viernes, 20 de agosto de 2010

¿SOMOS TOLERANTES?

En diferentes momentos de mi vida, me he encontrado a personas bienintencionadas, e incluso bondadosas que han mostrado diversas expresiones de intolerancia, hacia las opiniones, posiciones, religiones o perspectivas ajenas. Y la intolerancia me parece que, entre otras cosas, es más que miedo a mirar un mapa diferente al propio, por si acaso hay algo equivocado en el que tenemos.

Tener un mapa o un determinado esquema mental es legítimo y necesario, para todo el mundo. En general, los seres humanos pensamos que tenemos derecho a tener nuestros valores, parámetros ideas, inquietudes, etc. Si alguien pisa nuestra libertad a expresar nuestras ideas nos sentimos contrariados. Ya que se supone que vivimos en un mundo plural y tolerante y por eso, queremos tener derecho a pensar por nosotros mismos, a tener nuestra propia manera de ver el mundo.

Cada uno, cuando se mira a sí mismo, suele pensar que su punto de vista es el correcto. Pero a veces, hay quién cree que la incorrección está en pensar diferente a lo que piensa uno. ¿Y cuál es el criterio para saber que el propio punto de vista es el correcto? Podría ser que uno lo ha meditado profundamente, a través de una sesuda reflexión, introspección, autoconocimiento, experiencias personales, etc. Pero el problema es que esta no es la tónica general.

Muchas personas sostienen con ahínco sus mapas y esquemas personales, e incluso los exhiben con orgullo. Muchos de estos mapas pueden ser mapas muy completos y legítimos. Pero ¿qué ocurre si uno lleva debajo del brazo un mapa de un territorio que no ha explorado? ¿Qué ocurre si se lleva un mapa prestado por otro? ¿Qué pasa si uno afirma que algo es así porque se lo han dicho sus padres, como si éstos fueran dioses? Pues que este es un terreno abonado para el fanatismo, la ignorancia y por supuesto, el sufrimiento. Como ya dijo Chesterton “El hombre está dispuesto a morir por una idea, siempre que no tenga una idea muy clara de ella”. Es decir, luchamos con más fanatismo, con frecuencia, por las ideas en las que menos hemos profundizado y sobre las que menos hemos reflexionado. Es importante elaborar, pensar y digerir lo que se aprende y aprehenderlo, y por supuesto, experimentarlo (hasta donde sea posible).

Vivimos en una época en la que se predica sobre la libertad de expresión, que paradójicamente coexiste con una gran intolerancia a lo que no esté en sintonía con lo que se lleva. Por ejemplo, entre algunas personas que se llaman a sí mismas modernas y progresistas, hay actitudes intolerantes y despectivas hacia quienes no mantienen su misma ideología, que se supone que es abierta y tolerante. Con lo que se genera una militancia agresiva de la tolerancia, que es intolerante con cualquier posición opuesta a la propia. Lo mismo se puede decir de lo que sucede en algunas personas conservadoras, que por conservar los valores espirituales o religiosos, se cargan el alma de los que consideran ajenos a sus creencias, mediante insultos, burlas, condenaciones, etc. El mismo esquema mental de intolerancia, en un caso desde el aperturismo y en otro caso desde el supuesto amor al prójimo, se da en dos posturas aparentemente enfrentadas y opuestas. Una vez más, los extremos se tocan.

Por eso siempre he defendido el derecho a buscar la verdad por uno mismo, aunque uno pueda equivocarse. Es mejor tener una auténtica porción de la Verdad y saborearla, que siempre vivir de prestado. Es como si alguien dijese ser experto en los caminos y recorridos de Birmania, porque conoce unos mapas y ha visto unas fotos del país, o peor aún, porque alguien que pasó por allí le contó algo... Así que en mi caso, opto por ver a las personas antes que a sus mapas, y a defender su derecho a sostener sus mapas, a explorar la realidad, a expresar sus propias ideas y a ser libres. Pero sin perder criterio, reflexión, sentido común… pues no todas las verdades y caminos para buscarla son igualmente legítimos, ni es tolerable cualquier cosa, aunque sí toleremos y respetemos a las personas.

