jueves, 22 de julio de 2010

¿PODEMOS CONTAR NUESTRA VIDA LOS PSIQUIATRAS?


A veces, en la consulta, o fuera de ella, me surge la pregunta de hasta donde es posible compartir aspectos personales de mi vida. Según me enseñaron en mi formación, como psiquiatra, es importante que preserve mi intimidad, y que no me dedique a contarles mi vida a mis pacientes. Algo bastante lógico y comprensible, pues los pacientes vienen a la consulta para ser escuchados, comprendidos, ayudados y no para que les cuente mis propias batallitas…

Pero hoy y más veces, me han dicho algunas personas, que lo que más les gusta o ayuda, por ejemplo, de mi blog, es cuando cuento experiencias personales. Eso mismo me ha ocurrido en momentos de mi vida, en los que contar algo personal a un amigo o conocido, le ha resultado de ayuda para resolver un problema suyo. También algunos pacientes, se han mostrado muy agradecidos cuando les explico algo con algún ejemplo de mi propia vida, o les transmito alguna anécdota vital, o simplemente les cuento a donde me voy de vacaciones.

Otros, sin embargo, sienten una curiosidad insaciable por intentar saber de cuestiones personales, que me parece que no debo alimentar, pues mi atención en una consulta ha de ponerse en ellos. Además, podríamos derivar la consulta a una charla de café o de mero intercambio de intimidades, sin una finalidad determinada o fomentar una vena malsana cotilla…

Otra pega que le veo a esto de contar temas personales, es que si un terapeuta es de una u otra religión o ideología política, ¿hasta donde puede hablar de esto sin que parezca que quiere inculcarle nada a su paciente?

Hay escuelas, como el psicoanálisis, que hacen énfasis en una excesiva neutralidad y distancia del terapeuta, para con el paciente, para que dicho paciente deje volar la imaginación, sobre quién es el terapeuta y así nos de pistas de por donde va su mente. Pero esto deriva en situaciones, como una vivida por mí en mis tiempos de residente, en la que fui fuertemente amonestada por una psiquiatra experimentada y psicoanalista, por permitir que una paciente me diera dos besos afectuosos, al verme. Mi respuesta fue que a ver si pretendía, que según se me acercaba la paciente le diera un empujón para evitar el contacto físico con ella. ¿No es un poco exagerado esto? Por eso, a casi todos mis pacientes, les saludo o dándoles amablemente la mano o con dos besos, como una muestra de igualdad y cercanía. Por ahora creo que nadie se ha visto perjudicado por esto y es más, más de uno me lo agradecido. Si me equivoco, que por favor alguien me corrija!! O si alguno de mis pacientes se siente molesto con esto ¡que lo diga!!

De ahí, que me surja la pregunta, de hasta donde debo mostrarme o manifestarme. Pues sé, que hay ciertas experiencias de mi vida que pueden ayudar a otros, incluso las dolorosas o difíciles, que he podido superar. Además, el hecho de mostrarme tal cual soy, sin máscaras o poses falsas, también añade naturalidad a la relación humana. Carl Rogers habló hace años de la “autorrevelación facilitadora”, que se refiere a que el terapeuta cuenta alguna experiencia de su propia vida, que ayuda al paciente a darse cuenta de que es comprendido por aquél. Otros terapeutas han escrito libros con sus propias experiencias e incluso crisis personales, como ha sido el caso de Viktor Frankl o Carl Gustav Jung. Estas vivencias han sido de ayuda a muchas personas, pues han dado claves, en primera persona, sobre como enfrentarse a las dificultades o sufrimientos de la vida…

La pregunta del millón es ¿hasta donde se pueden contar las “cosas” propias? Y ¿cuál es el fundamento científico en el que se apoya la indicación de no contar casi nada?

viernes, 9 de julio de 2010

¿HAY QUE RESPETAR SIEMPRE A LA AUTORIDAD?

Recientemente leía en algún sitio, que los niños superdotados no tienen respeto a la autoridad, si ésta no apoya sus argumentos en razonamientos profundos. Algo bastante razonable y lógico, y me parece que esto no les sucede única y exclusivamente a los superdotados, aunque evidentemente hay que tener un mínimo de inteligencia para rebelarse contra el liderazgo irracional.

La pregunta que me surge, a partir de este dato de los superdotados, es por qué la gente asume los argumentos de las figuras de autoridad, sin someterlos a una valoración crítica. Con frecuencia, el ser humano actúa movido por motivaciones irracionales y egoístas, que afectan tanto a los líderes como a sus súbditos. A esto se suma, que el ser líder se puede subir a la cabeza, en personas acomplejadas, que por perder perspectiva y estar poseídos por la soberbia, pueden abusar aún más de otros, por considerarse infalibles. Y si esto es así, ¿por qué la gente aguanta tantas cosas?

Muchas personas consideran que es más fácil no protestar por nada, porque así son más buenos, les pagarán más, conservarán su puesto de trabajo, porque es mejor no dar problemas, etc. Pero precisamente el consentimiento pasivo de actitudes abusivas, lo que hace es que quién consiente se convierta en cómplice de las injusticias. Por eso, me parece que una motivación para cuestionar figuras de autoridad ineficaces, es luchar contra las injusticias, que si le afectan a uno, lógicamente afectarán posteriormente a quienes vengan detrás. Pero esta visión no es políticamente correcta. Lo mejor es ser conformistas, hacer lo que hacen todos, decir amén a cualquier pauta establecida, solamente para no invertir un ápice más de energía en la propia existencia. Sin darse cuenta de que así, precisamente se consume más energía vital, pues uno prostituye sus propios ideales y principios. Después viene la depresión, el vacío existencial y la búsqueda de una medicación que adormezca la conciencia, sin esfuerzo, sin modificar nada. Así se fraguan muchas crisis. Desde un conformismo y una pasividad acomodaticia, basada en temores irracionales infantiles, inseguridades, conformismos varios.

He visto hace unos días la película “Caballero sin espada” de Capra. En ella, se ve como un ser humano, pelea hasta el límite de sus fuerzas por defender sus ideales. A la vez, se puede ver en la misma, como funcionan las actitudes de diferentes chantajistas y corruptos que pretenden desanimarle y asustarle en su lucha. Así ha sido muchas veces.

Yendo a una realidad inmediata, tenemos el ejemplo de un religioso en Perú, que será expulsado del país, por defender los derechos de los indígenas del Amazonas. Es decir, el gobierno peruano, decide expulsar a un señor que lucha por ayudar a personas del país. ¿Desde cuándo es esto un delito?

Podría poner ejemplos de estos desatinos humanos hasta la saciedad, pero no quiero aburrir a los lectores, que se asomen por aquí.

Por último, apelo a la inteligencia de todos, superdotados o no, para luchar por nuestros ideales, estén o no de acuerdo las autoridades. Llegar a tener un puesto de autoridad no es una garantía de tener sabiduría, tal vez sí de tener habilidades para “trepar” por los entresijos del sistema. La idea de autoridad, debería ir más ligada a la idea de autoridad moral o de sabiduría, como ya expresé en una entrada anterior. Por mi parte, sí estoy dispuesta a respetar la autoridad de los verdaderos sabios, aunque no siempre los entienda. Hay personas que inspiran y dan confianza, sin demasiados argumentos o razonamientos profundos, y hay personas con muy buenos razonamientos profundos, que no inspiran confianza. Así que, superemos a los superdotados y no pidamos solamente esos razonamientos, sino fuerza interior, sabiduría, coherencia, humildad, ecuanimidad o como mínimo honestidad y amor al prójimo.

