sábado, 15 de diciembre de 2012

MEDITACIÓN E HIPNOSIS




Empecé a interesarme por la hipnosis hace unos 14 años. Empecé leyendo sobre el tema, escuché alguna conferencia y se despertó mi interés, entonces. Mi interés ha sido especialmente por la hipnosis que facilita la introspección y el autoconocimiento. También me ha resultado interesante conocer el efecto de la mente en el cuerpo, para ayudar a aliviar la ansiedad, el estrés y diversos trastornos psicosomáticos. Resulta sorprendente darse cuenta de lo poco que sabemos sobre el funcionamiento de nuestra mente cuando descubrimos los sorprendentes efectos, que podemos conseguir con la hipnosis: una relajación intensa pese a un estado de ansiedad previo (en pocos minutos), un importante alivio de dolores diversos e incluso anestesia (que se usa en diversos lugares del mundo para operaciones quirúrgicas), la superación de fobias, la reducción de una hemorragia, la modificación de la temperatura corporal, el cambio del estado anímico (esto suele llevar más tiempo), el parar vómitos que no responden a otros tratamientos, el revertir síntomas del colon irritable, modular el asma, etc.

Pero todo esto, sin dejar de ser muy interesante, no me parece lo más importante en el terreno de la hipnosis. En los últimos años he dejado que los procesos de hipnosis, en terapia, faciliten una entrada al mundo interior, del que surgen nuevas ideas, símbolos, potenciales, intereses, etc. Ese mundo interior tiene reglas muy parecidas al mundo de los sueños, aparecen visiones, historias inesperadas, nuevos personajes internos, etc. ¡Es fascinante! Se pueden abrir puertas hacia diversos espacios de ese mundo interior, que favorecen la evolución y la remisión de diversos síntomas, mediante una toma de conciencia y un trabajo interno. Lo que, a su vez, hace más fácil integrar la dimensión espiritual en la psicoterapia. Es conocido que muchos procesos espirituales han de ir necesariamente acompañados de un camino de autoconocimiento (tanto en Oriente como en Occidente).



Después de trabajar con diferentes personas en esta vía, tanto en procesos individuales y grupales y ver como la hipnosis ayuda a mirar mejor hacia dentro, me surgió la pregunta de si hipnosis y meditación son lo mismo. Pues ciertos procesos de meditación también tratan de ayudar a silenciar la mente, para poder escuchar y mirar más hacia el interior de uno mismo. En esos procesos meditativos más de una persona habla de la emergencia de ciertas imágenes simbólicas (que podemos considerar en sintonía con los arquetipos junguianos, o con ciertas visiones interiores que se dan en la práctica de la meditación), etc. Por todo ello fui consultando con diferentes expertos en hipnosis, sobre las posibilidades de que meditación e hipnosis fueran dos modalidades de lo mismo o al menos compartieran ciertos procesos. Encontré respuestas totalmente antagónicas. Para unos la hipnosis no tenía nada que ver con la meditación (idea sostenida en general por quienes no han practicado meditación, o meditadores que no saben nada de lo que es la hipnosis) y en el otro extremo estaban quienes decían que hipnosis y meditación son lo mismo, y que, incluso comparten reacciones cerebrales idénticas o muy similares. En general, quienes sostenían esta segunda tesis, tenían alguna experiencia con la práctica de la meditación. Alguien me contó que una vez, para comprobar si había semejanzas, hipnotizó a un lama tibetano. Éste le aseguró que los efectos conseguidos eran los mismos, pero que llegaba al estado meditativo más rápidamente y consiguiendo una mayor profundidad. Se supone que los lamas algo saben de meditación, así que podemos considerar este dato como relevante.

El siguiente paso que he seguido, ha sido realizar ejercicios de meditación, individuales y grupales, introduciendo la hipnosis, en la preparación inicial para la meditación. Así, parecía fácil silenciar la mente (algo importante para meditar), el estado de relajación que se puede conseguir con la hipnosis es eficaz y después, el favorecer la visualización de ciertos símbolos ayuda a seguir uno mismo el proceso, hacia “capas” más profundas de la psique. Puedo decir que, por ahora, los resultados son más que favorables a la idea de la superposición de la hipnosis y de la meditación y que un método favorece la entrada más rápida en el otro. Personas con amplia experiencia de meditación, me han comentado que también han entrado más rápido y más profundo en la meditación, cuando hemos usado antes algo de hipnosis, y que han encontrado en su interior nuevos recursos y capacidades que al entrar en su interior, han emergido y facilitado más su evolución personal. También se han dado casos (más en la práctica individual) en los que se han hecho conscientes elementos insanos, necesitados de trabajo y resolución. Lo positivo del caso es, que una vez manifestados explícitamente, ha sido más fácil trabajarlos en terapia, a la vez que el trabajo con la hipnosis y los símbolos que han surgido ha favorecido una resolución más rápida de lo habitual, del problema. Incluso con personas en las que no había apenas resultados con terapia sin hipnosis.

