sábado, 30 de agosto de 2014

"MENOS MINDFULNESS Y MÁS SANTA TERESA"

Hace unas semanas me comentaba el Catedrático de Psicología Antonio Capafons que a veces dice a sus alumnos, en clase, la frase: “Menos Mindfulness y más Santa Teresa”. 

Conecté con esa frase porque en diversas ocasiones también he querido decir lo mismo y no me ha salido decirlo tan claro y sintético como lo dice Antonio Capafons.

Me pareció muy provocadora y estimulante esta forma de decirlo, en unos momentos en los que el Mindfulness está de moda, entre los psicólogos y psiquiatras que se consideran modernos y entre muchos pacientes que tratan de aliviar sus ansiedades y angustias, con ese método. Por otra parte, la mayoría de los psicólogos y psiquiatras saben algo de Mindfulness, pero no saben nada, o muy poco, acerca de Santa Teresa. Por ejemplo, muy poca gente sabe que Santa Teresa desarrolló un método de oración, con elementos que se pueden considerar cercanos a algunos métodos de meditación orientales, con las diferencias que tienen que ver con su propia tradición religiosa. Para ella su método de oración está insertado en un camino cristiano comprometido con la Verdad, con una entrega a los demás, con el Amor, con la unión con Dios y con una profunda búsqueda de sí misma.

Sin descartar que el Mindfulness tendrá su utilidad, me parece lamentable que se use a la ligera, ofreciéndose como un método de meditación que parece la panacea para las neurosis modernas y como un producto más de consumo, que vale para casi todo:  para empleados estresados (para que no se quejen en sus trabajos), para amas de casa en apuros, para personas angustiadas o deprimidas, etc. Y para colmo es muchas veces aplicado por personas que desconocen completamente el origen de este método (viene del Vipassana, que está dentro del Budismo). Escuché una vez a alguien que decía que puede ser un tanto insultante desconectar la meditación de su origen, en el que tiene una determinada finalidad, para obtener unos beneficios prácticos, que no tienen que ver con el sentido original del método, y que encima se le cambie el nombre original de meditación por un término americano.  Estoy de acuerdo.

Pero vuelvo al tema. ¿Por qué quiero reflexionar sobre esa sugerencia de más Santa Teresa y menos Mindfulness

Trataré de explicarlo.

Empiezo describiendo sucintamente que el Mindfulness consiste en prestar atención, sin emitir juicios, a las sensaciones, percepciones, pensamientos, y cualquier cosa que pase por la consciencia. El observar los fenómenos psíquicos sin juzgarlos, permite ir tomando distancia de experiencias subjetivas, que se acaban manejando con una mayor objetividad (como pensamientos angustiosos, negativos, etc.) y por lo tanto teniendo un mayor autocontrol emocional. La práctica es importante centrarla en el momento presente, en el aquí y ahora, buscando una dimensión de silencio interior. He visto en alguna práctica de Mindfulness que también se hacen sugestiones positivas como "me siento bien", "me siento tranquilo", etc. El tener “éxito” con el Mindfulness depende fundamentalmente de dedicar tiempo a  la práctica, de hacer bien la técnica y de empeñarse en ello. Es del propio meditador del quien parece provenir el resultado.

La oración contemplativa de Santa Teresa (que también intentaré explicar resumidamente) consiste en abrirse a la presencia y a la acción de Dios desde una actitud humilde, en silencio. Mediante su práctica se busca entrar en los “sentidos interiores” desconectando de los exteriores (una diferencia importante con el Mindfulness). Se busca silenciar cuerpo y mente, silenciar los ruidos interiores y exteriores, para estar en silencio ante una realidad trascendente (Dios). Parte del proceso implica despojarnos del propio yo, del egoísmo, el egocentrismo y la vanidad, desde la humildad. El yo no es el que manda, sino que mantiene una actitud pasiva de escucha en la que, desde la humildad, se acepta que no se puede controlar la acción de Dios. No es el ego quién decide qué va a pasar sino que hay un desprendimiento de sí mismo. Parece ser que esa acción, por sí misma, es transformante para quién practica la oración contemplativa (aunque uno no controlar la acción de Dios).