Me parece, que más allá de la inteligencia, la fuerza espiritual y humana de las personas es más digna de inspirar confianza y de darnos una dirección más válida, para superar las crisis o para dejarnos guiar en nuestras vidas cotidianas. Y si no tenemos un sabio cerca (pues escasean), apelemos a la sabiduría y sentido común interiores, o al menos luchemos por cultivarlos en nosotros mismos.

miércoles, 7 de julio de 2010

¿SIRVE DE ALGO EL BUEN HUMOR?

Todos hemos experimentado, en algún momento de nuestras vidas, los efectos beneficiosos del buen humor y el alivio que puede suponer que alguien nos haga reír en un mal momento. Por esta razón, me parece importante, que como terapeutas, nos planteemos la pregunta, de hasta donde podemos influir en el humor de los pacientes, para que se sientan mejor.

Las personas con buen humor tienden a enfermar menos en general (física y mentalmente). ¿Quiere decir esto que el sentido del humor puede tener un efecto protector sobre nuestra salud? Y si es así, ¿podríamos afirmar que potenciar el humor puede ayudar a mantener o recuperar un buen estado de salud? Hay diversos estudios en los que se afirma que los pacientes hospitalizados se recuperan antes, cuando son capaces de considerar con humor su situación. El humor también facilita las relaciones de los pacientes con el personal hospitalario (1).

Estudios actuales apuntan a que hay una estrecha relación entre la risa y las endorfinas. El hecho de reír produce una relajación generalizada que favorece la producción de endorfinas, supone un alivio físico y psíquico a un tiempo. Las endorfinas favorecen una recuperación más rápida de las enfermedades (pues están estrechamente relacionadas con el sistema inmune), tienen efecto antidepresivo y ayudan a mantener la salud. Además, es de destacar su importante acción como mediadoras en el efecto placebo, cuya eficacia ha sido demostrada para el alivio de dolores diversos, padecimientos psíquicos (el 40% de los enfermos con depresión tratados con placebo mejoran), etc. (1, 2, 3, 4, 5). Hay endorfinas cuyos efectos son más potentes que los de la morfina, sin sus efectos secundarios. Las endorfinas tienen un importante papel neurotransmisor en el sistema nervioso central. Se ha comprobado su gran capacidad de despolarizar las membranas celulares, lo cual disminuye el impulso nervioso (2) y por lo tanto la irritabilidad o excitabilidad de las neuronas, que puede llevar a tener más ansiedad u otras alteraciones psíquicas o psicosomáticas.

Una actitud positiva ante la vida y el sentido del humor implican una bioquímica equilibrada, y esto contribuye a que el funcionamiento neuroendocrino del organismo sea más adecuado. En un estudio se pudo observar que la risa reducía los niveles de hormonas de estrés (6). Lo cual contribuye a la larga a una mejor calidad de vida (7).

¿No es cierto que la risa aleja al miedo, a la tristeza o a la preocupación? ¿De dónde sino viene esa manía popular de contar chistes? El chiste produce una ruptura presentando una solución imprevisible y sorprendente, fuera de toda lógica, el humor rompe la linealidad del pensamiento lógico. El humor ayuda a que nos desbloqueemos psicológicamente.

Freud defendía el sentido del humor como un mecanismo de defensa más sano que otros, y afirmaba que éste solían utilizarlo las personas más inteligentes. Para Freud el ingenio sería una subcategoría de lo cómico, una manera juguetona de abordar la realidad, por el descubrimiento de semejanzas y conexiones ocultas, por un mecanismo similar al que genera los sueños. Los chistes y los sueños cumplirían así una función psicológica básica de hacer emerger del inconsciente los contenidos reprimidos con diversos disfraces. Siendo así, una fuente de gratificación sustitutoria o una vía de hacer realidad un deseo: “El ingenio nos ofrece los medios para superar las restricciones y alcanzar fuentes de placer de lo contrario inaccesibles”. Así proporciona una vía para rebelarnos contra la autoridad, el miedo a la homosexualidad o incluso contra la razón, entre otros temas que son fuente de temor (8).

La risa es buena para la salud, así como tomarse las cosas con buen humor, positivamente y sin proyectar negatividad. Estos factores ayudan a tener una vida más plena.

Bibliografía:

1) Lawson, J.; Endorfinas. La Droga de la Felicidad; Ediciones Obelisco, Barcelona, 1990

2) Myers, D.G.; Psicología; Editorial Médica Panamericana, Buenos Aires, 1988.

3) Terenius, L.; From opiate pharmacology to opioid peptide physiology; Ups J Med Sci; 2000; 105 (1): 1-15.

4) Brody; H.; The placebo response. Recent research and implications for family medicine; J Fam Pract, 2000, Jul; 49 (7): 649-54.

5) ter Riet, G. y cols.; Is placebo analgesia mediated by endogenous opioids? A systematic review; Pain, 1998, Jun, 76 (3): 273-5.

6) Berk, L-S. y cols.; Neuroendocrine and stress hormone changes during mirttful laughter; Am J Med Sci, 1989, Dec; 298 (6): 390-6.

7) Hulse, J.R.; Humor: a nursing intervention for the elderly; Geriatr Nurs, 1994, Mar-Apr; 15 (2): 88-90.

8) Freud, S. ; El chiste y su relación con lo inconsciente; Alianza Editorial, Madrid, 1980.

viernes, 18 de junio de 2010

CORRUPCIÓN EN EL SISTEMA

No es nada nuevo decir que todo sistema o institución se puede corromper y/o enfermar. Más de una mente preclara ha escrito y ha denunciado diferentes modalidades de patología institucional. No obstante, me animo a dejar aquí unas pocas líneas al respecto…

Supongo que algún sentido tendrá que existan sistemas e instituciones, por aquello de organizarnos, cooperar unos con otros, tener unas pautas de actuación o simplemente buscar seguridad o lo que sea… Pero a la vez que existe el sujeto-sistema, existe la posibilidad de su enfermedad. ¿Se podrá curar?

Tal vez sea mi ingenuidad la que a veces me ha hecho confiar en la buena fe de quienes trabajan para diferentes tipos de sistemas. Y a veces he confiado con tino, pero otras no.

Lamentablemente, he podido observar, entre personas supuestamente ilustradas, diferentes dinámicas, que son tal vez herencia de nuestro pasado reptiliano, primate, o tribal (en el mejor de los casos). Trataré de poner algunos ejemplos.

En primer lugar, nos podemos encontrar con encarnizadas luchas territoriales o de poder más o menos explícitas, por parte de quienes aspiran a aumentar un poco su parcela de influencia, porque es muy posible que lo necesiten, porque su inseguridad les lleve a que no tengan capacidad ni para regir su propia vida con sensatez. Algo de seguridad básica debe faltarle al segmento reptiliano de su cerebro, que les empuja a luchar encarnizadamente por una mesa, un despacho o un poquito más de presencia y/o influencia.

A su vez es curioso comprobar, como con frecuencia, las personas con talento y capacidad, son marginadas, solamente por envidias o inseguridades, cuando no explotadas, para que aporten nuevos frutos con los que alimentar el sistema. Esto último no es más que una variante moderna del vampirismo.

