miércoles, 23 de septiembre de 2009

SABIDURÍA GARANTIZADA



Hace unos años vi una película que tenía el título “Sabiduría garantizada”. Me resultó muy interesante, por diversos motivos. La historia iba de unos alemanes bastante atormentados por sus vidas y sus propias incoherencias, que se encontraban en búsqueda de soluciones para los problemas de su existencia. Para resolver sus temas, viajaban a un monasterio Zen en Japón y en el camino sufrían diversas peripecias. Una vez en el monasterio, se exponían a una serie de sacrificios, que no harían por nada ni por nadie en su país natal, pues ahí se suponía que estaba la solución…

Traigo a colación la película, por el tema de la sabiduría, del que hemos estado debatiendo en mi post anterior. El tema de la sabiduría, es de por sí interesante, atractivo, estimulante... Pero la cuestión fundamental, es sobre como alcanzarla, para no llegar a pensar eso que dijo alguien: “el saber me persigue, pero yo soy más rápido”. Esperemos no ser más rápidos con nuestras ignorancias, nuestros miedos o nuestros condicionamientos. O no ser tan ignorantes, que ni siquiera aspiremos a saber nada que nos ayude a ser un poquito más sabios y más conscientes de lo que realmente nos puede hacer mejores para nosotros mismos y para los demás. O lo que es peor, esperemos no ser tan estúpidos que nos creamos ya sabios.

Volviendo a la película, el título me volvió a la mente, dando vueltas a la cuestión de la sabiduría. Hoy en día proliferan gurús por doquier, que nos venden “trucos”, estrategias, métodos, prácticas que nos transforman, etc., para llegar a la sabiduría. Es decir, que si seguimos el camino de tal o cuál gurú, de tal o cuál secta, se supone que llegaremos a ser más sabios… Y además, se supone, que los que nos guían en ese camino hacia la “sabiduría garantizada”, ya son sabios. No puedo evitar tener mis dudas… Y me pregunto, ¿qué mueve realmente a un ser humano a crear un método, una escuela o un camino hacia la sabiduría? ¿No puede ser más bien la propia inseguridad en lo propio lo que les motive a querer guiar u orientar a los demás, para confirmar su propio método? Pues si alguien necesita convencer a los demás de algo, será que no está muy convencido ¿no?

Sabemos que numerosos sabios, crearon escuelas a su pesar, pues muchas personas reclamaban sus enseñanzas, pero que ellos mismos eran humildes, pues señalaban no saber nada (al modo de Sócrates) o ponían de manifiesto el error que supone querer ser maestro de alguien que no sea uno mismo (al modo de Krishnamurti). Muchas personas, cuando llegan a cierto nivel, se dan cuenta de que enseñar ciertas cuestiones de la vida no es sencillo, que es absurdo pretender cambiar la vida de los demás, y que aunque se puede ayudar, no tiene sentido imponer verdades, inculcar métodos o pretender tener el método que proporciona la garantía de ser sabios. De hecho, hay maestros (como algunos lamas tibetanos), que ponen importantes trabas a sus discípulos antes de enseñarles, pues antes quieren comprobar cuál es el grado de compromiso y de interés del que aspira a encontrar un determinado camino de sabiduría. Pues como señaló muy bien Somerset Maugham en su novela “El filo de la navaja”, “el camino hacia la verdad es estrecho y afilado como el filo de una navaja”. Y como muy bien señaló otro “ningun camino fácil lleva lejos”. ¿Será verdad?

Al margen de todas estas disquisiciones, os recomiendo la película, pues no tiene desperdicio…

lunes, 14 de septiembre de 2009

AUTORIDAD MORAL Y SABIDURÍA


Ambos, son términos que se usan con frecuencia, para designar a las personas que se supone que poseen cualidades que nos ponen de manifiesto un ejemplo a imitar, o que con su actitud nos muestran una meta a alcanzar. Pero no se trata de una meta material, sino la meta de encontrarnos con nosotros mismos y con el sentido último de la realidad. Cuando decimos que una persona tiene autoridad moral o sabiduría, esta afirmación nos surge de una forma intuitiva e inmediata, porque se capta de una forma, en general, tan clara, que toda argumentación resulta superflua. Parece que quién posee dicha “autoridad moral” o “sabiduría” está imbuido de una especie de halo que nos inspira o nos empuja a la búsqueda de una verdad superior.

Hace un rato, apareció en mi mente, la reflexión de por qué hay personas con una gran sabiduría interior, que no tienen formación académica superior o que incluso son casi analfabetas. También me hacía la pregunta de porqué se puede dar la situación opuesta. La de personas con una amplia formación académica, con más de una carrera, doctorados, cátedras, miles de libros leídos y con tan poca sabiduría y conocimiento de la vida real.

Me parece que dicha sabiduría se ve reflejada en la capacidad de las personas de ser felices, de poder empáticos con los demás, de hacer juicios adecuados sobre la realidad (que se salgan de cuestiones intelectuales), de hacer elecciones de vida que lleven a estar en paz, armonía y equilibrio consigo mismos. Pero esta sabiduría, no se estudia en ningún centro educativo oficial (desconozco los cauces extraoficiales). Una persona puede llegar a vieja, después de haberse matado a estudiar, sin saber muy bien por qué y no haber encontrado sabiduría, equilibrio, ecuanimidad, capacidad de compasión, paz interior, etc. Es más, puede haberse matado a estudiar y a memorizar libros, a hacer publicaciones, conferencias, etc. sin tener ni idea de para qué es la vida ni de para qué está en este mundo. Sin haber intuido o no haber querido intuir que su vida es lo que quiera hacer de ella y que puede ser más feliz, renunciando al deseo infantil de escalar puestos, tener medallas o acumular títulos.

Me pregunto por qué la enseñanza reglada, se preocupa tanto de enseñar diversas materias, que evidentemente pueden ser prácticas y entrenan nuestras neuronas, pero que no sirven para muchos aspectos de la vida. Y sin embargo, dicha enseñanza apenas se ocupa, de enseñarnos a buscar el sentido de la vida, de mostrarnos el camino para conocernos a nosotros mismos, o para a amarnos a nosotros mismos y a los demás, ni para reflexionar sobre qué es esta realidad en la que estamos y sobre cuál es su origen. Todas ellas me parecen cuestiones fundamentales, cuya respuesta está más en el interior de cada ser humano y en seguir las enseñanzas de los verdaderos sabios. Esto me parece mucho más importante que aprender diversos datos, hacer complejas fórmulas matemáticas, elaborar diseños con tiralíneas o realizar diversos ejercicios gimnásticos mentales o físicos. A veces me da la sensación de que la educación y la cultura han perdido su alma y su corazón y que el objetivo para el que surgieron se olvidó hace ya mucho tiempo. Quizás es más útil que sea así, porque de esta forma, hay menos probabilidades de que las personas piensen con sentido común o con libertad y así no piensan, critican o luchan por un mundo mejor, sino que se convierten en meros engranajes bien entrenados para formar parte de la maquinaria del sistema social, en el que estamos inmersos. Pero ¿quién crea ese sistema que se supone que nos quiere convertir en engranajes? ¿Acaso no lo creamos también nosotros?

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