De ahí que mis amigos puedan ser cristianos, ateos, musulmanes, hindúes, budistas, agnósticos, etc. aunque yo sea cristiana. Cristo, entre otras cosas nos enseñó a amar a todos los seres humanos de la tierra, pensaran o no como uno mismo. Eso no significa que el cristiano pierda su identidad o principios por conocer a personas diferentes.

Cristo incluso planteó eso de amar a los enemigos, que a veces uno se cree que son los que llevan “mapas” diferentes a los nuestros. Si mirásemos a la persona en lugar de mirar y comparar los mapas, es muy probable que fuera mucho más sencillo tener y hacer amigos que enemigos y ver que, en lo más profundo de nuestras almas, todos buscamos lo mismo, Verdad, Bondad, Belleza y sobre todo Amor.

Lo malo es cuando no lo sabemos… O creemos que ya sabemos…

miércoles, 18 de agosto de 2010

MYSTICISM, A WAY FOR HEALING THE HUMAN SOUL (English version)


It is possible that the title of this new text could be a bit strange, pretentious and even provocative, at a time which seems to prevail materialism, scientism and selfishness of many people. But this does not discourage me to risk it, as a person and even as a scientist to seek more opportunities for the health of the soul, because every aid is limited, to the suffering of people.

From time whem I was a teenager I asked me questions about the meaning of life, suffering and death and then, through the experiences, literature, art and even science, I wanted to delve a little deeper into the understanding of our reality beyond the seemingly obvious. And without knowing it, even with great skepticism initially, I ran into the mystic as a way for more experience, understanding, deepening, for searching meaning of life and especially I find a new perception of life, renewal and healing.

Now, after having spent a few years, I am preparing a paper on mysticism in psychotherapy, for the September conference on Anthropology, Psychology and Spirituality. After putting so risky title for a paper, I told myself that fine mess in which I had gotten. Now, entering into the field, and exploring a little about mysticism, I find the fascination with a new world of experiences as possible, in front of my eyes (and not just the carnal eyes or the mind eyse, but also to the spirit eyes). At the same time, I note, not without surprise that the number of scientists interested in spiritual issues, is increasing at present. For example, in the field of psychology and psychiatry, is increasingly taking into account spiritual matters, both to study the human being to help them overcome their difficulties. It has even created a discipline called Neurotheology.

So, I venture to ask such a strange question and I find more beauty than complicated (as initially feared), to deal with it; when I am studying this matter, something pushing me to share a little about this marvel. If Mysticism is as Evelyn Underhill said in his book "The Mystical", something that could help overcome the habits of ordinary thought and might even lead to overcoming the naturalistic philosophies, idealism and skepticism, it is interesting. And if you also can open the mystical thought to the order of reality of the transcendent values (Truth, Goodness and Beauty) and allows us to connect with something deeper, which is a mysterious thing that is in us, which would the innermost sanctuary of personal being, the deepest of his love and his being, and many other possibilities for fullness of life. Why not investigate further on this?

And I leave you, to share a little more, another reflection of this beautiful Underhill’s book:

"The mysteries of life take place so soft ... so that the natural man is hardly surprising for the daily and radiant revelation of infinite wisdom and love. Only the strong crust of our superficial consciousness hides it of our normal vision."

The question now is how does the mystic to capture that wisdom and infinite love, because if we can see and the reality on this way, probably we can overcome many difficulties of life. According to the author, the core of understanding mysticism is love. So I suppose that if we practice a bit of this and better if it is more, perhaps we get a glimpse of the reality on this way.

I leave you an interesting reflection of Albert Einstein, which links to what I am saying:

"The most beautiful and profound emotion we can experience is the sensation of the mystical. It is the seed of all true science. When you find it strange that emotion (that is no longer able to feel in awe) It had better be dead. That deeply emotional conviction, the presence of a superior reasoning power, which is revealed in the incomprehensible universe, forms my idea of God. "

martes, 17 de agosto de 2010

LA MÍSTICA, UN CAMINO DE SANACIÓN DEL ALMA HUMANA


Es posible que el título de este nuevo texto resulte un tanto extraño, pretencioso e incluso provocador, en unos tiempos en los que parece imperar el materialismo, el cientificismo y el egocentrismo, entre muchas personas. Pero esto no me desanima a arriesgarme, como persona e incluso como científica a buscar más posibilidades para la salud del alma, pues toda ayuda es poca, ante el sufrimiento de las personas.