Otra modalidad es la del descerebrado y/o desalmado cuyo deporte es el de la conquista y después escalada del mejor puestillo, dentro de la institución. Para esto sirven diversas artimañas. Es de antiguo conocida la estrategia de la seducción a través de la adulación a los jefes, el ser su IBM (“y veme por un”…), o tener una ascensión profesional meteórica a través estrategias que movilizan mecanismos hipotálamo-adrenales-genitales, o dicho de otra forma, ligarse al jefe. No desestimemos a las mujeres que tienen tal capacidad, pues el movilizar ciertos circuitos cerebrales primarios en el prójimo, puede ser más productivo que hacer la carrera en Yale o tener un expediente brillante. Y esto no es lo peor, a esto se añade, que debido a que esas personas que escalan fraudulentamente, están inseguras, dadas las artes escurridizas y ocultas por las que ha logrado su puesto, y por ello se dedican a lanzar envites sutiles o explícitos hacia quienes le aumentan su propia inseguridad, por ser mejores que ellas. Para éstas puede ser una gran incomodidad convivir con quienes son capaces por sí mismos, sin artimañas primitivas, de lograr sus objetivos. Es un pecado grave para ellos el tener libertad, autonomía o ideas propias. Esto con frecuencia, suele convertirles en objeto de la envidia y de la desconfianza y de no pocos ataques. Quizás porque como son más listos, podrían descubrir las estrategias un tanto tétricas, de los corruptos, para seguir escalando posiciones. El resultado, es hacerles la vida imposible a personas más trabajadoras y astutas. Lo cuál no beneficia precisamente a una mayor eficacia y funcionamiento del sistema, sino que solamente sirve para invertir demasiada energía en cuestiones poco productivas, cuando no, a esquivar un “apuñalamiento” por la retaguardia, en lugar de invertirla en un trabajo más productivo.

Podemos señalar otra forma de patología institucional, que se manifiesta, por quienes desarrollan su escalada, colgándose de la cuerda de otro, o chantajeando emocionalmente o de cualquier otra forma, a otros que se dejan esclavizar y son los “negros” del superprofe con trayectoria estelar, y miles de publicaciones, de las que no sería capaz de expresar una idea coherente, ni durante 5 minutos, dado que él no ha escrito prácticamente ninguna de las que constan en sus publicaciones. Ha tenido sus “esclavos”, que a cambio de ciertas expectativas futuras de éxito han escrito sus artículos, aunque su autoría no conste en ningún lugar. Por poner un ejemplo, conozco el caso de una persona que recopiló, redactó, entrevistó, estructuró e hizo todo lo necesario para escribir un libro que desarrollaban varios autores, y ni siquiera aparece en los agradecimientos. El profe de turno consta como compilador y autor de la obra. Espero que a la persona que lo hizo tal vez, al menos le dieran las gracias. Añado que me consta que no recibió ninguna remuneración por su trabajo.

Pese a todo lo dicho, no quiero dejar la impresión de haber caído en el desaliento. Sigo creyendo en las personas, en que pueden tener buena fe, mejorar y evolucionar. Se puede transformar una vida basada en el miedo, en una vida basada en el amor. Tengo confianza en que el trabajo de quienes luchamos honestamente por ciertos ideales, tenga algún frutos. Y es posible, que esas personas enfermas, que enferman el sistema, tengan alguna cura. Confiemos en sus corazones y en la posibilidad de ayudarles a pensar que pueden ser libres, algún día, de sus miserias.

Mientras tanto, me mantengo en el sistema universitario. Porque creo en mis alumnos y en lo que pueden llegar a ser y porque me parece, que es necesario ayudar a sanar al sistema desde dentro. Quizás tenga razón o quizás no. Mientras no lo tenga claro, lo seguiré intentando… Si me dejan…

jueves, 10 de junio de 2010

¿QUÉ ES LA LOCURA?


La locura es algo que intriga, asusta y fascina, a un tiempo. El “loco” es visto habitualmente, como alguien misterioso, peligroso, interesante, etc. Incluso se le rodea en ocasiones de un halo mágico o numinoso. Podemos ver en la literatura, en el cine y en la poesía, numerosas alusiones a la locura, pues ha sido un fenómeno que ha atrapado la atención de los artistas, quienes también han sido muchas veces tomados por locos.

En la mente de la mayoría de gente hay una idea aproximada de lo que es la locura. Podemos observar en el lenguaje cotidiano, como decimos “qué locura”, “estás loco de remate”, “me tiene loco”, etc. De una forma sutil y no muy consciente, se va fraguando en nuestras mentes un concepto que creemos tener muy claro, a la vez que si nos lo preguntamos, nos resulta difícil poderlo explicar con claridad. Incluso en mi caso, que me dedico a estas cosas de la Psiquiatría, me surgen ciertas dudas, sobre si es un concepto tan claro y definido como nos pretenden mostrar, en nuestros estudios.

Con respecto a la historia de la humanidad, desde que existen los documentos escritos, hay alusiones a fenómenos relacionados con la locura. Ya se habla de ella en el Antiguo Testamento y en textos de los orígenes del Hinduismo y del Budismo. Vemos por ello que este concepto es mucho más antiguo que la propia Psiquiatría, que es una disciplina que aparece a finales del siglo XIX.

La idea de lo que es la locura ha variado de unas épocas a otras y entre unas y otras culturas. En la Edad Media, se achacaba la locura a fenómenos mágicos o sobrenaturales y el loco era alguien que, por ejemplo, sufría un castigo o una posesión divina. Por ello, muchos de ellos han sido víctimas de agresiones, destierros o ejecuciones, por causa de sus padecimientos, probablemente por el miedo que suscitaban a los que se consideraban, a sí mismos, cuerdos.

También, esta situación de discriminación, ha estado unida a un cierto temor al contagio, a la transmisión de los “virus” que parecían llevarse a la gente a lo más recóndito de otro mundo. Incluso entre algunos psiquiatras, se mantiene una cierta actitud aprensiva que fuerza la distancia y los límites que se ponen al paciente, como si fuera un ser de otro mundo, que emana miasmas nocivos y contagiosos.

Por otra parte, existen culturas, como la islámica, en las que la locura se consideraba antiguamente como un privilegio, en alguna de sus manifestaciones, pues se creía, que en algunos casos, esas personas eran seres excepcionales elegidas por Dios.

En la actualidad, dentro de la Psiquiatría, se considera que el “loco” es el psicótico, que sería aquél que vive en una especie de realidad paralela e irreal, y no es capaz de tomar contacto con la realidad de otros. Además sufre alucinaciones, y tiene comportamientos que aparentemente no tienen sentido. Siendo otra característica del “loco”, no ser consciente de que lo está. Quién sabe, quizás muchos que se consideran a sí mismos normales sean locos, pues no perciben nada de su propia “locura”.

Esta descripción parece clara y fácil de comprender. Pero en la práctica no resulta tan sencillo. A veces me surge la pregunta de si algunas personas excepcionales, muy creativas o imaginativas, o con una sensibilidad espiritual especial, no podrían ser consideradas por locas, por la Psiquiatría de hoy en día. Una persona como San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Buda o Jesucristo, lo más probable es que hoy en día acabara ingresada por la fuerza en un psiquiátrico y medicada por psicótica. Sin tenerse muy en cuenta si su experiencia subjetiva es enriquecedora para sí misma y para los demás.

La idea de la “locura” a veces peca de vaguedad y reduccionismo. Tiene en el riesgo de meter en el mismo saco a los enfermos, que a los sensibles, los místicos o los creativos. Además, también tiene el riesgo de no ver la totalidad de la vida interior de la persona y acabar viendo una etiqueta por encima de lo que es un ser humano. Y quién sabe, es posible que el viaje por la locura, pueda ser enriquecedor y transformador, como les ha pasado a algunas personas. Aunque, por desgracia, en la muchos casos está plagado de gran sufrimiento y desesperación.

Bajo estos planteamientos, Van Goh, Virginia Wolf, o los ya dichos podrían considerarse simplemente como personas locas, por ciertas manifestaciones de su vida psíquica, y por no tener en cuenta otros aspectos geniales de su existencia. La verdad es que no me basta con saber un diagnóstico, sólo me dice una pequeña parte de la vida interior de alguien, algo roto o herido, pero eso no quiere decir que la vida de alguien no pueda ser rica, genial o valiosa.