Dice Santa Teresa que entremos en la oración porque tenemos “al Emperador del cielo y de la tierra en tu casa… no ha menestar alas para ir a buscarle, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí”.
Hay una parte de recogimiento porque recoge las potencias del alma (voluntad, entendimiento, memoria) y se entra dentro de sí con para encontrar a Dios. Su práctica va mucho más allá de ser una mera técnica de autocontrol psicológico, aunque ese autocontros sea necesario para entrar en silencio en el mundo interior.

En esta práctica buscar a Dios en el silencio depende del que ora, recibir el don de la contemplación depende de Dios. Como dice ella misma: "Es ya cosa sobrenatural ... que no la podemos procurar nosotros por diligencias que hagamos". 

Vemos en ella, repetidamente, una actitud de humildad.

Es interesante que se considera que la efectividad de la oración contemplativa se descubre por el efecto espiritual que produce: mayor capacidad de amar a otros, humildad, autoconocimiento, crecimiento en virtudes, desapego de lo material, entrega a Dios, aumento en los frutos del Espíritu, etc.

Y por supuesto un serio y auténtico conocimiento de uno mismo, que termina siendo la base del realismo en la vida, de la aceptación de sí y de la humildad. Sin caer en el peligro de un idealismo o de un egocentrismo que se construya fuera de la base de lo que es uno mismo, como me comenta Francisco Javier Sancho, director de la Universidad de la Mística de Ávila y sacerdote carmelita.

Con respecto a Santa Teresa y su oración contemplativa me parece importante señalar que no es necesario pertenecer a su misma religión, para enriquecerse con su propuesta de contemplación unida a una determinada forma de vivir, conectada con valores humanos y espirituales que construyen la vida. También es muy enriquecedor darnos cuenta de que la contemplación que ella nos propone es un método muy cercano a otras formas de meditación, que además es de aquí al lado (de Ávila), y que puede enriquecer nuestra forma de vivir en nuestra vida cotidiana. Pues la apertura a la realidad con humildad, amor, respeto, silencio y la mirada hacia el interior, ¿no podrían hacernos bien a muchos? No obstante, no podemos separar su camino y su tradición de su obra y no podemos extraer cuatro pautas teresianas al modo Mindfulness, para generar otro producto de consumo para ejecutivos estresados.

Volviendo al Mindfulness su efectividad se mide por: un mayor autocontrol, un mejor centramiento en el momento presente,una  actitud interna más positiva, un mirar con distancia emociones y el eludir pensamientos desagradables, un mejor manejo del estrés, tener menor ansiedad, etc. Se habla algo de estados mentales buenos (y eso que primero dicen que no hay que juzgar...) Pero ¿Por qué no se habla de humildad, amor, desapego? Si nos vamos a los orígenes del Mindfulness veremos que en el Budismo la práctica de la meditación va ligada a un comportamiento ético, a la compasión y a un compromiso con el camino espiritual. En el Mindfulness no veo esto, e incluso veo un cierto riesgo de mal uso, de simplificación, de fomentar el egocentrismo, la vanidad, el ensimismamiento y de una cierta desconexión de las emociones, con el consiguiente riesgo de falta de empatía hacia las emociones o el sufrimiento ajeno. Algunos estudiosos del tema ya están identificando estas reacciones.