Desde tiempos adolescentes me hacía preguntas sobre el sentido de la vida, del sufrimiento y de la muerte y de ahí, pasando por las experiencias vividas, la literatura, el arte e incluso la ciencia, quise ahondar un poco más en la comprensión de nuestra realidad, más allá de lo aparentemente evidente. Y sin saberlo, incluso teniendo inicialmente un gran escepticismo, me topé con la mística, como un camino más de experiencia, de comprensión, de profundización en el sentido de la existencia y sobre todo en una nueva percepción de la vida, renovadora y sanadora.

Ahora, después de haber pasado unos años, me veo preparando una ponencia sobre la mística en la psicoterapia, para el congreso de septiembre sobre Antropología, Psicología y Espiritualidad. Después de poner tan arriesgado título a una ponencia, me decía a mí misma que menudo lío en el que me había metido. Ahora, ya entrando en materia, y explorando un poco acerca de la mística, me encuentro con la fascinación ante un nuevo mundo de experiencias posibles, ante mis ojos (y no solo los de la carne o los de la mente, sino también ante los del espíritu). A la vez, compruebo, no sin asombro, que la cantidad de científicos interesados en cuestiones espirituales, va en aumento, en la actualidad. Por ejemplo, dentro del ámbito de la Psicología y de la Psiquiatría, es cada vez más frecuente tener en consideración cuestiones espirituales, tanto para estudiar al ser humano, como para ayudarle a superar sus dificultades. Incluso se ha creado una disciplina llamada Neuroteología.

Así que, me arriesgo a plantear tan extraña cuestión y me encuentro más belleza que complicación (como temí inicialmente), al abordarla. Al estar en ello, algo me empuja a compartir un poco de esta maravilla. Pues si la mística es como plantea Evelyn Underhill, en su libro “La mística”, algo que nos ayudaría a superar los hábitos del pensamiento ordinario e incluso podría llevarnos a la superación de las filosofías naturalista, idealista y escéptica, no está nada mal. Y si además, la mística nos puede abrir el pensamiento al orden de realidad de los valores trascendentes (la Verdad, la Bondad y la Belleza) y nos permite la conexión con algo profundo, que es un algo misterioso que hay en nosotros, que sería el santuario más íntimo del ser personal, la raíz más profunda de su amor y de su ser, y otras muchas posibilidades de plenitud vital. ¿Por qué no seguir investigando sobre ello?

Y os dejo, para compartir un poco más, otra bella reflexión de este libro de Underhill:

“Los misterios de la vida tienen lugar de manera tan suave… que el hombre natural apenas se sorprende por la diaria y radiante revelación de la sabiduría y el amor infinitos. Únicamente la dura costra de la conciencia superficial la oculta de nuestra visión normal.”

La pregunta ahora, es como hace el místico para captar esa sabiduría y amor infinitos, pues si se puede ver así la realidad, se deben superar muchas dificultades. Según la autora, el centro de comprensión de la mística es el amor. Por lo que supongo que si practicamos un poco de esto, y cuanto más mejor, quizás lleguemos a vislumbrar la realidad de esta forma.

Para terminar os dejo una interesante reflexión de Albert Einstein, que enlaza con lo que estoy planteando:

"La emoción más bella y profunda que podemos experimentar es la sensación de lo místico. Es la semilla de la auténtica ciencia. Al que le resulte extraña esta emoción (aquel que ya no es capaz de sentir un respeto reverencial), más le valdría estar muerto. Esa convicción profundamente emocional, de la presencia de un poder racional superior, que se revela en el universo incomprensible conforma mi idea de Dios."

martes, 10 de agosto de 2010

¿POR QUÉ NOS VAMOS DE VIAJE EN VACACIONES?