También, se ha tachado de locos a personas de otras culturas que dicen comunicarse con espíritus o tener experiencias extrasensoriales, porque esto no encajaba en nuestros parámetros experienciales. Y yo me pregunto si para un indio del Amazonas no le resultaría loco vivir entre asfalto, relacionarse más con aparatos que con personas o seres vivos o pasar horas en vela escuchando una música infernal e intoxicando el organismo.

Y por último me pregunto ¿No será un poco loca esa idea de locura, que etiqueta, secciona y separa y no ve a la persona completa ni lo más esencial de ella?

viernes, 28 de mayo de 2010

¿PODREMOS SALIR DE LA CRISIS?


Estamos en el medio de una crisis económica mundial, que de una u otra forma nos salpica a todos.

Las reacciones ante la misma, son de muchos tipos. Hay reacciones de inseguridad, miedo, actitudes desafiantes o luchadoras, enfado, desesperanza, etc.

Una de las reacciones que más estamos presenciando, a través de los diversos medios de comunicación, es la del miedo. Un miedo a no salir adelante, a que se caiga nuestro mundo, a la pobreza, a la inseguridad, etc. Y es un miedo comprensible. Pero me pregunto por qué no nos damos cuenta de que esta crisis también es una oportunidad para demostrar lo que podemos dar de nosotros mismos, luchando por salir adelante, en lugar de lamentarnos constantemente. No veo muchas noticias, en los periódicos, que alienten a luchar (alguna hay, pero son las menos), o a tomar consciencia de nuestras responsabilidades personales, con respecto a esta forma de vida que llevamos, tan materialista, consumista y superficial. La mayoría no se da cuenta de que este sistema lo mantenemos entre todos y la lucha no es arreglarlo para que siga siendo el mismo, sino arrimar el hombro para transformarlo en algo mejor. Fomentar el consumismo, la codicia, la competitividad, el egoísmo, no creo que sean las mejores medidas para mejorarnos. Y tener la posibilidad de fundir nuestro dinero en cosas innecesarias tampoco. Así es como hemos vivido, y así hemos llegado a donde hemos llegado.

Ahora, tristemente, ya no se trata solamente de que muchas personas se quedan sin sus caprichos, sino de que muchas no tienen cubiertas las necesidades básicas. Algo que por otra parte no es nuevo en una buena parte del mundo.

No parece tenerse mucho en cuenta, que hay otras personas, aparte de cada uno de nosotros, que están sufriendo penosamente esta situación. Pues ante la crisis, parece estarse reafirmando el individualismo y cada cual agarra con más fuerza su cartera, esperando defenderse de posibles atracos que vengan, por cualquier parte. No es de extrañar, dado que hasta el propio Estado puede robarnos la cartera (como estamos viendo). Pero me pregunto por qué tan pocos buscan soluciones globales, no solo para su familia o los de su pueblo o los de su país. Y me pregunto por qué, no pensamos en arrimar el hombro todos juntos, por qué no buscamos luchar por encontrar salidas más justas, por plantearnos la vida de otra forma, por mirar más en nuestro interior y preguntarnos qué podemos aportar nosotros. Pues todos, lo creamos o no, podemos hacer algo por mejorar las cosas, si unimos fuerzas, de alguna manera. Me pregunto también, por qué tenemos tan poca memoria de la historia nuestra, pues hemos salido de las cavernas y de unos mecanismos de supervivencia básicos, a tener otras posibilidades. Si hemos salido de esa situación hace siglos ¿no tendremos recursos ahora que ya no somos Neanderthales? ¿O es que estamos experimentando una regresión como especie y no somos conscientes de nuestras propias capacidades?

Si este país salió adelante después de una guerra civil y el mundo se sobrepuso a dos guerras mundiales. ¿No podemos hacer algo ahora por reconstruir nuestro mundo? ¿Es necesario señalar fundamentalmente las miserias, los errores pasados, los miedos y no mostrar caminos para salir adelante? Y por otra parte ¿tiene sentido mantener el mismo sistema hipócrita y materialista si ya hemos visto que no funciona?

Me parece que sería más esperanzador pensar en las necesidades de todos los seres humanos del planeta, dándonos cuenta de que no todas las necesidades son materiales. Mirar a otras cuestiones más espirituales, como la solidaridad, el amor, el sentido común, la racionalidad, la esperanza, etc, tal vez ayude a asumir nuevas perspectivas, más realistas y completas, por tener en cuenta, más integralmente las necesidades de los seres humanos de esta tierra y quizás, den más ideas para superar esta crisis y las que se puedan avecinar.

Tal vez suene ingenua mi propuesta, pero por ahora, es la que se me ocurre…

martes, 18 de mayo de 2010

PENSANDO EN EL FUTURO DEL MUNDO



A veces me pregunto cuál será el futuro de nuestro mundo. Y no me refiero solamente al futuro de nuestro planeta, sino también al futuro de la humanidad, pues los destinos de ambos parecen estar estrechamente interrelacionados.

Con respecto a nuestro planeta, sabemos que estamos destruyendo nuestras reservas naturales, consumiendo más de lo que el planeta puede producir, contaminándolo, etc. Y parece que esto, por ahora, avanza sin parar. Se van haciendo leyes, se nos pide que reciclemos, no contaminemos, etc. Pero me parece que la solución esté tan sólo en leyes, imposiciones externas, etc. Sin un cambio más profundo de la conciencia de los seres humanos, da la impresión de que poco se puede cambiar. Sin superar nuestro egoísmo y nuestra estupidez, es posible que este mundo no dure demasiado tiempo, pues sin ello es imposible que nos comprometamos con nuestra propia supervivencia y felicidad.

En paralelo con la contaminación terrestre, las conciencias de los seres humanos parecen estar sufriendo algún tipo de contaminación interior. Estamos en un momento histórico, en el que el egoísmo de las personas es más patente; el individualismo parece ser un valor absoluto y lo que se han llamado valores espirituales, parecen ser valores pertenecientes a películas de ciencia ficción o a épocas remotas, de un pasado ya perdido y olvidado. Muchos seres humanos andan desconectados de sus almas. Es cierto que es posible que esto no sea un problema de ahora, sino algo que sucede desde que existe el hombre. Sabemos que diversos escritores y sabios de antaño, han hablado de la falta de valores, del egoísmo, del pecado, del error humano… Pero en las historias y leyendas de otras épocas, parecía haber una referencia a valores más elevados, como algo a lo que el ser humano podía aspirar para ser mejor, para elevarse como persona y desarrollar sus potencialidades. Las historias de los héroes nos remitían a las máximas posibilidades humanas. Los mitos, nos mostraban seres de otros mundos, que reflejaban nuestras inquietudes más profundas, etc. Pero si vemos las historias que hoy en día triunfan, nos encontramos con mucha vacuidad y estupidez. Basta con encender la televisión para darnos cuenta de cuáles son los nuevos “héroes” que convocan a las masas. En muchos casos se trata más bien de antihéroes, que patéticamente, desfilan ante nuestros ojos, para ayudarnos a olvidarnos de quienes somos realmente.

A la vez, algunos idealistas quieren luchar por un mundo mejor. Muchas veces con conciencia y sabiduría, otras ingenuamente. Pero en ocasiones, muchos parecen querer sentirse salvadores de los demás, para así sentirse importantes.

Como contrapartida, cada vez son más quienes apelan a valores espirituales, en algunos ámbitos. En ocasiones dando muestras de una gran fuerza interior y sabiduría. Pero en otras, esto no es tan cierto, puesto que plantean que la verdad está en la ruptura con nuestra historia y tradiciones, sin recoger los frutos que han dejado nuestros mayores.