Aunque haya alguna semejanza entre esto que llaman Mindfulness y la oración contemplativa de Santa Teresa, como es el trabajo con la atención (aunque la atención se ponga en lugares y objetivos diferentes, en el primer caso al servicio del yo y en el segundo al servicio de algo que le trasciende a uno y a los demás), el autocontrol emocional y el silencio, me parece que lo que aporta la contemplación teresiana es humanamente más enriquecedor. Esto no quiere decir que hay que descartar el Mindfulness, dado que hay personas que sienten alivio a sus dolencias psíquicas mediante su uso. Más bien me parece que la reflexión debe ir en la dirección de hasta que punto no estamos pervirtiendo una práctica como el Mindfulness al descontextualizarlo de sus raíces (el Budismo) y al alejarlo de un marco de vida más amplio y humano. Además, aún más importante me parece, que ser conscientes de los propios caminos de “meditación” que existen en nuestra propia cultura, puede enriquecer nuestra perspectiva e incluso nuestra propia práctica de meditación y/o de oración. A lo que añado, que me parece que todas las vivencias de Santa Teresa, y todas sus propuestas, a las que se han adherido numerosas personas a lo largo de los siglos, dan frutos mucho más interesantes que todo el regimiento de meditadores Mindfulness que proliferan por todas partes. Desde los monasterios que ella fundó para volver a un cristianismo más auténtico hasta todas las personas que se han visto inspirada por ellas (dentro y fuera de las diferentes tradiciones), por no hablar de toda la obra educativa teresiana, San Juan de la Cruz y su obra y otros grandes como Edith Stein y su pensamiento filosófico. Aparte de los efectos que ya he señalado líneas más arriba que puede tener la oración contemplativa: mayor capacidad de amar a otros, humildad, autoconocimiento, crecimiento en virtudes, desapego de lo material, entrega a Dios, aumento en los frutos del Espíritu, etc.


Aclaro que estas reflexiones no pretenden ser una revisión exhaustiva del Mindfulness ni de la contemplación Teresiana. No son más que una invitación a la reflexión y a la profundización en lo que son las prácticas de contemplación y meditación. Cualquier corrección, sugerencia u opinión será bienvenida. Todo estos temas darían para mucho más... 

miércoles, 13 de agosto de 2014

LA MEDITACIÓN OCCIDENTAL: ESA GRAN DESCONOCIDA

Cada vez son más quienes hablan de meditación y quienes la practican, en Occidente. Lo que resulta curioso es que casi todos quienes hablan de meditación o hacen prácticas de la misma, suelen hacer prácticas de meditación orientales, que vienen del Budismo y del Hinduismo, muchas veces desvinculándolas de su contexto original.

Cuando preguntamos a diferentes personas qué saben sobre la meditación de Occidente nos encontramos con respuestas variopintas, que van desde la total negación de la posibilidad de  que exista una meditación occidental, hasta la idea de que la misma se reduce a simples recitaciones mecánicas de oraciones preestablecidas. Apenas se conoce nada acerca de la meditación Occidental, excepto en muy raras excepciones. Es más, incluso dentro del ámbito religioso cristiano, muchos religiosos reducen la idea de lo que es la meditación a la mera reflexión acerca de lecturas religiosas (algo que no está nada mal, pero que no deja de ser parcial e insuficiente acerca de lo que puede ser la meditación occidental).

En Occidente, pese a ser muy poco conocida, hay una larga tradición en el uso de la meditación. Quizás la más conocida sea la oración contemplativa de Santa Teresa, con algunos elementos en común con algunos métodos de meditación oriental (la práctica del silencio, la atención al mundo interior, la receptividad ante el mundo espiritual, etc.), y con otros elementos diferentes (como la apertura, atención y escucha a un Dios personal). 

Al parecer también practicaban técnicas de meditación los Neoplatónicos (Plotino), San Buenaventura, Hildegarda Von Bingen (conocida por sus espectaculares visiones), Teilhard de Chardin, Miguel de Molinos, Madame Guyon, etc. En Occidente también ha existido la Imaginatio vera et no phantastica de los Alquimistas, a partir de la cual, desarrolla en el siglo XX el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung un método al que llama “Imaginación activa”.

En el siglo XX también nos encontramos con los esfuerzos de integrar métodos de Oriente y Occidente en algunos cristianos occidentales como Thomas Merton (monje cisterciense) o Enomiyas-Lassaye (misionero jesuita), entre otros.

En la actualidad son conocidos por su trabajo en el desarrollo de la meditación en Occidente, Thomas Keating (monje cisterciense) con su método de la Oración centrante y en España Ana María Schütter y Xabier Melloni (sacerdote jesuita).

Sería interesante estudiar el por qué del desconocimiento de la meditación occidental, entre la población general, unido al auge en el empleo de las técnicas de meditación orientales. Quizás porque los métodos de meditación occidentales han estado más circunscritos a ámbitos de tipo monástico y menos accesibles a personas ajenas a estos entornos. A su vez, Oriente se ha convertido en “El Dorado” espiritual, quizás porque la novedad y el desengaño con respecto a ciertos errores de las religiones occidentales, a la vez que un gran desconocimiento e incultura sobre las mismas, han llevado a muchas personas a emprender búsquedas lejanas a supuestos paraísos terrenales. Seguramente la gran crisis espiritual y de valores que padece Occidente ha jugado su parte.