En varias ocasiones me han preguntado, que por qué viajamos, en nuestras vacaciones. Parece una pregunta banal, pero si pensamos un poco no lo es. Detrás de un viaje puede haber significados, más allá de lo que podamos imaginar. Habría que pensar, de entrada, qué significa hacer un viaje. Significado que cambiará, lógicamente, en función de la persona y de sus motivaciones.

Las respuestas más sencillas y comunes suelen ser que se viaja para distraerse, conocer lugares y gentes nuevas o para salir de la rutina. Otras posibles respuestas, que se explicitan menos pueden ser que se viaja para presumir ante los amigos, para no ser menos que los demás, por envidia, porque lo hace todo el mundo, por aburrimiento, etc.

Si pensamos un poco, podemos encontrar que detrás de muchas de las respuestas señaladas en el último párrafo, puede haber algo más. Un algo más que mueve a salir para distraerse, conocer más lugares y gentes, etc. Un algo más que es un vacío profundo en el alma de muchas personas, que necesitan huir de sí mismas y buscar algo que les haga olvidarse de quienes son, para no entrar en ese mundo interior que tan importante es ordenar. Pero claro, cuando ese mundo es muy caótico o simplemente vacío, por no haberse cultivado, no resulta agradable dar los primeros pasos hacia su colocación y elaboración. Es más fácil huir, por ejemplo, a través de un viaje. Otras formas de huir del vacío serían el consumo de drogas, la actividad sexual compulsiva, el realizar deportes de riesgo, la adicción al trabajo, el sumergirse en un ocio interminable durante el tiempo libre o incluso dedicar la vida a una causa noble (como ser voluntario, para sentirse uno salvador de la humanidad y un poco menos vacío), ver televisión para no pensar y sin parar, etc.

Aparte de ese vacío que empuja a huir de uno mismo, hay otros motivos que también pueden incitar a viajar. Detrás de un viaje, puede haber otras opciones más positivas. Podría motivarnos la búsqueda de una mayor comprensión de la realidad, a través del conocimiento de otras culturas, lugares y gentes. Algo que a su vez, remite a la búsqueda de uno mismo, pues el conocimiento del mundo, a través de la propia experiencia, remite, en última instancia, a quienes somos, dentro del mundo en el que vivimos. Pero para esto, hay que viajar conscientemente, con la atención y la reflexión abiertas a experimentar la nueva realidad que se nos presenta ante nosotros. Cuando esto se hace, la realidad experimentada se llena de experiencias sumamente enriquecedoras. Esta ha sido mi experiencia en viajes, como el que conté en este blog sobre Venezuela, titulado “Venezuela y yo”.

Además de lo dicho, el viaje es también un “camino”, más o menos explícito. El Camino de Santiago sería un “camino” explícito, que parece simbolizar la búsqueda de algo sagrado, que también nos remite a la búsqueda de lo más sagrado de nosotros mismos, es decir, a lo más esencial de nosotros. Pues la catedral de Santiago y la tumba del santo, se viven, por parte de muchas personas como algo santo, olvidándose muchas veces que lo “santo” está también en lo más profundo de nosotros. Si se hace conscientemente este camino, viendo que también puede simbolizar un viaje hasta lo sagrado de nosotros, podremos vivirlo con más matices y riqueza.

¿Y por qué más viajamos? Tal vez por curiosidad, inquietudes de descubrir nuevas verdades, para abrir nuestras mentes y espíritus a nuevas realidades, para dejar por unos días las máscaras cotidianas a un lado, para arriesgarnos a mirar más allá, para relajarnos, para descansar de las rutinas, para encontrarnos con personas queridas, para compartir nuevos lugares con quienes nos acompañan, para encontrar lugares santos, buscar a un maestro, para descubrir el pasado de nuestra historia, para ver obras de arte, para compartir experiencias, ir a un curso y aprender cosas nuevas, para experimentar la aventura de un viaje en soledad, para rebelarnos ante los estereotipos culturales, para ser más libres, para ver más allá, para ser más libres, para sentir la grandeza de este mundo, para escuchar el ruido del mar, el silencio de un desierto, la paz en la montaña…. Y tantas cosas más…

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