Otros nos quieren vender la moto, de que si reciclamos seremos más humanos y felices y que con eso basta… Otros, como el director ejecutivo de Microsoft, nos cuentan que el futuro de nuestras vidas consistirá en “interactuar con una pantalla de la misma forma que con un ser humano, será una innovación clave de los próximos 10 años”. Como si esta fuera la clave de nuestras vidas futuras…

Y yo... mientras tanto, me sigo preguntando si este mundo será mejor o peor, en el futuro, o seguirá del mismo modo… Si es que sigue existiendo, de aquí a unos años. Me pregunto, si esa transformación de la consciencia, de la que algunos hablan, será real o se trata de mera fantasía. Me gustaría creer, que los seres humanos llegarán a esa masa crítica de la que se habla. Una masa crítica de personas transformadas y conscientes, que nos darán claves para un mundo mejor. Entretanto, quizás sea mejor intentar desarrollar una “masa crítica” de paz, sentido común, amor, empatía, sabiduría y compasión en nuestro mundo interior. Quizás, si aprendemos a salvar el propio mundo interior, tengamos alguna clave de por donde se salva nuestro mundo. Y ese mundo interior, parece no salvarse tan sólo por uno mismo, sino que la búsqueda de un valor superior, de una conciencia superior, de un Ser superior, parece ser una pieza clave, en este proceso, como ya nos han contado muchos sabios.

En este proceso, si somos capaces de tener más conciencia y consciencia, de lo que es realmente el mundo (interior y exterior), es posible que nos comprometamos realmente con nuestro presente, para llegar a vivir en un mundo mejor y construyamos o encontremos ese paraíso tal vez perdido (como diría José Antonio Delgado) o tal vez nunca encontrado... Tal vez en la tierra, tal vez en el cielo, tal vez en nuestro propio interior, o en todos ellos...

viernes, 7 de mayo de 2010

PLAGIO EN LA UNIVERSIDAD



En estos días me hallo corrigiendo numerosos trabajos de mis alumnos. Algunos son interesantes y llenos de vida. En ellos se refleja una inquietud sincera por el aprendizaje y algo de sus almas se refleja en unos escritos que inicialmente, se podrían considerar aparentemente impersonales. Da gusto leerlos. Otros son correctos, adecuados, pero un tanto fríos. Otros chapuceros, con vida, pero con precipitación. En todos se ve algo de la persona, que inconscientemente deja ahí algo de sí misma.

Pero hay un tipo de trabajos, que a mí me generan una cierta inquietud. Son los trabajos copiados casi totalmente de una web, “gracias” a los grandes avances de las tecnologías modernas. Ocasionalmente, me encuentro con algún trabajo, en el que el alma del alumno no parece encajar con lo escrito. Al leer tengo una especie de desconcierto, como me ocurrió hace un par de días, al leer uno de estos trabajos. Me siento desconcertada por una falta de encaje entre lo escrito y lo que he captado del alumno durante el año. Al leer este tipo de trabajos, inicialmente tengo una cierta incomodidad, falta de concentración, sensación de que algo no me encaja… E inicialmente no quiero pensar mal. Después, me voy dando cuenta de que esa manera de escribir no puede ser de esa persona, y empiezo a sospechar, pero algo dentro de mí no se lo quiere creer. La alumna en cuestión me cae bien y me gustaría que sacara una buena nota. Sigo leyendo sin querer creerme lo que veo, pero llega un momento en el que me tengo que rendir a la evidencia. Meto una frase del trabajo en Google y eureka!! , ahí está, el trabajo que íntegramente ha copiado de una web. Tan solo se ha molestado en cambiar un poco el formato y en agregar alguna imagen. Bueno, por eso, algo se le podrá dar, pero evidentemente no puedo aprobar lo que ha hecho. Aparte de intentar engañarme, ha violado una ley de propiedad intelectual. Ha plagiado!! Y eso que llevo todo el curso diciéndoles que si plagian son delincuentes, con una cierta ironía, para no ofender a nadie…

Me pregunto, qué lleva a un alumno, que quiere ejercer una determinada profesión, a copiar tan descaradamente. Pues si al menos lo hiciera bien, lo sabría disimular y estaría mostrando una cierta habilidad… Me parece que la manera en la que están planteados los planes universitarios, algo tiene que ver con esto. Con el plan Bolonia les tenemos fritos a hacer trabajos. Pero también hay algo en el alumno de falta de interés, desidia, querer salir del paso sin aprender nada, agobio o qué sé yo… Quizás no le interesa la cuestión del trabajo, o juega al escondite. ¡Qué sé yo!!

La cuestión es que el plagio está a la orden del día en el mundo universitario, que la creatividad apenas se ejercita y que parece que la gente no sabe expresar mucho de su alma. No sé si sentir rabia, frustración, compasión…

Pero este plagio del que hablo no es el más preocupante. Pues algo similar es ejercido por algunos docentes, que publican trabajos de alumnos con su nombre (sin poner al alumno), que se apropian de ideas de los alumnos para el desarrollo de proyectos de investigación, arquitectónicos, etc. Y los alumnos poco pueden hacer ante esto, si se enteran… Por ahora… Esperemos que poco a poco las cosas puedan cambiar. A mí, por lo pronto me robaron alguna idea (y con otras lo intentaron…), mientras trabajaba como becaria, en la universidad… Difícil veo recuperarlas… Espero que les sirvan para algo útil, dado que no son capaces de desarrollar sus propias ideas…

martes, 27 de abril de 2010

¿FUE SIGMUND FREUD UN CHARLATÁN?


Se ha publicado recientemente un nuevo libro, que ha levantado una importante polémica, sobre la vida de Freud, en el que éste es acusado de charlatán, mentiroso, fracasado, etc.

Para los que trabajamos en el ámbito de la Salud Mental, este tipo de acusaciones no resultan novedosas ni originales, sino más bien cotidianas. Aparecen dentro de los comentarios de pasillo, opiniones de profesionales con orientaciones psicoterapéuticas diversas, o se muestran como expresiones prejuiciosas de quienes se sienten atacados y dolidos con algunas de las afirmaciones del Sr. Freud.

A mí no me resulta ajeno escuchar, entre mis alumnos, cuando les pregunto sobre qué saben de Freud, afirmaciones como: “se le fue la pinza…”, “estaba loco” o “a ver si va a resultar que eres más psicoanalista de lo que pareces…” en tono acusador, hacia mi persona. Incluso, en algún momento, ha habido algún filósofo que me ha pedido que le ratificara que el psicoanálisis no es científico y que le recomendara artículos en que se demuestre que no lo es y que le ayudara a buscar pruebas de que no hay estudios científicos, que muestren su eficacia, en ningún trastorno. ¿No son esto prejuicios? Me pregunto cómo es posible llegar a conclusiones semejantes, sin un conocimiento mínimo de los planteamientos de un autor y de sus aplicaciones prácticas. Sí respetaría dichas conclusiones, si partieran de un estudio riguroso de las hipótesis y métodos de los planteamientos del autor, puesto en cuestión.