Desde entonces, sigo “puliendo” el método, e investigando al respecto, con la esperanza de que pueda ser un recurso más en la ayuda terapéutica para muchas personas.

Lo que por ahora me permito concluir, en base al a experiencia, es que la hipnosis se solapan y complementan en diferentes aspectos. La hipnosis favorece la entrada más rápida en la meditación y la meditación puede generar estados hipnóticos. Habrá que seguir estudiando más el tema.

Es importante señalar que aunque la psicoterapia con hipnosis sea más eficaz y la meditación haya mostrado sus efectos positivos en la salud física y mental, ambos procedimientos, estén o no integrados, requieren una participación y esfuerzo del participante. En ninguno de los casos estamos hablando de métodos milagrosos, como pretenden vendernos numerosos estafadores en este ámbito.

jueves, 13 de diciembre de 2012

¿LOS CULPABLES SON LAS VÍCTIMAS?



Es curioso que, últimamente, me he encontrado con varias personas que afirman que si hieren los sentimientos de otra persona, es porque el  que tiene un problema es el otro, puesto que se ha sentido herido. Que si el otro se siente mal con sus acciones, pues que ellos son así y que no piensan cambiar en nombre de la autenticidad, de la espontaneidad o incluso de la espiritualidad!! Algunos de ellos están haciendo un trabajo de crecimiento personal, meditando, estudiando cosas profundas, etc. Es curioso que ese crecimiento parece volverse decrecimiento, pues ya sabemos que el ego que se infla es un síntoma de regresión y de problemas diversos no resueltos. Su idea de no cambio resulta más que paradójica, quieren crecer, decreciendo o siendo iguales a lo que ya son, porque ¿se consideran perfectos?

Por el otro lado me encuentro a los supuestos “culpables” del daño, aquellos que se sienten heridos por un agresor. Éstos “heridos” experimentan el doble de dolor, cuando su agresor les dice que si sufren por una supuesta ofensa es que tienen algo que resolver, que es su problema, que se lo tienen que trabajar ellos, que ellos no han hecho nada, etc. Curioso, han conseguido hacer desaparecer el concepto de maltrato psicológico. Se echa la culpa a la víctima y asunto arreglado…

Me pregunto si el “agresor” verbal no tiene nada que cambiar, aprender empatía o bajarse del burro alguna vez… Aparte de la doble injusticia que supone, echar la culpa a las víctimas de su sufrimiento.

Veo mucho peligro en este tipo de situaciones en las que parece que se diluyen, para el agresor, de forma mágica, los sentimientos de culpa. Así su ego se siente tranquilito y se va inflando tranquilamente, o bien, para no tener que cambiar porque uno se supone perfecto. Me parece una forma de nuevo maltrato con ciertos toques de sutileza que lo convierten en un maltrato aún peor, en el nombre de lo que sea, aún más maquiavélico.

Por otra parte no niego que una parte del malestar por una agresión verbal, sea algo que el agredido deba aprender a manejar, para no identificarse con ello, para no quedarse en el daño, para no odiar al otro, para aprender a mirar más allá del dolor infligido, etc. Pero su responsabilidad es sólo una parte y no el todo.

Pienso, por ejemplo, en una persona que ha sufrido una quemadura y me imagino que, sin querer, rozo el lugar de la quemadura y le provoco al otro un daño intenso y protesta. ¿Cuál debe ser mi reacción ante esto? ¿Debo decir que el responsable de sentirse mal es el otro? ¿No debo tener cuidado para no rozar en la herida la próxima vez? O bien, siguiendo la pauta referida más arriba, le digo al otro que se aguante porque el quemado es él y que si le duele no es mi problema. A mí me enseñaron en el cole de psiquiatras que esto tenía que ver con la psicopatía, con la falta de sensibilidad, etc. ¿Qué pasó? ¿Qué ahora lo evolutivo es el narcisismo-psicópata? Uno de los rasgos del maltratador psicológico es la necesidad de tener siempre razón y a mí esto me suena a lo que estoy contando. Me pregunto si esto es una nueva moda New Age, esto de no asumir ni responsabilidad ni culpa, para que quienes siguen estas cosas se sientan más reforzados y potenciados (pero ¿hacia dónde?).
Como contraparte, hace unos días escuchaba en la entrevista a un psiquiatra sufí, que cuelgo más abajo, que “El peor pecado es herir el corazón de una persona”. Como casualmente recordaba el caso de un “herido” doblemente maltratado por su agresor, me pareció un soplo de aire fresco escuchar esto. No por hacer sentir pecador a nadie, sino porque esta afirmación entraña una clave fundamental en las relaciones interpersonales contractivas, que si dañamos a otro, aunque sea mínimamente, hay algo que reparar, cuidar o enmendar. Menos mal que aún queda gente con sentido común…

Aquí os dejo la curiosa entrevista al psiquiatra sufí (Dr. Javad Nurbakhsh)http://www.nematollahi.org/video/index.htm


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