiosas? Resultados de la investigación
Michael King
Psiquiatra, Director del Departamento de Salud Mental del University College de Londres

- 11:00-12:00 --- Ponencia
¿Cómo podemos incluir la espiritualidad en la psicoterapia?
Maribel Rodríguez
Psiquiatra, Psicoterapeuta, Directora de la Cátedra Edith Stein

- 12:00 - 12:30 --- Descanso.

- 12:30 - 13:30 --- Diálogo con ponentes presentes y público



 Tarde:

16:00 - 17:00 --- Ponencia
Espiritualidad y perdón en psicoterapia
Inés Serrano
Doctora en Psicología, Profesora de la Universidad CEU-San Pablo

17:00-18:00—-- Ponencia
La conducta suicida y el sentido ante la vida. Cómo intervenir 
Alejandro Rocamora
Psiquiatra, Profesor del Centro de Humanización de la Salud y ex -Profesor de la Universidad Pontificia Comillas (Madrid).

18:00 - 18:30 – Diálogo con ponentes presentes y público

18:30 - 19:00 --- Descanso.


19:00 - 20:30 – Talleres
 1.- Taller de meditación: la escucha como camino espiritual
  José Antonio Vázquez Mosquera
2.- La oración teresiana: sanar la autoestima y la imagen de Dios
 Francisco Javier Sancho
3.- Comprendiendo el perdón
 Inés Serrano


Domingo 21 de Octubre:

- 10:00 - 11:00---  Ponencia 
Terapia cognitiva y San Juan de la Cruz
Luis Jorge González
Doctor en Psicología, Catedrático de la Pontificia Universidad 
Urbaniana y de la Facultad Pontificia del Teresianum de Roma


- 11:00– 12:00 --- Ponencia de clausura
Psicología y espiritualidad: el hombre como misterio
Amedeo Cencini
Doctor en Psicología, Profesor en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma


- 12:00-12:30 Diálogo con ponentes presentes y público



- 12:30 - 12:45 ---  Clausura de las Jornadas




Para información e inscripciones podéis escribir a info@mistica.es