Desde que Freud inició su novedoso periplo, su andadura no ha estado exenta de dificultades. En parte por presentar teorías novedosas, que ponían en evidencia ciertos aspectos oscuros del ser humano y en parte, por hacer afirmaciones sin mostrar suficiente fundamentación y rigurosidad. Pero a pesar de tanta objeción y resistencia a sus teorías, pocos autores han tenido tanta influencia en el lenguaje de una cultura, en la literatura, el cine o la misma ciencia como ha sido el caso de Freud. Filósofos, escritores, cineastas, psicólogos, psiquiatras, entre otros muchos, se han interesado en indagar en los planteamientos freudianos y se han dejado inspirar por ellos, para desarrollar sus propios trabajos. Por otra parte, pocos autores han tenido tanta repercusión en la práctica clínica, como ha sido el caso de Freud, al que se ha llegado a llamar el “padre de las psicoterapias”. Numerosos conceptos acuñados por él son imprescindibles en el lenguaje clínico, como es el caso de los conceptos “consciente”, “inconsciente”, “transferencia”, “actos fallidos” o “mecanismos de defensa”, entre otros. Sin olvidar, que numerosas escuelas de terapia, cuyos tratamientos se aplican con éxito a diferentes tipos de problemas humanos, tienen una inspiración importante en planteamientos psicoanalíticos. Tal es el caso de la Gestalt de Perls, la Logoterapia de Frankl, la Psicología Analítica de Jung, la Psicología individual de Adler, la Bioenergética de Lowen, el Psicodrama de Moreno, la Psicoterapia Centrada en el Cliente de Rogers, diversos tipos de Psicoterapias Breves o las terapias Sistémicas, entre otras. Sobre muchas de éstas y otras de corte más directamente psicoanalítico, hay estudios de eficacia, ante diferentes trastornos (como son los trabajos de Bateman y Fonagy sobre su eficacia en pacientes con trastorno límite de la personalidad), sin obviar, la nutrida literatura existente, sobre estudios de caso único, aportados por numerosos psicoanalistas, en los que se quedan reflejados los beneficios que han obtenido muchas personas. Por algo, la Asociación Americana de Psiquiatría recomienda aplicar este tipo de tratamientos, para algunos trastornos psíquico. ¿Serán ellos también unos charlatanes?

Con todo lo planteado, no quiero decir que todos sus principios sean infalibles, ni que su método sea la panacea para cualquier problemática humana. El psicoanálisis, como la vida humana, tiene sus luces y sus sombras…

Aparte de lo dicho, no podemos olvidar, que después de Freud, el psicoanálisis ha evolucionado, y se han ido desarrollando otros planteamientos, que resultan en muchos casos, de interés y utilidad para cualquier clínico. Por ejemplo, tenemos a autores como Carl Gustav Jung, Alfred Adler, Otto Kernberg, Otto Rank, Erich Fromm, Alice Miller, Sandor Ferenczi, Erik Erikson, Harry Stuck Sullivan, etc.

En tiempos relativamente recientes, es reseñable el trabajo de el premio Nobel Eric Kandel, por ejemplo, en su artículo A New Intellectual Framework for Psychiatry en el que plantea la interrelación que se da en el ser humano entre los planteamientos de la neurobiología y del psicoanálisis.

Quizás, algún lector de este texto, puede considerarme como sospechosa de psicoanalista y suponer que escribo mediatizada por mi secta. Pero siento decepcionar a quién esgrima semejante idea, pues no me identifico con los planteamientos psicoanalíticos, aunque he de reconocer honestamente, que aportan numerosos elementos valiosos al desarrollo de una psicoterapia. Freud dio los primeros pasos, para el desarrollo de la comprensión interior del ser humano y gracias a su trabajo se han podido seguir investigando y conociendo numerosos aspectos relevantes de lo que les ocurre a las personas. Su legado ha sido valioso e inspirador y ha abierto una puerta a la exploración de nuestro mundo interior. ¿Es justo acusarle ahora de charlatán y mentiroso? O mejor dicho ¿es esto realista?

Por último, quiero recomendaros una interesante película de John Huston, sobre la vida de Sigmund Freud, que ayuda a tener una visión interesante sobre el mismo. Se titula Freud, pasión secreta.

Podéis leer también sobre este tema, los comentarios de José Antonio Delgado y de Moisés Garrido.


miércoles, 21 de abril de 2010

PSICOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD: ENTREVISTA EN LA REVISTA FUSIÓN



Por si es de vuestro interés, os comento que acaban de publicar una entrevista, que me han hecho, en la Revista Fusión. La temática ha sido sobre Psicología y Espiritualidad, por ser una temática con la que estoy trabajando. Espero que os guste.

Podéis leerlo en la sección de Entrevistas de dicha revista en: www.revistafusion.com

lunes, 12 de abril de 2010

DE ODISEA POR MADRID


Hace años viví un día inolvidable, lleno de peripecias, por Madrid. Aquí comparto con vosotros mi aventura... Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia...

Hasta ese día, la frase "Madrid me mata", me había parecido un poco exagerada. Hoy me parece absolutamente realista e incluso podría decir que se me ha quedado corta, porque si el día dura un poco más o me mata, o acabo cargándome a alguien, o suicidándome en defensa propia.

Me levanté tranquilamente esa mañana, para llevar a cabo la sencilla misión de acompañar a dos personas a dos lugares distintos. A Carlos (un joven de unos 25 años con aspecto desaliñado) tenía que llevarle al tren que le conduciría a Palencia a un centro para rehabilitación de toxicómanos y a continuación, llevar a Eva (su novia, de 20 años, con aspecto “modernillo”) a un Hospital de Madrid, para su desintoxicación de heroína y cocaína. Sencilla misión encomendada por un simpático amigo y colega (médico), que a veces entretiene a sus amigos en tareas altruistas y filantrópicas, como ésta. Lo cual no está mal si las cosas salen bien...

Todo muy sencillo, aparentemente. La aventura comenzó al llegar a su casa. Carlos me chantajeó negándose a ir a Palencia, sin haberse "puesto" algo, porque no tenía ninguna medicación para soportar el "mono" y así no podía viajar. Y paradójicamente, para evitar males mayores, me vi dándole dinero para "ponerse". Si alguien me hubiera contado el día anterior que yo iba a comprarle a un "colega" una dosis, le habría dicho que deliraba. Quizás la que estaba en estado delirante era yo, cuando me dejé embaucar tan fácilmente. Además, por culpa de esta "inteligente" gestión, tuvimos que coger un taxi para no perder el tren y nos quedó el dinero justo para el billete. Se subió al tren prácticamente en marcha y con la "pasta" para pagar el viaje. Aparentemente, la primera parte de la misión estaba cumplida.

Una vez cumplida la primera parte, pensaba que no seria más complicado llegar al hospital Carlos III, porque tenía en mi poder un bono-metro y ganas de llegar. Pero camino del Metro, la cosa se complicó; a Eva le dio un "patatús" (lipotimia para los médicos) y se quedo estampada en el suelo, pues no podía tenerse en pie y para colmo, al mirar el plano del Metro, pude comprobar que no habla ninguna parada cercana al hospital, al que nos dirigíamos. ¿Cómo llegar sin un duro a nuestro destino? Un empleado del Metro se dignó en dejarme llamar a una ambulancia, tras quince minutos de explicaciones, pero al otro lado del teléfono, me tope con un monstruo llamado burocracia; argumentando que no podían llevar a Eva al Hospital Carlos III porque no era su ruta habitual. Sí me podían llevar al Hospital La Paz, que estaba a la gran distancia de dos minutos, de nuestro hospital y más lejos que éste, de donde estábamos. Poco le importaban mis explicaciones, de que en el Carlos III estaba previsto el ingreso de Eva, así que llevarla a La Paz sólo iba a complicar las cosas y a malgastar inútilmente tiempo y recursos. Por más que apele al sentido común, éste se mostró huidizo en la mente de mi interlocutor, si es que quedaba algo en algún resquicio de su cerebro, ya que mecánicamente repetía una y otra vez la misma frase: "es imposible porque nunca se ha hecho así". ¡Magnífico argumento! Me pregunto que métodos de sugestión se usarán para manipular tan eficazmente a los empleados públicos. Colgué el teléfono en un arrebato de desesperación y arrastré a Eva hasta la parada de taxis, convencida de que entre los taxistas habría algún ser humano. Pero no hubo suerte, debían estar todos de vacaciones ese día. Inicié una peregrinación de un taxi a otro, explicándoles que no tenía medios para llegar al hospital que estaba a dos minutos en coche, que Eva estaba embarazada y en muy malas condiciones físicas, que era una urgencia medica, etc., etc...