No obstante, sin infravalorar ninguna de las interesantes propuestas que nos ofrece la práctica de la meditación oriental, ¿por qué no molestarnos en conocer algo de los frutos espirituales de nuestras tierras? Quizás así sea también más enriquecedor el intercambio con lo que Oriente nos puede ofrecer.

Os dejo un par de vídeos en los que hay algunas explicaciones interesante sobre la meditación occidental: 

Explicaciones de Thomas Keating:



Explicaciones de Xabier Melloni: 


sábado, 9 de agosto de 2014

¿SE PUEDE ILUMINAR UN NEURÓTICO?



Está de moda eso de buscar la iluminación (habría que ver qué entiende por iluminación cada uno de los que la busca...) y muchas personas con neurosis la anhelan. Me ha surgido en ocasiones la pregunta de los cuál puede ser la base psíquica (de mínima salud mental) para que se llegue a encender  esa“bombilla” y si las personas neuróticas pueden tener dificultades extras para dar con el interruptor. ¿O puede ser la propia neurosis la genere tal estado de insatisfacción con la vida que pueda moverle a alguien a buscar esa “luz” que amplíe su concepción del mundo y le lleve a una visión más amplia? ¿O ciertas neurosis más que llevar al sujeto a buscar la “iluminación” pueden llevarle a escapar de la realidad mediante la búsqueda de una especie de autoanestesia luminosa que alimenta desde su propia visión limitada de la realidad?

Quizás haya un poco de todo. Es posible que un cierto grado de malestar psíquico con la vida pueda movernos a mirar más allá de nuestra estrecha visión de la realidad, para abrir nuestras mentes. Pero también la propia inquietud de búsqueda puede hacer que nos alimentemos de espejismos y que nos apoyemos en “iluminaciones” falsas que nos ayuden a evadirnos de nuestro malestar existencial. 

Creo que quizás en este punto cobre sentido un maestro o guía que nos ayude a mirar más allá de nuestras propias narices neuróticas, para que nos podamos dar cuenta de hasta donde nos estamos engañando. ¿Pero qué ocurriría si el guía, maestro o terapeuta tiene otra neurosis aún más peligrosa que la nuestra que hace que nos desviemos aún más del camino? ¿Cómo diferenciar quién puede ayudarnos de quién puede confundirnos aún más? ¿Qué pasaría si, por ejemplo, el guía nos retroalimenta el ego hablándonos de lo iluminados que estamos engordando nuestras neurosis y, por lo tanto, confundiendo más nuestro camino? Pues seguramente nada bueno, o bien, puede ser una prueba más en el camino a través de la cuál aprender un poco… También es posible que la iluminación aporte cierta perspectiva o distancia ante la neurosis, aunque no la cure. Lo que puede ser bueno o malo según el nivel de distancia que se tome… Si es excesiva uno se puede desentender de su necesidad de arreglar sus problemática psíquica ignorándola, si no es excesiva, puede aliviar el sufrimiento que genera la neurosis ocupándose uno por fin de ella o incluso tomar la difícil decisión de acudir a un experto en salud mental. Seguramente esto dependa del tipo de neurosis, de la personalidad del sujeto, de su madurez, y de muchas más variables.

Quizás los neuróticos puedan tener ciertos atisbos de la iluminación (según dicen eso de la iluminación va por grados y etapas), quizás la neurosis sea un síntoma de falta de consciencia, quizás ciertas neurosis más graves impidan o dificulten hacer adecuadamente el camino. 


¿Por qué no plantearnos trabajar los elementos neuróticos de nuestra personalidad en paralelismo con el propio trabajo espiritual? ¿Por qué no pedir la ayuda que corresponde a cada nivel de dificultades? Pues si no seguiremos con los ojos vendados, distorsionando las propias experiencias y, lo que es peor, confundiendo a otros si pretendemos ayudarles en su camino.





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