Todo fue en vano porque no pronuncié la palabra mágica: "dinero". No había nada que hacer, sus cuellos sufrían espasmos bidireccionales alternativos que expresaban negación, mientras sus hombros subían y bajaban expresando indiferencia. Negación de sí mismos, indiferencia ante su propia vida, pues no valoraban la de otra persona. En fin, peor para ellos. Ni siquiera se conmovieron ante mi oferta de darles a cambio mi anillo y mis pendientes, porque debieron de darse cuenta de que no eran de oro de 24 kilates.

En medio de tan frenética actividad, pude atisbar a lo lejos a un representante de la justicia, al que me acerqué, suponiendo que haría honor a lo que representaba. Pero no, el "poli" sufría los mismos espasmos, que sus desalmados congéneres los taxistas y ante mis explicaciones sólo sabía decirme que no era esa su función, mientras estaba cómodamente sentado, en su flamante coche. Debí darme cuenta antes de dirigirle la palabra, de que padecía el mismo mal que los taxistas, de que de alguna manera también estaba "muerto". A lo mejor ocurrió esto porque no pronuncié la palabra mágica.

En un arrebato de desesperación, me dediqué a abordar a los transeúntes, pensando que no era posible que coincidieran en el mismo sitio y a la misma hora tantos desalmados juntos. Pero sí era posible, todos ellos respondían con la misma actitud estereotipada y vacía. Hubiera sido alentador que alguno diera muestras de asco o de enojo, porque al menos habría sido una señal de que estaban vivos, pero fue imposible.

La fase siguiente de la operación fue infiltrarme en un hotel para rogarles que me dejaran hacer una llamada al Carlos III y afortunadamente me topé con una "persona" que me dejó llamar. Lo curioso del asunto fue que en el hospital otra vez se paso al teléfono “el monstruo de la burocracia”, que había tomado la voz de una doctora y me volvía a decir que era muy difícil mandar a Chamartín una ambulancia sin hacer unos cuantos papeleos y que llamara en media hora para ver si era posible hacer algo. Le respondí preguntándole qué podía hacer con el cadáver, si se me moría en esa media hora. El “monstruo” no había previsto esa pregunta y se quedó mudo, y yo, como estaba harta le colgué. En ese momento apareció Eva un poco recuperada para avisarme, de que uno de los que habíamos abordado antes, se habla apiadado de nosotras y nos llevaba al hospital. ¡Un milagro! ¡Habla resucitado! Mientras íbamos en su coche, nos amonestó a ambas diciendo: "A ver si lo dejáis" (la droga). ¡Ya sólo me faltaba que me tomaran por yonqui!, le aclare la situación al 'bienintencionado” muchacho, el cual me dijo que ese comentario era por nuestras pintas informales... Está claro que no les habría dicho lo mismo a dos "niñas pijas", es increíble lo que para algunos cuentan las apariencias. Aunque no debo meterme con él porque al menos conseguimos llegar a hospital.

En el anhelado hospital le hicieron a Eva unos análisis, la historia clínica, etc... Y mientras, mi problema era que yo tenía que llamar a Palencia porque con las prisas con que Carlos cogió el tren, no pude darle el teléfono de su destino, así que tendría que llamar yo para que lo fueran a recoger y no se perdiera. Como yo no tenía ni cinco duros para llamar a alguien y pedirle que hiciera la llamada a Palencia, le rogué a una de las enfermeras que acababa de tener una frívola conversación telefónica, que me dejara hacer una llamada y me dijo que eso no era posible porque ese teléfono no se podía usar para llamar (supongo que acababa de tener una alucinación) y me sugirió que fuera a un teléfono publico. Le expliqué mi problema económico y otra que estaba con ella me dio 50 pesetas. Con las que llame a una amiga para que llamara a Palencia y a mi amigo, el que me encomendó la misión (que se había ido a Segovia y probablemente ya había vuelto) para que llamara al hospital.

La siguiente batalla fue para pedir al personal de urgencias que le dieran a Eva algo de comer, pues acababa de decirme que llevaba en ayunas 24 horas, lo cual podía tener una lógica relación con su desmayo previo. Los de las urgencias me respondieron diciéndome que era imposible darle comida porque “nunca se ha hecho eso en urgencias”. Por lo visto, también les poseía el mismo monstruo así que Eva siguió en ayunas.

Al rato nos fuimos a hablar con la asistente social, que para mi sorpresa resultó ser una buena persona, pero estaba empeñada en mandar a Eva a un centro de desintoxicación Evangélico, en el que quitan el "mono" rezando y no les dejan fumar; cosas que a Eva no le seducían especialmente. De todas formas, intentó conseguirnos una ambulancia para salir de allí, pero el "monstruo" de siempre, se lo impidió. Entonces me pasé a hacer llamadas desde su teléfono, para intentar localizar a alguien que nos fuera a buscar. Tras varios intentos frustrados localicé a mi amigo Roberto, que nos fue a rescatar en su coche y que alucinado no conseguía entender nada (pues es poco habitual llamar a amigos para que le rescaten de situaciones como esta). Nos llevo hasta la consulta de Jesús, pero allí todavía no habla llegado nadie (a todo esto, ya eran las 4:30 de la tarde). Pronto empezaron a llegar pacientes ,que se iban acumulando en el descansillo de la escalera mientras Eva dormía plácidamente en el felpudo (acurrucada y tranquila como si no hubiera roto un plato en su vida). Pudimos vivir momentos entrañables de intercambios de diversas confidencias, sobre delirios y otros “problemas personales”, en los que aproveché para hacer una especie de terapia de grupo, antes de que alguien perdiera del todo algún “tornillo” del todo y ocurriera alguna catástrofe. A las 5:30, llegó alguien que nos abrió la puerta y pudimos entrar. Jesús llego más tarde porque se le habla estropeado el coche viniendo de Segovia.

Para rematar el día, cuando llamé a Palencia, para averiguar si Carlos había llegado, me dijeron que por allí no había aparecido. Me empecé a imaginar a Carlos con las 4000 pelas con que se habla subido al tren, bajándose por otra puerta y yéndose tan contento a "pillar". ¡Estupendo!, no había salido nada bien de la historia.

Después de que Jesús acabara con sus pacientes, llevamos a Eva (ya eran las 9 de la noche) al Alonso Vega (un hospital psiquiátrico), donde quedó "felizmente" ingresada. Y mientras estábamos allí, llamo Carlos al "busca" de Jesús, diciéndole que estaba en su casa en Madrid y que fuéramos para allá. Primera operación, fracasada. Una vez allí nos contó que cuando llegó a Palencia se fue a buscar su destino y encontró un centro de desintoxicación, preguntando a los del lugar (ya que no tenía las señas). En dicho centro, estaba todo el mundo rezando y le exigieron malhumorados cuando entró que apagara su cigarro. ¡Los evangélicos atacan de nuevo! Horrorizado por el panorama volvió a la estación y cogió un tren (de polizón) para volver a Madrid, pues le pareció más "lógico'' que irse a buscar el otro “Centro", ya que estaba en la otra punta de la ciudad.

Sin comentarios...

lunes, 5 de abril de 2010

VIAJANDO HACIA LAS PROFUNDIDADES DEL ALMA


Hablar de alma, hoy en día, despierta a veces ciertos resquemores, especialmente en el ámbito psiquiátrico-científico, pues se considera que eso del alma, al ser algo intangible, es algo inexistente y que resulta más fácil medicar, tratar síntomas y hacer que la gente piense lo menos posible. Algo que resulta un tanto extraño y paradójico, para cualquiera que tenga un poco de sentido común.

Cuando se me ha ocurrido escribir acerca de este tema, es porque desde mi propia experiencia y la de otras muchas personas que conozco, su evolución personal e incluso su sanación ha tenido que ver con un viaje a las profundidades de su alma. Es decir, con recorrer un camino, en general tortuoso y complicado, hacia su autoconocimiento, para saber qué quieren realmente de la vida, quienes son o cuáles son los aspectos que les resultan realmente importantes para llevar una existencia significativa y feliz. Pero esto no es fácil y no hay fórmulas mágicas para conseguirlo de un salto. Este desarrollo, requiere mucho esfuerzo, en todas las etapas del camino y nuevas pruebas que se van presentando en cada recodo. Esto no quiere decir que la felicidad no sea posible, sino que la misma, forma parte de un trabajo interior, del desarrollo de una actitud en la vida, que nos ayude a afrontar los conflictos y pruebas de la existencia, con apertura, deseo de aprender, paz interior y curiosidad. Teniendo presente, que por ejemplo, la paz interior, no es algo que dependa de acontecimientos externos, sino de crear armonía dentro de nosotros mismos.

Todo esto del mundo interior suena un tanto ambiguo y difuso para muchas personas, por sentirse desconectadas del mismo y porque el sistema educativo, no fomenta precisamente tomar contacto con él y desarrollarlo. Hay personas que ni siquiera saben lo que sienten, ni lo que les gusta, porque nadie les ha dicho que es posible saberlo. Parece estar sucediendo, hoy en día, como en el libro de Michael Ende, “La historia interminable”, que se está dando en las personas, una invasión por la nada, el vacío, por falta de atención al mundo de la fantasía, la imaginación, la creatividad; a la vez, que se desconfía de lo que uno es, porque uno está concentrado en lo que se espera de él, para ser, por ejemplo, aceptado. Es decir, uno se centra en el éxito, reconocimiento social, imagen, etc., en función de imágenes impuestas desde el exterior, en lugar de tomar contacto con las imágenes interiores. Unas imágenes, que normalmente emergen cuando uno ha logrado crear silencio en sí mismo y sabe escucharse. Y sabiendo escuchar uno puede darse cuenta de quién realmente es y de quién siempre ha sido, aunque no se ha enterado antes de ello. Al menos parcialmente, pues el autoconocimiento es un trabajo que se ha de ir desarrollando progresivamente a lo largo de toda la vida.

Así, que aprovechando que aquí puedo escribir lo que quiero, os invito a mirar en las profundidades de vuestras almas y corazones, y ver qué sale. Es posible que aparezcan de entrada cosas que no os gustan, pero que eso no os desanime a seguir buscando el tesoro, aunque haya monstruos y dragones, que nos quieren impedir verlo y que nos quieren poner a prueba, una y otra vez. A pesar de los monstruos y dragones, podemos seguir buscando más allá, hasta que hallemos nuestro tesoro interior.

domingo, 14 de marzo de 2010

AMOR DE PAREJA Y TRASCENDENCIA


En muchas culturas, se relaciona la unión de un hombre y una mujer, con un sentido trascendente. Es como si en dicha unión, una vez que se alcanza un cierto grado de profundidad, se pusiese de manifiesto, una realidad trascendente. E incluso, muchos se atreven a decir, que sin esa dimensión, la pareja pierde solidez y significado. De ahí, que las diversas tradiciones espirituales tengan un ritual específico para el matrimonio, que representa, entre otras cosas, una vinculación de la pareja ante la eternidad, ante lo Absoluto.

Esta orientación hacia la trascendencia, supone ir más allá de uno mismo, o del autocentramiento en la satisfacción de las propias necesidades, sean estas afectivas, biológicas, etc.

Si uno es capaz de ver que su relación de pareja supone una posibilidad más de acercamiento a Dios o de una realidad espiritual, es más capaz también, de ver más allá también, de sí mismo.

Hay quién dice que amar a otra persona es amar un reflejo de Dios en el otro y que este amor nos engrandece. De esta forma, la consciencia de la realidad superior, sería como vincularnos con una fuerza adicional e inagotable para reforzar nuestro vínculo, con otro ser humano, para ser más nosotros mismos, si contactamos con el origen de nuestra esencia espiritual y, por lo tanto, para dar un amor más profundo y poderoso, el uno al otro. Y este amor llevaría a un enriquecimiento en la relación y a un crecimiento mutuo, desde el respeto a la individualidad del otro, tal y como es. El mayor deseo así, no es poseer y dominar a la pareja, sino que el otro sea feliz y sea él mismo, aunque no haga lo que uno quiere. También en este tipo de relación sería importante la humildad, para no pretender saber mejor que la otra persona, qué es lo que le conviene y dejarle crecer y madurar con nuestro apoyo, dejándole desarrollar plenamente su verdadero ser.

Un amor así no es dependiente, a la vez que el ser de uno crece y se enriquece en la presencia y con el amor del otro. Y se acepta que la otra persona está al lado de uno libremente y no por coacciones y manipulaciones. Poniéndose, en este tipo de relación, cualquier dificultad o malentendido, en común, con respeto, entendiéndose que sería un asunto que concierne a ambos y no un problema exclusivamente del que culpar al otro. Un amor así se basa en un amor real, en a la amistad y el respeto y está abierto a que Dios o el Espíritu, marque el mejor camino para ambos.

Si se unen dos personas que se sienten seguras y completas y que buscan su fuente y sentido en Dios y no responsabilizan al otro de lo que les pasa, es más fácil que esa relación favorezca una evolución superior y que perdure. La fuente de luz infinita de la trascendencia aportaría paz y seguridad a cada uno y también iluminaría la relación.

Al tener un cierto grado de madurez, uno sería capaz de ponerse en el lugar del otro y de saber qué sentido tienen los aspectos particulares del otro sexo, que parcialmente también puede encontrar y desarrollar en uno mismo.

Una relación así serviría no para colmar un vacío, sino para crecer juntos en el camino hacia Dios o hacia la trascendencia.

El paso previo para llegar a esto sería que cada uno de los miembros de la pareja fuera un ser independiente, que ha encontrado la totalidad, o se han acercado a ella, aunque ninguno de ellos sea perfecto. Así se pueden sentir más completos, y conscientes de que el otro no es quién tenga que estar colmando sus necesidades e inseguridades. La luz e independencia interior podría surgir de la comunión con Dios o el Absoluto, que sería una fuente inagotable de luz y de amor libre, liberado e independiente.

Así que, sólo siendo más libres, más espirituales, abiertos, maduros y estando más cerca de la fuente de amor infinita ,que está en lo más profundo de nuestro ser, podemos amar con plenitud a nuestra pareja y a nuestros semejantes, así como al mundo circundante. Y de esta manera, será también más probable saber elegir, comprender, discernir, o dicho de otro modo, tener posibilidades reales de encontrar felicidad y armonía en una relación de pareja.

Como dice Raissa Maritain:


« El Amor !

Es el amor a lo que estamos predestinados

desde el origen del mundo.

El amor. Qué es comunicación de las delicias

y la alegría .

El amor es recíproco y total,

ligero, alegre, volviéndose eternamente

a las fuentes de la vida eterna. »